La ley de castidad

 

Manual Principios del Evangelio

Cap. 39: “La ley de castidad”

 

Advertencia a los padres

Este capítulo contiene partes que están más allá de la madurez de los niños pequeños; por lo tanto, es preferible esperar hasta que ellos tengan la edad suficiente como para comprender las relaciones sexuales y la procreación antes de enseñarles esas partes. Los líderes de la Iglesia nos han dicho que los padres tienen la responsabilidad de enseñar a sus hijos acerca de la procreación (el proceso de concebir y dar a luz hijos). Los padres deben también enseñar a sus hijos la ley de castidad.

Los padres deben comenzar a enseñar a sus hijos a tener actitudes apropiadas hacia su cuerpo cuando aún son pequeños. El hablar a los hijos con franqueza pero reverentemente y utilizar los nombres correctos que tienen las diferentes partes y funciones del cuerpo servirá para que ellos crezcan con una actitud sana y sin una vergüenza malentendida hacia su cuerpo.

Los niños son curiosos por naturaleza y desean saber cómo funciona su cuerpo. Quieren también saber de dónde vienen los niños, y si los padres les responden en forma inmediata y con claridad para que ellos puedan comprender, cuando tengan más preguntas, seguirán haciéndoselas a sus padres. Pero si por el contrario, los padres contestan a las preguntas que les hacen sus hijos de una forma que los haga sentirse avergonzados, rechazados o insatisfechos, lo más probable es que cuando tengan más preguntas acudan a otras personas y adquieran quizás conceptos incorrectos y actitudes inapropiadas.

Sin embargo, tampoco es prudente ni necesario decirle a los niños todo de una sola vez. Los padres deben solamente darles la información que los niños les pidieron y que puedan comprender. Al contestar esas preguntas, los padres deben enseñar a sus hijos la importancia de respetar su cuerpo y el cuerpo de los demás. Los padres deben enseñar a sus hijos a vestir con modestia y corregir los falsos conceptos y el lenguaje vulgar que aprenden de otros.

Cuando los niños alcancen la madurez correspondiente, los padres deben hablarles francamente de la procreación. Es importante que los niños comprendan que esos poderes son buenos y que el Señor fue quien nos los dio, y que El espera que los utilicemos dentro de los límites que nos ha dado.

Cuando los niños nacen, vienen a la tierra puros e inocentes de nuestro Padre Celestial, y a medida que los padres oren pidiendo la guía necesaria, el Señor les inspirará en cuanto a la forma de enseñar a sus hijos en el momento oportuno y de la forma adecuada.

 

El poder de la procreación

Después de la Creación, Dios mandó a todo ser viviente que se reprodujera según su especie (véase Génesis 1:22). La reproducción forma parte de Su plan y su propósito es que todas las formas de vida continúen existiendo sobre la tierra.

Después, colocó a Adán y a Eva sobre la tierra, quienes eran diferentes de sus otras creaciones debido a que eran Sus hijos espirituales. Dios casó a Adán y a Eva en el Jardín de Edén y les mandó que se multiplicaran y llenaran la tierra (véase Génesis 1:28). Sin embargo, sus vidas las gobernaban leyes morales y no el instinto.

Dios quiso que sus hijos espirituales nacieran dentro del seno de una familia para que se les cuidara y educara. Nosotros, al igual que Adán y Eva, debemos proporcionar cuerpos físicos para esos hijos espirituales por medio de la reproducción sexual.

Los poderes de la procreación son sagrados. Dios nos ha mandado que solamente dentro de los lazos del matrimonio tengamos relaciones sexuales; a este mandamiento se le llama ley de castidad.

Análisis

• ¿Cuáles son algunos de los propósitos más importantes de la relación matrimonial?

 

¿Qué es la ley de castidad?

Debemos tener relaciones sexuales sólo con nuestro cónyuge con el cual estamos legalmente casados. Nadie, ya sea hombre o mujer, debe tener relaciones sexuales antes del matrimonio; y después de éste, las relaciones sexuales sólo están permitidas entre los cónyuges.

A los israelitas, el Señor les dijo: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14); y quienes quebrantaban ese mandamiento lo pagaban con su vida (véase Levítico 20:10). El Señor repitió ese mandamiento al profeta José Smith (véase D. y C. 42:24).

Se nos ha enseñado que la ley de castidad abarca más que las relaciones sexuales en sí. El presidente Spencer W. Kimball amonestó a la juventud acerca de otros pecados sexuales:

“Entre los pecados sexuales más comunes que cometen nuestros jóvenes están comprendidos el besuqueo y las caricias indecorosas. Estas relaciones impropias no sólo conducen frecuentemente a la fornicación, al embarazo y al aborto —todos ellos pecados repugnantes— sino que son maldades perniciosas en sí y de sí mismas, y con frecuencia le es difícil a la juventud distinguir dónde una acaba y la otra empieza. Despiertan la lujuria e incitan malos pensamientos y deseos sexuales. No son sino parte de la familia completa de pecados e indiscreciones análogas” (Spencer W. Kimball, El Milagro del Perdón, pág. 65).

Análisis

• ¿Qué es la ley de castidad?

• ¿En qué forma podemos ser castos?

 

Satanás desea que quebrantemos la ley de castidad

El plan de Satanás es el de engañar a tantos de nosotros como le sea posible con el fin de impedirnos que volvamos a vivir con nuestro Padre Celestial. Una de las armas más dañinas que él puede utilizar es persuadirnos a quebrantar la ley de castidad. El es astuto y poderoso, y le gustaría que creyéramos que no es pecado quebrantar esta ley. Mucha gente ha sido engañada; por consiguiente, nosotros debemos estar en guardia contra esas influencias malignas.

Satanás ataca nuestras normas de modestia. Él desea que creamos que como el cuerpo humano es hermoso, debe ser visto y apreciado por los demás. Nuestro Padre Celestial, por el contrario, desea que cubramos nuestro cuerpo de una manera decorosa para que no seamos la causa de que se originen malos pensamientos en la mente de los demás.

Satanás no solamente nos insta a que nos vistamos inmodestamente, sino que nos alienta también a pensar en forma inmoral y a tener pensamientos inapropiados por medio de fotografías, películas, relatos, chistes, música y bailes que inspiran a cometer actos inmorales. La ley de castidad requiere que no sólo nuestros actos sean puros sino también nuestros pensamientos. El profeta Alma enseñó que cuando Dios nos juzgue “…nuestros pensamientos también nos condenarán. Y en esta terrible condición no nos atreveremos a mirar a nuestro Dios” (Alma 12:14). Jesús enseñó:

“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27–28).

Satanás algunas veces nos tienta por medio de nuestras emociones; él sabe cuando nos sentimos solos, confundidos o deprimidos, y entonces, elige esos momentos de debilidad para tentarnos a quebrantar la ley de castidad. Nuestro Padre Celestial puede darnos la fortaleza necesaria para pasar por esas pruebas sin sufrir daño alguno.

Las Escrituras nos hablan acerca de un joven digno y recto llamado José, a quien su amo, Potifar, lo tenía en gran estima y confiaba mucho en él. Potifar entregó en poder de José todo lo que poseía. La esposa de Potifar codiciaba a José en forma lujuriosa y lo incitó a que cometiera adulterio con ella; pero él se rehusó y huyó de ella. (Véase Génesis 39:1–18).

Nuestro Padre Celestial ha prometido: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

Análisis

• ¿Cuáles son algunas de las formas en que Satanás nos tienta a quebrantar la ley de castidad?

• ¿Qué promesas nos ha dado el Señor con el fin de ayudarnos a vencer las tentaciones de Satanás?

 

Quebrantar la ley de castidad es algo realmente serio

El profeta Alma se sentía sumamente apesadumbrado porque sus hijos habían quebrantado la ley de castidad. Alma le dijo a su hijo Coriantón: “¿No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son una abominación a los ojos del Señor; sí, más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al Espíritu Santo?” (Alma 39:5). Después del asesinato, la falta de castidad es el pecado que le sigue en orden de gravedad.

Si las personas que quebrantan esta ley de castidad engendran a una criatura, se ven tentados a cometer otro abominable pecado: el aborto. Muy pocas veces existe una excusa valedera para el aborto. Las únicas excepciones son:

1. Cuando el embarazo sea el resultado de incesto o violación.

2. Cuando, en la opinión de una autoridad médica competente, corra peligro la vida o la salud de la madre; o

3. Cuando se sepa, mediante la opinión de una autoridad médica competente, que el feto tiene serios defectos que no le permitirán vivir después de nacer.

Aun en los casos mencionados, la pareja no debería procurar un aborto sin antes considerar el asunto entre ellos y con el obispo, y recibir confirmación divina mediante la oración. (Véase el Manual General de Instrucciones, pág. 11–4)

Para nuestro Padre Celestial, es sumamente importante que sus hijos obedezcan la ley de castidad. A los miembros de la Iglesia que quebranten esa ley se les pueden suspender los derechos de miembro o excomulgarlos (véase D. y C. 42:22–26, 80–81). Todos los que no se arrepientan después de haber cometido adulterio, no podrán vivir nuevamente con nuestro Padre Celestial y Jesucristo sino que tendrán que vivir en el reino telestial (véase D. y C. 76:81–86, 103–105; véase también el capítulo 46 “El juicio final”).

Análisis

• Lea D. y C. 76:103–105.

• ¿Por qué es una transgresión grave el quebrantar la ley de castidad?

• ¿Qué bendiciones pierde la gente si quebranta la ley de castidad?

 

Quienes quebrantan la ley de castidad pueden obtener el perdón

Quienes hayan quebrantado la ley de castidad pueden encontrar la paz: El Señor nos dice: “Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos… Todas las transgresiones que cometió, no le serán recordadas” (Ezequiel 18:21–22). La paz sólo se puede lograr por medio del perdón, pero éste tiene un precio muy alto.

El presidente Kimball dijo: “Para todo perdón hay una condición… El ayuno, las oraciones, la humildad deben ser iguales o mayores que el pecado. Debe haber un corazón quebrantado y un espíritu contrito… Debe haber lágrimas y un cambio sincero de corazón. Debe haber convicción del pecado, abandono de la maldad, confesión del error a las autoridades del Señor debidamente constituidas” (Spencer W. Kimball, El Milagro del Perdón, pág. 261).

Para muchas personas, la confesión es la parte más difícil del arrepentimiento. Debemos confesar nuestro pecado no solamente al Señor sino también a la persona a la cual hayamos ofendido, como por ejemplo nuestro cónyuge, y a la autoridad correspondiente del sacerdocio. El líder del sacerdocio (el obispo o el presidente de estaca) juzgará nuestra condición de miembro dentro de la Iglesia. El Señor dijo a Alma: “…al que transgrediere contra mí… si confiesa sus pecados ante ti y mí, y se arrepiente con sinceridad de corazón, a éste has de perdonar, y yo lo perdonaré también” (Mosíah 26:29).

Sin embargo, el presidente Kimball advierte: “…aunque el perdón se promete tan abundantemente, no hay promesa ni indicación de perdón para ningún alma qué no se arrepienta completamente. Difícilmente podemos emplear demasiada vehemencia para recordar a las personas que no pueden pecar y ser perdonadas, y entonces pecar una y otra vez y esperar que se repita el perdón” (Spencer W. Kimball, El Milagro del Perdón, pág. 368). A quienes reciben perdón por un pecado, y vuelven a reincidir en él, se les considerará responsables por los pecados cometidos anteriormente (véase D. y C. 82:7; Éter 2:15).

Quienes obedecen la ley de castidad reciben grandes bendiciones. Cuando obedecemos la ley de castidad podemos vivir sin culpabilidad y vergüenza. Nuestra vida y la vida de nuestros hijos se ve bendecida cuando nos conservamos puros y sin mancha ante el Señor. Los hijos pueden observar nuestro ejemplo y seguir nuestros pasos.

Análisis

• Lea D. y C. 76:58–60. ¿En qué forma serán bendecidos quienes guardan todos los mandamientos de Dios incluyendo la ley de castidad?

 

Pasajes adicionales de las Escrituras

Mateo 19:5–9; Génesis 2:24 (la relación matrimonial es sagrada).

Tito 2:4–12 (instrucciones acerca de la castidad).

Proverbios 6:25–32; Levítico 19:29; 20:13, 15–16 (se condena la perversión).

1 Corintios 7:2–5; Efesios 5:28 (la lealtad para con el cónyuge).

Apocalipsis 14:4–5 (las bendiciones que se reciben por la obediencia a la ley de castidad).

Proverbios 31:10 (se alaba la virtud).

 

“Creemos en ser castos”
David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles
Conferencia General Abril 2013

Véase: