“Por qué la Caída de Adán y Eva fue difícil de lograr”

 

W. Cleon Skousen, “Los Primeros 2.000 Años

Capítulo 6: “Por qué la Caída de Adán y Eva fue difícil de lograr”

 

Dado que el Señor deseaba que Adán y Eva obtuvieran un “conocimiento del bien y del mal”, ¿por qué fue declarado prohibido el fruto en el Jardín de Edén?

Desde el punto de vista del Señor ¿cuál es la naturaleza del problema envuelto en la Caída?

Este Segundo Estado ¿envuelve un alto grado de riesgo para la humanidad?

¿Cómo trató Lucifer de capitalizar sobre este hecho durante la preexistencia?

¿Podría el Señor haber asegurado que Adán y Eva actuarían de forma “independiente” a menos que hubieran actuado en oposición a Su expresa voluntad?

¿Sabían Adán y Eva lo que ocasionaría la Caída?

¿Parecía que ellos sabían que habría una Caída?

¿Hubo algo significativo respecto al “lugar” donde Dios ubicó el árbol del “conocimiento del bien y del mal”?

¿Qué piensas qué motivo tiene Lucifer cuando dice que “el busca destruir el mundo”?

¿Conocía Lucifer los pensamientos de Dios de tal forma que pudiera anticipar todos los planes del Señor para el beneficio de la raza humana?

¿Le mintió la serpiente a Eva cuando la tentó?

¿Qué argumento parece haber tenido mayor influencia en Eva en persuadirla a participar del fruto?

¿Por qué participó Adán del fruto prohibido?

¿Estaba consciente de que actuaba de forma contraria a la voluntad expresa del Señor?

¿Qué quiere dar a entender Pablo cuando dice “Adán no fue engañado”? (1 Timoteo 2:14)

 

La naturaleza del “problema” envuelto en la Caída

El estudiante casual de las escrituras puede perder de vista el dramático hecho que la ingeniería de la Caída de Adán y Eva representó un desafío tremendo a la Primera Presidencia de los Cielos. No porque el problema fuera nuevo –ni la solución era nueva. Indudablemente la Caída se consiguió siguiendo el plan que había probado ser el más exitoso al implementar la Caída en otros planetas. Sin embargo, fue una operación delicada que requirió una extremada habilidad para conducir a nuestros primeros padres a una posición en la que ellos deliberada y voluntariamente dieran el paso que los precipitaría hacia una esfera temporal de mortalidad.

¿Por qué colocó el Señor el fruto en el Jardín de Edén cuando Él sabía que este ocasionaría la Caída y luego les dice a Adán y Eva que estaba prohibido?

Superficialmente casi parecería como si el Padre no quisiera que cayeran, pero, como ya hemos observado previamente, la escritura claramente muestra que la Caída estaba prevista, y predicha y que las provisiones para esto fueron cuidadosamente planeadas con anticipación. De hecho, el Padre indicó que era el siguiente paso en el plan de progreso eterno para la raza humana.

¿Por qué entonces, les prohibió a Adán y Eva la cosa que Él sabía que causaría la Caída y pondría en marcha el plan?

La respuesta requiere que proyectemos nuestros pensamientos hacia atrás a las condiciones en las que ellos existían y examinarlas desde el punto de vista del Señor.

Primero que nada, se debe apreciar que el Padre estaba extremadamente ansioso de que la Caída se ejecutara sin Su directa participación. Obviamente, Él no quería que esto se realizara por su mera voluntad, sino por la voluntad libre e independiente de Adán y Eva. La razón por la que el Padre no quería ser parte de la mecánica de la Caída parece basarse en el hecho de que Él sabía que la Caída supondría un enorme riesgo para la mayoría de sus hijos espirituales. Para algunos significaría la posibilidad de alcanzar la Deidad y la Exaltación, pero para la gran mayoría significaría algo diferente –significaría la asignación a uno de los grados de gloria más bajos donde ellos obtendrían cada bendición a la que tuvieran derecho pero estarían excluidos del privilegio de regocijarse de la presencia del Padre.

Concerniente a estas multitudes que fallarían en hacer de su Segundo Estado algo completamente rentable la escritura declara: “Más a donde Dios y Cristo moran no podrán venir, por los siglos de los siglos”[1]

 

¿Se podía eliminar el riesgo del Plan de Salvación?

Conociendo, por tanto, el tremendo riesgo involucrado y el hecho de que habría muchas bajas, el Padre tomó todas las precauciones para asegurarse que todos los que entraran al Segundo Estado de probación mortal lo hicieran voluntariamente y por su propia iniciativa. Por esto fue que el asunto completo nos fue presentado para su discusión y sostenimiento mediante nuestro voto en la preexistencia; y muestra en un momento el hecho de que a pesar de que se nos dijo que este era el siguiente paso en el plan de progreso eterno, un tercio de las huestes en el mundo espiritual tuvo miedo de seguir. El riesgo era demasiado grande.

Lucifer congregó a todos estos en torno a él y ganó su favor por un plan que no implicaría ningún riesgo. El propuso evitar que ninguno de los espíritus perdiera su salvación simplemente forzándolos a vivir el Segundo Estado o estado mortal en estricta conformidad con leyes celestiales.[2] Él tendría que admitir que este plan implicaba una violación del albedrio personal –un principio sobre el que Dios ha basado todo el universo cósmico,[3] pero indudablemente él se justificó diciendo que era con un buen propósito. Lucifer agitó a sus seguidores a una rebelión manifiesta en contra de Dios, y la discusión se tornó tan violenta que finalmente terminó en la completa expulsión de Lucifer y sus huestes de la presencia del Padre.[4]

El resto de nosotros votó por aceptar el riesgo de seguir adelante y gritó de gozo ante la perspectiva de esta nueva y excitante experiencia,[5] pero el Padre sabía que antes de que hubiéramos terminado nuestro trabajo en la mortalidad muchos cambiaríamos nuestros gritos de gozo por alaridos de lamentación.

Por lo tanto, fue por esta razón que Él deseó que Adán y Eva –como nuestros representantes, fueran los que realmente provocaran la Caída por su propia iniciativa y no dar motivo para que después nosotros dijéramos que la Caída fue culpa del Padre, y no nuestra.

Parece claro en los subsecuentes eventos que Adán y Eva no tenían idea de cómo el Padre iba a efectuar la Caída. Ellos aparentemente sabían que ésta iba a ocurrir pero sin duda pensaban que el Padre la efectuaría a Su propia manera cuando fuera el tiempo indicado. Es muy claro que Adán y Eva no sabían que ellos iban a precipitar la Caída.

El problema del Padre era aún más complicado dado el hecho de que El no solo pretendía que Adán y Eva iniciaran la Caída sino que lo hicieran de manera independiente a su voluntad expresa. La única manera de asegurar esa independencia era hacer que Adán y Eva iniciaran la Caída a través de un acto que estuviera en oposición a la voluntad expresa del Padre.

Aquí entonces está la razón para el fruto “prohibido”. Era la clave de la Caída. Colocando una prohibición sobre éste, el Padre estaba asegurando que al participar ellos del fruto estarían actuando por su propia iniciativa.

El siguiente problema era hacer participar a Adán y Eva del fruto a través del ejercicio de su propia voluntad en oposición a la voluntad expresa del Padre. Esto no era algo tan sencillo como parece. Se debe mantener en mente que Adán y Eva no tenían deseo de ejercer su voluntad en oposición a la del Padre. Ellos no tenían astucia ni ambiciones secretas. De hecho, en esta etapa de su existencia eran “inocentes.”[6] Su relación con el Padre era una de fe implícita. Ellos eran como niños que confiaban cada una de sus necesidades al consejo, dirección y voluntad de la Deidad. Se debe apreciar, por tanto, que aquí estaba una delicada y desafiante maniobra, donde la Primera Presidencia de los Cielos se comprometió a organizar las circunstancias de tal modo que este noble hombre y su mujer, quienes fueron honrados en la preexistencia por su fidelidad y devoción, expresaran su voluntad en oposición a la del Padre.

 

Como se logró la Caída

Ahora consideremos el ingenio y cuidado con el que el Padre estableció las circunstancias que provocarían la Caída. Parece que hubo cuatro diferentes ingredientes necesarios para iniciar la reacción en cadena de los eventos que finalmente permitieron a Adán y Eva tomar sus decisiones bajo condiciones aceptables al plan y propósitos del Padre.

Primero, como hemos mencionado anteriormente, Adán y Eva parecen haber sido colocados en el Jardín de Edén con el conocimiento de que ellos pronto caerían y gozarían de las bendiciones de la mortalidad. Nótese que ellos estaban unidos en matrimonio y son constantemente mencionados como esposo y esposa.[7] Tal unión carecería de significado excepto que se anticipara un tiempo cuando ellos entrarían en el reino de la mortalidad donde su matrimonio sería consumado y ellos disfrutarían de los poderes de la procreación dados por Dios. A partir de este y de otros eventos subsecuentes parecería que la Caída era esperada por ellos. La forma cómo la Caída sería efectuada no se les dio a conocer a ellos, pero estaban confiados en que Dios, en su sabiduría, la efectuaría cuando las circunstancias fueran propicias.

Segundo, El Señor colocó en el Jardín de Edén el degenerante fruto que contenía las semillas de la muerte las cuales introducirían en el cuerpo de Adán y Eva aquellos ingredientes necesarios que científicamente propiciarían la Caída. Este fue llamado el fruto de “el conocimiento del bien y del mal.” Dios colocó el árbol que produjo el fruto en el corazón del jardín donde tendría un lugar de prominencia y que lo haría fácilmente accesible.[8]

Tercero, el Señor colocó una prohibición sobre este fruto. Nótese la extraña manera en la cual esta prohibición fue declarada: “Más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás. No obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido; pero recuerda que yo lo prohíbo, porque el día en que de él comieres, de cierto morirás.”[9] Mirando en retrospectiva ese período, es posible apreciar que lo que el Padre estaba diciendo: “Pueden comer de este fruto si lo desean, incluso si yo lo prohíbo, y yo deseo que ustedes decidan por sí mismos si comerán de él o no.”

Sin embargo, ni Adán ni Eva percibieron la sutil sugerencia. En lo que a ellos concernía esto estaba categóricamente prohibido y ese era el fin del asunto. Ellos sabían que de alguna manera obtendrían el conocimiento del bien y del mal tan necesario para la Caída (lo cual fue usado como argumento por Lucifer al tentar a Eva) pero en este momento en particular no se le ocurrió ni a Adán ni a Eva que podrían obtener el tan deseado conocimiento al participar de este fruto prohibido en violación de un mandamiento especifico del Señor.

 

Lucifer aporta la iniciativa para la Caída

Fue por esta razón que el Señor introdujo el cuarto elemento a escena. Este era la iniciativa de Lucifer. Sin la seductiva persuasión de Lucifer es dudoso que Adán o Eva hubieran participado del fruto prohibido. No fue mero accidente que el permanente exilio de Lucifer haya sido temporalmente retrasado y que él y sus huestes caídas fueran consignadas temporalmente a la tierra. El Señor pretendía usar el orgullo ambicioso de Lucifer para lograr algo que éste nunca imaginó.

Lucifer parece no haber entendido la razón por la cual él fue colocado sobre la tierra y asumió que ésta era solo otra oportunidad para probar su superioridad sobre Jehová cuyo plan fue aceptado en preferencia al suyo.

Por esta razón la escritura dice, “procuraba destruir el mundo.”[10] El decidió hacer todo lo posible para frustrar, desmantelar, detener y hacer fracasar de cualquier forma todo el trabajo constructivo que Jehová intentaba hacer. Pero la escritura dice, “no conocía la mente de Dios”[11] y por lo tanto él no se dio cuenta que sus fuerzas de destrucción proveerían la iniciativa necesaria para que sucedieran muchas cosas que Jehová tenía en mente para la consumación de Su plan de salvación.

Uno de estos propósitos se completó en esta ocasión. La impía y astuta ambición de Lucifer le llevó a tratar de hacer que Adán y Eva violaran el primer mandamiento negativo que habían recibido. El decidió tentarlos a comer del “fruto prohibido.”

 

Lucifer se acerca a Eva indirectamente

El primer paso en el plan de Lucifer para engañar a Adán y Eva fue cultivar la confianza de ciertos animales en el Jardín de Edén que fueran de sutil inteligencia. Para este propósito él se concentró en algunas de las serpientes. La escritura específicamente declara que “se había llevado a muchos en pos de él.”[12]

El por qué deseaba Lucifer acercarse a Adán y Eva indirectamente a través de una de estas criaturas no está completamente claro pero él debió tener sus engañosos argumentos, si se presentaba en persona, habría sido completamente inaceptable para estos dos seres que habían participado en su expulsión de las mansiones del Padre. En cualquier caso, sabemos que, o no se atrevió o no deseó acercarse a Adán y Eva directamente. En vez de eso, el usó a una de estas serpientes como su medio o portavoz.

El hecho de que la escritura sugiera que la serpiente hablaba de forma articulada merece un comentario. Josefo, al narrar las antiguas tradiciones Judías declara respecto a este asunto que antes de la Caída, “todas las criaturas vivientes tenían una sola lengua.”[13]

William Whinston de la Universidad de Cambridge comenta sobre esta declaración en una nota de pie de página y dice, “Muchos indicios nos dan una noción de que ellos (los animales) no están en su estado original; y que sus capacidades alguna vez fueron más grandes que lo que ahora vemos, y tienen el potencial de ser restaurados a su condición anterior.”[14]

En concordancia con este pensamiento es de lo más inusual pero aparentemente posible el fenómeno de que los animales sean transfigurados y se les permita expresarse de manera inteligible.[15]

Se le da más crédito a esto dado el hecho que los animales aparentemente disfrutarán de algún tipo de poder de articulación después de su resurrección como lo vio Juan en una revelación.[16] El los describe como “alabando a Dios.” A José Smith se le dijo que Juan vio la situación real de estos animales que gozaban de una felicidad plena llena de gloria después de su resurrección o redención.[17]

Regresando a nuestro texto, la escritura claramente expresa que una de las serpientes en el Jardín de Edén habló a Eva en su propio idioma y razonó con ella de una manera elocuente y engañosa ya que “Satanás incitó el corazón de la serpiente.”[18]

Nótese la sutil insinuación de la serpiente, “¿Conque Dios ha dicho: No comeréis de todo árbol del jardín?” Esto puso a Eva a la defensiva. Era como si ella estuviera siendo acusada de no estar disfrutando del jardín que Dios había preparado para ellos. Esto produjo una respuesta defensiva –una explicación del por qué ella y nuestro Padre Adán no participaban de todos los arboles del jardín. Ella dijo: “Podemos comer del fruto de los árboles del jardín; más en cuanto al fruto del árbol que ves en medio del jardín, Dios ha dicho: No comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea que muráis.”[19]

Ahora la serpiente atacó nuevamente con una declaración desafiante que estaba cargada de violencia destructiva proveniente del intelecto de Satanás. Con extremada confianza la serpiente dijo: “¡De cierto no moriréis!” Entonces razonó con ella de la misma forma como Lucifer previamente lo había hecho al tratar de convencer a la serpiente: “pues Dios sabe que el día en que de él comiereis se abrirán vuestros ojos, y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal.”[20]

Como indicamos hace unos momentos, Eva sabía que estaba en la tierra con la finalidad de entrar a la mortalidad y ganar conocimiento respecto al bien y al mal pero había estado esperando que Dios se lo proporcionara. Ahora la serpiente le decía que este “fruto prohibido” que de hecho se llamaba “el árbol del conocimiento del bien y del mal” era la cosa exacta que le daría aquello por lo cual ella y nuestro Padre Adán habían sido colocados en la tierra.

Nótese que la insinuación de la serpiente cuando dijo que la razón por la cual Dios les prohibió comer del fruto era porque les haría “como dioses” insinuándole a Eva que Dios era egoísta y trataba de evitar que ellos obtuvieran esa gran bendición.

Lo que pasó después, es que vemos a Eva mirando con admiración el árbol “en medio del jardín.” Ella deliberadamente se atormentó a sí misma con el desafío satánico de la serpiente. Conforme ella miraba el fruto del árbol “que se había vuelto agradable a los ojos,” reflexionó en cuanto a las palabras de la serpiente de que la haría sabia y que no moriría –y que por el contrario sería como Dios y sintió que estaba ante uno de esos momentos inevitables donde no le quedaba más que “probar y ver.”

Estirando su mano, tomó uno de los frutos del árbol y lo llevó a sus labios. Nótese que la escritura en ninguna parte describe qué tipo de fruto era éste. No dice que fuera una manzana como muchos artistas y escritores, sin autoridad, han indicado por siglos.

 

Adán se enfrenta a un dilema

Cuando Eva hubo participado del fruto, y encontró que este era placentero, inmediatamente se apresuró a ver a su compañero y esposo. Al llevar el fruto a Adán, él apenas podía creer lo que veían sus ojos. Aquí estaba su esposa, dada a él por Dios como compañera idónea, tentándolo a violar un mandamiento específico del Señor.

Adán razonó con ella. Ella había sido engañada. Pero ella razonó en respuesta. ¿Qué tal si ella –había cumplido los propósitos de Dios al abrir la puerta hacia la mortalidad y obtenido la tan anhelada capacidad de aprender por sí mismos la diferencia entre el bien y el mal? Además, ¿qué pasaría si ella caía y Adán no? Si ellos eran separados, nunca podrían cumplir el mandamiento de multiplicarse y llenar la tierra.

Era obvio que para Adán esto era verdad, sin embargo, él indudablemente sintió que se había cometido un gran error. El, también, sabía que habría una Caída, pero sin duda el continuaba creyendo que el Señor la realizaría en su propio y debido tiempo y por su infinito poder y sabiduría. El hecho que Adán cargaba cierto remordimiento por la conducta de Eva parece evidente en la declaración subsecuente hecha por Eva la cual discutiremos después.

Pero error o no, el hecho estaba claro para Adán de que Eva había ocasionado la Caída y que estaba en aquel preciso momento en un estado de metamorfosis que pronto haría que ella fuera expulsada para siempre del nivel de existencia que habían estado disfrutando juntos.

Confrontado por el enigma de las circunstancias, Adán decidió dar el paso. Cuando conozcamos todos los hechos, quizá podamos descubrir rasgos de heroísmo más grandes de este valiente acto de lo que ahora podemos apreciar. Eva había participado del fruto con un espíritu engañado y lleno de curiosidad experimental, pero no así Adán. El presionó con sus labios la pulpa cargada de muerte del fruto sabiendo las consecuencias cataclísmicas que seguirían.

Estos hechos condujeron a Pablo a exclamar, “Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión.”[21]

 

Notas

[1] D. y C. 76:109–112; ver también versículo 77

[2] Moisés 4:3

[3] D. y C. 93:30

[4] Moisés 4:3; Apocalipsis 12:7–9

[5] Job 38:4–7

[6] D. y C. 93:38

[7] Moisés 4:12, 14, 22, 23, 27

[8] Ibid. 4:9

[9] Ibid. 3:17

[10] Ibid. 4:6

[11] Ibid.

[12] Ibid. 4:6

[13] Antiquities of the Jews, Book I, paragraph 4

[14] Ibid.

[15] Números 22.28; 2 Pedro 2:16

[16] Apocalipsis 4:6

[17] D. y C. 77:3–4

[18] Moisés 4:6

[19] Ibid. 4:8–9

[20] Ibid. 4:11

[21] 1 Timoteo 2:14