“El Ministerio de Enoc”

 

W. Cleon Skousen, Los Primeros 2.000 Años

Cap. 17: “El Ministerio de Enoc”

 

Enoc recibió el Sacerdocio en una edad más temprana que los otros patriarcas excepto Noé. ¿Qué edad tenía Enoc cuando fue ordenado?

¿Qué curación milagrosa recibió Enoc en su juventud? ¿Podría haber cumplido su misión sin ella?

Como misionero, Enoc salió a hacer amigos para la causa de la rectitud. ¿Qué conclusión sacas de la frase de que cuando él empezó a hablar “los hombres se ofendían por causa de él”? (Moisés 6:37)

No hay nada en las escrituras que indique que Enoc era inusual o excéntrico. ¿Por qué piensas que la gente decía: “Vamos allá para ver al vidente, porque profetiza, y hay una cosa extraña en la tierra; ha venido un demente entre nosotros”? (Moisés 6:38)

¿Qué le preguntó Mahijah a Enoc? ¿Qué efecto tuvo la respuesta espiritual de Enoc sobre la gente que estaba escuchando? ¿Estaba predicando “Cristianismo” Enoc? ¿Predicó él en una sola o en varias naciones?

¿Qué gran tragedia predijo Enoc que involucraba a la simiente de Caín y al pueblo de Shum? ¿Por qué no le predicó a la simiente de Caín?

¿Qué hizo Enoc con la gente que se arrepintió y pidió unirse a la Iglesia? ¿A dónde fueron probablemente?

¿Qué crisis internacional se produjo como resultado de la misión de Enoc? ¿Es probable que los miembros de la Iglesia se pudieran haber defendido solos si lo hubieran intentado? ¿Habrían llegado a establecerse en sus nuevos hogares en un corto tiempo?

Aunque varios profetas habían sido autorizados para usar el poder del Sacerdocio plenamente rara vez lo hicieron. En esta ocasión Enoc se sintió justificado en salvar al pueblo por este medio. ¿Qué hizo él? ¿Cuál fue el resultado?

¿Qué le pasó a la tierra de la gente que vino a atacar al pueblo de Enoc? La ciudad de Enoc floreció por 365 años. ¿Fue alguna vez atacada de nuevo por alguna fuerza militar? ¿Explican las escrituras por qué?

 

Enoc recibe el Sacerdocio y una curación milagrosa

Cuando nuestro Padre Adán supo que Enoc había sido aprobado por Dios y había recibido una gloriosa revelación concerniente a los secretos de los cielos, él se apresuró a ordenarlo al Santo Sacerdocio. Enoc tenía solamente veinticinco años de edad en esa ocasión.[1] Fue extremadamente inusual para Adán ordenar alguno de sus herederos en la juventud. Después de su dolorosa experiencia con Caín, parece que Adán requirió que un hombre fuera lo suficientemente adulto para probar su completa dignidad antes de recibir la divina autoridad. Pero con Enoc fue diferente. Él ya había sido llamado por Dios para ir y predicar el arrepentimiento al pueblo. Para completar su preparación el Sacerdocio necesitaba ser conferido sobre él. Adán, por lo tanto, no dudó. Si Enoc había sido aprobado por Dios, ciertamente era aceptable para nuestro Padre Adán.

Enoc, por tanto, tuvo la distinción sin precedentes de ser ordenado al Sacerdocio mucho antes que su padre o su abuelo. Jared, su padre, no fue ordenado por Adán hasta trece años después, y Mahalaleel, su abuelo, no fue ordenado hasta 244 años después.

Inmediatamente Enoc fue y ejecutó su divino llamamiento. En algún momento en esos primeros días de su ministerio –quizá incluso muy al principio– un milagro ocurrió. Repentinamente Enoc pudo hablar libremente. Como Dios había dicho, “Abre tu aboca y se llenará… ¡Yo te daré poder para expresarte!”[2] Este fue el primero de muchos milagros que ocurrieron durante el ministerio de Enoc. Debió haber sido un momento de triunfo personal cuando Enoc se puso de pie entre las mismas personas que antes lo habían ridiculizado, y depositó su mensaje de arrepentimiento con poderosa y expresiva elocuencia.

Y sucedió que Enoc salió por la tierra, entre el pueblo, y subía a las colinas y a los lugares altos y clamaba en voz alta, testificando en contra de sus obras.”[3]

Este no fue un discurso sin importancia de un predicador ambulante. Aquí estaba un brillante y joven profeta –una saeta pulida de la aljaba del Señor– cuyas palabras traspasaban como agujas de acero Macedonio los callosos corazones de las multitudes que venían a escucharlo. El populacho rodeaba los cerros y los lugares altos donde él hablaba y entonces la escritura dice “todos los hombres se ofendían por causa de él.”[4] Pero al menos él tenía su atención. De hecho, su reputación se extendió como el viento oriental delante de él. La gente anticipaba su llegaba en cada nueva localidad y como mensaje traía palabras que hacían que la gente exclamara: “¡vamos allá para ver al vidente, porque profetiza, y hay una cosa extraña en la tierra; ha venido un demente entre nosotros!”[5]

Y cuando lo veían hablar abiertamente de sus pecados y juramentos secretos y asesinatos e inmoralidad gradualmente se ofendieron pero “ninguno puso las manos en él, porque el temor se apoderó de todos los que lo oían; ¡porque andaba con Dios!”[6]

Finalmente, un hombre llamado Mahijah se acercó al joven Enoc y demandó saber específicamente quien era él. “Dinos claramente,” dijo Mahijah, “¿quién eres, y de dónde vienes?”

Enoc respondió con elocuencia, lo que claramente demuestra que él había sido completamente curado de su anterior impedimento del habla. Dijo él, “Vine de la tierra de Cainán, tierra de mis padres, una tierra de rectitud hasta el día de hoy. Mi padre me instruyó en todas las vías de Dios; y aconteció que mientras yo venía de la tierra de Cainán, por el mar del oriente, vi una visión; y he aquí, vi los cielos, y el Señor habló conmigo y me dio un mandamiento; de modo que, por esta causa hablo estas palabras a fin de cumplir el mandamiento…

“El Señor que habló conmigo es el Dios del cielo; y es mi Dios y vuestro Dios, y vosotros sois mis hermanos; y ¿por qué os aconsejáis vosotros mismos y negáis al Dios del cielo? Él hizo los cielos; la tierra es el estrado de sus pies; y suyo es el fundamento de ella. He aquí, él la estableció, y ha traído una hueste de hombres sobre la faz de ella. Y la muerte ha venido sobre nuestros padres; no obstante, los conocemos, y no podemos negar, y conocemos aun el primero de todos, sí, Adán. Porque hemos escrito un libro de memorias entre nosotros, de acuerdo con el modelo dado por el dedo de Dios; y se ha dado en nuestro propio idioma.” (Moisés 6:41–46)

La escritura dice que mientras Enoc estaba hablando a la gente, ellos súbitamente parecieron temblar y debilitarse.[7] Ellos empezaron a temblar y a sentarse o recostarse sobre la tierra como si sus huesos o tendones se hubieran vuelto de agua. Pero esto no afectó el sermón de Enoc. Con el poder de Dios brillando en sus ojos el joven profeta miró hacia ellos como si los quisiera consumir con sus palabras.

“He aquí, Satanás viene entre los hijos de los hombres, y los tienta para que lo adoren; y los hombres se han vuelto carnales, sensuales y diabólicos, y se hallan desterrados de la presencia de Dios. Más Dios ha hecho saber a nuestros padres que es preciso que todos los hombres se arrepientan.” (Ibid. 6:49–50)

Entonces Enoc se remitió al libro de memorias para narrar las circunstancias detalladas que rodearon la primera y gloriosa visión dada a nuestro Padre Adán por el Señor. Es el registro más completo en las escrituras de la dispensación del evangelio de Adán. Enoc les recordó a sus escuchas que la Caída fue designada como una bendición. Dios había dicho a nuestro Padre Adán que en esta tierra los hombres “prueban lo amargo para saber apreciar lo bueno.”[8] El Señor también dijo: “Y les es concedido discernir el bien del mal; de modo que, son sus propios agentes.”[9]

El joven Enoc le recordó a su audiencia de adoradores de Satanás que Jesucristo vendría en la carne y proveería los medios mediante los cuales los hombres podrían retornar a su Padre Celestial si tan solo ellos se arrepentían y se aferraban a las cosas que ellos sabían por su propia experiencia que eran buenas. Enoc les dijo de su necesidad de tener fe en el Dios verdadero y viviente, en la necesidad de arrepentirse de sus blasfemias y vidas corruptas, su necesidad de bautizarse por inmersión en el agua y luego les prometió que si obedecían estas instrucciones recibirían el Espíritu Santo.

Conforme Enoc se acercaba al final de su sermón, él clamó a la multitud que estaba ante sus pies: “He aquí, nuestro padre Adán enseñó estas cosas, y muchos han creído y han llegado a ser hijos de Dios; y muchos no han creído y han perecido en sus pecados, y con temor esperan, atormentados, que se derrame sobre ellos la ardiente indignación de la ira de Dios.”[10]

Con un sermón como este no es de maravillarse que la reputación de Enoc se esparciera como pólvora por toda la tierra.

 

Enoc predice que una violenta guerra contra la humanidad sería desatada por la simiente de Caín

Enoc no solo llamó a la gente al arrepentimiento, sino que como un verdadero profeta que era, les abrió los ojos de su entendimiento hacia eventos futuros de tremenda importancia política y social que estaban a punto de ocurrir entre ellos. Una de estas profecías relacionadas era una guerra de aniquilación que la simiente de Caín lanzaría contra el pueblo de Shum.

“Fui revestido de gloria” dijo Enoc, “y vi al Señor; y estaba ante mi faz, y habló conmigo, así como un hombre habla con otro, cara a cara; y me dijo: Mira, y te mostraré el mundo por el espacio de muchas generaciones.”[11]

Enoc dijo que contempló una visión panorámica que se desplegó delante de él, y vio “un pueblo numeroso que habitaba en tiendas, el cual era el pueblo de Shum.” Entonces, “Miré hacia el norte y vi al pueblo de Canaán, que vivía en tiendas. Y el Señor me dijo: Profetiza; y yo profeticé, diciendo: He aquí, el pueblo de Canaán, que es numeroso, saldrá a la batalla contra el pueblo de Shum y lo matará hasta destruirlo por completo.”[12]

Después de aniquilar al pueblo de Shum, a Enoc se le mostró que los Canaanitas dividirían la tierra entre su propio pueblo y habitarían en los campos que habían pertenecido a aquellos que fueron sacrificados. Enoc fue capaz de predecir aún más y dijo que la ira de Dios sería derramada sobre esta tierra conquistada de manera que sería maldecida “con mucho calor, y ¡su esterilidad continuará para siempre!”[13] El vio también que el pueblo de Canaán fue maldecido con “un color oscuro” y que “fueron despreciados entre toda gente.”[14] El color oscuro identifica al pueblo de Canaán como simiente de Caín. Como Enoc declaró posteriormente: “La posteridad de Caín eran negros, y no tenían cabida entre ellos.”[15]

Después de esto Enoc dice, “Miré y vi la tierra de Sarón, y la tierra de Enoc, y la tierra de Omner, y la tierra de Heni, y la tierra de Sem, y la tierra de Haner, y la tierra de Hannanníah, y a todos sus habitantes; y el Señor me dijo: Ve a los de este pueblo y diles: Arrepentíos, no sea que yo venga y los hiera con una maldición, y perezcan. Y me dio el mandamiento de bautizar en el nombre del Padre, y del Hijo, lleno de gracia y de verdad, y del Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo.”[16]

 

Enoc completa su misión

En todas partes donde Enoc fue, su mensaje dividió a la gente. El demandaba que el pueblo hiciera un inventario de sí mismo. De nación en nación, él llevó su dinámica declaración: “Elegid hoy servir a Dios el Señor que os hizo.” Al igual que el gran Apóstol Pablo, quien predicaría un mensaje similar treinta y tres siglos después, Enoc descubrió que el pueblo se separaba en dos bandos muy claros unos a su favor y otros en su contra. Los pocos que aceptaron su mensaje respondieron al espíritu de recogimiento en un lugar central –probablemente en Cainan– mientras que el resto juraron en su ira que de alguna manera destruirían a Enoc.

Debió tomarle varios años completar esta misión en particular, porque Enoc hizo su personal súplica a toda la gente en todas las tierras que había visto en visión –la tierra de Saron, y la tierra de Enoc, y la tierra de Omner, y la tierra de Heni, y la tierra de Sem, y la tierra de Haner, y la tierra de Hannanniah. De hecho, la escritura declara que el continuó llamando “a todo pueblo al arrepentimiento, salvo al pueblo de Canaán.”

La gente de Canaán fue excluida por la única razón de que ellos eran un pueblo de asesinos y anarquistas. Aquellos que derramaron sangre inocente y pecaron contra la luz deliberadamente se excluyeron a sí mismos del alcance del plan de salvación. El evangelio es solo para aquellos que no han cometido el odioso crimen de destruir la vida humana a sangre fría. No hay nada en el plan de salvación para el asesino. Las escrituras dicen que él no puede obtener el perdón por ese pecado en esta vida ni en la venidera ¡porque la expiación de Cristo no lo cubre![17] Esto es por lo que Enoc no predicó al pueblo de Canaán. Como Caín, su antepasado, este pueblo se gloriaba en lo que había hecho. Ellos habían ido tan lejos en la perversión de la rectitud que predicar el evangelio en Canaán en este tiempo habría sido equivalente a arrojar las preciosas perlas de verdad en el fango con los cerdos.

 

Enoc y los miembros de la Iglesia son atacados por fuerzas armadas

Es aparente en las escrituras que Enoc no solamente convirtió a tantos del pueblo como pudo, sino que también les predicó sobre “el recogimiento”, para que pudieran ser salvados temporalmente así como espiritualmente. Indudablemente el mandamiento de Dios a Enoc fue similar al recibido en nuestra propia dispensación cuando el Señor declaró: “Y sois llamados para efectuar el recogimiento de mis escogidos; porque éstos escuchan mi voz y no endurecen su corazón. Por tanto, del Padre ha salido el decreto de que serán recogidos en un solo lugar sobre la faz de esta tierra, a fin de preparar su corazón, y que se preparen en todas las cosas para el día en que se derramen tribulaciones y desolación sobre los malvados.”[18]

Apenas había llegado Enoc a su casa de su misión y de establecer a los recién conversos miembros de la Iglesia, cuando un grito de alarma se esparció por toda la tierra. ¡Ejércitos poderosos de conquista marchaban contra ellos! Enoc sabía que esta campaña por la reforma había sido causa de ofensa entre las orgullosas y malvadas multitudes que se habían reunido para escucharlo, pero cuan profundamente había sido la ofensa ahora quedaba claro. Por primera vez en los registros escritos de historia sagrada, el pueblo de Dios estaba sujeto a un ataque directo por sus enemigos. Dado que era un pueblo pacífico probablemente los tomaron desprevenidos. Esto es aparente dada la inusual manifestación de poder celestial que se interpuso para salvarlos.

En este tiempo la Iglesia en Cainan tenía cinco de los patriarcas viviendo entre ellos –Enós, Cainan, Mahalaleel, Jared y Enoc. Enoc era aún un hombre muy joven, pero era quien había sido sostenido –tanto por el pueblo como por Dios– para dirigir a los miembros de la Iglesia en este momento de peligro.[19]

En lugar de organizar grandes ejércitos y construir fosos y trincheras, Enoc salió a enfrentar a las salvajes y vengativas huestes que venían rápidamente por los cerros y las llanuras para matar al pueblo y apoderarse de la tierra. En este preciso momento, cuando tendría los mejores efectos, Enoc ejerció el poder del Sacerdocio que poseía y solemnemente habló “la palabra del Señor” de acuerdo a las divinas instrucciones que había recibido. Inmediatamente las convulsiones de la tierra rugieron como una ola trituradora de piedra y la tierra tembló dividiendo la corteza en profundas grietas que tornaron la sangre de las huestes invasoras en agua. Las montañas de desprendieron de sus cimientos y se atravesaron en la ruta de los conquistadores. Los ríos abandonaron su curso y lanzaron una ola destructora sobre las temblorosas legiones de soldados y carros. En las montañas y bosques, el terror del momento asustó tanto a hombres como a bestias, y la escritura dice que se oyó el “rugido de los leones en el desierto.”[20]

Este despliegue de poder, casi imposible de creer, que los enemigos de Enoc lo escucharon invocar a los cielos fue tan impresionante, que ellos huyeron temerosos a su propia tierra y esparcieron la noticia de todo lo que habían presenciado. Y seguramente encontraron preparados a sus oyentes pues el temblor de la tierra no había sido pequeño ni insignificante. Su violencia se había sentido sobre un área muy grande.[21]

Y otra cosa que fue especialmente impresionante en el momento, fue el hecho de que la gran nación de hombres fuertes y altos que eran referidos como “gigantes” –y que sin duda eran temidos entre todos los pueblos debido a su fiereza y fuerza– he aquí, que estos no estuvieron más ansiosos de enfrentarse contra Enoc que el resto de sus enemigos. Con temor por sus vidas, la escritura dice que estos gigantes huyeron de su propia tierra y “se quedaron lejos”[22]

Entonces algo extraño sucedió. Todos estos pueblos que formalmente se habían aliado por su odio común a Enoc y a los principios que él defendía, ahora se volcaron unos contra otros y derramaron sobre sí la rabia venenosa de su frustración reprimida. “Y de allí en adelante hubo guerras y derramamiento de sangre entre ellos,” declara el registro.

Pero nunca jamás durante el largo período de más de tres siglos en que Enoc y su pueblo ocuparon este territorio ni una sola nación se atrevió a molestar o antagonizar al pueblo de Dios. “El temor del Señor cayó sobre todas las naciones, por ser tan grande la gloria del Señor que cubría a su pueblo. Y el Señor bendijo la tierra, y los de su pueblo fueron bendecidos sobre las montañas y en los lugares altos, y prosperaron.”[23]

 

Notas

[1] D. y C. 107:48

[2] Moisés 6:32

[3] Ibid. 6:37

[4] Ibid. 6:37

[5] Ibid. 6:38

[6] Ibid. 6:39–40

[7] Ibid. 6:47

[8] Ibid. 6:55

[9] Ibid. 6:56

[10] Ibid. 7:1

[11] Ibid. 7:3–4

[12] Ibid. 7:6–7

[13] Ibid. 7:8

[14] Ibid. 7:8

[15] Ibid. 7:22

[16] Ibid. 7:10–11

[17] D. y C. 42:18, 79

[18] Ibid. 29:7–8

[19] Moisés 7:13

[20] Ibid. 7:13

[21] Ibid. 7:14

[22] Ibid. 7:15

[23] Ibid. 7:17