El don del Espíritu Santo

 

Manual de Instituto Doctrina del Evangelio,

Cap. 16: “El don del Espíritu Santo”

 

Introducción

Se exhorta a todos los miembros de la Iglesia, en su confirmación, a recibir al Espíritu Santo. Los que lo reciben se convierten en santos; aquellos que no lo reciben se estancan en su progreso hacia el reino de Dios. “Hay un inmenso número de miembros en esta Iglesia que jamás han experimentado una manifestación del Espíritu Santo. ¿Por qué? Porque no han amoldado su vida a la verdad.” (Joseph Fielding Smith, We Are Here to Be Tried, Tested, Proved, Brigham Young University Speeches of the Year [Provo, Utah, 25 de oct. de 1961], pág. 4; citado en Un sacerdocio real, Guía de estudio personal para los quórumes del Sacerdocio de Melquisedec, 1975–1976, pág. 4.)

 

Reseña doctrinal

A. Antes de recibir el don del Espíritu Santo, una persona recibe al Espíritu de Luz, o Luz de Cristo, que se da a todos los que nacen en este mundo

Véanse Juan 1:9; Moroni 7:16; D. y C. 84:45–46; 93:2.

 

B. Se confiere el don del Espíritu Santo a todos los que han hecho convenio con Jesucristo en las aguas del bautismo

1. El don del Espíritu Santo se confiere por la imposición de manos, por medio de personas que tienen la debida autoridad para hacerlo (véanse Hechos 8:12–25; Moroni 2:1–3; Artículo de Fe 4).

2. El Espíritu Santo nos puede guiar hacia toda verdad (véanse Juan 14:15–17; Moroni 10:5).

3. El don del Espíritu Santo es el derecho de tener su compañía cuando se es digno (véase D. y C. 121:45–46).

4 El Espíritu Santo nos limpia del pecado y se compara con el fuego (véanse Mateo 3:11; 2 Nefi 31:17; D. y C. 19:31).

 

C. Aquellos que tienen el don del Espíritu Santo pueden gozar de los dones del Espíritu

1. Todo miembro de la Iglesia tiene derecho a por lo menos un don del Espíritu (véanse D. y C. 46:11–12; 1 Corintios 12:7, 11).

2. Los dones de Dios se reciben de Cristo por medio del poder del Espíritu Santo (véase Moroni 10:8, 17–18).

3. Los miembros de la Iglesia pueden recibir muchos dones del Espíritu Santo (véanse D. y C. 46:13–26; Moroni 10:9–16; 1 Corintios 12:8–10).

4 Hay personas a las que se les concede discernir todos esos dones debido a sus llamamientos en el sacerdocio (véanse D. y C. 46:27–29; 107:91–92).

 

Citas corroborativas

 

A. Antes de recibir el don del Espíritu Santo, una persona recibe al Espíritu de Luz, o Luz de Cristo, que se da a todos los que nacen en este mundo

• “Nuestro conocimiento de la Luz de Cristo es limitado. Los poderes y capacidades temporales no pueden comprender aquello que es infinito. Pero sí sabemos de ciertos principios básicos, entre los cuales se encuentran los siguientes:

“1. Que es la luz que procede de la presencia y persona de la Deidad para llenar la inmensidad, y que por lo tanto se encuentra presente en todos lados.

“2. Que es el albedrío del poder de Dios, la ley por la cual se gobiernan todas las cosas.

“3. Que es el poder divino que da vida a todas ras cosas, y que si se retirara completamente, la vida dejaría de existir.

“4. Que ilumina la mente y aviva el entendimiento de toda persona que nace en este mundo (la voz de la conciencia que todos tenemos).

“5. Que contiende con todas las personas (el Espíritu Santo testifica pero no contiende), a menos que éstas se rebelen contra la luz y la verdad, y hasta ese preciso momento, y es entonces cuando cesa la lucha y en ese sentido el Espíritu se retira.

“6. Que todos los que escuchan Su voz se allegan a Cristo, reciben su evangelio, se bautizan y obtienen el don del Espíritu Santo. (Moroni 7:12–18; D. y C. 84:43–53; 88:7–13)” (Bruce R. McConkie, The Promised Messiah, págs. 208–209.)

• “Para determinar lo que es correcto a los ojos de Dios, consideremos ese asunto de nuestra conciencia del que hablamos tanto. Las Escrituras se refieren a una influencia que se encuentra por todo el universo y que da vida y luz a todas las cosas, a la cual se le llama diversamente la Luz de Verdad, la Luz de Cristo, o el Espíritu de Dios, ‘aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre’ (Juan 1:9). Es lo que ‘ilumina vuestros ojos, y. . . vivifica vuestro entendimiento’ (D. y C. 88:11). Todos vosotros que habéis nacido en este mundo gozáis de la bendición de esa luz que nunca deja de contender con vosotros hasta que os guía hacia esa otra luz que viene del don del Espíritu Santo que se puede recibir solamente por medio del arrepentimiento y el bautismo en el Reino de Dios.” (Harold B. Lee, Decisions for Success ful Living, pág. 144.)

 

B. Se confiere el don del Espíritu Santo a todos los que han hecho convenio con Jesucristo en las aguas del bautismo

• “Cornelio recibió el Espíritu Santo antes de bautizarse, que para él fue el poder convincente de Dios de la veracidad del evangelio; mas no podía recibir el don del Espíritu Santo sino hasta después de ser bautizado. De no haber tomado sobre sí esta señal u ordenanza, el Espíritu Santo que lo convenció de la verdad de Dios se habría apartado de él.” (José Smith, Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 240.)

• “El ser inteligente, a la imagen de Dios, posee todos los órganos, atributos, sentidos, simpatías y afectos que posee El mismo.

“Pero todo eso lo posee el hombre en su estado subdesarrollado. O, en otras palabras, estos atributos están en embrión, y van a evolucionar gradualmente. Se asemejan a un pimpollo, que poco a poco se convierte en una flor, para luego continuar su desarrollo y producir la fruta según su especie.

“El don del Espíritu Santo se ajusta a todos estos órganos y atributos. Da vida a todas las facultades intelectuales, acrecienta, aumenta, expande y purifica todas las pasiones y afecciones naturales, y las adapta, por el don de la sabiduría, a su uso legítimo. Inspira, desarrolla, cultiva y madura todos los sentimientos refinados de compasión, gozos, gustos, impresiones afines y afecciones de nuestra naturaleza. Inspira virtud, benevolencia, bondad, ternura, dulzura, mansedumbre y caridad.

“…Tal es del don del Espíritu Santo, y de tal manera obra cuando se recibe por vía legítima, o sea, el divino y eterno sacerdocio.” (Parley P. Pratt, Key to the Science of Theology, págs. 61–62.)

• “Es cierto que los que buscan la verdad con sinceridad llegan a conocer la autenticidad y divinidad de la obra del Señor por medio del poder del Espíritu Santo. Ellos reciben un destello de revelación que les dice que Jesús es el Señor, que José Smith es Su profeta, que el Libro de Mormón es la intención, la voluntad y la voz del Señor, que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es la única Iglesia verdadera sobre la faz de la tierra. Ellos obtienen un testimonio antes de su bautismo, pero es solamente después de que prometen todo lo que tienen a la causa del Señor que reciben el don del Espíritu Santo, que es la investidura de lo alto de la que habló Jesús. Más tarde reciben el cumplimiento de la promesa: ‘Por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas’ (Moroni 10:5). Y luego reciben ‘el espíritu de revelación’, y el Señor les dice en su mente y en su corazón todo lo que desea (D. y C. 8:1–3).” (Bruce R. McConkie, The Mortal Messiah, 4:98–99.)

• “¿Qué es el don del Espíritu Santo? Nada más ni nada menos que el derecho a la compañía del Espíritu Santo.” (Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 38.)

• “El Espíritu Santo es un personaje de espíritu que llega hasta nosotros con el fin de guiamos por las sendas de la rectitud. Toda persona en quien un poseedor autorizado del sacerdocio haya impuesto las manos recibe al Espíritu Santo, el cual le guiará hacia toda verdad. Somos en realidad un pueblo bendecido al tener todas estas bendiciones especiales. Si alguien no recibe el don del Espíritu Santo, él mismo tiene la culpa, ya que no ha sido lo suficientemente espiritual o no ha estado lo suficientemente cerca de nuestro Padre Celestial.” (Spencer W. Kimball, The Teachings of Spencer W. Kimball, págs. 22–23.)

 

C. Aquellos que tienen el don del Espíritu Santo pueden gozar de los dones del Espíritu

• “Por la gracia de Dios y subsecuente a la devoción, fe y obediencia por parte del hombre, éste recibe ciertas bendiciones espirituales especiales llamadas dones del Espíritu. El que las reciba depende de la obediencia a la ley, pero debido a que son asequibles a todos los que la obedecen, se llaman dones.

“Su propósito es esclarecer, alentar e incitar a la virtud a los fieles para que puedan heredar paz en esta vida y ser guiados hacia la vida eterna en el mundo venidero. Su existencia es una prueba de la divinidad de la obra del Señor.” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 314.)

• “Pablo dice que a uno es dado el don de lenguas, a otro el profetizar y a otro el don de sanidades, y luego añade: ‘¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?’ Esto evidentemente indica que no todos poseían estos dones diversos, sino que uno recibía un don y otro recibía otro don; y no todos profetizaban, no todos hablaban lenguas, no todos obraban milagros, pero todos recibían el don del Espíritu Santo. En los días de los apóstoles, los prosélitos a veces hablaban en lenguas y profetizaban, y a veces no. Así sucede con nosotros en nuestras administraciones, aunque con más frecuencia no hay manifestación alguna que sea visible a la multitud que se halla alrededor.” (Smith, Enseñanzas, pág. 296.)

• “Entre los dones del Espíritu que se manifestaban en la Iglesia Apostólica, Pablo nombra la sabiduría, la ciencia, la fe, las sanidades, el hacer milagros, la profecía, el discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas, e interpretación de lenguas [véase 1 Corintios 12:7–10]. El Nuevo Testamento registra numerosos ejemplos de la manifestación de estos dones.

“Entre los jareditas y los nefitas, la manifestación de estos dones era asimismo usual. Mormón testificó que éstos no cesarían, excepto por causa de la incredulidad ‘…mientras dure el tiempo, o exista la tierra, o haya en el mundo un hombre a quien salvar’ (Moroni 7:36).” (Marion G. Romney, en Conference Report, abril de 1956, pág. 69.)

• “Los santos deben dejarse guiar por el Espíritu de Dios y someterse a los que presiden en las reuniones. Si el obispo, que es un juez común en Israel, le dice a una persona que debe reprimir ese don [del discernimiento de espíritus] o cualquier otro, su deber es hacerlo. El obispo tiene derecho al don del discernimiento, por medio del cual puede decir si los espíritus son de Dios o no, y si no lo son no deben tener parte en las congregaciones de los santos. Ninguna persona tiene el derecho de criticar al obispo por haber impuesto esta restricción. El obispo es el responsable, y por lo tanto es su privilegio decir lo que se hará bajo su presidencia.” (Abraham O. Woodruff, en Conference Report, abril de 1901, pág. 12.)

 

“Recibe el Espíritu Santo”
Élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles,
Conferencia General Octubre 2010

 

 

Véase: