“La fundación de una época de oro”

 

W. Cleon Skousen, Los Primeros 2.000 Años

Cap. 18: “La fundación de una época de oro”

 

¿Por qué la vida congestionada de la ciudad tiene una tendencia a fomentar la delincuencia, la extorsión y la degeneración social?

¿Cuál fue la cosa más singular sobre el diseño de “la Ciudad de Sión”? ¿Permitía esto la expansión natural?

¿Tenemos bases para creer que la Ciudad de Enoc tenía un templo?

¿Es la “Orden de Enoc” simple o compleja para operar? ¿Requiere de una gente cuidadosamente preparada para hacerla exitosa o podría cualquier comunidad hacerla funcionar?

¿Puedes explicar el marco básico de la Orden de Enoc? ¿Enfatiza ésta el principio de la mayordomía o propiedad comunal de bienes? ¿Tenían algunas de las personas propiedades “privadas”? ¿Qué tan importante es el individuo bajo este sistema?

Los obispos en la Orden de Enoc trataron de enseñar a cada persona como ser auto suficiente. ¿Crees que ésta fue la razón por la que ellos finalmente no tuvieron pobres entre ellos?

Cuando una persona se unía a la Orden de Enoc, ¿quién decidía cuánto debería esa persona recibir como su mayordomía? ¿Era importante para el mayordomo sentirse satisfecho con la imparcialidad del acuerdo? ¿Qué procedimiento se siguió para asegurarse de que hubiera armonía y buena voluntad?

¿Podía una persona dejar la Orden de Enoc cuando ella quisiera?

¿Alguna vez has comparado los detalles de la Orden de Enoc con los principios del Comunismo? ¿Tienen algo en común? ¿Clasificarías la Orden de Enoc como un sistema de comunismo o un sistema de libre empresa?

¿Los primeros Cristianos practicaron el comunismo? ¿Hay alguna evidencia de que practicaron el principio de la mayordomía? ¿Sabes si ha habido algunos intentos de hacer funcionar el “Comunismo Cristiano”? ¿Sabes por qué fallaron estos intentos? ¿Qué dijo José Smith sobre las “acciones comunes” o comunismo?

 

Se establece la Ciudad de Sión

La paz es la madre de la prosperidad. Tan pronto como los enemigos de Enoc hubieron dejado al pueblo de Dios, éste empezó a florecer por toda la tierra.[1] Como ya hemos indicado previamente, este gran recogimiento de los primeros Santos probablemente ocurrió en la tierra de Cainán dado que sabemos que éste era el territorio especialmente designado como “la tierra prometida” y fue el lugar donde el pueblo justo había ido para establecerse desde los días de Enós.[2]

Hasta este tiempo parece que los miembros de la Iglesia se habían dedicado casi por completo a las ocupaciones del pastoreo. De hecho, era tradicional con los patriarcas tanto antes como después del Diluvio, desalentar las concentraciones congestionadas de población. Todas las referencias previas a la vida citadina y a las ocupaciones industrializadas (las cuales, por supuesto, usualmente prosperan solamente en los grandes centros de población) son todas atribuidas a los segmentos inicuos de la humanidad.[3]

Esto no significa, sin embargo, que Dios se enfada con la industria y la vida citadina como tal. Esto solo significa que a menos que un pueblo esté particularmente bien disciplinado ellos no pueden pagar el precio de los riesgos sociales de estar concentrados en un área estrechamente confinada solo por las escasas ventajas económicas que esto puede representar. Bajo tales condiciones se sabe que un pueblo completo degenera en el crimen, extorsión, fraude y corrupción en una sola generación. Sin embargo, Dios mismo es un constructor de ciudades, pero Sus diseños y Su manera de administrar los asuntos de esas ciudades son bastante diferentes de aquellas que han prevalecido entre las ciudades de los hombres, tanto en tiempos pasados como modernos.

Fue durante el período particular de tiempo que estamos ahora estudiando que Dios se vio obligado a levantar lo que parece haber sido la primera ciudad de dirección divina en la historia del mundo. La escritura dice que en anticipación de este gran esfuerzo organizativo para construir la ciudad para el Señor, “Enoc continuó su predicación en justicia al pueblo de Dios.”[4] El buscaba prepararlos social, económica y espiritualmente. Y esto describe los resultados de su labor: con el paso del tiempo, “El Señor llamó SIÓN a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres entre ellos.”[5]

Entonces la escritura continua: “Y aconteció que en sus días él edificó una ciudad que se llamó la Ciudad de Santidad, a saber, SIÓN.”[6] No existe descripción detallada de esta ciudad, pero quizá podamos asumir que se asemejaba mucho al patrón revelado para “La Ciudad de Sión” que sería construida en tiempos modernos. En este patrón, la ciudad fue dividida en manzanas de diez acres (40.469 m2) cada una. Las calles de la ciudad tenían el mismo ancho, 132 pies (40,23 m.), dejando espacio para las banquetas y estacionamiento de veinte pies (6,1 m.). Las manzanas centrales se reservaron para templos, escuelas, lugares de adoración, edificios públicos y almacenes. Las manzanas exteriores fueron divididas en lotes de sesenta y seis pies (20,12 m.) de ancho y 330 pies (100,58 m.) de largo, haciendo cada lote de un acre y medio (6.070 m2). “Ningún lote en esta ciudad debe contener más de una casa, y esta debe ser construida veinticinco pies hacia atrás de la calle, dejando un pequeño jardín al frente… el resto de los lotes serían para jardines; todas las casas serían construidas de ladrillo y piedra.”[7]

Concerniente a los suministros de la ciudad, el patrón revelado indicaba que “En el norte y en el sur serán establecidas las granjas para los agricultores, y suficiente cantidad de tierra para suministrar la parcela; y si no puede ser establecida sin ir muy lejos de la ciudad, debe ser también establecida (tierra para la agricultura) del este y oeste.”[8]

Concerniente al ganado, el patrón designaba cierto lugar justo afuera de los límites de la ciudad “para ser usado para graneros, establos, etc., para el uso de la ciudad de manera que ningún granero o establo estaría en la ciudad entre las casas.[9]

La cosa más inusual sobre este patrón para la ciudad fue su método de expansión. La plataforma original de la ciudad fue diseñada para cubrir solamente una milla cuadrada (2,59 km2) y se intentaba acomodar solo de quince a veinte mil personas. Concerniente al tiempo cuando este espacio sería lleno y hubiera necesidad de expandirse, la instrucción dice: “Cuando este cuadro sea establecido y abastecido, establecer otro de la misma forma, y así sucesivamente hasta llenar el mundo… permitir a cada hombre vivir en la ciudad, porque esta (todo el conjunto o grupo de comunidades independientes) es la Ciudad de Sión.”[10] En otras palabras, la economía, las ventajas educacionales y sociales de la vida citadina serían disfrutadas por todos y conforme la comunidad creciera sería automáticamente descentralizada con el fin de evitar la confusión, la congestión y la irresponsabilidad social la cual a menudo tipifica la vida de la ciudad en las metrópolis modernas promedio.

 

¿Tenía la Ciudad de Enoc un Templo?

Debido a que las escrituras no incluyen detalles concernientes a la Ciudad de Sión nosotros por supuesto no encontramos ninguna referencia a la construcción de templo. Sin embargo tenemos razones para creer que un templo sería uno de los sagrados edificios por los cuales Enoc sería instruido en construir al igual como el Señor lo mandó a la Iglesia hacer en nuestra propia dispensación. Cuando uno contempla el propósito y designio del templo y considera el hecho de que las ordenanzas que se reciben ahí dentro son eternas y universales en su aplicación así como las ordenanzas del bautismo y la confirmación, entonces puede ser apreciado que así como Adán y los primeros patriarcas fueron los primeros en recibir el bautismo y el don del Espíritu Santo, así mismo ellos serían los primeros en ser instruidos en las ordenanzas del templo.

El hecho de que en la dispensación de Enoc se requiriera construir un templo en la misma manera como en la dispensación que le siguió puede ser claramente visualizado de la propia declaración del Señor: “¿Cómo podré aceptar vuestros lavamientos, si no los efectuáis en una casa que hayáis erigido a mi nombre? Porque por esta causa le mandé a Moisés que construyera un tabernáculo, para que lo llevaran consigo por el desierto, y que construyera una casa en la tierra de promisión, (el Templo de Salomón) a fin de que se revelaran las ordenanzas que habían estado ocultas desde antes que el mundo fuese.”[11] Entonces El concluye declarando que los templos son algo “que a mi pueblo siempre se le manda construir a mi santo nombre.”[12]

Esto claramente muestra el patrón establecido tanto para tiempos antiguos como modernos. José Smith dice que el servicio del templo es de acuerdo “al orden perteneciente al Anciano de Días”, o Adán, lo cual demuestra la antigüedad antediluviana de estas ordenanzas.

Enoc tenía sesenta y cinco años cuando se establecieron los cimientos de la Ciudad de Sión.[13]

Este fue un año monumental para Enoc. El no solo fue bendecido con la visión de esta gran nueva sociedad de la cual el sería instrumento para establecer, sino que también fue el año en que su hijo y heredero al Sacerdocio, Matusalén, nació.[14]

Por razones que hemos previamente analizado, Adán parece no haber habitado con el pueblo en esta parte de la tierra, pero continuó manteniendo su residencia en Adán–ondi–Ahmán. Sin embargo, el sabio y benévolo primer patriarca debe haber requerido informes frecuentes de sus hijos en Cainán, y sin duda el encontró un gozo desbordante en el valiente trabajo de Enoc.

Sabemos que él estaba en cercana comunicación con este nuevo líder de los Santos y lo visitaba, porque el año en que la gran Ciudad de Sión fue fundada, Adán puso sus manos sobre la cabeza de Enoc y le dio su bendición patriarcal.[15]

 

La “Orden de Enoc”

Una de las características más sobresalientes de la sociedad que Enoc estableció, fue la manera en la cual el Señor lo instruyó para combinar los ideales religiosos de la gente con ciertos principios económicos divinamente inspirados. La práctica exitosa de estos principios resultó en una época de oro de prosperidad la cual continuo a través de la existencia terrenal de esta comunidad –un total de trecientos sesenta y cinco años.[16] Sabemos de revelaciones modernas que el sistema económico que fue llamado la “Orden de Enoc” –fue construido gracias a la disposición del pueblo a refinarse a sí mismo hasta el punto donde podían aceptar la “ley de consagración completamente.”

Cada hombre se consagraba a sí mismo y todo lo que poseía para el bienestar de su prójimo y la obra del Señor. Se convertía en guarda de su hermano, amando a su vecino como a sí mismo y trabajando con cada fibra de su interior para mejorar la seguridad y felicidad tanto de él mismo como de la comunidad. Esto no fue fácil. Como se indicó previamente, este programa progresa gradualmente y requiere tiempo y celo constante por parte de todo el pueblo (que fue tomado de entre todas las naciones) para lograr la singularidad de propósito, la cual la ley de consagración requería.

Los principios básicos que hacían funcional la Orden de Enoc son mejor entendidos hoy de lo que fueron por muchos siglos. Esto es porque estos principios fueron revelados nuevamente cuando el evangelio fue restaurado hace un poco más de cien años. Aunque la Iglesia nunca ha sido autorizada para practicar la Orden de Enoc excepto de una manera limitada,[17] sin embargo, se sabe lo suficiente sobre el programa completo para apreciar sus preceptos fundamentales. Brevemente, la Orden de Enoc requiere que aquellos que llegan a ser miembros de ella aceptan los siguientes preceptos como ciertos y evidentes:

Primero, que todas las cosas pertenecen al Creador y que los hombres son solo custodios de estos recursos y riquezas que Él ha puesto sobre la tierra para el beneficio de la humanidad. (D. y C. 104:15–17; 55–57)

Segundo, que la paternidad de Dios y la hermandad del hombre requiere que los seres humanos se cuiden unos a otros como miembros de la misma familia –la familia de Dios, y que ellos son directamente responsables por el bienestar del otro. (D. y C. 104:18)

Tercero, que en esta relación familiar se espera que cada persona haga su parte. Cada uno dará lo que tenga (mano de obra, habilidades, arte, administración, bienes, servicios) y en retribución, recibirá lo que necesita. Todos tienen un lugar en el programa, excepto un tipo de personas –el flojo. Bajo la Orden de Enoc, los administradores del sistema tenían prohibido dar los frutos del esfuerzo de otros a cualquier persona que pudiera, pero no trabajara. (D. y C. 42:42)

Cuarto, que los miembros de la Orden Unida deben tomar la responsabilidad de dar educación y asistencia a aquellos que estuvieran faltos de la habilidad o capacidad para proveer para sí mismos. Esto no solo era caridad hacia el pobre, sino un programa para proveer al pobre en las necesidades de la vida y entonces ayudarlo a convertirse en un miembro auto suficiente de la orden. El objetivo final –y uno que el pueblo de Enoc alcanzó– era no tener “pobres entre ellos.” (Moisés 7:18)

Quinto, que la propiedad privada y la dignidad del individuo debían ser preservadas. La propiedad privada de cada miembro de la orden era “según su familia, conforme a sus circunstancias, carencias y necesidades.” (D. y C. 51:3) “según sus carencias y necesidades si estas son justas.” (D. y C. 82:17) Todo lo que la persona pudiera producir por encima de sus necesidades y las de su familia sería donada al tesoro común de la Orden para el bienestar de otros menos afortunados. (D. y C. 42:33, 34, 55; 70:7–10) En cuanto a la dignidad e independencia del individuo, el Dr. John A. Widtsoe señala que en esta Orden, “cada hombre debe ser respetado como su propio agente. Él puede entrar a la Orden según su voluntad. Una vez dentro de la Orden, se le debe permitir usar, completamente, y como le plazca, las propiedades colocadas en sus manos. Él podría dejar la orden si lo deseaba.” (Church News, 15 Mayo de 1949, p. 23)

Es interesante observar los mecanismos que fueron seguidos para establecer el sistema. El hombre que deseaba entrar en la Orden consagraba todo lo que poseía por medio de un convenio y título irrevocable al Obispo Presidente de la Iglesia. El Obispo entonces regresaba al individuo, como mayordomía, todo lo que las habilidades y requerimientos del hombre justificaran, y colocaban cualquier superávit en el tesoro común de la Orden.

Durante esta transacción era muy importante que el Obispo y el solicitante llegaran a un acuerdo respecto a cuanto el solicitante debería recibir como mayordomía. Concerniente a esto, José Smith declaró: “El asunto de la consagración debe ser hecho por consentimiento mutuo de ambas partes; porque dar al Obispo el poder para decir cuánto debe tener cada hombre, y obligar a éste a cumplir con las decisiones del Obispo, es dar al Obispo más poder que el que tiene un rey; y, por otra parte, permitir a cada hombre expresar cuanto necesita, y obligar al Obispo a cumplir con sus peticiones es poner a Sión en confusión y hacer del Obispo un esclavo. El hecho es, que debe haber un balance o equilibrio de poder entre el Obispo y el pueblo; y esta armonía y buena voluntad debe ser preservada entre ustedes.

“Por lo tanto, aquellas personas que consagren sus propiedades al Obispo en Sión, y entonces reciban una herencia, deben mostrar razonablemente al Obispo que ellos realmente necesitan lo que piden. Pero en el caso que las dos partes no puedan llegar a un acuerdo mutuo, el Obispo no puede recibir tales consagraciones; y el caso debe ser turnado a un concilio de doce Sumo Sacerdotes…”[18]

De esto podemos ver que la Orden de Enoc fue colocada sobre una base práctica y negociable.

Un hombre recibía título completo sobre su mayordomía y luego se esperaba que tuviera la dignidad de mostrar cuanto podía hacer con ella a fin de multiplicar sus recursos y así mostrarse digno de ser asignado con más. Era un sistema estrictamente meritorio con el mayor énfasis posible depositado en la iniciativa individual.

Hay muchos detalles concernientes a los procedimientos administrativos en la Orden de Enoc que aún no han sido revelados pero tenemos suficiente información para ayudarnos a entender la constitución básica de la Orden y apreciar las bendiciones que daba a aquellos que se refinaban a sí mismos al punto de poder vivir en tal sociedad.

 

La Orden de Enoc y el Comunismo en comparación

Debe quedar claro de acuerdo a lo antes mencionado que la Orden de Enoc y los principios del Comunismo Marxista moderno están tan distantes como los polos. Ha habido una tendencia, sin embargo, a confundir los dos, y por lo mismo, una breve mención de cada sistema ayudará a compararlos.

 

ORDEN DE ENOC

COMUNISMO MARXISTA

PROPIEDAD: Es privada excepto por ciertos servicios comunales como los servicios públicos. Pertenece al estado, él la controla y la opera.
GANANCIAS: Son retenidas por el individuo “de acuerdo a su familia, de acuerdo a sus circunstancias, deseos y necesidades.” El superávit es donado al tesoro común de la Orden. (D. y C. 42:33; 70:7) No son permitidas las ganancias personales.
PARTICIPACION: Es voluntaria. Cada hombre es dueño de su propia mayordomía y puede discontinuar su afiliación en cualquier momento retirando su mayordomía de la Orden. (D. y C. 51:5) Es forzada. En la Rusia Soviética, por ejemplo, el castigo por intentar abandonar el sistema y huir del país era la muerte. (Edicto de Noviembre, 1929, párrafo 58 del código penal, edición de 1943) con cinco años en Siberia para la familia de uno (edicto de Junio, 1943).
LA FAMILIA: Son la base de la unidad social de la Orden. Poner sobre los miembros de la familia la obligación recíproca de velar por las necesidades materiales del otro. La Orden lo asume solamente cuando la familia falla por alguna razón en cumplir su función. (D. y C. 83:2-5) El Manifiesto Comunista declara: “¡La abolición de la familia!… La familia burguesa desaparecerá por supuesto… con la desaparición del capital.” (p.26) El matrimonio y las relaciones filiales se prohíben. El Manifiesto continúa: “Los Comunistas… desean introducir… una comunidad abiertamente legalizada de mujeres.” (p.28) Los hijos nacen mediante uniones de “amor libre” y son criados por el estado.
SEGURIDAD PERSONAL: Era primordial. El derecho a poseer un título de propiedad en calidad de mayordomía, permite a cada hombre disfrutar de total independencia incluso al punto de tomar su mayordomía fuera del sistema si se desea. Completamente subordinada a los representantes del estado. En la Rusia Soviética cada comunidad consistía de una gran “ciudad compañía” con todos los alojamientos en propiedad del gobierno. Los supervisores de la fábrica podían expulsar al trabajador de su casa por infracciones a la disciplina laboral (tales como tardanzas, ineficiencia, etc.) y éste no podía conseguir otra casa. (Edicto de Dic. 4, 1932)
COMPETENCIA: Es motivada. Cada hombre intenta probarse a sí mismo ser un “siervo útil” y entre más ingenio y eficiencia manifiesta, se le considera más útil. Prohibida. Los trabajadores tienen permiso de hacer sugerencias pero si la idea es rechazada, a nadie se le permite ir y “mostrar” que eso puede hacerse mejor y más barato que la forma en que el gobierno lo hace.
SUPERVISION: Es descentralizada. A cada hombre le es dada una amplia libertad en cuanto a la manera en cómo él desarrollará su propia mayordomía de la mejor manera posible. La opinión del Obispo es sobre los resultados finales. Altamente centralizada. Cada hombre es confinado a un empleo y debe ejecutarlo de acuerdo a un continuo flujo de instrucciones que emanan de los administradores del gobierno.
MORAL y RELIGION: Esta es la base de la Orden. Respeto por Dios y Su Sacerdocio es el suelo en el cual la Orden de Enoc hunde sus raíces, y los preceptos de alta moral que hacen de cada hombre el guarda de su hermano es el secreto de su éxito. Marx acuñó la frase: “La Religión es el opio del pueblo,” y entonces escribió en el Manifiesto Comunista: “comunismo suprime estas verdades eternas, suprime la religión y la moral, en lugar de darles una forma nueva, y por eso contradice a todo el desarrollo histórico anterior.”

 

La razón por la que muchos han confundido la Orden de Enoc o también llamada “Orden Unida” con el Comunismo es porque muchos estudiantes de la Biblia han mal interpretado el orden económico de los primeros Cristianos y han asumido que ellos eran “comunistas puros.” Esta idea errónea está basada en Hechos 2:44–45: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y los repartían a todos según la necesidad de cada uno.” También Hechos 4:32: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.”

 

¿Practicaron el Comunismo los primeros Cristianos?

Nótese, sin embargo, que esta descripción en Hechos de la sociedad económica que los primeros Cristianos establecieron, no es un tratado de la estructura legal de este acuerdo sino el espíritu que prevalecía sobre su empresa cooperativa. Así, al mantener el espíritu del nuevo evangelio, ellos miraban todo lo que poseían como parte de las propiedades de Dios que a ellos les era permitido disfrutar en común. Pero, nótese que ellos no acumularon sus propiedades juntas en acciones comunes.

Cada hombre simplemente “dijo” que las cosas que el poseía no eran suyas. Esto era una “actitud” de unidad y hermandad mutua que ellos estaban intentando construir entre ellos al guardar los principios que Jesús les había enseñado. Pero ellos continuaron disfrutando de un título legal de su propiedad y solamente vendieron lo que sintieron que era necesario con la finalidad de proveer para las necesidades de los pobres. Esto está claramente demostrado en el siguiente capítulo de Hechos.

Ananías y Safira vendieron una posesión para hacer una contribución a la Iglesia y luego se quedaron con una parte del dinero. Pedro los criticó por pretender que el dinero que habían dado a la Iglesia era el precio completo de la propiedad. Entonces él dijo: “Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.”[19]

En otras palabras, la propiedad quedaba legalmente en las manos de cada miembro como suya y éste tenía completo control sobre su uso. Contribuía con ello o lo retiraba según su voluntad. Esto era una contribución voluntaria. El pecado de Ananías y Safira fue su falsa declaración de que habían contribuido con el dinero total de la venta de la propiedad. Como Pedro les recordó, Y vendida, ¿no estaba en tu poder?” Ellos no tenían que haber contribuido con más de lo que deseaban, pero tampoco debían haber pretendido haber dado todo el dinero cuando en realidad solo dieron parte.

“Comentarios de la Biblia” de Dummelow tiene algo que decir concerniente a estos versículos que hemos citado previamente: “La Iglesia de Jerusalén reconocía los principios de la propiedad privada. La propiedad de un discípulo realmente era suya, pero él no decía que era suya; él la trataba como una propiedad común.”[20]

José Smith escribió en su diario: “Prediqué por aproximadamente una hora sobre el 2do capítulo de Hechos, designado para mostrar la locura de las acciones comunes. En Nauvoo cada quien es mayordomo de sus cosas.”[21]

La idea de propiedad comunal tal como lo defendía el Comunismo Marxista, es opuesta al principio de “mayordomía” que es la base del concepto Cristiano tanto en el Nuevo Testamento y Doctrina y Convenios. Los versículos en Hechos han sido mal interpretados. Como lo demuestra el incidente de Ananías y Safira, los primeros Cristianos retenían sus propiedades como una posesión personal pero hacían contribuciones voluntarias para el “bien común” si les era posible.

Es interesante también observar que la propiedad comunal viola cada instinto de la naturaleza humana. Destruye la iniciativa, nulifica el libre albedrio, suprime la exploración inventiva, minimiza la dignidad del individuo y hace un dios de una cosa abstracta llamada “El Estado” –a quien se le delega un control total y completo sobre la vida, la libertad y la propiedad. Durante la vida de Karl Marx, sus principios fueron puestos en práctica como base de la hermandad en casi cada país del mundo. Aunque él mismo, era violentamente ateo y dijo que su propósito en la vida era “destronar a Dios y al Capitalismo,” sin embargo, muchos pensaron que vieron en su programa los elementos de un Cristianismo utópico. Literalmente cientos de comunidades fueron organizadas por gente con buenas intenciones de hacer funcionar el Comunismo Marxista. Pero en ni una sola instancia se tuvo éxito.

Solamente cuando el revolucionario profesional, V.I. Lenin, puso a una nación completa bajo la espada fue capaz de forzar a un apreciable número de seres humanos a perseverar en las prácticas de la teoría comunista por un largo período de tiempo. Como muchos otros débiles sistemas de gobierno, este puede sobrevivir solo en una atmósfera de estado esclavizado, regido por un rey o dictador.

La inspirada Orden de Enoc por lo tanto no tiene nada en común con los principios sociales y económicos defendidos por Karl Marx. La Orden de Enoc fue diseñada para satisfacer necesidades humanas, no para destruirlas. Esta alentaba la iniciativa, estimulaba la competencia sana, cultivaba el ejercicio personal del libre albedrío, le daba a cada hombre sentido de la propiedad sobre su mayordomía y su desarrollo personal. Fue diseñada para dar a cada miembro una sociedad con Dios en el disfrute de la abundancia de la tierra.

 

Notas

[1] Moisés 7:17

[2] Ibid. 6:17

[3] Ibid. 5:42, 46

[4] Ibid. 7:19

[5] Ibid. 7:18

[6] Ibid. 7:19

[7] Doc. History of the Church, Vol. I p. 358–9

[8] Ibid.

[9] Ibid.

[10] Ibid.

[11] D. y C. 124:37–38

[12] Ibid. 124:39

[13] Comparar Moisés 7:68 con Moisés 8:1

[14] Moisés 6:25

[15] Idem.

[16] Moisés 7:68

[17] D. y C. 105:34

[18] Doc. History of the Church, Vol. I, p. 364–5

[19] Hechos 5:4

[20] Dummelow’s Bible Commentary, p. 824

[21] Doc. History of the Church, Vol. VI, p. 37

 

“El poder de los convenios”
D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles,
Conferencia General Abril 2009