Otros Análisis

 

Resúmen Analítico

Casi un tercio de la historia de la humanidad, y la vida de los antiguos patriarcas, se encuentra resumida brevemente en estos once capítulos del libro de Génesis. Es obvio que un relato tan breve debe haber omitido muchísimos detalles que, de conocerlos ahora, nos beneficiarían muchísimo. De este relato escrito por Moisés podemos extraer un punto muy importante: el enorme contraste que existía entre los buenos y los inicuos. Después de la Caída, los habitantes de la tierra empezaron a dividirse y a tomar direcciones completamente opuestas. Un grupo siguió las enseñanzas de Adán y Eva y trató continuamente de mejorar y de perfeccionarse. El otro grupo se dejó vencer por las tentaciones de Satanás y sus siervos, y fue cayendo cada vez más en la depravación y la iniquidad. Los dos grupos siguieron estos caminos divergentes hasta el final. Bajo la guía de Enoc, una sociedad entera se perfeccionó de tal forma que Dios los llevó a vivir consigo, y en los setecientos años siguientes, los que se hacían dignos fueron llevados a su vez a vivir en la asombrosa ciudad de Enoc. De la misma manera que el pueblo de Enoc progresó, el otro grupo se hundió en la iniquidad. Al final se pervirtieron tanto que fue una bendición para ellos el ser destruidos.

¿Por qué es importante que sepamos estas cosas? Porque estamos en un período de la historia humana en el que se está produciendo la misma división y el mismo contraste.En una hoja separada conteste las preguntas siguientes, luego de haber leído las referencias indicadas.

1. Jesucristo enseñó que las circunstancias de los días de Noé se repetirían una vez más en la historia de la tierra. ¿Cuándo va a suceder, y qué es lo que esto implica? ¿En qué se relaciona la visión de Nefi con estas enseñanzas? (José Smith—Mateo 1:41-42; 1 Nefi 14:10—14)

2. La ciudad de Sión proveyó el escape para los que eran dignos antes del Diluvio. ¿Cómo se librarán los Santos de los Ultimos Días de las calamidades que han de venir? (Moisés 7:61; D. y C. 45:65—71; D. y C. 45:5—6)

3. ¿Qué tenemos que hacer para obtener la promesa de que escaparemos de la destrucción? (D. y C. 97:18—27)

El mundo está yendo cuesta abajo con gran rapidez en pos de la destrucción, tal como sucedió en la época antidiluviana. Como entonces, se da a los justos la manera de escapar, y Sión se establecerá una vez más. Después de haber leído los párrafos siguientes, haga una lista, en un papel por separado, de los pasos específicos que puede tomar para prepararse y para ayudar a la Iglesia en el establecimiento de Sión.

“Os profetizo, en el nombre del Señor, que cuando los Santos de los Ultimos Días se hayan preparado viviendo una vida recta para redimir a Sión, podrán lograrlo, y Dios los acompañará. Ningún poder será capaz, entonces, de impedirles que lo lleven a cabo, porque el Señor ha dicho que se hará, y se llevará a cabo en su propio tiempo, cuando el pueblo esté preparado. ¿Cuándo me encontraré yo preparado? No lo estaré mientras tenga en mi corazón más amor por el mundo que por Dios. No mientras me encuentre poseído del egoísmo y de la avaricia que me inducen a aferrarme al mundo y a mis posesiones, a costa del sacrificio de principios verdaderos. Pero sí lo estaré cuando pueda decir: ‘Padre, todo lo que tengo, incluso mi propia persona, es tuyo; mi tiempo, mi dinero, y todo lo que poseo lo deposito en el altar para que lo uses como te plazca, de una manera agradable a tu santa voluntad; y que se haga tu voluntad y no la mía’.” (Joseph F. Smith, Millennial Star, 18 de junio de 1894, págs. 385—86.)

“Cuando decidamos establecer Sión, podremos lograrlo, y esta obra comienza en el corazón de cada uno de nosotros. Cuando un padre de familia desea establecer Sión en su propio hogar, él debe tomar la iniciativa, cosa que le es imposible hacer a menos que él mismo posea el espíritu de Sión. Antes de que pueda llevar a cabo la obra de santificación de su familia, debe santificarse a sí mismo, y de esta manera Dios puede ayudarlo a que lo logre.

“Mi propia vida es la que debe darme gozo espiritual, aunque si todas las personas vivieran su religión, gozaran de la luz y la gloria del evangelio, fueran pasivas, humildes y fieles, se regocijaran en el Señor, llevaran a cabo las responsabilidades que se les dieran y nunca hicieran nada malo, ayudarían mucho al bienestar de la comunidad y a mí por ser uno de los miembros de ella.

“Entonces habría paz, tranquilidad y contento en nuestras casas y en nuestras calles; cesarían las contiendas, y no habría dificultades que resolver en los tribunales de obispos o en los de sumo consejo; no habría alborotos ni peleas.

“Entonces tendríamos a Sión, porque todos seríamos puros de corazón.” (Discourses of Brigham Young, págs. 118—19.)

“Estamos viviendo en los últimos días, en los días que los profetas anunciaron que vendrían desde el tiempo de Enoc. Vivimos en la época inmediatamente anterior a la venida de nuestro Señor Jesucristo. Se nos dice que nos preparemos y vivamos de tal manera que logremos ser… independientes de todas las demás personas bajo el reino celestial.

Por último, lo que tenemos que hacer es estar dispuestos a consagrar todo lo que tenemos a la edificación del reino de Dios, para velar por el bienestar de nuestros semejantes. Cuando lo hagamos, estaremos listos para la venida del Mesías.” (Marion G. Romney, en Conference Report, abril de 1975.)

“En tanto, mientras esperamos la redención de Sión y de la tierra, y el establecimiento de la Orden Unida, nosotros, los poseedores del sacerdocio, debemos vivir estrictamente con los principios de la Orden Unida, que se están poniendo en práctica en el presente en la Iglesia, tales como las ofrendas de ayuno, los diezmos y las actividades del plan de bienestar. Por medio del cumplimiento de estos mandamientos, cada uno de nosotros, si nos lo propusiéramos, podríamos poner en práctica en nuestra vida todos los principios básicos de la Orden Unida…

“Por lo tanto, es evidente que cuando se observen los principios del ayuno y del diezmo, y cuando el plan de bienestar esté funcionando en su totalidad, ‘no estaremos muy lejos de poner en práctica los principios básicos de la Orden Unida’, (En Conference Report de octubre de 1942, págs. 57—58.)

“Los únicos limites que existen nos los imponemos nosotros mismos.” (Marion G. Romney, en Conference Report, abril de 1966.)

 

¿Cómo es posible que se inundara toda la tierra, y el agua cubriera hasta las cimas de las montañas? ¿Qué significado tuvo esta inmersión? (Génesis 7:19)

“Me pregunto cómo pudo haberse sumergido por completo el globo terráqueo. Génesis dice: ‘Las cataratas de los cielos fueron abiertas’ (véase Génesis 7:11), es decir, el agua que se encuentra alrededor de la tierra formando las nubes y que produce la lluvia. Esa es una de las formas en que fue hecho. La otra: ‘fueron rotas todas las fuentes del grande abismo’. Estas son reservas que no son ni los mares ni los océanos, sino fuentes desconocidas para nosotros, que fueron convocadas para contribuir esta vez por mandato y poder de Dios. Dios había dicho que mandaría un diluvio a la tierra y lo hizo, pero para lograrlo tuvo que recurrir a las fuentes del gran abismo. Cuando las aguas comenzaron a decrecer, ‘se cerraron las fuentes del abismo y las cataratas de los cielos; y la lluvia de los cielos fue detenida’ (véase Génesis 8:2). ¿Y a dónde se retiraron las aguas? Se fueron a su lugar de origen… Algunas personas hablan muy filosóficamente de maremotos, pero, ¿cómo es posible que una ola gigantesca del Océano Pacífico, por ejemplo, cubra las montañas de la Sierra Nevada? La Biblia no nos dice que era una ola marina, simplemente dice: ‘Y las aguas subieron mucho sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes’ (véase Génesis 7:19—20). En resumen, la tierra fue sumergida; pasó por un período de bautismo.” (John Taylor, Journal of Discourses, 26:74—75.)

Acerca de que el Diluvio fue un bautismo para la tierra, Orson Pratt dijo:

“La primera ordenanza que recibió la tierra para su purificación fue la de inmersión en agua; fue sumergida y todas las cosas malas que vivían sobre ella desaparecieron. Al emerger de las aguas, como un niño recién nacido, era inocente; emergió a una vida renovada. Nació por segunda vez del vientre de las grandes aguas: un nuevo mundo formado de las ruinas del viejo mundo, y revestido con toda la inocencia de su primera creación.” (Citado en Smith, Answers to Gospel Questions, 4:20.)

“La tierra, en su condición presente, no es una habitación adecuada para los santos; pero obedece las leyes de su creación, ha sido bautizada con agua y será bautizada con fuego y con el Espíritu Santo, y más adelante será preparada para que sobre ella puedan vivir los fieles.” (Brigham Young, citado en Smith, Answers to Gospel Questions, 4:20.)

 

El Diluvio fue una demostración de amor

“Ahora volveré atrás para deciros cómo trabaja el Señor. Una vez destruyó a todo el mundo con excepción de unos pocos, a los cuales preservó para poder alcanzar sus objetivos. ¿Por qué? Tenía más de una razón para hacerlo. La gente antidiluviana no sólo era muy malvada, sino que, teniendo el poder de propagar su especie, transmitían a sus hijos su naturaleza y deseos diabólicos, y los criaban permitiéndoles que participaran en sus abominables costumbres. Y los espíritus que vivían en los mundos eternos sabían estas cosas, y sabían que si nacían de esos padres tendrían que sufrir una cantidad enorme de problemas que los llevaría al pecado y a la miseria. Si nos ponemos en su lugar, nos es fácil suponer que deben haberse dirigido al Señor suplicándole:

—Padre, ¿no ves qué corrupta y malvada es esta gente?

—Sí.

—¿Es justo que nosotros siendo puros tengamos que tomar esos cuerpos y pasar por amargas experiencias antes de ser redimidos por medio del plan de salvación?

—No —debe haber dicho el Padre—; no está de acuerdo con mi justicia.

—Bueno, ¿qué es lo que harás entonces? El hombre tiene su libre albedrío y no puede ser forzado, y mientras viva tiene el poder de perpetuar su especie.

—Primero les enviaré mi mensaje ofreciéndoles redimirlos del pecado, y previniéndoles que si lo rechazan la justicia tendrá que hacerse, y los exterminaré para evitar que sigan reproduciéndose, y otra simiente tomará su lugar.

“Por supuesto, rechazaron las amonestaciones de Noé, el siervo de Dios, que Este había enviado, y como consecuencia hizo llover torrencialmente por cuarenta días y cuarenta noches; todo se inundó, y como no había ningún lugar en el cual pudieran refugiarse, todos se ahogaron excepto las ocho personas que obedecieron el mensaje. Algunos dicen: ¿es justo que Dios exterminara a tanta gente? ¿Es compatible con la misericordia divina? Sí, fue justo para los espíritus que todavía no habían recibido su cuerpo, y fue justo y misericordioso para los que eran culpables de tal iniquidad. ¿Por qué? Porque truncándoles la vida evitó que propagaran sus pecados entre su posteridad y los degeneraran, y también les impidió seguir pecando.” (John Taylor, en Journal of Discourses, 19:158—59.)

 

¿Dónde desembarcó Noé? (Génesis 8:4)

Debemos recordar que el Jardín de Edén se encontraba en lo que ahora se conoce como el continente americano. A pesar de que no sabemos cuánto se había extendido la población desde ese punto geográfico en los 1. 600 años que pasaron entre la caída de Adán y el Diluvio, es probable que Noé y su familia todavía vivieran por esas inmediaciones. La Biblia dice que el arca quedó en el monte Ararat, pero no se especifica dónde quedaba este punto geográfico. La tradición dice que es una montaña que se encuentra al noroeste de Turquía, cerca de la frontera con Rusia. El élder Joseph Fielding Smith dijo acerca de la distancia que navegaron:

“Leemos en la Biblia que el día 17 del segundo mes fueron rotas todas las fuentes del abismo y que la lluvia duró cuarenta días. El arca se detuvo el día 17 del séptimo mes; por lo tanto, el viaje duró cinco meses desde que empezó a flotar hasta que el Señor la hizo llegar a su destino. Sin duda alguna, una gran distancia separaba estos dos puntos. Tampoco cabe duda de que durante el Diluvio se produjeron grandes cambios en la faz de la tierra y fue entonces que se dividió en continentes. Los ríos que se mencionan en Génesis son los que existían en el Jardín de Edén mucho antes que la tierra se dividiera en continentes e islas (Génesis 2:11).” (Answers to Gospel Questions, 2:94.)

 

¿Cuál es la ley que nos dio Dios en cuanto al derramamiento de sangre? (Génesis 9:2—6)

La traducción de José Smith de este pasaje agrega partes importantes y aclara el mandamiento del Señor a Noé:

Los animales se han dado al hombre como una fuente de alimento, para que su carne se coma con frugalidad y no se desperdicie. Más adelante le ordena al hombre que no debe matar a sus semejantes.

Esta explicación más amplia acerca del derramamiento de la sangre de los animales corrobora lo que está escrito en D. y C. 49:18—21, donde dice que los animales pueden usarse como alimento, pero concluye con esta advertencia:

“¡Ay de aquel que vierte sangre, o desperdicia carne, no teniendo necesidad!”

El presidente Spencer W. Kimball dio un discurso en una de las reuniones generales del sacerdocio sobre la imprudencia de matar animales por gusto (véase “Vivamos de acuerdo con estos principios”, Liahona, febrero de 1979).

 

El arco iris es la señal del convenio

En Génesis 9:17—25, traducido por José Smith, el Señor dice que el arco iris es un símbolo del convenio que hizo con Enoc de que nunca más habría un diluvio para destruir toda vida. Más adelante declara que en el futuro la unidad de Enoc se unirá con Zión (en la Nueva Jerusalén).

“El Señor ha puesto el arco en las nubes por señal de que mientras se pueda ver, habrá siembra y cosecha, verano e invierno; mas cuando desaparezca, ¡ay de esa generación, pues he aquí, el fin vendrá rápidamente’” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 372).

“He preguntado al Señor acerca de su venida, y mientras preguntaba, el Señor me dio una señal, y dijo: ‘En los días de Noé puse un arco en los cielos como señal de que en cualquier año que se viera el arco, el Señor no vendría, sino que habría siembra y siega durante ese año; mas cuando viereis retirar el arco, será por señal de que habrá hambre, pestilencia, y grande aflicción entre las naciones, y que la venida del Mesías no está muy lejos’.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 421.)

 

(Manual El Antiguo Testamento Parte 1, Manual del Alumno, págs. 35–39)