“De Matusalén a Noé”

 

W. Cleon Skousen, Los Primeros 2.000 Años

Cap. 20: “De Matusalén a Noé”

 

¿Qué gran evento ocurrió en el año en que Matusalén nació? ¿Qué edad tenía su padre cuando Matusalén nació? ¿Quién fue su padre?

¿Qué dicen las autoridades que significa el nombre de Matusalén? ¿Este significado se cumplió literalmente? ¿Qué edad tenía Matusalén cuando murió?

¿Qué edad tenía Matusalén cuando Lamec nació? Lamec fue el primer patriarca en recibir el Sacerdocio de alguien aparte de Adán. ¿Quién lo ordenó? ¿Vivió más que su padre? ¿Qué tan cerca estuvo de ver el año del gran diluvio?

¿Cuánto hacía que la Ciudad de Enoc había sido trasladada cuando Noé nació? ¿Qué profeta lo vio en visión y había mencionado su nombre muchos siglos antes de que naciera? ¿Qué edad tenía Noé cuando recibió el Sacerdocio?

¿Hay alguna pista de lo que pudo haber pasado con los primeros hijos de Noé y también a las familias de los otros patriarcas?

¿En qué orden nacieron Sem, Cam y Jafet? ¿Cuáles de ellos poseyeron el Sacerdocio? ¿Cuáles de ellos fueron llamados “Hijos de Dios”? ¿Cuáles de ellos “caminaron con Dios”?

¿Qué evento inusual ocurrió al tiempo en que Noé fue llamado a su misión de 120 años? ¿Cuántas veces indican las escrituras que se hicieron intentos por asesinar a Noé durante su misión?

¿Qué tipo de mensaje Noé predicó? ¿Cuál fue el argumento de los hombres que clamaban que ellos eran también “hijos de Dios”?

Excepto por el culto al asesinato de los Mahanitas no tenemos otra descripción de las “iniquidades” que caracterizaron el período pre diluviano. ¿Tenemos alguna indicación de que sus prácticas eran similares a las abominaciones de Babilonia, Egipto, Sodoma y Gomorra? ¿Has conocido alguna persona cuya vida fuera “inicua continuamente”? ¿Puedes visualizar una generación donde “cada hombre” sea inicuo continuamente?

 

El Patriarca Matusalén

Entre aquellos que quedaron en la tierra después de la traslación de Sión hubo unos pocos que ordinariamente habrían sido tomados también, pero aparentemente el Señor tenía otras misiones para ellos. Por tanto, ellos permanecieron pacientemente observando la partida de Enoc y su pueblo con sentimientos de asombro, alegría y algo de pesar. Entre aquellos que permanecieron estaban todos los antepasados directos de Enoc excepto Set y Adán. Estaba su padre, Jared, que tenía 592 años; su abuelo Mahalaleel, que tenía 657; su bisabuelo Cainán, que tenía 727; y su tatarabuelo, Enós, que tenía 817. Set había muerto justo diez años antes a la edad de 912, y Adán se había ido hacía 122 años.

Enoc no solamente dejó atrás cuatro de sus ancestros paternos, sino también a su hijo y heredero al Sacerdocio, Matusalén. Su nieto, Lamec, fue dejado también.

Matusalén nació en el año 3.313 a.C. Como se mencionó antes, su nacimiento fue en el mismo año que la Ciudad de Sión fue fundada. Cuando Matusalén tenía cien años, Adán lo ordenó al Santo Sacerdocio.[1] Matusalén tenía 243 años cuando Adán murió, y 365 cuando su padre y la Ciudad de Sión fueron trasladados. La escritura es clara al declarar que la razón por la que Matusalén no acompañó a su padre fue porque el Señor deseaba que él fuera por quien el linaje patriarcal y los poderes del Sacerdocio serían perpetuados: “Y sucedió que Matusalén, el hijo de Enoc, no fue llevado, a fin de que se cumplieran los convenios que el Señor había hecho con Enoc, porque él verdaderamente hizo convenio con Enoc de que Noé procedería del fruto de sus lomos.”[2]

En la larga vida de Matusalén, él indudablemente ejecutó una misión grande, pues de otra manera él no habría sido considerado digno de su posición en la línea patriarcal. Sin embargo, como todos los seres mortales, él tenía sus debilidades y la escritura se refiere a una específicamente. Él estaba tremendamente impresionado por el hecho de que sería a través de él que la raza humana sería perpetuada; esto es, entre sus descendientes, el patriarca Noé sería levantado y sobreviviría al Diluvio, y así, toda la gente de la tierra después del Diluvio llevaría la sangre de Matusalén en sus venas. Esto causó un aumento de satisfacción personal que lo invadía cada vez que el futuro evento venía a su mente. Incluso se dejaba ver en su prédica y por jactarse de esto la escritura se hace mención de esto como si el Señor estuviera disgustado: “Y sucedió que Matusalén profetizó que de sus lomos nacerían todos los reinos de la tierra (mediante Noé), y se atribuyó la gloria a sí mismo.”[3]

Fue durante el ministerio de Matusalén que la primera hambruna registrada sucedió. Parece haber sido extremadamente severa, porque grandes números de personas murieron por esta causa.[4]

Matusalén vivió para ver la muerte de los demás patriarcas de la dispensación Adámica. Él tenía 453 cuando Enós murió, 548 cuando murió Cainán, 603 cuando murió Mahalaleel, 735 cuando Jared murió. Incluso su propio hijo, Lamec, le precedió a la tumba por cinco años.[5] Matusalén, por lo tanto, vivió sobre la tierra más que otro ser humano de quien se tenga registro. El vivió hasta el año 2.344 a.C. Lo que le permitió cumplir la profecía contenida en su nombre. Se dice que “Matusalén” significa: “A su muerte, se enviarán las aguas.”[6] Esto fue literalmente cumplido, porque Matusalén murió el mismo año que vino el gran Diluvio. El tenía 969 años –¡solo treinta y un años menos que un milenio!

 

El Patriarca Lamec

Realmente no sabemos nada concerniente a Lamec. El nació de Matusalén cuando este último tenía 187 años.[7] A la edad de treinta y dos él fue ordenado al Santo Sacerdocio bajo las manos de Set.[8]

Esto hizo de Lamec el primer patriarca en recibir el Sacerdocio por alguien que no fuera Adán. Para este tiempo Adán tenía 906 años y su debilidad puede haberlo forzado a un retiro comparativo. Sin embargo, Lamec fue capaz de recibir su bendición patriarcal por medio de Adán a la edad de cincuenta y tres,[9] y tenía cincuenta y seis cuando Adán murió. Lamec vivió durante una considerable parte de la época dorada que caracterizó a la ciudad de Sión y tenía 178 años cuando esta remarcable civilización fue removida de la tierra. El tenía 182 cuando su hijo, Noé, nació y vivió para observar el largo ministerio de Noé durante 595 años. Durante este tiempo el vio el colapso de casi todo por lo que él y sus padres habían trabajado. La decadencia de la moral, la ética, los estándares sociales y el refinamiento espiritual era tan burda y flagrante que su hijo, Noé, incluso expresó pesar de que Dios haya permitido que la faz de la tierra fuera contaminada por tan degeneradas criaturas.[10]

Sin embargo, Lamec se unió a su hijo, Noé, y con su padre, Matusalén, para ganar las almas de los pocos que responderían al plan de evangelio. La escritura implica que tan pronto como estos conversos fueron perfeccionados en la rectitud, fueron trasladados y se les permitió unirse a la Ciudad de Sión.[11] Esto tal vez se le otorgó también a los miembros calificados de las familias de los patriarcas.

Lamec vivió para ver la creciente ola de maldad que abrazaba a cada ser humano sobre la tierra excepto a él mismo, a su padre, a su hijo, sus tres nietos y sus esposas. El escuchó el llamado de advertencia de Noé cuando con espíritu de profecía y testimonio selló las licenciosas muchedumbres entre todas las naciones para su completa destrucción. El miró intensamente como Noé y sus hijos ejecutaron la titánica labor de construir el Arca. El miró el drama completo de la época conducirse hacia un terrible y atemorizante clímax. Entonces, súbitamente, justo cinco años antes de que el cataclismo diluviano descendiera sobre la tierra, Lamec murió. Tenía 777 años de edad.[12]

 

El Patriarca Noé

Hemos llegado a una de las más grandes personalidades de todos los tiempos. Noé había sido visto en visión por su bisabuelo, Enoc, muchos años antes de que naciera.[13] Enoc supo cuál sería su nombre y también la importancia de su misión.[14] Matusalén estaba tan orgulloso del hecho de que Noé sería uno de sus descendientes que cayó en la tentación y se jactó de eso, y se atribuyó “la gloria a sí mismo”[15] Esto puede ser mejor apreciado cuando reconocemos que de todos los espíritus que habían nacido en la tierra desde Adán, ninguno tubo una mejor posición y prestigio ante los ojos de Dios que Noé. Noé fue “Gabriel” en la preexistencia,[16] y después de su nacimiento “sigue a Adán en la autoridad del sacerdocio. Dios confirió este oficio sobre Adán, que fue el padre de todo ser viviente en sus días, y a él le fue dado el dominio.”[17]

Noé nació en el año 2.944 a.C. Lo cual es cuatro años después de que la Ciudad de Sión fue trasladada. Para ese tiempo, su padre, Lamec, tenía 182 años. Desde el principio se supo que Noé llegaría a convertirse en uno de los más grandes profetas de todas las dispensaciones en la historia, y por lo tanto, el Sacerdocio fue conferido sobre el mientras aún era un niño. ¡Matusalén lo ordenó a una edad sin precedentes, a los diez años![18]

En su vida temprana Noé observó los ministerios de Matusalén y Lamec y escuchó el evangelio que enseñó Enós, Cainán, Mahalaleel y Jared. Todos estos patriarcas fueron contemporáneos de Noé.

Es interesante notar que cada uno de estos patriarcas tuvo “muchos hijos e hijas” aparte de aquellos que fueron especialmente mencionados en las genealogías de la Biblia.[19] ¿Qué pasó con estos hijos? Y ¿qué pasó a los muchos hijos e hijas de Noé que probablemente nacieron antes de Jafet, Sem y Cam?

Dado que ninguno de estos es mencionado entre aquellos que sobrevivieron al Diluvio, no podemos dejar de preguntarnos si estos hijos elegidos del convenio fueron también víctimas de la apostasía y murieron en las rugientes mareas del gran diluvio. Uno de los pasajes sugiere una alternativa más esperanzadora. Declara que durante este período: “¡el Espíritu Santo cayó sobre muchos, y fueron arrebatados hasta Sión por los poderes del cielo!”[20] Para el tiempo en que Noé inició su misión especial a la edad de 480 años la Ciudad de Sión ya se había ido hacía cerca de cinco siglos.

Sin embargo, este pasaje indicaría que todos aquellos que se unieron a la Iglesia (y no estaban señalados para morir tal como Matusalén y Lamec) fueron gradualmente perfeccionados y tomados para reunirse con los Santos de Enoc y su nuevo hogar terrestre. Podemos esperar que entre estos rectos miembros de la Iglesia, la numerosa posteridad de los patriarcas estaba incluida.

 

El nacimiento de Jafet, Sem y Cam

Como con los otros patriarcas, ninguno de sus primeros hijos es mencionado. La escritura comienza su narración con tres hijos que le nacieron en sus postreros años y que fueron seleccionados para perpetuar la humanidad después del Diluvio. Declara que cuando Noé tenía 450 años Jafet nació.[21] Cuarenta y dos años después, cuando Noé tenía 492, nació Sem.[22] A pesar de que Sem era el más joven de los dos, él fue elegido, y posteriormente seleccionado como el heredero del Sacerdocio de Noé. Ocho años después, cuando Noé tenía 500 años, nació Cam. La escritura específicamente declara que Jafet y Sem eran de la misma madre.[23] Esto implica que Cam tenía una madre diferente y fue por lo tanto solo medio hermano de Sem y Jafet.

Estos tres hijos nacieron en un tiempo cuando la apostasía y la desintegración moral habían contaminado la tierra completa. La violencia, el asesinato, la guerra, el robo, la rapiña, el fraude y la corrupción caracterizaban a la civilización por doquier. De acuerdo al Señor, esta sociedad durante la dispensación de Noé fue peor que cualquier cosa antes o después –peor que Babilonia donde se ofrecían sacrificios humanos, peor que Grecia donde sometían a los niños pequeños a orgias degeneradas, peor que Sodoma, peor que Gomorra. De hecho, el Señor declaró: “De entre toda la obra de mis manos jamás ha habido tan grande iniquidad” como aquella que prevalecía en esta época de la que estamos hablando. Fue un día cuando “el poder de Satanás se extendía sobre toda la faz de la tierra.”[24] Tan exitoso fue Satanás que la escritura declara que parecía que la tierra estaba cubierta con una terrible cadena de oscuridad y Lucifer “miró hacia arriba, y se rio, y sus ángeles se alegraron.”[25]

Pero a pesar de este ambiente, Noé tuvo éxito en proteger a sus hijos con el manto del evangelio y la escritura dice que ellos “escucharon al Señor, y obedecieron, y se les llamó los hijos de Dios.”[26]

Este título, “Los hijos de Dios”, es reservado para aquellos que reciben el Sacerdocio,[27] por tanto sabemos que estos tres hijos fueron honrados con divinos llamamientos. El llamamiento de Cam al Sacerdocio es específicamente mencionado por Abraham,[28] y Sem estableció la línea a través de la cual el Sacerdocio descendería a todos los patriarcas post diluvianos.[29] Los tres hijos son descritos como hombres que “anduvieron con Dios.”[30]

Cuando estos tres hijos maduraron y se casaron, cada uno de ellos tuvo hijas. Aparentemente, ninguno de ellos tuvo descendencia masculina hasta después del Diluvio. Estas hijas finalmente crecieron y sin duda Jafet, Sem y Cam trabajaron diligentemente para imprimir en sus mentes la importancia del plan del Señor para una vida feliz. Pero no importa cuán exitosamente ellos hayan podido hacer que ellas aceptaran las doctrinas básicas, hubo algo en lo que fallaron completamente.

Ninguno de estos hombres pudo disuadir a sus hijas a no casarse fuera de la Iglesia. De hecho, puede que no haya habido hombres rectos con quien ellas hayan podido casarse. En algún punto, todas estas hijas eventualmente se rebelaron contra las advertencias y las suplicas de sus padres y tomaron para ellas esposos de entre los inicuos.

Inmediatamente la palabra del Señor vino a Noé: “Las hijas de tus hijos se han vendido; por lo que, he aquí, mi ira está encendida en contra de los hijos de los hombres, ¡porque no quieren escuchar mi voz!” Los “hijos de los hombres” se refiere a los inicuos de aquella generación que rechazaron el evangelio y no fueron por lo tanto dignos del Sacerdocio mediante el cual podrían convertirse en “hijos de Dios.”[31]

Todo esto ocurrió justo en el tiempo cuando Noé estaba haciendo su máximo esfuerzo por inspirar un espíritu de arrepentimiento entre la gente. Algún tiempo antes, cuando el tenía 480 años, Noé había sido llamado a una misión de 120 años para predicar un mensaje de “arrepentirse o perecer” a los depravados y licenciosos habitantes de la tierra.[32] Tan importante fue esta misión, que el Señor colocó Sus manos personalmente sobre la cabeza de Noé y reafirmo el Sacerdocio sobre él. La escritura dice: “Y el Señor ordenó a Noé según su propio orden, y le mandó que saliese a declarar su evangelio a los hijos de los hombres, tal como fue dado a Enoc.”[33]

 

Noé es señalado para ser asesinado por sus enemigos

Esta no es una prueba que le sea dada a un hombre débil o de tímido temperamento. Noé ya había sido objeto de un complot para asesinarlo conjurado por una tribu de hombres cuya gente es referida como “gigantes” debido a su tamaño y fuerza. Ellos habían quedado seriamente ofendidos por la prédica de Noé y “buscaron a Noé para quitarle la vida; más el Señor fue con Noé, y el poder del Señor reposo sobre él.”[34]

Noé continuó desempeñando su nuevo llamamiento con valentía y determinación. Pero Lucifer lo atacó desde otra dirección. El inspiró a los malvados a recordar que ellos también eran descendientes de hombres que originalmente fueron llamados “Hijos de Dios.” Por lo tanto, ellos se adelantaron y desafiaron a Noé con una sonrisa diabólica: Dijeron ellos, “He aquí, nosotros somos los hijos de Dios; ¿no hemos tomado para nosotros a las hijas de los hombres? ¿No estamos comiendo, bebiendo, y casándonos y dando en casamiento? Nuestras esposas nos dan hijos y éstos son hombres poderosos, semejantes a los hombres de la antigüedad, varones de gran renombre.”[35] Aquí estaba la falaz filosofía del pragmatismo: “Cualquier cosa que funciona es buena, cualquier cosa que falla es mala.” Y estos inicuos descendientes de los que alguna vez fueron hombres rectos tenían mucho de que jactarse.

En aquel momento ellos tenían posesión de la tierra. Ahora que la comunidad de Enoc se había ido, ellos había esparcido su tiránico poder por doquier. Ellos robaron a la tierra sus tesoros, vivieron tumultuariamente, y desdeñosamente señalaron a Noé de que eran ellos quienes disfrutaban de “la vida buena y abundante.” ¿Qué podría ofrecerles Noé? ¡Ellos lo tenían todo!

Es interesante notar que el evangelio predicado por Noé –el cual es descrito como el mismo evangelio de Enoc– es idéntico con el mensaje predicado en los días de Cristo y del mismo modo en nuestra dispensación: “Y sucedió que Noé continuó su predicación al pueblo, diciendo: Escuchad y dad oído a mis palabras; creed y arrepentíos de vuestros pecados y bautizados en el nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, tal como nuestros padres, y recibiréis el Espíritu Santo.”[36]

Nótese la similitud entre las palabras de Noé y las palabras de Pedro. Cuando el líder de los Apóstoles estaba predicando a las multitudes en Jerusalén, él dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”[37] Esto claramente demuestra que en cada dispensación el mensaje del evangelio ha sido fundamentalmente el mismo.

Ahora los enemigos de Noé no solamente continuaron rechazando su mensaje sino que ellos se dispusieron con toda intención a destruirlo mediante maquinaciones del culto asesino. Noé sabía que estaba en peligro de ser asesinado por sus enemigos. En sus fervientes comunicaciones con Jehová, Noé pidió disculpas por estos restos decadentes de humanidad que contaminaban cada fase de la vida mediante su corrupción. “Y le pesó a Noé, y se afligió su corazón de que el Señor hubiese formado al hombre sobre la tierra, y se apesadumbró su corazón.”[38]

Mientras el Creador miraba el libertinaje de esta generación depravada de la humanidad, Él los pesó en la balanza y pronunció el juicio. El encontró que debido a ellos la tierra completa se “llenó de violencia.”[39] y “toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.”[40]

Cuando Dios organizó la tierra y proveyó de tabernáculos físicos a Sus hijos e hijas, El estableció un patrón de vida que haría de esta experiencia provechosa para ellos. El sabía que el arrebato emocional y otras experiencias sensoriales las cuales los cuerpos físicos estaban diseñados para proveer, serían una fuente profunda y grandiosa de gozo que la humanidad nunca había conocido en la preexistencia. El Maestro también sabía que el cuerpo humano es un instrumento de precisión diseñado para funcionar dentro de los límites de unas especificaciones comparativamente estrictas.

Estas especificaciones para una vida sabia y sana habían sido reveladas a los hombres. Jehová había aconsejado a los hombres que consideraran sus tabernáculos físicos como “templos de Dios” en el sentido literal. Sus cuerpos reflejaban la genial ingeniería del más sabio y hábil Creador.

Adán había honrado su cuerpo terrenal y su medio ambiente físico como Dios lo había deseado.

Así mismo Set y Enoc. Igualmente todos los que habían sido rectos desde el principio.

Pero ahora se había levantado una generación sobre la tierra que tuvo un punto de vista diferente respecto a la vida. Para ellos, amantes del placer, de los lujos, de las extravagancias y las lascivias, la disipación licenciosa se había convertido en el objeto de su existencia. Sus nervios alterados y cuerpos cansados eran flagelados con estimulantes: Narcóticos que aturdían el cerebro, lascivias obscenas que consentían los sentidos y el vino fermentado prensaban y sofocaban el juicio y cubrían el libertinaje depravado de la gente bajo un manto empapado de amnesia alcohólica.

No solo rechazaron el consejo de Dios sino que a través de imprudente experimentación, las masas de gente desfilaban en una espiral descendente hacia las profundidades de esa oscuridad que todo lo consume. Probaron cada cosa que estaba prohibida, buscando siempre la máxima emoción en alguna de sus indulgencias. Hicieron de la vida una continua orgía de desatado frenesí emocional el cual llenaba la tierra con perversión, explotación y degeneración. En vez de buscar la felicidad, la seguridad y el perfeccionamiento personal, el Señor dijo que “Todo hombre se ensoberbecía con el designio de los pensamientos de su corazón, siendo continuamente perversos.”[41]

Y Dios dijo a Noé: “Ha llegado para mí el fin de toda carne, porque la tierra está llena de violencia; y he aquí, destruiré a toda carne de sobre la tierra.”[42]

Este fue el fin de la gran misión de Noé. Por más de 100 años él había trabajado para salvar los restos de esta generación. Ahora apenas había tiempo para salvar a su familia y a él mismo.

 

Notas

[1] D. y C. 107:50

[2] Moisés 8:2

[3] Ibid. 8:3

[4] Ibid. 8:4

[5] Ibid. 8:10

[6] Clarke, op. cit. Vol. I, p. 66

[7] Moisés 8:5

[8] D. y C. 107:53

[9] Ibid. 107:53

[10] Moisés 8:25

[11] Ibid. 7:27

[12] Ibid. 8:11

[13] Ibid. 7:42

[14] Ibid.

[15] Ibid. 8:3

[16] Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 157

[17] Ibid.

[18] D. y C. 107:52

[19] Ver Moisés 6:11, 14, 18, 20; 8:6, 10

[20] Moisés 7:27

[21] Ibid. 8:12

[22] Ibid. 8:12

[23] Ibid.

[24] Ibid. 7:24

[25] Ibid. 7:26

[26] Ibid. 8:13

[27] D. y C. 76:57–58

[28] Abraham 1:27

[29] I Crónicas 1:24–27; Abraham 1:3, 18

[30] Moisés 8:27

[31] D. y C. 76:57–58

[32] Moisés 8:17

[33] Moisés 8:19

[34] Ibid. 8:18

[35] Ibid. 8:21

[36] Ibid. 8:23–24

[37] Hechos 2:38

[38] Moisés 8:25

[39] Ibid. 8:28

[40] Ibid. 8:29

[41] Ibid. 8:22

[42] Ibid. 8:30