“Iniciando el Relato de la Creación”

 

W. Cleon Skousen, “Los Primeros 2.000 Años”,

Capítulo 3: “Iniciando el Relato de la Creación”

 

¿Cuál es el significado de la palabra original Hebrea que fue traducida al inglés como “creó”?

¿Qué debe entenderse entonces por el “poder creador de Dios”?

¿Por qué piensas que el Señor consideró que la humanidad no podría comprender un registro detallado del proceso de creación?

Los cientificos nos dicen que no podemos comprender muchas cosas comunes con las cuales estamos familiarizados. ¿Qué crees qué es a lo que se refieren cuando dicen, “No sabemos lo que es la electricidad; no sabemos lo que es la gravedad; no sabemos lo que es la vida”?

¿Cuándo fue “el principio” referido en Génesis 1:17?

¿De qué tipo de creación es de la que esta hablando el primer CAPITULO de Génesis?

¿Nos ha enseñado la revelación moderna que la “vida” es mucho más complicada en su estructura de lo que los estudiosos han supuesto?

¿Qué pasó el “primer día”? ¿Qué pasó el segundo día? ¿El tercer día?

En el cuarto día algo pasó que demuestra la similitud entre las cosas fisicas y las espirituales. ¿Qué fue?

¿Cuál es el significado de la declaración “fructificad y multiplicaos” durante la fase espiritual de la existencia?

¿Tenemos alguna pista de cómo las varias formas de “vida espiritual” fueron engendradas o producidas durante la preexistencia?

¿Cómo nos ha ayudado el texto “restaurado” del Génesis a entender mejor los dos relatos de la creación?

 

Iniciando el relato de la Creación

Examinemos el relato de la creación como fue dado a Moisés. Debemos enfatizar que la palabra “creó” que algunos hombres han interpretado como “hecho de la nada” realmente viene de la palabra Hebrea que significa “organizar.”[1] En otras palabras, el poder creador de Dios es realmente un poder organizador. Incluso con Dios no existe tal cosa como hacer algo de la nada.

Aparentemente no fue fácil para el Señor presentar el relato de la creación. Esto es obvio en Sus declaraciones a Moisés de que Él estaba consciente del hecho de que los hijos de los hombres no tienen actualmente la capacidad para comprender muchos de los eternos principios usados durante el proceso de la creación. Describir la creación en detalle hubiera provocado más preguntas de las que se hubieran podido responder.

En muchos aspectos somos como niños pequeños que podrían preguntarle a un científico que les explicara cómo se construyen las bombas atómicas. Solamente se podrían dar simples generalidades ya que los complejos procesos y los principios científicos envueltos no serían comprendidos. El Señor tiene un problema similar cuando intenta develarnos un panorama colorido de la creación.

Sin embargo, al principio del milenio, los detalles del relato de la creación nos serán revelados en toda su magnificencia.[2] El Señor dice que habrá conocimiento que “ningún hombre conoció.”

Mientras tanto debemos contentarnos con las generalidades básicas que el Señor le dio a Moisés como base para una revelación mayor que está por venir. Empezamos nuestro estudio con el esquema básico que Moisés recibió.

 

“En el principio”, ¿Cuándo fue eso?

El Señor declaró: “En el principio creé los cielos y la tierra sobre la cual estás.” Aquí es cuando los estudiosos de la Biblia a menudo han tropezado. Ellos han asumido que este “principio” del proceso creativo del Señor se refiere al inicio de la creación temporal de la tierra tal como la conocemos. Pero el “principio” de la creación de la tierra se remonta mucho más atrás. Treinta y cinco versículos después en Moisés 3:5 el Señor lo explica. “Yo, Dios el Señor, creé espiritualmente todas las cosas de que he hablado, antes que existiesen físicamente…” O como el Señor lo explica en otro lugar, todas las cosas fueron creadas “primero espirituales, en seguida temporales.”[3]

En otras palabras, todo el primer capítulo del Génesis que describe cómo fue organizado el planeta, y cómo fueron puestos las plantas, animales y seres humanos, no se refiere a la creación temporal o física de nuestra tierra actual. Se refiere a la creación espiritual de la tierra y la colocación espiritual de las plantas y las criaturas sobre ella.

El hecho, que todas las cosas tuvieron que ser organizadas espiritualmente antes de que fueran “añadidas a” y traídas a esta esfera temporal, indica que la tierra y todas las cosas en ella son mucho más complicadas en su estructura de lo que los hombres se han imaginado. Estas cosas tienen una historia que se remonta mucho más allá del horizonte de las cosas materiales como las conocemos ahora.

 

La Creación Espiritual

La creación espiritual estuvo dividida en seis fases o días. En el primer día la Primera Presidencia de los Cielos se encargó de organizar las aguas o los materiales que formarían la tierra espiritual.[4] A pesar de que ésta fue una creación “espiritual”, los elementos eran reales, materiales primarios, pero eran más refinados que los elementos con los que ahora estamos familiarizados. Los elementos espirituales fueron reunidos el primer día.

“Y otra vez yo, Dios, dije: Haya un firmamento en medio de las aguas; y fue hecho tal como yo mandé; y dije: Separe aquél las aguas de las aguas; y fue hecho;

“y yo, Dios, hice el firmamento y separé las aguas; sí, las grandes aguas debajo del firmamento, de las aguas que estaban sobre el firmamento; y fue hecho tal como yo mandé. Y yo, Dios, llamé al firmamento Cielo; y fueron la tarde y la mañana el día segundo.” (Moisés 2:6–8)

En el segundo día el Señor dividió los materiales que había colectado. Las aguas o materiales fueron divididos en dos partes y el espacio entre ellos fue llamado firmamento o cielo. Las grandes aguas o materiales por debajo del firmamento eventualmente se convirtieron en la tierra. Ninguna otra cosa es dicha respecto al agua o materiales que fueron dejados arriba del firmamento.

“Y yo, Dios, dije: Júntense las aguas que están debajo del cielo en un lugar, y así se hizo. Y yo, Dios, dije: Aparezca lo seco, y así fue.

“Y yo, Dios, llamé a lo seco Tierra, y al recogimiento de las aguas llamé Mar; y yo, Dios, vi que todas las cosas que había hecho eran buenas.

“Y yo, Dios, dije: Produzca la tierra pasto, la hierba que dé semilla, el árbol frutal que produzca fruto, según su especie, y el árbol que dé fruto, cuya semilla esté en sí sobre la tierra; y fue hecho tal como yo mandé.

“Y la tierra produjo pasto, toda hierba que da semilla según su especie, y el árbol que produce fruto, cuya semilla habría de estar en él, según su especie, y yo, Dios, vi que todas las cosas que había hecho eran buenas; y fueron la tarde y la mañana el día tercero.” (Ibid. 2:9–13)

Entonces en el tercer día vemos que los materiales del planeta fueron concentrados y la tierra seca llegó a ser distinguible. El Señor entonces se abocó a organizar y producir la vida espiritual de las plantas –pasto, hierbas y árboles son las que se mencionan específicamente.

“Y yo, Dios, dije: Haya luces en el firmamento del cielo para separar el día de la noche, y sean por señales, y por estaciones, y por días y por años;

“Y sean por luces en el firmamento del cielo para alumbrar la tierra; y fue hecho.

“Y yo, Dios, hice dos grandes luminares, el luminar mayor para señorear el día y el luminar menor para señorear la noche; y el luminar mayor fue el sol y el luminar menor fue la luna; y también fueron hechas las estrellas conforme a mi palabra.

“Y yo, Dios, las coloqué en el firmamento del cielo para alumbrar la tierra,

“El sol para gobernar el día y la luna para gobernar la noche, y para separar la luz de las tinieblas; y yo, Dios, vi que todas las cosas que había hecho eran buenas;

“y fueron la tarde y la mañana el día cuarto.” (Ibid. 2:14–19)

En el cuarto día, al nuevo planeta le fue dado su lugar fijo en el sistema solar lo cual confirma una declaración moderna del Señor de que las cosas que son espirituales son muy parecidas a las cosas materiales con las cuales estamos familiarizados.[5]

“Y yo, Dios, dije: Produzcan abundantemente las aguas seres vivientes que se muevan, y aves que vuelen sobre la tierra en el amplio firmamento del cielo.

“Y yo, Dios, hice las grandes ballenas y todo ser viviente que se mueve, según su especie, los cuales las aguas produjeron en abundancia, y toda ave alada, según su especie; y yo, Dios, vi que todas las cosas que había creado eran buenas.

“Y yo, Dios, los bendije, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y henchid las aguas del mar; y multiplíquense las aves en la tierra;

“y fueron la tarde y la mañana el día quinto.” (Moisés 2:20–23)

En el quinto día el Señor trajo a la tierra espiritual aquellas formas de vida que pertenecen a la esfera marítima. También trajo las varias familias de aves. Al igual que con la vida vegetal previamente mencionada, todas estas criaturas fueron creadas de elementos espirituales. El mandato “multiplicaos” es similar al mandamiento dado poco tiempo después a los espíritus de la humanidad,[6] pero la escritura es clara en cuanto a que este mandamiento simplemente fue anticipado al tiempo cuando ellos tendrían cuerpos físicos y serían investidos con el poder de la procreación en la mortalidad. Como declaró la madre Eva: “De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad.”[7]

¿De dónde vinieron todas estas formas de vida espiritual, ¿plantas y animales? Dado que sabemos que los espíritus de la humanidad eran descendencia de seres resucitados[8], es quizá seguro asumir que otras formas de vida espiritual fueron reproducidas por progenitores en estado resucitado.

“Y yo, Dios, dije: Produzca la tierra seres vivientes según su especie: el ganado, y lo que se arrastra, y las bestias de la tierra, según su género; y fue hecho.

“Y yo, Dios, hice las bestias de la tierra según su género, y el ganado según su género, y todo lo que se arrastra sobre la tierra, según su especie; y yo, Dios, vi que todas estas cosas eran buenas.” (Moisés 2:24–25)

Este fue el recordatorio del reino animal. El Señor nos asegura que estas criaturas también eran de “espíritu” en esta etapa de su existencia.[9]

Entonces, al final, el Padre trajo sobre este planeta espiritual a una gran familia de su propia descendencia espiritual “creada a su propia imagen,” y les dio dominio sobre este magnífico nuevo hogar.[10]

Ahora que la creación espiritual estuvo terminada –no solo el planeta sino también “todas las cosas” que lo habitarían. Entonces el Creador descansó.

 

El Gran Secreto de Dios concerniente a la Creación

Para este punto en la narración, el Señor insertó una explicación para Moisés con la finalidad de que él no confundiera lo que había hecho antes con la descripción de la creación temporal que seguiría. El declaró: “Y ahora bien, he aquí, te digo que éstos (las cosas que ya hemos mencionado) son los orígenes del cielo y de la tierra, cuando fueron creados, el día en que yo, Dios el Señor, hice el cielo y la tierra; y toda planta del campo antes que existiese (temporalmente) en la tierra, y toda hierba del campo antes que creciese. Porque yo, Dios el Señor, creé espiritualmente todas las cosas de que he hablado, antes que existiesen físicamente sobre la faz de la tierra. Pues yo, Dios el Señor, no había hecho llover sobre la faz de la tierra. Y yo, Dios el Señor, había creado a todos los hijos de los hombres; y no había hombre todavía para que labrase la tierra; porque los había creado en el cielo; y aún no había carne sobre la tierra, ni en el agua, ni en el aire.”[11]

Esta es una contribución maravillosa para el entendimiento religioso del hombre moderno.

Comentando respecto a esta valiosa aportación al conocimiento cristiano, B.H. Roberts dijo lo siguiente: “Aprender que la primera descripción de la creación en la Biblia es de tipo espiritual y la segunda de naturaleza temporal, ofrece cierta tranquilidad dado el hecho que remueve todas las aparentes inconsistencias o contradicciones entre los dos registros. Dado que estas son descripciones de dos diferentes cosas en lugar de solo una, no hay nada en la ley de consistencia que requiera que los registros de los diferentes eventos sean iguales.”[12]

Será de gran ayuda para el estudiante que examina los textos disponibles sobre la creación tener en mente que el Señor no da un nombre distintivo a la tierra preexistente o espiritual para distinguirla de la tierra temporal presente. El simplemente de refiere como “la tierra” sin importar si está refiriéndose a la morada preexistente de nuestros espíritus o de su subsecuente embellecimiento como nuestra morada temporal. En ciertas ocasiones Él ha distinguido las cosas preexistentes de las cosas temporales usando un nombre diferente –como cuando llama al Adán preexistente por el nombre de Miguel, y sabemos que Noé fue conocido por el nombre de Gabriel. Con la tierra, sin embargo, no hay tal distinción, y el estudiante debe por lo tanto mantenerlo en mente para evitar confusiones.

Ahora aboquémonos a estudiar la creación temporal.

 

Notas

[1] Enseñanzas de José Smith, pp. 350–351 y nota

[2] D. y C. 101:33

[3] D. y C. 29:32

[4] Moisés 2:2–5

[5] Ver D. y C. 77:2

[6] Moisés 2:27–28

[7] Ibid. 5:11

[8] Brigham Young, Journal of Discourses 6:275

[9] Moisés 3:5

[10] Moisés 2:27–28

[11] Ibid 3:4–5

[12] Roberts, B.H., The Gospel and Man’s Relationship to Deity, p. 277