Moisés 4

 

Los análisis en color verde han sido extraidos del Libro Comentarios de La Perla de Gran Precio, del Sistema Educativo de la Iglesia.

Y aquellos insertados en color marrón del documento Introducción a La Perla de Gran Precio, Guía para Instructores de Institutos.

 

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Relato de Moisés 4

 

CAPÍTULO 4

(De junio a octubre de 1830)

 

Cómo Satanás llegó a ser el diablo—Satanás tienta a Eva—Caen Adán y Eva, y la muerte entra en el mundo.

 

Conceptos claves a analizar:

1. El conocer es estar activamente involucrado. Se gana sabiduría a través de la experiencia y se refiere a ella comparándola a tener nuestros ojos abiertos. El hombre experimenta el bien y el mal por medio de su contacto íntimo o personal en la vida. Debe haber sido así el caso con Adán y Eva.

2. La culpabilidad busca encubrirse. La confesión nos libera para vivir en rectitud. Cuando se comete una transgresión, la persona responsable busca encubrir su culpa. La culpa produce una falta de auto respeto y autoconfianza. La confesión y el arrepentimiento producen tranquilidad y proveen la oportunidad para una vida renovada.

3. Adán y Eva fueron bendecidos, y no maldecidos, como resultado de su transgresión, mientras que a Satanás se le dijo que a través del hombre sería destruido. Para entender las declaraciones del Señor a Adán y Eva luego de su transgresión se requiere que entendamos la idea de las declaraciones empleadas a menudo en las escrituras judías.

– Conocemos la tristeza a causa de la alegría. Tener una gran tristeza es haber experimentado una gran alegría, o viceversa.

– La bendición de tener varios niños es comprendida si uno considera su exacta alternativa.

– Tener dominio sobre la tierra es lo opuesto de tener a la tierra produciendo espontáneamente de tal forma que no se necesite trabajar.

4. La tierra fue preparada para el advenimiento del hombre, pero en ningún ser mortal había morado en ella; por lo tanto todas las cosas permanecieron en su estado espiritual, o el estado en que fueron puestas sobre la tierra.

5. Adán, el primero de nuestra raza, fue engendrado por padres divinos. Para que surgiera la vida, debía haber un progenitor. Las Escrituras, así como los líderes de la Iglesia, apoyan la posición de que el primer ser de nuestra raza fue un individuo engendrado.

6. A pesar de que Moisés no habla de grados de gloria, parece haber comprendido un concepto similar a este. Empleo la palabra “este” como un movimiento figurativo alejándose de Dios. Para los hombres se inicia su separación de Dios, cuando entran por así decirlo en la mortalidad; esto es, son aislados de su hogar premortal.

7. Todas las cosas son espirituales para Dios. Se habla de la pre mortalidad como de una existencia celestial; pero al ser puestos en el Jardín del Edén, Adán y Eva entraron en un estado de existencia que ha sido designado como terrestre. En este estado no eran meramente espíritus, pues tenían cuerpos tangibles; sin embargo tampoco eran mortales.

8. Se ofreció a Adán escoger entre el permanecer en un nivel de existencia al cual su nacimiento a la tierra le había introducido, o transgredir las leyes de que el nivel de existencia y descender a un estado inferior. Una transgresión contra las leyes terrestres fue necesaria para que Adán entrase a la mortalidad. Se planeó y preparó esa transgresión. Adán tenía que participar de la transgresión por su voluntad.

9. La mujer es la plenitud de la creación del hombre. Antes de que Adán pudiese cumplir su destino, fue necesario que se le concediese la asistencia de su complemento femenino. El hombre, de por sí, es una creación incompleta.

10. La inocencia y la ignorancia no son la misma cosa. Adán era inocente y no estaba avergonzado. Adán y Eva deben haber tenido algún concepto de su propósito en la tierra o el ejercicio del libre albedrío no habría tenido ningún significado para ellos. Adán no era ignorante sino que era inocente de transgresiones.

 

Este capítulo menciona la entrada del pecado en el mundo; de cómo la carne quedó sujeta al mal, cuya pena fue la muerte. Como dice Paulo (Rom. 5:12). Como antes hemos notado, Adán y su esposa vinieron a Dios a la tierra, limpios y puros. Cuando ellos transgredieron su santa ley y participaron del árbol prohibido, el pecado que cometieron se debió a una influencia ajena a ellos. Ellos no sabían lo que era el pecado auto seguido el mal que cometieron no se originó en ellos. La comisión del pecado les fue sugerida por un poder ajeno. Ellos reconocieron su equivocación al comer del fruto; ambos culparon a otro por la falta cometida. Dios en su misericordia, los expulsó del jardín que había preparado para que fuera su hogar a fin de que por medio de la tristeza y la aflicción pudieran cumplir con otro de los grandes mandamientos de Dios: “Multiplicarse y Henchir la tierra”.

 

1 Y yo, Dios el Señor, le hablé a Moisés, diciendo: Ese Satanás, a quien tú has mandado en el nombre de mi Unigénito, es el mismo que existió desde el principio; y vino ante mí, diciendo: Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra.

2 Pero, he aquí, mi Hijo Amado, que fue mi Amado y mi Escogido desde el principio, me dijo: Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre.

3 Pues, por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, y pretendió destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado, y que también le diera mi propio poder, hice que fuese echado abajo por el poder de mi Unigénito;

 

Vers. 1-3. “Satanás, el mismo que existió desde el principio”. Moisés parece sentirse algo perturbado por la intromisión de Satanás en la solemne ocasión de su comunicación con el gran Creador. El estuvo perplejo pero Dios le recordó que a pesar que la perturbación mental que el hecho le ocasionó, Satanás había huido cuando Moisés le mandó en el nombre de su Hijo Unigénito, que así lo hiciera.

El Señor notó el desmayo de Moisés, y se apresuró a reconfortarle. El Señor identificó al intruso como “Ese Satanás… que existió desde el principio. Su nombre fue Lucifer que significa portador de luz, y que señala la exaltada posición que una vez ocupó quien así se llama (D y C 76:26).

Dice al respecto el élder Janne M. Sjodahl: “Hubo un gran concilio en los cielos deliberadamente convocado para deliberar sobre la redención del hombre. A sus concurrentes dijo Dios: “¿A quién enviaré?” De este pasaje podemos deducir que en esa asamblea estuvieron presentes muchos espíritus destacados. Uno de ellos fue Lucifer, que se contaba entre los principales. El se levantó y dijo: “Aquí estoy, envíame a mí. Yo seré tu Hijo y redimiré a todo el género humano, de manera que nadie se perderá y por cierto lo haré, por lo tanto dame tu gloria”.

El Gran Jehová, el Hijo bienamado de Dios, también estuvo presente; El habló y una solemne atención invadió el Concilio: “Aquí estoy. Envíame”. Pero agregó, “Padre sea hecho según tu voluntad, y la gloria sea tuya para siempre”.

“Lucifer se propuso destruir el libre albedrío del hombre, y salvar a la fuerza a todas las almas. Jehová propuso la salvación como resultado de la libre elección por parte del hombre”.

“La proposición de Jehová fue la que se aceptó. Por lo tanto Lucifer decidió llevar adelante su plan sin el consentimiento del Concilio Celestial, y sujetar a su voluntad a la raza humana. El comenzó a provocar una agitación entre sus seguidores y fue tal su elocuencia e influencia que arrastró tras sí a una tercera parte de las huestes celestiales, separándolos de Jehová, el Hijo de Dios (D y C 29:26-37). El y sus seguidores fueron expulsados del cielo, pero jamás han cesado de tratar de establecer su reino entre los hijos de los hombres y en oponerse a Jehová y su causa. Y sus esfuerzos se manifiestan en la prevalencia de falsas doctrinas, morales corruptas, luchas y contenciones, persecuciones, y en los fallidos esfuerzos por combatir el pecado mediante medidas legales en lugar de la influencia del Evangelio de Cristo.

Pero luego de todos los comentarios exegéticos que hemos hecho; después de una explicación crítica de esta porción de escritura, nos vemos forzados a decir: “A Satanás no le importa lo que creemos o lo que no creemos, con tal que no creamos en Jesucristo, de quien el diablo fue adversario desde el principio”.

Desde que se rebeló en contra de la autoridad divina, y que a causa de ello se le echara del cielo, Satanás ha llevado a cabo una vigorosa campaña, aunque infructuosa, para frustrar los propósitos del Señor Dios. Sin embargo, a pesar de Satanás y de sus numerosos métodos inicuos, toda la creación prorrumpe en exclamaciones de alabanzas, gloria y honor al nombre del Gran Dios y unidamente auguran un futuro grande glorioso. No obstante la variedad que sean los insidiosos planes de Satanás; no obstante los bien formulados que estén para engañar al género humano, y destruir lo que Dios ha creado; no obstante que su meta sea sujetar a su voluntad a toda la descendencia de Adán y Eva, la raza humana, frustrar la autoridad del Concilio Celestial, los planes del Señor Dios para exaltar a la humanidad han sido mucho mejor fundamentados. Satanás no entiende los planes de Dios. Dichos planes fueron divinamente concebidos y en consecuencia a medida que vayan desarrollándose de acuerdo con el mandato del cielo, el Creador de los cielos y de la tierra llevará a cabo, a pesar de los designios malignos de Satanás, lo que será mejor para el hombre o más que redundará en la mayor gloria de nuestro Padre Celestial.

La historia de la caída de Adán ha sido relatada en mil diferentes ocasiones y por mil diferentes personas. Pero uno de los principios de la pedagogía es la repetición. Mediante la repetición enseñamos y mediante la repetición aprendemos. Los justos no se cansan de la repetición. Por lo tanto repetimos la antigua historia en la esperanza de que el lector se sienta impresionado con la sabiduría de Dios y su eterno designio y voluntad.

 

4 y llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz.

5 Ahora bien, la serpiente era más astuta que cualquiera de las bestias del campo que yo, Dios el Señor, había hecho.

6 Y Satanás incitó el corazón de la serpiente (porque se había llevado a muchos en pos de él), y procuró también engañar a Eva, porque no conocía la mente de Dios, de manera que procuraba destruir el mundo.

 

Vers. 5 y 6. “Y Satanás incitó el corazón de la serpiente”. Ninguna de las bestias que Dios había creado fue tan sagaz y mañosa como la serpiente. En los escritos de Moisés se emplea la palabra astuta para definirla. En este sentido astuta significa taimada, engañadora. Satanás vio que en la serpiente hallaría un buen elemento para trabajar. El se vio obligado a emplear a una bestia, en su conspiración para tentar a Eva, pues las únicas personas existentes eran Adán y Eva. El instigador del plan para seducirles fue el diablo, quien en su carácter de Lucifer en el Concilio Celestial procuró destruir lo que Dios había hecho y anular la santa voluntad de Dios para con la humanidad. Suponemos que Satanás trató primero de seducir a Eva, debido a que por naturaleza era inclinada a confiar y creer en lo que se le dijera. Seducir significa engañar con promesas falsas, actuar tramposamente; inducir a error.

El mismo Satanás fue astuto engañador, de modo que él y la serpiente se complementaron para conspirar. Decimos conspiración, porque unirse para efectuar un mal es conspirar. Ambos trataron de anular el libre albedrío del hombre para elegir entre el bien y el mal, algo que el diablo estuvo esperando lograr desde que fue fundada la tierra. Con su engañosa elocuencia Satanás había arrastrado tras suyo a una tercera parte de las huestes celestiales prometiéndoles falsamente que mediante la compulsión les salvaría a todos, no concediéndoles el derecho de decidir por sí mismos qué es lo que harían o no harían.

 

Véase:

 

7 Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios ha dicho: No comeréis de todo árbol del jardín? (Y hablaba por boca de la serpiente.)

8 Y la mujer dijo a la serpiente: Podemos comer del fruto de los árboles del jardín;

9 mas en cuanto al fruto del árbol que ves en medio del jardín, Dios ha dicho: No comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea que muráis.

10 Y la serpiente dijo a la mujer: De cierto no moriréis;

11 pues Dios sabe que el día en que de él comiereis se abrirán vuestros ojos, y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal.

 

Vers. 7-11. “No comeréis de él ni lo tocaréis”. Estas palabras registran una conversación sostenida por la mujer y el calumniador, el cual habló por boca de una serpiente. Podemos inferir que donde el texto dice serpiente, quiere decir justamente eso. No hay duda en que cuando Moisés escribió el relato de su visión se refirió a una serpiente real en las palabras que Satanás puso en boca de la serpiente, Satanás procuró mancillar el nombre de Dios Todopoderoso en la mente de Eva. En su nefasto plan hará engañarla atribuyó a las palabras del Creador un doble sentido, sugiriendo que aparentaba ser sincero y que no merecía confianza, algo que Satanás deseaba que Eva creyera. El trató de que Eva se complaciera en la idea de que era capaz de actuar por propia determinación, sin que nadie la mandara. Fue de esa manera que él ganó su confianza. Quizás, Eva pensó que la serpiente era un mensajero celestial.

Satanás principió su vil intento de seducir a Eva con una simple pregunta: “Sí, ¿acaso no os ha dicho Dios: no comeréis de todo árbol del Jardín?”.

La mujer contestó esta pregunta diciendo la verdad: “Podemos comer del fruto de los árboles del Jardín; mas en cuanto al fruto del árbol que ves en medio del Jardín Dios nos ha dicho; no comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea que muráis”. El árbol del conocimiento del bien y del mal es el árbol de la muerte. Es lo opuesto al árbol de la vida (2 Nefi 2:15). La muerte entró al mundo por comer de su fruto. La prohibición de no comer de él implicó otra cosa: “Ni lo tocaréis”. Significando inmundo, tal como todo lo que pertenece al mal. Estas palabras nos recuerdan las de Isaías, citadas por el Señor a los nefitas (Isaías 52:11; 3 Nefi 20:41; Rom. 6:23).

“Ni lo tocaréis” sencillamente significa, “Mantenemos a un brazo de distancia del pecado; no le permitáis que os tiente. Hasta el punto de poner a prueba vuestra resistencia a las vanidades del mundo”.

Cuando Satanás vio que la mujer estuvo dispuesta a conversar con él sobre el asunto que él le presentó, se afirmó más en su propósito de lograr el resultado que deseaba. Negó que lo que Dios había dicho fuera verdad y adelantó la proposición “de cierto no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comiereis, se abrirán vuestros ojos, y seréis como Dioses, conociendo el bien y el mal”. Satanás intentó introducir la discordia entre el hombre y su Creador, falseando el mandamiento de Dios (Alma 12:31; 42:3).

Aquí hay una lección que todos podemos aprender. Es ésta: el pecado comienza cuando se pasa por alto la autoridad. Ya sea por rebelarse abiertamente contra las santas leyes de Dios, o por negarse a prestarles atención, el fin es el mismo, menospreciar sus palabras significa el desastre. Satanás supo esto por experiencia, y por lo tanto, “2 Nefi 2:27“.

 

12 Y cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que se había vuelto agradable a los ojos, y un árbol deseable para darle sabiduría, tomó ella de su fruto y comió, y dio también a su marido, y él comió con ella.

 

“Tomó ella de su fruto, y comió”. Cuando Eva vio que el fruto del árbol era bueno para comer, sucumbió a la artera estratagema de Satanás. No vio ninguna diferencia entre ese fruto y el de los otros árboles del Jardín, de los cuales pudieron comer. El fruto invitaba a que se lo comiera, pero les había sido prohibido. La naturaleza humana tiende a desear lo que le está vedado. Por lo tanto, Eva quizás deseo comer de ese fruto prohibido. Anhelo adquirir sabiduría, y lograr lo que la serpiente le había asegurado que obtendría: Que los ojos de Eva serían abiertos. Aquí podemos ver la verdad de que existe una oposición a todas las cosas, como dijo el profeta Lehi, al bendecir a su hijo José: (2 Nefi 2:11-15).

Eva vio que el fruto no sólo era bueno para comer, sino que, como hemos señalado, era agradable a la vista, tentador. “Muchas veces caemos en trampas a causa de nuestro desordenado deseo de gratificar nuestros sentidos”. Esto puede ser lo que indujo a la mujer a transgredir.

Eva tuvo libertad para sobreponerse a su vanidad y no caer en la tentación, pero le complació la idea de comer del fruto prohibido. Tomó de él y comió. No fue obligada, sino que lo hizo voluntariamente. El diablo puede tentar pero no puede obligar. Eva, una vez que hubo comido, dio del fruto a Adán y le dijo que comiera; imaginamos que empleando los mismos argumentos que la serpiente había empleado con ella. No con la idea de perjudicar a Adán, sino que, deseando sinceramente beneficiarlo, ella venció las objeciones de Adán. Y éste comido del fruto.

 

Véase:

 

13 Y fueron abiertos los ojos de ambos, y se dieron cuenta de que habían estado desnudos. Y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.

 

Los ojos del hombre fueron abiertos al contacto personal con la vida. Qué fue la transgresión en el Jardín del Edén nunca fue revelado a nosotros, pero cualquiera cosa que haya sido tuvo participación íntima y no meramente un consentimiento mental, está fuertemente implicado por el hecho de que el hombre y la mujer no habían siquiera de tocar el fruto o morirían. También, el hebreo dice que Adán y Eva llegaron a ser conocedores del bien y el mal por su transgresión. El verbo hebreo “conocer” significa ser íntimo con.

 

14 Y oyeron la voz de Dios el Señor, mientras se paseaban en el jardín al fresco del día, y Adán y su mujer fueron a esconderse de la presencia de Dios el Señor entre los árboles del jardín.

15 Y yo, Dios el Señor, llamé a Adán, y le dije: ¿A dónde vas?

16 Y él respondió: Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque vi que estaba desnudo, y me escondí.

 

Vers. 13-16. “Y fueron abiertos los ojos de ambos”. La declaración que Satanás hizo por boca de la serpiente, de que si Adán y su esposa comieron del fruto prohibido sus ojos serían abiertos, fue rápidamente comprobada por ambos. Pero no como ellos esperaban. La visión física de ambos no tuvo límites, siendo perfecta. Pero su habilidad para distinguir lo bueno de lo malo fue de naturaleza mental. Su poder de percepción fue psicológico. Por su intermedio ellos se dieron cuenta de su desnudez. Para ocultar su vergüenza ellos se hicieron delantales con grandes hojas de higuera. Un reiterado sentimiento de culpabilidad acosaba sus conciencias. La desobediencia a la ley de Dios es el acto por el cual se despierta la conciencia, y Adán y Eva se sintieron culpables.

En cierta ocasión, más adelante, mientras Adán y Eva caminaban por el Jardín al fresco del día, comentando sobre su hermosura y participando de sus abundantes frutos con que Dios los había provisto en abundancia, ellos oyeron su voz. Una voz agradable, suave; como la de un padre amoroso hablando sus hijos. Cuando El les llamó trataron de ocultarse. Se sintieron tan afligidos por no haber sabido hacerle caso que no tuvieron coraje para verle, algo que antes ellos ansiaban poder hacer. Ambos hicieron un infructuoso intento para ocultarse entre los árboles del Jardín. Podemos imaginar su prisa por esconderse para escapar a la represión de Dios. El conocimiento que les había dado el participar del fruto prohibido, les hizo temer la presencia de Dios.

El Señor Dios viendo su súbita huida para ocultarse, llamó a Adán, “¿A dónde vas?”

“Tuve miedo”. Antes, Adán y su Esposa, no conociendo el mal, aguardaban ansiosos la visita de Dios. Ahora, con la conciencia remordiéndoles, trataron de esconderse para que El no les diera. La excusa de Adán por esconderse fue que estaba desnudo y tuvo miedo.

 

El libre albedrío existe a causa de la inteligencia eterna del hombre pero es aumentado en presencia de un conocimiento suficiente que haga posible la elección. Esto no quiere decir que las consecuencias de la elección puedan ser apreciadas, sino tan sólo que suficiente instrucción debe preceder a la elección para que ésta tenga significado. Adán no era ignorante sino inocente de la transgresión hasta que decidió transgredir. De esta inocencia es de la cual Moisés habló en forma figurada como desnudez. El hombre y la mujer no estaban avergonzados pues no habían mal empleado su conocimiento.

 

17 Y yo, Dios el Señor, dije a Adán: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé no comer, pues de hacerlo de cierto morirías?

18 Y el hombre dijo: La mujer que tú me diste, y mandaste que permaneciese conmigo, me dio del fruto del árbol, y yo comí.

19 Y yo, Dios el Señor, dije a la mujer: ¿Qué es esto que has hecho? Y la mujer respondió: La serpiente me engañó, y yo comí.

 

Vers. 17-19. “¿Quién te dijo que estabas desnudo?”. Y luego siguió una conversación entre el Señor Dios y Adán y su esposa, Eva. ¿Quién te dijo que estabas desnudo?” “¿Has comido del árbol del cual te mandé no comer?” Dios ya sabía las respuestas que recibiría a las preguntas que hizo al hombre y a la mujer. Sin embargo, era conveniente que ambos reconocieran su culpabilidad. Que en vez de haber confiado en el poder de Dios, ellos fueron débiles y desobedecieron a Dios.

Las preguntas directas de Dios impulsaron van a decir sin reservas lo que había hecho. Pero al confesar cuál fue su parte en el drama que se estaba desarrollando, Adán culpó a su esposa de haberle hecho transgredir, y aún se aventuró a insinuar que el mismo Dios tuvo algo de culpa. Adán dijo: “La mujer que tú me diste, y ordenaste que se quedara conmigo, me dio del fruto del árbol y comí”.

Hay en la naturaleza humana, tanto ahora como en aquel entonces, algo que es igual. El hombre se inclina a culpar por sus equivocaciones a alguna causa ajena a él. Pocas veces admite haber obrado a impulsos de un deseo propio. Adán culpó a su esposa, y Eva a la serpiente; ni el esposo ni la esposa aceptaron ser culpables, o asumir la responsabilidad por sus actos.

Al seguir el Señor la línea de su interrogatorio, inquirió de Eva sobre su responsabilidad, Eva culpó a la serpiente de haberla engañado con sus horribles mentiras. “La serpiente me engañó, y comí”.

 

20 Y a la serpiente, yo, Dios el Señor, dije: Por cuanto has hecho esto, maldita serás sobre todo el ganado y sobre toda bestia del campo. Sobre tu vientre te arrastrarás y polvo comerás todos los días de tu vida;

21 y pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu simiente y la de ella; y él te herirá la cabeza, y tú le herirás el calcañar.

 

Vers. 20-21. “Por cuanto has hecho esto, maldita serás sobre todo el ganado…”. Dios todopoderoso, el Juez, Creador de todas las cosas, llamó ante sí a quienes por una razón u otra, habían rehusado acatar su mandamiento de no comer del fruto prohibido. El, en el acto, dictó una justa sentencia. La serpiente fue la primera en experimentar su enojo. Fue con ella con quien conspiró Satanás con el fin de llevar a cabo el plan de frustrar los propósitos de Dios, induciendo al hombre y a la mujer a desobedecer su Santa Orden. Satanás fue el primer instigador del complot para destruir al género humano, y quien animó a la serpiente a que indujera a la mujer a ignorar o desobedecer el mandato de Dios. Pero el instrumento empleado para engañar a Eva fue alguien muy traicionero. Ese alguien fue la serpiente. Ella, en las manos de Satanás, fue un siervo del mal. Como herramienta empleada por Satanás para llevar a cabo su mezquino propósito. La serpiente tuvo la misma culpa que Adán, y mereció el mismo castigo que él.

La sentencia. “Versículo 20”. Moisés, quien fue el escritor original de éste relato, sin duda concibió a la serpiente como una bestia que anduvo sobre dos o más patas. El Señor la clasificó como una especie de ganado, o una de las bestias del campo. Podemos presumir que la serpiente no es ahora como fue antes de que se le maldijera.

En añadidura al castigo aplicado a la serpiente por el papel que jugó en la caída de Adán y su esposa, el Señor Dios decretó que: “pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu simiente y la de ella; y él te herirá la cabeza, y tú le herirás el calcañar.”

Esta es una alusión profética a nuestro Señor y Salvador. La cabeza de la serpiente es su punto vital, representa a Satanás, y Jesucristo -“El que herirá”- aplastará a Satanás junto con todos sus malvados designios. Satanás causará tristeza y sufrimiento al Señor, pero la victoria final, o el triunfo sobre todo mal, será de Jesucristo, la simiente de la mujer.

Satanás intentó “herir el calcañar” de Cristo, cuando le tentó en el desierto. Fue el diablo quien puso en el corazón de Judas el deseo de traicionar a Cristo, en el de los Sumos Sacerdotes el de perseguirlo, en el de los testigos falso de acusarlo, y en el de Pilato de condenarle. En muchas maneras Satanás hirió el calcañar del Gran Redentor, causándole pena y dolor, y afligiéndole con nuestras aflicciones.

 

22 A la mujer, yo, Dios el Señor dije: Multiplicaré en gran manera tus dolores en tus preñeces. Con dolor darás a luz los hijos, y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti;

 

“A la mujer, yo, Dios el Señor dije…”. La mujer fue la siguiente en escuchar la condena o la sentencia por el pecado que había cometido. El Señor fue misericordioso y el juicio que pronunció estuvo de acuerdo con la ofensa cometida por ella. Ella había hecho entrar al mundo el pecado y con él la tristeza, al participar del fruto prohibido, y desde ese tiempo en adelante el dolor sería su porción.

Se ha dicho que la sentencia que ella recibió no fue para su ruina, sino un castigo para llevarla al arrepentimiento.

El dolor y el sufrimiento del parto son de naturaleza carnal, y se puede presuponer por causa de los pecados y las insensateces del género humano. En todas nuestras experiencias se evidencia que existe una íntima relación entre el pecado y la tristeza. Dios no hizo más que confirmar este hecho al dictar su juicio sobre la mujer.

De allí en adelante, en lugar de estar ante Dios en la misma posición que el hombre, la mujer por haber participado del fruto prohibido sin consultar antes con el hombre, quedó sujeta a su esposo y bajo su dependencia.

 

La más grande bendición que puede llegar a una mujer oriental es la de tener hijos. Se considera una maldición el ser estéril. Cuando Señor le dijo a la mujer de que multiplicaría sus dolores de las preñeces en gran manera, realmente la bendijo con dos cosas. Primeramente, ella tenía la seguridad de que sería madre de una posteridad y por lo tanto cumpliría su destino de mujer. Segundo, que a través de su experiencia con ese gran dolor, sería capaz de reconocer lo opuesto. Cuando Eva recibió el evangelio, se regocijó en estas dos cosas (Moisés 5:11). El Señor maldijo la tierra por causa de Adán o literalmente para su beneficio. En tanto que ésta produjese espontáneamente, Adán no tendría que trabajar para su subsistencia y por lo tanto nunca llegaría a ser su amo o ganar dominio sobre la tierra que se le había dado. Por medio de su trabajo, por otro lado, ganaría tal dominio. Esto es lo que empezó a hacer luego de haber sido expulsado del Jardín (Moisés 5:1). Satanás recibió el nefasto aviso que, aun cuando él iba a tener poder para infligir daños sobre la simiente de la mujer, esta semilla al fin le infligiría el golpe mortal a la cabeza de Satanás -una forma figurativa de decir que el poder de Satanás sería ultimado por medio de la semilla de la mujer- sin duda Cristo y sus discípulos.

 

23 y a Adán, yo, Dios el Señor, dije: Por haber escuchado la voz de tu mujer y comido del fruto del árbol del cual te mandé, diciendo: No comerás de él, maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

24 Espinas también, y cardos te producirá, y comerás la hierba del campo.

25 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra —pues de cierto morirás— porque de ella fuiste tomado: pues polvo eras, y al polvo has de volver.

 

Vers. 23-25. “Maldita será la tierra por tu causa”. La bendición del trabajo le había sido dada al hombre desde el momento en que fue puesto en el Jardín de Edén para que lo labrase y lo cuidase. Sin embargo, esa no fue para el hombre una tarea dura. Para él fue un deleite llevar a cabo la tarea de supervisión que Dios le había dado, y realizó con gran agrado el trabajo de cultivar y cuidar el terreno que Dios había plantado. Pero de súbito todo cambio. El había violado la santa ley de su Hacedor, y de acuerdo al inexorable editor de Dios, el hombre no tuvo más a su cargo atender las bellezas del Jardín.

También, de acuerdo con ese decreto, el hombre iba a tener que extraer de la tierra, bajo condiciones adversas, aquellas cosas que habían llegado a hacerle necesarias en su estado caído. Espinas y cardos crecerían en la tierra que iba a tener que preparar para extraer las cosechas de granos; y únicamente por medio de un constante trabajo, el hombre podría asegurarse la productividad de la tierra. Esto significaba trabajo. Y trabajo al calor del día significa sudar. El precio que Dios demandó del hombre por su desobediencia fue, el esfuerzo dirigente, una vigilancia incesante, sudor y penas.

Adán, en castigo por haber violado la santa ley de Dios, estaría obligado a soportar durante todos los días de su carrera mortal la maldición impuesta por Dios sobre la tierra (vers. 25).

El cuerpo de Adán fue hecho del polvo de la tierra, y hasta que llegara el tiempo en que ese mismo cuerpo retornara a la tierra de la cual había sido formado, se iba a ver obligado a emplear todos sus recursos e ingenio para poder subsistir. Desde ese momento todos sus esfuerzos se verían asediados por las penurias y el desaliento. Nuevamente, vemos que la oposición en todas las cosas es un obstáculo que tiene que enfrentar el hombre; así aprendió Adán a apreciar la diferencia entre las delicias del Edén, y el trabajo y las tristezas de la vida a la cual había sido echado.

 

Véase:

 

26 Y Adán llamó Eva a su mujer, por cuanto ella fue la madre de todos los vivientes; porque así yo, Dios el Señor, he llamado a la primera de todas las mujeres, que son muchas.

27 Y yo, Dios el Señor, hice túnicas de pieles para Adán y también para su mujer, y los vestí.

 

Vers. 26-27. “Adán llamó a su mujer Eva”. En hebreo es Havvah, que significa “vida”. Adán puso ese nombre a su esposa debido a que ella fue la madre -la fuente de vida- de todos los habitantes de la tierra. El en esto mostró tener fe en el cumplimiento de otro de los mandamientos de Dios: “Fructificad y multiplicaos, y henchid la tierra” (2:28). También Adán vio, como si fuera en una visión, que de la simiente de ella saldría quien efectuaría la gran propiciación por el pecado que habían cometido al comer del fruto prohibido, y que mediante Él, Adán lograría una reconciliación con Dios, y por ende una su progenie.

El Señor llamó a Eva, la madre de todos los vivientes, porque ella fue la primera de todas las mujeres, las cuales iban a ser muchas, y porque fue la primera mujer de la raza humana.

Dios, el Padre de todos los hombres, les hizo vestidos a Adán y Eva, vistiendo al desnudo, y evidenciando su preocupación por sus hijos. La verdadera razón por la que El les hizo esos vestidos, tal como se menciona en el versículo 27, generalmente no se la entiende, y no trataremos de explicar la aquí, pero el servicio del Templo muestra que es un honor llevar una réplica de ellas. Evidencian que quien las lleva es un poseedor del Santo Sacerdocio de Dios.

 

28 Y yo, Dios el Señor, dije a mi Unigénito: He aquí, el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal; y ahora, no sea que extienda su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre,

29 por tanto, yo, Dios el Señor, lo sacaré del Jardín de Edén para que labre la tierra de la cual fue tomado;

30 porque vivo yo, dice Dios el Señor, que no se han de frustrar mis palabras, pues tal como salen de mi boca tendrán que ser cumplidas.

 

Vers. 28-30. “He aquí, el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros…”. En estos versículos hallamos otra evidencia de que muchas de las palabras originales escritas por Moisés fueron desplazadas o quitadas de sus escritos (Jer. 1:41) por editores y copistas no autorizados de la antigüedad, en cuyas manos cayeron esos registros.

En el relato escrito por Moisés sobre la creación y los tratos de Dios con Adán y Eva, tal como aparece en el libro del Génesis, en ninguna parte del mismo se dice que Dios se aconsejó con su Hijo Unigénito tocante a las cosas que iba a hacer, como sucede en La Perla de Gran Precio. En el relato bíblico se han omitido las palabras que mencionan tal cosa. Es importante entender esto, pues sin tales palabras, la historia es incompleta, y ello ha traído como resultado mucha confusión en la mente de los cristianos tocante a quien fue realmente el Creador, si el Padre o el Hijo.

El Unigénito del Padre fue el Creador, que hizo el cielo y la tierra bajo la guía de su Padre, con quien el Hijo se aconsejó en todas las cosas. Jesucristo, el Unigénito, es el Creador, igual como el constructor lo es de una casa. Produce una solemne impresión considerar toda la serie de actos relacionados con la creación de la tierra, y los subsecuentes tratos de Dios con Adán y Eva, como una empresa conjunta del Padre y del Hijo, en la cual, no es improbable que nosotros hayamos ayudado también.

El discernir entre el bien y el mal es una buena cualidad, y el escoger lo justo en lugar de lo injusto es una libertad que Dios ha concedido a cada hombre. Esta capacidad de elegir le coloca entre los justos, crea en él un corazón limpio, y le hace uno entre los Dioses. Este cuadro fue completado sólo en parte por Adán y Eva; ellos habían comido del fruto prohibido y conocían el bien y el mal. Pero ahora su sino era salir al mundo y elegir.

Ahora fue cuando comenzaría cumplir su sentencia. El Señor Dios había decretado que fueran expulsados del Jardín de Edén; así se haría. La palabra de Dios es firme. Sus palabras no pueden regresar a su boca sin cumplirse, o anuladas.

Adán, quien había violado la ley de Dios, recibió el castigo por su pecado. Dios le hechó del Jardín para que “Labrara la tierra de la cual había sido hecho”.

En una palabra, Adán no sólo fue expulsado del Jardín del Señor, sino que fue excluido de la presencia de Dios, sólo que, fue “el resplandor y la gloria del paraíso”. Había finalizado la comunión que tuvo con su Creador; ya no andaría y conversaría con El.

Pero hemos de recordar que Dios aún siguió cuidando a Adán. “El hombre solamente fue enviado a labrar la tierra de la cual había sido tomado. Fue enviado a un lugar de trabajo, no de tormento. Fue enviado a la tierra, no al sepulcro -al taller, no a la prisión-a manejar el arado, no arrastrar cadenas. Su trabajo de labrar la tierra se vería recompensado cuando comiera de su fruto… Nuestros primeros padres… no fueron abandonados a la desesperación. El amor de Dios había designado para ellos un segundo estado de probación bajo nuevas condiciones (Mathew Henry, parafraseado por el editor).

Adán y Eva comenzaron su carrera afuera del Jardín de Edén, poseyendo una alta cultura. Adán supo cómo cuidar las plantas y cuidar el suelo. Conoció los diferentes animales, pues él le había puesto nombres de acuerdo con sus características. Pudo contemplar algunas de las constelaciones del cielo que, como si fuera un calendario celestial, indicaban no sólo el día y la noche, sino también las estaciones, los días y los años y, podríamos añadir, los ciclos (D y C 88:42-45).

Para un mejor entendimiento del texto aquí mencionado, referimos al lector a la conversación sostenida por Alma hijo, y su hijo Coriantón, registrada en el capítulo 42 de Alma, en el Libro de Mormón.

 

31 De modo que expulsé al hombre, y coloqué al oriente del Jardín de Edén querubines y una espada encendida, la cual daba vueltas por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

 

“Y coloqué al oriente del Jardín de Edén querubines y una espada encendida…”. Después que Dios expulsó a Adán del Jardín de Edén el colocó querubines y una espada encendida para vigilar el camino al árbol de la vida que El había plantado allí. Ante la eventualidad de que Adán y su esposa, Eva, trataran de reingresar al Jardín y gozar nuevamente de su abundancia, Dios colocó una barrera para impedirlo -una espada encendida cuya hoja arrojaba rayos de luz en todas direcciones, como si fueran relámpagos. Esta demostración del desagrado de Dios, y de su determinación de que el hombre y la mujer no comieran del árbol de la vida y vivieran para siempre en su condición caída, no fue expresada en palabras, sino en forma de una acción preventiva.

Querubines, plural de querubín. Ha habido mucha especulación acerca del significado de este nombre. Algunos estudiosos de las sagradas escrituras sugieren que querubines significa ángeles, mientras que otros simplemente no saben. Sin embargo, la palabra es empleada en todo el Antiguo Testamento para señalar un objeto o poder al que se le ha señalado una tarea, pero no se da una definición de su significado. Por lo tanto, nos inclinamos a creer que es algo que representa a Dios -ángeles o algo similar- que, como siervos, sirven a los propósitos de Dios. Además, a veces puede ser una creación mental del escritor, para significar algo que no puede definir fácilmente.

Para ilustrar los muchos usos que se le da al nombre y sus diferentes significados, sugerimos consultar los siguientes pasajes bíblicos en los cuales se incluye este nombre: en Salmos 18:10 David dice que Jehová, “cabalgó sobre un querubín y voló: voló sobre las alas del viento”. Según entendemos nosotros el salmista está describiendo una tormenta en la cual el viento huracanado es un siervo de Dios. David continúa su descripción de las nubes de tormenta diciendo, “el resplandor delante de Él…” es posible ver una conexión entre la espada ardiente de nuestro texto (4:31) y el resplandor de un relámpago. Asimismo de los capítulos 1 y 10 de Ezequiel, se representa a los querubines como asistentes de Dios. Aunque las tareas que desempeñan están rodeadas de mucho misterio, creemos que ellos sirven a la gloria de Dios.

Otra vez, en Éxodo 25, se relata cómo Dios instruye a Moisés en cuanto a la construcción del Arca del Convenio. Le señala a Moisés sus dimensiones y los accesorios que llevará. Se describen los querubines que formarían parte de esa notable obra de arte, su tamaño y la posición en que estarían colocados, de qué estarían compuestos y cómo se los haría. “Entre ellos” (los querubines), dice el Señor, “hablaré contigo” (Éxodo 25:22). Vemos en esto que los querubines aquí mencionados son objetos inanimados, pero que tuvieron como propósito representar a Dios en las mentes de los a veces desobedientes hijos de Israel.

 

Moisés fue criado como un egipcio. No fue inusitado entonces de que el “Este” hubiera representado figurativamente una separación de Dios. Todos los antiguos egipcios consideraban nefasto el este pues Osiris había sido enterrado en el oeste, y ser llevado al este era ser aislado de Osiris. Moisés dice que el Jardín del Edén fue plantado hacia el este del Edén; de tal forma que desde su morada pre-mortal celestial Adán empezó a ser dirigido hacia el este (no se menciona nunca al este de qué, pues no es importante -el este es simplemente una separación de Dios figurada). Cuando se cometió la transgresión, Adán fue expulsado hacia el este del Edén. Cuando Caín asesinó su hermano Abel, él se fue con su esposa y algunos de sus hermanos a vivir en la tierra de Nod que estaba al este del Edén. En forma muy interesante, entonces, tenemos a Moisés mostrando el paralelo de nuestro concepto actual del plan de salvación para esta tierra y la humanidad como muestra el siguiente diagrama:

 

Pre mortalidad – un hogar celestial con leyes y una asociación completa con Dios el Padre. Una tierra celestial izada donde los hombres disfrutan de la plenitud del Padre y del Hijo (D. y C. 76:62; 88:17-20).
Jardín hacia el este del Edén por la tierra – un hogar terrestre donde Adán vivía leyes terrestres y tenía una asociación con Dios. La tierra durante el milenio cuando reciba su gloria paradisíaca y los hombres vivan las leyes terrestres – Cristo reinará en la tierra.
El Este del Jardín del Edén – el mundo solitario y triste donde se viven leyes celestiales, y los hombres viven bajo la administración del Espíritu Santo, aislados de la presencia de Dios. La tierra al momento presente con los hombres viviendo leyes de un orden telestial. Recibiendo la humanidad El ministerio del Espíritu Santo, aislados de la presencia de Dios (Moisés 5:14).
Exilio (Nod) más allá del este del Edén – asociación con gente que ama a Satanás más que a Dios. Castigo de Caín por asesinato. Destierro a un reino que no es un reino de gloria – asociación con Satanás y sus ángeles como hijos de perdición.

No fue por accidente que Moisés, en una historia narrativa, nos demostrara que él estaba plenamente consciente del gran plan de salvación.

 

Véase:

 

32 (Y éstas son las palabras que hablé a mi siervo Moisés; y son verdaderas conforme a mi voluntad; y te las he declarado. Mira que no las muestres a hombre alguno, salvo a los que crean, hasta que yo te lo mande. Amén.)

 

“Éstas son las palabras que yo hablé a mi siervo Moisés” (Ver comentarios, versículo 42, capítulo 1).

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Volver a Moisés 3

Ir a Moisés 5

 

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