La Perla de Gran Precio

Un detallado estudio y análisis versículo por versículo del libro canónico SUD "La Perla de Gran Precio"

La Perla de Gran Precio - Un detallado estudio y análisis versículo por versículo del libro canónico SUD "La Perla de Gran Precio"

“Naturaleza y función de la fe”

 

Grant Von Harrison, “Invocando los Poderes Celestiales

Capítulo 1: “Naturaleza y función de la fe”

 

Generalmente los miembros de la Iglesia no tienen dificultades para entender la mayoría de los aspectos de la fe, tales como la fe en que Dios vive, en que Jesús es el Cristo, en la vida después de la muerte, o en el plan de salvación. No obstante, muchas personas tienen problemas para entender el tipo específico de fe requerido para utilizar los poderes del cielo a fin de tener más éxito en cada faceta de su vida.

Con respecto a la naturaleza de la fe, el Profeta José Smith enseñó que: 1) “así como la fe es la causa motora de toda acción en los asuntos temporales, así también lo es en los asuntos espirituales;” 2) “la fe no es solamente el principio de la acción sino también del poder,” 3) La fe, entonces, es el primer gran principio que tiene poder, dominio, y autoridad sobre todas las cosas.”[3]

Al pensarlo bien, es fácil ver que la fe es la causa motora de toda acción –hacer ejercicios físicos, hacer un jardín, estudiar para un examen. Sin embargo, muchos miembros de la Iglesia tienen problemas con el proceso necesario para experimentar lo que José Smith llamó el poder que viene por la fe. Es importante que los miembros de la Iglesia entiendan que este poder viene de Dios y aprendan a utilizarlo, porque sin los poderes del cielo estamos sumamente limitados en lo que podemos hacer en cualquier aspecto de la vida. A los miembros de la Iglesia se les ha dado el “poder …para hacer todas las cosas por la fe.” (2 Nefi 1:10) Por medio de la fe, como un principio de poder, las personas pueden realizar o experimentar cosas que de otra manera no podrían lograr.

 

Función de la fe

El siguiente ejemplo explica el papel de la fe en la motivación de una persona.

Si un hombre desea bajar 5 kilos, debe tomar los pasos siguientes:

1. Tener fe en los principios que le harán bajar de peso.

2. Comprometerse a comer menos y a hacer ejercicios diarios.

3. Mantener un esfuerzo constante, motivado por la fe.

Sin embargo, muchos deseos no pueden realizarse solamente por la fe que nos motiva a actuar. Además de resolución y determinación, hay muchos anhelos que requieren la ayuda específica del Señor. Por ejemplo, si un cazador se pierde durante una fuerte nevada y se pone a orar, y le pide al Señor que le conserve la vida inspirándolo respecto a la dirección que debe seguir para encontrar refugio o socorro, su deseo no se realizará a menos que sepa invocar los poderes del cielo para que le ayuden.

La fe, entonces, como principio de acción, incluye la dedicación, la determinación y la habilidad de tomar decisiones. La fe, como principio de poder incluye estos tres factores más: 1) creencia en el Señor Jesucristo, 2) determinación por parte del individuo de responder a los requerimientos de Dios, y 3) otorgamiento de los poderes del cielo (mayor fuerza y poder de Dios mismo).

Muchos deseos justos son de naturaleza personal y su realización debe venir por la fe del individuo. No obstante, hay algunos deseos que precisan la fe colectiva de más de una persona. Cuando éste es el caso, hay que tener en cuenta la fe que existe o la falta de ella. En algunos casos, la falta de fe de la mayoría suprime la fe de la minoría. En otras palabras, bajo ciertas condiciones, algunos deseos dignos no se realizan aunque haya quienes tengan fe suficiente como para liberar los poderes del cielo.

En las escrituras vemos cómo la fe de ciertos individuos resulta en bendiciones para la multitud. Sin embargo, aprendemos también que hay excepciones a este principio. Por ejemplo, cuando Mormón fue llamado como líder militar de los nefitas, su fe era la clave del éxito en sus batallas. Pero, los nefitas no vieron la mano del Señor en su éxito y se jactaron de su propia fuerza. Finalmente, la habilidad de Mormón de ejercer su fe por ellos fue anulada.

“He aquí, yo los había dirigido, a pesar de sus iniquidades, muchas veces los había dirigido a la batalla; y los había amado con todo mi corazón, de acuerdo con el amor de Dios que había en mí; y todo el día se había derramado mi alma en oración a Dios a favor de ellos; sin embargo, fue sin fe, debido a la obstinación de sus corazones.” (Mormón 3:12)

Hay muchos casos en que la influencia de los poderes del cielo requiere fe colectiva. En la obra misional, la ausencia de fe por parte de un compañero puede anular la influencia del Espíritu cuando los misioneros están enseñando a una familia. Igualmente, la falta de fe por parte de muchas personas puede restringir el Espíritu en una reunión de la Iglesia.

Un individuo (misionero, líder de rama, etc.) con gran fe, puede invocar los poderes del cielo, pero se facilita el proceso cuando más de una persona pone su fe para los fines deseados.

Cuando alguien está enfermo, la fe colectiva de quienes están involucrados en la bendición, gobierna los poderes del cielo. Obviamente, la gran fe de una persona puede tener un efecto tremendo cuando alguien recibe una bendición. Pero, al final, la fe combinada o la ausencia de fe, de todos, es lo que determina si la bendición se cumple o no.

Después de que haya llegado a tener la habilidad de invocar los poderes celestiales por medio de la fe, uno debe esforzarse por enseñar este proceso a otros. Si hace esto diligentemente se dará cuenta usted de que puede ser una gran influencia en otros para que ellos también sean efectivos en el empleo de los poderes del cielo. Después de que ellos hayan aprendido a ejercer la fe, los esfuerzos de su grupo serán apoyados por los poderes del cielo en un grado excepcional.

En las misiones, estacas, barrios, y familias, donde los grupos empiezan a ejercer fe colectiva, miles de personas son bendecidas por un diluvio de poderes celestiales. El indicio más obvio de la fe colectiva en un área determinada es el número de personas que se unen a la Iglesia. La fe colectiva es la realización del deseo del Presidente Spencer W. Kimball de ver a millones de personas unirse a la Iglesia cada año. Cuando la fe colectiva de la Iglesia sea suficiente, millones de personas se unirán a la Iglesia cada año, y las profecías que se refieren a la Iglesia rodando hacia adelante como una roca y cubriendo la tierra entera, serán cumplidas. Como miembros de la Iglesia necesitamos darnos cuenta de que el cumplimiento de estas profecías depende de la fe colectiva de los miembros de la Iglesia. Se puede ver que es más fácil ejercer la fe cuando la fe del individuo es sostenida por la fe de los demás, así como con las tareas que no se pueden realizar a menos que se combine la fuerza física de muchas personas (e.g., levantar objetos pesados, empujar un automóvil, etc.). Así es con muchos deseos justos: requieren la fe combinada o colectiva de muchas personas.

 

Notas

[3] José Smith, Lectures on Faith (S. L. C.: N. B. Lundwall), págs. 8 y 10, letra cursiva del autor.