“El Significado del Árbol de la Vida”

 

W. Cleon Skousen, “Los Primeros 2.000 Años

Capítulo 8: “El Significado del Árbol de la Vida”

 

¿Qué dice la escritura que habría pasado si Adán y Eva hubieran participado del Árbol de la Vida?

¿Cuál es la clave del proceso de resurrección el cual reveló el Señor en tiempos modernos (D. y C. 88:28)?

¿Cómo nos ayuda esto a apreciar el por qué hubiera sido desastroso para Adán y Eva el haber participado del Árbol de la Vida?

¿Qué contribución hizo Alma a nuestro entendimiento respecto al problema?

¿Cuál es la diferencia entre “inmortalidad” y “vida eterna”?

Según las escrituras, pareciera que una de estas es más fácil de obtener que la otra. ¿Cuál es?

La restauración del evangelio trajo un entendimiento más amplio de la “vida eterna.” ¿Cuáles son algunos de los conceptos que materialmente se añadieron al conocimiento cristiano moderno?

¿Cuál es el propósito de la vida en el mundo de los espíritus?

¿Qué dice la escritura sobre los “espíritus de hombres justos hechos perfectos”?

¿Por qué unos pocos de los hijos de los hombres pueden ser cambiados de la mortalidad a la inmortalidad “en un abrir y cerrar de ojos”?

¿Puede un ser humano obtener la resurrección sin pasar a través del cambio llamado muerte?

 

¿Cuál es el significado del Árbol de la Vida?

En las escrituras hay muy a menudo grandes conceptos eternos escondidos detrás de pasajes casuales y a veces insignificantes. Preexistencia, los tres grados de gloria, la literal paternidad de Dios y el trabajo por los muertos, son tan solo algunos ejemplos de verdades cósmicas y eternas que son apenas mencionadas en el Antiguo o Nuevo Testamento. Estas fueron tan plenamente asumidas por los profetas y apóstoles de la antigüedad que solamente se refirieron a ellas sumariamente sin percibir la necesidad de una mayor exposición o explicación.

En la historia de la Caída hay uno de estos oscuros pasajes que usualmente es pasado por alto por el lector casual. Sin embargo, contiene una dinámica y estimulante declaración: “Y dijo Jehová: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre… y puso (Dios) al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.”[1]

Hay una gran lección que se debe aprender de la historia del Árbol de la Vida tan escasamente referida en la escritura de arriba.

Está diseñada para enseñarnos que Dios tiene dentro de su poder hacernos seres inmortales sin requerirnos pasar por este físico y mísero viaje llamado muerte. Significa que así como Adán y Eva al participar del fruto prohibido y en consecuencia causar la metamorfosis en sus cuerpos al violar ciertas leyes naturales e inyectar en sus sistemas las semillas de la muerte, de igual modo también podrían haberse recobrado –si Dios lo hubiera permitido– e inmunizado contra estos destructivos elementos al participar del Árbol de la Vida. La escritura de arriba específicamente declara que de haber comido ellos de este fruto podrían ¡haber vivido para siempre!

De que esta fue una posibilidad literal y científica es corroborada por varias autoridades de las escrituras. Alma, por ejemplo, declaró: “Y he aquí, te digo que de haber sido posible que Adán hubiese comido del fruto del árbol de la vida en esa ocasión, no habría habido muerte.” (Alma 12:23)

“Porque he aquí, si Adán hubiese extendido su mano inmediatamente, y comido del árbol de la vida, habría vivido para siempre.” (Ibid. 42:5)

Y si el Señor podía hacer esto por Adán y Eva, podría hacerlo por todos sus hijos. En otras palabras, los seres humanos podrían haber sido creados para vivir para siempre sin sufrir la muerte.

 

¿Por qué mueren los hombres?

La pregunta que inmediatamente surge es, “¿Por qué quería el Señor que Adán y Eva murieran?” Si Él poseía el poder para hacerlos vivir para siempre sin pasar por la muerte, ¿por qué lo impidió? ¿Por qué quería que murieran?

Parece haber una razón muy específica del por qué era necesario hacer que la humanidad pasara a través de los portales de la muerte de manera que sus espíritus pudieran ser separados temporalmente de sus cuerpos.

Primero que nada, el Señor nos dice que un hombre no puede ser exaltado “en la carne.” “Ni puede hombre natural alguno aguantar la presencia de Dios,” explicó el Señor.[2] Hay algo inherentemente mundano respecto a esta arcilla mortal que evita que sea elevada a un estado de gloria celestial y heredar esa gloria. Solo puede ser elevada al ser combinada con materia espiritual glorificada. En otras palabras, un cuerpo temporal solo puede ser exaltado al llegar a estar “inseparablemente unidos”[3] con materia espiritual después que la materia espiritual ha sido glorificada y celestializada. Este es el secreto de la mecánica de la resurrección como el Señor claramente describió en una revelación moderna.

Hablando del proceso donde el cuerpo temporal se funde con el cuerpo espiritual al momento de la resurrección, el Señor dijo: “Aquellos que son de un espíritu celestial recibirán el mismo cuerpo que fue el cuerpo natural… y vuestra gloria (que obviamente debe ser la gloria de nuestro espíritu) será aquella por medio de la cual vuestro cuerpo sea vivificado.”[4]

En otras palabras, el Señor debe tener la oportunidad de redimir y glorificar el espíritu primero –entonces el espíritu glorificado es usado como medio vivificador para refinar el cuerpo físico.

A partir de esto, resulta obvio el por qué sería desastroso para Adán y Eva ¡el haber participado del fruto del Árbol de la Vida para que no murieran! Sus espíritus habrían quedado apresados en su cuerpo temporal para siempre –incapaz de ser redimido y exaltado. El plan de salvación habría sido aniquilado por completo por este sencillo acto.

Esta contribución esclarecedora para nuestro entendimiento de uno de los problemas de las escrituras más complejos es una gema de gran valor en el Libro de Mormón. El profeta Alma poseía una visión profunda sobre este problema. Dijo él: “Porque he aquí, si Adán hubiese extendido su mano inmediatamente, y comido del árbol de la vida, habría vivido para siempre… y también habría sido vana la palabra de Dios, y se habría frustrado el gran plan de salvación.”[5]

Entonces él dice el por qué se habría frustrado el plan. Porque “el alma nunca podía morir”[6] lo que significa que el espíritu no podría ser nunca separada del cuerpo.

Alma señala que “vivir para siempre” o conquistar la muerte temporal no era importante en ese momento: “Y he aquí, no era prudente que el hombre fuese rescatado de esta muerte temporal, porque esto habría destruido el gran plan de felicidad.”[7] Primero “se hizo menester que la humanidad fuese rescatada de esta muerte espiritual”[8], lo que significa volver a la presencia de Dios. Y dado que el cuerpo físico no podía permanecer en la presencia de Dios en su estado mundano era necesario permitir que el espíritu fuera liberado de su cuerpo. Cuando el espíritu ha sido “reclamado de la muerte espiritual” y, como el Señor dice, hecho “espíritu celestial,”[9] entonces puede ser usado como medio refinador para exaltar los elementos del cuerpo temporal.

 

El problema para ganar la Vida Eterna

Debemos darnos cuenta que nuestro Padre Celestial no solo está ansioso de que conquistemos la muerte sino que ganemos también la vida eterna.[10] La existencia del Árbol de la Vida en el Jardín de Edén fue designada para enseñarnos que conquistar las semillas de la muerte que actualmente dominan nuestros cuerpos temporales es algo relativamente sencillo. No obstante, por las razones ya mencionadas, fue más importante que la conquista de la muerte física fuera pospuesta. Traernos de regreso a la presencia de Dios era el verdadero problema. Y participar del Árbol de la Vida no habría traído a Adán y Eva de regreso a la presencia de Dios. Como declara Alma: “Y he aquí, si nuestros primeros padres hubieran podido participar del árbol de la vida, habrían sido miserables para siempre.”[11]

No los habría devuelto a su estado de inocencia paradisiaca. ¡Los habría hecho inmortales en su estado caído! Esto los habría dejado en “miseria” –pesar, ignorancia y oscuridad espiritual. Los habría dejado con su capacidad de distinguir entre el bien y el mal pero sin el poder de conquistar el mal.

Puede que incluso los dejara con su capacidad para engendrar hijos, pero serían dejados sin los medios de redimirse a sí mismos o a sus hijos.

Habría sido en verdad un gran desastre y una frustración completa para el plan de salvación. Por esto es que Adán y Eva fueron expulsados del Jardín de Edén y amenazados con ser destruidos de forma inmediata si intentaban participar del fruto del Árbol de la Vida.

 

Inmortalidad y “Vida Eterna” significan algo distinto

Quizá este es el lugar más apropiado para analizar la diferencia entre inmortalidad y “vida eterna.” Inmortalidad significa vivir para siempre pero, “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado.”[12] La única manera de conocer a Nuestro Padre Celestial es regresar a Su presencia y aprender a ser como Él. Esta es la única forma como un hijo realmente conoce a su padre. Adquirir la vida eterna significa regresar a la presencia de Dios en el reino celestial. Y aquellos que particularmente sean fieles recibirán “vidas eternas”[13]. Esto significa llegar a ser exaltados tal como Nuestro Padre Celestial y disfrutar de la plenitud de la gloria celestial, “y esta gloria será una plenitud y continuación de las simientes por siempre jamás… Entonces serán dioses, porque no tendrán fin; por consiguiente, existirán de eternidad en eternidad, porque continuarán; entonces estarán sobre todo, porque todas las cosas les estarán sujetas… De cierto, de cierto te digo, a menos que cumpláis mi ley, no podréis alcanzar esta gloria. Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la exaltación y continuación de las vidas, y pocos son los que la hallan”[14]

Esto es lo que Dios está tratando de conseguir para cuantos de Sus hijos le sea posible. Él quiere que regresen con El, que lleguen a ser como El, que lleguen a ser reyes, sacerdotes y co–soberanos con El en el universo cósmico sobre el que El gobierna.[15] Y para aquellos que se queden cortos en esta gran meta Él tiene otros reinos menores donde ellos puedan disfrutar de todas las cosas de las que sean merecedores pero donde contribuirán en menor parte como siervos del Padre.

Por lo tanto, “vida eterna” significa ganar el reino celestial, y “vidas eternas” significa ganar el más alto grado de gloria en aquel reino.[16] Todo esto hubiera sido imposible si Adán y Eva hubieran suspendido las semillas de la muerte al participar del Árbol de la Vida y por lo tanto encadenar sus espíritus dentro de sus cuerpos para siempre. Alma dice que ellos habrían sacrificado su oportunidad de participar de la “preparación” que fue cuidadosamente planeada para llevarles de vuelta al Padre.[17]

 

La preparación del Espíritu para la Resurrección

Cuando el espíritu abandona el cuerpo y pasa al mundo de los espíritus está entrando a un reino específicamente organizado para preparar cada espíritu para la resurrección. Alma tuvo una revelación concerniente a esto y dijo: “Debe haber, pues, un intervalo entre el tiempo de la muerte y el de la resurrección.”[18] Este “intervalo” de tiempo es usado para la limpieza, redención y educación del espíritu. El espíritu es preparado para el grado de gloria más alto que sea capaz de recibir. Como el individuo se halla conducido a sí mismo durante la mortalidad determinará, en gran medida, el grado de gloria que heredará.

Solamente aquellos que vivan en rectitud tanto como puedan recibirán los efectos de la expiación que limpiará sus transgresiones pasadas y serán redimidos como “espíritus celestiales”.

Entonces están preparados para resucitar tan pronto como el Señor lo autorice que lo hagan.

Sabemos que algunos de estos “espíritus celestiales” no son resucitados inmediatamente sino que sirven en misiones en las mansiones del Padre. Como José Smith declaró, estos son “los espíritus de hombres justos hechos perfectos, aquellos que no han resucitado, (por el momento) pero que heredan la misma gloria.”[19]

 

Concerniente a aquellos que son cambiados en un abrir y cerrar de ojos

Como ya habíamos notado, a Alma se le dijo que “debe haber, pues, un intervalo entre el tiempo de la muerte y el de la resurrección,” pero en el caso de ciertos individuos que han vivido vidas inusualmente rectas, este intervalo es extremadamente corto que es descrito como “un abrir y cerrar de ojos.” Esta casi instantánea transición de la mortalidad a la inmortalidad será un procedimiento común durante el milenio.[20] A los rectos no se les requerirá un extenso período de preparación para la resurrección. De hecho, hablando de la resurrección de aquel día, el Señor dice: “y cuando muera, no dormirá, es decir, en la tierra, más será transformado en un abrir y cerrar de ojos; y será arrebatado, y su reposo será glorioso.”[21]

 

Conclusión

Hemos tomado el tiempo para considerar el problema de “la muerte y la resurrección” con lujo de detalle en este punto de nuestra narración para que el significado del Árbol de la Vida en el Jardín de Edén pueda ser apreciado de mejor manera.

Un estudio de las escrituras, un estudio de ciencia y un cuidadoso escrutinio de las experiencias de la vida nos enseñan la verdad simple y plana, que en el gran plan de Dios, todas las cosas son ejecutadas de la manera más económica y directa posible. Ningún procedimiento o designio es superfluo o accidental. Cuando observamos al Creador siguiendo un patrón de procedimiento complejo o tortuoso podemos estar seguros que detrás de eso hay un programa con un diseño más sencillo que cumplirá los propósitos finales de Dios. Este principio aplica al problema de la muerte. La separación temporal del espíritu y el cuerpo al momento de la muerte fue algo completamente necesario en el plan de la redención humana. Si el Padre pudiera lograr nuestra exaltación sin la muerte y sin el “intervalo entre la muerte y la resurrección” para propósitos de preparación, Él lo habría hecho. Siempre que ha sido posible Él ha acortado este “intervalo” de preparación, y en algunos casos ha sido capaz de reducir su duración a un “abrir y cerrar de ojos.”

Sin embargo, toda la humanidad debe pasar por este orden con la finalidad de obtener cuerpos que no solo sean inmortales sino también exaltados en algún grado de gloria. Y el hombre no solo debe seguir este procedimiento, sino que también los animales y las plantas. Incluso, ¡la tierra debe morir antes de que pueda ser resucitada y exaltada![22]

Vemos, por tanto, que la muerte no es una maldición. Es una bendición. Sabiendo esto, podemos apreciar mejor la sabiduría del Señor al evitar que Adán y Eva siguieran el procedimiento que los habría inmunizado contra la muerte. Cerramos la narración en este punto, con lo que el Señor dice: “De modo que expulsé al hombre, y coloqué al oriente del Jardín de Edén querubines y una espada encendida, la cual daba vueltas por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.” (Moisés 4:31)

 

Notas

[1] Génesis 3:22–24; Moisés 4:28–31

[2] D. y C. 67:12; Moisés 1:5

[3] Ibid. 93:33

[4] Ibid. 88:28

[5] Alma 42:5

[6] Ibid. 42:9

[7] Ibid. 42:8

[8] Ibid. 42:9

[9] D. y C. 88:28

[10] Moisés 1:39

[11] Alma 12:26

[12] Juan 17:3

[13] D. y C. 132:24

[14] Ibid. 132:19–22

[15] Ibid. 88:107; 76:58–59

[16] Ibid. 131:1–4

[17] Alma 42:10

[18] Ibid. 40:6

[19] D. y C. 129:1–3

[20] Ibid. 63:51

[21] Ibid. 101:31

[22] Ibid. 88:26