¿Qué sucedió con las tribus de Israel?

 

Manual de Instituo El Antiguo Testamento Parte 2, Temas Suplementarios D

“¿Qué sucedió con las tribus de Israel?”

 

No se sabe cuánto tiempo el pueblo de Israel permaneció cautivo en Asiria después que fue llevado por Sargón II. Es probable que muchos aceptaran la vida y cultura de sus captores y perdieran su identidad. Habían ido al cautiverio por causa de su extrema maldad, de manera que no es de sorprenderse que aceptaran la cultura pagana de los asirios. Uno de los libros apócrifos informa que un grupo de cautivos reconoció que su cautiverio era el resultado de su propia maldad y, arrepentido, buscó al Señor (véase Bible Dictionary, s. v. “Apocrypha”). El Señor escuchó sus lamentos y los llevó hacia los países del norte.

En otro de los libros apócrifos, Esdras describió la siguiente visión que recibió del Señor: “Aconsejáronse empero entre sí que se apartarían de la multitud de los paganos e irían a una tierra más lejana, donde jamás ha morado hombre alguno, a fin de guardar allí sus estatutos que nunca observaron en su propio país. Y entraron en el paso estrecho de Eufrates. Por que el Altísimo entonces les manifestó señales y detuvo las fuentes de las aguas hasta que pasaron. Emprendieron, pues, una larga jornada por el país, aun de año y medio, y esa región se llama Arsaret. Y allí morarán hasta los postreros tiempos, y cuando vengan de nuevo, el Altísimo volverá a detener las fuentes del río para que pasen.” (2 Esdras 13.)

El élder George Reynolds comentó en cuanto a la dirección de los viajes de las tribus de Israel: “Determinaron irse a una región ‘jamás habitada por hombres’ a fin de estar libres de toda influencia con­ taminadora. Tal lugar podría hallarse solamente hacia el norte. El sur de Asia era ya el centro de una civilización comparativamente antigua; Egipto florecía en el norte de Africa, y los pueblos que serían les futuros amos del mundo estaban poblando rápidamente el sur de Europa. De manera que no tenían más alternativa que volver sus caras hacia el norte. La primera parte de su viaje no fue, sin embargo, hacia el norte, pues según la relación de Esdras, parece que primeramente viajaron hacia su antiguo hogar; es posible que originalmente emprendieran la marcha con la intención de volver allí, y probablemente a fin de desorientar a los asirios, iniciaron el viaje como si fueran a volver a Canaán. Pero cuando hubieron pasado el Eufrates y se hallaron a salvo de las huestes de los medos y persas, entonces dirigieron sus pasos hacia la estrella polar.” (Véase James E. Talmage, Los Artículos de Fe, pág. 566.)

El relato de Esdras es respaldado por lo que el Señor enseñó a los nefitas, pues les dijo que “el Padre ha conducido fuera de su tierra” a las tribus perdidas (3 Nefi 15:15). La explicación dada por el élder Reynolds considera las numerosas profecías que indican que cuando las diez tribus perdidas regresen, lo harán saliendo del norte (véase, por ejemplo, Jeremías 3:18; 16:15; 31:8; D. y C. 110:11; 133:26). No se sabe adónde fueron, y este hecho ha creado muchas especulaciones en cuanto a su paradero actual. El Señor no ha considerado propicio revelar el lugar donde se encuentran, y mientras no lo haga, es inútil tratar de identificar ese lugar.

Ciertos detalles en cuanto a este grupo han sido revelados mediante las Escrituras modernas y los escritos de los profetas vivientes. Comentaremos los mismos a continuación (véase 3 Nefi 15:15).

 

El retorno de las diez tribus

Los profetas de la antigüedad vieron que en la última dispensación, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, se produciría un recogimiento y restauración de la casa de Israel. Con la organización de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, el 6 de abril de 1830, comenzó esta gran restauración. El pendón (véase Isaías 11:12) ha sido desplegado a las naciones, y el pueblo de Israel queda invitado por su Rey a congregarse nuevamente en preparación para el gran día cuando El reinará personalmente entre ellos.

En una conferencia realizada entre el 3 y el 6 de junio de 1831, en Kirtland, Ohio, José Smith el Profeta explicó que Juan el Amado estaba entonces ministrando entre las tribus perdidas de Israel, preparándolas para que pudieran regresar y poseer nuevamente la tierra de sus padres (véase History of the Church, 1:176; D. y C. 77:14). Cinco años después, Moisés se manifestó en el Templo de Kirtland ante José Smith y Oliverio Cowdery y les entregó las llaves del sacerdocio para el “recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus desde el país del norte” (D. y C. 110:11). En este pasaje es evidente que, aunque el cuerpo principal de las diez tribus está perdido, hay representantes de las doce tribus esparcidos por la tierra. Esto se puede explicar en la forma siguiente:

1. Cuando Asiria atacó el reino del norte, muchos huyeron a la seguridad que ofrecía el reino del sur.

2. Cuando el Señor sacó a Israel de Asiria, algunos quedaron allí (véase Talmage, Los Artículos de Fe, págs. 328–61.)

3. En su viaje hacia el norte, algunas personas se establecieron en las regiones por donde iban pasando, muchas tal vez se diseminaron por Europa y Asia.

4. De vez en cuando el Señor ha llevado grupos de israelitas a otras regiones de la tierra: Los nefitas y los mulekitas eran dos de esos grupos (véase 1 Nefi 22:3–5). Concerniente a este esparcimiento, el élder Joseph Fielding Smith escribió:

“Una de las parábolas más interesantes y significativas es la que fue revelada a Zenós y que encontramos en el capítulo cinco del libro de Jacob, en el Libro de Mormón. Es una parábola sobre la dispersión de Israel. Si tuviéramos la clave completa de la interpretación, podríamos saber en detalle la forma en la que Israel fue transplantada a todas partes de la tierra.” (Answers to Gospel Questions, 2:56–57.)

5. Las Escrituras ensenán que integrantes de todas las tribus de Israel fureon esparcidos entre las naciones de la tierra y que en los últimos días serán recogidos de entre estas naciones y de los cuatro cabos de la tierra. Aquellos conocidos como las diez tribus perdidas retornarán en masa viniendo de los países del norte. (Véase 3 Nefi 21:26–29; D. y C. 110:11; 133:26–32; 1 Nefi 22:3–4; 19:16; 3 Nefi 5:23–24; Deuteronomio 4:27; 28:29, 64; Jeremías 16:14–15; 31:8; Ezequiel 11:15–17; Oseas 9:16–17; Daniel 9:7)

Doctrina y Convenios claramente predice la época en que los profetas que se encuentren entre estas tribus conducirán al pueblo en su camino de regreso en una demostración de poder grande y maravillosa (véase D. y C. 133:26–34). Jeremías prometió que este acontecimiento sería tan maravilloso que Dios ya no sería llamado el “Señor que sacó a Israel de Egipto”, sino “el Señor que trajo de la tierra del norte a los hijos de Israel” (véase Jeremías 16:14–15). La época señalada será cuando las tribus perdidas de Israel regresen a Sión para recibir sus bendiciones de manos de Efraín. “Este gran recogimiento tendrá lugar bajo la dirección del Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, pues él tiene las llaves” (Bruce R. McConkie, Mormon Doctrine, pág. 458). Las tribus perdidas, así como todos los demás que quieran ser contados entre la casa de Israel para recibir las bendiciones del sacerdocio, deben venir a Efraín, el que tiene las bendiciones de primogenitura (véase Génesis 48:15–22; 1 Crónicas 5:1–2; Jeremías 31:9).

El élder Wilford Woodruff enseñó que cuando las diez tribus regresen, vendrán a Efraín para recibir el sacerdocio así como sus investiduras y sellamientas (véase Journal of Discourses, 4:231–32; 18:127). El élder Orson Pratt declaró: “Dios tiene la determinación de levantar profetas entre aquel pueblo, pero no les otorgará la plenitud de las bendiciones del sacerdocio. La plenitud será reservada para series dada después que vengan a Sión.” (En Journal of Discourses, 18:25)

 

Las tribus perdidas vendrán a Sión

Cuando regresen las diez tribus, traerán sus ricos tesoros a los hijos de Efraín (véase D. y C. 133:30). Parte de este rico tesoro consistirá en los registros que han guardado durante todos estos siglos. En ellos se encontrará el relato de su escapatoria milagrosa de Asiria, su viaje a la tierra del norte, su historia, sus profetas y la visita que el Señor les hizo después de su resurrección (véase 2 Nefi 29:12–13; 3 Nefi 16:1–3).

El élder James E. Talmage En la Conferencia de abril de 1916, el élder James E. Talmage, miembro del Quórum de los Doce, habló de las tribus perdidas y de sus registros: “Entre los hombres existe la tendencia a justificar lo que no desean comprender en sencillez literal, y nosotros, como Santos de los Ultimas Días, no estamos enteramente libres de esa tendencia… Hay quienes dicen que esa predicción se explica en esta forma: Un recogimiento está en marcha, y ha estado en marcha desde los primeros días de la Iglesia. De ahí que piensan que las ‘tribus perdidas’ ahora están recogiéndose; pero que nosotros no debemos esperar el regreso de un gran grupo de gente del que ahora se desconoce dónde se encuentra. Cierto es que el recogimiento está en marcha, pues ésta es una dispensación de congregación; pero la profecía dice que las tribus serán traídas del lugar donde se hallan escondidas [y sus] Escrituras serán una con las de los judíos, la Santa Biblia, y con las de los nefitas, el Libro de Mormón, y con las de los Santos de los Ultimas Días tal como se encuentran en los anales de revelación moderna.” (En Conference Report, abril de 1916, pág. 130)

Luego, en la conferencia de octubre, el élder Talmage habló otra vez en cuanto a las tribus perdidas e hizo esta predicción notable: “Las tribus vendrán; no están perdidas para el Señor; serán traídas tal como se ha predicho. Y os digo que ahora viven algunos –sí, se hallan aquí presentes– que vivirán para leer los registros de las tribus perdidas de Israel, los que serán uno con el registro de los judíos, o la Santa Biblia, y con el de los nefitas, o el Libro de Mormón, tal como ha sido predicho”. (En Conference Report, oct. de 1916, pág. 76; cursiva agregada)

Las diez tribus quedarán en la tierra de Sión entre los de la tribu de Efraín durante algún tiempo. El élder Orson Pratt explicó: “¿Cuánto tiempo quedarán en la tierra de Sión los que vengan de los países del norte? Algún tiempo. Tienen que cultivar el trigo, la uva, preparar el vino y el aceite, criar rebaños y manadas; su alma tendrá que ser como un huerto regado. Morarán en Sión durante un buen tiempo, y en ese período habrá doce mil que serán escogidos de cada una de esas tribus, además de los doce mil que serán elegidos de Judá, de José y de las tribus restantes –ciento cuarenta y cuatro mil en total (véase Apocalipsis 7:4–8; D. y C. 77:11). ¿Elegidos para qué? Para ser sellados en sus frentes. ¿Con qué fin? Para que el poder de la muerte, la peste y la plaga que predominarán en esa época y que barrerán a las naciones de la tierra no tenga poder sobre ellos. Estos grupos que serán sellados en sus frentes irán entre todos los pueblos, naciones y lenguas, para recoger y buscar a la casa de Israel, dondequiera que se encuentren los de esta casa, y para traer tantos como puedan a la Iglesia del Primogénito, en preparación para el gran día de la venida del Señor. ¡Ciento cuarenta y cuatro mil misioneros! ¡Toda una hueste! Todo eso tiene que ocurrir.” (En Journal of Discourses, 18:25)

Las diez tribus finalmente recibirán su tierra de herencia con Judá y no con Efraín (véase Éter 13:11), y habrá una época, después que hayan recibido sus bendiciones en el sacerdocio, en que irán a Jerusalén. En ese día se cumplirá la palabra de Jeremías: “En aquellos tiempos irán de la casa de Judá a la casa de Israel, y vendrán juntamente de la tierra del norte a la tierra que hice heredar a vuestros padres” (Jeremías 3:18).

El élder Orson Pratt declaró, además: “Poco a poco, cuando todo esté preparado –una vez que los judíos hayan recibido su castigo y Jesús haya descendido sobre el Monte de los Olivos, las diez tribus dejarán Sión e irán a Palestina para heredar la tierra que se les dio a sus antiguos padres, y la tierra será repartida entre los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob por la inspiración del Espíritu Santo. Irán allí para morar en paz en su propia tierra, desde ese tiempo hasta que la tierra deje de ser. Pero Sión, después de su partida, permanecerá aún en el hemisferio occidental y será coronada con gloria así como lo será la antigua Jerusalén y, como dice David el salmista, será el gozo de toda la tierra. ‘Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, es el monte de Sión, a los lados del norte, la ciudad del gran Rey (véase Salmo 48:2)’. ” (En Journal of Discourses, 18:68)