“Su fe será probada”

 

Grant Von Harrison, “Invocando los Poderes Celestiales

Capítulo 4: “Su fe será probada”

 

Aunque el Señor le va a ayudar a lograr sus deseos justos, necesita tomar precauciones, porque su fe será probada. Generalmente su fe será probada bajo dos condiciones cuando empiece a acudir a nuestro Padre Celestial, buscando fer­vientemente su ayuda para alcanzar las metas que tiene, y cuando tenga deseos que requieran una intervención mayor de los poderes del cielo.

Desde el principio, el modelo que el Señor ha seguido al otorgar bendiciones ha sido: 1) el Señor permite que la persona sea probada y, 2) una vez que la persona se humilla y da prueba de su fe perseverando y manteniéndose fiel, sus deseos justos le son concedidos.

No fue hasta después de que Adán hubo demostrado su determinación de ser fiel a los mandamientos del Señor que el espíritu le fue derramado en abundancia. (Moisés 5:4–12) Vemos el mismo esquema en la vida de profetas del Antiguo Testamento tales como Abraham, Jacob, y Moisés. Es interesante notar que ni siquiera Cristo fue eximido de ello. (Lea Mateo 4:11; Mosíah 3:7; Alma 7:11–12)

Para ver si la persona en busca de una bendición especial del Señor se mantendrá fiel ante la oposición, es necesario un período de probación de su fe. Si una persona entiende que su fe será probada, tendrá mayor determinación para seguir adelante en los momentos de oposición. Básicamente la prueba de la fe sirve para cuatro funciones: 1) determina si la meta que se busca es en verdad un deseo; 2) comprueba si la persona está dedicada al Señor; 3) es un medio de purgar a la persona para que quede limpia, pura, y sin mancha –literalmente libre de la sangre y los pecados del mundo; y 4) le humilla, y le ayuda a darse cuenta que no puede depender del “brazo de la carne.” (Véase 2 Nefi 4:34; 28:31; Helamán 4:13; D. y C. 1:19) Al aprender a perseverar en sus pruebas de la fe, usted llegará a ser una criatura nueva en Cristo, y el espíritu del Señor limpiará y renovará su cuerpo. (Alma 5:14–15, 19; D. y C. 84:33) Este es el proceso de renacimiento y santificación.

Es sumamente importante darse cuenta que la prueba de la fe es una parte necesaria en el proceso de santificación mediante el cual el espíritu de Dios nos purifica.

“…y purificará a los hijos de Leví, y los refinará como al oro y a la plata, para que puedan ofrecer al Señor una ofrenda en justicia.” (3 Nefi 24:3; véase también D. y C. 128:24)

“Por tanto, deben ser castigados y probados, así como Abraham, a quién se le mandó ofrecer a su único hijo. Porque todos los que no quieren soportar el castigo, antes me niegan, no pueden ser santificados.” (D. y C. 101:4–5; véase también 136:31)

“No obstante, ayunaron y oraron frecuentemente, y se volvieron más y más fuertes en su humildad, y más y más firmes en la fe de Cristo, hasta henchir sus almas de alegría y de consolación; sí, hasta la purificación y santificación de sus corazones, santificación que viene de entregar el corazón a Dios.” (Helamán 3:35)

Las oposiciones desempeñan un papel muy importante en este proceso porque, al sobrellevarlas y al sufrir aflicciones somos, en un sentido muy literal, purgados y limpiados. Cuando uno sobrelleva la oposición sirviendo al Señor al máximo de su habi­lidad –no importa cuán limitada ésta sea– la gracia del Señor es suficiente para intervenir en su favor; uno tiene la promesa de que puede hacerse “perfecto en Cristo.” (Lea Moroni 10:32–33) Es a través de tal proceso que uno puede llegara ser digno del Espíritu del Señor a pesar de las limitaciones de la carne.

 

Su propia prueba de fe

La naturaleza de la prueba de la fe de una persona se basa en su propio temperamento y aptitud; lo que probaría la fe de una persona no probaría la de otra.

“El Señor sondeará tu alma, se apoderará de ti y te arrancará las fibras del corazón, y si no puedes aguantarlo no merecerás una herencia en el Reino Celestial de Dios.”[30]

La prueba de su fe le llevará a comprender que no puede tener éxito si cuenta con “el brazo de la carne.” Por sí mismo, uno está sumamente limitado en su habilidad de lograr sus deseos justos. Sin embargo, cuando uno se humilla, dándose cuenta que no puede tener éxito sin la ayuda del Señor, sometiéndose a su Padre Celestial, y anhelando con fervor, entonces el Señor se llega a uno. Cada hombre puede soportar la prueba de su fe, sea cual fuere, si es fiel y obediente a pesar de la oposición, la inconveniencia, la incomodidad, o el dolor.

El Señor espera que uno sea “paciente en la aflicción” y que no se queje de sus problemas. (D. y C. 31:9) Por ejemplo, cuando hable con otros, haga énfasis en los aspectos positivos de las circunstancias de su vida. La habilidad de sobrellevar pesares con paciencia es una gran virtud que le traerá madurez, estabilidad y fuerza espiritual.

“Y les dijo también el Señor: Id entre los lamanitas, vuestros hermanos, y estableced mi palabra; empero seréis pacientes en las congojas y aflicciones, para que podáis darles buenos ejemplos en mí, …” (Alma 17:11, letra cursiva del autor.)

“Si eres hechado en el foso o en manos de homicidas, y eres condenado a muerte; si eres arrojado al abismo; si las bravas olas conspiran contra ti; si el viento huracanado se hace tu enemigo; si los cielos se ennegrecen y todos los elementos se combinan para obstruir la vía; y sobre todo, si las puertas mismas del infierno se abren de par en par para tragarte, entiende, hijo mío, que todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien. El Hijo del Hombre se ha sometido a todas ellas. ¿Eres tú mayor que él?” (D. y C. 122:7–8, letra cursiva del autor)

“…sino que también nos gloriamos en las tribulaciones sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.” (Romanos 5:3–4)

“Y cuando Ammón los vio, se entristeció mucho, porque he aquí, se hallaban desnudos y tenían la piel sumamente excoriada, por haber estado atados con fuertes cuerdas; y también habían padecido hambre, sed y toda clase de aflicciones; sin embargo, fueron pacientes en todos sus sufrimientos.” (Alma 20:29)

“Porque de cierto os digo, bienaventurado es el que guarda mis mandamientos, sea en vida o en muerte; y el que es fiel en la tribulación tendrá mayor galardón en el reino de los cielos. Por lo pronto no podéis ver con vuestros ojos naturales el designio de vuestro Dios concerniente a las cosas que vendrán más adelante, y la gloria que seguirá después de mucha tribulación. Porque tras mucha tribulación vienen las bendiciones. Por tanto, viene el día en que seréis coronados con mucha gloria; la hora no es aún, mas está cerca.” (D. y C. 58:2–4, letra cursiva del autor)

Si se mantiene cerca del Espíritu, no será abrumado por las pruebas de su fe. Tenemos la seguridad de que, con el Espíritu como compañero, podemos resolver cualquier dificultad.

“La espiritualidad lo impulsa a uno a conquistar las dificultades y a adquirir más y más fuerza.”[31]

 

Ejemplos de quienes han perseverado en sus pruebas

Uno de los mejores ejemplos de pruebas de fe se encuentra en el Libro de Alma, donde habla de las labores misionales de los hijos de Mosíah. Estos hombres fueron responsables de la conversión de una gran parte de la población lamanita a pesar de que a los lamanitas se los describía como un “pueblo salvaje empedernido y feroz” (Alma 17:14), y parecía que no serían receptivos al mensaje del evangelio. La clave para la gran conversión de los lamanitas fue el Espíritu del Señor que acompañaba a los hijos de Mosíah en sus labores. Aún en el limitado relato que tenemos de su obra misional, es evidente que su fe fue puesta a prueba.

“…pues habían pasado muchas privaciones; padecieron mucho, tanto corporal como mentalmente, tal como hambre, sed, fatiga y también mucha tribulación en el espíritu.

“…y ayunaron y oraron mucho para que el Señor concediera que una porción de su Espíritu los acompañase y estuviese con ellos, a fin de que pudieran ser un instrumento en las manos de Dios para llevar a sus hermanos, los lamanitas, si posible fuese, al conocimiento de la verdad,…

“Y les dijo también el Señor: Id entre tos lamanitas, vuestros hermanos, y estableced mi palabra; empero seréis pacientes en las congojas y aflicciones, para que podáis darles buenos ejemplos en mí; y os haré instrumentos en mis manos, para la salvación de muchas almas.” (Alma 17:5, 9, 11)

La siguiente cita nos da una buena sinopsis de su experiencia entera:

“Y éste es el relato de Ammón y sus hermanos, sus jornadas en la tierra de Nefi, sus padecimientos en la tierra, sus congojas y sus aflicciones, su incomprensible gozo…” (Alma 28:8)

En otras palabras, aunque sufrieron mucho, al final experimentaron un gozo y satisfacción inmensos en sus labores a causa de que sobrellevaron sus pruebas de fe.

 

La experiencia de Wilford Woodruff

Uno de los misioneros más exitosos en la historia de la Iglesia fue Wilford Woodruff. A lo mejor usted ya sabe de las muchas experiencias exitosas que él tuvo en su obra misional. Sin embargo, muchas personas no se dan cuenta de que él también experimentó grandes dificultades durante su misión, y que su fe fue grandemente probada antes de que empezara a tener éxito. La siguiente cita del diario de Wilford Woodruff le ayudará a comprender un poco las pruebas de fe que él pasó.

“No nos gustaba ir a las casas a pedir comida, así que juntábamos choclos y los comíamos crudos, y dormíamos en el suelo raso. Habíamos caminado todo el día sin bocado y teníamos hambre y estábamos cansados. Ni el ministro ni su esposa nos dieron algo para comer, ni nos dejaron pasar la noche en su casa porque éramos mor­mones; y la única opción que teníamos era seguir doce millas más por la costa del río hacia un puesto de trueque de los Indios Osage cuyo dueño era un francés llamado Jereu; pero el malvado ministro que no nos había dado ni un pedazo de pan, nos había mentido en cuanto al camino, y nos mandó a través del pantano, y chapaleamos por el barro y el agua hasta las rodillas hasta las diez de la noche tratando de seguir el curso del serpenteado río. Salimos entonces del pantano y nos internamos en la pradera donde nos acostamos en el pasto por el resto de la noche.”[32]

Estas son sólo algunas de las anotaciones del diario de Wilford Woodruff, pero indican el tremendo trajín que tuvo que pasar durante los primeros meses de una de sus misiones. Pasaron cinco meses antes de que él y su compañero tuvieran un bautismo. Una nota interesante es que su compañero finalmente se desanimó y se volvió a su casa dejándolo a Wilford Woodruff solo en el campo misional por un tiempo. Al poco tiempo, Wilford Woodruff empezó a tener gran éxito.

El Presidente Kimball fue un ejemplo clásico del hombre que ha pasado varias pruebas de fe. En el curso de su vida sobrellevó muchas pruebas (parálisis facial, amigdalitis crónica, malos espíritus, furúnculos, infartos cardíacos, cáncer de la garganta, operación del corazón).

 

Manteniendo la fe a pesar de la oposición

Afortunadamente, hay muchas cosas que uno puede hacer cuando su fe es puesta a prueba:

1. Reflexionar sobre las siguientes palabras del Presidente Kimball:

“El algunas ocasiones he mencionado la necesidad de tener ciertas reservas en nuestra vida a fin de proveer nuestras necesidades. He dicho, ‘Algunos depósitos son para reservar agua, otros comida, como lo hacemos en nuestro programa de bienestar y como lo hizo José en Egipto durante los siete años de abundancia.’ También debe haber reservas de conocimiento para satisfacer necesidades futuras; reservas de coraje para vencer los torrentes de temor que traen incertidumbre a nuestra vida; reservas de fortaleza que nos ayuden a sobrellevar las frecuentes cargas del trabajo y las enfermedades; reservas de bondad; reservas de vigor; reservas de fe.

“Sí, especialmente reservas de fe, para que cuando el mundo nos oprima, permanezcamos firmes y fuertes. Cuando las tentaciones del mundo decadente (y debo agregar, cada vez más permisivo y malvado) que nos rodea nos roben nuestras energías, agoten nuestra vitalidad espiritual, y traten de abatimos, necesitaremos una reserva de fe que pueda guiar a los adolescentes y jóvenes a través de los momentos de aburrimiento, de dificultades y de terror; a través de las decepciones; las desilusiones; y los años de adversidad, carencias, confusión y frustración.”[33]

2. Leer y reflexionar sobre las siguientes escrituras:

“…porque sé que quienes pongan su confianza en Dios serán sostenidos en sus tribulaciones, y sus pesares y aflicciones,…” (Alma 36:3)

“Venid a mí todos tos que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28–30)

3. Cuando en momentos de desilusión y decepción sienta la necesidad de ayuda espiritual, lea una y otra vez los capítulos 17–26 de Alma. Si los lee en actitud de oración recibirá inspiración, y recibirá la fuerza necesaria para sobrellevar las pruebas de fe.

4. Aprenda la siguiente frase de memoria: “Tras muchas tribulaciones vienen las bendiciones.” (D. y C. 58:4)

5. Coleccione sus escrituras y citas favoritas y léalas cuando su fe esté a prueba. Sugerencias: Alma 26:23–35; 2 Corintios 1:4–7.

6. Lea este libro una vez más.

7. Lea las siguientes escrituras: D. y C. 98:3; 68:6; 24:8; 31:9; 101:4–5; 88:63; 122:7–8; 58:2–4; Moisés 5:4–12; Alma 26:27; 31:30–31, 38; 7:11–12; 36:3; 17:14; 17:5, 9, 11; 28:8; 20:29; Mosíah 3:7; 23:21; Mateo 1:11; 11:28–30; Hebreos 5:8; Hechos 5:38–42; Romanos 8:35–39; 5:3–4; 2 Corintios 6:4–6; Juan 16:33; Moroni 10:32–33.

 

Advertencia

Sea quien sea, aunque ore constantemente en su intento de escoger deseos justos, a veces ocurrirá que comenzará a ejercer fe en un deseo no aprobado por nuestro Padre Celestial. Cuando éste sea el caso, experimentará un estupor de pensamiento y hallará casi imposible enfocarse en sus deseos. Cuando esto ocurra, debe dejar de esforzarse por ejercer fe en relación con este deseo y debe orar lo más posible para determinar porqué tal deseo no es apropiado.

En su esfuerzo por ejercer fe es su responsabilidad asegurarse de que no confunda falta de mérito personal, deseo, o disciplina, o una prueba, con este estupor mental que acabamos de describir. Si está en armonía con el espíritu podrá discernir claramente entre una prueba de fe y el estupor de pensamiento que se da cuando, por una razón u otra, un deseo es inapropiado.

Con este entendimiento puede estar siempre seguro de que sus deseos son justos. Debe tener en mente esta precaución porque, perseverando, es posible lograr deseos que, de acuerdo con la sabiduría del Señor, no son lo mejor para uno. El Señor respeta nuestro libre albedrío de escoger los deseos que queremos ver realizados.

 

Resumen

El siguiente es un resumen del entendimiento, ideas, procedimientos, etc., requeridos para invocar los poderes del cielo a fin de bendecir su vida:

1. Tenga una comprensión clara de la fe como principio de poder.

2. Comprenda que los poderes del ciclo son gobernados por nuestra fe individual.

3. Viva una vida justa.

4. Seleccione metas justas (deseos) mediante la oración.

5. Especifique sus metas (deseos) escribiéndolas.

6. Especifique cuándo alcanzará sus metas (deseos).

7. Presente su caso al Señor diciéndole qué esfuerzo o sacrificio está dispuesto a hacer a fin de alcanzar su meta (deseo).

8. Piense en su meta (deseo) constantemente.

9. Ponga toda su voluntad en pensar positivamente en el potencial que tiene para lograr su meta (deseo) con la ayuda del Señor.

10. Recuérdese constantemente de que el poder y fortaleza adicionales que provienen de Dios están a su disposición en base a su fe individual.

11. Recuerde que el Señor anhela concederle sus deseos justos con tal que usted se califique para recibirlos.

12. Haga que su meta sea cuestión de oración continua.

13. Ore para que el Señor aumente su habilidad de ejercer mayor fe como principio de poder.

14. Cuando se encuentre ante una situación que le haga dudar de su habilidad para lograr su meta (deseo), aprenda a ofrecer una oración mental para pedirle ayuda al Señor. Y tenga entonces fe en que El le va a ayudar, recordando que si le falta fe, le está negando al Señor la oportunidad de asistirle.

15. Reflexione repetidamente en la promesa hecha por el Salvador: “Pedid y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.” (Mateo 7:7)

16. Reconozca de antemano que su fe será, muy probablemente, probada.

17. Asegúrese de que está haciendo todo lo que está a su alcance a fin de lograr sus metas justas (deseos).

 

Notas

[30] José Smith, citado por el Presidente Harold B. Lee en Ensign, enero 1973, pág. 62, letra cursiva del autor.

[31] David O. McKay, “True End of Life”, The Instructor, enero, 1964, pág.2.

[32] Matthias E Cowley, Wilford Woodruff, (S.L.C.: Bookcraft, 1964), págs. 47–48.

[33] Spencer W. Kimball, “The Foundations of Righteousness,” Ensign, noviembre 1977, pág. 5.