Artículo de Fe No 10

 

10 Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las Diez Tribus; que Sión (la Nueva Jerusalén) será edificada sobre el continente americano; que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca.

 

El recogimiento de Israel

El élder James E. Talmage, al hablar sobre la casa de Israel de la antigüedad, escribió:

“…los israelitas han sido esparcidos tan completamente entre las naciones, que este pueblo disperso es considerado uno de los factores principales que han contribuido al origen y desarrollo de casi toda división principal de la familia humana. Esta obra de la dispersión se fue efectuando a través de muchas etapas y durante miles de años…

“Aunque han sido heridos de los hombres y muchos de ellos han desaparecido del conocimiento del mundo, los de Israel no están perdidos para su Dios. Él sabe dónde los han llevado o echado; Su corazón aún se inclina hacia ellos con amor paternal; y ciertamente Él los ha de traer en el debido tiempo y por los medios señalados a una posición de prosperidad e influencia como corresponde a Su pueblo del convenio… Tan completa como fue la dispersión será el recogimiento de Israel” (Los Artículos de Fe, págs. 350–351, 364).

Al hablar de la casa de Israel de la actualidad, el presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “Toda persona que acepta el Evangelio llega a ser de la casa de Israel. En otras palabras, se convierten en miembros del linaje escogido, o en hijos de Abraham por conducto de Isaac y Jacob a quienes se hicieron las promesas” (véase Doctrina de Salvación, pág. 232).

El presidente Spencer W. Kimball enseñó: “Así es que el recogimiento de Israel consiste en unirse a la Iglesia verdadera y llegar al conocimiento del Dios verdadero… Por lo tanto, cualquier persona que ha aceptado el Evangelio restaurado y que busca adorar al Señor en su propio idioma y con los santos del país en el cual vive, ha acatado la ley del recogimiento de Israel y es heredero de todas las bendiciones prometidas a los santos en los últimos días” (Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 439).

 

Véase:

 

La restauración de las Diez Tribus

El élder Bruce R. McConkie explicó: “En el próximo día milenario, Israel —que desde la muerte de Salomón había sido dividido en dos reinos, entre los que reinaba la discordia, los enfrentamientos y la rebeldía: el Reino de Israel, con sus Diez Tribus, y el Reino de Judá con el remanente; dos reinos destruidos hace mucho tiempo, con sus habitantes esparcidos por toda la tierra— llegará nuevamente a ser una sola nación, sobre las montañas de Israel, en la Palestina de sus antepasados… Nuevamente creerá en el Evangelio y recibirá las bendiciones del bautismo, tal como fueron suyas el día en que el Señor resucitado ministró entre ellos. Esas bendiciones y las bendiciones del templo les serán administradas” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 641–642).

 

Véase:

 

“Sión… será edificada sobre el continente americano”

El presidente John Taylor declaró: “Estamos aquí para edificar la Iglesia de Dios, la Sión de Dios y el reino de Dios, y estar a mano para hacer lo que el Señor requiera: primero para depurarnos de la iniquidad, de la codicia y de la maldad de todo tipo, para abandonar todo pecado, cultivar el Espíritu de Dios y ayudar a edificar Su reino; para embellecer Sión, poseer moradas agradables, jardines y huertos bonitos, hasta que Sión sea el lugar más hermoso de toda la tierra… Sión se convertirá entonces en el orgullo y la gloria de toda la tierra” (The Gospel Kingdom, sel. G. Homer Durham, 1964, pág. 221).

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Cuando José Smith tradujo el Libro de Mormón, se enteró de que América es la tierra de Sión que fue dada a José y a sus hijos, y que sobre esta tierra se va a edificar la ciudad de Sión o Nueva Jerusalén. También se dio cuenta de que la Jerusalén en Palestina se va a reconstruir y que llegará a ser una ciudad santa. Estas dos ciudades, una en la tierra de Sión y una en Palestina, llegarán a ser las capitales del reino de Dios durante el Milenio” (Doctrina de Salvación, tomo III, pág. 67).

El élder Bruce R. McConkie explicó: “Las estacas de Sión de ahora deben fortalecerse y perfeccionarse para que puedan mantener y apoyar a esa Sión que está destinada a edificarse. Cuando Sión se establezca completamente, será por medio de la obediencia a la ley del reino celestial, la cual, sólo en parte, está en vigencia en las estacas de Sión” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 592).

El Señor reveló que el “lugar central” de la ciudad de Sión de los últimos días será Independence, Misuri (véase D. y C. 57:1–3). El Señor también reveló que esa Sión, que se edificará antes de Su segunda venida (véase D. y C. 29:7–8; 49:24–25) será “la Nueva Jerusalén, una tierra de paz, una ciudad de refugio, un lugar de seguridad para los santos del Dios Altísimo;

“y la gloria del Señor estará allí, y el terror del Señor también estará allí, de tal manera que los inicuos no llegarán a ella, y se llamará Sión…

“…y será el único pueblo que no estará en guerra el uno contra el otro…

“Y acontecerá que los justos serán recogidos de entre todas las naciones, y vendrán a Sión” (D. y C. 45:66–67, 69, 71).

 

Véase:

 

“Cristo reinará personalmente sobre la tierra”

El élder Bruce R. McConkie escribió: “En su calidad de Rey de toda la tierra, [Jesucristo] hará una de todas las naciones, y ellas, unidas bajo una sola cabeza, se convertirán en el reino de Dios y de Su Cristo, y Él reinará eternamente por siempre jamás. Cuando Él venga, sólo existirá Su ley, y Él restaurará a Sus jueces y gobernantes como al principio” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 642).

 

Véase:

 

“La tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca”

El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió:

“El gran cambio que se efectuará cuando Cristo, nuestro Salvador, comience Su reino milenario será la restauración de las condiciones que existían antes de la caída del hombre…

“Ese cielo y tierra nuevos que surgirán cuando nuestro Señor venga a reinar serán la tierra misma con sus cielos renovados, o sea, restaurados a su condición y belleza primitivas. Todo será vuelto lo más cercanamente posible a la posición en que se encontraba al principio” (The Restoration of All Things, 1945, págs. 294–295).

 

Véase:

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