Comentarios Moisés 4

 

Los siguientes comentarios en color marrón han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 12–15.

Pero también se han insertado en color violeta los comentarios, que son pertinentes al análisis, del manual El Antiguo Testamento Parte 1, Manual del Alumno, págs. 20–23.

 

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MOISÉS 4:1–6

CÓMO LUCIFER LLEGÓ A SER

EL DIABLO

 

Moisés 4:1. “Ese Satanás a quien tú has mandado”

Esa frase se refiere a una confrontación que Moisés había tenido anteriormente con Satanás (véase Moisés 1:12–22). Moisés había mandado a Satanás, en el nombre de Jesucristo, que se retirara.

 

Moisés 4:1. El concilio de los cielos

El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “En el estado anterior [la preexistencia] éramos espíritus. A fin de poder avanzar y alcanzar finalmente la meta de la perfección, se nos hizo saber que recibiríamos tabernáculos físicos de carne y huesos, y que pasaríamos por la mortalidad donde seríamos probados, para ver si nosotros, mediante esas pruebas, seríamos capaces de prepararnos para la exaltación”. Declaró además que cuando nuestro Padre Celestial presentó Su plan a Sus hijos en un concilio de los cielos, “la idea de pasar por la mortalidad y de participar de todas las vicisitudes de la vida terrenal, en la cual ganarían experiencia mediante el sufrimiento, el dolor, el pesar, la tentación y la aflicción —así como mediante los placeres de la vida en esta existencia terrenal— y luego, si demostraban fidelidad, pasar por la resurrección y seguir hacia la vida eterna en el reino de Dios y ser como Él, los llenó del espíritu de regocijo y ‘gritaron de gozo’ [Job 38:1–7]” (véase Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 55).

 

Moisés 4:1–2. El plan de nuestro Padre Celestial

El élder Neal A. Maxwell dijo que es “sumamente importante comprender correctamente qué sucedió en el concilio que se llevó a cabo en la existencia preterrrenal. No fue una reunión sin planeamiento ni tampoco hubo diferentes planes para discutir entre ellos, ni una sesión para exponer ideas de cómo formular el plan de salvación y llevarlo adelante. El plan de nuestro Padre Celestial ya se conocía y la pregunta era a quién enviaría el Padre para ponerlo en práctica” (Deposition of a Disciple,1976, pág. 11; véase también Juan 7:16–18).

 

Moisés 4:1–4. Satanás y su oposición al plan del Padre Celestial

En la existencia preterrenal, a Satanás se le llamaba “Lucifer”, que significa “El que brilla” o el “Portador de Luz”. Él fue el “hijo de la mañana” (véase Isaías 14:12; D. y C. 76:25–27) y tenía el potencial de hacer mucho de bueno. Pero Lucifer buscó obtener el trono, el honor, el poder y la gloria del Padre Celestial (véase D. y C. 29:36; 76:28; Moisés 4:1). Con ese fin, él propuso redimir “a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma” (Moisés 4:1). Sin embargo, su proposición estaba basada en la compulsión y por consiguiente eliminaba así el albedrío de los hijos del Padre Celestial y la necesidad de un Salvador que padeciese y los redimiera.

 

Moisés 4:3. El albedrío del hombre

El élder Dallin H. Oaks, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “El método de Satanás de asegurarse de que no se perdiera ‘ni una sola alma’ (Moisés 4:1) habría destruido ‘el albedrío del hombre’ (Moisés 4:3). Mediante su plan, Satanás habría sido nuestro amo y señor y nos habría llevado ‘cautivos según la voluntad de él’ (Moisés 4:4). Sin el poder para escoger, hubiéramos sido simplemente robots o títeres en sus manos” (“Free Agency and Freedom”, en The Book of Mormon: Second Nephi, The Doctrinal Structure, ed. Monte S. Nyman y Charles D. Tate Jr., 1989, pág. 4).

 

“El albedrío: Esencial para el plan de la vida”
Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles,
Conferencia General Octubre 2010

 

 

“La disciplina moral”
D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles,
Conferencia General Octubre 2009

 

 

Moisés 4:4. Los deseos de Satanás

El presidente Joseph F. Smith enseñó: “No hay que olvidar que el maligno ejerce gran poder en la tierra y que se vale de todo medio posible para ofuscar la mente de los hombres, y entonces les ofrece falsedades y desengaños a guisa de verdad. Satanás es un hábil imitador, y al paso que se va dando al mundo la verdad genuina del Evangelio en abundancia cada vez más grande, él hace circular la moneda falsa de la doctrina falaz. Guardaos de su moneda espuria, porque no os comprará nada sino la decepción, la miseria y la muerte espiritual” (Doctrina del Evangelio, pág. 370).

El presidente Brigham Young dijo: “A toda persona que desea ser santa y se esfuerza por lograrlo, la vigilan de cerca tanto los espíritus caídos que vinieron aquí cuando Lucifer cayó, como los espíritus de las personas inicuas que han estado aquí en tabernáculos [en cuerpos de carne y huesos] y ya los han dejado… Esos espíritus no están nunca ociosos; vigilan a toda persona que desea hacer lo justo y permanentemente las incitan a comportarse mal” (en Journal of Discourses, tomo VII, pág. 239).

 

La serpiente era la más astuta de las bestias del campo (Génesis 3:1)

En Génesis leemos que la serpiente le habla a Eva y la tienta para que coma del fruto. El relato del Libro de Moisés es un poco más completo y allí dice que Satanás es el que habla, pero lo hace a través de la serpiente (véase Moisés 4:6—7). En muchos otros pasajes de las Escrituras la serpiente representa a Satanás (véase Apocalipsis 12:9; D. y C. 76:28; 84:72; 88:110).

 

Moisés 4:6. Satanás no conoce la mente de Dios

El élder James E. Talmage explicó que Satanás en realidad “dio ímpetu a los fines de Dios, tentando a Eva; no obstante, su objeto fue frustrar el plan del Señor. Terminantemente se nos dice que Satanás ‘no conocía la mente de Dios, de manera que procuraba destruir el mundo’. [Moisés 4:6] Sin embargo, su esfuerzo diabólico, lejos de ser el paso inicial hacia una destrucción, contribuyó al plan del progreso eterno del hombre” (Los Artículos de Fe, pág. 76).

 

“¡Oh ese sutil plan del maligno!”
Élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles,
Conferencia General Octubre 2010

 

 

MOISÉS 4:7–19

LA CAÍDA DE ADÁN Y EVA

 

Moisés 4:10. “De cierto no moriréis”

Dios le dijo a Adán que si comía del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, moriría. La declaración de Satanás de que Adán no moriría fue una explotación diabólica e ilustra la naturaleza perniciosa de Satanás, “el padre de todas las mentiras” (Moisés 4:4), porque él intentó hacer creer que Dios es un mentiroso. Pero Dios es un Dios de verdad y no puede mentir (véase Éter 3:12). Poco después de que Adán y Eva participaron del fruto prohibido, se vieron forzados a dejar el jardín y la presencia del Señor y, como consecuencia, sufrieron la muerte espiritual. Además, cuando cayeron, sus cuerpos cambiaron de un estado inmortal a un estado mortal y de esa forma quedaron sujetos a la muerte física. (Véase D. y C. 29:40–43)

 

Adán y Eva, cuando estaban en el Jardín de Edén, no eran mortales y no comprendían completamente la diferencia entre lo bueno y lo malo (Génesis 3:3)

“Encontramos, entonces, que Adán antes de la Caída:

“1. No estaba sujeto a la muerte.

“2. Estaba en la presencia de Dios…

“3. No tenía posteridad.

“4. No tenía conocimiento del bien y del mal.

Tenía conocimiento, naturalmente, ya que podía hablar y dialogar. Había muchas cosas que se le podían enseñar y que se le enseñaron; pero bajo las condiciones en las que vivía en aquel momento, era imposible que viese o comprendiese el poder del bien y del mal. El no sabía qué cosa era el dolor, ni el pesar, ni miles de cosas más que han venido a nosotros en esta vida y que Adán no conoció en el Jardín de Edén y los cuales no podía entender ni hubiera entendido si hubiese permanecido allí. Ese era su estado antes de la Caída.” (Smith, Doctrina de Salvación, Tomo I, págs. 102—103)

 

Moisés 4:11. “Seréis como dioses, conociendo el bien y el mal”

Cuando Adán y Eva participaron del fruto, se convirtieron en seres mortales y, en lo que respecta al conocimiento del bien y del mal, comenzaron a ser como Dios. Pero Satanás insinuó que Dios les prohibía participar del fruto porque no quería que ellos llegaran a ser como los dioses, e hizo parecer que los motivos que Dios tenía eran egoístas. La verdad es que la obra y la gloria de Dios es ayudar a todos Sus hijos a llegar un día a ser como Él (véase Moisés 1:39).

 

Y seréis como dioses (Génesis 3:4—5)

“El diablo, al tentar a Eva, le dijo la verdad al decirle que si comían del árbol de la ciencia del bien y del mal serían como dioses, pero a la vez le dijo una mentira como siempre lo hace. El nunca dice la verdad completa. Les dijo que no morirían aunque el Padre les había dicho que morirían. El diablo tenía que mentir para poder conseguir su propósito, pero parte de lo que dijo era verdad. Los ojos de Adán y Eva se abrieron, y aprendieron a conocer el bien y el mal, como lo hacen los dioses. Llegaron a ser como Dios en ese sentido, porque ésa es una de las características, uno de los atributos particulares de los que llegan a ese estado glorioso: entender la diferencia entre el bien y el mal.” (Cannon, Gospel Truth, tomo 1, pág. 16.)

 

Moisés 4:12. ¿Por qué participaron Adán y Eva del fruto?

Ni Adán ni Eva participaron del fruto porque amaban a Satanás más que a Dios ni porque deseaban rebelarse contra Dios. El élder Dallin H. Oaks enseñó:

“Eva fue quien primeramente traspasó los límites establecidos en el Edén a fin de iniciar las condiciones de la vida terrenal; su acción, fuera la que fuese, fue oficialmente una transgresión, pero en la perspectiva eterna fue un glorioso requisito para abrirnos los portales hacia la vida eterna. Adán mostró sabiduría haciendo lo mismo. Y así fue que Eva y ‘Adán [cayeron] para que los hombres existiesen’ [2 Nefi 2:25].

“Hay cristianos que la condenan por su acción, dando por sentado que ella y todas sus hijas han quedado un tanto manchadas por lo que hizo. Los Santos de los Últimos Días no pensamos así. Con el conocimiento que nos da la revelación, celebramos el acto de Eva y honramos la sabiduría y el valor que demostró en ese gran episodio que llamamos la Caída… Brigham Young declaró que ‘no debemos jamás culpar a Eva, en lo más mínimo’ (en Journal of Discourses, tomo XIII, pág. 145). El élder Joseph Fielding Smith dijo: ‘Cuando me refiero a la parte que le correspondió a Eva en la Caída, nunca la califico de pecado, ni tampoco acuso de pecado a Adán… Ésta fue una transgresión de la ley, pero no un pecado… porque era algo que Adán y Eva tenían que hacer’ [Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 109]” (véase “El gran plan de salvación”, Liahona, enero de 1994, pág. 85).

 

¿Por qué comieron del fruto Adán y Eva? (Génesis 3:6)

En el libro de Moisés y en Génesis se dice que Satanás se dirigió sólo a Eva, pero las revelaciones modernas dicen que primero se le acercó a Adán, y él resistió la tentación. Satanás, sin embargo, pudo tentar a Eva, y ella comió del fruto. Sabiendo que serían separados, Adán también comió. El apóstol Pablo también escribió acerca de la Caída: “Y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión” (1 Timoteo 2:14).

El élder James E. Talmage explica que Eva, en el propio acto de dejarse vencer por la tentación, cumplió con los propósitos del Señor:

“Con el papel que representó en el gran drama de la Caída, Eva estaba cumpliendo con los fines previstos de Dios; sin embargo, no participó del fruto prohibido con tal intención, sino con el propósito de obrar contra el mandamiento divino, pues fue engañada por las sofisterías de Satanás, quien también, en lo que a eso concierne, dio ímpetu a los fines de Dios, tentando a Eva; no obstante, su objeto fue frustrar el plan del Señor. Terminantemente se nos dice que Satanás ‘no conocía el propósito de Dios; por consiguiente, intentó destruir el mundo’. Sin embargo, su esfuerzo diabólico, lejos de ser el paso inicial hacia una destrucción, contribuyó al plan del progreso eterno del hombre. La parte que Adán representó en el trascendental acontecimiento fue esencialmente distinta de la de su esposa; él no fue engañado; al contrario, deliberadamente se resolvió a hacer lo que Eva quería, a fin de llevar a cabo los designios de su Creador con respecto a la raza humana, cuyo primer patriarca estaba destinado a ser.” (Artículos de Fe, pág. 76.)

Brigham Young dijo que nunca debemos culpar a nuestra madre Eva, porque por medio de su transgresión, y por la decisión que tomó Adán de imitarla, el hombre pudo llegar a saber la diferencia entre el bien y el mal (Discourses of Brigham Young, pág. 103; véase también lo que está bajo el encabezamiento 3—12, lo cual habla de la grandeza de Eva).

 

Moisés 4:12. La diferencia entre la transgresión y el pecado

El élder Dallin H. Oaks dijo que el “contraste que se indica entre un pecado y una transgresión nos recuerda las claras palabras del segundo Artículo de Fe: ‘Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán’ (cursiva agregada). También se asemeja a una distinción que se hace en la ley y que nos es bien conocida: Algunos actos, como el asesinato, son delitos porque son en sí de naturaleza mala; otros, como manejar un vehículo sin licencia de conducir, son delitos sólo por estar prohibidos por la ley. De acuerdo con esas distinciones, el hecho que dio como resultado la Caída no fue un pecado —o sea, algo de naturaleza mala— sino una transgresión, algo que era malo por estar prohibido. Estas palabras no siempre se emplean para denotar algo diferente, pero esta diferencia parecería propia si la aplicamos a las circunstancias de la Caída” (“El gran plan de salvación”, Liahona, enero de 1994, págs. 85–86).

Se podría decir que otro significado de la palabra transgredir es “violar o traspasar lo señalado”. Adán y Eva violaron o traspasaron lo señalado que los hubiese mantenido en el Jardín de Edén por siempre; pero al hacerlo, nos brindaron a todos la oportunidad de llegar a ser mortales.

 

La transgresión de Adán y Eva no tuvo nada que ver con las leyes de la castidad y la virtud (Génesis 3:6—7)

Hablando de la transgresión de Adán y Eva, el élder James E. Talmage dijo:

“…Voy a aprovechar esta ocasión para proclamar contra las interpretaciones falsas de las Escrituras, adoptadas por ciertas personas, y muy de moda en la actualidad, en las cuales se hace referencia de un modo sigiloso y misterioso, a que la caída del hombre consistió en cierta ofensa contra las leyes de la castidad y la virtud. Tal doctrina es una abominación… la raza humana no es nacida de fornicación. Los cuerpos que hemos recibido nos son dados de la manera que Dios dispuso…

“Nuestros primeros padres fueron puros y nobles, y cuando pasemos al otro lado del velo quizás conoceremos algo de su estado elevado, más de lo que sabemos ahora.” (Jesús el Cristo, pág. 31.)

 

Moisés 4:14. Adán y Eva trataron de ocultarse de Dios

En Moisés 3:25 se nos dice que antes de la Caída, Adán y Eva no sentían vergüenza a pesar de su desnudez. Pero una vez que adquirieron conocimiento del bien y del mal, se dieron cuenta de su desobediencia y de su indignidad delante de Dios. Se podría decir que cobraron conciencia y se avergonzaron de su “desnudez” espiritual. En calidad de seres caídos, tuvieron que enfrentarse a Dios conscientes de su propia culpa. Como Alma le explicó a su hijo Coriantón: “Mas he aquí, tú no puedes ocultar tus delitos de Dios; y a menos que te arrepientas, se levantarán como testimonio contra ti en el postrer día” (Alma 39:8; véase también 2 Nefi 9:14).

 

Moisés 4:15–19. Dios preguntó a Adán y a Eva si habían comido del fruto

Dios “sabe todas las cosas, y no existe nada sin que él lo sepa” (2 Nefi 9:20). ¿Por qué entonces hizo Dios a Adán y a Eva las preguntas registradas en Moisés 4:15–19? Porque, como el élder Bruce R. McConkie enseñó: “La responsabilidad personal de todos nuestros actos forma la base de todo el plan del Evangelio y es la consecuencia natural de la ley del albedrío” (Mormon Doctrine, pág. 15).

 

MOISÉS 4:20–32

LAS CONSECUENCIAS DE LA CAÍDA

 

Moisés 4:20. La serpiente fue maldecida

El élder Bruce R. McConkie escribió: “Desde el día en el que Satanás habló por boca de la serpiente para engañar a Eva con el fin de que comiese del fruto prohibido (Moisés 4:5–21), a Satanás se le llamó aquella ‘serpiente antigua’. (Apocalipsis 12:9; 20:2; D. y C. 76:28; 88:110) La elección del nombre es excelente ya que indica una astucia sutil, maliciosa, taimada y engañosa” (Mormon Doctrine, pág. 704).

“El ser maldecido es lo contrario del ser bendecido; las bendiciones de Dios deferentemente invocan algo bueno, mientras que Su maldición justificadamente invoca algo malo sobre alguien que lo merece. De ese modo, a Satanás se le informó por medio de términos simbólicos que él no tendría el privilegio de la vida en esta tierra, que hasta el ganado y las bestias tienen” (Ellis T. Rasmussen, A Latter-day Saint Commentary on the Old Testament, 1993, pág. 16).

 

Moisés 4:21. Enemistad

El presidente Ezra Taft Benson enseñó: “Enemistad significa ‘aversión, odio, resentimiento u oposición’ ” (“Cuidaos del orgullo”, Liahona, julio de 1989, pág. 4).

 

Moisés 4:21. La “simiente” de la mujer se refiere al Salvador Jesucristo

El élder James E. Talmage escribió: “El patriarca de la raza humana, Adán, se regocijó por la certeza del ministerio señalado del Salvador, mediante cuya aceptación, él, el transgresor, podría lograr la redención. En la promesa de Dios, pronunciada a raíz de la Caída, se hace breve mención del plan de salvación —cuyo autor es Jesucristo— en el cual se dice que aun cuando el diablo, representado por la serpiente en el Edén, tuviera el poder para herir el calcañar de la posteridad de Adán, la fuerza para herir la cabeza del adversario vendría por conducto de la descendencia de la mujer. Es significativo que por medio de la posteridad de la mujer se iba a realizar esta promesa de la victoria final sobre el pecado y su efecto inevitable, la muerte, ambos traídos al mundo a causa de Satanás, el enemigo mortal del género humano. Observemos que no se extendió la promesa al hombre en forma particular, ni a la pareja. El único caso en que una mujer ha concebido sin conocer varón en la carne, fue el nacimiento de Jesús el Cristo, Hijo terrenal de una madre mortal, engendrado por un Padre inmortal. Él es el Unigénito del Padre Eterno en la carne, y nació de mujer” (Jesús el Cristo, pág. 44).

 

¿Cuál es el significado de la maldición que se le dio a Satanás? (Génesis 3:15)

Puesto que Satanás no tiene cuerpo y por lo tanto no tiene hijos propios, sus descendientes son los que lo siguen, tanto el tercio de los espíritus que lo siguieron en su estado premortal, como los que se dejan engañar, en su estado mortal, hasta que caen bajo su poder. La simiente de la mujer se refiere a Jesucristo, el cual fue el único mortal que tuvo una madre terrenal y un Padre Celestial.

El presidente Joseph Fielding Smith, refiriéndose a lo que escribió Pablo acerca de los miembros de la Iglesia Romana, dijo:

“Casi al final de su epístola a los romanos, él dijo: ‘Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros’. (Romanos 16:20)

“El ‘Dios de paz’, que de acuerdo con las Escrituras aplastará a Satanás, es Jesucristo.” (Answers to Gospel Questions, 1:3.)

La última parte del versículo quiere decir que, a pesar de que Satanás (como la serpiente) herirá el calcañar del Salvador, instando a los hombres a que lo crucifiquen y aparentemente destruyéndolo, en realidad, la misma Expiación dará a Cristo el poder de vencer el poder que Satanás tiene sobre los hombres y de desbaratar los efectos de la Caída. Por lo tanto, la simiente de la mujer (Jesucristo) herirá la cabeza de la serpiente (Satanás y su reino) con el mismo calcañar que ha sido herido (el sacrificio expiatorio).

 

Moisés 4:22. “Multiplicaré en gran manera tus dolores”

La palabra hebrea “multiplicar” es rabah, que significa repetir una y otra vez; no significa un dolor mayor, sino un dolor que se repite. La palabra en hebreo para “dolor” en el relato de Génesis (Génesis 3:16) proviene del término atsab que significa “esfuerzo” o “sufrimiento”. Si bien esas palabras indican que el trabajo duro y el sufrimiento pasarían a formar parte de la vida de Eva, ella no consideró que las condiciones que recibiría a causa de la Caída fuesen una maldición (véase Moisés 5:11). En Moisés 4:22 se da “una gran revelación para las mujeres. Eva y sus hijas se convertían en cocreadoras con Dios al preparar los cuerpos que Sus hijos espirituales utilizarían en esta tierra y más tarde en la eternidad. La maternidad implicaría inconveniencias, sufrimientos, penalidades y pesares, cosas que el Señor vaticinó como consecuencias naturales y no como una maldición” (Rasmussen, Latter-day Saint Commentary, pág. 17).

 

¿Qué le dijo el Señor a Eva? (Génesis 3:16)

“En cuanto a lo que Eva habría de pasar al dar a luz a sus hijos, los traductores de la Biblia a otros idiomas han empleado distintas palabras para describirlo. La palabra en hebreo quiere decir dolor y la encontramos traducida correctamente en la versión castellana. Aunque la mujer todavía sufre dolores al dar a luz a sus hijos, hay gozo en la mayoría de los hogares mormones cuando ha de nacer un hijo. Además el Señor le dijo a la mujer: ‘… tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti’. Pienso que la palabra enseñoreará da una impresión equivocada; yo preferiría usar presidirá porque describe mejor lo que el esposo debe hacer. Un esposo digno preside en su hogar.” (“The Blessings and Responsibilities of Womanhood”, Ensign, marzo de 1976.)

 

Moisés 4:22. “Él se enseñoreará de ti”

Acerca de esa frase, el presidente Spencer W. Kimball dijo: “Tengo una duda en cuanto a la palabra enseñoreará; da una impresión equivocada. Yo preferiría usar la palabra presidirá porque eso es lo que él hace.

“Un marido justo preside a su esposa y a su familia” (citado por S. Michael Wilcox en “Una relación divina”, Liahona, septiembre de 1997, pág. 8). En Efesios 5:22–31 y en D. y C. 121:41–46, el Señor da instrucciones claras sobre cómo debe presidir el marido.

 

Moisés 4:23–25. “Maldita será la tierra por tu causa”

El presidente Marion G. Romney enseñó: “Como ven, la maldición no fue puesta sobre Adán, sino sobre la tierra por el bien de él; en lugar de ser ésta una maldición, fue sin lugar a dudas una bendición para Adán” (véase “Según mi propia manera”, Liahona, febrero de 1977, pág. 70).

El presidente Brigham Young dijo que las consecuencias de la Caída fueron universales: “La maldición cayó sobre los frutos, lo vegetal y sobre nuestra madre tierra; cayó sobre lo que se arrastra, sobre el grano del campo, los peces del mar y sobre todas las cosas que pertenecen a esta tierra” (en Journal of Discourses, tomo X, pág. 312). Desde el tiempo de la Caída, crecieron espinas y cardos espontáneamente de la tierra. Sólo por medio de un esfuerzo persistente pudo Adán plantar y nutrir la tierra y cosechar de ella y asegurar así su supervivencia. Antes de la Caída, se le había encomendado “cultivar” y “guardar” el Jardín de Edén (Moisés 3:15). Después de la Caída, se le dijo que tendría que trabajar y mantenerse con el sudor de su rostro.

 

Moisés 4:23. “Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”

“Si para dar a luz Eva debía realizar un gran esfuerzo, también Adán debía esforzarse (Génesis 3:17–19; Moisés 4:23) para vivificar la tierra a fin de que ésta produjera. Ambos debían dar vida con sudor y lágrimas, y en ello Adán no fue la parte favorecida. Aun cuando su esfuerzo no es tan severo como el de ella, es más prolongado, ya que la vida de Eva será preservada mucho después de haber dejado de dar a luz —aún así su vida será perdonada— mientras que el trabajo de Adán deberá seguir hasta el fin de sus días: ¡‘…con dolor comerás de ella todos los días de tu vida’! Ni siquiera con la jubilación se escapa a ese sufrimiento” (Hugh Nibley, Old Testament and Related Studies, John W. Welch, Gary P. Gillum y Don E. Norton, eds. 1986, pág. 90).

 

¿Fueron Adán y Eva “castigados” por su transgresión? (Génesis 3:16—19)

“Podemos imaginarnos la condición en que se hallaban Adán y Eva: Habían sido condenados a sufrir, a tener dificultades y a trabajar; fueron expulsados de la presencia de Dios y se les había declarado que morirían. En resumen, una situación no muy agradable. Luego sucedió algo muy importante: Se les predicó el Evangelio de Jesucristo. ¿Cuál fue su reacción? Cuando el Señor les explicó que a través de Jesucristo, el Hijo Unigénito del Padre, serían redimidos, Adán exclamó: ‘Bendito sea el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré a Dios’. (Moisés 5:10)

“¿Cuál fue la actitud de Eva, su esposa? Ella ‘oyó todas estas cosas y se regocijó, diciendo: De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna…’ (Moisés 5:11)

“Por lo tanto, podemos decir que si no podemos lograr ser buenos, a menos que resistamos y venzamos el mal, entonces éste tiene que estar presente para que podamos luchar contra él.

“También podemos sacar en conclusión que la vida mortal se basa en principios verdaderos, y que los cambios que ocurrieron después de la transgresión no fueron, en el sentido común de la palabra, ‘castigos’ que se nos dieron. Todas las cosas que hemos nombrado y que parecen ser castigos, tristezas y problemas, dejan de serlo cuando se examinan mejor. Son en realidad bendiciones. Hemos aprendido a conocer el bien y el mal, hemos obtenido el poder para apreciar lo bueno, para utilizar nuestro libre albedrío y para obtener la redención y la vida eterna. Todas estas cosas se originaron con esta transgresión. El Señor ha planeado todas las cosas en la tierra de tal manera que tengamos que trabajar para vivir, evitándonos la maldición de la haraganería y la indolencia; y a pesar de que el Señor nos condena a morir —la muerte temporal— ésta es una de las más grandes bendiciones que tenemos en la tierra, porque nos conduce a la inmortalidad; nunca podríamos obtener la inmortalidad sin antes morir.” (George Q. Morris, en Conference Report, abril de 1958, pág. 39.)

 

Moisés 4:25. La muerte vino al mundo

Con el fin de señalar la falsedad de lo que Satanás le había dicho a Eva (véase Moisés 4:10), el Señor le dijo a Adán: “…pues de cierto morirás” (vers. 25). Adán y Eva experi­mentaron una muerte espiritual cuando fueron echados del Jardín de Edén y de la presencia del Señor. Se convirtieron también en seres mortales y, por consiguiente, quedaron sujetos a la muerte física.

 

La caída de Adán introdujo al mundo las dos clases de muerte (Génesis 3:19)

“Por causa de la transgresión de Adán, la muerte espiritual —expulsión de la presencia del Señor— así como la muerte temporal fueron dictaminadas sobre él. La muerte espiritual llegó en el momento de la Caída y expulsión, y la semilla de la muerte temporal también fue sembrada en aquel mismo momento: esto es, se produjo un cambio físico en Adán y Eva y llegaron a ser mortales, para quedar así sujetos a los males de la carne, lo cual originó un decaimiento gradual hacia la vejez y finalmente la separación del espíritu y el cuerpo.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 106; para más información acerca de la muerte espiritual que resultó de la Caída, véase D. y C. 29:40—41; Alma 42:7)

Muchas personas dicen que la muerte física o temporal siempre fue parte de la tierra, y que por lo tanto no puede haber empezado con Adán y Eva. El presidente Joseph Fielding Smith comentó acerca de esto:

“La educación moderna declara que nunca hubo cosa alguna como la caída del hombre, sino que las cosas siempre han ido por el mismo camino en este mundo. Aquí, se dice, la muerte y las mutaciones siempre han existido como condiciones naturales en la tierra y en todas partes del universo prevalecen las mismas leyes. Se declara que el hombre ha ascendido al sobresaliente lugar que ahora ocupa, a través de incontables etapas de desarrollo que gradualmente lo han diferenciado de formas inferiores de vida.

“Esa doctrina necesariamente descarta la historia de Adán en el Jardín de Edén y la considera un mito que hemos recibido de una época anterior de ignorancia y superstición. Además se enseña que como la muerte siempre ha existido y es una condición natural que prevalece en todo el espacio, no cabe la posibilidad de que haya una redención de la transgresión de Adán, y por lo tanto se infiere que no hubo necesidad de un Salvador para este mundo caído.” (Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 298—299.)

 

“Ella era madre de todos los vivientes” (Génesis 3:20)

“Tenemos muy poca información acerca de Eva (la esposa de Adán) y de su vida preexistente y mortal. Sin duda alguna era tan distinguida como su noble esposo: inteligente y dedicada a hacer el bien, tanto antes de venir a la tierra, como en su existencia mortal. Fue traída a la tierra de la misma forma que Adán, considerándose lenguaje figurado la descripción que dice que fue creada de la costilla de Adán. (Véase Moisés 3:20—25)

“Eva fue la primera mujer; fue la madre de todo el género humano; su nombre significa ‘madre de todos los vivientes’ (Véase Moisés 4:26; 1 Ne. 5:11).

“Antes de la Caída, el Señor selló a Adán y Eva como parte del nuevo y sempiterno convenio del matrimonio, en un momento en que. la muerte no existía en la tierra, y por lo tanto el matrimonio los unía para siempre. (Véase Moisés 3:20—25).

“…Sin duda alguna, Eva participa con Adán de su ministerio y heredará junto con él todas las bendiciones que le corresponden debido a su elevado estado de exaltación.” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 242).

 

Moisés 4:27. Dios hizo túnicas de pieles para Adán y Eva

Véase Génesis 3:21.

 

Moisés 4:31. Querubines

Los querubines son “figuras que representan seres celestiales, cuya forma exacta se desconoce. Se ha llamado a querubines para custodiar los lugares sagrados, [se] colocaron dos imágenes de querubines en el propiciatorio… [Éxodo 25:18, 22; 1 Reyes 6:23–28; Hebreos 9:5] y se mencionan querubines en las visiones de Ezequiel [Ezequiel 10; 11:22]” (véase “Querubines” en la Guía para el Estudio de las Escrituras, pág. 172).

 

Querubines y la espada encendida (Génesis 3:24)

Lea en Alma 12:21—27 y 42:2—12, la explicación que se da de por qué el Señor les impidió a Adán y Eva comer el fruto del árbol de la vida.