“Desarrolle una comprensión más profunda de la fe”

 

Grant Von Harrison, “Invocando los Poderes Celestiales

Capítulo 6: “Desarrolle una comprensión más profunda de la fe”

 

Examine su comprensión de la fe

Las siguientes declaraciones de José Smith fueron citadas en el primer capítulo de este libro. Analícelas ahora desde el punto de vista de este libro. Si es posible, discútalas con alguien que esté leyendo este libro.

1. “…así como la fe es la causa motora de toda acción en cuestiones temporales, así también lo es en los asuntos espirituales; …

2. “…la fe no es solamente el principio de la acción, sino también del poder,…

3. “La fe, entonces, es el primer gran principio que tiene poder, dominio, y autoridad sobre todas las cosas.”[39]

Al llegar a entender el poder que está a su disposición por medio de la fe, verá que puede invocar los poderes del cielo para que le ayuden en todas sus relaciones y en todos sus esfuerzos, y no solamente en sus responsabilidades en la Iglesia. Tanto en su profesión como en su llamamiento en la Iglesia, debe buscar ayuda por medio de los poderes del cielo. Esta es una de las grandes lecciones del Libro de Mormón: si buscamos la ayuda del Señor con fe, El nos ayudará en todos nuestros asuntos.

Es importante que se dé cuenta de que el deseo del Señor de ayudarle, si le tiene la fe suficiente, no se limita a las actividades relacionadas con la Iglesia. Mediante la fe, uno puede beneficiar sus atributos, sus talentos y sus relaciones interpersonales (por ej.: sus habilidades musicales, su habilidad de razonar, de entender lo que lee, de relacionarse con otras personas, etc.).

Un ser inteligente, a imagen de Dios, posee todo órgano, atributo, sentido, simpatía, afecto, de la voluntad, la sabiduría, el amor, el poder, y el don que Dios mismo posee. Pero …estos atributos se hallan en estado embrionario y se deben desarrollar gradualmente… El don del Espíritu Santo se adapta a todos estos órganos o atributos. Vivifica todas las facultades intelectuales, aumenta, amplifica, expande, y purifica todas las pasiones y afectos naturales, y los adapta mediante el don de fa sabiduría para su legítimo uso. Inspira, desarrolla, cultiva, y madura todas las delicadas simpatías, gozo, gustos, sentimientos afines, y afectos de nuestra naturaleza. Inspira virtud, benevolencia, bondad, ternura, mansedumbre y caridad. Desarrolla belleza de persona, forma, y facciones. Guarda la salud, el vigor, el ánimo y los sentimientos sociales. Desarrolla y vigoriza todas las facultades físicas e intelectuales del hombre.[40]

Muchas de las cosas que deseamos en esta vida pueden ser logradas en gran parte gracias a la fe que nos motiva a decidirnos y aplicarnos para alcanzarlas (por ej.: mejorar nuestro estado físico haciendo seis kilómetros de aerobismo semanalmente, mejorar nuestra relación con nuestros hijos pasando más tiempo con ellos). Pero, en muchos casos, nuestros deseos no se verán realizados a menos que aprendamos a emplear los poderes del cielo.

 

Aprenda a reconocer el papel de la fe

Al leer los siguientes ejemplos, identifique las acciones que son motivadas por la fe, y las maneras en que los poderes del cielo se manifiestan como resultado de la fe que es considerada un principio de poder.

Ejemplo No 1

Un misionero asignado a una región minera cerca del pueblo de Akron, Ohio, en los Estados Unidos, relató que una señora les pidió en pleno invierno, durante una fuerte nevada, que la bautizaran de inmediato. Los misioneros no tenían acceso a una pila bautismal de modo que fue necesario que la bautizaran en un arroyito que pasaba por el terreno de uno de los miembros. Era en febrero y hacía mucho frío. Dijo el misionero que cuando puso su pie en el agua helada el dolor le llegó hasta el corazón y por un momento temió que iba a salir del agua. También comenzó a temer que la señora no pudiese aguantar el frío helado. Oró en su corazón para que el agua se entibiara. Dijo que el agua cambió de inmediato, porque dejó de sentir frío, y la señora tampoco se quejó del agua helada.

Ejemplo No 2

Natividad Sánchez participaba en muchas de las actividades extracurriculares de la escuela secundaria. Era animadora en los partidos deportivos, pertenecía al equipo de debates, y de vez en cuando salía de cita. Al recibirse de la secundaria empezó a ir a una universidad a la que asistían un gran número de miembros de la Iglesia. Allí se encontró con que le era muy fácil hacerse de amigos pero que la invitaban a salir muy poco. Cuando salía de cita, el muchacho que la había invitado no volvía a invitarla otra vez. Aunque era muy sociable y generalmente salía con miembros de la Iglesia, nunca podía sentirse cómoda cuando salía con un muchacho y no podía ser ella misma. Finalmente, recurrió a su Padre Celestial y se puso a orar fervientemente para que pudiera actuar con más naturalidad al salir con un muchacho y pudiera hacer que él también se sintiera bien en su compañía. A las pocas semanas se sentía ya más tranquila, podía ser ella misma cuando salía con alguien, y podía ya mantener una conversación interesante. Los muchachos empezaron a invitarla una y otra vez y en el término de un año empezó a salir con el muchacho con quién se casó.

Ejemplo No 3

A mediados del mes, el presidente de la misión les preguntó a dos misioneros cuántos bautismos tendrían al fin del mes. Los misioneros tenían proyectado bautizar dos parejas jóvenes en la próxima semana así que le contestaron que tendrían cuatro bautismos. Sin embargo, a los dos días las circunstancias dictaron que los bautismos de las dos parejas se postergaran hasta el mes siguiente. Como los misioneros se habían comprometido a tener cuatro bautismos, decidieron acudir a su Padre Celestial y pedirle que les preparara el camino para que pudieran bautizar cuatro personas para ese fin de mes. Enfocaron entonces sus esfuerzos en este deseo en especial trabajando aún más fuerte que antes. La última semana del mes se bautizó una de las parejas a quiénes les habían estado enseñando por varias semanas, y otra pareja que no habían esperado bautizar cuando se comprometieron con el presidente, también fue bautizada.

Ejemplo No 4

Después de varias semanas de búsqueda y oración, un joven decidió que el programa de estudios para graduados de cierta universidad era el programa que más le convenía. Sin embargo, estaba atrasado ya dos meses en la presentación de su inscripción y recurrió a su Padre Celestial en sus oraciones. Oró que se le allanara el camino de tal manera que fuese aceptado en esa carrera a pesar de haberse pasado de la fecha de inscripción. Después de haberse comunicado con las autoridades universitarias oró nuevamente para que el Señor tocara el corazón de quienes tuvieran que considerar su solicitud de ingreso a fin de que recibieran una buena impresión de los antecedentes que les había presentado y le hicieran la excepción de aceptar su solicitud aunque era tarde. Oró también para que estuviese inspirado al escoger los antecedentes que acompañarían su solicitud, y para que pudiese decir lo más correcto en sus llamadas y correspondencia al comité de ingresos. El deseo de ser aceptado por esa universidad en particular se convirtió en el foco principal de las oraciones de este joven de manera que dedicó varios días al ayuno; todo a fin de pedirle ayuda a su Padre Celestial en esta cuestión. Al cabo de tres semanas se le informó que había sido aceptado en la universidad.

Ejemplo No 5

Un hombre que tenía seis hijos contrajo fiebre reumática y fue internado en el hospital. Cuando lo visitaron sus maestros orientadores les pidió que le dieran una bendición de salud para que se curase de su enfermedad. Les explicó que no tenía mayor preparación y que el único trabajo que podía hacer era trabajo manual y que por lo tanto era imprescindible que pudiese recobrar toda su salud y fortaleza a fin de poder volver a sus tareas manuales y seguir manteniendo a su familia. Los maestros orien­tadores le dieron la bendición.

Cuando los maestros orientadores regresaron la próxima semana se enteraron de que el diagnóstico del hermano era aún el mismo. El corazón se le había debilitado seriamente y los médicos habían declarado que no podría ser capaz de retornar a sus tareas físicas. Al ver que la bendición no se había cumplido, el compañero mayor se quedó perplejo. En privado, se dirigió a su Padre Celestial en oración deseando saber porqué la bendición no se había realizado. Recibió en su mente la revelación de que estaba demasiado preocupado con las otras exigencias de su vida, su educación, trabajo, etc., y que para que la bendición se cumpliera tendría que hacer de ese deseo el foco de concentración de sus oraciones diarias y de sus otros momentos del día.

Regresó al hospital y ungió y bendijo al hermano enfermo nuevamente con el poder del sacerdocio, resuelto a hacer que su deseo de ver al hermano sanarse se le convirtiera en una preocupación bien específica y una parte integral de sus oraciones. Cuando volvió al hospital una semana más tarde, el hermano le informó que en su último examen el corazón no mostraba daño alguno como resultado de la enfermedad y que todo indicaba que se recuperaría totalmente de salud y podría ser capaz de mante­ner a su familia.

Ejemplo No 6

Un matrimonio joven tenía dos hijos. El mayor, que tenía cinco años, empezó a tener graves problemas de conducta. Anteriormente era un niño extrovertido, entusiasta y alegre, pero ahora se mostraba sombrío, retraído e introvertido. El padre estaba estudiando psicología así que inmediatamente se puso a consultar con sus libros a fin de enfrentar los problemas de su hijo. Como no pudo encontrar ninguna respuesta satisfactoria decidió pedirle consejo a sus profesores.

Finalmente, el joven padre acudió a su Padre Celestial en oración y, en ayunas, oró fervientemente para que fuera inspirado respecto a su problema. Recibió en su mente la revelación de que su hijo tenía derecho a ser reconocido como el mayor. Se dio cuenta inmediatamente de que había sido su práctica incluir siempre a sus dos hijos en todos sus pasatiempos. Cuando compraba algo para un hijo, siempre le compraba lo mismo al otro. Siguiendo su inspiración empezó a identificar específicamente lo que podía hacer para destacar al hijo mayor como hermano mayor y para establecer claramente que había ciertas cosas que el merecía hacer por ser mayor, como tener cierto tipo de ropa diferente, etc. Su problema de conducta empezó a atenuarse inmediatamente.

Ejemplo No 7

“Poco después de que nuestra Rama se convirtiera en Barrio, …me llamaron a ser su obispo. En una reunión de la estaca, uno de los obispos relató cómo, durante la semana anterior, él había dedicado una hora al día a la oración. Tan conmovedor fue su espíritu, tan magnífica su experiencia, que mi alma anheló el mismo tipo de gozo. Me prometí a mí mismo que el día siguiente me sorprendería en mis rodillas por una hora de oración, por mí, mi familia, mi barrio, y mi empleo. Pero el día siguiente era domingo, y la reunión del obispado comenzaba a las 6:00 de la mañana. Para estar a tiempo tendría que madrugar a las 4:00. Mi determinación se desvaneció en el sueño y huyó al rincón de las promesas no cumplidas.

“Con mi determinación renovada por un domingo satisfactorio, puse el despertador para la mañana del lunes. Al sentirlo me senté, puse los pies sobre el piso, e intenté levantarme. De repente, y con gran fuerza, el colchón me agarró de los hombros y me envolvió fuertemente con su tibieza y blandura. Luché con valentía unos cinco o seis segundos antes de sucumbir a su invitación. Entonces me di por vencido y me quedé dormido.

“(Más tarde) pensé, ‘¿Cómo puedo ser obispo de un barrio si los miembros oran más fervientemente que yo? ¿Cómo puedo ser su guía espiritual?’

“A la mañana siguiente fui a una arboleda cerca de casa y volqué allí mi corazón al Señor y medité. Pasó casi una hora. Los resultados fueron muy satisfactorios. Mientras oré, hablé y escuché, una calma de espíritu y un fuego interior invadieron todo mi ser, y mi alma se llenó de regocijo. No hubo mensajeros celestiales, ni luces, ni voces, pero en aquella hora me sentí elevado a un nuevo nivel espiritual, y supe que nunca jamás me quedaría satisfecho con un esfuerzo menor en mis oraciones.

“A la larga, adquirí la costumbre de retirarme a la capilla todas las mañanas y allí, con un par de capítulos de las escrituras para estimular mis pensamientos a meditar seriamente, me encontraba reflexionando las cosas del Espíritu hasta que sentía que estaba listo para hablar con mi Padre. Gradualmente, casi sin darme cuenta, experimenté el proceso de la revelación descripto por José Smith, a medida que toques de inteligencia pura entraban en mi mente. Ideas para el barrio, soluciones de problemas familiares, nuevos conceptos para mis clases de seminario e instituto, y una profunda fortaleza personal emergían profusamente, a diario, de estas oraciones. Pronto descubrí que me hacían falta un bolígrafo y una libreta para escribir las ideas mientras me iban viniendo. Estos apuntes fueron valiosos en la reorganización de las organizaciones auxiliares de nuestro barrio. Extendí llamamiento tras llamamiento a personas que ya sabían de ellos antes de ser llamados.

“Los miembros de mi familia también se vieron beneficiados porque el esposo y padre del hogar, un poseedor del sacerdocio, les daba mayor dirección y consejos inspirados. Los sentimientos de amor y paz se acrecentaron, y gozamos de nueva fortaleza espiritual. A medida que enseñaba más y más con el Espíritu, mis clases de seminarios e institutos se volvieron más animadas e interesantes. Las escrituras empezaron a revelárseme como nunca y de hecho pude comprender por primera vez algunas de las escrituras de Isaías que Jesús le había dicho a los nefitas eran tan valiosas.” (Véase 3 Nefi 23:1–5)[41]

Ejemplo No 8

“Las presiones de mi empleo como jefe de ventas en una compañía constructora pueden ser a veces muy agudas. Había sido miembro de la Iglesia por casi seis meses cuando una mañana, en el lapso de cinco minutos, se me presentaron dos problemas. Primero, uno de los vendedores rehusó unirse a los demás vendedores en un almuerzo brindado por la compañía. Lo sentí mucho porque éramos un equipo muy unido.

“Angustiado, estaba sentado en mi oficina contemplando el problema cuando entró el jefe de la compañía a recordarme que teníamos como medio millón de dólares invertido en casas nuevas que no habíamos vendido por un año. Quería que hiciera un esfuerzo positivo por venderlas, que hiciera milagros si fuera necesario.

“Tan pronto como él salió, bajo el peso de los dos problemas, tomé mi abrigo y caminé hacia el automóvil. Fui a una de esas casas, la abrí, entré, y cerré la puerta. Subí las escaleras y en la sala vacía me arrodillé a orar. En aquel momento pasó algo raro. Antes de poder pensar en las palabras que quería decirle a mi Padre Celestial, en una luz hermosa y clara, dentro de mis ojos cerrados, parecía que veía al vendedor con quién tenía el problema, aceptar el desafío de vender todas estas casas; también consentía en que no se le permitiera vender las casas más fáciles hasta que éstas estuvieran vendidas. Tendría libertad de organizar su propia campaña, publicidad, y su propio tiempo. Se le premiaría con una tasa de comisión más alta.

“Dentro de dos meses, esas casas que el vendedor anterior no había podido vender, fueron vendidas por el vendedor que tenía el problema. Después de haber respondido exitosamente a un gran desafío era otro hombre, y el jefe estaba encantado.

“Agradezco al Señor que me haya bendecido con aquella breve experiencia en aquella habitación y me halla mostrado las maravillas de sus caminos. Desde entonces he sabido que El escucha nuestras oraciones y nos guía en el plan eterno que tiene para sus hijos.”[42]

Ejemplo No 9

En sus vacaciones de verano del tercer año de la secundaria, un joven aceptó empleo en un lugar frecuentado por turistas. Al llegar al trabajo, su supervisor lo llamó a su oficina y le comentó algunos problemas que tenía con los otros jóvenes empleados, problemas relacionados especialmente con el sexo y las bebidas alcohólicas. Le expresó sus esperanzas de que el joven evitara tener problemas similares. El joven salió de la oficina cabizbajo. Nunca había estado lejos de la casa y siempre había vivido en un pueblo mormón. Preocupado por mantenerse alejado de esos pecados, recurrió a Su Padre Celestial y le pidió ayuda. En el curso del verano, el joven sintió que sus oraciones eran contestadas de muchas maneras. Se dio cuenta de que podía explicar sus razones por no fumar o beber sin tener que justificarse, y que los otros chicos lo comprendían. En muchas ocasiones pudo evitar el mal gracias al poder del discernimiento. Por ejemplo, una noche bailó con una chica que le cayó muy simpática. Sin embargo, tuvo la impresión bien clara de que no debía aceptar su invitación de ir a otra fiesta con ella. Más tarde se enteró de que ella solamente quería seducirlo, como la esposa de Potifar intentó hacerlo con José (Génesis 39:7–12). En otra ocasión tuvo la fuerte impresión de que debía evitar toda relación con cierto joven. A la semana siguiente, dicho joven fue arrestado por sus actividades homosexuales.

Ejemplo No 10

“En mi primera visita a la legendaria villa de Sauniatu, pueblo amado del Presidente McKay, mi esposa y yo nos reunimos con un gran grupo de niños. Después de dar nuestro mensaje a estos niños tímidos y hermosos, le sugerí al maestro samoano que termináramos la reunión. Cuando anunció el himno final, sentí de repente una necesidad apremiante de saludar personalmente a cada uno de los 247 niños. Pero no había suficiente tiempo para gozar de este privilegio, así que no le hice caso a mi impresión. Antes de que se pronunciara la última oración, sentí otra vez la impresión de estrechar la mano de cada niño. Esta vez le comuniqué mi deseo al maestro, quién respondió con una amplia y hermosa sonrisa samoana. Les habló a los niños en samoano y sus rostros radiantes mostraron su aprobación.

“El maestro me comunicó entonces la razón de su gozo y el de los niños. Me dijo: ‘Cuando nos enteramos que el Presidente McKay había asignado a un miembro del Consejo de los Doce que nos visitara en Samoa, tan lejos de Lago Salado, les dije a los niños que si cada uno oraba sincera y fervientemente y con fe como en los relatos de la Biblia en tiempos de antaño, que el apóstol que visitara nuestra pequeña villa de Sauniatu, a causa de la fe de ellos, sentiría que debía saludarlos dándoles la mano a cada uno.’ No podíamos refrenar las lágrimas mientras cada uno de estos niños y niñas tan preciosos se nos acercó y susurró un dulce talofa lava. El don de la fe se había hecho evidente.”[43]

Ejemplo No 11

“Al concluir, quisiera relatarles una experiencia que me contaron dos días después de la muerte de ese gran profeta de Dios, el Ekier Matthew Cowley. Me la contó un hermano que había sido presidente del distrito del Hermano Cowley en Nueva Zelandia unos treinta y cinco o cuarenta años atrás cuando éste había estado trabajando con el pueblo maorí. Había estado en la misión por sólo dos meses y medio cuando se organizó una conferencia misional. En una de las sesiones, la de la mañana, el Hermano Cowley tuvo la oportunidad de hablar. Según la historia que me contaron, habló por quince o veinte minutos en el idioma maorí con una fluidez que asombró aún a las personas mayores.

“Después de esta reunión, el presidente del distrito y el Hermano Cowley iban caminando hacia una casa maorí para comer entre las sesiones cuando el presidente del distrito le preguntó: ‘¿Cómo lo hiciste?’ El hermano Cowley respondió: ‘¿Hice qué?’ ‘¿Cómo llegaste a dominar el idioma maorí en tan poco tiempo?’ ¡Un joven misionero de diecisiete años!

El hermano Cowley respondió: ‘Cuando vine aquí no sabía ni una palabra en maorí, pero decidí que iba a aprender veinte palabras nuevas por día, y lo hice. Pero, cuando intentaba conectarlas, no tenía éxito.’ En este momento iban pasando cerca de un maizal y el hermano Cowley dijo: ‘¿Ve ese maizal? Me metí allí y le hablé al Señor, pero antes había ayunado. Esa noche intenté hablar otra vez pero no podía combinar las palabras bien. Así que ayuné otra vez el día siguiente, y me fui al maizal a hablar otra vez con el Señor. Esa noche traté otra vez y tuve resultados un poco mejores. Ayuné otra vez el tercer día y volví al maizal y hablé nuevamente con el Señor. Le dije que creía que su Iglesia y reino se habían establecido sobre la tierra; que los hombres tenían la autoridad de proclamar la plenitud del evangelio de Jesucristo, el cual se trataba de la salvación y exaltación de los hijos de nuestro Padre Celestial. Le dije que había sido llamado con esta misma autoridad para cumplir una misión, pero que si ésta no era la misión donde debía servir, que me lo hiciera saber porque quería servir donde pudiera ejercer el mayor bien.’

“Ese era el espíritu del Hno. Cowley. Continuó: ‘A la mañana siguiente, cuando nos arrodillamos para hacer la oración familiar en el hogar maorí, el jefe de la familia me pidió que ofreciera la oración. Intenté hablar en inglés pero no podía. Cuando traté de hacerlo en maorí las palabras empezaron a fluir de mi boca y comprendí que Dios había contestado mi oración, y que era aquí dónde tenía que servir.’ ¡Un jovencito de diecisiete años!”[44]

Ejemplo No 12

Un niño tenía un perro al que amaba muchísimo. Cuando el perro empezó a envejecer llegó al punto de no poder casi caminar y empezó a perder la vista. El perro podía comer solamente bocados que habían sido cocinados y cortados en pedacitos. Finalmente llegó al punto de no comer mucho y era evidente que se iba a morir. El padre del niño decidió finalmente que sería mejor para el perro llevarlo al bosque y matarlo de un tiro. El niño entendía que su padre no era malo, que sus intenciones eran que el perro no sufriera más. El padre se había esforzado por ayudar al niño a comprender que sería mejor para el perro que lo mataran. El padre le había explicado que había sido muy difícil para él arribar a esa decisión porque él también quería al perro, y el perro había llegado a ser uno más de la familia. Le explicó al niño que hacía ya algún tiempo que se había dado cuenta de que sería lo mejor, pero que lo había estado dilatando. Intentando ser lo más comprensible que podía, el niño le pidió una oportunidad más de ayudarle al perro a comer para que recuperara algo de su fortaleza. El padre consintió.

El niño se esforzaba por preparar comida especial para su perro y aún intentaba alimentarlo en la boca con sus manos. Pero, a pesar de sus esfuerzos, el perro no podía comer. El niño ponía al perro en su carrito y lo llevaba de aquí para allá a sus lugares favoritos. Mas el perro estaba demasiado enfermo para mostrar interés alguno en aquellas cosas que antes los habían hecho tan felices a ambos. Al final del segundo día el niño empezó a darse cuenta que sus esfuerzos eran vanos, pero no podía ni pensar en su perro, mortalmente herido de bala, sangrando y retorciéndose mientras agonizaba.

Fue en este momento que el niño decidió recurrir a su Padre Celestial por ayuda. Se retiró a su cuarto, se arrodilló junto a la cama y se puso a orar a su Padre Celestial. La petición era sencilla. La oración era que su Padre Celestial dejara que el perro viejo se muriera para que no fuese necesario que su padre lo matara. Le explicó a su Padre Celestial porqué el perro tenía que morir, y le explicó el caso diciéndole que a él le parecía que sería mejor que el perro tuviese una muerte natural. El niño fue realista y le explicó que su perro no era necesariamente un perro muy especial, pero que en verdad significaba mucho para él. Reconoció sus faltas: había mordido al lechero dos veces, pero le explicó que el perro era muy obediente, y que antes de que se enfermara podía hacer muchos trucos como recoger palos y pelotas cuando el niño los tiraba. Siguió explicándole a su Padre Celestial que el perro ya envejecido no podía seguir haciendo las cosas que los dos habían disfrutado antes y que el perro había llegado al punto en que casi no podía ni siquiera caminar. El niño concluyó su oración diciendo que si su Padre Celestial dejaba que su perro muriera de una manera natural, él le estaría siempre agradecido.

Al salir de su cuarto, el niño se encontró con su padre. Venía a decirle que ya no sería necesario matar a su perro de un tiro, que acababa de morir.

Ejemplo No 13

1. El día tres de octubre del año mil novecientos dieciocho, me hallaba en mi habitación meditando sobre las Escrituras,

2. y reflexionando en el gran sacrificio expiatorio que el Hijo de Dios realizó para redimir al mundo;

3. y el gran y maravilloso amor manifestado por el Padre y el Hijo en la venida del Redentor al mundo,

4. a fin de que el género humano pudiera ser salvo, mediante la expiación de Cristo y la obediencia a los principios del evangelio.

5. Mientras me ocupaba en esto, mis pensamientos se tomaron a los escritos del apóstol Pedro a los santos de la Iglesia primitiva esparcidos por el Ponto, Galacia, Capadocia y otras partes de Asia, donde se había predicado el evangelio después de la crucifixión del Señor.

6. Abrí la Biblia y leí el tercero y cuarto capítulos de la primera epístola de Pedro, y al leer me sentí sumamente impre­sionado, más que en cualquier otra ocasión, por los siguientes pasajes:

7. “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevamos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

8. “en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,

9. “los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua” (1 Pedro 3:18–20).

10. “Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios” (1 Pedro 4:6).

11. Mientras meditaba estas cosas que están escritas, fueron abiertos los ojos de mi entendimiento, y el Espíritu del Señor descansó sobre mí, y vi las huestes de los muertos, pequeños así como grandes.

12. Y se hallaba reunida en un lugar una compañía innumerable de los espíritus de los justos que habían sido fieles en el testimonio de Jesús mientras vivieron en la carne,

13. y quienes habían ofrecido un sacrificio a semejanza del gran sacrificio del Hijo de Dios, y habían padecido tribulaciones en el nombre de su Redentor.

14. Todos éstos habían partido de la vida terrenal, firmes en la esperanza de una gloriosa resurrección mediante la gracia de Dios el Padre y de su Hijo Unigénito, Jesucristo.

15. Vi que estaban llenos de gozo y de alegría, y se regocijaban justamente porque estaba próximo el día de su liberación.

16. Se hallaban reunidos esperando el advenimiento del Hijo de Dios al mundo de los espíritus para declarar su redención de las ligaduras de la muerte.

17. Su polvo inerte iba a ser restaurado a su forma perfecta, cada hueso, y los tendones y la carne sobre ellos; el espíritu y el cuerpo iban a ser reunidos para nunca más ser separados, a fin de que pudieran recibir una plenitud de gozo.

18. Mientras esta innumerable multitud esperaba y conversaba, regocijándose en la hora de su liberación de las cadenas de la muerte, apareció el Hijo de Dios y declaró libertad a los cautivos que habían sido fieles;

19. y allí les predicó el evangelio eterno, la doctrina de la resurrección y la redención del género humano de la caída, y de los pecados individuales, con la condición de que se arrepintieran.

20. Mas a los inicuos no fue, ni oyó su voz entre los impíos y los impenitentes que se habían profanado mientras estuvieron en la carne;

21. ni tampoco vieron su presencia ni contemplaron su faz los rebeldes que rechazaron los testimonios y amonestaciones de los antiguos profetas.

22. Prevalecían las tinieblas donde éstos se hallaban; pero entre los justos había paz,

23. y los santos se regocijaron en su redención, y doblaron la rodilla, y reconocieron al Hijo de Dios como su Redentor y Libertador de la muerte y de las cadenas del infierno.

24. Sus semblantes brillaban, y el resplandor de la presencia del Señor descansó sobre ellos, y cantaron alabanzas a su santo nombre.

25. Me maravillé porque yo entendía que el Salvador había pasado unos tres años de su ministerio entre los judíos y los de la casa de Israel, tratando de enseñarles el evangelio eterno y llamarlos al arrepentimiento,

26. y sin embargo, no obstante sus poderosas obras y milagros y proclamación de la verdad con gran poder y autoridad, fueron pocos los que escucharon su voz, y se regocijaron en su presencia, y recibieron la salvación de sus manos.

27. Pero su ministerio entre los que habían muerto se limitó al breve tiempo que transcurrió entre la crucifixión y su resurrección,

28. y me causaron admiración las palabras de Pedro, en donde decía que el Hijo de Dios predicó a los espíritus encarcelados que en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, y cómo le fue posible predicar a esos espíritus y efectuar la obra necesaria entre ellos en tan corto tiempo.

29. Y en mi admiración, mis ojos fueron abiertos y se vivificó mi entendimiento, y percibí que el Señor no fue en persona entre los inicuos ni los desobedientes que habían rechazado la verdad, para instruirlos;

30. mas he aquí, organizó sus fuerzas y nombró mensajeros de entre los justos, investidos con poder y autoridad, y los comisionó para que fueran y llevaran la luz del evangelio a los que se hallaban en tinieblas, es decir, a todos los espíritus de los hombres; y así se predicó el evangelio a los muertos;

31. y los mensajeros escogidos salieron a declarar el día aceptable del Señor, y a proclamar la libertad a los cautivos que se hallaban encarcelados; sí, a todos los que estaban dispuestos a arrepentirse de sus pecados y recibir el evangelio.

32. Así se predicó el evangelio a los que habían muerto en sus pecados, sin el conocimiento de la verdad, o en transgresión por haber rechazado a los profetas.

33. A éstos se les enseñó la fe en Dios, el arrepentimiento del pecado, el bautismo vicario para la remisión de los pecados, el don del Espíritu Santo por la imposición de las manos,

34. y todos los demás principios del evangelio que les era menester conocer, a fin de habilitarse para que fuesen juzgados en la carne según los hombres, pero vivieran en espíritu según Dios.

35. De modo que se dio a conocer entre los muertos, pequeños así como grandes, tanto a los injustos como a los fieles, que se había efectuado la redención por medio del sacrificio del Hijo de Dios sobre la cruz.

36. Así fue cómo se hizo saber que nuestro Redentor pasó su tiempo, durante su permanencia en el mundo de los espíritus, instruyendo y preparando a los fieles espíritus de los profetas que habían testificado de El en la carne,

37. para que pudieran llevar el mensaje de la redención a todos los muertos, a quienes El no podía ir personalmente por motivo de su rebelión y transgresión, para que éstos también pudieran escuchar sus palabras por medio del ministerio de sus siervos.

38. Entre los grandes y poderosos que se hallaban reunidos en esta congregación de los justos, estaban nuestro padre Adán, el Anciano de Días y padre de todos,

39. y nuestra gloriosa madre Eva, con muchas de sus fieles hijas que habían vivido en el curso de las edades y adorado al Dios verdadero y viviente.

40. Abel, el primer mártir, estaba allí, y su hermano Set, uno de los poderosos, cuya semejanza era la imagen misma de su padre Adán.

41. Noé, que había amonestado en cuanto al diluvio; Sem, el gran sumo sacerdote; Abraham, el padre de los fieles; Isaac, Jacob y Moisés, el gran legislador de Israel;

42. e Isaías, el cual declaró por profecía que el Redentor fue ungido para sanar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y la apertura de la cárcel a los presos, también estaban allí.[45]

 

Escrituras sobre la fe

La primera vez que lea este libro, lea Alma 32:26–29 y si es posible, discuta el significado de la escritura con otra persona que esté leyendo este libro. Discuta luego la adaptación siguiente de Alma 32:26–29:

“Pues como dije acerca de la fe, que no era un conocimiento perfecto, así es con vuestros deseos justos. No podéis, al principio, saber de vuestra habilidad de realizarlos a perfección, así como tampoco la fe es un conocimiento perfecto. Mas, he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta poner a prueba vuestra habilidad de lograr esos deseos con mi ayuda, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más de un deseo que realizar, dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta que de algún modo creáis que podéis dar cabida en la contemplación de vuestros deseos justos. Comparemos, pues, este deseo a una semilla. Ahora, si dais lugar para que sea plantada una semilla en vuestro corazón, he aquí si es una semilla verdadera o semilla buena, y no la echáis fuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí, empezará a germinar en vuestro pecho; y al percibir esta sensación de crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros, sí, puedo realizarlo, o empiezo a tener confianza en mi habilidad de lograrlo, porque empiezo a ver cómo es alcanzable. He aquí ¿no aumentaría esto vuestra fe? Os digo que sí.”

La primera vez que lea este libro, lea Éter 12:6 y, de ser posible, discuta el significado de la escritura con otra persona que esté leyendo este libro. Luego lea y discuta la adaptación siguiente de Éter 12:6.

“La fe es las cosas que se esperan (deseos justos) y no se ven (no podéis ver cómo los deseos van a realizarse basados en vuestra propia habilidad y circunstancia); por tanto, no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio (la seguridad del Señor que él os abrirá el camino para que vuestros deseos se realicen) sino hasta después de la prueba de vuestra fe (el ejercicio de fe durante un período largo de tiempo).”

Cada vez que lea este libro, lea las siguientes escrituras en voz alta y discútalas con otro lector de este libro.

Además, cada vez que lea este libro, lea muchos de los episodios del Libro de Mormón. Analice el papel de la fe en cada uno de ellos. Sobre todo, fíjese bien en los varios poderes del cielo que se manifiestan y en las diferentes circunstancias en que los poderes del cielo ayudan a los seres humanos.

Finalmente, al leer las escrituras en general, busque los casos en que los poderes del cielo se manifiestan como resultado de la fe de las personas.

Repase sistemáticamente

Evalúe frecuentemente su habilidad de fijar y lograr metas (deseos justos) haciéndose las siguientes preguntas:

1. ¿Sigo constantemente la amonestación del Presidente Kimball de fijar metas?

2. Al fijar metas que no se pueden lograr sin la ayuda del Señor, ¿me acuerdo constantemente del papel de la fe para utilizar los poderes del cielo?

3. ¿Tomo en cuenta los puntos siguientes cuando fijo mis metas?

  • ¿Son mis metas realistas?
  • ¿Me concentro en pocas metas a la vez en vez de muchas?
  • ¿Me resultan desafiantes?
  • ¿Al formular mis metas, pido consejo a otros sobre lo que sería práctico esperar bajo las circunstancias?
  • ¿Fijo metas de corto y también de largo plazo?
  • ¿Se basan mis metas en la voluntad de Dios y en motivos puros?

4. ¿Estoy dispuesto a prometerle a mi Padre Celestial que llevaré una vida más justa?

5. Al fijar metas: ¿Peso mis prioridades con sabiduría?

6. A fin de evitar desalentarme, ¿me mantengo en contacto con el espíritu de mi Padre Celestial?

7. ¿Registro exacta y constantemente el progreso de los esfuerzos que me llevarán hacia mi meta,

  • escribiendo mis metas,
  • comparando regularmente mis acciones con las metas que me he fijado,
  • revisando mis metas con inspiración?

8. ¿Utilizo mis metas como un medio en vez de un fin? (Al lograr mis metas, ¿tengo deseos de trabajar aún más diligentemente?)

9. ¿Me esfuerzo consistentemente en concentrar mis pensamientos en mis metas?

10. ¿Me esfuerzo mentalmente con persistencia en lo que concierne a mis metas (deseos justos)?

11. ¿He podido perseverar a través de mis pruebas de fe?

Dada la naturaleza del tema de este libro, no le será posible comprender todos sus conceptos la primera vez que lo lea. Si se decide a incorporar en su vida los poderes que vienen por la fe, deberá comprometerse a leer este libro por lo menos una vez a la semana por ocho semanas seguidas; y de allí en adelante, una vez al mes. Cada vez que vuelva a leer este libro, debe leer las escrituras indicadas y responder las preguntas.

 

Notas

[39] José Smith, Lectures on Faith, ob. cit. págs. 8 y 10.

[40] Parley P. Pratt, citado por James E. Talmage en A Study of the Articles of Faith, (S.L.C.: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, 1964), pág. 487.

[41] Richard D. Anthony, “I Was a Bishop before I Really Learned to Pray,” Ensign, enero 1976, págs. 52–53.

[42] Roy B. Webb, “Businessman’s Prayer in an Upper Room,” Ensign, enero 1976, págs. 50–51.

[43] Thomas S. Monson, Conference Report, octubre 1966, págs. 9–10; véase también “Gods Gifts to Polynesia’s People,” The Improvement Era, diciembre 1966, págs. 1101–1102.

[44] John Longden, Conference Report, abril 1955, pág. 59; véase también “Prayer Makes the Difference,” The Improvement Era, junio 1955, págs. 412–413.

[45] Doctrina y Convenios, José F. Smith –Visión de la Redención de los Muertos, Sección 138:1–42.