Artículo de Fe No 5

 

5 Creemos que el hombre debe ser llamado por Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, a fin de que pueda predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas.

 

“Llamado por Dios, por profecía”

El presidente Gordon B. Hinckley, en ese entonces Consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “El derecho de llamar [a miembros para que sirvan en un cargo en la Iglesia] corresponde al oficial u oficiales superiores a cualquier nivel, pero ese nombramiento debe ser sostenido, es decir, aceptado y confirmado, por los miembros de la Iglesia. Este procedimiento es particular de la Iglesia del Señor. No se buscan los cargos, no se maniobra para obtener posiciones, no se hacen campañas para proclamar las virtudes del candidato. Comparen lo que hace el Señor con lo que hace el mundo: lo que hace el Señor es sencillo, pacífico y sin ostentación ni costos monetarios; no hay en ello egotismo, vanidad ni ambición. En el plan del Señor, los que tienen la responsabilidad de seleccionar a los oficiales se rigen por una pregunta principal: ‘¿A quién quiere el Señor en este cargo?’. Hay deliberaciones calmadas y reflexivas y se ora mucho para recibir la confirmación del Santo Espíritu de que la elección es correcta” (véase “La obra sigue adelante”, Liahona, julio de 1994, págs. 64–65).

Acerca de los llamamientos dentro de la Iglesia, el élder Boyd K. Packer dijo: “…todo miembro de la Iglesia, por medio de la oración, puede recibir confirmación de que el quinto Artículo de Fe se ha honrado” (“A estos evita”, Liahona, julio de 1985, págs. 34–35).

 

Llamado por Dios, por la imposición de manos

El élder Boyd K. Packer dijo: “El sacerdocio no se le puede conferir como si fuera un diploma ni se le puede extender como un certificado; tampoco se le puede entregar en forma de mensaje ni enviar en una carta. Se recibe sólo por medio de la ordenanza adecuada. Un poseedor autorizado del sacerdocio debe estar presente y colocar las manos sobre la cabeza de usted y ordenarlo” (“That All May Be Edified”, 1982, pág. 28).

 

“Por aquellos que tienen la autoridad”

El presidente Joseph F. Smith enseñó: “Pero es necesario que todo acto que se efectúe bajo esta autoridad se realice en el momento y en el lugar apropiados, en la debida forma y de acuerdo con el orden correcto. El poder para dirigir estas obras constituye las llaves del sacerdocio. Sólo una persona a la vez, el Profeta y Presidente de la Iglesia, posee estas llaves en su plenitud; él puede delegar cualquier parte de este poder a otro hombre y, en tal caso, esa persona posee las llaves de esa obra en particular” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, pág. 151).

En relación con el poder y la autoridad del sacerdocio, el élder Boyd K. Packer dijo:

“El poder que reciban dependerá de la forma en que utilicen este sagrado e intangible don.

“La autoridad la recibirán por medio de la ordenación, pero tendrán el poder mediante la obediencia y la dignidad personal” (véase “El Sacerdocio Aarónico”, Liahona, febrero de 1982, pág. 59).

 

Véase:

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