Comentarios Moisés 5

 

Los siguientes comentarios en color marrón han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 16–20.

Pero también se han insertado en color violeta los comentarios, que son pertinentes al análisis, del manual El Antiguo Testamento Parte 1, Manual del Alumno, págs. 31–32.

 

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MOISÉS 5:1–15

A ADÁN Y A EVA SE LES ENSEÑA

EL EVANGELIO

 

¿Qué información nos da el Libro de Moisés que ya no se encuentra en el relato de Génesis? (Génesis 4:1)

Entre Génesis 3:24 y Génesis 4:1, el Libro de Moisés añade 15 versículos que contienen los siguientes puntos importantes:

1. Después que se los expulsó del Jardín de Edén, Adán y Eva trabajaron juntos para ganarse el sustento propio y el de sus hijos cultivando la tierra y criando ganado (véase Moisés 5:1).

2. Adán y Eva empezaron a tener hijos cumpliendo así con el mandamiento de multiplicarse y henchir la tierra. Sus hijos se casaron entre sí y empezaron a su vez sus propias familias (véase Moisés 5:2—3). Esta parte del libro de Moisés aclara un problema que se presenta cuando se lee solamente el relato de Génesis. En Génesis 4:1—2, pareciera que Caín y Abel son los primeros hijos de Adán; sin embargo, el versículo 17 habla de la esposa de Caín. El relato de Moisés aclara que Adán tuvo muchos hijos antes de tener a Caín y que, por lo tanto, Caín no tuvo ningún problema para encontrar esposa.

3. A pesar de que Adán y Eva ya no podían ver a Dios como lo habían hecho en el Jardín de Edén, podían dirigirse a El, y El les hablaba y les daba mandamientos (véase Moisés 5:4—5).

4. Adán y Eva obedecieron aquellos mandamientos que les pedían que ofrecieran al Señor las primicias de sus rebaños (véase Moisés 5:5).

5. Después de “muchos días” de obedecer dicho mandamiento, se les apareció un ángel y le preguntó a Adán por qué ofrecía sacrificios al Señor (Moisés 5:6). Cuando Adán le respondió que no sabía la razón, pero que lo obedecía de todas maneras (esto nos da una idea de la gran fe de Adán), el ángel le enseñó que esos sacrificios se hacían a semejanza del futuro sacrificio redentor de Jesucristo y que deberían arrepentirse y dirigirse a Dios en el nombre de su Hijo Unigénito para siempre (véase Moisés 5:6—8).

6. Después que Adán y Eva recibieron el plan de salvación y fueron bautizados, el Espíritu Santo descendió sobre ellos y comenzaron a profetizar. Los dos comprendieron el propósito de la caída y se alegraron de conocer el plan del Señor (Moisés 5:9—11).

7. Adán y Eva les enseñaron estas cosas a sus hijos, pero Satanás también comenzó a tener influencia sobre ellos y trató de persuadirlos de que rechazaran el evangelio. Desde ese entonces el evangelio se predica; los que lo aceptan son salvos, mientras los que lo rechazan son condenados (véase Moisés 5:12—15).

 

Moisés 5:1–2. Adán y Eva trabajan juntos

El principio que se encuentra en Moisés 5:1–2 es sumamente importante y profundo a la luz de los muchos ataques y desafíos que se hacen en la actualidad sobre el matrimonio y las relaciones familiares. En la proclamación para el mundo relacionada con la familia, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles declararon:

“El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. ‘He aquí, herencia de Jehová son los hijos’ (Salmos 127:3). Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el uno al otro, de guardar los mandamientos de Dios y de ser ciudadanos respetuosos de la ley dondequiera que vivan…

“…Los matrimonios y las familias que logran tener éxito se establecen y mantienen sobre los principios de la fe, la oración, el arrepentimiento, el perdón, el respeto, el amor, la compasión, el trabajo y las actividades recreativas edificantes. Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente” (“La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, octubre de 1998, pág. 24, y junio de 1996, pág. 10; cursiva agregada).

 

Moisés 5:5. “Las primicias de sus rebaños”

“La palabra ‘primicias’ pone ciertos requisitos y restricciones, e incluso determina la índole de la fe que se utiliza al ofrecer sacrificios. El término ‘primicia’ no significa necesariamente el mayor del rebaño, sino el primogénito de una madre en particular. Una ‘primicia’ es un macho, el primero ‘que abre [la] matriz’ de su madre (Éxodo 13:2; 34:19). Toda madre puede tener sólo un primogénito [primicia] durante su vida, pero un rebaño de ovejas puede tener varios primogénitos que nazcan cada año. Con el fin de saber qué corderos eran aceptables para el sacrificio, el dueño tenía que conocer su rebaño. Era por lo tanto importante prestar atención a las madres y a los corderitos; de otra forma, ¿cómo podría saber alguien qué madres habían dado cría por primera vez? No había forma alguna en que un hombre, ya fuese Adán u otro, pudiera saber qué machos habían sido primogénitos a no ser que se llevara un registro o se estableciera cierta manera de identificar a las madres y a las crías. Ese requisito eliminaba el peligro de equivocarse, de la obediencia al azar o de la obediencia sólo de vez en cuando. La fe de la persona se demostraba no sólo por medio de su disposición de ofrecer un sacrificio sino que se evidenciaba también en el cuidado que tenía y que se requería, y en la necesaria preparación de antemano que hacía, a fin de escoger el animal apropiado.

“Ese pasaje en particular de las Escrituras ilustra el concepto de que los mandamientos de Dios requieren la inteligencia y la atención deliberada de quienes buscan la salvación. Eso da pie para la observación de Pablo de que ‘sin fe es imposible agradar a Dios’ (Hebreos 11:6), ya que sin fe, no se hubiera llevado un registro, ni marcado (por lo menos mentalmente) qué animales eran apropiados para el sacrificio” (Robert J. Matthews, “The Doctrine of the Atonement”, en Studies in Scripture, Volume Two: The Pearl of Great Price, ed. Robert L. Millet y Kent P. Jackson, 1985, págs. 118–119).

 

Moisés 5:5–6. Adán y Eva fueron obedientes

El presidente David O. McKay dijo: “No perdamos jamás de vista los principios de la obediencia. La obediencia es la primera ley del cielo” (Gospel Ideals, 1953, pág. 484). El presidente Ezra Taft Benson enseñó: “La gran prueba de la vida es la obediencia a Dios” (“El Señor en primer lugar”, Liahona, julio de 1988, pág. 4).

El élder Henry D. Taylor, que fue Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Me gusta la hermosa lección que enseñó nuestro primer progenitor, el padre Adán, y el admirable ejemplo que dejó. El Señor le mandó ofrecer las primicias de sus rebaños como sacrificio. Él no sabía la razón por la cual debía de hacerlo, pero sin duda alguna, obedeció el mandamiento: ‘Y después de muchos días, un ángel del Señor se apareció a Adán y le dijo: ¿Por qué ofreces sacrificios al Señor?’. Y Adán respondió con esta magnífica y confiada respuesta: ‘No sé, sino que el Señor me lo mandó’ (Moisés 5:5–6). Para Adán no fue un caso de obediencia ciega, sino un despliegue de confianza absoluta e incondicional y de fe en la palabra e instrucción del Señor” (“Faith”, Improvement Era, diciembre de 1970, pág. 44).

 

Moisés 5:5–8. El sacrificio de animales

Los elementos del sacrificio de animales señalaban la expiación de Jesucristo. El élder Bruce R. McConkie enseñó: “Desde Adán hasta Moisés, y desde Moisés hasta la venida del Señor Jesucristo en la carne, ya sea como parte del Evangelio o como la ley mosaica, según el caso, los santos ofrecían sacrificios en similitud del sacrificio del Cordero de Dios… Para los pastores, cuyas vidas dependían de sus rebaños, no podía haber una similitud mejor que ésa” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 114–115).

 

Moisés 5:8. A Adán y a Eva se les enseñó la importancia del nombre de Cristo

“En [Moisés 5:8] uno de los conceptos más importantes es la clara afirmación de que Adán debía hacer todo cuanto hiciera ‘en el nombre del Hijo’, debía arrepentirse y debía invocar ‘a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás’. Ésa es la misma doctrina que se enseña en muchos otros pasajes, algunos de los cuales son: [Hechos 4:12; 2 Nefi 31:20–21; Mosíah 3:17; 4:8; D. y C. 18:23–24; Moisés 6:52].

“De esa manera, vemos que la doctrina más fundamental de todas —que existe sólo un plan de salvación y un solo Salvador— se le enseñó a Adán desde un principio. Esos pasajes también especifican que no hay ningún otro plan ni ningún otro salvador” (Matthews, en Studies in Scripture, Volume Two, págs. 119–120).

El profeta José Smith dijo: “Algunos dicen que el reino de Dios no quedó establecido sobre la tierra sino hasta el día de Pentecostés, y que Juan el Bautista no predicó el bautismo de arrepentimiento para la remisión de los pecados; pero yo declaro, en el nombre del Señor, que desde los días de Adán hasta el tiempo actual, el reino de Dios se ha hallado en el mundo, siempre que ha habido un hombre justo sobre la tierra, a quien Dios haya revelado Su palabra y conferido poder y autoridad para administrar en Su nombre” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 332).

 

Moisés 5:10–11. Adán y Eva creyeron en Jesucristo

Adán sabía que, ya fuese “en la carne” o como ser resucitado, vería a Dios. Eva testificó del gozo de su redención; ella sabía que por medio de la expiación de Cristo, recibirían la vida eterna si permanecían obedientes.

Para más información sobre el gozo, véase 2 Nefi 2:25; y para más información sobre la resurrección, véase 2 Nefi 9:6–14. Los beneficios que Adán y Eva recibieron a causa de la Caída y de la expiación de Jesucristo se resumen en 2 Nefi 2:22–28.

 

Moisés 5:13. “Y Satanás vino entre ellos”

El presidente Ezra Taft Benson, en ese entonces Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Cada vez que el Dios del Cielo da a conocer Sus intenciones por medio de la revelación, Satanás va entre los hombres para pervertir la doctrina, diciendo: ‘No lo crean’. A menudo él establece un sistema falso, concebido con el propósito de engañar a los hijos de los hombres” (“A Vision and a Hope for the Youth of Zion”, 1977 Devotional Speeches of the Year, 1978, pág. 75).

 

Moisés 5:13. “Carnales, sensuales y diabólicos”

El élder Bruce R. McConkie escribió: “Después de la caída de Adán, el hombre se volvió carnal, sensual y diabólico por naturaleza; se convirtió en un hombre caído. (Moisés 5:13; 6:49; Mosíah 16:1–4; Alma 42:10; D. y C. 20:20) Todas las personas responsables de la tierra heredan ese estado caído, ese estado probatorio, ese estado en el cual las cosas mundanas parecen deseables para la naturaleza carnal. Al encontrarse en este estado, ‘el hombre natural es enemigo de Dios’, hasta que se ajuste al gran plan de redención y nazca nuevamente a la rectitud. (Mosíah 3:19) Por consiguiente, si no fuera por la expiación de nuestro Señor, toda la humanidad permanecería perdida y caída para siempre. (Alma 42:4–14)” (Mormon Doctrine, págs. 267–268).

Las siguientes citas del élder McConkie nos ayudan a comprender los términos carnal, sensual y diabólico:

  • En ese estado caído [todos los hombres] están sujetos a la lujuria, las pasiones y los apetitos de la carne. Están muertos espiritualmente, habiendo sido arrojados de la presencia del Señor; y por ese motivo ‘se encuentran sin Dios en el mundo, y han obrado en contra de la naturaleza de Dios’. Se encuentran en un ‘estado carnal’ (Alma 41:10–11) y son del mundo. El ser carnal connota ser mundano, sensual e inclinado a buscar la satisfacción de la carne” (Mormon Doctrine, pág. 113).
  • “Lo que es sensual es carnal y vil; se relaciona con el cuerpo en lugar del Espíritu. Por tanto, la sensualidad favorece el que se dé rienda suelta a la indulgencia en los placeres sensuales y de la carne: la lujuria, el libertinaje, la lascivia. Desde la Caída, el hombre en su estado natural ha sido carnal, sensual y diabólico” (pág. 702).
  • “Toda persona sobre la cual el diablo tiene poder, que se somete a él y que cede ante sus tentaciones (siguiendo los halagos sensuales del mundo) es diabólica” (pág. 195).

 

MOISÉS 5:16–54

CAÍN AMÓ A SATANÁS MÁS

QUE A DIOS

 

Moisés 5:16–17. Caín y Abel

El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Caín tuvo el gran honor de ser hijo de Adán y también fue privilegiado con las mismas bendiciones que su padre. ¡Qué hombre tan poderoso hubiera podido ser! ¡En qué forma su nombre hubiese sobresalido, con un brillo excepcional, como uno de los valientes hijos de Dios! ¡Cómo hubiera sido honrado hasta la última generación! Sin embargo, ¡no sucedió nada de eso!

“El pecado más grave de Caín no fue cometido en la ignorancia. Tenemos todas las razones para creer que él tuvo el privilegio de estar en presencia de mensajeros celestiales. De hecho, en las Escrituras se da a entender que él recibió la bendición de comunicarse con el Padre y de recibir instrucciones de mensajeros que provenían de Su presencia. Sin duda, él poseía el sacerdocio; de no ser así, su pecado no habría podido convertirlo en Perdición. Él pecó contra la luz; y lo hizo, se nos dice, porque amó más a Satanás que a Dios.

“Del relato de la Biblia, deducimos que Caín fue el primogénito de Adán, pero ésta nos brinda sólo una historia muy efímera. En el Libro de Moisés obtenemos un panorama más extenso y una perspectiva mejor de las condiciones de esos primeros días. Adán y Eva tuvieron numerosos hijos, tanto varones como mujeres, aun antes de que Caín y Abel nacieran, según la información que nos brinda ese registro” (The Way to Perfection, págs. 97–98).

El profeta José Smith enseñó que Abel “magnificó el sacerdocio que le fue conferido, y murió hombre justo. Por consiguiente, ha llegado a ser un ángel de Dios, porque ha recibido su cuerpo de los muertos, y aún tiene las llaves de su dispensación” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 201).

 

¿Qué se sabe de Abel además de lo que dice este pasaje de escritura? (Génesis 4:3)

El profeta José Smith nos enseñó acerca de Abel; “Vemos en Génesis 4:4 que Abel trajo las primicias del rebaño y de su grosura, y que el Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda. Además: ‘Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella’. (Hebreos 11:4) Porque magnificó el sacerdocio que le fue conferido, y murió hombre justo. Por consiguiente, ha llegado a ser un ángel de Dios, porque ha recibido su cuerpo de los muertos, y aún tiene las llaves de su dispensación; y fue enviado de los cielos para administrar palabras de consuelo a Pablo y darle el conocimiento de los misterios de la divinidad.

“De no ser así el caso, quisiera preguntar, ¿cómo es que Pablo sabía tanto acerca de Abel y por qué hace mención de que habló después de muerto? De manera que para haber hablado después de muerto, debe haber sido enviado de los cielos para ejercer su ministerio.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 201.)

La visión de José Smith acerca de la redención de los muertos (D. y C. 138) indica que Abel se encontraba entre los santos justos que estaban en el mundo de los espíritus esperando la venida de nuestro Salvador, y a los cuales éste visitó mientras su cuerpo estaba en la tumba (véase versículo 40).

 

Moisés 5:18–21. Caín hizo una ofrenda

El profeta José Smith enseñó: “Por la fe en esta expiación o plan de redención, Abel ofreció a Dios un sacrificio aceptable de las primicias del rebaño. Caín ofreció del fruto de la tierra, y no fue aceptado porque no pudo hacerlo con fe; no pudo haber tenido fe, o mejor dicho, no podía ejercer una fe que se opusiera al plan celestial. La expiación a favor del hombre debe ser el derramamiento de la sangre del Unigénito, porque así lo disponía el plan de redención; y sin el derramamiento de sangre no hay remisión; y en vista de que se instituyó el sacrificio como tipo o modelo mediante el cual el hombre habría de discernir el gran Sacrificio que Dios había preparado, era imposible ejercer la fe en un sacrificio contrario, porque la redención no se logró de esa manera, ni se instituyó el poder de la expiación según ese orden. Por consiguiente, Caín no pudo haber tenido fe, y lo que no se hace por la fe es pecado” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 63).

 

Pero Dios “no aceptó a Caín ni su ofrenda” (Génesis 4:4—8)

El profeta José Smith explicó por qué Dios no aceptó la ofrenda de Caín.

“Por la fe en esta expiación o plan de redención, Abel ofreció a Dios un sacrificio aceptable de las primicias del rebaño. Caín ofreció del fruto de la tierra, y no fue aceptado porque no pudo hacerlo con fe; no pudo haber tenido fe, o mejor dicho, no podía ejercer una fe que se opusiera al plan celestial. La expiación a favor del hombre debe ser el derramamiento de la sangre del Unigénito, porque así lo disponía el plan de redención; y sin el derramamiento de sangre no hay remisión; y en vista de que se instituyó el sacrificio como tipo o modelo mediante el cual el hombre habría de discernir el gran Sacrificio que Dios había preparado, era imposible ejercer la fe en un sacrificio contrario, porque la redención no se logró de esa manera, ni se instituyó el poder de la expiación según ese orden. Por consiguiente, Caín no pudo haber tenido fe, y lo que no se hace por la fe es pecado. Pero Abel ofreció un sacrificio aceptable mediante el cual recibió testimonio de que era justo, y Dios mismo le testificó de sus dones. Ciertamente, por verter la sangre de un animal nadie se beneficiaría, a menos que se hiciese para imitar, o como tipo o explicación de lo que se iba a ofrecer por medio del don de Dios mismo; y esto debería hacerse mirando hacia lo porvenir, con fe en el poder de ese gran Sacrificio para la remisión de los pecados.” (Enseñanzas del Profeta José Smith,pág. 63.)

Aun después de esa ofrenda inaceptable, el Señor no rechazó a Caín, sino que le previno que andaba por un camino peligroso. Después de rechazar el consejo de Dios, Caín se rebeló completamente y Moisés dice que “Caín se enojó, y no escuchó más la voz del Señor” (Moisés 5:26).

El versículo 7 de Génesis 4 no es muy claro, pero en el relato de Moisés se explica que el Señor le avisó a Caín que si no se arrepentía, llegaría a enseñorearse de Satanás. Además, el relato de Moisés, siendo más completo, dice que Caín no fue inmediatamente a los campos a matar a Abel. Luego de rechazar al Señor, Caín comenzó a comunicarse directamente con Satanás, el cual le sugirió la forma de matar a Abel (véase Moisés 5:28—31). Paso a paso Satanás se las ingenió para provocar la caída total de Caín hasta que lo hizo llegar al punto de vanagloriarse “de su iniquidad” (Moisés 5:31). Fue entonces que mató a su hermano.

 

Moisés 5:21–22. “¿Por qué ha decaído tu semblante?”

Uno de los significados de la palabra semblante es la expresión del rostro de la persona, la cual puede revelar su estado de ánimo, sus emociones y lo que siente en el corazón.

 

Moisés 5:23–26. Caín ejerció su albedrío y escogió rebelarse contra Dios

El presidente Joseph F. Smith enseñó: “Dios ha dado a todos los hombres el albedrío y nos ha concedido el privilegio de servirle o no servirle, de hacer lo que es recto o lo que es malo; y este privilegio se da a todos los hombres sin tener en cuenta su credo, su color o su condición. Los ricos tienen ese albedrío; también lo tienen los pobres, y ningún poder de Dios priva al hombre de ejercerlo en toda su amplitud y con la mayor libertad. Este albedrío se ha dado a todos; es una bendición que Dios ha otorgado a la humanidad, a todos Sus hijos por igual. No obstante, Él nos hará estrictamente responsables de la forma en que empleemos este albedrío, y, como se le dijo a Caín, así se nos dirá a nosotros: ‘si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta’ (Génesis 4:7). Hay, sin embargo, ciertas bendiciones que Dios concede a los hijos de los hombres sólo si utilizan rectamente este albedrío” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, págs. 103, 310).

 

Moisés 5:23–30. ¿Podrá Caín gobernar sobre Satanás?

El profeta José Smith enseñó que “todos los seres que tienen cuerpos, tienen dominio sobre los que no los tienen” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 217). El élder Bruce R. McConkie dijo: “Así como Adán representó al Señor sobre la tierra, de la misma forma actuó Caín en nombre de Satanás y en su beneficio. De hecho, él, el primero de todos los asesinos es él mismo Perdición —adquirió ese nombre en la preexistencia— y gobernará sobre Satanás mismo cuando el diablo y sus ángeles sean echados para siempre” (A New Witness For the Articles of Faith, pág. 658).

 

Moisés 5:24–25. Caín sería llamado “Perdición”

Perdición significa “una destrucción mortal” o “pérdida”. El élder Bruce R. McConkie escribió: “Dos personas, Caín y Satanás, recibieron el impresionante nombre y título de Perdición. El nombre significa que ellos no tienen esperanza alguna de obtener ningún grado de salvación, que se han entregado totalmente a la iniquidad y que en su pecho quedó destruido cualquier sentimiento de rectitud y de justicia” (Mormon Doctrine, 566; véase también D. y C. 76:30–38, 43–49).

 

Moisés 5:29–31. Caín y Satanás hicieron convenio el uno con el otro

Caín fue el primer hombre sobre la tierra en entrar en un convenio con Satanás y en utilizar convenios para impedir que otros revelaran hechos pecaminosos. Sin embargo, él no fue el último. En las Escrituras a esa clase de relación de convenio se le llama combinación secreta. Para saber más acerca de la historia de las combinaciones secretas, véase Helamán 6:21–30; Éter 8:13-25.

 

Moisés 5:32. Caín mató a Abel

En 1885, la Primera Presidencia hizo la siguiente declaración referente a los justos que son afligidos por los inicuos: “Por un propósito sabio de la providencia de Dios, Él permite que los inicuos, en el ejercicio de su albedrío, de tiempo en tiempo aquejen a Sus discípulos. Desde la época de nuestro padre Adán, ello ha sido así siempre, y continuará siéndolo mientras Satanás tenga poder sobre los hijos de los hombres” (en James R. Clark, comp., Messages of the First Presidency of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 6 tomos, 1965–1975, tomo III, pág. 5; véase también Alma 14:8–11).

 

Moisés 5:33. “Estoy libre”

El regocijo de Caín es tanto irónico como trágico y manifiesta cuán total era su rebelión en contra de Dios. ¿Es que acaso habrá pensado que estaría libre de trabajar en el futuro? (véase Moisés 4:23–31). ¿Se consideraba libre del recto ejemplo de Abel? (véase 1 Juan 3:12). ¿O pensó que era libre porque se había vuelto rico? Las Escrituras dejan bien claro que en lugar de la libertad verdadera, Caín cayó en un cautiverio y en una condenación total (véase 2 Nefi 2:27).

 

Moisés 5:34. “¿Soy yo guarda de mi hermano?”

El élder Dallin H. Oaks dijo:

“¿Somos guardas de nuestros hermanos? O, en otras palabras, ¿somos responsables de cuidar del bienestar de nuestros semejantes al procurar ganarnos el pan nuestro de cada día? La regla de oro de nuestro Salvador dice que sí lo somos. Satanás dice que no lo somos.

“Tentados por Satanás, algunos han seguido el ejemplo de Caín. Codician bienes y luego pecan para obtenerlos. El pecado puede ser asesinato o algún tipo de robo. Puede ser fraude o engaño. Puede ser aun alguna hábil manipulación legal de hechos o influencia para aprovecharse injustamente de otra persona. El pretexto es siempre el mismo: ‘¿Soy yo el guarda de mi hermano?’ ” (“El guarda de nuestro hermano”, Liahona, enero de 1987, pág. 19).

 

“¿Soy yo el guarda de mi hermano?” (Génesis 4:9)

A veces se cita este pasaje de escritura como prueba de que todos tenemos la responsabilidad de cuidar a nuestros semejantes y de amarlos. No existe la menor duda de que así es y las Escrituras lo corroboran, pero ¿es eso lo que implicó Caín? Con una hipocresía característica de Satanás, la pregunta de Caín le dio un doble sentido al verdadero principio. Con excepción de la custodia que le otorga la ley a ciertas personas sobre los hijos pequeños, nadie tiene el derecho de ser un guardia de sus semejantes, hasta el punto de dominarlos o controlar su vida. Sin embargo, el que Caín implicara que a él no tenía por qué importarle lo que le pasaba a su hermano, era burlarse de los principios del evangelio que enseñan el interés y el amor por nuestros semejantes.

 

Moisés 5:36–39. Caín fue maldecido

Parte de la maldición que Caín recibió por matar a Abel fue que la tierra no le daría más [a Caín] “su fuerza [de ahí en adelante]” y que él sería “fugitivo y vagabundo” (Moisés 5:37). Una persona fugitiva es la que está escapando de la ley y un vagabundo es alguien que no tiene un hogar. Caín además fue echado “de ante la faz del Señor” (Moisés 5:39). El profeta José Smith dijo: “El poder, gloria y bendición de este sacerdocio no podían permanecer con los que fueron ordenados, sino conforme con su justicia; pues aun cuando Caín también estaba autorizado para ofrecer sacrificio, fue maldecido por no ofrecerlo en justicia. Significa, pues, que se deben observar las ordenanzas precisamente como Dios lo ha señalado, porque de lo contrario, su sacerdocio les será por maldición en lugar de bendición” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 201–202).

 

Moisés 5:39–40. A Caín se le puso una marca

Se debe advertir que la marca que se puso sobre Caín no se trata de lo mismo que la maldición que él recibió. La marca era para distinguirlo como a alguien a quien el Señor había maldecido; y se puso sobre Caín para que nadie que lo encontrara lo matara. Un paralelo que ilustra la diferencia entre una marca y una maldición podría ser el relato de cuando el Señor colocó una marca y una maldición sobre los lamanitas y su posteridad (véase 2 Nefi 5:20–24; Alma 23:16–18). Debe advertirse que la maldición se basó en la desobediencia individual y que por medio de la obediencia a Dios la maldición se quitó, aun cuando la marca no se quitara inmediatamente. Sin embargo, también la marca finalmente se quitó de algunos (véase 3 Nefi 2:12–16).

 

MOISÉS 5:55–59

EL EVANGELIO SE PREDICÓ DESDE

EL PRINCIPIO

 

Moisés 5:55. ¿Quiénes eran los “hijos de los hombres”?

Los hijos de los hombres eran los inicuos, en contraste con los hijos de Dios, que fueron los discípulos del convenio de Dios (véase también Moisés 8:13–15).

 

Moisés 5:58. ¿Cómo se les enseñó el Evangelio a Adán y a Eva?

Después de la Caída, Dios reveló el plan de salvación a Adán y a Eva para que supieran cómo regresar a Su presencia y tener vida eterna. En Moisés 5:4–9 se explica que Dios dio el Evangelio a Adán y a Eva por medio de Su propia voz, por medio de ángeles y del Espíritu Santo. (Véase también Alma 12:27–33)

 

Moisés 5:59. “Se le confirmaron todas las cosas a Adán mediante una santa ordenanza”

En el diccionario Webster de la lengua inglesa, de 1828 (American Dictionary of the English Language), que refleja el uso del idioma en la época del profeta José Smith, la palabra confirmar se define como “hacer más firme; fortalecer o establecer”. El élder Boyd K. Packer dijo: “Las ordenanzas y los convenios constituyen nuestra credencial para entrar en la presencia de Dios. El recibirlos dignamente es la meta principal de la vida; y cumplir con ellos es el objetivo de esta vida” (“Estar bajo convenio”, Liahona, julio de 1987, pág. 22).

 

Moisés 5:59. El Evangelio permanecerá sobre la tierra hasta el fin

El presidente Wilford Woodruff dijo: “Todo hombre familiarizado con las Escrituras puede entender claramente que sólo hay un Evangelio verdadero. Nunca ha habido más que un Evangelio y, cada vez que éste se ha encontrado sobre la tierra, ha sido el mismo en cada una de las dispensaciones. Las ordenanzas del Evangelio no han cambiado nunca desde los días de Adán hasta el presente, y nunca lo harán hasta el final de los días. Aunque hubo muchas sectas y grupos en la antigüedad, Jesús les dio a entender a Sus discípulos que no había más que un Evangelio. Él les dijo lo que era y les declaró cuáles eran sus ordenanzas” (en Journal of Discourses, tomo XXIV, págs. 239–240).