Comentarios Moisés 6

 

Los siguientes comentarios en color marrón han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 20–23.

Pero también se han insertado en color violeta los comentarios, que son pertinentes al análisis, del manual El Antiguo Testamento Parte 1, Manual del Alumno, págs. 32–33.

 

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MOISÉS 6:1–25

LAS GENERACIONES DE ADÁN

 

Moisés 6:2. ¿Quién fue Set?

A Abel se le había escogido para transmitir las responsabilidades del sacerdocio a las generaciones subsiguientes. Sin embargo, después de su muerte, Set, que había nacido 130 años después de la caída de Adán y Eva, fue escogido como el hijo elegido para asumir esa sagrada responsabilidad del sacerdocio (véase D. y C. 107:40–42). Fue ordenado a los 69 años de edad y vivió un total de 912 años. Las Escrituras hablan de él como de un “hombre perfecto, y su semejanza era la imagen expresa de su padre” (véase D. y C. 107:43).

 

Moisés 6:5–6. El origen del lenguaje y de la escritura

El élder Bruce R. McConkie declaró:

“En el comienzo, Dios dio a Adán un lenguaje puro, perfecto y sin profanar. Este lenguaje adámico, ahora desconocido, era muy superior a cualquier idioma existente en el presente. Por ejemplo, el nombre de Dios el Padre, en ese lenguaje original, es Hombre de Santidad, lo cual significa que es un Hombre Santo y no una vaga esencia espiritual. (Moisés 6:57)

“El primer idioma que hablaron los seres mortales fue la lengua celestial de los Dioses, o una adaptación de la misma, según haya sido necesario para satisfacer las limitaciones de la vida terrenal. Adán y su posteridad tuvieron la habilidad de hablarlo, leerlo y escribirlo” (Mormon Doctrine, pág. 19).

El élder McConkie dijo lo siguiente acerca del libro de memorias que se menciona en Moisés 6:5: “Desde el comienzo, el Señor proporcionó un lenguaje y dio a los hombres la facultad de leerlo y escribirlo… Lo primero que escribieron, y que de todos sus escritos fue lo de más valor para ellos, fue un libro de memorias, un libro en el cual registraban las revelaciones que el Señor les daba sobre Sí mismo, acerca de Su venida y del plan de salvación, el cual tendría fuerza y validez en virtud de Su expiación. Ése fue el comienzo de las Santas Escrituras” (The Promised Messiah, pág. 86; véase también Moisés 6:46).

 

Moisés 6:7. ¿Cuánto tiempo ha estado el sacerdocio sobre la tierra?

El sacerdocio “es sin principio de días ni fin de años” (D. y C. 84:17). Desde la época de Adán y Eva, el sacerdocio, el Evangelio y las ordenanzas estuvieron a disposición tal como los tenemos en la actualidad (véase Moisés 5:58–59; véase también D. y C. 107:40–42). El profeta José Smith enseñó:

“El sacerdocio fue dado primeramente a Adán; a él se dio la Primera Presidencia, y tuvo las llaves de generación en generación. Lo recibió en la creación, antes de ser formado el mundo…

“El sacerdocio es un principio sempiterno, y existió con Dios desde la eternidad, sin principio de días o fin de años. Las llaves tienen que ser traídas de los cielos cuando se envía el Evangelio; y cuando se revel[an] de los cielos, se hace mediante la autoridad de Adán (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 182–183).

 

Moisés 6:8–25. La organización patriarcal del sacerdocio

Desde Adán hasta Abraham, hubo veinte generaciones del sacerdocio, el que descendió de padre a hijo. En Moisés 6:8–25 se enumeran ocho generaciones (desde Adán hasta Matusalén); en Moisés 8:5–12 se dan tres generaciones más (Lamec, Noé y Sem) y en Génesis 11:10–26, se registran nueve generaciones, desde Sem hasta Abram (Abraham). (Véase también D. y C. 107:40–52)

 

Moisés 6:17. “Una tierra prometida”

En este versículo se mencionan las primeras personas justas (el “pueblo de Dios”) que se trasladaron de una tierra llena de iniquidad a una tierra prometida (véase también Moisés 6:40–41). Ése es un modelo que se repite muchas veces en las Escrituras (por ejemplo, véase 1 Nefi 1–18; Omni 1:12–19; Éter 1–4).

 

MOISÉS 6:26–47

EL LLAMAMIENTO Y LA

OBRA DE ENOC

 

Moisés 6:26. Enoc

La Biblia contiene sólo unos pocos versículos acerca de Enoc (véase Génesis 5:19–24). El libro de Moisés aumenta considerablemente nuestro entendimiento de la vida, el ministerio y las enseñanzas de Enoc: En Moisés 6:26–36 se habla del llamamiento de Enoc, en los versículos 37–47 se registran sus palabras contra las obras de los hombres, en los versículos 48–68 tenemos su mensaje de salvación y en Moisés 7 se relatan sus extraordinarias visiones de Dios y los acontecimientos futuros que ocurrirían en esta tierra. Enoc era parte de la séptima generación desde Adán. Nació 620 años después de la Caída, fue ordenado al sacerdocio a la edad de 25 años y, cuando tenía 430 años, él y su pueblo fueron llevados al cielo sin probar la muerte (véase D. y C. 107:49). Una cita adicional de las profecías de Enoc se encuentra en Judas 1:14–15, y en Lucas 3:37 y en Hebreos 11:5 hay más información sobre su vida.

 

¿Qué sabemos de Enoc? (Génesis 5:22—24)

“Unos quinientos años y cuatro generaciones después, de acuerdo con el libro de recuerdos de Adán, un hombre llamado Enoc, del linaje de Set, fue llamado y llegó a ser un gran profeta, misionero y reformador. Se necesitaba su ministerio, porque los que seguían el culto de Caín habían llegado a ser muy numerosos y abundaba la violencia entre los de la quinta generación después de Caín (véase Moisés 5:28—32, 47—57). Enoc predicó el arrepentimiento a los que se habían vuelto sensuales y diabólicos. Los hijos de Dios tuvieron que separarse de los ‘hijos del hombre’ e irse a vivir a un lugar llamado ‘Cainán’, llamado así por uno de sus antepasados, el hijo de Enós. (No debe confundirse este Cainán con el pueblo perverso de Canaán, citado en Moisés 7:6—10)

“Enoc tuvo éxito en su lucha contra las maldades del tiempo que le tocó vivir, para lo cual había sido llamado a combatir (Moisés 6:27—29). Logró establecer una sociedad digna llamada ‘Sión’, que significa, ‘los puros de corazón’ (Moisés 7:18 y versículos siguientes). Las enseñanzas de Enoc que se hallan en el libro de Moisés pueden dividirse en siete categorías principales y no se encuentran en ninguna otra parte de las Escrituras. Cubren (1) la caída del hombre y sus consecuencias; (2) la salvación y la manera de lograrla; (3) el pecado que reinaba en su tiempo, en contraste con la bondad y pureza de los obedientes que lo seguían; (4) la causa del Diluvio, su propósito y sus consecuencias; (5) el alcance del triunfo de Satanás y como consecuencia, tristeza de Dios; (6) la primera venida del Mesías al mundo; (7) la segunda venida de Cristo y el pacífico reinado del Milenio. La profundidad de su concepto del evangelio merece que lo estudiemos con cuidado. También se menciona este gran hombre en el Nuevo Testamento (Judas 14, 15; Hebreos 11:5) y en Doctrina y Convenios (véase el índice y concordancia).”(Rasmussen, Introduction to the Old Testament, 1:24—25.)

 

Moisés 6:29. ¿Cuál es el significado de “tengo preparado un infierno”?

A causa de la iniquidad del pueblo en los días de Enoc, el Señor lo llamó para predicar el arrepentimiento. El Señor le dijo a Enoc: “…tengo preparado un infierno para ellos, si no se arrepienten”. Ese “infierno” se trata de la parte del mundo de los espíritus que se conoce como la prisión espiritual, donde los inicuos sufren tormentos debido a los pecados de los cuales no se han arrepentido (véase Alma 40:11–14).

 

Moisés 6:31–32. Sentimientos de ineptitud

Enoc no fue el único profeta en sentirse inepto cuando el Señor lo llamó. En Éxodo 4:10–12 y Jeremías 1:4–9 leemos acerca de las reacciones que tuvieron Moisés y Jeremías al respecto. El élder James E. Faust, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La mayoría de los que son llamados a servir como líderes de la Iglesia se sienten insuficientes por la falta de experiencia y por creer que no tienen la habilidad o la educación necesaria” (“A éstos haré mis gobernantes”, Liahona, febrero de 1981, pág. 71).

 

Moisés 6:35–36. Enoc fue un vidente

El élder John A. Widtsoe declaró: “Un vidente es alguien que ve con los ojos espirituales. Él percibe el significado de aquello que no parece claro para los demás; por lo tanto, es un intérprete y un aclarador de la verdad eterna. Él prevé el futuro desde el pasado y el presente; y lo hace por medio del poder del Señor, que influye directamente en él o indirectamente con la ayuda de instrumentos divinos, como el Urim y Tumim” (Evidences and Reconciliations, pág. 258; véase también Mosíah 8:13–18).

 

MOISÉS 6:48–56

ENOC PREDICÓ EL PLAN

DE SALVACIÓN

 

Moisés 6:48–50. “Por su caída vino la muerte”

A causa de la caída de Adán, toda la humanidad sufre la muerte física (la separación del espíritu inmortal del cuerpo mortal) y la muerte espiritual (la separación de la presencia de Dios). Además, debido a que ceden ante las tentaciones de Satanás, se vuelven “carnales, sensuales y diabólicos, y se hallan desterrados de la presencia de Dios” (Moisés 6:49). Las buenas nuevas del plan de salvación son que, por medio de la expiación de Jesucristo, toda la humanidad vencerá la muerte física y puede vencer la muerte espiritual (véase Romanos 3:23; Mosíah 16:3–4; Alma 11:42–43; Helamán 14:14–18; Moisés 6:52).

 

Moisés 6:53–54. ¿Qué significa “la transgresión original”?

El élder Neal A. Maxwell explicó: “No nos persigue una inquietante culpabilidad por el ‘pecado original’ acerca del cual no podemos hacer nada. (Moisés 6:54; Moroni 8:15–16) Por medio de la revelación, sabemos que el Señor le dijo a Adán: ‘…He aquí, te he perdonado tu transgresión en el Jardín de Edén’. (Moisés 6:53) Por consiguiente, somos responsables de nuestros ‘propios pecados, y no de la transgresión de Adán’ (Artículos de Fe 1:2)” (Meek and Lowly, 1987, págs. 42–43).

 

Moisés 6:55. ¿Qué significa “se conciben tus hijos en pecado”?

El élder Bruce R. McConkie indicó que la frase “conciben… en pecado” significa “nacer en un mundo de pecado” (véase A New Witness for the Articles of Faith, pág. 101).

 

Moisés 6:56. El albedrío moral: Un don de Dios

El día en que nos creó, Dios nos dio el gran don del albedrío (véase Moisés 7:32). El albedrío moral nos permite escoger entre el bien y el mal y experimentar las consecuencias de nuestras elecciones (véase 2 Nefi 2:14–16, 25–29; D. y C. 101:78).

 

MOISÉS 6:57–68

ENOC VIO QUE ADÁN Y EVA

FUERON BAUTIZADOS

 

Moisés 6:59. Agua, sangre y espíritu

El élder Bruce R. McConkie explicó:

“Para la salvación son necesarios dos nacimientos. El hombre no puede ser salvo si no nace en el mundo, ni puede regresar a su hogar celestial si no nace en el reino del Espíritu… Los elementos presentes en el nacimiento en el mundo y en el nacimiento espiritual son los mismos. Ellos son: el agua, la sangre y el espíritu. Por consiguiente, todo nacimiento en el mundo es una advertencia, desde los cielos, de que debemos prepararnos para el segundo nacimiento…

“En todo nacimiento mortal, el bebé está sumergido en agua en el vientre de su madre. En el momento preciso, el espíritu entra en el cuerpo y la sangre fluye siempre por las venas del nuevo ser; de otra forma, sin cada una de esas cosas, no habría vida, ni nacimiento, ni vida mortal.

“En cada nacimiento en el reino de los cielos, el recién nacido en Cristo es sumergido en el agua, recibe al Espíritu Santo por medio de la imposición de manos, y la sangre de Cristo lo limpia del pecado. Sin cada una de esas cosas, no habría nacimiento por medio del Espíritu, ni una nueva vida, ni esperanza de vida eterna…

“…Esos elementos estuvieron nuevamente presentes en la muerte [de Cristo]. Él sudó grandes gotas de sangre en Getsemaní al tomar sobre Sí los pecados de todos los hombres, si éstos se arrepentían. La misma agonía y sufrimiento tuvo lugar en la cruz. Fue allí que Él permitió que Su espíritu dejase Su cuerpo, y fue en ese momento que la sangre y el agua salieron de Su costado” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 288–289).

 

Moisés 6:60. “Por el agua”

“El bautismo no es optativo si uno desea la plenitud de la salvación. Jesús dijo que las personas debían nacer del agua y del Espíritu (Juan 3:3–5). Cuando Él envió a los Doce Apóstoles a enseñar el Evangelio, les dijo que todo aquel que creyera y se bautizara sería salvo; y quien no creyera sería condenado (Marcos 16:16)…

“El bautismo en el agua tiene varios propósitos. Es para la remisión de los pecados, para ser miembros de la Iglesia y para entrar en el reino celestial; es también la puerta que conduce a la santificación personal cuando a eso le sigue la recepción del Espíritu Santo” (véase en la Guía para el Estudio de las Escrituras, “bautismo”, pág. 23; véase también D. y C. 76:51–52).

 

Moisés 6:60. Justificación

Ser justificado es ser hecho justo, o sea, libre de culpa y de pecado. El Espíritu Santo es el miembro de la Trinidad cuyo poder actúa como agente purificador que quita la culpa y el pecado de nuestra vida (véase 2 Nefi 31:17). El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “A través del derramamiento de la sangre de Cristo, somos limpiados y santificados; y somos justificados a través del Espíritu de Dios” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 305).

 

Moisés 6:60. Santificación

Ser santificado es ser santo y digno de la vida eterna y de la gloria inmortal (véase Moroni 10:32–33). Por medio de Su expiación perfecta, Jesucristo derramó Su sangre e hizo posible que todos los que tuviesen fe y se arrepintieran fuesen santificados (véase Mosíah 3:11, 18; Alma 34:10–16). Por consiguiente, somos rescatados y santificados por la sangre de Cristo. El presidente Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“La Expiación por la cual los hombres son redimidos, la efectuó alguien sin mancha y sin contaminación. Tenía que ser alguien que tuviera vida en sí mismo y, por lo tanto, poder absoluto sobre la muerte. Ningún hombre mortal podía llevar a cabo la Expiación; es más, la Expiación debía ser efectuada por medio del derramamiento de sangre, ya que ésta es la fuerza vital del cuerpo humano…

“Las Escrituras están repletas de pasajes que enseñan que no podría haber remisión de los pecados sin el derramamiento de la sangre de Jesucristo” (en “Conference Report”, abril de 1956, pág. 127).

 

Moisés 6:62. “Éste es el plan de salvación”

El élder Russell M. Nelson explicó que al plan de salvación “se le llama también el plan de felicidad… el plan de redención, el plan de restauración, el plan de misericordia, el plan de liberación y el Evangelio sempiterno. Los profetas han utilizado esas denominaciones indistintamente.

“Pero, sea como sea que se le llame, la esencia misma de ese plan es la expiación de Jesucristo” (“La constancia en medio del cambio”, Liahona, enero de 1994, pág. 39).

 

Moisés 6:63. Todas las cosas se han hecho para dar testimonio de Cristo

En la creación de los cielos y de la tierra, el Señor se valió de símbolos físicos para enseñarnos doctrinas y principios de Jesucristo y de Su Evangelio (véase también 2 Nefi 11:4). Para comprender los símbolos del Evangelio, se requiere la unificación de la dimensión terrenal o concreta con la dimensión trascendental y espiritual. El profeta Alma enseñó que “todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo” (Alma 30:44). Esas cosas no sólo testifican de la existencia de un Ser Supremo, sino también de que Él es Jesucristo, el Creador de todo.

El Señor enseñó a Sus discípulos a escudriñar el contenido de las Escrituras y a buscar cosas concernientes a Él (véase Lucas 24:44–45). El buscar y descubrir símbolos acerca de Cristo en las Escrituras es abrir una fuente de nuevos pensamientos y emociones relacionados con la Expiación. Por ejemplo, la ordenanza terrenal del bautismo por inmersión es un símbolo de la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo (véase Romanos 6:3–5; D. y C. 76:51–52).

 

Moisés 6:64–68. Adán, un hijo eterno de Dios

Enoc demostró cómo Adán estableció un ejemplo para todos nosotros al ejercer su fe en Cristo por medio del bautismo del agua y del Espíritu. Por lo tanto, mediante su obediencia, Adán se convirtió en “uno en [Cristo], un hijo de Dios” (Moisés 6:68). Del mismo modo, todos podemos llegar a ser hijos e hijas de Dios (véase Mosíah 5:7; 27:24–27; D. y C. 25:1; 39:4).

 

Moisés 6:67. Adán poseyó el sacerdocio

Véanse las explicaciones y los comentarios correspondientes a Moisés 6:7.