Moisés 5

 

Los análisis en color verde han sido extraidos del Libro Comentarios de La Perla de Gran Precio, del Sistema Educativo de la Iglesia.

Y aquellos insertados en color marrón del documento Introducción a La Perla de Gran Precio, Guía para Instructores de Institutos.

 

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Relato de Moisés 5

 

CAPÍTULO 5

 

Adán y Eva tienen hijos—Adán ofrece sacrificios y sirve a Dios—Nacen Caín y Abel—Caín se rebela, ama a Satanás más que a Dios y llega a ser Perdición—Se multiplican el asesinato y la iniquidad—Se predica el evangelio desde el principio.

 

Conceptos claves a analizar:

1. Ayudar a conceptualizar la antigüedad del Evangelio y el hecho de que el contenido del poder redentor de Cristo ha estado en la tierra desde los días de Adán.

2. Ayudar a entender por qué las religiones antiguas parecen tener tales sorprendentes similitudes en ciertos aspectos; esto es, el verdadero Evangelio fue enseñado desde el comienzo mismo por el padre de nuestra raza.

3. Adán comenzó a adquirir dominio sobre su medio ambiente.

4. Muchas generaciones pueden haber precedido el nacimiento de Caín y Abel.

5. Las culturas antiguas se distinguían como nómades o pastoras semi nomades, o como agricultores moradoras de ciudades. Las primeras eran consideradas por los pastores como los seguidores del Dios verdadero y los últimos representaban la vida del mal.

6. Luego de importunar mucho al Señor, se dio a Adán la ley del sacrificio.

7. El cordero del sacrificio era una similitud de un sacrificio divino futuro.

8. Adán creyó en el Evangelio y recibió el don del Espíritu Santo para darle un testimonio perseverante de Dios.

9. Adán reveló a sus hijos todo lo que se le había enseñado pertinente al evangelio de Jesucristo.

10. Entender la naturaleza de la apostasía y las maneras en que Satanás aparece entre la gente.

11. Comprender lo que sucedió con Caín, y aprender de aquellas cosas que contribuyeron a su caída.

12. Darse cuenta del peligro de identificarse con causas falsas, y aprender a identificar esas causas.

 

En este capítulo, correspondiente al 4 de Génesis, en las escrituras hebreas, vemos cómo a su tiempo se cumplen las palabras con las que el Señor Dios advierte a Moisés (1:41), acerca de que llegaría el día cuando “Los hombres menosprecien mis palabras y quiten muchas de ellas del libro que tú escribirás”. Como lo predijo Dios, una buena cantidad de ellas han sido borradas y omitidas por hombres que carecieron del justo derecho que les autorizara a revisar o editar los manuscritos originales escritos por Moisés.

Los copistas de la antigüedad quienes trabajaron ardua y prolongadamente tratando de reproducir los registros sagrados, a veces omitieron palabras o frases que no pudieron entender muy bien. Esto fue especialmente cierto cuando mencionaron asuntos que les fue imposible concebir, como imaginamos han de haber sido las grandes verdades espirituales en ellos anunciadas.

Pero cualquiera hayan sido las razones, y ha de haber habido muchas, por las que el Señor Dios apercibe a Moisés, El se apresura a asegurarle: “Levantaré a otro semejante a ti, y de nuevo existirán entre los hijos de los hombres, entre cuantos creyeren” (Moisés 4:41).

A medida que lo narrado en este capítulo se va desarrollando, vemos cómo el pecado, una vez que se le da rienda suelta, se apodera de la naturaleza del hombre y los hace esclavo de una pasión, víctima de la corrupción. Nos muestra cómo los celos llevan al odio y a veces al asesinato. En qué forma pueden destruir las relaciones fraternales y romper los lazos de afecto que ligan a los seres humanos. Convierten mentirosos a todos los pecadores, cuyo menosprecio por la verdad, viola el mandamiento de Dios: “No darás falso testimonio…” sin embargo, en sus versículos aprendemos no sólo lo que no hay que hacer, sino también, lo que hay que hacer.

Aprendemos que el trabajo es una bendición de Dios, que es consagrado por el Señor para el bienestar del hombre. De nuevo, le es mandado al hombre hacer todo en el nombre del Unigénito del Padre; arrepentirse y clamar para siempre a Dios en el nombre del Hijo. Aprendemos que el Evangelio de Jesucristo, el Unigénito, fue predicado por un ángel a Adán y Eva, y que ellos lo obedecieron.

Se da a conocer la doctrina del sacrificio, que en el Génesis no se menciona cinco hasta cuando Caín y Abel traen sus ofrendas al Señor. La doctrina del sacrificio es aclarada cuando el ángel mencionado, explica a Adán y Eva que es en similitud del “sacrificio del Unigénito del Padre, quien es lleno de gracia y de verdad”.

Debido a que en el Génesis no se menciona el sacrificio antes de su referencia en conexión con Caín y Abel, algunos eruditos de las Sagradas Escrituras dan varias opiniones en procura de resolver las diferencias que allí se presentan. Sugieren que la historia de Caín y Abel no corresponde en ese lugar. Que debe aparecer más adelante en la narración. Pero vemos que no es así. En La Perla de Gran Precio esto se comprende mejor. Adán se regocijan al escuchar la voz del Señor, explicándole el significado del sacrificio, asegurándole que, aunque él había caído, podría ser redimido, “y toda la humanidad, aún cuantos quisieran”.

 

1 Y sucedió que, después que yo, Dios el Señor, los hube expulsado, Adán empezó a cultivar la tierra, y a ejercer dominio sobre todas las bestias del campo, y a comer su pan con el sudor de su rostro, como yo, el Señor, le había mandado; y Eva, su esposa, también se afanaba con él.

 

“Adán empezó a cultivar la tierra”. Como se lo había mandado el Señor, tan pronto como fue expulsado del Jardín de Edén, Adán comenzó a preparar la tierra para sembrar la semilla que él, sin duda, había aprendido a recoger y almacenar mientras estuvo en el Jardín del Señor. Casi inmediatamente comprobó que únicamente por el sudor de su rostro y una incesante labor, la tierra le daría sus frutos, los que antes le habían sido provistos abundantemente por el Señor. Adán, vio también que entre las bestias del campo había algunas que ya conocía, pues antes les había puesto nombre, de acuerdo con sus características especiales, las que les serían útiles en la tarea de sojuzgar la tierra, y por lo tanto, las empleó en sus labores, sujetándolas a su dominio, cosa que el Señor también le había mandado.

Eva, la esposa de Adán, le ayudó en todas estas cosas, desempeñando sus tareas diarias; aliviándole de sus preocupaciones y procurando hacerle la vida más cómoda, como corresponde a ser con un compañero dado por Dios.

 

2 Y Adán conoció a su esposa, y de ella le nacieron hijos e hijas, y empezaron a multiplicarse y a henchir la tierra.

 

“Adán conoció a su esposa, y de ella le nacieron hijos e hijas”. El primer mandamiento dado a Adán y Eva, como esposo y esposa, “Fructificad y multiplicaos y henchid la tierra…”, comenzó a tener cumplimiento poco después de que fueron expulsados del Jardín con el propósito de que luchando contra la adversidad y venciendo las dificultades se hiciesen fuertes.

A la pareja les nacieron hijos e hijas, y el gran propósito del Señor Dios en la creación de la tierra había empezado en que Adán y Eva se volvieron los primeros padres de una gran multitud de hombres y mujeres que la aplicaron desde su tiempo hasta el presente. Toda la raza humana son descendientes, y queremos decir literal es, de la pareja Adán y Eva.

 

Véase:

 

3 Y de allí en adelante los hijos e hijas de Adán empezaron a separarse de dos en dos en la tierra, y a cultivarla y a cuidar rebaños; y también ellos engendraron hijos e hijas.

 

“Los hijos e hijas de Adán empezaron a separarse de dos en dos en toda la tierra…”. Para cumplir sus propósitos en la creación de la tierra, el Señor Dios motivó a los hijos de Adán, varones y hembras, que formaron pareja igual que la formada por Adán y Eva. Esta como camarada de Adán, había demostrado no sólo ser una compañera sino también una ayuda idónea en épocas de dificultades o cuando hubo urgente necesidad de ayudar. Como Eva había antes ayudado a Adán, estas otras parejas también labraron juntos la tierra y cuidaron sus rebaños y hatos; “Ellos también engendraron hijos e hijas”. Y de ese modo Adán y Eva se vieron rodeados por una creciente posteridad, y en no mucho tiempo -según la extensión de la vida de Adán- la tierra se vio cubierta por los descendientes de Adán y Eva.

 

Vers. 1-3. Habiendo transgredido las leyes mediante las cuales podía permanecer en su condición terrestre o en la presencia de Cristo, Adán fue expulsado del Jardín. La escritura indica que esto se hizo para evitar que participase del árbol de la vida y rec viviese por siempre en sus pecados. Esto probablemente significa que puesto que Cristo es el árbol de la vida, no se podía permitir a Adán que permaneciese en la presencia de Cristo luego de haber transgredido. Dios había advertido a Adán que de seguro moriría si participaba del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal, pero vivir en la presencia de Dios habría constituido vida. El hombre puede disfrutar de la exaltación tan sólo cuando ha adquirido dominio sobre sí mismo, y no mientras se le haya en transgresión sin arrepentimiento.

El dominio viene por medio de un esfuerzo personal, una bendición que Adán comenzó a experimentar. Adán y Eva comenzaron a cumplir el mandamiento de henchid la tierra. Los hijos de Adán llegaron a ser pastores o agricultores.

Luego de importunar continuamente al Señor, Adán obtuvo el mandamiento de ofrecer el sacrificio de un cordero el Señor. Y luego de haber demostrado obediencia a la ley de obediencia y sacrificio, se le dio una explicación del significado de esas cosas. Y a causa de que el corazón de Adán era recto ante el Señor, él obtuvo el testimonio de Cristo por medio del Espíritu Santo y una promesa de que toda la humanidad podría obtener igual testimonio.

Adán enseñó a sus hijos el Evangelio o les dio una dispensación.

El profeta José Smith aclaró que este mundo fue creado para Adán y Eva y su posteridad y que se había dado a Adán dominio sobre todo lo que habitase este mundo. Si no hubiese habido una transgresión, todas las cosas habrían permanecido en la condición en que habían sido creadas. Puesto que la tierra producía en abundancia espontáneamente, Adán nunca habría tenido que laborar por su existencia. Moisés entendió esto claramente y dice que luego de que Adán fue expulsado del Jardín, él comenzó a adquirir dominio. Hay muchos conceptos de exaltación dados, pero de seguro que no puede haber exaltación sin que el hombre se domine a sí mismo y su ambiente.

El presidente McKay declaró en varias ocasiones, que el hombre debe aprender a vencer los apetitos de la carne. Dios tiene fe en sí mismo y en el curso de sus acciones, y el hombre debe desarrollar una fe similar o no puede llegar a ser como su Padre Celestial. Dios dio a Adán y a su posteridad una mortalidad adecuada a sus necesidades de desarrollo. La tierra fue maldecida literalmente en beneficio del hombre.

 

4 Y Adán y Eva, su esposa, invocaron el nombre del Señor, y oyeron la voz del Señor que les hablaba en dirección del Jardín de Edén, y no lo vieron, porque se encontraban excluidos de su presencia.

 

“Y a Adán y Eva, su esposa, invocaron el nombre del Señor”. Adán y Eva continuamente invocaban el Santo nombre de Dios, en oraciones sencillas y bellas. En una ocasión, mientras caminaban hacia su viejo hogar, el Jardín de Edén, con sus corazones rebosando de gratitud por las muchas bendiciones que gozaban, escucharon la voz del Señor, contestando su ruego. Ellos no pudieron verle, pues a causa de su transgresión, “fueron expulsados de su presencia”.

Adán y Eva habían pecado al quebrantar la santa ley de Dios. Al hacerlo introdujeron en el mundo del pecado. Todo pecado es maldad. Ninguna cosa mala o inmunda puede soportar la presencia de Dios. Ellos se habían hecho indignos de toda comunicación personal con Él, y por esa razón Moisés dice, “Ellos no le vieron”, aunque escucharan la voz del Señor.

 

5 Y les dio mandamientos de que adorasen al Señor su Dios y ofreciesen las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor. Y Adán fue obediente a los mandamientos del Señor.

 

“Y les dio mandamientos…”. Aunque Adán y Eva no pudieron ver a Dios, oyeron su voz, como un apacible susurro, de perfecta suavidad (Hel. 5:30, 46), diciéndoles por vía de mandamiento que, “adorasen al Señor su Dios y ofreciesen las primicias de sus rebaños como ofrenda el Señor”.

Adán hizo lo que le fue mandado, aunque desconociendo la razón por la cual ofrecían sacrificios.

 

6 Y después de muchos días, un ángel del Señor se apareció a Adán y le dijo: ¿Por qué ofreces sacrificios al Señor? Y Adán le contestó: No sé, sino que el Señor me lo mandó.

 

“¿Por qué ofreces sacrificios al Señor?”. Adán, obediente al mandato de Dios de que ofreciera sacrificios había cumplido con su deber al hacerlo. Entonces, después de muchos días de haber sido establecido ese requisito, y habérseles señalado que cumpliera con él, les visitó un mensajero de las cortes celestiales, trayendo una comisión divina. Evidentemente esto sucedió cuando Adán se encontraba llevando a cabo esta forma de adoración, pues el ángel le preguntó, “¿por qué ofreces sacrificios al Señor?” Adán pareció quedar un poco confundido. Posiblemente esa haya sido la primera vez que pensó acerca del propósito del sacrificio. La respuesta de Adán muestra su inocencia, pues respondió, “No lo sé, sólo que el Señor me lo ha mandado”. Él lo hizo sin saber el porqué.

Aquí hay una lección que todos podemos aprender. Adán la aprendió por experiencia en el Jardín de Edén. Es la siguiente: no dudar de ninguno de los mandamientos de Dios, ni desobedecerles, ya sea que sean dados por Dios mismo o por sus siervos en la tierra. El Señor les dijo a los lamanitas que se habían congregado dentro de la prisión para matar a Nefi y Lehi, los hijos de Helamán, “No tratéis más de destruir a mis siervos, a quienes he enviado para que declaren buenas nuevas a vosotros” (Hel. 5:29). Nos imaginamos estas otras palabras del Señor, que no figuran en el relato de este maravilloso incidente: “Sus palabras son mis palabras”. Como más tarde El dijo a Moroni, “Yo soy el que habla” (Éter 4:8). No hay forma más efectiva con la que podemos destruir a los siervos del Señor que desobedeciendo la santa palabra de Dios recibida a través de la boca de ellos.

 

7 Entonces el ángel le habló, diciendo: Esto es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia y de verdad.

8 Por consiguiente, harás todo cuanto hicieres en el nombre del Hijo, y te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás.

 

Vers. 7 y 8. “Esto es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre”. Ahora el mensajero celestial da a Adán el mensaje que traía, diciéndole que el sacrificio que él, Adán, ofrecía era una semejanza, o un pre-anuncio del “Sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia y de verdad”.

El ángel amonestó a Adán en el sentido de que al ofrecer su sacrificio al Señor anticipaba el grande y último sacrificio que voluntariamente haría el Hijo de Dios en propiciación por los pecados del mundo, de los cuales, El no había cometido ninguno. Sacrificándose El mismo y muriendo, el Unigénito aplacaría la justicia, y mediante ese sacrificio efectuaría una reconciliación entre Dios y el hombre, quien debido a la transgresión de Adán, había quedado excluido de la presencia de Dios.

Lleno de gracia y de verdad significa que el Unigénito estuvo imbuido de un desbordante amor hacia los hijos de Dios, hasta el punto que El dejó su hogar en las alturas para sufrir, derramar su sangre y morir entre los hombres, a fin de que pudieran ser redimidos de los efectos de la caída de Adán. Hacer por los hombres lo que éstos no podían hacer por sí mismos es lo que significa la frase, “gracia de Dios”. El murió, en sacrificio por el pecado, para que el hombre pudiera vivir. Los hombres, por sí solos no hubieran podido vencer a la muerte.

El Unigénito es verdaderamente el Señor Dios. Él es el Dios de verdad. El abunda en gracia y verdad.

“Tú harás todas las cosas en el nombre del Hijo”. Ahora el ángel instruye a Adán que todo lo que hiciera, cualesquiera cosa que fuere, lo hiciese en el nombre del Hijo; también que se arrepintiera e invocar a Dios en el nombre del Hijo por siempre jamás.

Humildemente, dejamos que los comentarios de Jacob, el hijo del antiguo profeta hebreo Lehi; y también, de Nefi, el hijo de Helamán, y de otros dignos nefitas, sea suficiente para extendernos sobre esta frase particular. Añadimos a continuación una completa concordancia de la frase, “En el nombre de Jesucristo”.

 

Jacob 4:6

3 Nefi 7:19-20; 26:17-21; 27:1; 28:30

4 Nefi 1:1, 5, 27

Mormón 7:8; 9:6

Éter 5:5

 

Vers. 5-8. Puesto que Adán había participado de la transgresión en un acto de su voluntad para asegurar la existencia del hombre, ciertamente nunca debe haber cesado en sus esfuerzos por re-obtener su antigua relación con el Señor. Moisés le concede que transcurra bastante tiempo antes que la voz del Señor llegue a Adán para que éste se pueda dar cuenta de la gran pérdida que significa para el hombre verse aislado de la presencia del Señor. Adán también sabía que el Señor le daría mayor conocimiento en su tiempo debido. Cuando aquel conocimiento llegó, fue de naturaleza de mandamiento ser obediente y sacrificar las primicias de sus rebaños.

Han habido muchas clases de sacrificio ofrecidas por el hombre en diferentes culturas y épocas de la tierra. A pesar de que los sacrificios en sí indicaban un temor o amor de la Deidad, no todos los sacrificios eran en similitud del Hijo de Dios. Adán no sabía por qué se suponía que debía ofrecer un cordero en sacrificio hasta que el ángel del Señor le explicó que eso era en similitud del Hijo de Dios. La similitud era que el Hijo de Dios sería muerto como un cordero, para significar los medios mediante los cuales los pecados de la humanidad podría ser terminados. El nombre de Cristo fue dado a Adán, y se le dio el mandamiento que desde allí en adelante debía hacer todas las cosas en el nombre del Hijo de Dios; y al vivir por ese nombre, sería salvado y, en la misma manera, toda la humanidad que así lo quisiera.

 

9 Y en ese día descendió sobre Adán el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, diciendo: Soy el Unigénito del Padre desde el principio, desde ahora y para siempre, para que así como has caído puedas ser redimido; y también todo el género humano, sí, cuantos quieran.

 

“El Espíritu Santo cayó sobre Adán”. Después de que fue expulsado del Jardín de Edén, Adán gustosamente observó los mandamientos de Dios, y de ese modo se hizo digno de recibir sus divinas bendiciones, sin embargo, Adán tuvo que aprender una penosa lección. No estando acostumbrado a la incertidumbre y las vicisitudes de la vida terrenal, inexistentes en la época en que la generosa mano de Dios le proveyó de todas sus necesidades y deseos en el Jardín de Edén; aquel lugar de abundancia en el cual ningún cuidado preocupación reprimían sus inocentes deleites, él ahora comparaba su estado caído, con su vida anterior en el Jardín del Señor, antes de que su voluntario acto de desobediencia provocase su expulsión del mismo. Se preguntaba si no estaría todo perdido, si no había quedado sujeto para siempre a un inexorable castigo.

Un día, mientras meditaba en esto, repentinamente le invadió una influencia consoladora. De nuevo se sintió en paz consigo mismo y con Dios. Ésa influencia fue el Espíritu Santo. Descansó sobre Adán en un momento de profunda desesperación. Hizo desaparecer su anterior desesperanza y abatimiento. No se sintió más abandonado a una suerte lamentable, aún interminable castigo, una constante lucha con su conciencia que no le daba esperanza de que pudiera mitigarse el castigo que le aguardaba. En cambio, el ahora miró esperanzado el futuro. Aún en medio de la congoja y el desaliento, pudo percibir el providencial cuidado de Dios, y en medio de las tinieblas en que le había asumido su pecado vio una gran luz.

Dicha luz fue la certeza de que la vida volvería a ser como fue antes de la transgresión; que nuevamente se restablecería la comunicación entre él y su Creador.

El gozo que experimentó Adán lo ocasionó una voz que se sobrepuso a sus reflexiones. Esa voz fue la voz de Jesús; el alcance de dicha voz fue magnificado y exaltado dentro de Adán por la influencia del Espíritu Santo, el cual testifica del Unigénito Hijo de Dios.

“Yo soy el Unigénito del Padre, desde ahora y para siempre”, dijo la voz, “para que así como tú has caído, puedes ser redimido; también todo el género humano, aún cuántos quisieren”.

 

Véase:

 

10 Y Adán bendijo a Dios en ese día y fue lleno, y empezó a profetizar concerniente a todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré a Dios.

 

“Bendito sea el nombre de Dios”. Adán estuvo ahora lleno del Espíritu Santo, el cual les testificó del Unigénito y de su ministerio. Adán, en medio de su júbilo no pudo refrenarse de profetizar. Inspirado por la influencia que impregnaba todo su ser vio y dio testimonio de la multiplicación de su simiente a través de las futuras generaciones. Su cantidad y sus lugares de habitación; para Dios, el autor de todas las cosas, todas las familias de la tierra podían verse como en un libro abierto. Ante esta edición, Adán se regocijó en el Señor, su Dios, el Unigénito del Padre.

“Bendito sea el nombre de Dios”, exclamó, “Pues a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos”, dando a entender que él entendió cuál fue la parte que le correspondió desempeñar en el gran plan de vida y salvación. “Tendré gozo en esta vida”; su arrepentimiento fue completo; la tristeza motivada por su pecado habíase transformado en gozo, y la perspectiva de la vida como un ser carnal, en vez de contemplarla como un futuro obscuro y amenazante, estuvo llena de vida y esperanza. El vio que como consecuencia de la redención que efectuaría el Unigénito del Padre, su transgresión sería borrada, y en lugar de tristeza disfrutaría de gozo. De las tinieblas habían surgido rayos de luz viviente. “Y en la carne, veré de nuevo a Dios”.

 

Véase:

 

11 Y Eva, su esposa, oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes.

 

“Eva… oyó todas estas cosas y se regocijó”. La esposa de Adán, Eva, escuchó y comprendió todas las palabras de su esposo, y ambos se regocijaron en la justicia y la sabiduría de Dios. De la transgresión de Adán, Dios produjo el máximo de bien para Adán y para la grandeza de la gloria de Dios. Recordamos de nuevo al poeta que dijo, hablando de las obras de Dios: “Aún del mal extrae el bien”.

Desde antes que el mundo fuese creado se decretó que como resultado de la transgresión del hombre, éste tendría posteridad, con la cual se poblaría la tierra. La exclamación gozosa de Eva le surgió del corazón. La de ser la madre de todos los habitantes de la tierra. Como el Señor dijo: “La primera de todas las mujeres”, y tal como Adán la llamó, Eva, pues ella fue la madre de todos los vivientes.

El corazón de Eva se alegró no sólo porque fue la madre de todos sino también porque pudo ver otra gran bendición que su transgresión le traería. Dios, nuevamente utilizó los malvados hechos de Satanás y sus ángeles para llevar a cabo sus divinos propósitos. Si bien el comer del fruto prohibido fue una contravención al mandato de Dios, sin embargo, el hacerlo capacitó a Adán y Eva Padre que pusieran en juego su libre albedrío -un derecho otorgado por Dios- y de ese modo fueron dotados con el poder de considerar razonablemente entre el bien y el mal, y la libertad de escoger entre lo justo injusto.

Eva se regocijó al saber que gracias a la prometida Redención que efectuaría el Unigénito del Padre, su pecado de traer el mal al mundo no les sería más tomado en cuenta. Sería borrado por el sacrificio que Dios mismo ofrecería. Ella también se gozó en la esperanza de la vida eterna que Dios “da a todos los obedientes” (2 Nefi 2:22-27).

 

Varios eruditos y críticos de la Biblia han manifestado la aparente paradoja que existe en la narración del Génesis en lo que se refiere a Adán y Eva y sus hijos. Se mencionan Caín y Abel como la primera descendencia y sin embargo se presume que Caín tenía ya una esposa cuando él fue a la tierra de Nod. Josefo dice de Adán y Eva: “También tenían hijas”.

Al estar haciendo su versión inspirada de las escrituras, José Smith estaba convencido desde su punto de vista que Adán y Eva no solamente tenían a Caín y Abel como descendencia, sino que además a muchos otros hijos e hijas que les habían precedido en su nacimiento. La importancia de esto es aparente si Moisés o José Smith hubieran estado tratando de mostrar un escenario particular para el nacimiento de Caín y Abel. En este escenario la humanidad se habría esparcido y diversificado en asociaciones y pensamiento al punto de que ideologías diferentes estarían rivalizando los intereses de Caín y Abel.

No tan sólo mostró algo Moisés de una sociedad compleja al indicar la progenie de Adán que precedió a Caín y Abel, sino que también nos dice que algunos de ellos llegaron a ser agricultores y otros pastores. Esta categorización suena inocente pero tiene un significado de largo alcance en la narración de Caín y Abel.

 

12 Y Adán y Eva bendijeron el nombre de Dios, e hicieron saber todas las cosas a sus hijos e hijas.

 

“Adán y Eva bendijeron el nombre de Dios”. Al oír la firme promesa de que serían redimidos de su estado caído a otro de gloria celestial, un gozoso himno de alabanza a Dios, el Padre eterno, y su Hijo, quien fue su Redentor, brotó de los labios de Adán y Eva mientras bendecían el gran nombre de Dios.

Para Adán y Eva toda la tierra fue el Templo de Dios. Su “lugar santísimo” estuvo en sus corazones en donde ellos se conservaban permanentemente en comunión con su Hacedor. El altar de Dios, ante el cual ellos se inclinaban y donde expresaban sus oraciones y sus alabanzas, y presentaban sus ofrendas de homenaje, fue la tierra sobre la cual andaban.

Adán y Eva supieron que el poder de Dios, su bondad y misericordia, estarían sobre ellos “desde ahora y para siempre”. Toda la naturaleza -la hierba verde, los montes arbolados, las quietas aguas- se unió a ellos en cantos de alabanzas y gratitud. Aún los campos de labranza en los que ellos trabajaron dieron gloria y honra a Dios con sus abundantes frutos y su copiosa cosecha.

Adán y Eva se sintieron tan sobrecogidos de gozo por esta nueva expresión de cuidado paternal y por la gloriosa perspectiva que se abría ante ellos que anunciaron a sus hijos y a sus nietos todas las palabras del ángel; más aún ellos les dieron testimonio nuevamente del Unigénito Hijo de Dios de quien el Espíritu Santo había dado testimonio.

 

Vers. 9-12. Uno de los grandes dones del Espíritu Santo. Es la consolante seguridad de la salvación y la vida eterna. El don del testimonio es una impresión que no se puede explicar. El conocimiento así obtenido por el Espíritu es real, tan real como cualquiera verdad que una persona comprende. Cuando Adán y Eva recibieron el Espíritu Santo sobre ellos, recibieron el testimonio de su salvación en el nombre del Hijo y pudieron regocijarse a causa del papel que ellos desempeñaban en el plan de salvación.

Cada persona, desde el tiempo de Adán que ha recibido ese mismo Espíritu, ha experimentado algo de la misma alegría. Es esta alegría, que el espíritu del mundo no puede entender, la que ha impulsado a la gente a abandonar su familia, amigos, y amados para soportar tribulación y la mofa del mundo por causa de Cristo. Existe mucha alarma hoy en el mundo respecto a la paz y a como puede obtenerse, pero hay una clase de paz que este mundo no puede dar, la paz y serenidad del espíritu que vienen a aquel que no tiene nada que temer en este mundo o el próximo pues está en armonía con Dios. Cristo dijo a sus discípulos, “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da… voy a preparar un lugar para ustedes, para que donde yo esté vosotros podáis estar también”. Cualquier persona que no tenga esa paz interior, no ha conocido a Cristo, aun cuando profese con gran insistencia que es cristiano. Tal es el mensaje de la Perla de Gran Precio en lo que se relaciona con la experiencia de Adán al recibir el evangelio y el Espíritu Santo.

El evangelio fue entregado primeramente a Adán y luego desde él hacia sus hijos. El les hizo conocer todas las cosas y ha sido responsable de administrar el Evangelio a su posteridad desde entonces. El profeta José Smith dijo que cuando recibíamos una dispensación del Evangelio, era por medio de la autoridad de Adán y las llaves que él poseía.

El hecho de que el Evangelio fuese revelado desde el comienzo mismo de los tiempos, sin duda tiene que ver con la sorprendente similitud entre ciertas antiguas prácticas religiosas halladas entre varias culturas. Aun cuando hayan surgido conceptos religiosos en una manera que puede definirse como espontánea y pueden haber coincidencias similares entre éstas y las verdades reveladas concernientes al Evangelio de Cristo, existen demasiadas similitudes para que todas ellas hayan surgido como producto espontáneo de la imaginación del hombre.

Los Santos de los Últimos Días no son los únicos que creen que los conceptos enseñados en el Evangelio de Cristo ante datan a la vida mortal del Cristo considerablemente, sin embargo son los únicos que creen que la plenitud del evangelio fue dada a Adán y que este gran individuo tiene las llaves de todas las dispensaciones.

 

13 Y Satanás vino entre ellos, diciendo: Yo también soy un hijo de Dios; y les mandó, y dijo: No lo creáis; y no lo creyeron, y amaron a Satanás más que a Dios. Y desde ese tiempo los hombres empezaron a ser carnales, sensuales y diabólicos.

 

“Y Satanás vino entre ellos, diciendo: Yo también soy un hijo de Dios…”. Aparentemente los descendientes de Adán y Eva compartieron la alegría que éstos tuvieron en sus corazones, sin embargo, en algunos de ellos fue pasajera. Ellos dejaron que las cosas del mundo fuesen su Dios. “No lo creáis”, les susurró, “Yo también soy un hijo de Dios”, y esa vida eterna en la carne que les ha sido prometida, es un mito que no vale la pena creer.

Algunos de los hijos de Adán amaron más a Satanás que a Dios, y desde ese entonces obedecieron a sus pasiones, complaciéndose en todo lo que agradaba a sus caprichos y satisfacía sus antojos. Sus deseos fueron carnales. Y en consecuencia ellos fueron quebrantando las leyes de Dios hasta que se hicieron carnales, sensuales y diabólicos (Mosíah 16:3).

 

Satanás es un personaje real, pero su ideología e influencia son muy reales también. Satanás aparece entre la gente cuando sus ideologías gobiernan sus vidas. El apóstata generalmente cree estar justificado en sus ideas y cree que la Iglesia se ha extraviado.

Aún cuando es completamente posible de que Satanás apareciera en una forma literal, entre los hijos de Adán, esto es, que apareciera como una persona ante ellos, tal experiencia está tan lejos de la experiencia normal de casi toda la gente que se puede obtener mucho más comprensión de lo que les sucedió a los hijos de Adán al comparar la situación con algo más cercano. Puede ser que el texto está personificando el espíritu de apostasía como Satanás. Ciertamente El apóstata cree ser el “hijo de Dios” que está en el buen sendero, mientras que la Iglesia y sus líderes se han desviado. Dos paralelos interesantes de esta actitud se encuentran en las escrituras. La primera está en Moisés 8:20 donde hallamos a Noé tratando de predicar el evangelio a los hijos de los hombres. Se burlan de él y le dicen: (como Moisés representa Satanás diciendo en Moisés 5:13), “He aquí, somos los hijos de Dios”. La otra escrituras se halla en Alma 31:15-17, donde Alma y Amulek hallan a los zoramitas proclamando que ellos son los escogidos del Señor, y que todos los que les rodean han de ser condenados por creer en las locas tradiciones de sus padres.

 

Véase:

 

14 Y Dios el Señor llamó a los hombres en todas partes, por el Espíritu Santo, y les mandó que se arrepintiesen;

15 y cuantos creyeran en el Hijo, y se arrepintieran de sus pecados, serían salvos; y cuantos no creyeran ni se arrepintieran, serían condenados; y las palabras salieron de la boca de Dios como firme decreto; por consiguiente, se cumplirán.

 

Vers. 14-15. “El Señor llamó a los hombres en todas partes, …y les mandó que se arrepintiesen”. El Señor vio que el desafecto hacia Él había llenado el corazón de muchos de la progenie de Adán, y que la lealtad a su causa estaba siendo suplantada por un creciente menosprecio por sus leyes, y que si este sentimiento continuaba extendiéndose invadiría a todo el género humano.

Por lo tanto El llamó a todos los hombres, por medio del Espíritu Santo, para que abandonaran sus maldades y se volvieran a Él. Muchas veces el Padre emplea el Espíritu Santo como un mensajero para sus hijos aquí en la tierra, y su influencia se manifiesta por un sentimiento de paz y consuelo en el corazón. Muchas veces lleva un mensaje a quienes están en desgracia o sufriendo opresión, así como también a los que entre ellos son justos. En esta ocasión particular su mensaje fue, arrepentíos, y se hizo sentir en el corazón de todos los hombres, en todas partes.

Muchos de los hijos de Adán creyeron y se volvieron de su comportamiento negligente y malvado; otros no vacilaron en engañarse a sí mismos, diciendo, “todo está bien”, aunque ellos supieron que no fue así, y hubo otros quienes, inconmovibles ante las incitaciones del Espíritu Santo, rehusaron abjurar del mal y continuaron llevando a cabo sus obscuros designios.

De la boca de Dios había salido el decreto inalterable de que quienes creyeran en el Hijo de Dios y se arrepintieran de sus pecados se salvarían, pero “cuantos no creyeran ni se arrepintieran, serían condenados”. ¡Las palabras de Dios deben cumplirse!

El llamado al arrepentimiento ha sido un toque de clarín que ha sonado para cada generación de los hijos de Dios. Todos los patriarcas y profetas han tenido el arrepentimiento como su mensaje especial, y cada vez que sus palabras nos llegan por medio de las revelaciones dadas en la antigüedad o a nuestros modernos videntes, contienen un mandamiento de Dios. Arrepentíos es una orden que viene directamente de Aquel que preside sobre todo, y no de un sacerdote ambicioso que presume estar actuando como su representante. Arrepentirse del mal es una acción natural por parte de quienes comprenden cuál es el santo propósito de Dios, lo que caracteriza a un verdadero creyente es su inclinación a abandonar el orgullo y humillarse delante de Él. No importa lo que uno pueda ser, todos necesitamos arrepentirnos. Hay solamente uno que es bueno, uno que no necesita arrepentirse. Ese uno que es nuestro Padre Celestial.

El arrepentimiento es un esfuerzo moral del corazón y no una incierta indecisión mental. Es una resolución de la conciencia, no una especulación mental. No es un barómetro que indica los altibajos de nuestra devoción espiritual, ni una proposición mecánica. Ni es algo mecánico, carente de pensamiento o sentimiento. Un hombre puede intentar aplicar a su comportamiento rígidas normas matemáticas; puede privarse de los pseudo goces y tonterías de la vida, o multiplicar sus actos de filantropía. Pero al final, no obstante sus intentos, su aritmética no le preparará para el Reino de Dios.

El Dios de ese hombre es el dinero; él gustosamente compraría las bendiciones de Dios, mercantilizando así los más preciosos dones de Dios. Al emplear esa fórmula de vida se equivoca al solucionar sus problemas, tanto como se equivoca el que trata de probar la verdad del Evangelio empleando papel y lápiz. ¡Tal cosa no puede hacerse!

Dios, nuestro Padre, nos ha puesto sobre esta tierra y ha prescrito que nosotros atendamos a sus indicaciones. Una viva percepción de su amorosa bondad, de su santa voluntad, “una cabal y plena aceptación de su poder y su presencia en todas las experiencias de la vida”, debería hacernos dejar de andar tras las vanidades de la vida y en cambio buscar únicamente esos tesoros celestiales que hacen al hombre “verdaderamente rico”. El arrepentimiento es un paso hacia adelante y hacia arriba en nuestro progreso hacia nuestro hogar eterno; constituye una prueba de que nuestros pasos son firmes, y un testimonio de nuestra integridad. El arrepentimiento, hay que recordarlo, es un mandamiento de Dios.

Arrepentimiento es abandonar el pecado, y a la vez resolverse de no cometer lo más. Arrepentirse significa enmendar o resolvernos a enmendar nuestra vida como resultado de un acto de contrición por aquello que hemos hecho o hemos dejado de hacer.

A pesar de nuestro linaje divino y de nuestro mayorazgo, demasiadas personas, demasiado a menudo, llevan a cabo sus actividades diarias olvidadas de la sabiduría y la guía de Dios. No tienen tiempo para pensar en otra cosa que en el mundo y en las cosas del mundo. Nuestras preocupaciones temporales, las imposiciones de la vida, sus ocupaciones y placeres, son los dioses que llenan el panteón de nuestros corazones. Panteón quiere decir templo dedicado a los dioses que el hombre va agregando a su adoración. Empleemos esta expresión en el sentido de “El lugar en donde damos máximo honor a las cosas que más amamos”. Si amamos las cosas del mundo más de lo que amamos las cosas de Dios, convertiremos nuestros corazones en templos paganos, y en objeto de nuestra adoración y reverencia a los bienes de este mundo.

 

16 Y Adán y Eva, su esposa, no cesaron de invocar a Dios. Y Adán conoció a Eva, su esposa, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: He adquirido un varón del Señor; por tanto, tal vez éste no rechace sus palabras. Mas he aquí, Caín no escuchó, y decía: ¿Quién es el Señor, para que tenga que conocerlo?

 

“Adán y Eva, su esposa, no cesaron de invocar a Dios”. Las nubes de maldad se amontonaban por toda la tierra, presagiando una devastadora tormenta; negras, ominosas, casi impenetrables. Sólo aquí y allá irrumpían rayos de luz celestial para iluminar la tierra. No obstante, las tinieblas que les rodeaban y la iniquidad que abundaba por doquier, Adán y Eva, su esposa eran firmes inmutables en observar los mandamientos de Dios y continuaban invocando su santo nombre.

Con el transcurso del tiempo les nació a Adán y Eva un hijo al que llamaron Caín. Caín en hebreo quiere decir posesión, y Eva, llena de gozo con su criatura, dijo: “Adquirido he un varón del Señor”. El hecho es que esta forma de dar nombres fue una antigua costumbre semita que aunque se empleó mucho más tarde que el tiempo de Adán, tiene sus raíces en la edad patriarcal. Antiguamente los nombres tuvieron mucha importancia.

Así fue que cuando Abraham estuvo por ofrecer a su hijo Isaac como sacrificio, según el Señor se lo había mandado, el joven preguntó a su padre, “¿Dónde está el Cordero para el sacrificio?” Abraham le respondió: “Dios proveerá”. Pero cuando Abraham estuvo a punto de cumplir con el mandato divino, una voz del cielo le detuvo en su intento de obedecer, y Dios le proveyó con lo necesario para el sacrificio. “Y Abraham llamó el nombre de aquel lugar Jehová – Jireh” que significa “Jehová proveerá”. Y cientos de años más tarde, cuando Moisés registró dicho incidente, llamó a sí a la montaña (Génesis 22:7-14).

También Agar, cuando su hijo estuvo muriéndose en el desierto, mientras ella le miraba, vio al ángel parado al lado de la fuente de agua que le daría la vida, y exclamó, “Beer-Lachai-Roi”, que significa literalmente “Pozo, que vive, que ve”. Es decir “El pozo del que vive y que me ve”, pues eso fue lo que le vino a la mente en ese momento (Génesis 16:13-14; 21:15-19).

Y ahora consideremos el nombre Liahona. Es el nombre que Lehi envió a la esfera, o director que encontró en la entrada de su tienda justo antes de comenzar su larga jornada por el desierto, luego de que su pequeña compañía hubo descansado en el valle de Lemuel (1 Nefi 16:10; Alma 37:38).

La L es una preposición hebrea que a veces expresa el caso posesivo. JAH es una forma abreviada de Jehová, común en los nombres hebreos. ON es el nombre hebreo de la ciudad del sol egipcio, conocida también como Menfis y Heliópolis. Por lo tanto, LIAHON significa literalmente, “de Dios es la luz”. Es decir, Dios da luz como lo hace el sol. La A final nos recuerda que la forma egipcia del nombre hebreo ON es ANNU, y esa parece ser la forma que Lehi empleo. Recuérdese que Lehi fue instruido en el idioma de los egipcios.

Lehi acababa de recibir el mandato divino de comenzar su peligroso viaje. La pregunta que domina su mente, luego de haber recibido el mandamiento debe haber sido cómo saber qué camino tomar. Sin duda que él ha de haber pasado la noche orando en busca de orientación. Y en ese momento, de pie en la entrada de su tienda, quizás cuando los primeros rayos del sol atravesaban la bruma matinal, vio una esfera de metal de curiosa maestría. El la alzó y la examinó y entonces comprendiendo que esa era la orientación por la que había estado orando, exclamó extasiado, “L-iah-on-a”, que sería como decir: “Esta es la luz de Dios; ha venido de Él”. Y ese llegó a ser el nombre del curioso instrumento.

Eva anticipó en Caín la relación familiar ideal, pues ella consideró a su hijo como un don de Dios. Consciente o inconscientemente, ella elevó una plegaria: “Tal vez este no rechazará sus palabras”.

Pero sin duda que a Caín le fue permitido hacer muchas cosas que a los otros hijos les había sido prohibido. Eva, su madre, consintió imprudentemente a su varoncito, y él se hizo dominante y rebelde. El pensó con soberbio desprecio, porque tenía que obedecer los mandamientos de Dios, y por lo tanto dijo, “¿Quién es el Señor para que tenga que conocerlo?”.

 

Se debe esperar bastante de alguien que haya nacido en el convenio o el evangelio de Jesucristo. Eva debió haber esperado que Caín guardase los mandamientos del Señor pues él había nacido bajo el convenio del evangelio.

Aun cuando los hijos tengan padres justos, no existe una seguridad absoluta de que el niño escuchará a sus padres. Fuera del ambiente del hogar existe el ambiente que puede apartar a un niño del Señor.

Caín nació bajo plena luz del evangelio. Nació, por así decirlo, en el convenio, y Eva debió suponer que él habría de escuchar los mandamientos del Señor. Sin embargo, la justicia de Adán y Eva no beneficiaron a Caín, pues él permitió que las influencias de un ambiente apóstata atrajesen su lealtad. Esta misma situación ha ocurrido una y otra vez entre los hijos de padres justos en nuestra época. Cualquiera de nosotros puede muy bien escuchar la lección que Moisés trató de dar por medio de este incidente.

Por otro lado, conocer al Señor es estar personalmente involucrado en su obra y en la obediencia de sus mandamientos. Desde la fundación del mundo, Cristo ha debido ser aceptado por fe. Aquel que escoge a Cristo como su Dios debe vivir por él, pues “conocerle” es guardar sus mandamientos.

En un mundo donde el pragmatismo tiene un lugar de honor, no es ninguna sorpresa escuchar muchas voces diciendo: “¿Quién es Jehová para que tengamos que conocerle?” Si una persona obtiene un testimonio de Cristo, debe aplicar las enseñanzas del Maestro en su vida hoy día en la misma manera en que los hombres han debido hacerlo en cualquier otra época. La condenación del antiguo Israel, como lo han dicho los profetas, fue que Israel no conocía su Dios. Esto es, no hicieron ningún intento de vivir una vida comprometida íntimamente con El. Así se precipitaron en su destrucción como Caín, por falta de conocimiento.

 

17 Y concibió ella de nuevo y dio a luz a Abel, su hermano; y él escuchó la voz del Señor. Y Abel era pastor de ovejas, mas Caín labraba la tierra.

 

“Y concibió ella de nuevo y dio a luz a Abel, su hermano”. Eva concibió nuevamente a luz otro hijo, un hermano para Caín, y le dio el nombre de Abel. Abel en hebreo antiguo connota algo vano, o vanidad. Porqué Eva eligió este título por el cual su hijo sería conocido posteriormente, es un misterio; no lo sabemos. Sin embargo, es posible que ella compara será criatura con su propia perfección física, tal como Dios la había creado, y comparó lo que ella había producido al engendrar a Abel, por maravilloso que pudo haberle parecido, con lo que Dios puede hacer. Ella, quizás, no todos las debilidades e imperfecciones de la carne inherente a su hijo, de las cuales fue el pecado el agente causante. Puede ser que ella haya pensado que fue en vano tratar de hacer lo que Dios había hecho al crearla a ella y a Adán, su esposo. Puede ser que ella haya percibido, tal como dijo Salomón, el antiguo sabio rey hebreo, que “todo es vanidad”.

Sin embargo, cualquiera que hayan sido las causas que impulsaron a Eva a elegir los nombres de sus hijos -Caín, su posesión o don de Dios, y Abel, algo vano- de los escritos de Moisés aprendemos que Abel, el más joven de los hijos de Adán y Eva, “Escuchó la voz del Señor”, mientras que el mayor, Caín, no escuchó (vers. 16). Esto nos hace recordar ciertas palabras de Isaías: “¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo que anda en tinieblas y carece de luz? Confíe en el nombre de Jehová y apóyese en su Dios” (50:10). Fácilmente nos damos cuenta que condiciones similares a las descritas por Isaías fueron las que tuvieron influencia en la vida de Caín, y la modelaron.

Ambos, Caín y Abel, siguieron los pasos de su padre en que uno, Caín, llegó a ser un labrador, y el otro, Abel, un pastor de ovejas.

Es la voluntad de Dios que ningún hombre esté sin hacer nada y que todos han de ocuparse en algo útil. El ha puesto como bendición para el trabajo, una rica recompensa, si es que el hombre se esfuerza diligentemente. Dios dispuso que la tierra produjese abundantemente una gozosa cosecha, como resultado del sudor de su rostro y el trabajo de sus manos, “es feliz, y todo está bien con él”. Los judíos dicen, “Que el fruto de nuestras labores, pueda ser un servicio aceptable para ti… haznos comprender nuestra obligación hacia ti, y las oportunidades que has puesto a nuestro alcance, para prestar servicio. Ayúdanos a emplear nuestros poderes para beneficio de nuestros semejantes, de modo que los corazones de tus hijos puedan alegrarse con el trabajo de nuestras manos”.

Esto explica bien por qué Dios dispuso que Adán debía trabajar, y por qué él enseñó a su vez a sus hijos a que hicieran lo mismo.

 

Antiguamente, los labradores de la tierra o los agricultores eran considerados como una seria amenaza para los seguidores del Señor pues su adoración se centraba en los ritos de la fertilidad. Los cuidadores de ganado eran los adoradores de Jehová.

Entre los artefactos asociados con los primeros vestigios de cultura humana se encuentran las figuras y símbolos de la religión de la fertilidad. Éstas van mano a mano con las culturas agrícolas más primitivas. Desde el punto de vista de Moisés, las religiones de la fertilidad eran inspiradas por Satanás. Es altamente probable que la imagen que nos entrega Moisés de Caín sea la de un adherente a este tipo de religiones. La vida semi nómade del pastor era considerada por Moisés como la vida en que la adoración a Jehová podía mantenerse pura.

La forma tradicional en que se interpretado la historia de Caín y Abel sitúa a Caín como un poseedor del Sacerdocio de Dios y luego se vuelve un apóstata. Durante el curso de su apostasía ofreció un sacrificio con envidia en vez de dar lo mejor que tenía. El texto, sin embargo, considerando su valor superficial, implica que Caín nunca aceptó a Jehová como su dios y, en verdad, no escucharía. No dice que escuchará y luego rechazará las palabras de Dios. Generalmente, la base para decirle que Caín poseía el Sacerdocio reposa en dos argumentos, uno: que él debía poseer el sacerdocio para ofrecer un sacrificio y también de que no podía llegar a ser un hijo de perdición sin el sacerdocio.

Sugiriendo otra interpretación, consideremos que Caín pudo haber sido ganado por otra religión. La religión más antigua conocida al hombre por medio de evidencia arqueológica es el culto de la fertilidad. Los ofrecimientos típicos de este culto eran aquellos descritos como la ofrenda de Caín. El hecho de que Moisés presentara los detalles del episodio como siendo expirado por Satanás nos indica que Moisés no creía que Caín fuera a intentar en alguna manera de guardar los mandamientos dados por el Señor. Es posible que estuviera ofreciendo sacrificio a Jehová por la misma razón que los griegos ofrecían sacrificios al dios desconocido de Atenas. No deseaba correr el riesgo de ofender algún dios que pudiera tener posiblemente el poder de ejercer su influencia sobre él y causarle algún detrimento.

Si esta interpretación fuera una posible causa, explicaría por qué Adán y Eva se lamentaron por Caín y sus hermanos como se muestra en Moisés 5:27. Todos ellos serán incrédulos. De cualquier forma su sacrificio no era aceptable. El mandamiento había sido de ofrecer las primicias del rebaño (Moisés 5:5). En ninguna parte del texto se infiere que Caín estuviera simplemente ofreciendo los productos de peor calidad de su trabajo. Se le identifica específicamente como un labrador lo que implica que Caín pertenecía a una profesión que estaba considerada con mala estima por Moisés. Esto es pues Moisés consideraba que los agricultores adoraban dioses equivocados con su religión de la fertilidad.

En lo que se refiere a que Caín llegara a ser un hijo de perdición, el texto implica que la elección fue suya; no por que tuviera el sacerdocio, sino porque él era eterno (Moisés 5:24). Esta es realmente la base del libre albedrío -que somos seres eternos (D. y C. 93:29-31). José Smith, el Profeta dio una definición de los hijos de perdición que se haría extensiva para los poseedores del Sacerdocio; pero asumir que tal definición era mutualmente exclusiva es decir que Dios forzaría a alguien que lo odiaba o se negaba a adorarle a ser salvado al fin aún cuando escogiera continuar odiándole o no.

 

18 Y Caín amó a Satanás más que a Dios. Y Satanás le mandó, diciendo: Haz una ofrenda al Señor.

 

“Caín amó a Satanás más que a Dios”. Caín creció sin tener en cuenta su gran herencia. Sus traspasos y pecados endurecieron su corazón. Se hizo siervo del mal. Caín se deleitó en hacer el mal, y su desobediencia a Dios y sus leyes indicó que estaba dispuesto a seguir las indicaciones del diablo. Porque el amó a Satanás más que a Dios.

El corazón de Caín fue accesible a las incitaciones del mal, aún a seguir los mandatos del maligno.

Un día cuando Caín estuvo de mal humor -moralmente ofensivo- Satanás le mandó que “llevara un presente al Señor”. Puede que nos sorprenda que el diablo le haya mandado tal cosa, pero hace pensar que fue un mandato perentorio, arbitrario, de Satanás, quien esperó ser obedecido por Caín. Pero sólo Satanás supo cuáles serían las condiciones que crearía en el corazón de Caín al ofrecer ese sacrificio.

Vemos aquí a Caín, un obrador del mal, actuando a la par de Abel en los servicios exteriores de su religión.

 

19 Y con el transcurso del tiempo, sucedió que Caín trajo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra.

20 Y Abel también trajo de las primicias de su rebaño, y de su grosura. Y el Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda;

 

Vers. 19-20. Luego de un tiempo, ambos, Caín y Abel, trajeron ofrendas de lo mejor del fruto de su trabajo, para ofrecerlo como sacrificio al Señor.

Caín trajo de sus cosechas, lo que, según nosotros, no fue el fruto más selecto. El reservó para sí lo mejor de lo que había recogido. Podemos imaginar cuál ha de haber sido la inquietud mental de Caín al aproximarse el momento de efectuar el sagrado rito. Su motivo al hacer aquello no fue servir a Dios, sino satisfacer el orgullo que continuamente Satanás le estuvo insuflando. El sacrificio que él ofreció no fue más que un vano presente (Isaías 1:33).

Abel, por otra parte, trajo de “las primicias de su rebaño y de su grosura”. El seleccionó su ofrenda únicamente de lo mejor de sus rebaños. Excelente al máximo; por sobre todo lo demás. Su ofrenda le señalaba como un hombre justo, e indicaba que Dios fue el centro de sus pensamientos. “Por fe, Abel ofreció un más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus presentes” (Hebreos 13:4).

Conociendo Dios lo que hay en el corazón de todo hombre, estuvo complacido con la ofrenda de Abel, pues testificaba que su corazón era recto e inmutable. Moisés escribió que Dios tuvo aprecio por Abel y por su sacrificio. Lo cual significa que Dios aceptó el sacrificio de Abel porque Abel fue recto (Mateo 23:35). De esto podemos aprender también una lección: cuando rendimos un homenaje a Dios debemos recordar que es únicamente por la obediencia a sus mandamientos, por el cumplimiento fiel de nuestros deberes, por nuestros hechos bondadosos, que podemos hacer que nuestra adoración sea aceptable ante El.

 

Abel fue presidente de su dispensación. ¿Por qué concentró Moisés su narración alrededor de Caín y Abel cuando obviamente deben haber habido otros hijos justos e injustos? El profeta José Smith cree que Abel era el presidente de las llaves de su dispensación. En su revisión del Antiguo Testamento, al trabajar en Génesis 17, el profeta José Smith explicó por qué el ritual de la circuncisión llegó a ocupar el lugar del bautismo en el tiempo de Abraham; cuando el bautismo había sido la manera de hacer un convenio con el Señor desde los días de Abraham.

“Y Dios habló con él (Abraham), diciendo: mi gente se ha extraviado de mis preceptos, y no han guardado mis ordenanzas, que di a sus padres; y no han observado mi ungimiento y sepultación, o bautismo con el cual les mandé.

“Pues se han apartado del mandamiento, y se han dado al lavamiento de niños, y a la sangre de aspersión;

“Y han dicho de que la sangre del justo Abel fue derramada por los pecados; y no han sabido en qué son responsables ante mi” (Versión Inspirada, Génesis 17:4-7).

Puesto que Abraham llegó a ser conocido como el “padre de los justos” uno no puede evitar preguntarse si tal no habría sido la costumbre antes refiriéndose a Abel en la misma manera. Se le dijo a Caín que sería el “padre de las mentiras de Satanás” y de que se diría en tiempos futuros “éstas abominaciones han existido desde Caín” (Moisés 5:24-25). Posiblemente Caín fue llamado el Padre de los injustos o de los que eran incrédulos y Abel el Padre de los justos. Esto ciertamente explicaría por qué escogió Moisés a estos dos individuos como los protagonistas de la historia. Eran tipos, por así decirlo, como lo fueron Lamán y Nefi en el Libro de Mormón.

 

21 mas no miró con agrado a Caín y su ofrenda. Ahora bien, Satanás sabía esto, y se alegró. Y Caín se ensañó en gran manera, y decayó su semblante.

22 Y el Señor le dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado? ¿Por qué ha decaído tu semblante?

23 Si haces lo bueno, serás aceptado; y si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta, y Satanás desea poseerte; y a menos que escuches mis mandamientos, te entregaré, y será hecho contigo según la voluntad de él. Y tú te enseñorearás de él,

 

Vers. 21-23. “Mas no miró con agrado a Caín y su ofrenda”. Dios no aprobó la ofrenda de Caín porque éste fue rebelde y desobediente a sus mandatos. Caín ofreció un sacrificio en fe; Caín estuvo llena de orgullo, teniendo únicamente confianza en sus propias fuerzas. El no consideró, que comparado con Dios, toda su fuerza no era sino una absoluta debilidad, toda su sabiduría, una necedad.

La gran diferencia en las ofrendas de los hermanos, Caín y Abel, estriba no en lo que ofrecieron como sacrificio, sino en el intento con que efectuaron su sagrado deber. Existió una cierta discrepancia en sus caracteres. Abel hizo su ofrenda con un ojo sencillo a la gloria de Dios; Caín procuró hipócritamente obtener el favor de Dios, al cual sus hechos no le hicieron merecedor. Dios no tuvo aprecio por Caín ni por su ofrenda.

Dios, de un modo que no entendemos, hizo saber a Caín y a su hermano, Abel, que El aceptaba la ofrenda de este último, y rechazaba la de Caín. Éste fue orgulloso y soberbio. Su orgullo, como hemos notado, se debió a la desmedida importancia que se dio a sí mismo, sentimiento que el diablo alimentó. Pero toda su altivez fue abatida por una reprensión divina. Satanás, observó complacido el desarrollo de los acontecimientos. Su deseo, fue que Caín fuese desdichado como él lo era.

El semblante de Caín “decayó”. Su orgullo fue desaprobado, y como ya hemos señalado, de todas las pasiones que llenan el corazón humano, el orgullo chasqueado es uno de los más amargos y malignos.

Sin embargo, y a pesar del corazón malvado de Caín, el Señor trató de calmarlo y de razonar con él. “¿Por qué estás airado? ¿Por qué ha decaído tu semblante?”

Caín no respondió.

“Si haces lo bueno”, le aseguró el Señor, “serás aceptado”, entendemos que el Señor le quiso decir algo así: “Si guardas mis mandamientos, tú y tus ofrendas evidenciarán ante mí un corazón recto y puro; testificándome que tú no amas más El engañar y las maldades, y que has resuelto servirme”.

“Si no haces lo bueno, el pecado está a la puerta, y Satanás desea poseerte”. El más sencillo de los razonamientos; una clara declaración del Señor de modo que Caín pudo entender y darse cuenta rápidamente del terrible futuro que le aguardaba si continuaba con su vida de desobediencia, y que ello serviría únicamente para amargarlo más. “Si sigues haciendo lo malo, cada vez que descuido a las incitaciones de Satanás, él que esclavizará más y más, y no pasará mucho tiempo en que te sujetarás al diablo y serás un siervo suyo”. Esta, imaginamos, puede haber sido la conversación entre el Señor y Caín.

Aquí podemos aprender otra lección: los mandamientos de Dios no nos han sido dados para castigarnos o para maltratarnos, sino para librarnos del mal. Son consagrados para nuestro bien. Son salvavidas. Si los ignoramos o rehusamos obedecerlos, nos alejamos del cuidado de un Padre tierno y amoroso, y quedamos sujetos al destructor. Esta es una regla inflexible. Podemos suponer que es por esto que el Señor previno a Caín que prestara obediencia -escuchas mis mandamientos- al mismo tiempo que le advirtió que en efecto, el mal, es un pequeño corredor en la casa de cada hombre que conduce al pecado. Ese corredor separa lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo justo de lo injusto; al final de este pasaje hay una puerta en cuyo umbral está agazapado el pecado, semejante a un monstruo, listo para lanzarse sobre cualquiera que abra la puerta. El monstruo es Satanás. Su deseo es hacer presa de todo el que transite por dicho pasaje. De este modo podemos ver cuál es el significado de la frase: “El pecado está a la puerta”.

“¿Por qué ha decaído tu semblante?” Caín estuvo muy perturbado mental y moralmente. El evidenció cuál era su estado emocional al intentar ocultarse del Señor, quien conoce los corazones y las mentes de los hombres. El rostro de Caín reflejó lo que había en su corazón.

“Yo te entregaré”. El Señor continuó razonando ansiosamente con Caín, advirtiéndole de las penosas consecuencias que le acarrearía el persistir en la iniquidad. Caín sabía bien cuál era el camino que tenía que seguir. Desde su infancia, había aprendido sobre las rodillas de sus padres, que tenía que escuchar la suave voz que viene del Padre, la que le conduciría y guiaría en todas las experiencias de su vida.

Pero las enseñanzas de sus padres tuvieron poco efecto en lograr que se despojara del afecto que había desarrollado hace las cosas prohibidas. Los ruegos de unos padres responsables de su deber y temerosos de Dios fallaron en su intento de lograr que Caín dejara el camino del mal y siquiera el del deber y la lealtad. Adán y Eva procuraron de todas las maneras posibles ayudar a Caín. Pero en cada intento que hicieron Caín les rechazó: se puso cada vez más rebelde, y se guió por los dictados de su propia mente.

La paciencia del Señor llegó casi al límite. Aún su ojo que todo lo ve percibió que Caín estaba llegando a un punto de maldad desde el cual ya ninguna justa exhortación lograría llevarlo al camino de las buenas obras.

Caín, en su rebelde oposición a todo lo bueno, no le dejó más que un solo camino al Señor. El ya no pudo más actuar compasivamente con ese hombre de duro corazón. Cuando todos sus otros esfuerzos fracasaron, el Señor, desesperando del arrepentimiento de Caín, le amonestó, diciéndole que si no se volvía de su mal camino, Él, el Señor Dios, no contendería más contra su maldad, sino que lo abandonaría al poder de Satanás, para que el maligno hiciera con él lo que quisiera, es decir, se haría con él según la voluntad de Satanás.

“Y tú te enseñorearás de él”. Estas palabras han provocado mucha discusión. Se ha intentado de muchas maneras explicar su significado. Las esas explicaciones no satisfacen. Más se las trata de explicar y más confusión se crea. Dichas palabras no parecen concordar con el resto del relato.

Luego de declarar que el Señor le dijo a Caín que a menos que se arrepintiera y “escuches mis mandamientos”, el texto cita al Señor como diciendo, “Te entregaré, y será hecho contigo según su voluntad” (vers 23). Las siguientes palabras del texto son desconcertantes: “Y tú te enseñorearás de él”. El Señor aún estaba presentándole a Caín las terribles consecuencias de la desobediencia, y amonestándole que si persistía en su comportamiento obstinado y rebelde ello le acarrearía la total separación de Dios y su consignación al reino de Satanás, en el cual la angustia y la desesperación, son la recompensa para quienes se rebelan contra Dios y sus leyes.

El Señor estaba pronunciando una maldición sobre Caín, por motivo de su iniquidad, y no bendiciéndole con dominio sobre Satanás. Las dos declaraciones del texto no expresan ideas consonantes entre sí. Debemos tomar en cuenta todo el pensamiento y no recalcar unas pocas palabras, las que en su abstracción presentan un nuevo concepto completamente discordante con el contexto. No podemos imaginar a Caín siendo entregado a Satanás para dominar al diablo. Ni podemos creer que alguien tan ambicioso como Satanás -tomando en cuenta su rebelión en el cielo cuando intentó obtener la autoridad del Todopoderoso y tomar sobre sí el honor y la gloria de Dios- permitiría que alguien mandara sobre sus dominios y de ese modo se convirtiera en su amo.

Se ha sugerido que en el proceso de imprimir por primera vez La Perla de Gran Precio, se copió incorrectamente el lenguaje del manuscrito original del libro de Moisés y que las palabras en esta parte del relato fueron cambiadas. De ser así este error se perpetuó en las posteriores impresiones de La Perla de Gran Precio.

En los primeros tiempos de la imprenta no fue extraño que se traspusieran las palabras o que una palabra fuera sustituida por otra, a veces muchos de los errores de imprenta cometidos se debieron a faltas de los editores y los redactores al corregir las pruebas. Fue fácil, como lo podría hacer ahora, que el impresor colocara los tipos de modo que la frase se leyera “Y tú te enseñorearás de él”, en vez de decir, “y él se enseñoreará de ti”, como creemos que debería decir. La diferencia en las dos frases, en lo que hace a las palabras, es poca, y el mejor redactor podría equivocarse.

Este razonamiento es sólo una suposición, y no se le debe tomar como la interpretación definitiva del término en cuestión.

Sin embargo, debe decirse que la primera vez que se imprimió “Los Escritos de Moisés” (en 1851, en Inglaterra), no aparecían en el texto las palabras, “y tú que enseñorearás sobre él”. Tampoco aparecían los versículos del 24 al 31. No sabemos por qué no se los publicó. Aparecen en ediciones subsiguientes.

Otra explicación para el texto en cuestión, es la que sigue, y para algunos constituye la respuesta correcta.

Caín, habiendo nacido de buenos padres, y poseyendo un cuerpo de carne y huesos, que dentro suyo abrigaba un corazón malvado, estuvo en condiciones de hacer muchas cosas que un espíritu sin cuerpo no pudo hacer. Satanás necesitó de un cuerpo para dar causa a sus supercherías y mentiras; un espíritu en parental o con él, por así decirlo, que le sirviera de agente para poner a los hombres en abierta rebeldía contra Dios y sus leyes. ¡Ese fue Caín! Siempre atento a lo que le beneficiara, Caín dio oido a las promesas halagüeñas del maligno. Pero el deseo de Caín de obtener poder fue similar al de Satanás. La ambición es característica de todos los siervos del mal. Esta declaración queda verificada cuando tomamos nota de la conducta de Lucifer durante el Gran Concilio en el Cielo donde procuró obtener para sí gloria y poder. Caín no fue diferente a Satanás. Satanás pudo actuar únicamente a través de sus representantes y el éxito con que Satanás pudo concretar sus malvados designios dependió de la disposición de su socio para servir de punta de lanza. Caín fue junto a Satanás un conspirador ideal para fraguar esas inicuas maquinaciones. Caín fue el prototipo del mal. Es en esto que puede decirse que Caín señorío sobre Satanás, pues éste, como se ha señalado, pudo cumplir sus nefastos planes únicamente al ritmo con que Caín actuó.

Caín, sin duda, resucitará, y en su estado resucitado, si entendemos correctamente, será superior a Satanás, quien no tiene un cuerpo de carne y huesos. De ese modo, Caín sería más poderoso y señorearía sobre Satanás.

 

Caín no pertenecía a la hermandad de Abel. Caín tuvo todas las oportunidades de arrepentirse de su forma de ser y tomar el curso de los justos de su época. El poder de un dominio infinito se gana por medio del sacerdocio de Dios (D. y C. 121:41-46). Los hombres apoyan una influencia justa o gobiernan justamente dentro del reino de Dios por medio del sacerdocio. Se le advirtió a Caín que Satanás deseaba poseerle y que si continuaba su tendencia de escuchará Satanás, el maligno ganaría su ascendencia. Mucho se ha dicho en el sentido de que Caín gobernará sobre Satanás en la próxima vida pues supuestamente el cuerpo resucitado de Caín le haría superior a Satanás. El presidente Brigham Young y el Presidente John Taylor expresaron como una opinión particular el que los hijos de perdición finalmente perderán sus cuerpos luego después de la resurrección pues el resultado final de aquellos que no obedecen ninguna ley es la disolución. Otros grandes líderes de esta dispensación han expresado ideas similares, por ejemplo, Heber C. Kimball y Erastus Snow; mientras que por otro lado, algunos élderes de la Iglesia, igualmente grandes e inteligentes han expresado su opinión diciendo de que los hijos de perdición nunca perdería sus cuerpos.

El élder George Q. Cannon dio un buen consejo en este respecto:

“Respecto al castigo futuro de los hijos de perdición, el Señor dice que irán a un castigo eterno, para reinar con el demonio y sus ángeles, pero El añade: y ningún hombre sabe ni su fin, ni su lugar, ni su tormento; ni tampoco fue, ni es, ni será revelado al hombre, salvo a quienes participan de ello; sin embargo, yo, el Señor, lo enseñó en visión a muchos, pero luego lo retiro;

“Por consiguiente, no comprenden su fin, su anchura, su altura, su profundidad o su miseria, ni tampoco hombre alguno, sino aquellos que son ordenados para esta condenación.

“Algunos han pensado que luego de resucitar, los hijos de perdición serán privado de sus cuerpos y serán por siempre compañeros del demonio y sus ángeles, siendo al igual que ellos, desprovistos de cuerpos. Pero algunos otros, igualmente inteligentes creen que los hijos de perdición nunca se levantarán; o si lo fueran, el espíritu sería destruido y regresaría a su elemento nativo, y esta sería la segunda muerte y, por supuesto, el fin de su tormento.

“En vista de lo que el Señor dice sobre el tema, estas ideas son, hasta cierto punto especulativas. Donde el Señor ha mostrado algo concerniente a esto, por medio de una visión, a aquellos a quienes él ha favorecido en este respecto, no les justificaría en darlo a conocer. Pero los élderes, están completamente seguros en confirmar sus opiniones y enseñanzas a lo escrito. Que los hijos de perdición han de resucitar es un hecho del cual no debemos dudar si hemos de confiar en lo que se ha dicho por muchos de los profetas y apóstoles, así como por el Salvador mismo. Cualquier otro argumento concerniente a su futuro difícilmente puede ser de utilidad” (George Q. Cannon, La Verdad del Evangelio, vol. 1, pág. 33-34).

Puesto que no podemos presumir simplemente de que Caín tendrá cualquiera superioridad física sobre Satanás en las eternidades, sería bueno considerar lo que el idioma hebreo dice en el texto del Génesis en lugar de la traducción al inglés de la versión autorizada. La versión canónica revisada proporciona una traducción lógica y bastante aceptable dada a continuación:

“El Señor dijo a Caín, “¿por qué estáis airado, y por qué ha decaído tu semblante? ¿Si hiciereis el bien, no has de ser aceptado? Y si no lo haces, el pecado yace en la puerta; tal deseo es tuyo, pero debes dominarlo” (Versión Canónica Revisada, Génesis 4:6-7).

Esto ciertamente está más de acuerdo con el tono de la advertencia que permitía la posibilidad que Caín pudiera arrepentirse antes que fuese demasiado tarde.

 

24 porque desde ahora en adelante tú serás el padre de sus mentiras; serás llamado Perdición; porque también tú existías antes que el mundo.

 

“Desde ahora en adelante tú serás el padre de sus mentiras”. El Señor conoció las flaquezas del corazón de Caín. Este se glorió en hacer lo malo. Satanás, mediante falsas promesas, le hizo sentir que la iniquidad le había hecho fuerte. El orgullo de Caín, atizado por Satanás, no conoció límites. El buscó la felicidad haciendo el mal. Se infló en el orgullo de su corazón. Algunos de sus hermanos y esposas se unieron a él en su rebelión contra todo lo que fuese justo. Las mismas tendencias que provocaron la expulsión de Satanás del cielo, se evidenciaron en los atributos morales y espirituales de Caín. El amó las cosas de Satanás, más que las de Dios.

Caín amó la mentira y su mayor ambición fue engañar. El Señor tomó nota de este hombre de duro corazón y no le restringió sus malvadas actividades, sino amonestándole y exhortándole a obrar rectamente. Suprimir el derecho de Caín de hacer lo malo, hubiera violado el eterno principio del libre albedrío. Esto Dios no podría haberlo hecho y continuar aún siendo Dios.

Caín ya había hecho su elección. El camino que escogió fue entregarse de lleno a la realización de los malvados designios de Satanás. El Señor viendo la determinación de Caín, y la intensidad con que amaba las tinieblas más que la luz, le predijo la calamidad que le sobrevendría. “Do ahora en adelante tú serás el padre de sus mentiras”. Fue el decreto de un Dios ultrajado. El ya no contendería más con Caín. No trataría más de aconsejarlo. En cambio, desde ese momento los caminos de Caín, serían los inicuos caminos de Satanás, y en esa manera todas las maldades y engaños del diablo saldrían del corazón de granito de Caín. Ser el padre de las mentiras de Satanás, implicó que mediante Caín, por él y de él se diría la voz de Satanás.

“Serás llamado Perdición”. Perdición significa “completamente perdido”; especialmente la entera perdición del alma, o la pérdida completa de toda felicidad en un estado futuro; eternamente condenado.

Aquí, Caín es señalado por el Señor, como perdición o como uno que ha perdido aún el deseo de hacer lo bueno; uno que es heredero de una porción del infierno.

Caín supo bien cuál era el buen camino, pero no obstante ello, persistió en obrar mal. Deseó la compañía del mal; su esperanza de que el mal le guiara; la maldad fue su concepto de la vida. El, repetimos, igual que Lucifer, se rebeló contra Dios y su justicia.

 

25 Y se dirá en tiempos venideros que estas abominaciones procedieron de Caín, porque rechazó el consejo mayor que venía de Dios; y ésta es una maldición que pondré sobre ti, a menos que te arrepientas.

 

“Estas abominaciones procedieron de Caín”. El Señor anunció la maldición que vendría sobre Caín a menos que se arrepintiesen de sus malas andanzas. Las generaciones futuras sabrían que Caín rehusó sujetarse a la palabra de Dios, cuando Él le aconsejó con sabiduría y gran paciencia. Caín rechazó el consejo de Dios, y prefirió hacer caso a las lisonjas de Satanás.

No hay duda de que Caín, orgulloso y soberbio como fue, creyó que como recompensa de su maldad obtendría más bienes materiales (5:33) que por escuchar las buenas exhortaciones. El defendió las mentiras de Satanás, ignoró el Consejo mayor de Dios. En todas las cosas del mundo, cuando a algunos hombres les pareció que la maldad es fuente de felicidad, hubo otros, quienes sencillamente reconocieron que los halagos del pecado traen la misma recompensa que Satanás compartió con Caín en el principio: la destrucción, tanto temporal como espiritual.

Las abominaciones que mencionan estos versículos, fueron las mentiras de Satanás. La maldición impuesta a Caín fue que a él se le conocería como su instigador (Éter 8:18).

 

26 Y Caín se encolerizó, y no escuchó más la voz del Señor, ni a Abel, su hermano, el cual andaba en santidad delante del Señor.

 

“Y Caín se encolerizó”. Toda la vida de Caín fue influenciada por los celos que él tuvo de su hermano menor Abel. Sus celos no tardaron en transformarse en odio, y en inflamadas pasiones descontroladas. Los malos sentimientos de Caín hacia Abel fueron intensos. Su rencor fue hondo e inaplacable. El deseo de vengarse acrecentó su amargura y su malignidad. Desde ese momento ahí conspiró contra Abel, cuya única ofensa fue haber ofrecido al Señor un sacrificio en justicia. “Abel, …andaba en santidad delante del Señor”. “No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3:12).

El odio es en sí una infracción al sexto de los mandamientos del Señor: “no matarás…” “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida” (1 Juan 3:15).

 

27 Y Adán y su esposa se lamentaban ante el Señor por causa de Caín y sus hermanos.

 

Adán y Eva, siempre predispuestos a servir al Señor, se afligieron grandemente por motivo de que Caín y algunos de sus hermanos desecharon las enseñanzas que habían recibido de sus manos. Satanás les puso en el corazón el deseo de desobediencia a las incitaciones del Santo Espíritu y, en cambio, el de confiar en las falsas promesas que él les había hecho. Como hemos notado, el mal llenó tanto sus corazones que no dejó lugar para qué pensarán en su Gran Eterno Padre.

 

28 Y aconteció que Caín tomó por esposa a una de las hijas de sus hermanos, y amaron a Satanás más que a Dios.

 

“Caín tomó por esposa a una de las hijas de sus hermanos”. Las relaciones sociales y maritales que pronto imperaron en la forma de vivir de la posteridad de Adán y Eva, muestran cuán rápidamente la iniquidad se desarrolló entre ellos.

Caín tuvo otros hermanos, aparte de Abel, algunos de los cuales fueron tan rebeldes como él. Ellos tuvieron hijas, y el casamiento entre una de ellas y Caín, unió los elementos de resistencia a la autoridad divina que tanto se perfilaban en Caín. Fue como una de esas células que diseminan las creencias de algunos de esos sistemas filosóficos que tanto se van extendiendo por el mundo. De la unión de estos dos nacieron otros que difundieron la incredulidad y la oposición a las santas leyes de Dios. Está escrito de Caín y su esposa: “Ellos amaron a Satanás más que a Dios”.

 

29 Y Satanás le dijo a Caín: Júrame por tu garganta, y si lo revelas morirás; y juramenta a tus hermanos por sus cabezas y por el Dios viviente, a fin de que no lo digan, porque si lo revelan, de seguro morirán; y esto para que tu padre no lo sepa; y este día entregaré a tu hermano Abel en tus manos.

 

“Este día entregaré a tu hermano Abel en tus manos”. Estos versículos indican cuán saturado de maldad había llegado a estar Caín. Registran una conversación que tuvo lugar entre Caín y Satanás, en la cual Satanás promete a Caín que, bajo ciertas condiciones, entregaría a Abel en sus manos.

Abel había llegado ser dueño de muchas ovejas y mucho ganado (vers. 33). El anduvo rectamente delante del Señor y prosperó en sus trabajos, mientras que por otra parte, Caín había sido malvado y negligente. Los celos de Caín se hicieron cada vez más agudos.

Satanás conoció bien a su hombre, y con terribles juramentos secretos sujetó por completo a Caín a sus diabólicas maniobras.

Caín, tan profundamente sumergido en el pecado que ya no pudo ser alcanzado por la voz de una justa indignación, fue el actor principal en el infernal plan concebido por Satanás. Todo fue hecho en secreto a fin de que “tu padre no lo sepa, y este día entregaré a tu hermano Abel en tus manos”.

 

30 Y Satanás juró a Caín que obraría de acuerdo con sus mandatos. Y todas estas cosas se hicieron en secreto.

 

“Y Satanás juró a Caín que obraría de acuerdo con sus mandatos”. Abandonándose completamente a los deseos de Satanás, Caín acordó hacer todas las cosas propuestas por éste. No sólo estuvo Caín de acuerdo con los planes de Satanás, sino que todo esto se hizo secretamente.

 

Véase:

 

31 Y Caín dijo: Verdaderamente yo soy Mahán, el maestro de este gran secreto, a fin de que yo pueda asesinar y obtener lucro. Por tanto, Caín fue llamado Maestro Mahán, y se gloriaba de su iniquidad.

 

“Caín… se gloriaba de su iniquidad”. Después de que Caín hubo hecho con Satanás el trato por el cual éste acordó entregar a Abel en sus manos, Caín se jactó del poder que acababa de adquirir. El se ensoberbeció en su vanagloria y dijo: “En verdad, yo soy Mahán, el dueño de este gran secreto, a fin de que yo pueda asesinar y obtener lucro”.

Caín fue el jefe supremo de la organización secreta creada y comenzada por el diablo. Todos los esfuerzos de los otros miembros de esa abominable cosa contribuyeron al logro de sus deseos. Por lo tanto él fue llamado jefe supremo o el maestro Mahán, el significado de la palabra Mahán es obscuro, pero presumimos que significa el ser la cabeza o el que gobierna esa organización. Y Caín, con indebido júbilo, “se gloriaba de su iniquidad”.

 

El principio Mahán: La historia comienza, según muchos escritos antiguos y desconocidos por el profeta José Smith, con Satanás buscando promoverse a sí mismo incluso en la existencia premortal, y habiendo sido echado del cielo en su orgullo, y dedicándose desde su caída a la destrucción de esta tierra, “porque no conocía la mente de Dios” (Moisés 4:6). Al acecho de Adán en el Jardín, se produce un error en un ataque directo, repelido por su presa por una enemistad natural entre los dos, y entonces en un ataque de rabia y frustración, la cual también mostró en el trato con Moisés (Moisés 1:19–20), se jacta de cómo él planea colocar al mundo bajo su desgobierno sangriento y horrible, El controlará la economía mundial, alegando la posesión de recursos de la tierra, y por la manipulación de su moneda (oro y plata) el comprará el poder político, militar y eclesiástico, y ejecutar todo a su manera.

Lo vemos poner su plan en marcha cuando él pone su reclamo legal sobre toda la tierra como su propiedad, acusando a otros de la transgresión, poniendo todo a la venta a cualquier persona que tenga el dinero. Y ¿cómo van a obtener el dinero? ¿Al ir a trabajar por él? Él no sólo ofrece empleo, sino un curso de instrucción de cómo funciona todo, la enseñanza del más grande secreto: “El gran secreto” (Moisés 5:49–50) de convertir la vida en propiedades o bienes. Caín obtuvo el grado de Maestro Mahan, probó el sistema sobre su hermano, y se gloriaba en su brillante éxito, declarando que por fin podía ser libre, como únicamente la propiedad o los bienes hacen libres, y que Abel había sido un perdedor en una competencia libre.

La disciplina fue manejada a través de Lamec y finalmente se convirtió en el patrón de la economía mundial (Moisés 5:55–56).

Caín mató “a su hermano Abel, en aras de obtener ganancia” (Moisés 5:50), no en un ataque de resentimiento, sino por la planificación empresarial cuidada, “por la conspiración” (D. y C. 84:16). El gran secreto que él aprendió de Satanás era el arte de convertir la vida en propiedad o bienes, toda su vida, ¡aun la vida eterna! El intercambio de la vida eterna por el éxito mundano es en realidad la esencia del clásico Pacto con el Diablo, en la que se ofrece todo lo que la riqueza pueda comprar en la tierra a cambio de la sujeción a Satanás. No hay duda de que “No se puede servir a dos señores” (ver Mateo 6:24). Uno puede ver a Mahán trabajando por todos lados, desde la mafia cuya adhesión al principio no necesita argumento, hasta el traficante de drogas, el traficante de armas, el fabricante y el vendedor de los productos defectuosos.

 

32 Y Caín salió al campo y habló con Abel, su hermano. Y aconteció que mientras estaban en el campo, Caín se levantó contra Abel, su hermano, y lo mató.

 

“Caín salió al campo y habló con Abel, su hermano”. Caín, con premeditada malicia, buscó a Abel y lo encontró atendiendo a sus rebaños. Allí Caín le sugirió a Abel, “salgamos al campo” (según la versión del Antiguo Testamento anterior al tiempo de Cristo, llamada la Septuagésima, debido a la leyenda de que su traducción fue hecha a pedido de Ptolomeo II, 250 a. C., por 70 emisarios de Jerusalén. Se cree que esa fue la versión del Antiguo Testamento que usaron el Salvador y sus apóstoles).

Fingiendo un amor fraternal, con alguna pretendida razón Caín persuadió a Abel de que le acompañara a algún sitio apartado en el cual no pudiera verse el asesinato que tenía planeado ejecutar.

Allí fue que Satanás entregó a Abel en las manos de Caín, tal como se lo había prometido.

No cabe duda de que, una vez llegado al lugar escogido, Caín empezó a tratar a Abel con enojo y ofensivamente, acusándolo infundadamente, de portarse como un mal hermano.

Imaginamos que Caín ha de haber sido un hombre fuerte y vigoroso, y que se aprovechó de ello para intimidar e insultar a Abel. Moisés dice “Caín, se levantó contra Abel, su hermano, y lo mató”.

 

33 Y Caín se glorió de lo que había hecho, diciendo: Estoy libre; seguramente los rebaños de mi hermano caerán en mis manos.

 

“Caín se glorió de lo que había hecho”. Sin perturbarse ni arrepentirse en lo más mínimo por lo que había hecho, sino más bien alborozado por haber conseguido que Abel no lo siguiera aconsejando que obrase justamente, Caín se regocijó en lo que consideró una victoria.

“Estoy libre”, exclamó; Caín se figuró que de allí en adelante, habiendo sacado a Abel de su camino, podría hacer lo que se le antojase, un temor de que le pusieran por delante su ejemplo.

Sospechamos que, también Satanás puso en el corazón de Caín la esperanza de que, con la muerte de Abel, Caín sería dueño de los rebaños de Abel. De modo que vemos que no sólo Caín deseaba eliminar a Abel, sino que codició los frutos del trabajo de Abel, pues con alegría anticipó que caerían en sus manos.

 

34 Y el Señor le dijo a Caín: ¿Dónde está Abel, tu hermano? Y él contestó: No sé. ¿Soy yo guarda de mi hermano?

 

“¿Dónde está Abel, tu hermano?”. Completamente aturdido y moralmente perdido en un torrente de pasión que casi le dominaba por completo, Caín trató de excusarse y de falsear los hechos (vers. 38). Su endurecido corazón de granito fue impenetrable a la influencia del Santo Espíritu. El se imaginó que había destruido por completo a Abel, y que no oiría hablar más de él. Pero en esto estaba equivocado aunque, el crimen de Caín no fue solo contra Abel, sino contra Dios y toda su Creación. En medio de su ignorancia y de su apasionamiento, se sintió seguro, pues pensó que nadie se había enterado de su acción, aparte de los miembros de la organización secreta inspirada por el diablo, que él encabezaba. Olvidó que Dios, que mora en el cielo supo cada uno de sus actos y pensamientos.

Debe recordarse aquí que Caín poseyó el Santo Sacerdocio, y puede que esto sucedió en una ocasión cuando Caín, por llenar las apariencias, estuvo oficiando en uno de los ritos sagrados conectados con la adoración religiosa del pueblo, en donde no estuvo presente Abel. Su ausencia fue notoria pues siempre participaba en las ceremonias religiosas.

Mientras el recuerdo de lo que había hecho con Abel le perseguía, el Señor le preguntó seriamente a Caín -posiblemente mediante su Santo Espíritu- “¿Dónde está Abel, tu hermano?”.

 

35 Y el Señor le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

36 Y ahora maldito serás de la tierra que abrió su boca para recibir de mano tuya la sangre de tu hermano.

 

Vers. 35-36. “¿Qué has hecho?”. La pregunta del Señor evidenció la enormidad de la ofensa cometida por Caín. Además de ser un asesino, Caín evidenció que también era un mentiroso. El trató de ocultar un crimen deliberado con una mentira deliberada. Pero Dios, que todo lo sabe no puede ser engañado. “La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”. La maldición que acompañó a Caín en sus esfuerzos por hacer producir la tierra que abrió su boca para recibir la sangre del mártir, fue la venalidad impuesta por la gravísima infracción a la ley y el orden divinos, cometida por Caín.

 

37 Cuando labres la tierra no te dará su fuerza de aquí en adelante. Fugitivo y vagabundo serás en la tierra.

 

“Cuando labres la tierra no te dará su fuerza”. Puede observarse aquí, que a diferencia de Adán, su padre, Caín mismo fue condenado; Adán no. Al dictar el Señor su juicio sobre Adán, la tierra fue maldecida “por tu causa” mientras que en el caso de Caín, la maldición fue personal. La tierra no respondería más a los trabajos de Caín para labrarla. No le produciría abundantemente como antaño. En había contaminado la tierra al derramar en ella la sangre de su hermano.

“Fugitivo y vagabundo”. El lugar de vagabundo la versión revisada dice “errante”. Caín fue condenado a sufrir una perpetua ignominia y vituperio entre los hombres; a soportar un perpetuo horror mental. La culpa que llenaba su conciencia lo perseguiría donde quiera que fuese y haría de él un nómada y un huésped indeseable. Nadie buscaría su compañía pues le acompañaban el terror y el espanto.

 

38 Y Caín dijo al Señor: Satanás me tentó a causa de los rebaños de mi hermano. Y también estaba yo con saña, porque aceptaste su ofrenda y la mía no; mi castigo es más de lo que puedo soportar.

 

“Satanás me tentó a causa de los rebaños de mi hermano”. Confrontado con una evidencia que él no pudo negar; habiendo sido declarado culpable y sentenciado por la debida autoridad, Caín respondió con excusas y falsas negativas (vers. 34). “Satanás me tentó a causa de los rebaños de mi hermano”. Caín se defendió, procurando mitigar los términos de la maldición. El también argumentó la existencia de circunstancias que contribuyeron a que se sintiera ofendido. “Y también estaba yo con saña, porque aceptaste su ofrenda, y la mía no”. El clamó, “Mi castigo es más de lo que puedo soportar”.

Caín, igual que muchos, procuró minimizar su maldad atribuyendo a otro la culpa por sus malas acciones. El trató de echar la culpa al Señor a causa de que no aceptó su ofrenda mientras que la de su hermano Abel, sí. Pero la excusa de Caín fue rechazada, siendo que vino con un corazón enfermo y depravado.

Podemos aquí repetir una observación que hicimos anteriormente; nos podrá ayudar a comprender por qué el Señor aceptó la ofrenda de Abel y la de Caín no. “Nuestra adoración a Dios es aceptable ante El, por nuestra obediencia a sus mandamientos, nuestra fidelidad en cada fase de nuestro deber, nuestra paciencia frente a las pruebas, y la bondad de nuestras acciones”. Caín nunca llenó estas calificaciones.

 

39 He aquí, me echas hoy de ante la faz del Señor, y de tu presencia quedaré escondido; y seré fugitivo y vagabundo en la tierra; y sucederá que cualquiera que me encuentre me matará por causa de mis iniquidades, porque estas cosas no se ocultan del Señor.

 

“De tu presencia quedaré escondido”. Estas palabras de remordimiento de Caín, no causadas por haber matado a Abel, sino por motivo de la maldición que el Señor uso sobre él, parecen haber sido provocadas por un verdadero temor por lo que le sobrevendría. Nunca más Caín sería guiado por las ministraciones del Señor o de sus santos ángeles. En el pasado el Espíritu del Señor había guiado a Adán y a sus hijos en todas las experiencias de la vida. Ellos a veces obedecieron sus santas indicaciones; otras veces muchos de ellos, como en el caso de Caín, prefirieron buscar las fingidas promesas que Satanás les hizo arteramente.

Caín se dio cuenta del error que había cometido, pero a pesar de ello no estuvo arrepentido. El se sintió deprimido y consternado, aplastado por el peso de la maldición que había caído sobre él y con gran clamor el clamó atónito: “He aquí, me echas hoy de ante la faz del Señor, y de tu presencia quedaré escondido”. Significando esto que desde ese momento él andaría sólo; sin la luz del consejo del Señor, por lo cual caminaría en las tinieblas. En Caín no hubo luz que le permitiera ver el santo semblante de Dios.

Al pensar en la equivocación que cometió Caín, preguntamos con Isaías: “Quién entre vosotros que teme al Señor, que obedece la voz de su siervo, que anda en tinieblas, y no tenga luz”. Recordamos también que el Señor no esconde su rostro de ninguna generación de sus hijos que tratan de servirle.

Caín, el asesino, no solamente andaría errante por los lugares donde vivían sus hermanos, como un fugitivo de la justicia, sino que por donde quiera que anduviese, no importa dónde, se le conocería por lo que era. El tuvo el temor de que todos los que vivieran en los lugares donde buscaría refugiarse, le matarían, debido al delito que había cometido, el que le había transformado en un indeseable reprobado, aún entre los más malvados. Caín temió que le retribuyeran su delito y el pensar en ello hizo de él un cobarde. El estuvo seguro de que la maldad que había cometido todos la descubrirían debido a que sus esfuerzos por disimular la dureza de su corazón lo traicionarían y pondrían en evidencia su perfidia fraternal.

 

40 Y yo, el Señor, le dije: Quienquiera que te mate, siete veces se tomará en él la venganza. Y yo, el Señor, puse una marca sobre Caín, para que no lo matara cualquiera que lo hallase.

 

“Y yo, el Señor, puse una marca sobre Caín”. A pesar de su maldad, el Señor puso sobre Caín una protección para el caso en que otras personas, al reconocerlo como el asesino de su hermano, le mataran también a él. Para que otros hombres malvados no le mataran es que el Señor puso una marca sobre Caín.

Esta marca posiblemente fue una piel negra (Moisés 7:22).

En todo esto el Señor no contempló únicamente las malas acciones de Caín, sino que esta marca fue puesta sobre Caín a fin de que los infalibles propósitos de Dios se llevaran a cabo. El Señor utiliza tanto el mal comportamiento de los hombres como el bueno para realizar sus propósitos.

La marca de Caín y sus hijos fue una señal para los habitantes de cada región que recorrieran de que si bien ellos tenían sobre sí la maldición del Señor, también serían protegidos contra la venganza de sus despiadados parientes, quienes ahora eran sus enemigos. “Quienquiera que te mate, siete veces se tomará en él la venganza”. “Mía es la venganza, yo pagaré”. Esto expresa cuál es la venganza del Señor.

 

41 Y Caín fue desterrado de la presencia del Señor, y con su mujer y muchos de sus hermanos habitó en la tierra de Nod, al oriente de Edén.

 

“Caín fue desterrado de la presencia del Señor”. En la Biblia dice: “Y salió Caín de delante de Jehová, y habitó en la tierra de Nod, al oriente de Edén…” Las declaraciones en ambas versiones, son substancialmente las mismas. Sin embargo, la declaración en el Génesis connota la idea de que Caín obró por voluntad propia. La registrada por el mismo Moisés sugiere que el ser “desterrado de la presencia del Señor”, fue parte de la maldición que el Señor le impuso.

En hebreo, la tierra de Nod quiere indicar la tierra del errante; la tierra de quienes viven en tiendas; tierra de nómadas.

Caín y su esposa se alejaron de la región donde habitaban los siervos de Dios y en donde era predicado el Evangelio, y vagaron por las regiones orientales en donde no les volverían a exhortar a que fueran justos.

 

Vers. 37-41. Luego de ser marcado para su identificación, Caín fue expulsado. La conducta de Caín le guió a un acto que le aisló de las bendiciones del Señor y llegó a ser un fugitivo y un vagabundo.

Si ningún hombre inicuo ha contemplado la faz de Dios (como lo indicó José Smith en su revisión de las escrituras, Versión Inspirada, Éxodo 33:20), entonces debemos preguntar cómo pudo Caín haber sido expulsado de ante la faz del Señor.

Hablar cara a cara con Dios como un amigo habla con un amigo es una figura hebrea del lenguaje que no es comprendida por muchos Santos de los Últimos Días. Significa simplemente que Dios revela su voluntad a un pueblo a quienes trata como a un amigo. Otra forma de decir lo mismo es que Dios ha hecho brillar su rostro ante el pueblo y les ha proporcionado paz. Estar en la presencia del Señor significa estar en la presencia de sus profetas que proclaman su voluntad (compare Deuteronomio 4:9-18; 5:1-5 y 2 Nefi 5:18-20). Caín estaba ante la presencia del Señor cuando se hallaba en una sociedad donde las palabras de los representantes del Señor podían escucharse. Caín sabía que su destino era el de ser exiliado de esa sociedad.

Se dijo a Caín que sería un fugitivo, esto es, alguien identificado con la ilegalidad y como un vagabundo, alguien sin hogar. Habría de andar errante, desterrado de su antigua sociedad. Éste método de castigo es extremadamente antiguo. Cuando Caín abandonó su antigua sociedad (declarado figurativamente en el sentido de que él salió hacia el este del Edén), él tomó su esposa y algunos hermanos consigo para morar en la tierra de Nod. La palabra Nod en hebreo significa “errante”.

Aun cuando hay una tradición en la Iglesia respecto a que la marca puesta sobre Caín fue una piel obscura y que esta maldición continua través de su posteridad, las escrituras no declaran realmente que tal haya sido el caso. Declara simplemente que se puso una marca sobre él para identificarle como un fugitivo y exiliado. Y tales fugitivos estaban conscientes de que estaban expuestos a una completa retribución si eran cogidos por aquellos a quienes habían dañado. Continuamos usando esa antigua terminología hoy día que descendió desde tiempos antiguos. Llamamos a alguien que esté expuesto castigo como un “hombre marcado”. La primera referencia específica a la piel obscura fue en relación a los Canaanitas que mataron a los de la tierra de Shum para tener la tierra de ellos. Esto ocurrió ya sea en los días de Enoc o subsecuente a eso pues Enoc vio en una visión lo que ocurrió como parte de aquellas cosas que habrían de ocurrir en el espacio de muchas generaciones (Moisés 7:4-8).

 

42 Y Caín conoció a su esposa, la cual concibió y dio a luz a Enoc, y engendró, además, a muchos hijos e hijas. Y edificó una ciudad, y dio a la ciudad el nombre de su hijo Enoc.

 

“Caín… edificó una ciudad”. Dentro de un tiempo relativamente corto, Caín y sus asociados se hicieron un pueblo numeroso. Bajo su dirección construyeron una ciudad a la que pusieron el nombre de su hijo, Enoc. Ha de haber estado formada por chozas de barro y paja.

 

43 Y a Enoc le nacieron Irad y otros hijos e hijas. E Irad engendró a Mehujael y a otros hijos e hijas. Y Mehujael engendró a Metusael y a otros hijos e hijas. Y Metusael engendró a Lamec.

44 Y Lamec tomó para sí dos esposas; el nombre de una era Ada, y el de la otra, Zila.

45 Y Ada dio a luz a Jabal, que fue el padre de los que habitan en tiendas; y éstos criaban ganado; y el nombre de su hermano fue Jubal, padre de todos los que tocan el arpa y el órgano.

46 Y también Zila dio a luz a Tubal Caín, maestro de todo artífice en bronce y hierro. Y la hermana de Tubal Caín se llamaba Naama.

 

Vers. 43-46. “Y a Enoc le nació Irad”. Estos versículos contienen la genealogía de los descendientes de Caín hasta siete generaciones, no incluyendo a Adán, el primer hombre. Estas generaciones fueron encabezadas por:

Caín hijo de Adán

Enoc hijo de Caín

Irad hijo de Enoc

Mahujael hijo de Irad

Methusael hijo de Mahujael

Lamec hijo de Methusael

Jabal y Jubal hijos de Lamec

Lamec se casó con dos mujeres, Ada y Sila. Ada le engendró a Jabal quien fue criador de ganado. Jabal habitó en tiendas, lo cual sugiere que llevó una vida nómade, yendo con sus rebaños de un lugar a otro. El hermano de Jabal fue Jubal. Estos dos hijos de Lamec fueron de muy diferente naturaleza. Jubal fue maestro de quienes tocaron instrumentos de cuerda y de viento. Quizá él fue el primero en hacer de la música un arte.

Zila, la otra esposa de Lamec, engendró a Tubal Caín, quien llegó a ser un hábil artesano en metales; creador de objetos de arte o de uso común. Lo que aquí se denomina bronce, ha de entenderse como cobre; en aquel tiempo no se conocía la aleación conocida como bronce. Zila engendró también una hija, llamada Naamah.

 

47 Y Lamec dijo a sus mujeres Ada y Zila: Oíd mi voz, mujeres de Lamec, escuchad mis palabras; porque a un hombre he dado muerte para mi perjuicio, y a un mancebo para mi daño.

48 Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec en verdad lo será setenta y siete veces;

49 porque Lamec había hecho un convenio con Satanás, a la manera de Caín, por lo que él llegó a ser Maestro Mahán, dueño del gran secreto que Satanás administró a Caín; e Irad, hijo de Enoc, habiendo descubierto el secreto de ellos, empezó a divulgarlo entre los hijos de Adán;

50 por lo que Lamec, lleno de ira, lo mató; no como Caín a su hermano Abel, con el fin de obtener lucro, sino por causa del juramento.

 

Vers. 47-50. “Lamec había hecho un convenio con Satanás”. “Oíd mi voz, mujeres de Lamec; escuchad mis palabras, porque a un hombre he dado muerte para mi perjuicio y a un mancebo para mi daño”.

Aquí tenemos los primeros versos poéticos que aparecen en la Biblia. La poesía en la Biblia no es como la nuestra (es decir, la poesía hebrea no es como la nuestra: nota del copista), metro y rima, sino el ritmo del pensamiento. Se conoce como paralelismo, consistiendo en coplas que expresan el mismo pensamiento en diferentes palabras.

Moisés, para recalcar la creciente flojedad de las buenas y puras morales entre los hijos de los hombres, y la depravación en que se estaban hundiendo, se refiere a lo que fue una abominación ante Dios: las combinaciones secretas que estaban expandiendo por todas partes sus prácticas nefastas.

Sin duda que Lamec había matado a alguno de sus asociados en esas malas prácticas, y así se lo confesó a sus esposas. Pero aún que las combinaciones secretas en las que él participaba incluían juramentos más malvados, el convenio en el cual Lamec había entrado fue el mismo que tuvieron en el principio Satanás y Caín. Lamec confió en que tal como lo especificaban los juramentos, los demás que también habían hecho ese convenio de no divulgar los crímenes que cometieran, guardarían el secreto. Pero se equivocó.

Irad, el hijo de Enoc y nieto de Caín se enteró del convenio y comenzó a divulgar sus secretos a los miembros de su familia.

Lamec, considerando que su cofrade le había traicionado se enfureció y mató a Irad. Él lo mató a causa del juramento que ambos habían hecho, y no por obtener ganancia como Caín, cuando mató a Abel. La retribución por revelar los juramentos secretos fue la muerte (vers. 50) y Lamec, que fue un hombre rencoroso, procedió a llevar a cabo la penalidad establecida por el convenio.

Ese convenio infernal se engendró en pecado y se crió en las tinieblas. Su maldad se acentuó con el transcurso de los años.

 

51 Porque desde los días de Caín hubo una combinación secreta, y hacían sus obras en la obscuridad, y conocía cada cual a su hermano.

 

“Hicieron sus obras en la obscuridad”. “El Señor no obra en la obscuridad” (2 Nefi 26:23); “Y también existen…” (vers. 22).

Moisés anota en su registro que en esos tiempos “cada hombre conocía a su hermano”, que es como decir que cada conspirador conocía a su cofrade. Por medio de las señas secretas se reconocerían entre ellos, y se respaldaban mutuamente a un en la comisión de actos pecaminosos.

 

Las combinaciones secretas y las obras de tinieblas prevalecen cuando los hombres no escuchan al Señor. Que las obras de tinieblas habían hecho vastas incursiones entre la posteridad de Adán en unas pocas generaciones después de Caín se muestra en el texto al comparar los poderes de retribución de Lamec. Si Caín era asesinado, su muerte sería vengada siete veces, pero las combinaciones secretas habían adquirido tal fuerza que podían vengar el asesinato de Lamec setenta y siete veces.

Las combinaciones secretas no podían hacer incursiones o ganar adeptos entre los que creían en Jehová, pero hallaba su fortaleza entre los hijos de los hombres que no obedecían los mandamientos de Dios. Así nos hallamos con tres divisiones principales de la sociedad presentada en el libro de Moisés, esto es, los creyentes o los hijos de Adán, los no creyentes o los hijos de los hombres y los que pertenecían a las combinaciones secretas. Se presenta una situación exactamente paralela en el Libro de Mormón, con los nefitas, los lamanitas y la banda de Gadiantón y puede estar muy bien adecuada a nuestros propios tiempos cuando tenemos a los miembros de la Iglesia, aquellos que no aceptan las doctrinas de la Iglesia, y aquellas combinaciones secretas que se hallan en el mundo tales como la mafia, el comunismo, etc.

 

52 Por tanto, el Señor maldijo a Lamec y a su casa, y a todos los que habían hecho convenio con Satanás, porque no guardaron los mandamientos de Dios y desagradó esto a Dios y no los ministró; y sus obras eran abominaciones, y empezaron a esparcirse entre todos los hijos de los hombres. Y esto estaba entre los hijos de los hombres.

53 Y entre las hijas de los hombres no se hablaba de estas cosas, porque Lamec había divulgado el secreto a sus mujeres; y ellas se rebelaron en contra de él, y declararon estas cosas por todos lados, y no tuvieron compasión;

54 de manera que Lamec fue despreciado y desterrado; y no iba entre los hijos de los hombres, por temor de morir.

55 Y así empezaron a prevalecer las obras de tinieblas entre todos los hijos de los hombres.

 

Vers. 52-55. “El Señor maldijo a Lamec y a su casa”. El Señor se apartó de ellos y en consecuencia no les ministro más debido a que rehusaron escuchar su palabra y guardar sus mandamientos. El Todopoderoso, desagradado, se apartó de ellos y al quedar solos sus obras quedaron envueltas en profundas tinieblas.

Ellos se hundieron aún más en las fantasmales profundidades del pecado; más y más obscuras fueron las tinieblas que les envolvieron. Prontamente los males de su iniquidad y abandono llegaron al máximo. El Señor siendo la enfermedad y la depravación de sus corazones, maldijo a Lamec, y a todos quienes habían hecho convenio con Satanás. No podemos imaginar maldición mayor que la de estar sin Dios para guiarnos traspasos en tiempos peligrosos.

Las esposas de Lamec, a pesar de ser descendientes de Caín, participantes también de la maldición, se rebelaron contra su esposo e hicieron públicas sus malvadas acciones. Lamec, al igual que Caín, se glorió de su iniquidad y se jactó de su maldad. Sus esposas, sin embargo, no se amilanaron ante semejante persona tan injusta y tan impulsiva. Ellas no tuvieron compasión por alguien tan miserable. No pasó mucho tiempo de que sus asociados en la maldad se negaran a juntarse con él, puesto que había violado el convenio al darlo a conocer a sus esposas. Los juramentos secretos. Se quedó sin amigos y despreciado aún por los más degradados. Convertido en un indeseable, él se alejó de todos y vivió sólo; temiendo juntarse con los suyos no fuera que le mataran por haber violado el juramento.

Sin embargo, el caso de Lamec no fue mencionado entre los hijos y las hijas de los hombres pues haciéndolo saldrían a la luz su concomitancia con él. Esta unidad de la maldad es conspiración. Al revelar a sus esposas los términos de la conspiración se reveló la participación de muchos que sin manifestarlo respaldaban la realización de esos juramentos secretos.

De ese modo, en abierto desafío a las leyes de Dios, los hijos de los hombres buscaron la felicidad haciendo lo que estaba prohibido. Amaron a Satanás más que al Todopoderoso y sirvieron a quien al fin les destruiría. Las obras tenebrosas alejaron toda luz del cielo; los hombres prefirieron las tinieblas a la luz a causa de que sus hechos fueron malos (Juan 3:19).

 

Véase:

 

56 Y Dios maldijo la tierra con penosa maldición; y se llenó de ira contra los inicuos, contra todos los hijos de los hombres que había creado;

57 porque no querían escuchar su voz, ni creer en su Hijo Unigénito, aquel que él declaró que vendría en el meridiano de los tiempos, que fue preparado desde antes de la fundación del mundo.

58 Y así se empezó a predicar el evangelio desde el principio, siendo declarado por santos ángeles enviados de la presencia de Dios, y por su propia voz, y por el don del Espíritu Santo.

59 Y así se le confirmaron todas las cosas a Adán mediante una santa ordenanza; y se predicó el evangelio, y se proclamó un decreto de que estaría en el mundo hasta su fin; y así fue. Amén.

 

Vers. 56-59. “Y Dios maldijo la tierra”. El Todopoderoso maldijo la tierra debido a que sus habitantes se negaron a guardar sus mandamientos. Su ira se incendió a causa de sus repetidas iniquidades y constante desobediencia. Una grave calamidad en forma de un hambre prolongada se abatió entre sus poblaciones, y una creciente falta de las cosas necesarias para la vida no tuvo efecto en hacer que se arrepintieran.

Los hombres se negaron a creer en el más grande consuelo de la vida: el Unigénito Hijo de Dios; hicieron a un lado toda idea de vida eterna, prefiriendo las cosas terrenales a los tesoros del cielo. La copa de su destrucción se estaba colmando rápidamente.

El Evangelio de Jesucristo le fue predicado a Adán y le fue confirmado por una santa ordenanza. Esta santa ordenanza fue el Don del Espíritu Santo, que moró en él y testificó de la verdad de la expiación de Cristo “quien vendría en el meridiano de los tiempos”. Hasta tanto que dure la tierra, será declarado el evangelio a los puros de corazón. Ellos nunca cesarán de cumplir los propósitos de una grande y gloriosa creación. La tierra es inmortal, el Evangelio de Jesucristo es inmortal: pues Dios es su autor, su escudo es la omnipotencia, y su gloriosa vida es la eternidad.

 

Adán había recibido el evangelio de Jesucristo con una explicación de la importancia de ofrecer un cordero en similitud del sacrificio que habría de hacer el Unigénito de Dios. Se le instruyó que todas las cosas habían de hacerse en el nombre del Unigénito y de que debía enseñar todas esas cosas entonces a sus hijos. En un corto versículo del texto se nos da a entender que Adán reveló todas estas cosas a sus hijos e hijas. Sin explayarse en todos los detalles que consultan una dispensación del evangelio, la escena está lista para el próximo versículo que tiene que ver sobre cómo se implantó la apostasía entre los hijos de Adán. Es en este punto que nuestra elección se inicia debemos recordar que se está pintando un telón contra el cual se proyectarán Caín y Abel en una manera que proporcione significado a la narración de sus experiencias. Los hombres no actúan en un vacío. Caín respondió negativamente a las fuerzas que actuaban en su ambiente, mientras que Abel respondió a los estímulos que le guiaban a servir al Señor. La historia de Caín y Abel tenía significado para los israelitas de la antigüedad así como puede tener significado para nosotros hoy el día. No podemos servir a los maestros. Ya sea escogeremos servir al Señor o serviremos al enemigo de toda justicia. Es este el mensaje que continúa dando importancia a la historia de Caín y Abel.

Se quitaron todas las dudas de la mente de Adán al comienzo mismo por la administración del evangelio como un decreto santo. Éste llegó por medio de santos ángeles enviados de la presencia de Dios, por la voz de Dios, y por varios dones del Espíritu Santo. En otras palabras, Adán recibió un testimonio personal de Dios en el sentido que había un Salvador y medios de salvación accesibles al hombre.

Se nos dice en Moisés 6:52-57 que se dio a entender a Adán que los hijos no son considerados culpables por las transgresiones de los padres. A pesar de que es más claro en las palabras de Enoc que en los versículos que estamos considerando ahora, se nos dice que Adán recibió la seguridad por decreto o consentimiento de Dios que el evangelio estaría en el mundo hasta su fin. Esto es equivalente a decir que los hombres serían personalmente responsables de sus propias transgresiones, puesto que la salvación es un asunto personal. Aquel decreto de Dios era importante para Adán a causa de la seguridad que le daba concerniente al bienestar de su posteridad.

Hasta donde podemos averiguar en las escrituras, no ha habido nunca una época desde los días de Adán cuando los hombres en alguna parte del mundo no hayan tenido un conocimiento del Señor como el redentor de la humanidad. Esto está de acuerdo con un decreto que Dios envió en el sentido que el evangelio debe estar aquí hasta el fin del mundo. Debemos suponer que habría una cantidad de dispensaciones del evangelio pues Dios había decretado que el evangelio estuviera en el mundo hasta su fin.

Si Dios tuvo que asegurar a Adán por medio de un decreto que el evangelio estaría en el mundo hasta el fin, debe haber existido alguna ansiedad respecto a que futuras apostasías ocurrirían como había sucedido durante la vida de Adán. Aquellos que hablan del “cuerpo místico de Cristo” (compuesta de todos los creyentes sin considerar su credo o secta que no pueden aceptar la idea de una apostasía en la que se perdieron las llaves del sacerdocio) recibirían bastante luz si tan sólo aceptaran este concepto de la apostasía y subsiguiente restauración. Ciertamente les ayudaría el entender al profeta José Smith y su importancia para la humanidad. Ya sea por medio de la voz del Señor o por la voz del Espíritu Santo, uno de los grandes consuelos que pueden llegar a la vida de un hombre es la seguridad que la obediencia al evangelio de Jesucristo le hará ganar una asociación eterna con su Dios y sus seres amados.

 

Véase:

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