Artículo de Fe No 7

 

7 Creemos en el don de lenguas, profecía, revelación, visiones, sanidades, interpretación de lenguas, etc.

 

Los dones del Espíritu

El élder Bruce R. McConkie escribió:

“Por la gracia de Dios, después que el hombre haya ejercido devoción, fe y obediencia, se le confieren ciertas bendiciones espirituales llamadas dones del Espíritu, las cuales se reciben sólo si se obedece aquella ley sobre la cual se basan; no obstante, se les llama dones porque están a libre disposición de todos los obedientes…

“Su propósito es iluminar, alentar y edificar a los fieles para que ellos puedan obtener paz en esta vida y ser guiados hacia la vida eterna en el mundo venidero. El hecho de que existan es una prueba de la divinidad de la obra del Señor” (Mormon Doctrine, pág. 314).

El profeta José Smith enseñó: “Pablo dice que a uno es dado el don de lenguas, a otro el profetizar y a otro el don de sanidades, y luego añade: ‘¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?’ Esto evidentemente indica que no todos poseían estos dones diversos, sino que uno recibía un don y otro recibía otro don; y no todos profetizaban, no todos hablaban lenguas, no todos obraban milagros, pero todos recibían el don del Espíritu Santo. En los días de los apóstoles, los prosélitos a veces hablaban en lenguas y profetizaban, y a veces no. Así sucede con nosotros” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 296).

 

El don de lenguas y la interpretación de lenguas

El élder Bruce R. McConkie enseñó que el don de lenguas y la interpretación de lenguas “es de naturaleza doble: (1) el aprender a hablar otras lenguas, el comprender las palabras que pronuncia gente que no habla nuestro idioma y el traducir lo que esté escrito en otras lenguas; y (2) el hablar o comprender idiomas extranjeros y desconocidos sin premeditación. La primera es mucho más importante y la que más comúnmente se confiere; la segunda es más emocionante y puede abarcar lenguas que hablen otras personas, vivas o muertas, o idiomas desconocidos durante mucho tiempo por los hombres. Por ejemplo, algunos han hablado en el lenguaje adámico puro.

“Tanto el don de lenguas como el don de interpretación de lenguas se confieren principalmente para la predicación del Evangelio. Los misioneros aprenden las lenguas de aquellos entre los cuales llevan a cabo la obra y, en ocasiones, se les concede el poder, por corto tiempo, de predicar y comprender sin haber estudiado y luchado por lograrlo…

“De todos los dones de Dios, el de lenguas y su interpretación son los que más fácil y peligrosamente se imitan. Los hombres pueden hablar e interpretar por medio del poder intelectual y, por tanto, valerse de su destreza para enseñar mentiras y fomentar herejías. Lucifer puede hacer que sus discípulos empleen absurdas galimatías en lenguas conocidas por los diablos” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 374).

 

La profecía

El élder James E. Talmage explicó: “Profetizar es recibir y manifestar la palabra de Dios, y declarar Su voluntad al pueblo. La obra de profetizar, que tan frecuentemente se considera como el único rasgo esencial de la profecía, no es sino una de las muchas características de este poder divinamente dado. El profeta tiene tanto que ver con lo pasado, como con lo que toca a lo presente y lo futuro; puede utilizar su don para enseñar, valiéndose de la experiencia de acontecimientos pasados, así como para predecir lo que sucederá. Dios confía Sus secretos a Sus profetas, quienes tienen el privilegio de enterarse de Su voluntad y fines” (Los Artículos de Fe, pág. 253).

 

La sanidad

Él élder James E. Faust, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Creemos en el don de sanidades. Para mí, este don incluye la sanidad tanto del cuerpo como del espíritu. El Espíritu le infunde paz al alma. Este solaz espiritual se logra invocando los dones espirituales, los cuales se obtienen y se manifiestan de muchas maneras. En la Iglesia hoy día, éstos abundan plena y ricamente; nacen del uso apropiado y humilde del testimonio; se manifiestan también al bendecir a los enfermos después de la unción con aceite consagrado. Cristo es el gran Médico que se levantó de entre los muertos ‘con salvación en sus alas’ (2 Nefi 25:13), mientras que es por medio del Consolador que sanamos” (“Sanidad espiritual”, Liahona, julio de 1992, pág. 7).

 

Otros dones espirituales

El élder Dallin H. Oaks explicó:

“En una bendición del sacerdocio, un siervo del Señor ejerce el sacerdocio inspirado por el Espíritu Santo, para invocar los poderes del cielo en beneficio de la persona a quien bendice. Son bendiciones que confieren los poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, el cual tiene las llaves de todas las bendiciones espirituales de la Iglesia (véase D. y C. 107:18, 67).

“Hay muchas clases de bendiciones del sacerdocio. Al darles ejemplos, recuerden que estas bendiciones están a disposición de todos los que las necesiten, pero sólo si las piden.

“…Las bendiciones patriarcales las confiere un patriarca ordenado.

“Las personas que desean una guía para tomar decisiones importantes pueden recibir una bendición; también las que necesitan fuerza espiritual extra para sobreponerse a un problema. La mujer que está esperando un bebé puede recibir una bendición antes de dar a luz. Muchas familias de la Iglesia recuerdan la ocasión sagrada en que el padre ha dado una bendición a uno de sus hijos que estaba por casarse. Los hijos que salen del hogar paterno por otros motivos, como los estudios, el servicio militar o un viaje largo, muchas veces piden a su padre una bendición…

“A menudo, los misioneros piden una bendición a su padre antes de partir…

“Las bendiciones como las que acabo de describir a veces se llaman bendiciones de consuelo o consejo y generalmente las da el padre, el esposo u otro élder de la familia. Éstas se pueden escribir y guardar en los registros familiares como guía espiritual para la persona así bendecida” (véase “Las bendiciones del sacerdocio”, Liahona, julio de 1987, págs. 34–35).

 

Véase:

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