Comentarios Moisés 7

 

Los siguientes comentarios en color marrón han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 23–27.

 

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MOISÉS 7:1–20

ENOC DIRIGIÓ AL PUEBLO DE DIOS

 

Moisés 7:3–4. Enoc vio a Dios cara a cara

Enoc tuvo una experiencia similar a la de Moisés y a la de Abraham (véase Moisés 1:31; Abraham 3:11). El presidente Brigham Young agregó ciertos detalles a ese tema: “El hombre es hecho a imagen de su Creador… él es Su viva imagen y tiene ojos, frente, cejas, nariz, mejillas, boca, mentón y orejas, exactamente como nuestro Padre Celestial” (en Journal of Discourses, tomo XIII, pág. 46).

 

Moisés 7:13. “Grande fue la fe de Enoc”

Al comienzo de su ministerio, a Enoc se le dijo que él haría grandes cosas (véase Moisés 6:34). La fe de Enoc en Jesucristo le permitió hacer esas cosas. El élder Bruce R. McConkie dijo: “La fe es poder; por medio de la fe se hicieron los mundos; nada es imposible para quienes tengan fe. Si la tierra misma llegó a existir mediante la fe, no hay duda de que una simple montaña se puede llegar a mover por la misma fe” (The Mortal Messiah: From Bethlehem to Calvary, 4 tomos, 1979–1981, tomo III, pág. 73; véase también Jacob 4:6; Éter 12:13–22).

 

Moisés 7:19. “Ciudad de Santidad”

La ciudad de Enoc tuvo dos nombres: Sión y Ciudad de Santidad. El segundo nombre adquiere más sentido cuando recordamos que el nombre de nuestro Padre Celestial, en el lenguaje de Adán, es Hombre de Santidad (véase Moisés 6:57).

 

MOISÉS 7:21–41

ENOC VIO LO QUE SUCEDERÍA EN

SU PROPIA ÉPOCA

 

Moisés 7:21. Traslación.

Aquellas personas que fueron llevadas al cielo sin probar la muerte fueron trasladadas. El presidente Joseph Fielding Smith explicó: “Los seres trasladados siguen siendo mortales y tendrán que pasar por la experiencia de la muerte, o sea, la separación del espíritu y del cuerpo, aun cuando ésa sea instantánea, ya que al pueblo de la Ciudad de Enoc, a Elías el profeta y a otros que recibieron esa gran bendición en épocas antiguas, antes de la venida del Señor, no les habría sido posible resucitar, o sea, cambiar de la mortalidad a la inmortalidad, porque nuestro Señor todavía no había pagado la deuda que nos libera de nuestra mortalidad y nos concede la resurrección” (Answers to Gospel Questions, tomo I, pág. 165).

El profeta José Smith dijo: “Muchos han supuesto que la doctrina de la traslación era una doctrina mediante la cual los hombres eran llevados inmediatamente a la presencia de Dios y a una plenitud eterna, pero ésta es una idea errónea. El lugar donde habitan es según el orden terrestre, y a fin de que fuesen ángeles ministrantes a muchos planetas, Dios apartó un lugar preparado para estos individuos que todavía no han alcanzado una plenitud tan grande como los que han resucitado de los muertos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 203).

 

Moisés 7:26–28. Cadenas y oscuridad

Satanás fomenta obras de oscuridad y busca amarrar, cautivar y destruir a la humanidad (véase 2 Nefi 26:22; 28:17–23; Alma 12:11; Moisés 4:4). Dios no obra en la oscuridad y Él busca salvar a la humanidad (véase 2 Nefi 26:23–24, 33). Además, en contraste absoluto con Satanás y sus ángeles, que se ríen de la iniquidad de la humanidad, en Moisés 7:28 se nos dice que Dios lloró por la iniquidad de Sus hijos.

 

Moisés 7:27. Ángeles descienden del cielo

Con frecuencia Dios envía ángeles para ministrar a Sus hijos sobre la tierra (por ejemplo, véase 3 Nefi 17:23–25; Moroni 7:35–37; D. y C. 13:1; 29:42; Moisés 5:5–7).

 

Moisés 7:27. Muchos fueron arrebatados al cielo

Los justos que se describen en Moisés 7:27 fueron trasladados y “arrebatados” para juntarse con los de la ciudad de Sión. El élder Bruce R. McConkie escribió: “Después que los de la Ciudad de Santidad fueron trasladados y llevados al cielo sin experimentar la muerte, habiendo huido Sión de esa manera, como pueblo y congregación, de la inicua faz de la tierra, el Señor buscó entre los hombres a otros que pudieran servirle. Desde los días de Enoc hasta el Diluvio, los nuevos conversos y los verdaderos creyentes, con excepción de los que necesitaban sacar adelante los propósitos del Señor entre los mortales, fueron trasladados” (The Millennial Messiah, pág. 284).

 

Moisés 7:32–41. ¿Por qué lloró Dios?

El élder Marion D. Hanks, que fue miembro de los Setenta, explicó:

“Dios, de quien provienen todas las bendiciones, pedía a Sus hijos únicamente que se amasen los unos a los otros y que lo prefirieran a Él, su Padre.

“Y tal como es en la actualidad, muchos no buscaron al Señor ni se amaron los unos a los otros, y cuando Dios previó el sufrimiento que inevitablemente habría de seguir a ese obstinado y rebelde curso de pecado, lloró. Y dijo a Enoc que ésa era la razón por la cual lloraba” (“Si estamos dispuestos”, Liahona, julio de 1980, pág. 42).

 

Moisés 7:37. “Satanás será su padre”

La meta de Satanás es engañar y cegar a la humanidad y, según su voluntad, llevar cautivo a cada uno de los hijos de Dios, si éstos no escuchan la voz del Señor (véase Moisés 4:4). Satanás se convierte así en el “padre” de quienes escogen seguirle y ellos experimentan su miseria (véase 2 Nefi 2:18; D. y C. 10:22, 26–27).

 

Moisés 7:38–39. La prisión espiritual

El élder Bruce R. McConkie escribió: “Los hombres de la época de Noé se rebelaron, rechazaron al Señor y a Su Evangelio y fueron sepultados en una tumba de agua. Sus espíritus se encontraron en una prisión preparada para quienes caminan en la oscuridad cuando la luz está delante de ellos” (The Promised Messiah, pág. 330).

El presidente Joseph Fielding Smith explicó: “Desde el tiempo de su muerte en el diluvio hasta el tiempo de la crucifixión del Salvador, estuvieron encerrados en la prisión, en tormento, sufriendo el castigo de sus transgresiones, porque habían rehusado escuchar a un profeta del Señor, y del mismo modo será con todo hombre que rechace el Evangelio, sea que haya vivido en la antigüedad o sea que viva ahora; no hay diferencia” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 216).

 

Moisés 7:39. “Aquel a quien he escogido”

El pronombre Aquel se refiere a Jesucristo. Él fue escogido en la existencia preterrenal para ser el Salvador del mundo (véase D. y C. 38:4; Moisés 4:2). Después de terminar Su misión sobre la tierra y mientras Su cuerpo descansaba en la tumba, Cristo visitó el mundo espiritual como ser espiritual (véase 1 Pedro 3:18–20). Una vez allí, Él organizó a los espíritus de los justos para que fueran entre los espíritus de los inicuos en prisión y les declararan el Evangelio (véase D. y C. 138).

 

MOISÉS 7:42–5 7

ENOC VIO LOS DÍAS DE NOÉ

Y DE JESUCRISTO

 

Moisés 7:44. Al principio, Enoc se negó a ser consolado

El élder Neal A. Maxwell explicó:

“Si [Enoc] no hubiese mirado y visto espiritualmente, habría visto la condición humana aislada del plan de Dios para con el hombre. Si Dios no hubiera estado allí, las preguntas de Enoc se habrían convertido en gritos vanos de desesperación.

“Al principio, rehusó el consuelo (Moisés 7:44); pero al fin vio el plan de Dios, la venida del Mesías en el meridiano de los tiempos y el triunfo de los propósitos de Dios” (véase “Y Tú todavía estás allí”, Liahona, enero de 1988, págs. 29–30).

 

Moisés 7:47. “Inmolado es el Cordero”

“El Justo”, Jesucristo, a quien también se le llama “el Cordero de Dios”, fue sacrificado en la cruz en el meridiano de los tiempos, tal como los corderos sin mancha habían sido sacrificados sobre los altares de piedra desde la época de Adán.

 

Moisés 7:48. La tierra habla

El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “El Señor aquí [en D. y C. 88] nos informa que la tierra en la cual vivimos es una cosa viva, y que llegará el tiempo en que será santificada de toda iniquidad. En la Perla de Gran Precio, cuando Enoc habla con el Señor, oye a la tierra clamar que se la libere de la iniquidad sobre su faz… La tierra no tiene la culpa de que la iniquidad reine sobre su faz, ya que ella se ha mantenido fiel a la ley que recibió, y esa ley es la ley celestial. Por lo tanto, el Señor dice que la tierra será santificada de toda iniquidad” (Church History and Modern Revelation, 2 tomos, 1953, tomo I, págs. 366–367).

 

Moisés 7:50–52. El convenio de Enoc.

El convenio que Dios hizo con Enoc se renovó con Noé. En la Traducción de José Smith al idioma inglés de Génesis 6:18 (JST, Génesis 8:23–24) el Señor dijo a Noé que establecería con él Su convenio, tal como le había prometido a Enoc, el padre de Noé, de que su posteridad iría a todas las naciones. El Señor le dijo a Noé que entraría en el arca con sus hijos y su esposa y las esposas de sus hijos.

 

Moisés 7:53. Jesucristo

Jesucristo es “la Roca del Cielo”. La “puerta” es la fe en Él, el arrepentimiento, y el bautismo por agua y el Espíritu Santo (véase 2 Nefi 31:17–18). Jesucristo es la única vía por medio de la cual regresamos al Padre (véase Juan 14:6). Él es el Mesías, “el Ungido” que fue elegido desde el principio para salvar a los hijos de Dios (véase Moisés 4:2; Abraham 3:27), el Rey de Sión, el Gobernante sobre los puros de corazón (véase D. y C. 97:18–21), y el fundamento seguro sobre el cual edificar nuestra vida y obtener la vida eterna (véase Mateo 7:24–25; Helamán 5:12).

 

Moisés 7:55–56. La tierra gimió a la muerte de Cristo

Enoc vio que la tierra se lamentaría y gemiría, y que sus peñascos se harían pedazos cuando Cristo fuese crucificado y resucitara. Nefi, hijo de Lehi, y Samuel el Lamanita también profetizaron de eso (véase 1 Nefi 19:10–12; Helamán 14:21–22). El Libro de Mormón contiene un relato de grandes terremotos que ocurrieron en el hemisferio occidental (véase 3 Nefi 8:18), mientras que la Biblia habla de terremotos en el hemisferio oriental (véase Mateo 27:51). El élder Spencer W. Kimball, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Esos ‘espasmos’ de la tierra fueron una sublevación de la tierra por la crucifixión de su Creador” (en “Conference Report”, abril de 1963, pág. 65).

 

Moisés 7:56–57. La Resurrección

Enoc vio que los santos que murieron antes de Cristo se levantarían y serían coronados a la diestra de Dios. Samuel el Lamanita profetizó también de la resurrección que tendría lugar en América después de la resurrección de Cristo (véase Helamán 14:25). En Mateo 27:52–53 y en 3 Nefi 23:9–13 se encuentran relatos de esa primera resurrección.

Acerca de la resurrección, el presidente Howard W. Hunter, en ese entonces Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo:

“La doctrina de la resurrección es la doctrina más básica y crucial en la religión cristiana. No se le puede dar el énfasis suficiente ni se le puede ver con indiferencia.

“Sin la Resurrección, el Evangelio de Jesucristo se convierte en una letanía de palabras sabias y algunos milagros inexplicables, mas palabras y milagros sin una victoria final. No, la victoria final está en el milagro sublime, porque por primera vez en la historia de la humanidad, uno que estaba muerto resucitó a una vida inmortal. Él es el Hijo de Dios, el Hijo de nuestro Padre Celestial inmortal, y Su triunfo sobre la muerte física y espiritual constituye las buenas nuevas que todo idioma cristiano debería hablar” (véase “Un testimonio de la Resurrección”, Liahona, julio de 1986, pág. 12).

 

MOISÉS 7:58–69

ENOC VIO EL DÍA EN QUE LA TIERRA

DESCANSARÍA

 

Moisés 7:58. “¿Cuándo descansará la tierra?”

Enoc oyó a la tierra preguntar cuándo descansaría y sería limpia de las iniquidades de sus hijos (véase Moisés 7:48). Enoc vio entonces que la tierra no descansaría durante la época de Noé ni en los días del ministerio terrenal de Jesucristo. La época en que la tierra descansaría finalmente sería la de la segunda venida de Cristo (véase D. y C. 133:46–52; Artículos de Fe 1:10).

 

Moisés 7:59. “Te conozco”

El Señor llamó a Enoc para que predicara a los justos (véase Moisés 6:26–36). Con el fin de ayudar a Enoc a cumplir con su misión, el Señor le dijo: “…mi Espíritu reposa sobre ti… y tú permanecerás en mí, y yo en ti; por tanto, anda conmigo” (Moisés 6:34). Y Enoc caminó en verdad con Dios (véase Moisés 6:39) y obtuvo la confianza [suficiente] en sí mismo para [poder] decir: “te conozco”.

 

Moisés 7:59. “Derecho a tu trono”

Enoc vio a los santos levantarse con cuerpos resucitados, recibir coronas y ocupar un lugar a la diestra de Cristo (véase Moisés 7:56). Él después previó su propio futuro glorioso (véase Moisés 7:59). Dios ha prometido a todos Sus hijos dignos la misma recompensa (véase Romanos 8:16–17; Apocalipsis 3:21). Enoc vio también que ese futuro glorioso no era “de mí mismo, sino mediante tu propia gracia” (Moisés 7:59). La exaltación en el reino celestial de Dios se obtiene como un don de Dios, por la gracia, después de hacer cuanto podamos (véase 2 Nefi 25:23; D. y C. 6:13). Acerca de la gracia, el Diccionario Bíblico en inglés dice:

“El concepto principal de la palabra es que es una ayuda o fortaleza divina que proviene de la misericordia y el amor de Jesucristo.

“…De la misma manera, es por la gracia del Señor que las personas, por medio de la fe en la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento de sus pecados, reciben fortaleza y ayuda para hacer obras buenas que, de otro modo, no podrían hacer por sí mismos. Esa gracia es un poder que permite que los hombres y las mujeres obtengan la vida eterna y la exaltación después de que se hayan esforzado al máximo por lograrla.

“…Sin embargo, la gracia no es suficiente; es necesario también un esfuerzo total de parte del que la reciba” (véase “grace”, pág. 697; véase también 2 Nefi 25:23; Moroni 10:32–33).

 

Moisés 7:62. “Justicia enviaré desde los cielos; y la verdad haré brotar de la tierra”

El presidente Ezra Taft Benson explicó que el Señor prometió “que la justicia vendría de los cielos y la verdad saldría de la tierra. Y hemos visto el cumplimiento maravilloso de esa profecía en esta generación. El Libro de Mormón salió de la tierra, rebosante de verdad, sirviendo como la verdadera ‘clave de nuestra religión’ (véase la Introducción al Libro de Mormón). Dios ha enviado también justicia de los cielos. El Padre mismo, junto con Su Hijo, se le apareció al profeta José Smith. El ángel Moroni, Juan el Bautista, Pedro, Santiago y muchos otros ángeles, bajo el mandato de Dios, restauraron la autoridad necesaria al reino. Además, el profeta José Smith recibió revelación tras revelación de Dios durante esos primeros años críticos del crecimiento de la Iglesia. Estas revelaciones han sido preservadas para nosotros en el libro de Doctrina y Convenios” (véase “El don de la revelación moderna”, Liahona, enero de 1987, pág. 81).

 

Moisés 7:62. “Haré que la… verdad [inunde] la tierra”

El presidente Ezra Taft Benson enseñó:

“El Libro de Mormón es el instrumento que Dios ha designado para ‘inundar la tierra como con un diluvio, a fin de recoger a los escogidos’ (véase Moisés 7:62). Es preciso que este sagrado libro de Escrituras ocupe un lugar de mayor importancia tanto en nuestra predicación como en nuestra enseñanza y en nuestra obra misional…

“Ya ha quedado muy atrás el tiempo en que debía haberse inundado profusamente la tierra con el Libro de Mormón por las muchas razones que el Señor ha manifestado…

Tenemos el Libro de Mormón, tenemos los miembros, tenemos los misioneros, tenemos los medios, y el mundo tiene la necesidad.

¡El momento es ahora!” (“Tenemos que inundar la tierra con el Libro de Mormón”, Liahona, enero de 1989, págs. 4–5).

 

Moisés 7:62. “Sión, una Nueva Jerusalén”

El profeta José Smith explicó: “Ahora pregunto, ¿cómo van a inundar la tierra como diluvio la justicia y la verdad? Responderé a esa pregunta. Los ángeles y los hombres van a trabajar juntos para efectuar esta importante obra, y Sión va a ser preparada, sí, una Nueva Jerusalén, para los escogidos que van a ser reunidos de las cuatro partes de la tierra; y quedarán establecidos, una ciudad santa” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 96; para obtener más información sobre la Sión de los últimos días [la Nueva Jerusalén], véase 3 Nefi 20:22; 21:20–25; Éter 13:2–8; D. y C. 45:65–71; 57:1–3).

 

Moisés 7:63. Dos Siones se reunirán

Acerca de la reunión de las dos Siones el presidente John Taylor dijo: “Cuando llegue el momento de esos desastres de los que hemos leído que arrasarán la tierra, los que estén preparados tendrán el poder de la traslación, como sucedió en épocas anteriores, y la ciudad será trasladada. Y la Sión que se encuentra en la tierra se levantará, y la Sión que está arriba descenderá, tal como se nos ha dicho, y nos reuniremos, nos echaremos sobre el cuello de los demás, nos abrazaremos y nos besaremos. Y es así que, hasta cierto punto, los propósitos de Dios entonces se cumplirán” (en Journal of Discourses, tomo XXI, pág. 253).

 

Moisés 7:64–65. El Milenio

Durante el Milenio, la tierra no será un mundo celestial. Estará en una condición terrestre o paradisíaca, limpia de iniquidad. Al comenzar el Milenio, habrá todavía personas de varias creencias religiosas morando sobre la tierra. El presidente Joseph Fielding Smith escribió:

“Cuando el reino de Jesucristo venga durante el Milenio, sólo los que hayan vivido la ley telestial serán quitados. En la Biblia y en otros libros canónicos de la Iglesia se registra que la tierra será purificada de toda su corrupción e iniquidad. Quienes hayan vivido vidas virtuosas, que hayan sido honrados en sus tratos con sus semejantes y se hayan esforzado por hacer el bien de acuerdo con su conocimiento, permanecerán…

“El Evangelio se enseñará con más intensidad y más poder durante el Milenio hasta que todos los habitantes de la tierra lo hayan aceptado. Satanás será atado para que no pueda tentar a nadie. Si cualquiera se niega a arrepentirse y a aceptar el Evangelio bajo esas condiciones, será maldito. Por medio de las revelaciones que se dieron a los profetas, aprendemos que durante el reinado de Jesucristo, por el término de mil años, finalmente todas las personas abrazarán la verdad” (Answers to Gospel Questions, tomo I, págs. 108, 110–111; para obtener más información acerca del Milenio, véase Isaías 11:5–9; 65:17–25; D. y C. 101:26–34).

 

Moisés 7:68–69. “SIÓN HA HUIDO”

El pueblo de Enoc vivió sobre la tierra muchos años antes de que fuese llevado al cielo. Acerca de esa época, el presidente Brigham Young dijo: “Enoc tuvo que hablarle y enseñarle a su pueblo durante un periodo de trescientos sesenta años antes de lograr que se prepararan para entrar en su reposo y entonces obtuvo el poder para ser trasladado y trasladar a su pueblo” (“Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young”, pág. 102).