Artículo de Fe No 4

 

4 Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento; tercero, Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo.

 

4 Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento;…

 

Los primeros principios y ordenanzas del Evangelio

El profeta José Smith enseñó: “El bautismo es por señal a Dios, a los ángeles y a los cielos que hemos cumplido con la voluntad de Dios; y no hay otro modo bajo los cielos que Dios haya ordenado para que el hombre venga a Él y sea salvo y entre en el reino de Dios, sino por la fe en Jesucristo, el arrepentimiento y el bautismo para la remisión de los pecados —y si se hace de cualquier otro modo será en vano— y entonces tendréis la promesa del don del Espíritu Santo” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 239–240).

 

Véase:

 

Fe en el Señor Jesucristo

El presidente Joseph Fielding Smith escribió: “El primer principio del Evangelio es fe en el Señor Jesucristo; y naturalmente no vamos a tener fe en el Señor Jesucristo sin tener fe en Su Padre. Entonces, si tenemos fe en Dios el Padre y en el Hijo y somos guiados, tal como debería serlo, por el Espíritu Santo, tendremos fe en los siervos del Señor mediante los cuales Él ha hablado” (Doctrina de Salvación, tomo II , pág. 285).

 

Véase:

 

El arrepentimiento

El presidente Joseph F. Smith enseñó: “El arrepentimiento verdadero no sólo es sentir pesar por los pecados y hacer humilde penitencia y contrición delante de Dios, sino que comprende la necesidad de apartarse del pecado, la suspensión de toda práctica y hechos inicuos, una reformación completa de vida, un cambio fundamental de lo malo a lo bueno, del vicio a la virtud, de las tinieblas a la luz. No sólo esto, sino hacer restitución hasta donde sea posible, por todas las cosas malas que hayamos hecho, y pagar nuestras deudas y restaurar a Dios y a los hombres sus derechos, aquello que nosotros les debamos” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, pág. 63).

El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, advirtió: “Cuanto más intencional es el pecado, tanto más se dificulta el arrepentimiento. Mediante la humildad y un corazón contrito, los pecadores pueden aumentar su fe en Dios y obtener de Él, de este modo, el don del arrepentimiento. Al paso que se va demorando el arrepentimiento, la habiidad para arrepentirse se va debilitando; el pasar por alto las oportunidades en cuanto a cosas santas produce la inhabilidad” (Los Artículos de Fe, pág. 126).

 

Véase:

 

4 Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: …tercero: Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados;…

 

El bautismo por inmersión para la remisión de los pecados

El élder Joseph F. Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Bautismo significa inmersión en el agua, y debe administrarlo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, uno que tenga la autoridad. El bautismo sin autoridad divina no es válido. Es un símbolo de la sepultura y de la resurrección de Jesucristo, y debe efectuarse a semejanza de ello” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, pág. 65).

El élder Richard G. Scott, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Cuando se bautiza un alma arrepentida, todos los pecados anteriores quedan perdonados y no hay que recordarlos. Si el arrepentimiento es completo y uno se ha purificado, se tiene una nueva visión de la vida y sus posibilidades maravillosas. ¡Qué magnífica es esta promesa del Señor!: ‘He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más’ El Señor es fiel a Su palabra y siempre lo será” (“Busquemos el perdón”, Liahona, julio de 1995, pág. 86).

El élder James E. Talmage escribió: “El objeto especial del bautismo es proporcionar la entrada a la Iglesia de Cristo con la remisión de pecados. ¿Qué necesidad hay de multiplicar palabras para comprobar el valor de esta ordenanza divinamente señalada? ¿Qué mejor don se podría ofrecer a la raza humana que un medio seguro de obtener perdón de la transgresión? La justicia prohíbe que se perdonen universal e incondicionalmente los pecados cometidos, salvo mediante la obediencia a la ley decretada; pero se proveen medios sencillos y eficaces por los cuales el pecador arrepentido puede hacer un convenio con Dios —ratificando dicho convenio con la señal que es reconocida en el cielo— de que se sujetará a las leyes de Dios; de esta manera se coloca a sí mismo dentro de los límites de la misericordia, bajo cuya influencia protectora puede ganar la vida eterna” (Los Artículos de Fe, pág. 135).

 

Véase:

 

4 Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: …cuarto: Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo.

 

La imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo

El Señor dice que uno de los deberes de los élderes de la Iglesia es “confirmar por la imposición de manos a los que se bautizan en la iglesia, para que reciban el bautismo de fuego y del Espíritu Santo, de acuerdo con las Escrituras” (D. y C. 20:41).

El élder Bruce R. McConkie, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “No existe un don mayor que se pueda obtener y del cual se pueda gozar en la vida terrenal, que el don del Espíritu Santo; ese don consiste en el derecho de tener la compañía constante de ese miembro de la Trinidad, y sólo se disfruta bajo la condición de la rectitud personal” (en “Conference Report”, abril de 1953, pág. 76).

El élder Richard G. Scott, en ese entonces miembro de los Setenta, declaró que “mediante este don podemos recibir la verdad en toda su pureza para guiarnos en la vida, el consejo de Dios para resolver nuestros problemas y hasta Su poder para vencer obstáculos” (“El único camino que conduce a la felicidad”, Liahona, enero de 1980, pág. 109).

El élder James E. Faust, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Este don poderoso da a los líderes y a todos los miembros dignos de la Iglesia el derecho de gozar de los dones y la compañía del Espíritu Santo, un miembro de la Trinidad cuyo propósito es el de inspirar, revelar y enseñar ‘todas las cosas’ (véase Juan 14:26). El resultado de este privilegio es que… los líderes y miembros de esta Iglesia han gozado y gozan de revelación e inspiración continuas que los guían a hacer lo que es justo y bueno” (“Comunión con el Espíritu Santo”, Liahona, julio de 1980, págs. 17–18).

El élder Dallin H. Oaks testificó: “Ese Espíritu, el Espíritu Santo, es nuestro consolador, nuestro orientador, nuestro comunicador, nuestro intérprete, nuestro testigo y nuestro purificador: nuestro guía y santificador infalible en nuestra jornada terrenal hacia la vida eterna” (“Mujer, ¿por qué lloras?”, Liahona, enero de 1997, pág. 68).

 

Véase:

 

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“El evangelio de Jesucristo”
Élder L. Tom Perry, del Quórum de los Doce Apóstoles,
Conferencia General Abril 2008


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