“La historia humana se inicia en Adán–ondi–Ahman”

 

W. Cleon Skousen, “Los Primeros 2.000 Años

Capítulo 9: “La historia humana se inicia en Adán–ondi–Ahman”

 

¿Visualizas a Adán y Eva enfrentando las pruebas como los primeros pioneros del mundo?

¿Ves alguna pista de lucha en la declaración “Adán empezó a cultivar la tierra, y a ejercer dominio sobre todas las bestias del campo, y a comer su pan con el sudor de su rostro”?

¿Cuál es el significado de la declaración “Y Eva, su esposa, también se afanaba con él.”?

¿Es posible que Adán y Eva hayan recibido algunas instrucciones concernientes a la vida en la tierra antes de que abandonara el Jardín de Edén?

Después de su expulsión del Jardín de Edén, ¿cuánto tiempo indica la escritura que Adán y Eva tuvieron que esperar antes de recibir comunicación divina?

¿Piensas que este largo período de excomunión espiritual y la pronta lucha de nuestro Padre Adán para llevar a cabo su vida laboral le hará más comprensivo para cuando él se siente como “el Anciano de días” para juzgar a la raza humana?

¿Sabes el nombre del primer hijo de Adán y Eva?

¿Todos sus primeros hijos maduraron sin accidente o percances serios?

¿Por qué se prohíbe hoy emparentar entre familiares?

¿Tenían Adán y Eva al principio algún conocimiento del plan de salvación para enseñar a sus hijos?

¿Cuál fue la primera revelación que recibieron Adán y Eva en su condición “caída”? ¿Qué les fue mandado?

¿Cómo crees que reaccionaron los hijos de Adán y Eva ante esta revelación? ¿En ese tiempo había alguna explicación racional o lógica del mandamiento del Señor?

¿Hay alguna indicación de que algunos de los hijos de Adán participaron con él en ese tiempo en ofrecer sacrificios?

 

La bendición de una gran aventura humana

Las expediciones exploratorias siempre son una fuente de gran satisfacción personal para los espíritus atrevidos y curiosos quienes buscan invadir lo desconocido y satisfacer la sed humana por nuevo conocimiento y experiencias emocionantes. Sin embargo, cuando una aventura a lo desconocido es forzada en una persona en la forma de exilio –sin nada en perspectiva, tan solo dificultades, frustración y encarcelamiento– entonces lo emocionante de la aventura se desvanece por la ominosa presencia de peligros amenazadores que acechan a cada paso. Sin embargo, incluso esta atemorizante y no deseada clase de aventura a veces produce sagas históricas de la victoria humana sobre la adversidad. Tal es el caso de Adán y Eva.

Cuando estos dos nobles personajes migraron de las fronteras del Edén cumpliendo el mandamiento del Señor se dirigieron hacia una habitación extraña y beligerante donde la vida e incluso los mismos elementos parecían organizarse contra todo lo demás con una furia perpetua de destrucción ofensiva. Adán y Eva se encontraron rodeados de un mundo de fuerzas rebeldes y desafiantes donde los cielos oscuros y prohibidos son rasgados por relámpagos de luz que rugen cual mil truenos; donde los bosques esconden una hueste de peligros y la noche retumba con el estridente grito de bestias de caza. Adán y Eva pasaron del sublime y pacifico Edén a un ambiente de caos y competitiva confusión.

Seguramente fue una terrorífica aventura y un episodio realmente dramático en este drama de la vida real llamado el Paraíso Perdido.

Como se indicó previamente, el lugar de residencia elegido por Adán y Eva no estaba lejos del Edén y se llamaba Adán–ondi–Ahman. Alrededor de este asentamiento humano estaban las llanuras de Olaha Shinehah las cuales fueron incorporadas a la residencia de Adán y Eva.[1]

En esta residencia Adán “empezó a cultivar la tierra, y a ejercer dominio sobre todas las bestias del campo, y a comer su pan con el sudor de su rostro.”[2] Luego la escritura añade un conmovedor y significativo comentario: “Y Eva, su esposa, también se afanaba con él.”

En su lucha por la subsistencia este valiente hombre y mujer trabajaron hombro a hombro para sobrevivir. Como todas las grandes pioneras de cada época, Eva no se confinó a los “deberes de esposa” sino que también trabajó con su esposo.

 

El frío y monótono mundo

Los primeros años en Adán–ondi–Ahman presenciaron escenas dramáticas no superadas quizás en otros períodos de la historia. La vida, por necesidad, fue simple y frugal –reducida temporalmente a su más bajo denominador. Por ropa ellos usaron al principio la piel de animales muertos. El Señor mismo enseñó a Adán y Eva como confeccionarlas.[3] Por comida ellos tenían tan solo lo que podían producir del rudo y renuente campo. Por casa tenían solo lo que podían construir con sus propias manos –usando madera y piedra en su forma más cruda. Nada vino a ellos sino a través de un difícil y extenuante esfuerzo. Ellos fueron los primeros pioneros de la raza humana.

Sin embargo, esta no fue la tan mencionada era de “los cavernícolas” ni tampoco la tan mentada “era de piedra.” Adán no fue el típico malhumorado y primitivo Homo Sapiens. Adán y Eva vinieron del Jardín de Edén y salieron de la presencia de Dios en la total plenitud de la madurez física e intelectual. Pocos, si acaso, y exceptuando a Jesucristo mismo, de todos los billones de seres humanos que han descendido de estos primeros padres, los exceden en nobleza como personas o en superioridad de pensamiento. Adán fue Miguel, el líder y arcángel en el Primer Estado, “el padre de todos, el príncipe de todos, el anciano de días”[4] Eva fue su valiosa compañera –una ayuda idónea para él. El hecho, por lo tanto, que Adán y Eva empezaran esta etapa pionera de probación terrenal bajo circunstancias primitivas no debe restar en lo más mínimo la dignidad de su verdadero carácter.

Dentro de la duración de su propia vida la ingeniosidad de Adán y sus hijos fue tal que fueron capaces de “construir una ciudad,”[5] producir instrumentos musicales tales como “el arpa y el órgano”,[6] trabajaron la minería de forma básica para producir artífices de bronce y hierro,[7] hablaron el mismo lenguaje “puro y sin mezcla” que habían usado en el Jardín de Eden,[8] enseñaron a sus hijos cómo leer y también los instruyeron en el arte de escribir y en el método de registrar historias y genealogías en un “libro de memorias.”[9]

También debe mantenerse en mente que quizá mucho del remarcable conocimiento evidenciado por Adán y Eva y sus hijos pudo haber venido a ellos directamente del Señor previo a su exilio. Así como les enseñó a confeccionar su ropa, Él pudo haberles enseñado cómo sembrar y cultivar semillas, cómo construir edificios, cómo extraer y refinar metales, construir ciudades, escribir en el idioma Adámico, producir instrumentos para crear música e incluso cómo servir en calidad de sus propios médicos.

Respecto a todos estos asuntos las escrituras guardan silencio, pero se recordará que en años subsecuentes el Señor se involucró en tales detalles como la construcción de edificios,[10] el diseño de ciudades,[11] el tiempo de la siembra y la cosecha,[12] el registro de historia,[13] la enseñanza de los hijos,[14] y las reglas de la buena salud.[15]

Parece improbable que Dios hubiera lanzado a nuestros ancestros patriarcas a los altamente competitivos conflictos de la vida mortal sin algún entendimiento de estas verdades básicas sobre las cuales tanto ellos como sus hijos dependerían para su subsistencia. La inusual rapidez con la cual los hijos de Adán se previeron a sí mismos de un alto grado de seguridad, cultura y comodidad, indica la probabilidad que Adán recibió gran parte de este conocimiento del Señor al mismo tiempo que fue instruido en la manera de hacer ropa.

 

Dos generaciones de excomunión espiritual

Sabemos que Adán recibió las grandes palabras claves del Sacerdocio antes de abandonar el Jardín de Edén, y sin duda algunas de las ordenanzas del Sacerdocio también le fueron explicadas. (Ver Explicación del facsímile del Libro de Abraham, fig. 3)

Pero a pesar del conocimiento y entendimiento que hayan podido recibir Adán y Eva en el principio –justo antes de su exilio– la escritura es muy clara respecto a que una vez que se hubieron establecido fuera de los límites del Edén quedaron completamente cortados de la presencia del Señor.

Es también sorprendente descubrir cuánto esperó el Señor antes de condescender a hablarles nuevamente. Ordinariamente el estudiante visualiza al Señor como respondiendo a cada una de sus súplicas en este período temprano. Las escrituras disponibles indican, sin embargo, que no fue así. De hecho, pareciera según los primeros versículos del capítulo cinco de Moisés que Adán y Eva estaban sin revelación o dirección divina por un período, el cual, en el curso normal de los eventos, debieron haber sido de cuarenta a sesenta años. La escritura indica que ellos eran abuelos antes de que la voz del Señor se escuchara otra vez.[16]

Esto significaría que ellos fueron dejados a solas durante dos generaciones de excomunión espiritual.

Fue durante este período que sus primeros hijos nacieron. Al principio sin duda la milagrosa capacidad de los poderes propagativos que les fueron prometidos por el Señor debieron haber provocado en ellos una preocupación y asombro extremo. Con sentimientos de inquietud y ansiedad debieron haber esperado la llegada de su primer hijo. Debió ser un momento de tragedia y triunfo cuando finalmente la compañera y ayuda idónea de Adán cumplió sus días y se deslizó hacia el valle de sobra de muerte y experimentó el ya predicho sufrimiento que haría posible para ella finalmente tener entre sus brazos al ¡primer pequeñito de la raza humana!

Si fue niño o niña no sabemos. Ni sabemos su nombre. Todo lo que la escritura registra es el hecho de que esta primera personalidad fue seguida en años posteriores por numerosos hermanos y hermanas,[17] y que todos ellos crecieron sin serios accidentes o contratiempos.[18]

Eventualmente, cuando los mayores hubieron alcanzado la madurez, gradualmente se dividieron en parejas de acuerdo a sus mutuas inclinaciones. Sin duda fueron alentados por Adán y Eva quienes conocían la santidad del matrimonio y apreciaban profundamente el plan del Señor de unir al esposo y a la esposa con los convenios del matrimonio ya que esto les había sido enseñado en el Jardín de Edén.[19]

Entonces la escritura continúa: “Y de allí en adelante los hijos e hijas de Adán empezaron a separarse de dos en dos en la tierra, y a cultivarla y a cuidar rebaños; y también ellos engendraron hijos e hijas.”[20]

Hoy a los hermanos y hermanas u otra clase de parientes se les prohíbe casarse entre ellos por las debilidades congénitas que se han transmitido a través de muchas cepas familiares y que podrían agravarse con esta clase de uniones y sus hijos podrían venir al mundo discapacitados tanto física como mentalmente. En el principio, sin embargo, cuando la raza era nueva y pura, los matrimonios entre familiares no tenían esos efectos.

Dado que las primeras dos generaciones de descendientes de Adán y Eva fueron criadas durante el período de exilio espiritual, su crianza pudo haberse vuelto más difícil. En este tiempo Adán y Eva no podían recordar nada que no fuera su vida en el Jardín de Edén. Como lo mostraran eventos subsecuentes, ellos habían olvidado completamente su preexistencia o Primer Estado; habían olvidado el plan de salvación y no tenían forma de saber si el Señor tenía o no intenciones de rescatarlos del ambiente decadente en el que habían caído. Todo lo que sabían y tenían por seguro era el hecho de que eventualmente morirían y que mientras vivieran ellos debían ejercitar cada facultad que tenían para protegerse de los hostiles elementos y proveer para sus cuerpos sustancia física.

De las posteriores expresiones de gozo de nuestra Madre Eva,[21] parecería que durante este período oscuro ellos se reprochaban amargamente por su error al participar del fruto prohibido y aparentemente no tenían ni siquiera una sospecha de que la Caída –a pesar de estar llena de multitud de tribulaciones y peligros– era en realidad una gran bendición y un evento deliberada y cuidadosamente consumado como parte del plan de Dios para la exaltación de la raza humana.

Indudablemente estas dos primeras generaciones de hijos presionaban a Adán y Eva con una multitud de preguntas concernientes al propósito de la vida y por qué ellos debían someterse a tanta tribulación y vivir sus vidas con pesar. Pero para todas estas interrogantes nuestros primeros padres no tenían respuestas, incluso ellos mismos estaban desconcertados y perplejos por el enigma de la vida.

Quizá es significativo que ninguno de estos hijos aceptó el evangelio posteriormente cuando fue dado a Adán por primera vez. Ellos personifican la clásica lección de todas las épocas de que los hijos que crecen sin fe raramente la encuentran en la vida adulta.

Es por esta razón que ninguno de los nombres de estos primeros hijos está registrado en las genealogías de la raza humana.

Como veremos después, ellos perdieron su herencia debido a conductas traidoras en contra de sus padres. Todos ellos, sin embargo, nacieron antes de Caín y Abel.

 

La voz del Señor se escucha finalmente

Con el paso de los años, las aflicciones que Jehová había predicho para ellos se habían derramado sobre sus cabezas sin disminuir su intensidad, y sin duda Adán y Eva sintieron en su corazón que quizá serían desechados para siempre. A pesar de ello, ellos finalmente sintieron un impulso irresistible de buscar ayuda divina lo cual les dio la fuerza para tratar de comunicarse con Dios.

Fue sin duda un momento crucial en las vidas de estos dos seres humanos cuando se arrodillaron juntos en ferviente oración e intentaron penetrar el silencio pétreo de los cielos con su humilde oración pidiendo ayuda.

Conforme ellos derramaban sus corazones no tenían la manera de saber que este era el momento que los cielos habían estado esperando. Debieron haberse detenido con sorpresa y asombro cuando su oración fue súbitamente interrumpida. Fue la suave pero penetrante “voz del Señor que les hablaba en dirección del Jardín de Edén.”[22] ¡Habían sido escuchados!

Haber elevado su oración en primer lugar fue una gran victoria moral, pero haberse granjeado a los portales del cielo y escuchar la voz del Señor respondiendo a su ferviente suplica –ese sí fue un triunfo. A pesar de mirar atentamente en dirección de dónde provenía la voz, no pudieron ver a ningún personaje pero definitivamente reconocieron que la voz era la del Señor.[23] Ellos escucharon atentamente mientras el Señor los instruía.

Por inferencia suponemos que ellos fueron elogiados por haberse acercado al Señor en oración, porque Él les dijo que debían acercarse al Señor en oración y adorarlo.[24] Esto fue para Adán y Eva un consuelo más grande de lo que la simple declaración de la escritura alcanza a transmitir. El hecho de que Dios les mandara adorarlo era una prueba de que ellos no habían perdido definitivamente Su buena voluntad y ayuda. Si El aún estaba dispuesto a recibir sus devociones y oblaciones, entonces seguramente había una esperanza de que algún día, y de alguna forma, podrían ser restaurados a su presencia.

Pero Dios requirió más de sus manos que la mera adoración de sus labios. Él les mandó que el primogénito de cada oveja o cabra y el primogénito de cada novillo de los ganados de Adán debía ser sacrificado y quemado sobre un altar como muestra de devoción a Dios. Este fue un mandamiento extraño. Era incomprensible. ¿Por qué debería un joven cordero o un ternero recién nacido ser sacrificado y quemado como ofrenda para el Señor? ¿Dónde estaba el placer para el Señor en esto?

¿Por qué cumplir con esto? No había una respuesta lógica a tales preguntas. El Señor no dio ninguna explicación, y entre ellos, Adán y Eva, no podían imaginar una.[25] Ordinariamente la mente humana se revela contra lo que está más allá de su entendimiento, pero en este caso la escritura da un tributo de fidelidad a Adán porque dice: “Y Adán fue obediente a los mandamientos del Señor.”[26]

Aquí se demuestra una de las grandes verdades que deben ser descubiertas durante la vida terrenal –que los mandamientos de Dios siempre se deben obedecer. La historia de la raza humana está repleta de ejemplos de grandes hombres que quedaron perplejos ante mandamientos extraños e incompresibles del Señor. Y la historia de igual modo está repleta de ejemplos que prueban que aquellos que obedecieron los mandamientos de Dios siempre estuvieron en lo correcto.[27]

A menudo, la sabiduría de Dios es locura para los hombres, pero la más grande lección que debe ser aprendida en la mortalidad es que cuando Dios manda y el hombre obedece, aquel hombre siempre hará lo correcto.

 

Notas

[1] D. y C. 117:8

[2] Ibid. 4:27

[3] Moisés 5:1

[4] D. y C. 27:11

[5] Moisés 7:19

[6] Ibid. 5:45

[7] Ibid. 5:46

[8] Ibid. 6:6

[9] Ibid. 6:5

[10] Éxodo Caps. 25, 26, 27, 28; Ezequiel Caps. 40, 41, 42, 43

[11] Ezequiel Cap. 48; D. y C. 94:1–3

[12] Éxodo 23:10–11; Levítico 25:3–4

[13] 3 Nefi 23:11–13; D. y C. 47:1

[14] D. y C. 55:4; 68:25–28; 93:40

[15] Levítico Caps. 11, 12, 13, 17

[16] Moisés 5:2–4

[17] Ibid.

[18] D. y C. 29:42

[19] Moisés 3:24

[20] Ibid. 5:3

[21] Ibid. 5:11

[22] Ibid. 5:4

[23] Ibid. 5:4

[24] Ibid. 5:5

[25] Ibid. 5:6

[26] Ibid. 5:5

[27] Por ejemplo, 1 Nefi 4:10–13