“La sorprendente reacción de los hijos de Adán a la Revelación de Dios”

 

 

W. Cleon Skousen, “Los Primeros 2.000 Años

Capítulo 11: “La sorprendente reacción de los hijos de Adán a la Revelación de Dios”

 

¿Cuál fue la primer cosa que hizo Adán después de recibir la revelación del plan de salvación?

¿Fue nuestra Madre Eva capáz de entender el plan? ¿Cuál fue su reacción?

¿Qué hicieron Adán y Eva entonces?

¿Hay alguna razón aparente del por qué era urgente para Adán que sus hijos entendieran el plan del evangelio? ¿Cuál era?

¿Cómo reaccionaron ellos cuando se les explicó el plan del evangelio?

¿Crees que era natural que los hijos de Adán y Eva quisieran una revelación para ellos?

¿Obtuvieron esta revelación? ¿Qué nos enseña esto?

Después que los hijos de Adán y Eva concluyeron que “su” ángel estaba diciendo la verdad y que Adán los estaba engañando, ¿cómo piensas que esto afectó la relación social y psicológica entre nuestros primeros padres y sus hijos?

¿Por qué piensas que se le permitió a Lucifer aparecerse como un ángel de luz para engañar a los hijos de Adán y Eva? ¿Nos enseña esto una nueva verdad concerniente a la naturaleza del conflicto entre Lucifer y Jehová?

¿Considerarías que el engaño de Lucifer a estos hijos es una victoria temporal o permanente en la batalla por sus almas?

¿Se considera rectitud tener éxito en la tierra porque no existe el mal o a pesar de él?

¿Cómo es que Lucifer es atado?

 

La reacción de Adán a las “buenas nuevas” del evangelio

El salmo de alabanza con el cual Adán bendijo el nombre de Dios al final de Su remarcable revelación sobre el plan de salvación claramente indica el grado de arrebato y alivio que vino a él cuándo el Señor finalmente le reveló el verdadero propósito de la vida y la razón de la Caída.

Adán había vivido hasta ser abuelo en una atmósfera de pesar, arrepentimiento y auto incriminación. Ahora, repentinamente aprendía la actitud real del Dios hacia la Caída. El aprendió que esto era parte del plan de Dios para el progreso de Sus hijos; que la mortalidad tenía la intención de ser un período probatorio y que si los hombres vivían de manera recta en esta vida podían hacer de esto un estado de gozo y logro.

Sin embargo, la cosa más grande de todas, fue la declaración del Señor de que Adán y su posteridad podrían eventualmente labrar su salvación y regresar a las mansiones de su Padre Celestial.

Lleno con esta casi abrumadora carga de “buenas noticias”, que es lo que significa la palabra evangelio– Adán se apresuró a llevar este glorioso mensaje de esperanza y salvación a su esposa e hijos.

 

Adán le relata la revelación a nuestra Madre Eva

La primera persona a quien Adán fue a compartir este emocionante conocimiento fue a nuestra Madre Eva. En un lugar tranquilo donde pudieran estar solos, Adán derramó las exquisitas y maravillosas noticias. Al principio, sin duda, fue casi incomprensible. Después de tantos años de oscuridad y de esperanza totalmente eclipsada, ¿podría ser cierto que Dios los había perdonado? Con la imagen de la visión aun fresca en su mente, Adán le aseguró a su amada esposa y compañera que en verdad era cierto.

Aquí estaba el más grande descubrimiento de conocimiento nuevo que el hombre pudo jamás haber hecho. Rara vez en la historia de la humanidad alguien ha sentido tanto gozo genuino como el que ahora Adán y Eva compartían. En un solo día, ellos habían saltado de las profundidades abismales del humillante dolor hasta las alturas exóticas de la felicidad celestial.

El gozo con el que nuestra Madre Eva recibió el mensaje está específicamente registrado en las escrituras,[1] y la profundidad de su entendimiento está vívidamente retratada en esta gozosa exclamación a Adán: “¡De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes!”[2]

Tal vez los verdaderos sentimientos de nuestra Madre Eva pueden ser apreciados solamente cuando es recordado que ella, más que nadie más, había cargado con la culpa por el pesar y la excomunión espiritual que había resultado de la Caída. Ella fue la primera en participar del fruto prohibido. Fue ella quién había recibido la gran condena por parte del Señor cuando El los encontró temerosos entre los árboles en el Jardín. Fue Eva quien había hecho el mayor sacrificio en trabajo físico y pesar como resultado de la Caída.

Y quién dudaría que durante los largos, y solitarios años desde el exilio del Edén, no hubo ocasiones cuando la frustración, la fatiga y la desesperanza había inducido a los hijos de Eva a señalar con el dedo de acusación hacia nuestra Madre Eva y decir, “¡He aquí nuestra condición! ¡Mira la calamidad que has traído sobre nosotros!”

Ahora, sin embargo, todo parecía diferente. Un completo y nuevo horizonte de luz y conocimiento de elevaba delante de ellos. Las palabras de nuestra Madre Eva no solo transmiten una remarcable visión del significado y propósito del plan de salvación sino que también reflejan un mensaje personal de humilde reivindicación cuando ella dijo: “De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes.”

Seguramente este fue un momento de satisfacción triunfante para ¡nuestra madre y para todos los hombres! En sus corazones tanto Adán y Eva sintieron una creciente emoción de agradecimiento. La escritura dice que levantaron sus rostros hacia el cielo y a pesar de que no podían ver a su Padre Celestial, ellos le hablaron y bendijeron Su nombre por el gozo y la felicidad que había llegado a ellos ese día.[3]

 

Adán y Eva explican el evangelio a sus hijos

Adán y Eva estaban probablemente llenos de emoción anticipada conforme ellos se encaminaban con toda prisa a visitar la morada de sus hijos y nietos. Tuvo un significado muy profundo este viaje.

A través de los años, las mentes inquisitivas de sus hijos probablemente habían generado miles de preguntas concernientes a la vida y su significado. Y por dos generaciones Adán y Eva se habían visto forzados a confesar completa ignorancia sobre el asunto. Esto debió haber sido una gran prueba para ellos porque, la naturaleza humana siendo como es, esta falta de conocimiento indudablemente resultó en una falta de respeto y afecto filial en lo que a sus hijos se refiere.

Ahora, sin embargo, todo cambiaría. ¡Ellos por fin habían conseguido las respuestas! La escritura declara que Adán y Eva se apresuraron a reunir a sus hijos y cuidadosamente les explicaron todo lo que había pasado. Conforme el mensaje era lentamente develado, nuestros primeros padres debieron haber observado los rostros de sus hijos con ansiedad. Ellos esperaron la primera reflexión de llena de ánimo y apreciación. Pero nada pasó. Los rostros carentes de expresión de sus hijos no reflejaron nada sino frialdad y sospecha desconfiada. Quizás ellos estaban pensando: “¿Por qué esperó tanto Dios para revelar este mensaje? Después de tantos años de oscuridad, ¿es lógico creer que Dios ha repentinamente venido a decir que todo está olvidado? Más allá de eso, si Dios tenía un mensaje para todos nosotros, ¿por qué nosotros no lo vimos?, ¿por qué nosotros no tuvimos una revelación?”

Probablemente sospecharon que Adán y Eva habían falsamente fabricado la revelación completa.

 

Los hijos de Adán reciben una revelación

Justo más allá del velo una poderosa personalidad observaba esta escena de discordia doméstica. El presente curso de los eventos se adaptaba maravillosamente a los planes que Él tenía en mente para los hijos de Adán. En este momento, ellos dudaban abiertamente de la revelación que Dios había dado a Adán. Y querían una revelación propia. ¡Muy bien!, tendrían una.

Repentinamente una brillante luz brotó a través del velo de la eternidad para revelar delante de los ojos de Adán y Eva y todos sus hijos un ser majestuoso rodeado de una brillante y trascendente gloria. Con tonos solemnes e impresionante anuncio: “¡Yo también soy un hijo de Dios!”

Entonces, y tal como si hubiera venido directamente del cielo para traer un mensaje de verdad a las mentes inquisitorias de los hijos de Adán, el señaló a Adán y Eva y con voz autoritaria declaró, “No lo creáis.”[4]

Inmediatamente Adán y Eva supieron la identidad de este mensajero angelical. Él era su adversario, el líder de la rebelión en el mundo espiritual, el príncipe de la perdición –Lucifer.

Para el asombro de Adán y Eva, sus hijos estaban en una actitud de completa aceptación para este impostor angelical. Cuando la visión hubo terminado pudieron observar que sus hijos habían quedado profundamente impresionados. Adán y Eva trataron de explicarles que este personaje era realmente Lucifer, pero no tuvieron éxito. El hecho de que éste fuera el ser que primero engañó a nuestra Madre Eva en el Jardín de Edén no pareció significar nada. Y la súplica de que tuvieran cuidado de que Satanás tampoco los engañara fue en vano. Adán y Eva tuvieron una experiencia desgarradora de ver a sus hijos –desde el mayor hasta el menor –tornarse en contra de ellos.

No solamente estos hijos y nietos desdeñosamente rechazaron la revelación que Adán había recibido, sino que su subsecuente actitud hacia nuestros primeros padres fue equivalente a una directa acusación de que la cosa completa era una mentira. ¿No habían ellos recibido su propia revelación?

¿No se había aparecido un glorioso ser delante de ellos y les había mandado específicamente no creer lo que Adán les había dicho? “Y,” la escritura concluye, “¡y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios!”[5]

 

¿Por qué se le permitió a Satanás engañar a los hijos de Adán y Eva?

Es deseable, quizá, pausar por un momento y considerar las razones del por qué a Satanás le fue permitido por Dios aparecer de una manera engañosa y frustrar los esfuerzos de Adán y Eva al compartir el evangelio con sus hijos. ¿Por qué Satanás no fue frenado? Podríamos ir más lejos y preguntar, ¿por qué le permite Dios a Satanás operar después de todo?

Cuando Lucifer se rebeló en la preexistencia y dirigió a un tercio de los hijos espirituales de Dios a una rebelión manifiesta, Dios pudo haber interferido y desbancado a Satanás de su reino. Pero no lo hizo. De hecho, durante la “guerra en los cielos” que le fue mostrada a Juan el Amado en la isla de Patmos, no parece que Elohim haya interferido en alguna forma a pesar de que Él estaba grandemente preocupado por el resultado. La escritura dice que cuando Satanás fue finalmente expulsado, fue Miguel y sus ángeles quienes lo hicieron. Incluso, describe cómo lo hicieron: por “la palabra del testimonio de ellos.”[6]

En otras palabras, aquellos de los espíritus del Padre que habían determinado rechazar la rebelión de Lucifer ejercieron su influencia y su libertad de expresión hasta que definitivamente ganaron el apoyo completo de la mayoría de los espíritus en los cielos. Y unificados de esta forma lograron lo que dice la escritura, que las huestes rebeldes de Lucifer “no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.”[7] Así es como Satanás y sus huestes fueron expulsados. El Padre quería que Sus hijos decidieran por sí mismos a quién seguir.

Ahora la guerra continúa aquí en la tierra. Como declaró una voz celestial a Juan el Amado: “¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.”[8] Lucifer es citado haciendo esta declaración: “Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.”[9]

Al igual que en la preexistencia, Lucifer es aun el retador y acusador de aquellos que están tratando de tener éxito en este voluntario plan de salvación. El mismo nombre de Satanás es de origen Hebreo y significa “un acusador.”[10]

Existe evidencia que Lucifer a veces va delante del Señor a opinar que él no está teniendo una oportunidad justa para mostrar las debilidades del plan de Jehová y las debilidades de aquellos que participan en él.[11]

El alega que si se le permitiera usar tanta influencia para frustrar el plan como Jehová usa para fomentarlo, él podría demostrar el hecho que los hombres finalmente seguirían a Satanás en vez de Dios.

La majestuosidad de la constitución del gobierno libre que prevalece a través del universo cósmico de Dios, requiere que Satanás tenga su oportunidad de competir con Jehová por la lealtad voluntaria de las huestes de los hombres. De otro modo, nunca se consideraría que los hombres hayan tenido la “oportunidad de escoger”[12] La guerra de Satanás contra Jehová es terrible y real. En lo que a Lucifer concierne es una guerra a muerte con exilio y destitución esperando el día de su caída.

En el ínterin, mientras los hombres están probando los frutos de su libre albedrío, Satanás presiona fuerte por cada ventaja y deliberadamente demanda oportunidades iguales que Jehová en reclutar las almas de los hombres. Es aparente en las escrituras que, dentro de los límites del gobierno teocrático de los cielos se permite esta libertad de expresión –incluso cuando ésta toma la forma de engaño satánico destructivo. Dios no forzará a Lucifer a ser recto más como tampoco lo hará con los hombres. Si el plan de Jehová es tener éxito, debe tener éxito a pesar de Satanás.

Es una característica significativa de casi toda dispensación del evangelio que siempre que el velo se ha partido para permitir una nueva comunicación entre Dios y el hombre, Lucifer ha estado ahí cerca con una revelación suya. Así fue en los días de Moisés;[13] y fue así en los días de Cristo.[14] La misma cosa paso durante la restauración del evangelio por medio de José Smith,[15] y hemos visto que esto ocurrió cuando el evangelio fue dado por primera vez a Adán. Es interesante observar que en varias de estas ocasiones, a Lucifer de le ha permitido dramatizar su engaño al grado de aparecerse como si él fuera “un ángel de luz”[16]

Se observará a partir de esto que el engaño a los hijos de Adán por parte de Satanás al momento que Adán estaba ansioso de que ellos entendieran y apreciaran la revelación que Dios le había dado, fue meramente una escaramuza –un anticipo de lo que los hombres podrían esperar durante la guerra de seis mil años de Lucifer contra Jehová. Fue una muestra del engaño diabólico que Satanás es capaz de practicar cuando el fomento de su diabólica causa lo requiera. Y por el momento, parecía que Lucifer había ganado una victoria monumental.

 

Notas

[1] Moisés 5:11

[2] Ibid. 5:11

[3] Ibid. 5:12

[4] Moisés 5:13

[5] Ibid. 5:13

[6] Apocalipsis 12:11

[7] Ibid. 12:8

[8] Ibid. 12:12

[9] Isaías 14:12–14

[10] Cruden’s Complete Concordance, bajo “Satan”

[11] Job 1:6–11

[12] 2 Nefi 2:16, 27

[13] Moisés 1:12–22

[14] Mateo 4:1–11

[15] D. y C. 128:20

[16] 2 Cor. 11:14; D. y C. 128:20