“Preludio al desastre”

 

W. Cleon Skousen, “Los Primeros 2.000 Años

Capítulo 12: “Preludio al desastre”

 

Cuando Adán y Eva fueron rechazados por sus primeros hijos, ¿dónde pusieron ellos sus nuevas esperanzas?

Eva fue bendecida con un hijo de quien dijo: “He adquirido un varón del Señor; por tanto, tal vez éste no rechace sus palabras.” ¿Quién fue este hijo? ¿Qué significa su nombre?

¿Qué tipo de personalidad tenía Caín? ¿Era él un líder poderoso? ¿Hay alguna indicación de que él recibió el Sacerdocio? ¿Tuvo revelaciones directas del Señor? ¿Podría haberse convertido en hijo de perdición sin el Sacerdocio y sin revelaciones?

¿Cuáles fueron las tres cosas que Caín aparentemente permitió que se convirtieran en piedras de tropiezo en su progreso?

¿Quién mandó a Caín ofrecer una ofrenda del fruto de la tierra?

Cuando la ofrenda de Caín fue rechazada y él se marchó enojado del lugar del sacrificio, ¿qué evento dramático ocurrió que debió ayudarlo a enderezar su camino?

¿Caín se reveló estando bajo un espíritu de engaño e ignorancia, o prefirió el liderazgo de Lucifer con ojos abiertos?

¿Con quién se casó Caín? ¿Complicó esto su posición?

¿Por qué quería Lucifer que Caín gobernara sobre él? ¿Le prometió subsecuentemente Lucifer a Caín permitirle gobernar sobre él?

¿Quién fue la inspiración para el primer culto al asesinato? ¿Qué tan extensa fue la conspiración que resultó en la muerte de Abel?

¿Cuál fue la cosa más significativa sobre el juramento que Lucifer administró a Caín y que Caín le administró a sus hermanos?

 

Adán y Eva piden un hijo digno

¿Quién podría contar los frustrantes meses y años que siguieron al rechazo que Adán y Eva sufrieron por parte de sus hijos? Sin duda nuestros primeros padres debieron haber hecho muchos intentos por conciliarlos, por razonar con ellos y ganarse su confianza. Pero la escritura es muy clara, que estos hijos se alejaron por sí solos de sus padres.

En las solitarias y oscuras horas de la noche Adán y Eva debieron haber discutido frecuentemente qué curso deberían tomar. Cada cosa que fue posible hacer intentaron, pero cuando ellos fallaron en lograr cualquier tipo de acercamiento con sus hijos existentes, finalmente enfocaron sus esperanzas en los hijos que estaban por nacer.

Fue con este espíritu que Adán y Eva buscaron al Señor con el deseo de ser bendecidos con otro hijo. Querían un hijo que fuera un espíritu escogido, receptivo al mensaje del evangelio y digno del Sacerdocio. Y en el debido tiempo la escritura dice que tuvieron un hijo. Este fue un hijo en quien Adán y Eva podrían derramar sus afectos y ambiciones –un chico brillante que mostró gran promesa de liderazgo y que eventualmente fue ordenado al Sacerdocio de Adán.[1]

Nuestra Madre Eva miró a este joven como una respuesta a sus oraciones. Cuando contempló por primera vez el rostro del infante exclamó regocijada: “¡He adquirido un varón del Señor; por tanto, tal vez éste no rechace sus palabras!” (Moisés 5:16) Los felices padres le dieron al niño un nombre que significa “obtenido” o “adquirido” por medio de las bendiciones del Señor.[2]

El nombre fue ¡Caín!

De eventos posteriores, sabemos que Caín fue una extraña combinación de varios rasgos de personalidad. Su carácter fue un manto de diversos colores. Él era enérgico, ambicioso y celoso en todo lo que se proponía lograr. Quizás, durante la preexistencia, él fue una gran fuerza motivadora para la causa de Jehová. Pero aun con todas estas cualidades, el patrón de progreso de Caín pudo probablemente ir ascendiendo con ocasionales y profundas cargas de orgullo explosivo personal. En muchos aspectos él era similar a Lucifer –una brillante “estrella de la mañana” y líder entre los espíritus del Padre, pero solo cuando esto convenía a sus intereses y designios personales. Muy dentro se enconaban semillas de sedición y violencia alimentadas por la flama de una ambición abrazadora y un orgullo auto centrado. Como muchos otros que nacerían en generaciones posteriores, Caín había llegado a ser un príncipe en la causa de rectitud de Dios pero estuvo dispuesto a sabotear el reino completo por treinta piezas de plata o cualquier otra trivialidad que resultara atractiva para los caprichos de su alma gangrenada. Sin embargo, esta debilidad no afloró en una rebelión manifiesta hasta que él fue probado en la mortalidad.

 

Las complejas cualidades de un hijo de perdición

Técnica y legalmente, Caín probablemente se había hecho elegible para muchas bendiciones durante su Primer Estado, de no ser así, él no habría nacido en circunstancias tan favorables en su Segundo Estado. El nació en un tiempo cuando el evangelio estaba sobre la tierra, cuando él podría (y lo hizo) recibir el Sacerdocio,[3] él incluso disfrutó de revelaciones directas de Dios. De subsecuentes súplicas del Señor con Caín es aparente que él fue legalmente merecedor de lo que había recibido y de lo que continuaría recibiendo a menos que pervirtiera el curso de su vida.

Dios “conocía todas las cosas desde el principio” y había observado a Caín a través de las eternidades y supo lo que haría con su libre albedrio cuando viniera a la mortalidad. Más allá de toda duda, Dios sabía que a pesar que Caín había estado enrolado en la causa de la rectitud previamente, él sin embargo, había estado albergando un secreto nido de serpientes en su pecho y como resultado revelaría su verdadero carácter cuando fuera puesto a prueba en la mortalidad. El Segundo Estado está ingeniosamente diseñado para probar la entereza de cada hombre. Es el gran obstáculo final en nuestro curso al progreso eterno. Pone de relieve nuestras fortalezas y revela nuestras debilidades.

Por lo tanto, en la persona de Caín –un hombre “obtenido del Señor”– Dios intencionalmente presentó a Adán y Eva un hijo que Él sabía que finalmente quebrantaría sus corazones. Pero en la tristeza de aquellos subsecuentes años, Dios solo quería compartir con nuestros primeros padres la carga del dolor que El mismo estaba forzado a llevar conforme Caín se rebelaba desdeñosamente contra Jehová hasta recibir el abrazo eterno de la perdición. Fue comprensible que Dios deseara compartir este pesar con dos de Sus más amados y confiables siervos –Adán y Eva. Quizá fue por esta razón que El hizo que Caín les fuera por hijo.

No se menciona cuánto tiempo después de que recibió el Sacerdocio Caín empezó a resistirse a las leyes de rectitud. Eventos subsecuentes indican que él estuvo muy asociado con sus hermanos mayores –la hija de uno de sus hermanos apóstatas posteriormente se convirtió en su esposa– y es posible que su orgullo e inclinaciones naturales a ambiciones profanas encontraron eco en el sarcástico cinismo de estos familiares mayores y parientes más sofisticados. Pareciera que Adán debió haber detectado la creciente infidelidad de Caín y llamó su atención para que recordara los mandamientos del Señor, pero Caín es citado respondiendo de manera burlona: “¿Quién es el Señor, para que tenga que conocerlo?”[4] Esto debió causar tremendo shock en Adán y Eva. Se vieron forzados a admitir que la plaga de apostasía ahora había contaminado incluso a este hijo elegido en quien ellos habían plantado sus esperanzas completas para el futuro.

 

El nacimiento de Abel

Parece que fue durante esta temporada y bajo estas circunstancias que Abel nació.[5] Sin duda, nuestros primeros padres redoblaron sus esfuerzos desde el tiempo de su infancia hasta la adolescencia con la más profunda de las ansiedades por su bienestar. Sus esperanzas por tener un descendiente digno y recto debieron verse avivadas con fuerza renovada conforme el dulce espíritu de Abel empezaba a reflejar en su vida cotidiana los efectos de los principios del evangelio.[6]

Tan pronto como alcanzó una edad elegible, Dios le mandó a Adán que lo ordenara al Sacerdocio, y Abel por tanto quedó autorizado para asistir a Adán en el ofrecimiento de sacrificios y ofrendas al Señor.[7]

Es fácil ver cómo semejante situación pudo haber derramado combustible sobre el celoso Caín que probablemente tenía prohibido ayudar en las ordenanzas en el altar del sacrificio debido a su actitud rebelde. Caín marcó aún más su antagonismo por el hecho de que incluso si hubiera estado autorizado a ofrecer un sacrificio, habría tenido que conseguir un cordero con su hermano menor, porque “Abel era pastor de ovejas, más Caín labraba la tierra.”[8]

Un tercer factor que alienó a Caín y Abel fue el hecho que Caín codició los rebaños de Abel.

En aquella temprana época pastoril, los rebaños grandes representaban la más preciada clase de riqueza –proveía no solamente comida sino pieles y lana para ropa, tiendas y telas. No era suficiente para la mente de Caín que él mismo poseyera la riqueza de graneros cargados y otros suministros de comida. Él quería tener los rebaños de Abel.[9]

Con tales pensamientos cruzando por su mente, Caín ofreció una gran oportunidad para el gran adversario de la raza humana. Con toda la sofistería y el poder que él posee, Lucifer cruzó el velo y se puso delante del sorprendido Caín.

Si esta fue o no la primera vez que Lucifer se aparecía ante Caín en persona no lo sabemos. Pero sea como fuere, Caín indudablemente poseía un conocimiento de todas las misteriosas y excitantes cosas que sus hermanos mayores dijeron que Satanás les había revelado, y por lo tanto, Caín ofreció un atento y respetuoso oído a cada cosa que el engañador tuviera que decir.

 

Caín recibe mandamientos de Satanás

Lucifer mandó a Caín dar una ofrenda de sus posesiones –del fruto de la tierra.[10] ¿Por qué debería Caín conseguir un cordero con su hermano menor para el sacrificio? ¿Por qué no era el fruto de su trabajo tan valioso como el de su hermano Abel? Este razonamiento agradó a Caín y entonces, desde ese momento en adelante, la escritura dice que “Caín amó a Satanás más que a Dios.”[11]

“Y con el transcurso del tiempo, sucedió que Caín trajo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra.[12]

Con solemne burla Caín trajo los frutos de su vanidad y los colocó sobre el altar. De alguna manera que no está registrada, Caín descubrió que su ofrenda era completamente inaceptable para el Señor. Al mismo tiempo el aprendió que la ofrenda de Abel fue santificada y aceptada. ¡Caín estaba indignado! Su egoísta vanidad fue incitada al máximo y su furia apasionada hirvió –haciendo de su mente un campo fértil para las semillas del asesinato que posteriormente Satanás se proponía plantar.

 

Caín recibe una revelación del Señor

Con ira cegada Caín se fue apresuradamente de la escena de los sacrificios, pero no se había alejado demasiado antes de que se detuviera súbitamente en su camino. Una voz le habló desde los cielos. El conocía la voz. Era el Señor. “¿Por qué te has ensañado? ¿Por qué ha decaído tu semblante? Si haces lo bueno, serás aceptado; y si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta, y Satanás desea poseerte; y a menos que escuches mis mandamientos, te entregaré, y será hecho contigo según la voluntad de él… ¡Y tú te enseñorearás de él!”[13]

¡Qué sacudida debió causar esta revelación al oscuro y desanimado corazón de Caín! Debió haberlo parado en seco. ¡Él estaba siendo engañado! Estaba cayendo en la engañosa trampa del adversario de la raza humana. Lucifer quería que Caín gobernara en su propio reino satánico. Pero, ¿por qué? El Señor sabía la razón. Satanás estaba peleando una batalla perdida contra Jehová. Satanás estaba fuera de su elemento. Estaba tratando de tentar “a los hombres en la carne” y competir con Jehová por su lealtad. Pero no sabía cómo llegar a los hombres con tabernáculos mortales. Él no había tenido la experiencia necesaria. El necesitaba una personalidad brillante y emprendedora como la de Caín para que ocupara el rol de administrador general de su reino –alguien que creara esquemas y planes que atraparan a la raza humana, que frustraran los propósitos del Segundo Estado y que derrocara el éxito del plan de Jehová para la salvación de la humanidad.

Lucifer vio en Caín la personalidad ideal para tal asignación. Y Lucifer recurriría a todo lo que fuera necesario para conseguir a Caín –incluso sacrificar su propia posición de liderazgo entre los demonios de su inicuo dominio. ¡Era mejor tomar esta acción extrema que perder la guerra! Y sin Caín o alguien similar que hubiera vivido en la mortalidad y conociera mejor que nadie qué prescribir, Lucifer se vio a sí mismo confrontado por una derrota anticipada.

Es aparente de pasajes subsecuentes que consideraremos posteriormente, que Satanás ya había empezado a sentir la presión del éxito de Jehová como superintendente del Segundo Estado. Lucifer había pensado que su plan de fuerza, violencia y engaño muy pronto “destruiría el mundo,”[14] Pero él ya podía sentir la competencia de la sabiduría superior de Jehová manipulándolo. Él ya había engañado y desviado a todos los primeros hijos de Adán, pero habría otros hijos como Abel que no serían engañados –al menos, no por algo que Lucifer pudiera concebir. El necesitaba un intelecto superior como Caín que hubiera probado de la mortalidad y supiera qué mentiras y pruebas atraparían las almas de los hombres. Fue por esto que él estuvo dispuesto a sacrificar tanto para reclutar a Caín en su reino.

 

Caín toma una decisión

Así que Caín estaba en una encrucijada. Cualquier poseedor ordinario del Sacerdocio habría acudido rápidamente a la protección propuesta del generoso perdón de Jehová. Aprender el verdadero significado del plan de Lucifer y el peligro extremo del curso que él estaba tomando debió haber sido suficiente. Pero no fue así con Caín. El hecho de que el poderoso Lucifer regateara por su alma y rogara por sus servicios fascinó a Caín. Incitó sus fantasías y nutrió su ego. Por lo tanto alistó su mente.

A pesar de haber recibido una revelación de los cielos, él determinó nunca jamás escuchar la voz del Señor. La escritura dice, “Y Caín se encolerizó, y no escuchó más la voz del Señor, ni a Abel, su hermano, el cual andaba en santidad delante del Señor.”[15]

De esta declaración es aparente que el joven Abel hizo todo lo que estaba en su poder por hacer recapacitar al orgulloso Caín. Pero un hombre que no acepta un llamado al arrepentimiento directamente del Señor, muy improbablemente lo aceptaría de su hermano más joven. De hecho, las humildes peticiones de Abel fueron probablemente como sal en las llagas de la conciencia de Caín.

Enseguida Caín hizo la cosa exacta que Satanás probablemente esperaba que hiciera. Parece que se alió con sus apóstatas hermanos mayores. Esto último debe haber favorecido la completa conversión de Caín a su nuevo estilo de vida. Y la escritura dice: “Y Adán y su esposa se lamentaban ante el Señor por causa de Caín y sus hermanos.”[16]

Caín encontró este nuevo estilo de vida muy ad hoc a sus gustos, particularmente desde que él disfrutó de la simpatía y compañerismo de una mujer joven que también era adoradora de Satanás. Ella era la hija de uno de sus hermanos mayores y por lo tanto su sobrina. No pasó mucho antes de que su mutua afinidad les condujera al matrimonio, y la escritura dice, “Amaron a Satanás más que a Dios.”[17]

 

El inicio de un culto al asesinato

Ahora Lucifer estaba listo para tender la trampa con la que esperaba capturar a Caín. Él por lo tanto, se presentó delante de Caín y empezó a tentarlo con la posibilidad de apoderarse de todos los rebaños de su hermano. Esto era algo que Caín deseaba más que nada en el mundo. Pero, ¿cómo podría obtener los rebaños de Abel? Satanás le aseguró que había una forma: “Júrame por tu garganta, y si lo revelas morirás; y juramenta a tus hermanos por sus cabezas y por el Dios viviente, a fin de que no lo digan, porque si lo revelan, de seguro morirán; y esto para que tu padre no lo sepa; y este día entregaré a tu hermano Abel en tus manos.”[18]

Es aparente en esta declaración que Lucifer tenía temor de Adán y quería dar el mayor golpe en su plan sin que el padre de la raza humana estuviera prevenido. La forma del juramento que Lucifer administró a Caín fue redactada en términos que constituyen el convenio más solemne que un hombre puede hacer. Nótese la extraña anomalía por la cual Satanás, el enemigo de Dios, quería que Caín jurara “por el Dios viviente,” que no revelaría el gran secreto que Lucifer estaba a punto de revelarle. Esto refleja el sagrado respeto que Satanás continúa sintiendo hacia el Dios del universo, incluso cuando él está trabajando día y noche por destruir Su reino.

Nótese también que Satanás no se arriesgaría a que Caín participara en este convenio de asesinato solo. El gran secreto que Lucifer estaba a punto de revelar a Caín era el cómo tomar la vida humana con sigilo para “obtener lucro.” Pero, ¿qué pasaría si alguno de sus hermanos mayores descubría lo que había pasado con Abel y buscaban vengar su sangre? La violenta muerte del joven Abel podría levantar simpatías latentes entre los hermanos mayores incluso cuando ellos se habían opuesto al joven durante su vida. Esto tenía que ser evitado. Por lo tanto, Caín fue condenado por Satanás a unir a todos sus hermanos apóstatas bajo el mismo juramento. Esto instituiría el primer culto al asesinato.

Fue un paso terrible y atemorizante. Para persuadir a Caín más que para brindarle un amplio apoyo en esta nueva empresa, Lucifer tomó un juramento por todo lo que ellos consideraban sagrado, que él, el príncipe caído de los cielos, estaría sujeto a los mandamientos de Caín. Como dice la escritura: “Y Satanás juró a Caín que obraría de acuerdo con sus mandatos. Y todas estas cosas se hicieron en secreto.”[19]

De haber habido el más mínimo vestigio de rectitud en el corazón de este hombre que fue el primero de todos los Judas, él habría despreciado esa plaga de asesinato secreto que Satanás estaba proponiendo. Pero en aquel momento en particular no había espacio para la razón ni para el remordimiento. Caín no vio nada para su futuro que no fuera poder y riqueza sin precedentes. Él se dirigió a sus hermanos mayores y encendió la flama de la codicia en sus corazones con la misma astucia con que Lucifer lo había hecho en el suyo. Uno a uno fue poniéndolos bajo juramento.

El escenario estaba listo para el gran y terrible drama que Satanás había inspirado y planeado.

 

Notas

[1] Enseñanzas de José Smith, p. 169

[2] Peloubet’s Bible Dictionary, under “Cain”

[3] Enseñanzas de José Smith, p. 169

[4] Moisés 5:16

[5] Ibid. 5:17

[6] Mateo 23:35; 1 Juan 3:12

[7] Enseñanzas de José Smith, p. 169

[8] Moisés 5:17

[9] Ibid. 5:38

[10] Ibid. 5:18–19

[11] Ibid.

[12] Ibid. 5:19

[13] Ibid. 5:22–23

[14] Ibid. 4:6

[15] Ibid. 5:26

[16] Ibid. 5:27

[17] Ibid. 5:28

[18] Ibid. 5:29

[19] Ibid. 5:30