Artículo de Fe No 8

 

8 Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios.

 

Las Escrituras

El élder Gene R. Cook, miembro de los Setenta, escribió: “Demos gracias por las Escrituras y demos gracias al Señor por Sus palabras que están tan llenas de Su Espíritu; no enfrentarán nada en la vida para lo cual los principios básicos no se encuentren en las Escrituras.

La clave es comprenderlas y compartirlas con la familia. Nefi enseñó la valía de las Escrituras cuando dijo: ‘Los ángeles hablan por el poder del Espíritu Santo; por lo que declaran las palabras de Cristo. Por tanto, os dije: Deleitaos en las palabras de Cristo; porque he aquí, las palabras de Cristo os dirán todas las cosas que debéis hacer’ (2 Nefi 32:3). Es evidente que si las buscamos, el Señor nos proporcionará las respuestas en las Escrituras” (Raising Up a Family to the Lord, 1993, pág. 47).

 

Véase:

 

La Biblia es “la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente”

Aproximadamente seiscientos años antes del nacimiento de Jesucristo, el profeta Nefi previó la salida a la luz de una colección de escritos sagrados que ahora conocemos como la Biblia (véase 1 Nefi 13:20–25). Sin embargo, Nefi también profetizó sobre la corrupción de partes del texto bíblico. De acuerdo con lo que Nefi vio en la visión, estos cambios en la Biblia serían el resultado de la obra de una “iglesia grande y abominable”, que despojaría “muchas partes que son claras y sumamente preciosas, y también… muchos de los convenios del Señor…

“Y ha hecho todo esto para pervertir las rectas vías del Señor, para cegar los ojos y endurecer el corazón de los hijos de los hombres (1 Nefi 13:26–27; véanse también los versículos 28–29).

Aun cuando sabemos que la Biblia ha tenido algunas corrupciones en su texto y quizás, sin querer, algunos agregados, eliminaciones o cambios a lo largo de los siglos, podemos tener la seguridad de que la mano del Señor ha intervenido en su preservación y que es de gran valor para nosotros en la actualidad. El presidente Ezra Taft Benson enseñó:

“Aprecio de todo corazón la Biblia, tanto el Nuevo como el Antiguo Testamento. Este libro es una fuente de grandes verdades; nos enseña sobre la vida y el ministerio del Maestro; en sus páginas aprendemos que la mano de Dios ha dirigido los asuntos de Su pueblo desde el comienzo de la historia en la tierra. Sería imposible calcular el inmenso impacto que la Biblia ha tenido en la historia del mundo. El contenido de sus páginas ha bendecido la vida de generaciones.

“Pero a medida que se fueron sucediendo las generaciones, los hijos de los hombres no recibieron más Escrituras. Sin nuevas revelaciones para guiarlos, los hombres empezaron a interpretar la Biblia en distintas formas. Muchas iglesias y credos salieron a luz, cada uno de ellos basándose en la Biblia como fuente autorizada.

“Pero todo eso de ninguna manera disminuye el valor de la Biblia; este libro tan sagrado siempre ha tenido un valor inestimable para los hijos de los hombres. De hecho, fue un pasaje de la Biblia el que inspiró al profeta José Smith a ir a una arboleda cerca de su casa y arrodillarse a orar. Como consecuencia de eso, recibió la gloriosa visión que dio comienzo a la restauración de la plenitud del Evangelio de Jesucristo en la tierra. Esa visión también inició el periodo en que recibiríamos nuevas Escrituras que tendrían el mismo valor que la Biblia, al dar testimonio a un mundo pecador de que Jesús es el Cristo y de que Dios vive y ama a Sus hijos y todavía está íntimamente interesado en que logren su salvación y exaltación” (véase “El don de la revelación moderna”, Liahona, enero de 1987, pág. 79).

 

Véase:

 

El Libro de Mormón

El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Agradezco al Todopoderoso mi testimonio del Libro de Mormón, este maravilloso compañero de la Santa Biblia. Para comprobar su veracidad, hay que leerlo; yo hablo con la propiedad de alguien que lo ha leído una y otra vez y ha disfrutado de su belleza, su profundidad y su poder. Y pregunto: ¿Habría podido José Smith, el jovencito criado en la zona rural del estado de Nueva York, casi sin educación escolar, dictar en tan poco tiempo un libro tan complejo y tan uniforme en su contenido, con un número tan grande de personajes y tan extenso en su alcance? ¿Habría podido él, con su propia capacidad, crear el lenguaje, los pensamientos y la inspiración que han conmovido a millones de personas y les han hecho decir: ‘Es verdadero’? (véase “Mi testimonio”, Liahona, enero de 1994, pág. 64).

 

Véase:

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