Moisés 3

 

Los análisis en color verde han sido extraidos del Libro Comentarios de La Perla de Gran Precio, del Sistema Educativo de la Iglesia.

Y aquellos insertados en color marrón del documento Introducción a La Perla de Gran Precio, Guía para Instructores de Institutos.

 

**************************************************************************

 

Relato de Moisés 3

 

CAPÍTULO 3

(de junio a octubre de 1830)

 

Dios creó todas las cosas espiritualmente antes que existieran físicamente sobre la tierra—Es creado el primer hombre y la primera carne—La mujer es una ayuda idónea para el hombre.

 

Conceptos claves a analizar:

1. Adán, el primero de nuestra raza, fue engendrado por padres divinos. Para que surgiera la vida, debía haber un progenitor. Las Escrituras, así como los líderes de la Iglesia, apoyan la posición de que el primer ser de nuestra raza fue un individuo engendrado.

2. A pesar de que Moisés no habla de grados de gloria, parece haber comprendido un concepto similar a este. Empleo la palabra “este” como un movimiento figurativo alejándose de Dios. Para los hombres se inicia su separación de Dios, cuando entran por así decirlo en la mortalidad; esto es, son aislados de su hogar premortal.

3. Todas las cosas son espirituales para Dios. Se habla de la pre mortalidad como de una existencia celestial; pero al ser puestos en el Jardín del Edén, Adán y Eva entraron en un estado de existencia que ha sido designado como terrestre. En este estado no eran meramente espíritus, pues tenían cuerpos tangibles; sin embargo tampoco eran mortales.

4. Se ofreció a Adán escoger entre el permanecer en un nivel de existencia al cual su nacimiento a la tierra le había introducido, o transgredir las leyes de que el nivel de existencia y descender a un estado inferior. Una transgresión contra las leyes terrestres fue necesaria para que Adán entrase a la mortalidad. Se planeó y preparó esa transgresión. Adán tenía que participar de la transgresión por su voluntad.

5. La mujer es la plenitud de la creación del hombre. Antes de que Adán pudiese cumplir su destino, fue necesario que se le concediese la asistencia de su complemento femenino. El hombre, de por sí, es una creación incompleta.

6. La inocencia y la ignorancia no son la misma cosa. Adán era inocente y no estaba avergonzado. Adán y Eva deben haber tenido algún concepto de su propósito en la tierra o el ejercicio del libre albedrío no habría tenido ningún significado para ellos. Adán no era ignorante sino que era inocente de transgresiones.

 

1 Así se terminaron el cielo y la tierra y todas sus huestes.

 

“Así se terminaron el cielo y la tierra”. Del modo indicado en el capítulo anterior, en varios períodos de crecimiento, la tierra coronada con las gloriosas obras de Dios, las huestes que El había creado, es decir toda planta o animal viviendo cuya existencia depende de la abundancia de la tierra, había llegado progresivamente a ser un lugar bueno para quien él habitara el hombre. La tierra estaba lista para sus ocupantes. Fue en ese entonces un orbe celestial; un templo hecho por Dios, “cuyo escabel”, como se ha dicho, “es la tierra que nosotros transitamos; cuyo techo es el cielo que la envuelve; cuyas lámparas son el sol, la luna y las estrellas”, y en cuyo ámbito, podríamos añadir, “se ejecuta un incesante himno universalmente oído, ‘ temed a Dios y dadle gloria… y adorar a quien ha hecho el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de las aguas'” (Apoc. 14:7).

 

2 Y en el día séptimo yo, Dios, acabé mi obra y todas las cosas que había hecho; y descansé el día séptimo de toda mi obra, y todas las cosas que yo había hecho quedaron terminadas; y yo, Dios, vi que eran buenas;

 

El Séptimo Día

“Y en el día séptimo yo, Dios, acabé mi obra”. Los seis días habían finalizado, y el Creador contempló la obra efectuada en cada uno de ellos, el Creador no hace una apología de la obra efectuada, no presentar excusas o pretextos, sino que gozosamente la califica de buena. Tan satisfecho estuvo El de los resultados de sus grandes esfuerzos, que apartó como día de descanso el séptimo día.

 

3 y yo, Dios, bendije el día séptimo y lo santifiqué, por motivo de que en él había reposado de toda la obra que yo, Dios, había creado y hecho.

 

“Y yo, Dios, bendije el día séptimo y lo santifiqué”. Dios, el gran Creador, descanso luego de los seis días que estuvo ocupado en hacer de la tierra la morada del hombre. Durante seis días, había vigilado y planeado, pero ya la tierra estaba lista para el propósito señalado. No es que el Creador estuviese cansado o agotado, sino que estuvo bien satisfecho (Isaías 40:8).

La obra de la Creación sigue adelante. Nunca se detiene sino que se renueva diariamente. En su sabiduría del Señor ha establecido que las cosas no tengan fin. Y para que en la tierra abundaran sus favores y reinara la paz en todo su vasto dominio, él instituyó el Sábado como un día de descanso, un día en el cual pensar en El. El estableció el gran ejemplo; el cesó por un día en todas sus labores, pues había dado fin exitosamente a todo lo que se había propuesto hacer. Dios bendijo el séptimo día y lo santificó.

 

4 Y ahora bien, he aquí, te digo que éstos son los orígenes del cielo y de la tierra, cuando fueron creados, el día en que yo, Dios el Señor, hice el cielo y la tierra;

 

“Estos son los orígenes del cielo y de la tierra, cuando fueron creados”. Algunos comentaristas de la Biblia, al referirse a la narración del Génesis referente a la Creación, argumentan que las palabras “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra, cuando fueron creados”, deberían estar colocadas al comienzo de la narración. El argumento es: probablemente fueron cambiadas de su lugar original que debería ser Génesis 1:1, como se podría deducir de las referencias en Génesis 5:1; 6:9; 10:1 (El comentario de la Biblia de 1 Vol., Editado por el Rev. J. R. Dummelow, M.A., Queen’s College, Cambridge).

Nosotros, sin embargo, consideramos que no es así, pues la frase fue escrita por Moisés, quien la colocó en su debido lugar, 3:4. Además, es así como se lo reveló el Señor al profeta José Smith. En nuestra opinión, esa frase no se refiere a los incidentes que son relatados en el segundo capítulo de Moisés, y que figuran en el capítulo de Génesis, sino que es una declaración informativa escrita por Moisés en cuanto a la Creación.

“El día en que yo, Dios el Señor hice el cielo y la tierra”. Aquí tenemos un nuevo nombre que fue mencionado antes en la historia de la Creación, a saber, Dios el Señor. Que significa Jehová Elohim. Indicándose así que Jehová fue el Creador, bajo la dirección de su Padre. Todas las versiones de la Biblia con el fin de recalcar esto escriben el nombre Señor con letras mayúsculas. De modo que cuando leemos los escritos de Moisés, ya sea en la Biblia o en el Libro de Moisés, podemos substituir el nombre Jehová por su equivalente, Señor.

 

5 y toda planta del campo antes que existiese en la tierra, y toda hierba del campo antes que creciese. Porque yo, Dios el Señor, creé espiritualmente todas las cosas de que he hablado, antes que existiesen físicamente sobre la faz de la tierra. Pues yo, Dios el Señor, no había hecho llover sobre la faz de la tierra. Y yo, Dios el Señor, había creado a todos los hijos de los hombres; y no había hombre todavía para que labrase la tierra; porque los había creado en el cielo; y aún no había carne sobre la tierra, ni en el agua, ni en el aire;

 

“Porque yo, Dios, el Señor, creé espiritualmente todas las cosas”. Esto definitivamente, es una firme declaración sobre la preexistencia de todas las cosas. Hombres, bestias, aves y plantas, fueron creados espiritualmente antes de ser colocados sobre la tierra por el Señor Dios.

El Señor Dios dio entre todas sus obras hechas sobre la tierra no hubo hombre sobre ella para que “la labrase”, y no hubo lluvia que ablandase sus canales y empapase sus surcos (Salmos 65:10). No hubo carne sobre la tierra, ni de hombre, peces o aves. La tierra era un desolado desierto, incapaz de producir sustento para la vida. Por lo tanto, el Creador, habiendo creado espiritualmente a los hijos de los hombres y no existiendo todavía un lugar adecuado para que morasen hizo llover sobre la tierra a fin de que pudieran crecer sobre ella plantas y árboles.

 

Véase:

 

6 mas yo, Dios el Señor, hablé, y subió de la tierra un vapor, y regó toda la superficie de la tierra.

 

“Yo, Dios el Señor, hablé…”. La palabra de Dios causó que de la tierra se elevase un vapor que luego cayó en forma de lluvia. Las gotas de agua refrescaron el suelo reseco; las semillas germinaron y crecieron. En donde antes la tierra estuvo desnuda, ahora se llenó de la gloria de Dios; revestida de verde primaveral toda la tierra resonó con cantos de gozo; quizá en palabras inarticuladas, pero sin embargo incesantes, y escuchadas por todos, exaltó el Santo Nombre: “Temed a Dios y dadle honra. Y adorad a aquel que ha hecho el cielo y la tierra, y el mar y las fuentes de las aguas”.

 

7 Y yo, Dios el Señor, formé al hombre del polvo de la tierra, y soplé en su nariz el aliento de vida; y el hombre fue alma viviente, la primera carne sobre la tierra, también el primer hombre; sin embargo, todas las cosas fueron creadas con anterioridad; pero fueron creadas espiritualmente y hechas conforme a mi palabra.

 

“Yo, Dios el Señor, formé al hombre del polvo de la tierra”. El hombre, la última obra en su tren de progresiva creación, fue formado por el Creador del “polvo de la tierra”. Haciendo que de ese modo lo que antes fue un trozo de barro (cuando Dios terminó de dar forma a la estructura de cuerpo del hombre Él “sopló” en sus narices, el aliento de vida”) se transformara en un “alma viviente”.

A partir de ese humilde comienzo, “del polvo de la tierra”, el hombre se elevó hasta la cima de la excelencia, desde la cual recogió la recompensable bendición que Dios le había dado, “Señoree en los peces del mar, y las aves del aire, y el ganado y toda la tierra”. Si bien la soberanía del hombre fue sobre un reino que le fue dado por Dios, el relato de la Creación por Moisés, indica que al hombre le esperaban más bendiciones, si es que se conservaba íntegro a ciertas restricciones y limitaciones, quien más adelante su Creador le daría a conocer.

De esa manera la carne con forma y atributos humanos, tuvo su comienzo. Dios creó al primer hombre, pero la gran lección revelada en estos escritos de Moisés, es de que, “Todas las cosas fueron creadas antes… pero fueron creadas espiritualmente…” Esto significa: que todas las cosas, plantas, peces, aves, bestias y hombres, fueron creadas antes de ese tiempo, espiritualmente en los cielos, y después tomaron sobre sí cuerpos con los que pudieron morar sobre la tierra. Dios a través de su palabra, quien es su Hijo, apoyó cada uno de los aspectos de su plan, o sea, del plan del Padre.

Nota: el 17 mayo 1843, el profeta José Smith, observó que el texto en Génesis 2:7, Moisés 3:7, debería leerse: “Dios sopló en Adán su espíritu (el espíritu de Adán) o aliento de vida”.

 

Vers. 4-7. Todas las cosas están compuestas de materia eterna; y antes que pensemos en ellas como que tienen la cualidad de la corrupción, esto es, antes que pensemos en ellas como cosas “naturales”, debemos considerar las “espirituales” o “eternas”. Además, espíritu y lo espiritual no significan lo mismo.

Algunos han usado los términos “espíritu” y “espiritual” en forma intercambiable. Sin embargo, el profeta José Smith uso del término “espíritu” para designar la personalidad esencial del individuo que la inteligencia, vestida con un cuerpo y engendrada en el cielo por un Padre y una Madre Celestiales (Abraham 3:23). La expresión “espiritual” como se emplea aquí, quiere decir “eterno” y puede aplicarse a toda la materia que sea espíritu o mortal. El término “natural” es lo opuesto de “espiritual” y el Profeta usaba esta expresión para designar aquellas cosas que no estaban vivas a las verdades eternas. Se puede hablar de una persona que siendo “natural” cuando es cogido en la miopía de la mentalidad mortal que ve la vida como si comenzase con el nacimiento y terminase con la muerte y no puede extenderse a la eternidad para ver los propósitos eternos (D. y C. 29:30-35).

Una cuidadosa lectura de Moisés 3:4-7 evidenciará que Dios no dijo que todas las cosas (plantas, animales, etc.) habían sido creadas en el cielo antes de que estuviesen en la tierra “naturalmente” o en un “estado temporal”, sino que todas las cosas fueron creadas “espiritualmente” -de materia eterna- y ése fue su primer estado. Solamente se habla definitivamente de que los hijos de los hombres fueron creados en los cielos antes de que viniesen a la tierra. Esto no quiere decir que otras cosas no pudieron aparecer en el cielo antes de que fuesen puestas en la tierra, pero podemos ver de que Moisés concentró sus escrituras en el hombre. Todas las cosas fueron creadas para el hombre. El era la parte más importante de las enseñanzas de Moisés.

Ha salido a la luz mucha evidencia que demuestra que el hombre ha estado sobre la tierra desde aproximadamente el año 4000 a. C. Puede ser necesario, por lo tanto, re-evaluar algunas de las cronologías presentadas en la Biblia (que han sido aparentemente copiadas verbalmente de esa fuente a Doctrina y Convenios). No necesitamos, por lo tanto, desechar la idea de que Adán, el primero de nuestra raza, fue engendrado de Dios. Las antiguas tradiciones judías sostenían que el primer hombre había sido literalmente engendrado por Dios. Lucas traza la genealogía de Cristo en descendencia lineal desde Dios. Moisés infirió que todos los hombres debían dejar padre y madre y unirse a sus esposas pues Adán lo había hecho primeramente. Moisés también enfatizó el concepto de que la vida engendra de acuerdo a su propia especie y sumarizó este concepto al decir que el hombre había sido creado a imagen y semejanza de Dios. Los líderes de la Iglesia han dicho en numerosas ocasiones que Adán fue engendrado por Dios, esto es, su tabernáculo mortal. El Profeta José Smith dice que todas las cosas requieren un progenitor.

 

8 Y yo, Dios el Señor, planté un jardín hacia el oriente en Edén, y allí puse al hombre que había formado.

 

“Y yo, Dios el Señor, planté un jardín al oriente en Edén”. El amor de Dios por sus hijos no se manifiesta con tormentas o tempestades, o con una rígida disciplina, sino en las cosas que El pone a su derredor para que sean puros y felices. Todas las cosas son consagradas para el beneficio y mejoramiento de sus hijos. Con este fin el plantó un jardín al oriente de Edén, que nosotros conocemos como Jardín de Edén, en el cual Dios puso al hombre que había creado.

Nota: Edén en hebreo significa deleite o placer.

 

Véase:

 

9 Y de la tierra, yo, Dios el Señor, hice crecer físicamente todo árbol que es agradable a la vista del hombre; y el hombre podía verlos. Y también se tornaron en almas vivientes. Porque eran espirituales el día en que los creé; pues permanecen en la esfera en que yo, Dios, los creé, sí, todas las cosas que preparé para el uso del hombre; y éste vio que eran buenas como alimento. Y yo, Dios el Señor, también planté el árbol de la vida en medio del jardín, y asimismo el árbol de la ciencia del bien y del mal.

 

“Y de la tierra, yo, Dios el Señor, hice crecer físicamente todo árbol”. El jardín de Edén fue plantado por el Creador, no sólo para que Adán se deleite en él, sino para que fuese un hogar en el cual Adán pudiera probar su obediencia a su Creador y su comunión con Él. La vida en el jardín sería para Adán un período de probación, mientras morasen en él.

En ese lugar fueron plantados por el Señor Dios, árboles de todas clases, “agradables a la vista del hombre”, y a la sombra de los cuales Adán caminaba, “al fresco del día”. Como su nombre lo implica, Edén sirvió a Adán como un lugar agradable en el cual morar, y además el pudo ver que cada planta y cada árbol, fueron “para el uso del hombre”, y para alimento.

Este versículo revela, además, que todas y cada una de las cosas que son y fueron creadas, cada árbol y cada planta que crece sobre la tierra, fueron hechas existir con anterioridad por el gran Creador del cielo y de la tierra; “Yo el señor, creé todas las cosas espiritualmente, antes que existiesen naturalmente sobre la faz de la tierra”. Entendiendo de ese modo sus palabras “Y yo, Dios, creé el cielo…” nuestro estudio de los propósitos y de la voluntad de Dios, adquiere forma y dimensión.

De los numerosos árboles hermosos que fueron plantados en su Jardín, el Señor Dios menciona por sus nombres solamente dos: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

 

Véase:

 

10 Y yo, Dios el Señor, hice que saliera un río del Edén para regar el jardín; y de allí se repartía en cuatro brazos.

11 Y yo, Dios el Señor, di al primero el nombre de Pisón, el cual cerca toda la tierra de Havila, donde yo, Dios el Señor, había creado mucho oro;

12 y el oro de aquella tierra era bueno, y había bedelio y ónice.

13 Y el nombre del segundo río era Gihón, el mismo que rodea toda la tierra de Etiopía.

14 Y el nombre del tercer río era Hidekel; y éste corre hacia el oriente de Asiria; y el cuarto río era el Eufrates.

 

Vers. 10-14. “Y yo, Dios el Señor, hice que saliera un río del Edén para regar el jardín”. Las diversas explicaciones sobre estos versículos, los mismos que figuran en Génesis 2:10-14, han causado gran confusión y muchos estudiantes de las Santas Escrituras, están de acuerdo en que el jardín de Edén estuvo situado en algún lugar de la península arábica. Otros mantienen que estas palabras no son más que un agregado a las que escribió Moisés, y que por lo tanto no son suyas. Nosotros no estamos de acuerdo con estas suposiciones. Estas palabras forman parte de la revelación dada José Smith, el profeta, y nosotros sabemos que la revelación que recibió sobre los escritos de Moisés es verdadera y exacta. Fueron dadas a conocer por Dios.

“Yo, Dios el Señor, hice que saliera un río del Edén”, el cual río se dividió en cuatro ramales, de modo que el Edén fuese un jardín irrigado.

Estos ramales se denominaron, comenzando con el primero: Pisón, Gihón, Hidekel y Eufrates. El registro dice que el río Gihón, rodea toda la tierra de Etiopía, y también que el cuarto río “fue el Eufrates”. Debe recordarse que estos nombres, o sus equivalentes hebreo o asirio, son muy antiguos, más antiguos quizá que la historia de la torre de Babel y la dispersión de la humanidad. ¿No es posible que esos dos nombres y los otros mencionados, Pisón y Havila fueran transmitidos por los descendientes inmediatos de Noé, los cuales ciertamente estuvieron familiarizados con la historia del Jardín de Edén? Está estrictamente de acuerdo con las costumbres de los seres humanos en todos los países, denominar sus nuevos lugares de residencia con los nombres del lugar del cual emigraron, o para recordar incidentes importantes acaecidos, en este caso, aquellos que ocurrieron durante la dispensación patriarcal.

 

15 Y yo, Dios el Señor, tomé al hombre y lo puse en el Jardín de Edén para que lo cultivara y lo guardara.

 

“Y yo, Dios el Señor, tomé al hombre y lo puse en el Jardín de Edén, para que lo cultivara y lo guardara”. El gran Creador puso al hombre en el jardín para que lo cultivase y preparase su suelo fértil para ulteriores siembras.

En este versículo el Señor Dios nos enseña en cuanto al trabajo, ennobleciéndolo. En una ocasión cuando Jesús realizó grandes milagros en Sábado, ocupándose así en los negocios de su Padre, los judíos trataron de condenarlo. El respondió a su hipócrita acusación diciendo, “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). El recompensa el trabajo, no la indolencia. Estamos seguros que el Jardín de Edén fue un lugar en el cual había trabajo para hacer. El hombre no fue puesto sobre la tierra para desperdiciar su vida vana o inútilmente. La forma y la estructura del hombre lo capacita para trabajar, y es la providencia de Dios que el hombre por tener en qué trabajar, sea feliz. Mediante el trabajo de sus manos, el hombre puede embellecer las cosas que le rodean.

Que glorifique hemos el Santo Nombre de Dios por darnos a cuidar dentro de la esfera de acción que nos ha dado, sus grandes creaciones. No hay mejor manera de estar en armonía con el Hacedor, que haciendo eso. Que en conexión con esto consideremos una oración que ofrecen los judíos de nuestros días:

“Dios y Padre, hemos entrado en tu santuario en este, tu Sábado, para santificar tu nombre y ofrecerte oraciones de gratitud. La semana de trabajo ha finalizado, ha llegado el día de descanso. Tú, Creador de todas las cosas, nos has dado la bendición del trabajo, de modo que por la labor de nuestras manos, podamos dar forma y belleza a las cosas que usamos. Que podamos día a día emplear este don de manera tal que al mirar nuestro trabajo podamos calificarlo de bueno. Que el fruto de nuestro trabajo pueda ser un servicio aceptable ante tí. Que cada nuevo Sábado nos encuentre más y más fuertes de modo que todo lo que hayamos hecho de bueno lo podamos hacer aún mejor; y que en donde hayamos fallado podamos, mediante tu gracia, recibir la ayuda para mejorar. Que podamos tener conciencia de las oportunidades que has puesto a nuestro alcance para prestar servicio. Ayúdanos a usar nuestros poderes para el beneficio de nuestros semejantes, a fin de que los corazones de tus hijos puedan alegrarse a causa del trabajo de nuestras manos”.

Así es como a Adán le fue dada una ocupación placentera, y durante ese período probatorio él estuvo diariamente en comunión con su Creador, recibiendo enseñanzas sobre cómo vivir y ser feliz.

 

16 Y yo, Dios el Señor, le di mandamiento al hombre, diciendo: De todo árbol del jardín podrás comer libremente,

17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás. No obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido; pero recuerda que yo lo prohíbo, porque el día en que de él comieres, de cierto morirás.

 

Vers. 16-17. “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás”. Luego de que Adán fue puesto en el Jardín, mientras disfrutaba de su hermosura y observaba sus habitantes, notó un extraño árbol distinto de todos los demás, al cual nunca había visto. Adán estuvo cerca de su Hacedor, procuró que Él le informara en cuanto dicho árbol y su fruto. Contestando su pregunta el Señor le dijo que ese era un árbol peculiar al cual El denominaba “el árbol del conocimiento del bien y del mal ser comillas. Se le previno a Adán que no comiera de su fruto, es éste tenía la propiedad de hacer que quien lo comiera se sintiera moralmente responsable por sus actos (Génesis 2:9; 3:1-7).

Al ver que Adán estaba algo desconcertado, el Creador le dijo, “Podrás escoger según tu voluntad”, si comerás o no de él, “Porque te es concedido”. “Pero recuerda que yo te lo prohíbo, porque el día en que de él comieres, de cierto morirás”. Por razón de su inescrutable sabiduría, el Señor Dios, no dio a Adán las razones por las cuales el demandó la pena de muerte para el caso de que Adán desobedeciera su mandato: “Del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comerás de él…” Pero, nosotros entendemos que eso fue parte del Plan de Vida y Salvación.

Cualquiera fuese el caso, obedecer o no el mandamiento del Señor, Adán tuvo la libertad de elegir (DyC 29:34-35; 2 Nefi 2:27; 10:23). Si Adán escogía no dar importancia al cumplimiento de esa prohibición; sí se rebelaba contra la santa ley de Dios y desafiaba la autoridad y sabiduría del Creador y participaba del fruto prohibido, perdería la vida. Así lo había decretado la voz del Todopoderoso Dios. La palabra de Dios es firme. Si la muerte no sobreviniera a Adán, la palabra el Creador quedaría anulada.

Adán vino a esta tierra como un ser inocente, carente de conocimiento de cuanto a la vida en el mundo. El Jardín fue un lugar preparado para Adán por su Padre Celestial, para que fuese su primer hogar terrenal. En ese lugar, bajo un cuidado y una guía providencial, él se capacitaría para llevar a cabo su misión en la tierra.

El conocimiento del bien y del mal es el poder de distinguir entre lo bueno y lo malo. Y significa que Dios no sólo prometió la muerte a Adán, sino que también le dio una razón para discernir entre el bien y el mal. El comer del fruto que le había sido prohibido infundiría en Adán un sentimiento de ser libre para escoger lo bueno o lo malo. La facultad de elegir es una herencia que Adán dijo a toda la humanidad y que él fue el primero en ejercitar.

Adán, al elegir por sí mismo, pudo por experiencia, decir cuál es la diferencia entre lo bueno y lo malo. El elegir el bien, “cuando le fue dado escoger”, hizo que Adán creciera en gracia “y el conocimiento de la gloria de aquel que creó todas las cosas”, y “en el conocimiento de lo que es justo y verdadero” (Mosíah 4:12). Imaginamos que la tarea de adquirir dicho conocimiento, fue para Adán, una larga y agradable experiencia. El comer del fruto que Dios le había prohibido le dio a Adán la facultad de discernir, o el poder para discriminar. No le brindó simplemente los hechos sino el poder para percibir su verdad. El aprendería por experiencia.

Los medios para el progreso y adelanto de Adán fueron la autodisciplina y la educación. El conocimiento se adquiere haciendo; no lo confiere el hecho de desobedecer. Adán fue bendecido no por haber comido del fruto prohibido, sino a pesar de haberlo hecho.

Se ha dicho que, “la libertad que tiene el hombre para elegir, hace posible que él desobedezca, y por el camino de la equivocación lo que es necesario conocimiento, porque el conocimiento del bien y del mal se logra a costa del equivocarse”.

Pero el hombre no se salva más rápido de lo que gana conocimiento. Eso fue verdad en el caso de Adán. De modo que Dios le permitió que comiera del “Fruto del árbol”.

 

18 Y yo, Dios el Señor, dije a mi Unigénito que no era bueno que el hombre estuviese solo; por consiguiente, le haré una ayuda idónea para él.

 

“Le haré una ayuda idónea para él”. Con la tierna atención de un Padre, Dios vigiló a Adán día a día, y hora a hora. El propósito del Creador fue el bienestar de Adán. De todas las criaturas que estaban sobre la tierra, él fue el único hombre, y estaba solo en el Jardín de Edén plantado por Dios. Adán no tuvo a nadie con quien compartir las bellezas que le rodeaban. No fue la voluntad de Dios que él estuviese sólo porque, “no es bueno que el hombre esté solo”.

Por lo tanto, consultando el Padre y el Hijo Unigénito, co-Creador de Adán y de todas las cosas que existieron sobre la tierra, determinaron darle una ayuda idónea, una compañera para que fuese su esposa. Estando solo y sin una ayuda apropiada, Adán no podría haber llenado la medida de su Creación.

Dios se compadeció de la soledad de Adán, el hombre es por naturaleza un ser sociable y el gran Creador por haberle creado, supo cuáles fueron sus necesidades y deseos. Por lo tanto determinó que no fue bueno para Adán estar solo.

 

19 Y de la tierra, yo, Dios el Señor, formé a toda bestia del campo y a toda ave del cielo; y mandé que fuesen a Adán para ver qué nombre les daría; y también fueron almas vivientes, porque yo, Dios el Señor, soplé en ellos el aliento de vida; y mandé que lo que Adán llamara a todo ser viviente, tal fuese su nombre.

 

“A toda bestia… mandé que fuesen a Adán para ver qué nombre les daría”. Las bestias del campo y las aves del aire que Dios había formado, no tenían nombre, así que Dios mandó que compareciesen ante Adán “para ver qué nombre le daba”. En las tendencias físicas y en sus hábitos naturales, Adán vio en ellos ciertas características que las distinguían entre sí; y de acuerdo a estas cualidades peculiares a cada animal, los clasificó en diferentes especies, a las cuales dio un nombre, indicativo de alguna característica. Y por ese nombre fueron conocidas de allí en adelante.

 

20 Y Adán dio nombre a todo el ganado, a las aves del cielo y a toda bestia del campo; pero en cuanto a Adán, no se encontró ayuda idónea para él.

 

“Y Adán dio nombre… a toda bestia del campo; pero en cuanto a Adán no se encontró ayuda idónea para él”. El Señor Dios, habiendo dado previamente a Adán dominio sobre todas las criaturas que él había creado, hizo que Adán les diera un nombre, el que le fue sugerido a Adán por algunas de las peculiaridades que vio en los animales que se presentaron ante él.

De este modo, Adán ejerció la soberanía sobre todas las bestias y aves, que Dios le había otorgado, dándoles su correspondiente nombre, de acuerdo al cual se les asociaría y conocería.

Sin duda que Adán se sintió en cierta forma algo perplejo y confundido, pues entre todas las creaciones de Dios, aparte de él, vio que cada cual tuvo su pareja; pero para él no hubo una compañera, o “una ayuda idónea”.

 

La expresión hebrea que ha sido traducida como “una ayuda propia para el hombre” es realmente una traducción bastante libre de una palabra que quiere decir oponer en el sentido de estar cara a cara. Para ilustrar: al cortar una pelota por la mitad de tal forma que desde un lado uno pudiera mirar esa mitad como si estuviera completamente redonda; pero al girarla, sería obvio que tan sólo una mitad de la bola está presente. Si ambos trozos se uniesen en oposición del uno al otro, o en otras palabras, cara a cara, la pelota aparecería formar nuevamente como algo completo, o una unidad haciendo que ambos parecieran uno. Parece ser que pensando esto Moisés decidió trasmitir lo que concierne a la creación del hombre y su necesidad de alguien que estuviera en oposición ante él, o mejor dicho, que fuera su complemento. El hombre sin la mujer era una creación incompleta en la imagen de Dios, pues solamente un esposo y una esposa pueden disfrutar la máxima bendición de un aumento eterno. Cuando se le dio Eva a Adán, ella llegó a ser su plenitud y se habló figurativamente de ella como siendo hueso de sus huesos y carne de su carne.

 

21 Y yo, Dios el Señor, hice que cayera un sueño profundo sobre Adán, y durmió; y tomé una de sus costillas y cerré la carne en su lugar;

22 y de la costilla que yo, Dios el Señor, había tomado del hombre, hice una mujer y la traje al hombre.

 

Vers. 21-22. “Y yo, Dios el Señor, hice que cayera un sueño profundo sobre Adán”. Estos versículos hablan de la creación de una compañera para Adán, pero en nuestra opinión, las palabras son alegóricas. Sin embargo, aumenta nuestra comprensión de la Gloria de Dios creer en su sabiduría El proveyó una compañera para Adán, tal como lo había hecho con las otras almas vivientes.

No es posible entender completamente de qué modo fue formada la compañera de Adán, pero tenemos que recordar que en los tratos de Dios con el hombre existe una sabiduría que no podemos penetrar; una omnipotencia que apenas si podemos imaginar. Hemos de dejar las cosas que no entendemos para aquel día cuando comprenderemos lo que ahora no sabemos.

Ya creada su compañera, Dios la trajo a Adán.

 

23 Y Adán dijo: Ahora sé que ésta es hueso de mis huesos y carne de mi carne; Varona se llamará, porque del varón fue tomada.

 

“Adán dijo: Varona se llamará”. El gozo de Adán al ver a la que sería de allí en adelante su compañera, sólo refleja su reconocimiento por el hecho de que ella era de su especie. Extasiado exclamó: “Esta es hueso de mis huesos, y carne de mi carne; Varona se llamará, porque del varón fue tomada”. Lo mismo que a las otras creaciones de Dios, Adán dio a su compañera un nombre, percibiendo que en ella había cualidades peculiares. “Ella será llamada Varona” (en inglés woman es notablemente similar a la palabra hebrea, ish, ishshah, esposa-hombre, o ella-hombre, difiriendo del hombre solo en el sexo pero no en su naturaleza.

 

24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer; y serán una sola carne.

 

“Por tanto …el hombre… se allegará a su mujer”. Este versículo nos enseña la santidad de la relación matrimonial. Reconoce que el hombre debe hacer a un lado los lazos que atan a padres e hijos y substituirlos por aquellos que unen firmemente el parentesco de esposo y esposa. El esposo y la esposa unidos no deberían ser separados; lo que Dios juntó, como en este caso de Adán y su esposa, “no lo separe el hombre”.

Dios no hace nada de naturaleza temporal; todos sus actos son de naturaleza perdurable y no tendrá fin. El matrimonio es un sacramento instituido en el principio. Lo mismo que quien lo instituyó, es de eternidad en eternidad, y no hasta que la muerte intervenga (Efesios 5:22-23).

En conexión con esto, será bueno leer las palabras de Cristo en Mateo 19:3-11.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días extienden este dicho del Señor, y en los Templos levantados al Altísimo, el convenio del matrimonio es convertido en algo eterno mediante la ordenanza conocida como Matrimonio Celestial.

 

25 Y estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban.

 

“Y estaban ambos desnudos… y no se avergonzaban”. Ni Adán ni su esposa conocían el mal. Sus cuerpos los recibieron de Dios, puros y limpios: ninguna cosa contaminaba los templos en que habitaban. Ambos fueron inocentes de toda mala acción, no hubo nada en ellos que les hiciera sentirse avergonzados.

.

Volver a Moisés 2

Ir a Moisés 4

 

Una respuesta a Moisés 3

  1. I absolutely love your website.. Excellent colors & theme.
    Did you develop this website yourself? Please reply back as
    I’m planning to create my very own website and want to find out where you got this from or what the
    theme is called. Thanks!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *