Moisés 8

 

Los análisis en color verde han sido extraidos del Libro Comentarios de La Perla de Gran Precio, del Sistema Educativo de la Iglesia.

Y aquellos insertados en color marrón del documento Introducción a La Perla de Gran Precio, Guía para Instructores de Institutos.

 

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Relato de Moisés 8

 

CAPÍTULO 8

(febrero de 1831)

 

Matusalén profetiza—Noé y sus hijos predican el evangelio—Prevalece una gran iniquidad—No se hace caso del llamado al arrepentimiento—Dios decreta la destrucción de toda carne por medio del Diluvio.

 

Conceptos claves a analizar:

1. Desde el tiempo de Enoc hasta los días de Noé el Señor llamó a los hombres al arrepentimiento por la voz del Espíritu Santo. La Sión de Enoc había sido trasladada de modo que una de las causas más importantes que impedían la iniquidad había sido removida de entre la humanidad. Los matrimonios entre todos los hijos de Adán (con la excepción de la simiente de Caín) continuaba. Aún Matusalén parece haber caído en la trampa del orgullo, pues se gloriaba de que (a causa de Noé) todas las naciones de la tierra trazarían su linaje a través de él. Este capítulo del libro tiene relación con el cumplimiento de aquellas cosas que Enoc vio en visiones respecto a la dispensación de Noé y completa la porción de la Perla de Gran Precio conocida como el libro de Moisés.

Luego que la Sión de Enoc fue transportada, el Señor se esforzó por llevar a la gente el conocimiento de los principios de salvación. Matusalén no fue trasladado para que la posteridad de Enoc pudiera ser hallada sobre la tierra. Esto fue de acuerdo a una promesa del Señor echa a Enoc. El texto implica que Matusalén desagradó al Señor, lo que muy bien puede haber sido el caso, pero en el Alfabeto Egipcio de José Smith y su Gramática, el Profeta anotó que Matusalén fue el primero en usar el Urim y Tumim para descubrir la relación de los planetas que fue mostrada a Abraham como se registra en Abraham 3. Si el Urim y Tumim funcionaban por fe y su principio, entonces Matusalén debe haber tenido algún poder del Señor en este respecto.

Nuestro texto no dice que el Señor continuaba llamando a los hombres por todas partes mediante el Espíritu Santo y que cuantos se arrepentirían y se bautizaba eran arrebatados a Sión. Esto muy posiblemente significa que continuó habiendo predicadores de la justicia sobre la tierra y cuyas palabras eran testificar por el Espíritu Santo, y cuantos se convertían eran bendecidos con la dulce unidad y paz que siempre ha caracterizado a Sión. De tal forma será que, aunque no todos son cogidos y trasladados cuando guardar los mandamientos de Dios, aquellos que guardan los mandamientos pueden esperar compartir la promesa que se halla en Moisés 7:64: “Y allí (en la Nueva Jerusalén) será mi morada, y será Sión, la cual saldrá de todas las creaciones que he hecho;…”

Puede venir eventualmente un tiempo cuando el espíritu del Señor no pueda hallar un lugar en los corazones y mentes de los hombres y entonces Satanás gobernará en gran poder. Aparentemente este punto de no regreso fue alcanzado una vez en la época de Noé y, en vez de dejar que Satanás destruyera el plan de salvación, Dios disminuyó su poder sacando a la mayoría de la humanidad de la escena mortal. Les encarceló, por así decirlo, en la prisión de ceguera que habían deseado, para que en algún tiempo futuro puedan ser visitados nuevamente y guiados a la luz de la libertad de Dios.

2. Los hombres están bajo una maldición cuando pierden su perspectiva eterna. Aún cuando los hombres endurecen sus corazones de tal manera que no pueden ser receptivos a todas las bendiciones que el Señor quisiera darles, El aún continúa luchando donde hay esperanza. La desobediencia y la dureza de corazón son las causas que el hombre pierda la perspectiva eterna.

Cuando los hombres llegan a confiar más en el brazo de la carne que en el poder de Dios para dirigir, empiezan a ver más de lo mortal, temporal, y escena temporal, por lo tanto, menos y menos de lo eterno. En muchas maneras el trabajo y labores de esta vida toman aspectos de un trabajo monótono sí creemos que la labor no produce los frutos de disciplina y autocontrol que nos han de beneficiar en las eternidades. La gente salta desde puentes, destrozan sus autos y de otras maneras se autodestruyen a propósito cuando, habiendo decidido que se experimenta la felicidad solamente en esta vida, son incapaces de encontrarla.

 

1 Y fueron todos los días de Enoc cuatrocientos treinta años.

2 Y sucedió que Matusalén, el hijo de Enoc, no fue llevado, a fin de que se cumplieran los convenios que el Señor había hecho con Enoc, porque él verdaderamente hizo convenio con Enoc de que Noé procedería del fruto de sus lomos.

3 Y sucedió que Matusalén profetizó que de sus lomos nacerían todos los reinos de la tierra (mediante Noé), y se atribuyó la gloria a sí mismo.

4 Y vino sobre la tierra un hambre muy grave, y el Señor maldijo la tierra con penosa maldición, y muchos de sus habitantes perecieron.

5 Y aconteció que Matusalén vivió ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec;

6 y después de engendrar a Lamec, vivió Matusalén setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas;

7 y fueron todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años, y murió.

8 Lamec vivió ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo,

9 y le puso por nombre Noé, diciendo: Este hijo nos consolará en cuanto a nuestro afán y el trabajo de nuestras manos, por causa de la tierra que el Señor ha maldecido.

10 Y vivió Lamec, después de engendrar a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas.

11 y fueron todos los días de Lamec setecientos setenta y siete años, y murió.

12 Y Noé tenía cuatrocientos cincuenta años, y engendró a Jafet; y cuarenta y dos años después, engendró a Sem de la que fue la madre de Jafet, y a la edad de quinientos años, engendró a Cam.

 

Vers. 1-12. Dios en verdad hizo convenio con Enoc, que Noé sería del fruto de sus lomos. Estos versículos contienen una genealogía de los patriarcas desde Enoc hasta los días de Noé: Matusalén el hijo de Enoc; Lamec el Hijo de Matusalén; y Noé el Hijo de Lamec, también Jafet, Cam y Sem, hijos de Noé.

El Señor había hecho un convenio con Enoc, prometiéndole con juramento que “Noé sería fruto de sus lomos”. Matusalén, el hijo de Enoc no fue incluido con su padre ni con el resto de la familia cuando Sión fue llevada el cielo, haciendo de ese modo posible el cumplimiento de la promesa hecha a Enoc por el Señor.

Matusalén se congratuló de que por ese favor divino, a través de su hijo Noé, su descendiente literal, nacerían todos los reinos de la tierra, y él se glorió en ello, aunque la verdad es que se debería a la intervención de la providencia divina.

Moisés registra muy brevemente que una severa hambre azotó la tierra donde moraban tanto los justos como los injustos. El anota que debido a esta maldición del Señor “muchos de los habitantes murieron”.

“Y aconteció que Matusalén vivió ciento ochenta y cinco años y engendró a Lamec; después de engendrar a Lamec, Matusalén vivió setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Y Lamec vivió ciento ochenta y dos años y engendró un hijo, y él llamó su nombre Noé, diciendo: este hijo nos consolará de nuestro afán y del trabajo de nuestras manos, por causa de la tierra que el Señor ha maldecido. Y Lamec vivió después que engendró a Noé, quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas, y todos los días de Lamec fueron setecientos setenta y siete años y murió. Y Noé tenía cuatrocientos cincuenta años y engendró a Jafet, y cuarenta y dos años después el engendró a Sem de la que fue madre de Jafet, y cuando él tuvo quinientos años engendró a Cam”.

Del versículo 9 notamos que Lamec, el padre de Noé, se consoló con el nacimiento de su hijo, y tuvo la esperanza que con él terminaría el hambre, que había hecho estragos en la tierra.

 

Se creía que en alguna manera Noé restauraría la tierra a su condición paradisíaca. Los padres de Noé pensaron que Dios restauraría la tierra a una condición de tranquilidad en el tiempo de Noé. El nombre Noé significa “descanso”. Se consideraba a Noé comparable a Adán a causa de la creencia que Dios iniciaría una nueva población de la tierra sin la maldad.

En los días de Matusalén y Lamec, las condiciones de vida deben haber sido bastante difíciles de tal forma que el recuerdo de aquellos días de que hablaba Adán (concerniente a la tierra antes de la Caída, cuando la tierra producía espontáneamente de su abundancia) debe haber recordado en forma punzante su estado lamentable. Es razonable suponer que las profecías del diluvio venidero así como un “día del juicio” en el cual los inicuos habrían de ser destruidos y la paz fuera restaurada la tierra, causarán que surgiera esperanza en los corazones de Matusalén y Lamec y sus familias en el sentido de que Noé habría de traer a la tierra a un estado de paz y descanso nuevamente.

El nombre Noé significa “descanso” en hebreo. En la misma forma como los santos que primeramente entraron en el valle del Lago Salado creían que el día estaba próximo cuando el triunfal regreso al condado de Jackson ocurriera y se iniciase el milenio, la gente que escuchó al Señor en los días de Matusalén y Lamec creían que la tierra sería renovada y bendecida siendo regresada al estado de gloria paradisíaca en los días de Noé. Si estos antiguos hubiesen captado con ojos espirituales la visión de los grandes propósitos de Jehová, habrían comprendido que aún deberían pasar muchas generaciones antes de que Satanás sea sacado por la justicia de la humanidad.

Es interesante anotar que el profeta José Smith dijo refiriéndose a Noé, que él estaba próximo a Adán en autoridad y que habían obtenido las llaves de su sacerdocio antes de la fundación del mundo. En un sentido muy real Noé está en relación a la humanidad como Adán puesto que nuestra raza surgió de Noé después del diluvio así como los antediluviano habían surgido de Adán.

 

13 Y Noé y sus hijos escucharon al Señor, y obedecieron, y se les llamó los hijos de Dios.

14 Y cuando estos hombres empezaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, los hijos de los hombres vieron que estas hijas eran bellas, y tomaron para sí esposas, según su elección.

 

Vers. 13-14. Noé y sus hijos fueron llamados hijos de Dios. Noé y sus hijos Jafet, Sem y Cam, al contrario de la mayoría de la gente que les rodeaba, prestaron atención a la palabra de Dios. Ellos vivieron vidas justas y fueron conocidos como “los hijos de Dios”.

Cuando los hijos de Noé engendraron hijos e hijas y comenzaron a multiplicarse y les nacieron hijas, “los hijos de los hombres vieron que esas hijas eran bellas, y las tomaron por esposas, escogiendo entre ellas”. Ellos las eligieron por su apariencia física, sin ningún ideal de justicia, ni por motivo de una afiliación religiosa. Y de ese modo los incrédulos se unieron con los creyentes, y es axiomático que los impíos, tarde o temprano corrompen a los buenos, “más bien que los buenos reformen a los malos”.

En conexión con esto, la expresión “hijos de Dios” empleada en Génesis 6:2, se refirió a Noé y sus hijos en el texto de la Perla de Gran Precio. Los hijos de Dios fueron los hijos de Noé. Como hijos de los hombres se refiere a los desobedientes (en Génesis 6:2, dice “que los hijos de Dios vivieron que las hijas de los hombres eran bellas, lo que no es cierto; es una mala traducción del pensamiento. La Perla de Gran Precio dice a la inversa. Que los hijos de los hombres vieron que “las hijas de los hijos de Dios eran bellas”).

Los matrimonios mixtos entre razas y grupos de diferentes creencias y prácticas son fuente de interminables contenciones y de corrupción. Podemos atribuir a esta práctica equivocada el abandono en que cayó el pueblo de Noé y que más adelante le sumergió en los abismos del crimen y el libertinaje. Tales uniones casi inevitablemente llevan a una causa religiosa al desastre. Tenemos un ejemplo clásico esto, en el caso de Salomón; leemos lo siguiente en 1 Reyes 11:1-4: “Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas; gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: no os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor. Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón. Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David”.

Como aquí se ve, Salomón hizo alianzas sociales con los idólatras, contrariando el mandamiento de Dios, y adoptó sus formas de adoración. Eso fue lo que encendió la ira del Señor en contra de Salomón (1 Reyes 5:11). Fue exactamente la misma desobediencia que provocó la infamia en que cayeron los antediluvianos.

 

15 Y el Señor dijo a Noé: Las hijas de tus hijos se han vendido; por lo que, he aquí, mi ira está encendida en contra de los hijos de los hombres, porque no quieren escuchar mi voz.

 

“Las hijas de tus hijos se han vendido”. El Señor estuvo disgustado, y así se lo dijo a Noé, por que las hijas de sus hijos por conveniencia, habían entrado en alianzas matrimoniales injustas por los hijos de los hombres, quienes fueron descendientes literales de Caín, y de ese modo pusieron sobre sus hijos la maldición que había sido impuesta a Caín. El mezclar la sangre del creyente con el incrédulo fue contrario a la voluntad de Dios, pues los hijos de los hombres se habían negado a escuchar su voz y habían rechazado su santa palabra, y por eso la ira de Dios se había encendido contra ellos.

Indudablemente que Noé tuvo otros hijos además de Jafet, Sem y Cam, y cuando en el texto dice: “Las hijas de tus hijos se han vendido…”, es muy probable que se refiera a esos hijos de los cuales el registro no dice nada.

 

16 Y aconteció que Noé profetizó y enseñó las cosas de Dios, aun como fue en el principio.

 

Noé predicó el Evangelio de Jesucristo aún como lo hicieron en el principio. Viendo Noé la profundidad de la depravación en la que se había hundido la gente de su generación, y viendo su iniquidad y la bajeza de sus propósitos inspirados en los apetitos carnales, profetizó su completa destrucción sino se arrepentirían como Dios se lo había mandado. El proclamó el evangelio de Jesucristo tal como lo habían hecho Adán y su hijo Set y todos los patriarcas. Pero por más que Noé predicó los principios de justicia, y a su pesar de su diligencia, menos y menos personas se arrepintieron. Fue casi desaparente para Noé, pero el Espíritu de Dios le urgió a que continuara (1 Pedro 3:20; 2 Pedro 2:5; Judas 14).

 Noé predica el arrepentimiento

 

17 Y el Señor dijo a Noé: No luchará mi Espíritu con el hombre para siempre, porque él ha de saber que toda carne morirá; sin embargo, serán sus días ciento veinte años, y si los hombres no se arrepienten, mandaré las aguas sobre ellos.

 

“No luchará mi Espíritu con el hombre”. La misericordiosa bondad del señor, y su paciencia son explotadas por los inicuos, quienes insisten en prolongar su vergonzoso comportamiento inicuo hasta que “el fuego de su indignación se encienda en contra de ellos”. Mientras haya una esperanza de arrepentimiento, el Espíritu de Dios luchará por despertar en el hombre una noción de su responsabilidad de obrar en justicia, de la que se había apartado. También la conciencia del hombre, ese tribunal de justicia que actúa en el seno del hombre, aún del más humilde, si es que el hombre apela a ella, muchas veces le permite disponer de un juicio puro, libre de las manchas del mundo. Pero existe un juez más alto de cuyas decisiones no se puede apelar. Si el hombre rechaza los impulsos de su conciencia, y los del Santo Espíritu, entonces llega un momento cuando ni uno ni otro podrán prevalecer más; el Espíritu debido a la dureza de corazón y la conciencia porque se ha cauterizado con el pecado y la corrupción. Así es que el Señor dijo a Noé: “Mi Espíritu no contenderá para siempre con el hombre” (2 Nefi 26:11; Éter 2:15; DyC 1:33).

Teniendo el hombre libertad para elegir entre lo bueno y lo malo, y poseyendo un razonamiento que le permite distinguir entre ambos, le fue dado amplitud de tiempo para que se arrepintiera. El Señor le concedió ciento veinte años para vivir y luego retornar a su presencia. A los contemporáneos de Noé el Señor les dijo que de no arrepentirse “mandaré las aguas del diluvio sobre ellos”.

 

Vers. 15-17. El Señor tiene razón para disgustarse cuando los hijos de la luz escogen las tinieblas. Los hombres están en un estado caído y sujetos a Satanás hasta que le arrojen de entre ellos. Satanás será atado por la justicia.

Cuando los niños nacidos bajo el convenio del evangelio abandonan su primogenitura para ir tras tentaciones mundanas, el Señor se enfurece. Está celoso de aquellos que le han comprometido su amor por medio de un convenio.

La humanidad está pasando por una época de seria reflexión. Hemos alcanzado el punto de avance tecnológico donde la totalidad de la raza humana puede ser borrada con el mismo resultado de que se habla en las escrituras en conexión con la historia del diluvio. Los grandes poderes de las naciones han acumulado armas atómicas para asegurar su capacidad de tomar represalias, pero son incapaces de acumular suficiente estabilidad emocional para asegurar completamente un mundo nervioso que algún error de juicio pudiera ocurrir que resultaría en la aniquilación de la humanidad. La guerra se está llevando demasiados buenos jóvenes de cada generación y, además de los cientos de miles muertos en el campo de batalla, muchos cientos de miles sucumben ante la desesperanza de la guerra y ceden ante toda clase de tentaciones para clarificar los apetitos de la carne. Tal vez nunca ha habido una mayor inmoralidad o amoralidad como la que hoy existe entre los soldados; sin embargo, no todos caen dentro de esta condenación.

El agnosticismo es también común entre la generación de los jóvenes de hoy. La habilidad de la ciencia para explicar muchos de los milagros del pasado además de la tendencia filosófica de parte de muchos de rechazar como fábulas cualquier milagro que no haya podido ser explicado por la ciencia, ha resultado en un abandono de la religión. Sectores completos de la sociedad se convencen cada día más que aún cuando en un tiempo la idea de Dios era buena una vez, está ahora junto con la evidencia, ya sea muerta o agonizando rápidamente. Los jóvenes se preocupan respecto al porqué una deidad omnipotente no penetra en el remolino de autodestrucción de los hombres y restaura al mundo la paz y la comprensión. Algunos de los potencialmente mejores cerebros de los jóvenes del mundo han concluido que no se puede confiar en nadie en este mundo fuera de uno mismo, y que el único verdadero propósito y felicidad de la existencia es el poder llegar a percibirse asimismo más claramente. Para lograr este fin, derriban tantos símbolos de la sociedad condicionada como pueden. Las convenciones de vestuario y apariencia son rechazadas como los símbolos más obvios. Con sus cabellos largos, cuerpos y lavar, y lenguaje vulgar entran en un nuevo rol de neo-ascetas. Incapaces de encontrar escape del contacto con el mundo pues hay muy pocas cavernas (aún cuando algunos han podido hacerlo a lo largo del Mediterráneo) y no deseando la vida monástica con sus reglamentaciones, encuentran escape y supuestamente mayor auto percepción por medio de drogas “que iluminan la mente” (que de hecho son alucinógenas) o por medio de la meditación imitando el estilo de los místicos de la India.

No todos los que están descontentos con la forma en que Dios ignora el estado de sus hijos, o así les parece a ellos, abandonan la sociedad en la forma radical de los hippies neo-ascéticos. Muchos concluyen que la religión está bien para la persona que no puede vivir sin ella, pero no les provee respuestas satisfactorias a ellos que les permitan creer en un Dios que no ha de usar sus poderes omnipotentes para rescatar al mundo de su estado caótico a la serenidad.

 

18 Y en aquellos días había gigantes sobre la tierra, y buscaron a Noé para quitarle la vida; mas el Señor fue con Noé, y el poder del Señor reposó sobre él.

 

Gigantes (ver comentario en capítulo 7, versículo 15). Estos gigantes procuraron matar a Noé, quien indudablemente gobernaba o reinaba sobre el pueblo, pero el Señor lo protegió.

 

La lucha entre las fuerzas del bien y los poderes de las tinieblas se ha estado efectuando desde el comienzo y cuando el mal obtiene ventaja, ejerce un control tiránico. Es posible que haya habido mucha tiranía sobre la tierra entre los hombres desde la época de Enoc hasta los días del diluvio.

El texto nos dice dos veces en el libro de Moisés que llegaron gigantes a la tierra para afligir a los hijos de Dios. Estos gigantes eran los tiranos que siempre ha tratado de obtener ganancia por medios clandestinos. Parece haber una fuerza que impele a Satanás y a sus seguidores a buscar el poder mediante el cual puede ejercer control sobre las mentes de los hombres.

Cuando los hombres que tienen el sacerdocio de Dios tratan de usar su poder injustamente, esto desagrada el Señor y él quita los derechos del sacerdocio del individuo. Tal vez en cada persona hay un instinto que le impulsan a conquistar logros. Es bueno cuando uno desea ser mejor para servir a sus semejantes, pero cuando la motivación gira hacia nuestro interior y llega a ser egoísta, como sucedió con Caín y sus seguidores, tan sólo la tiranía sigue este curso. En un último sentido, toda lucha es una batalla entre las fuerzas del bien y del mal. Los gigantes o nefalims (causadores de la caída), como la escritura hebrea los llama, estaban en oposición a Noé pues éste enseñaba un evangelio que dignificaba al individuo y le enseñaba el valor del alma humana, mientras que los tiranos, como los dictadores de hoy, trataban de convertir a los hombres en ganado obediente.

 

19 Y el Señor ordenó a Noé según su propio orden, y le mandó que saliese a declarar su evangelio a los hijos de los hombres, tal como fue dado a Enoc.

 

El Señor consagró a Noé según su propio orden. “Noé tenía diez años cuando fue ordenado bajo las manos de Matusalén, el cual tenía cien años cuando fue ordenado bajo las manos de Adán” (DyC 107:50-52).

Nos asombramos de ver la juventud de Noé cuando el señor le mandó que saliera a declarar “su evangelio aún como fue dado a Enoc”, pero la cantidad de años importa poco cuando se tiene como compañero al Espíritu Santo. El profeta Samuel era un niño cuando fue llamado por el Señor para comenzar su ministerio. El profeta José Smith tenía catorce años cuando recibió su gloriosa manifestación del Padre y del Hijo. Cristo mismo tenía doce años de edad cuando comenzó su ministerio del templo de Jerusalén. Fue también en su juventud que Noé recibió su comisión divina de predicar el evangelio a los desobedientes antediluvianos.

 

20 Y aconteció que Noé exhortó a los hijos de los hombres a que se arrepintieran; pero no hicieron caso de sus palabras;

21 y también, después de haberlo escuchado, vinieron ante él, diciendo: He aquí, nosotros somos los hijos de Dios; ¿no hemos tomado para nosotros a las hijas de los hombres? ¿No estamos comiendo, bebiendo, y casándonos y dando en casamiento? Nuestras esposas nos dan hijos y éstos son hombres poderosos, semejantes a los hombres de la antigüedad, varones de gran renombre. Y no hicieron caso de las palabras de Noé.

 

Vers. 20-21. Noé clamó el arrepentimiento, pero ellos no escucharon sus palabras. Obedeciendo el mandato del Señor Noé fue por la tierra declarando a sus habitantes el evangelio de Jesucristo. El clamó contra la iniquidad, pero proclamó que podrían lograr el perdón por medio del arrepentimiento.

El exhortó a todos los hombres que abandonaran su mal comportamiento. Que no pecaran más y que se volvieran a su Creador. Sin embargo, y no obstante lo urgente de su mensaje, ellos, por la dureza de sus corazones, se negaron a escuchar sus palabras.

Las personas, aún cuando persistieron en su mal comportamiento, y a pesar de sus extravíos, y de su poca disposición para escuchar las amonestaciones de Noé, pretendieron obtener las bendiciones de Dios, y se jactaron de ser muy poderosos. A pesar de su maldad los hijos de los hombres pretendieron erróneamente ser “los hijos de Dios”.

Tomaron como esposas a las hijas de los hombres difundiendo de ese modo por toda la tierra la infamia de Caín y la señal de su maldición. Bajo tales condiciones infamantes y ante el descuido de sus necesidades espirituales, el Sacerdocio de Dios no pudo sobrevivir en manos de los malvados. Es de notar que sin el Sacerdocio los planes de Dios para llevar la salvación a sus hijos, fracasarían. Los hombres también se jactaron de que los hijos que les habían nacido de su unión con las hijas de los hombres “son hombres poderosos, semejantes a los hombres de la antigüedad, varones de gran renombre”. En conexión con esto podemos observar que un pueblo es verdaderamente malvado cuando los más pecadores son los hombres de gran renombre. “La maldad es verdaderamente grande cuando los grandes hombres son malvados”.

 

22 Y Dios vio que la iniquidad de los hombres se había hecho grande en la tierra; y que todo hombre se ensoberbecía con el designio de los pensamientos de su corazón, siendo continuamente perversos.

 

Dios vio que la maldad de los hombres había aumentado en la tierra. Dios vio que los hijos de los hombres no solamente que estaban en gran manera, sino que se ensoberbecieron en su maldad. Eligieron hacer el mal no por causa de las falsas tradiciones o por ignorancia, sino en una directa y malvada rebelión contra Dios, apostatando de sus leyes. Ellos pecaron a sabiendas y deliberadamente. Maquinaron hacer lo malo. Hicieron a un lado todas las salvaguardias del Plan de Salvación para prevenir el vicio y la miseria y rechazaron desafiantes las insinuaciones del Santo Espíritu. La desunión, las disensiones, la violencia, el odio, el derrame de sangre, el saqueo cubrían toda la tierra, y los hombres pensaron continuamente el mal.

 

Vers. 20-22. El poder para reconocer la verdad es un don del Espíritu Santo. Cuando Noé profetizó acerca del diluvio, la gente pudo haber sabido por sí misma si él decía la verdad si hubieran buscado conocimiento por medio del Espíritu Santo. Hoy en día podemos saber si nuestros líderes dicen la verdad del mismo modo.

¿Cómo sabe uno cuando los profetas están hablando como profetas? Uno puede esperar hasta que lo que han declarado sea verificado por la historia, pero entonces la advertencia de regresar a las sendas de la justicia no sirve para nada. Uno debe saber que está siendo guiado por un hombre que habla por Dios. Tal conocimiento puede tan sólo venir por medio de un conocimiento de la naturaleza de Dios, de su voluntad para sus hijos, sus leyes y preceptos, etc. de manera que cuando el profeta hable, sus palabras puedan ser sopesadas por su consistencia con lo que Dios ya ha dicho. El profeta puede declarar, sin embargo, algo nuevo en asuntos de preceptos, pues los hombres han de crecer de precepto en precepto. Cuando esto es así, el nuevo precepto no estará en desacuerdo con el propósito de Dios de ennoblecer a sus hijos y guiarles a una realización más completa de su potencial eterno. Para ayudar a sus hijos a adherirse a la senda de la verdad, el Señor ha dado su Santo Espíritu para ser un guía. Si una persona ha escuchado la voz del Espíritu y la ha reconocido en su vida, sabrá con certitud cuando el profeta habla la voluntad del Señor. Aquellos viviendo en la época de Noé pudieron haber sido bendecidos por la advertencia dada a ellos del diluvio que se aproximaba, pero el Espíritu del Señor había llegado a no ser fieles a causa de la dureza de sus corazones.

 

23 Y sucedió que Noé continuó su predicación al pueblo, diciendo: Escuchad y dad oído a mis palabras;

24 creed y arrepentíos de vuestros pecados y bautizaos en el nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, tal como nuestros padres, y recibiréis el Espíritu Santo, a fin de que se os manifiesten todas las cosas; y si no hacéis esto, las aguas vendrán sobre vosotros. Sin embargo, no escucharon.

 

Vers. 23-24. Noé continuó su predicación. Sin desmayos y sin cansarse, Noé persistió en su intento de despertar en las mentes de los hombres, el sentimiento de su deber para con Dios, y sacarlos del letargo en el que Satanás los había postrado.

Su clamor fue “creed y arrepentidos; bautizaos en el nombre de Jesucristo, aún como nuestros padres; y recibiréis el Espíritu Santo”. El les explicó que el Espíritu Santo les haría saber la verdad de todas las cosas, y les manifestaría el poder de Dios para su salvación. Pero a pesar de toda la diligencia de Noé en predicar el evangelio de Jesucristo, los hijos de los hombres no fueron capaces de prestar atención a la advertencia de que a menos que se arrepintieran, y del todo abandonaran el mal, las aguas del diluvio los cubrirían.

 

25 Y le pesó a Noé, y se afligió su corazón de que el Señor hubiese formado al hombre sobre la tierra, y se apesadumbró su corazón.

26 Y el Señor dijo: Raeré al hombre que he creado de sobre la faz de la tierra, tanto hombre como bestia, y lo que se arrastra, y las aves del cielo, pues le pesa a Noé que yo los haya creado y hecho; y me ha invocado, porque han intentado quitarle la vida.

27 Y así Noé halló gracia ante los ojos del Señor; porque Noé fue un hombre justo y perfecto en su generación; y anduvo con Dios, así como sus tres hijos, Sem, Cam y Jafet.

 

Vers. 25-27. “…el Señor dijo: Raeré al hombre…”. Noé se sintió desanimado y adolorido al ver que las gentes con quienes había trabajado en bien de la justicia no prestaron atención a sus palabras, sino más bien acrecentó su maldad día a día. En lo más íntimo de su ser le pesó que Dios hubiese puesto al hombre sobre la tierra.

Raeré al hombre. Esto nos hace recordar la manera en que decretó sobre ellos. “Tu me dejaste, dice Jehová, atrás te volviste, por tanto yo extenderé sobre ti mi mano y te destruiré. Estoy cansado de arrepentirme… desbarataré mi pueblo; no se tornaron de sus caminos” (Jeremías 15:1-7). De la misma manera, muchos años antes el Señor, cansado de la continua inclinación del hombre hacia el mal declaró su decisión: “Raeré al hombre que he creado de sobre la faz de la tierra, tanto hombre como bestia y las cosas que se arrastran, y las aves del cielo”. El Señor apreció los esfuerzos dirigentes de Noé por proclamar su santa palabra, y por lo tanto no lo abandonó, y salvó la vida de Noé, tal como se lo había prometido, siendo que los malvados quisieron quitarle la vida.

Noé halló gracia en los ojos del Señor. Noé fue justo en todos sus caminos. El Señor estuvo complacido con él porque también fue “perfecto en su generación”. El tuvo constante comunión con Dios. Su mayor preocupación fue servirlo; el enseñó a sus hijos en las vías del Señor. Y es así que tanto él como sus hijos anduvieron con Dios.

 

28 La tierra se corrompió delante de Dios, y se llenó de violencia.

29 Y miró Dios la tierra; y he aquí, estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.

30 Y dijo Dios a Noé: Ha llegado para mí el fin de toda carne, porque la tierra está llena de violencia; y he aquí, destruiré a toda carne de sobre la tierra.

 

Vers. 28-30. “Ha llegado para mí el fin de toda carne”. Es probable que los matrimonios mixtos entre los blancos y los hijos de los hombres de piel negra, al cabo de un período prolongado de tiempo haya contaminado la sangre de los antediluvianos, llegando a predominar tanto la sangre de Caín, que en consecuencia ninguno pudo poseer el Sacerdocio de Dios. Dios observó que toda la tierra se había corrompido y llenado de violencia. Nadie en ninguna forma trató de servir al Señor, excepto Noé y su familia, así que el Señor con hondo pesar declaró: “Destruiré toda carne de sobre la tierra”.

“Y vinieron los diluvios y todos los hombres se ahogaron en sus aguas, excepto Noé y sus hijos”.

 

Noé y sus hijos Sem, Cam y Jafet eran hombres justos que habían escuchado y obedecido los mandamientos del Señor, por lo cual Dios hizo un convenio con ellos y sus hijos.

Los jóvenes Santos de los Últimos Días encaran tanto peligro de perder su primogenitura como las hijas de Sem, Cam y Jafet si escogen a sus parejas de entre aquellos que no escuchan al Señor.

Antes de que los israelitas entrasen a la tierra de Canaán, Moisés les dio algunas instrucciones concernientes a los habitantes de la tierra, él dijo:

“Cuando Jehová tu Dios te haya hecho entrar en la tierra en la cual tú has de entrar para poseerla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, y al gergeseo, y al amorreo, y al cananeo, y al ferezeo, y al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más fuertes que tu,

“y cuando Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo. No harás con ellos alianza ni les tendrás misericordia.

“Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo ni tomarás a su hija para tu hijo.

“Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros y pronto te destruirá.

“Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera y quemaréis sus esculturas en el fuego” (Deuteronomio 7:1-5).

Cuando se habla de destrucción en el contexto, la palabra significa trastornar el poder, esto es destruir el gobierno o poder de las naciones de Canaán en vez de destruir a los individuos. Naturalmente algunos morirían como sucede en cada batalla, sin embargo el concepto de destrucción usado aquí no iba dirigido a los individuos si no a sus gobiernos.

El Señor no deseaba que los israelitas entregasen sus hijos en matrimonio a los canaanitas, que eran idólatras.

El Libro de Moisés contiene dos instancias en las que se advierte en términos perentorios al pueblo escogido de Dios que no se casen con gente que no participe de su fe. Caín se casó con la hija de uno de sus hermanos (el texto no indica específicamente que su esposa fuera una no creyente) (Moisés 5:28). Puesto que Adán y Eva tenían razón para lamentarse por Caín y sus hermanos, asumimos que era causa de que no eran creyentes. Cuando las hijas de Sem, Cam y Jafet se casaron con los hijos de los hombres que no habían escuchado a Noé, el Señor se disgustó y le dijo a Noé que esas muchachas se habían vendido (Moisés 8:13-15). Moisés advirtió a los israelitas del mismo peligro en su época. Y en la misma manera narró la pérdida de la familia de Lot por la misma razón (Génesis 19).

Uno de los estupendos testimonios de la Perla de Gran Precio es dado en referencia de Noé y sus tres hijos Sem, Cam y Jafet. Éstos eran hombres justos y santos que “andaban con Dios” (Moisés 8:27). Dios hizo convenio con estos hombres luego del diluvio, y es bueno recordar este hecho al examinar la posteridad de Cam. Nada en las escrituras ahora existentes indica que Cam no fuera un hombre que buscaba escrupulosamente guardar los mandamientos del Señor.

Es significativo que de todos los pecados de los hijos de los hombres y las hijas de los hijos de Dios que pueden haber sido mencionados, el escritor del relato destacó el matrimonio fuera de la fe verdadera. ¿Por qué una persona joven nacida bajo el convenio del evangelio eterno busca el casarse fuera de la fe? ¿Dónde tiene sus valores esta persona? Tales matrimonios están generalmente basados en atracciones temporales. Sin la compatibilidad espiritual de una fe compartida en el hogar, sin ideales compartidos, el matrimonio corre un alto riesgo de terminar en desdicha y aún en divorcio. Se van las bendiciones del sacerdocio, los lazos eternos y la exaltación dentro de la unidad familiar.

El matrimonio fuera de la fe parece haber sido directamente la causa de la mucha iniquidad que prevalecía en la tierra antes del diluvio. En D. y C. 101:39-40 tenemos un ejemplo de lo que el Señor espera de los miembros de su Iglesia hoy en día. De aquellos que tienen la luz se espera que sean una luz para sus semejantes.

 

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