“La visión de Enoc y la muerte de Adán”

 

W. Cleon Skousen, Los Primeros 2.000 Años

Cap. 19: “La visión de Enoc y la muerte de Adán”

 

¿Cuál es el “segundo consolador” que fue dado a toda la Ciudad de Enoc? ¿Qué quiere decir el Señor cuando Él promete que vendrá y “morara” con el pueblo? ¿Fueron algunos pocos en la Ciudad de Enoc que no recibieron el “segundo consolador” o finalmente todos calificaron?

¿Qué tan influyente llegó a ser la Ciudad de Enoc?

¿Sabía Enoc que su ciudad y su gente iban a ser trasladados? Cuando el Señor mostró a Enoc una visión del resto de la gente, ¿por qué lloró el Señor?

¿Qué tan inicua era la gente que vivió en los días de Noé? Cuando el Señor le mostró a Enoc una visión personal e íntima de sus vidas, ¿qué efecto tuvo esto sobre Enoc?

¿Cuál fue la reacción de Enoc cuando el Señor le mostró que prácticamente la raza humana entera sería destruida en el gran diluvio? ¿Qué le pidió Enoc al Señor que hiciera?

¿Tuvo Enoc una visión de la venida de Jesucristo en la carne? Entonces, ¿qué fue lo que se le mostró a Enoc que le causó un gran impacto?

¿Qué se le mostró a Enoc concerniente a los últimos días? El Señor declaró que la Ciudad de Enoc completa algún día retornará a la tierra. ¿Cuándo será?

Tres años antes de la muerte de Adán, Enoc asistió a una gran conferencia. ¿Dónde fue y cuál fue el propósito? ¿Quién fue el secretario en esa conferencia? Un evento inusual ocurrió en esta conferencia, ¿cuál fue?

¿Qué edad tenía Adán cuando murió? ¿Qué edad tenía Enoc en ese tiempo? ¿Qué edad tenía Enoc cuando su pueblo fue trasladado? ¿Algunos de los otros patriarcas fueron trasladados con él? ¿Tienen que pasar por otro cambio el pueblo de Enoc antes de convertirse en seres resucitados? ¿Cuál es su condición presente? ¿Cuál es su misión?

 

El Señor mora con el pueblo de Enoc

Las escrituras registran una circunstancia muy inusual que ocurrió durante el ministerio de Enoc. Declara que el “Señor vino y habitó con su pueblo, y moraron en rectitud.”[1] La intimidad de la asociación entre el Señor y el pueblo de Enoc en este momento era tal que ellos podían clamar a Él por guía continua e instrucción. Era el prometido Segundo Consolador –que fue dado ¡a toda la ciudad completa!

Como lo explicó José Smith: “¿Qué, pues, es este otro Consolador? No es nada más ni menos que el Señor Jesucristo mismo; y ésta es la substancia de todo el asunto: que cuando un hombre recibiere este último Consolador, tendrá la persona de Jesucristo para atenderlo o aparecerle de cuando en cuando, y aun le manifestará al Padre, y harán morada con él, y le serán descubiertas las visiones de los cielos, y el Señor lo instruirá cara a cara y podrá alcanzar un conocimiento perfecto de los misterios del reino de Dios; y ésta es la dignidad y posición que alcanzaron los antiguos santos cuando vieron tan gloriosas visiones…”[2]

Los Santos en los días de Enoc tuvieron este gran privilegio. Es cierto, sin embargo, que las apariciones del Señor al pueblo no eran eventos promiscuos tales como aparecerse en las calles o en público. Era una ocasión sagrada probablemente reservada para el Lugar Santísimo en el templo.[3]

Siendo un personaje de espíritu en este tiempo, la única manera en como el Señor se manifestaría asimismo al pueblo sería “en gloria”[4] y sin duda tales apariciones fueron reservadas para ocasiones especiales y para cumplir con necesidades especiales. El Señor probablemente dijo al pueblo de Enoc como posteriormente El diría a los Israelitas a través de Moisés: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos… Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria… Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.”[5]

Así que indudablemente fue allí –en el santuario de una casa “construida a Dios”– que la gloria de Dios era manifestada, y era solo en una muy sagrada y solemne ocasión que a los siervos del Señor les era permitido entrar en Su presencia. Se cree que circunstancias similares prevalecieron en los días de Enoc y que cuando la escritura declara que el “Señor vino y habitó con su pueblo,” significa que Él se apareció en muchas ocasiones en el santuario del templo el cual ellos construyeron para ese propósito.

Después de que Enoc y los líderes hubieron sido perfeccionados y pudieron entrar en la presencia de Dios, ellos trabajaron con todo su poder hasta que eventualmente todo el pueblo de la gran ciudad llegó a ser digno del mismo privilegio.[6]

Durante los 365 años que la Ciudad de Enoc existió, sus ciudadanos gradualmente se convirtieron en el más influyente de todos los del pueblo. La escritura dice: “El temor del Señor cayó sobre todas las naciones, por ser tan grande la gloria del Señor que cubría a su pueblo. Y el Señor bendijo la tierra, y los de su pueblo fueron bendecidos sobre las montañas y en los lugares altos, y prosperaron.”[7]

 

Enoc ve la historia del mundo en una visión

Tan íntima y frecuentemente Enoc gozo de comunicación con el Señor que las escrituras hablan de Enoc como “anduvo con Dios.” El Señor parece haberle revelado cosas que quizá nunca habían sido reveladas. Una de las grandes visiones mostradas a Enoc fue la futura historia del mundo.

Primero, a Enoc se le mostró su propia ciudad y el contempló que con el paso del tiempo sería llevada de la tierra a un lugar que sería especialmente preparado para esto. Conforme Enoc contemplaba la escena, el Señor le dijo: “¡He allí mi morada para siempre!”[8] Entonces Enoc miró y vio a todos los que aún permanecerían en la tierra. “Y eran una mezcla de toda la descendencia de Adán, salvo la de Caín, porque los de la posteridad de Caín eran negros, y no tenían cabida entre ellos.”[9]

Entonces Enoc observó que a pesar de que él y los habitantes rectos de Sión serían llevados de la tierra, el evangelio continuaría siendo predicado y que muchos aceptarían el plan de salvación. El también observó que algunos de estos fieles conversos serían trasladados y recibidos entre los habitantes de la Ciudad de Sión.[10]

Enoc vio a los malvados que rechazarían el evangelio. El vio que no aceptarían la verdad –ni en sus filosofías ni en su conducta diaria. Conforme el Señor observaba estas huestes, lloró. Enoc se quedó atónito y dijo: “¿Cómo es posible que tú llores, si eres santo, y de eternidad en eternidad? Y si fuera posible que el hombre pudiese contar las partículas de la tierra, sí, de millones de tierras como ésta, no sería ni el principio del número de tus creaciones… ¿cómo es posible que llores?”[11]

Y el Señor dijo: “He allí a éstos, tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y les di su conocimiento el día en que los creé… y a tus hermanos he dicho, y también he dado mandamiento, que se amen el uno al otro, y que me prefieran a mí, su Padre, más he aquí, no tienen afecto y aborrecen su propia sangre; y el fuego de mi indignación está encendido en su contra; y en mi intenso desagrado enviaré los diluvios sobre ellos, porque mi furiosa ira está encendida en contra de ellos. He aquí, …de entre toda la obra de mis manos jamás ha habido tan grande iniquidad como entre tus hermanos. Más he aquí… Satanás será su padre, y miseria su destino; y todos los cielos llorarán sobre ellos, sí, toda la obra de mis manos; por tanto, ¿no han de llorar los cielos, viendo que éstos han de sufrir?”[12]

Estas inicuas multitudes del futuro a quien Enoc contempló, eran aquellos que serían los contemporáneos de Noé, y aunque vio la civilización de ese día, él no sabía la naturaleza de su maldad que causó que el Señor así como la eternidad completa llorara por ellos. Por tanto, el Señor le permitió ver a Enoc una muestra de los vicios y prácticas degeneradas que prevalecerían entre ellos y que harían de esta gente abominable por encima de la maldad de todas las otras criaturas a quien Dios había creado. Y cuando Enoc “vio las abominaciones y la miseria de ellos,” el “lloró y extendió sus brazos, y se ensanchó su corazón como la anchura de la eternidad.”[13]

Entonces el miró a Noé y a sus hijos trabajando con su pueblo, llamándolos al arrepentimiento.

El miró el absoluto rechazo de las multitudes de oyentes abucheándolos hasta que finalmente, por obediencia a los mandamientos de Dios, ellos construyeron un arca con la cual sus vidas serían salvadas. Y conforme Enoc miró la visión de la tierra completa siendo sumergida en el bautismo limpiador –tragándose a las naciones enteras y sus civilizaciones– el lloró con gran amargura dentro de su alma y dijo: “No seré consolado.” Pero el Señor suavizó el shock por lo que había visto mostrándole cuán rápido la tierra sería llenada nuevamente con los descendientes de Noé.

Entonces Enoc pidió que se le mostrara el día cuando el Señor vendría. Conforme la visión del ministerio de Cristo aparecía, el Señor dijo: “Será en el meridiano de los tiempos.” Y Enoc “vio el día de la venida del Hijo del Hombre en la carne; y se regocijó su alma.”[14]

A la conclusión de esta escena, Enoc miró sobre la tierra y escuchó la voz que salía de ella diciendo: “¡Ay, ay de mí, la madre de los hombres! ¡Estoy afligida, estoy fatigada por causa de la iniquidad de mis hijos! ¿Cuándo descansaré y quedaré limpia de la impureza que de mí ha salido? ¿Cuándo me santificará mi Creador para que yo descanse, y more la justicia sobre mi faz por un tiempo?”[15]

Al escuchar esta voz de lamentación Enoc suplicó al Señor y dijo: “Oh Señor, ¿no tendrás compasión de la tierra? ¿No bendecirás a los hijos de Noé?… Te ruego, oh Señor, en el nombre de tu Unigénito, que es Jesucristo, que tengas misericordia de Noé y su descendencia, para que las aguas nunca más vuelvan a cubrir la tierra.”[16]

Fue tan grande el fervor de Enoc que la escritura dice: “Y el Señor no pudo resistir; e hizo convenio con Enoc, y le juró con juramento que detendría las aguas; que visitaría a los hijos de Noé.”[17] El también confortó a Enoc expidiendo “un decreto inalterable de que un resto de su descendencia siempre se hallaría entre todas las naciones, mientras permaneciese la tierra.”[18] Esta profecía fue literalmente cumplida. Cada ser humano que vive ahora sobre la faz de la tierra posee algo de la sangre de Enoc en sus venas. Enoc fue el bisabuelo de Noé y a través de Noé todos nosotros somos hechos descendientes de Enoc.

La visión de la maldad de los hombres estimuló tanto el espíritu de ansiedad en Enoc que a pesar de estas grandes promesas que previamente se le habían hecho, el aún se sintió constreñido a inquirir más. Dijo el: “¿Descansará la tierra cuando el Hijo del Hombre venga en la carne? Te ruego me muestres estas cosas.”[19]

En respuesta el Señor dijo: “¡Mira!” Enoc difícilmente podía creer lo que contemplaban sus ojos. En vez de que el ministerio de Jesucristo trajera paz al mundo el miró que los hombres inicuos hundían clavos en las manos y pies del Mesías y lo levantaban en una cruz conforme a la costumbre de la Roma pagana. “Y oyó una fuerte voz; y fueron cubiertos los cielos; y todas las creaciones de Dios lloraron; y la tierra gimió; y se hicieron pedazos los peñascos.” Entonces Enoc contempló la gloria de la resurrección –no solo la de Cristo sino la de los Santos. Entre los hombres, sin embargo, la iniquidad continúo sin cesar. “Y Enoc lloró otra vez y clamó al Señor, diciendo: ¿Cuándo descansará la tierra?”[20]

La visión continuó. A Enoc se le mostró que después de la resurrección Jesús dejaría la tierra y volvería a Su Padre. Y cuando “Enoc vio al Hijo del Hombre ascender al Padre… se dirigió al Señor, diciendo: ¿No vendrás otra vez a la tierra?… Y el Señor dijo a Enoc: Vivo yo que vendré en los últimos días, en los días de iniquidad y venganza, para cumplir el juramento que te hice concerniente a los hijos de Noé… pero antes de ese día se obscurecerán los cielos, y un manto de tinieblas cubrirá la tierra; y temblarán los cielos así como la tierra; y habrá grandes tribulaciones entre los hijos de los hombres, más preservaré a mi pueblo.”[21]

El Señor confortó aún más a Enoc diciéndole que en los últimos días los justos serían recogidos “de las cuatro partes de la tierra a un lugar que yo prepararé, una Ciudad Santa, a fin de que mi pueblo ciña sus lomos y espere el tiempo de mi venida; porque allí estará mi tabernáculo, y se llamará Sión, una Nueva Jerusalén.”[22]

En este punto en la visión, a Enoc se le mostró que cuando la Ciudad de Sión o la Nueva Jerusalén fuera establecida en los últimos días sería la señal del retorno de Enoc y de su pueblo a la tierra después de una ausencia de ¡cinco mil años! Dijo el Señor: “Entonces tú y toda tu ciudad los recibiréis allí, y los recibiremos en nuestro seno, y ellos nos verán; y nos echaremos sobre su cuello, y ellos sobre el nuestro, y nos besaremos unos a otros; y allí será mi morada, y será Sión, la cual saldrá de todas las creaciones que he hecho; y por el espacio de mil años la tierra descansará.”[23]

Enoc contempló la Segunda Venida de Cristo y la inauguración del milenio “aun hasta el fin del mundo.” El vio la santificación de la tierra, el establecimiento de los rectos y la hora de su redención. Así concluyó la visión de Enoc y conforme él miraba y contemplaba la culminación exitosa del divino programa que había enmarcado y planeado por el Señor antes de la fundación del mundo, el “recibió una plenitud de gozo.”[24]

 

Enoc es hecho secretario en la conferencia especial convocada por nuestro Padre Adán

En el año 3,073 a.C., cuando Enoc tenía 305 años, una gran conferencia de la Iglesia fue convocada por nuestro Padre Adán. No fue realizada en la Ciudad de Enoc ni en ninguna parte de la tierra de Cainán sino que fue realizada en el valle de Adán–ondi–Ahmán, el antiguo hogar del primer patriarca, que estaba localizada cerca de cuarenta millas al norte del original Jardín de Edén. Debió haber habido un gran revuelo entre el pueblo de Dios cuando llegó la noticia de que el envejecido Adán deseaba reunirse con todo “el resto de los de su posteridad que eran justos.” Ellos probablemente migraron como un gran grupo para participar en esta histórica reunión familiar, y posiblemente en ningún momento de la historia del mundo –ni antes ni después– ha habido una conferencia de Santos comparada con esta.

Para este tiempo, Adán tenía 927 años y “lo agobiaba el peso de sus años.”[25] El propósito de la conferencia era darle la oportunidad de otorgar sobre su posteridad recta una bendición final, porque él sabía que estaba a punto de morir. Enoc fue señalado como secretario de la conferencia y registró con detalle los emocionantes eventos que ocurrieron en esta ocasión.[26] Entre aquellos presentes, se hace especial mención de aquellos que eran herederos directos al Sacerdocio, incluyendo: Set, Enoc, Cainan, Mahalaleel, Jared, Enoc y Matusalén, “todos ellos sumos sacerdotes.”[27] No se nos informa si Lamec, el hijo de Matusalén, estuvo presente. Él había sido llamado al Sacerdocio veintidós años antes y había sido ordenado por Set, pero él es el único heredero al Sacerdocio que no se da crédito de haber estado presente en esta conferencia. Quizá él había sido llamado para alguna misión especial que evitó su asistencia.

La primera parte de la conferencia fue conducida por nuestro Padre Adán quien llamó a sus hijos para darles su última bendición de padre. Entonces, en el clímax de la reunión, la gloria del Señor se manifestó súbitamente en medio de ellos y la personalidad del omnipotente Jehová se puso delante de ellos para honrar al Anciano de Días. Este testimonio del amor del Señor por este primer hombre de todos los hombres estimuló tanto el entusiasmo de la congregación que todos se pusieron de pie y bendijeron el nombre de Adán, llamándolo Miguel, el poderoso príncipe y arcángel –su valiente líder en la preexistencia.

Entonces Jehová pronunció Su bendición sobre ese devoto pionero de la primera dispensación. Dijo Él:

“Te he puesto para estar a la cabeza; multitud de naciones saldrán de ti, y tú ¡les serás por príncipe para siempre!”[28]

“Y Adán se puso de pie en medio de la congregación, y a pesar de que lo agobiaba el peso de sus años, lleno del Espíritu Santo, predijo todo cuanto habría de sobrevenir a su posteridad hasta la última generación.”[29]

 

Adán muere

Así terminó esta gloriosa conferencia. Conforme la basta asamblea se preparaba para regresar a su hogar debieron de haber dirigido su mirada sobre el grandemente amado Adán con emociones combinadas de amor y dolor. Debieron haber sabido que para la mayoría de ellos, esta era la última vez que contemplaban a este anciano patriarca en la mortalidad. Él una vez perfecto en estatura “creado a la imagen de Dios,” había sido marchitado por el tiempo. Con toda probabilidad el brazo fuerte que antes ejerció su fuerza ahora temblaba en una muleta. Los ojos estaban atenuados, sus hombros doblados. La voz temblaba y el rostro reflejaba el dolor ocasional que le producía su tan duradero tabernáculo. Las arenas del tiempo corrieron sin parar, y las semillas de la muerte que Adán había llevado a su sistema en el Jardín de Edén estaban cobrando su cuota.

Al advertir a Adán concerniente al fruto del árbol del conocimiento, el Señor había dicho: “el día en que de él comieres, de cierto morirás.”[30] Al momento que esta declaración fue hecha, la tierra era “según el tiempo del Señor, que era según el tiempo de Kólob; porque hasta entonces los Dioses aún no le habían señalado a Adán su manera de calcular el tiempo.”[31] Y el Señor explicó que la duración de un día de acuerdo al tiempo de Kólob es “mil años” del tiempo señalado a la tierra en su estado presente y caido.[32] Por lo tanto, la palabra del Señor había restringido la vida de Adán a algo menos que mil años. Ese período de tiempo estaba a punto de terminar.

Fue tres años después de esta gran conferencia en Adán–ondi–Ahmán, que el primer patriarca de la raza terminó su misión terrenal. Él tenía 930 años cuando murió.[33] Esto fue en el año 3.070 a.C. Set tenía ahora exactamente 800, Enós tenía 695, Cainán tenía 605, Mahalaleel tenía 535, Jared tenía 470, Enoc tenía 308, Matusalén tenía 243, y Lamec tenía 56.

Estos descendientes patriarcales de Adán probablemente se quedaron con un silencio reflexivo conforme la misión mortal de Adán llegaba a su fin. Cada uno de ellos debe haber reflexionado sobre esta gran y última experiencia que es el camino de toda carne, –una experiencia que vendría a cada uno de ellos algún día; todos ellos, a excepción de Enoc. Para él, El Señor había proporcionado otra manera.

 

La Ciudad de Sión es trasladada y removida de la tierra

En el año 2.948 a.C, cuando Enoc tenía 430 años,[34] él y la población completa de la Ciudad de Sión fue trasladada y removida de la tierra a otro planeta. Este proceso de transfiguración fue una metamorfosis física remarcable donde las semillas de la muerte fueron neutralizadas dentro de ellos y sus cuerpos quedaron sujetos a un sistema más elevado de leyes físicas. Cuando esta misma experiencia le sucedió a los discípulos Nefitas ellos dijeron que el cambio fue tan grande que al principio no pudieron explicar si habían sido liberados de sus cuerpos enteramente.[35] Entonces se dieron cuenta que aún tenían sus cuerpos pero que ya no eran una carga para ellos. Ni estaban sujetos a los requerimientos físicos a los que estaban acostumbrados. “Porque les pareció como una transfiguración habida en ellos, como que fueron cambiados de este cuerpo de carne a un estado inmortal, de modo que pudieron contemplar las cosas de Dios… Y eran arrojados en la prisión por aquellos que no pertenecían a la iglesia. Y las prisiones no podían contenerlos, porque se partían por la mitad. Y eran arrojados en la tierra; pero herían la tierra con la palabra de Dios, de tal modo que por su poder eran librados de las profundidades de la tierra; y, por tanto, no podían cavar fosos de hondura suficiente para contenerlos.

“Y tres veces fueron arrojados en un horno, y no recibieron daño alguno. Y dos veces fueron arrojados en un foso de animales feroces; y he aquí, jugaron con las fieras como un niño con un cordero de leche, y no recibieron ningún daño.”[36]

Este súbito refinamiento fue dado a todos los habitantes de la Ciudad de Sión. También a todas sus posesiones. Como lo comentó el Presidente Brigham Young: El (Enoc) obtuvo poder para trasladarse a sí mismo y a su pueblo, con la región que ellos habitaban, sus casas, jardines, campos, ganado y todas sus posesiones.”[37]

Pero a pesar de que parecía que habían asumido las características de los seres inmortales, ellos sin embargo, no habían obtenido el grado de refinamiento que es disfrutado por los seres resucitados. Como José Smith explicó en un discurso muy iluminador sobre este asunto: “La doctrina de la traslación es un poder que corresponde a este sacerdocio. Hay muchas cosas que pertenecen a los poderes del sacerdocio y sus llaves, las cuales han permanecido ocultas desde antes de la fundación del mundo; y se han retenido de los sabios y los prudentes para ser reveladas en los postreros tiempos. Muchos han supuesto que la doctrina de la traslación era una doctrina mediante la cual los hombres eran llevados inmediatamente a la presencia de Dios y a una plenitud eterna, pero ésta es una idea errónea. El lugar donde habitan es según el orden terrestre, y a fin de que fuesen ángeles ministrantes a muchos planetas, Dios apartó un lugar preparado para estos individuos que todavía no han alcanzado una plenitud tan grande como los que han resucitado de los muertos.”[38]

El pueblo de Enoc está por lo tanto cumpliendo una misión muy importante.

“Por la traslación se obtiene alivio de los tormentos y sufrimientos del cuerpo, más su existencia será más larga, respecto de las obras y afanes del ministerio, antes que puedan entrar en tan grande descanso y gloria como el que recibirán en la resurrección.”[39]

En la revelación moderna, el Señor hace referencia al hecho de que “Enoc y sus hermanos… que fueron separados de la tierra y a quienes recibí: una ciudad reservada hasta que venga un día de rectitud.”[40] Ese “día de rectitud” será al inicio del milenio.[41] En aquel tiempo Enoc y su pueblo retornarán a la tierra y se reunirán con los Santos de los Últimos Días en la Ciudad de Sión o Nueva Jerusalén que será construida durante esta presente dispensación.[42] Esto ocurrirá al inicio de la Segunda Venida de Cristo, e inmediatamente después, el pueblo de Enoc indudablemente recibirá la misma bendición que fue prometida a los Tres Nefitas y a Juan el Amado. El Señor dijo: “Cuando yo venga en mi gloria, seréis cambiados de la mortalidad a la inmortalidad en un abrir y cerrar de ojos… y ser recibidos en el reino del Padre para nunca más salir, sino para morar con Dios ¡eternamente en los cielos![43]

Debió haber sido una noticia muy importante que se esparció entre el pueblo después de la traslación de Sión. El dicho fue por todas partes: “¡Sión ha huido!”[44] La versión abreviada de la Biblia simplemente dice: “Enoc… desapareció, porque le llevó Dios.”[45] Este pasaje siempre ha dejado perplejos a los estudiosos y no fue sino hasta que recibimos la restauración del Génesis que los emocionantes detalles concernientes a la traslación de Enoc y Sión se llegaron a conocer.

 

Notas

[1] Moisés 7:16

[2] Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 150–151

[3] Éxodo 25:22; 26:34

[4] Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 162

[5] Éxodo 25:8; 29:43, 45

[6] Moisés 7:69

[7] Ibid. 7:17

[8] Ibid. 7:21

[9] Ibid. 7:22

[10] Ibid. 7:27

[11] Ibid. 7:29–31

[12] Ibid. 7:32–37

[13] Ibid. 7:41

[14] Ibid. 7:47

[15] Ibid. 7:48

[16] Ibid. 7:49–50

[17] Ibid. 7:51

[18] Ibid. 7:52

[19] Ibid. 7:54

[20] Ibid. 7:58

[21] Ibid. 7:62

[22] Ibid. 7:62

[23] Ibid. 7:63–64

[24] Ibid. 7:67

[25] D. y C. 107:53, 56

[26] Ibid. 107:57

[27] Ibid. 107:53

[28] Ibid. 107:55

[29] Ibid. 107:56

[30] Moisés 3:17

[31] Abraham 5:13

[32] Ibid. 3:4

[33] Moisés 6:12

[34] D. y C. 107:49

[35] 3 Nefi 28:15

[36] Ibid. 28:15, 19–22

[37] Disc. de Brigham Young, p. 162

[38] Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 170

[39] Ibid. p. 171

[40] D. y C. 45:11–12

[41] Moisés 7:62–64

[42] D. y C. 84:2–5

[43] 3 Nefi 28:8, 40

[44] Moisés 7:69

[45] Génesis 5:24