Comentarios Moisés 2

 

Los siguientes comentarios en color marrón han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 7–9.

Pero también se han insertado en color violeta los comentarios, que son pertinentes al análisis, del manual El Antiguo Testamento Parte 1, Manual del Alumno, págs. 9–11.

 

**************************************************************************

 

MOISÉS 2:1–25

LA CREACIÓN FÍSICA DE LOS

CIELOS Y DE LA TIERRA

 

Moisés 2. Un relato de la creación física

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “El relato de la creación de la tierra como se describe en Génesis, y en el Libro de Moisés, y como se relata en el templo, es la creación física de la tierra, de los animales y de las plantas” (Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 71).

 

¿Cuándo fue “En el principio”? (Génesis 1:1)

Por lo menos dos aclaraciones importantes deben hacerse acerca de estas palabras con las que comienza la Biblia:

Primero, principio tiene un significado relativo y no quiere decir el punto de comienzo de toda la eternidad, si es que puede existir tal punto. El Señor dijo a Moisés que hablaría solamente acerca de esta tierra (véase Moisés 1:40). Las creaciones de Dios son demasiadas para que el hombre pueda contarlas (véase Moisés 1:37; 7:30), y muchos otros mundos ya han “dejado de ser” (Moisés 1:35). Por lo tanto, “en el principio” se refiere sólo al comienzo de esta tierra. El presidente Brigham Young explicó:

“¿Cuándo hubo un principio? Nunca hubo tal cosa; si hubiera habido, también tendría que haber un final; eso describe la eternidad. Cuando hablamos acerca del principio de la eternidad, es sólo una forma de hablar, pues este concepto va más allá de la capacidad de comprensión del hombre.” (Discourses of Brigham Young, pág. 47.)

Segundo, la creación de este mundo no fue el comienzo para los que vendrían a habitarlo. Antes de la creación de la tierra, ellos vivían como hijos espirituales de un padre y una madre celestiales, en una existencia premortal. El presidente Joseph F. Smith dijo:

“¿De dónde venimos? Procedemos de Dios; nuestros espíritus existían antes de venir al mundo. Formaban parte de los concilios de los cielos antes que la tierra fuera creada… Cantamos de alegría con las huestes celestiales cuando se creó la tierra y se diseñó el plan para nuestra existencia mortal y la redención que habríamos de necesitar… No hay lugar a dudas que estábamos presentes en esos concilios cuando esto sucedió… cuando Satanás se ofreció para ser salvador del mundo si a él se le daba el honor y la gloria del Padre… Estábamos allí, sin lugar a dudas, y tomamos parte en todos esos acontecimientos; estábamos muy interesados en llevar a cabo esos grandiosos planes y objetivos; los comprendíamos, se habían decretado para nuestro beneficio y van a ser consumados.” (Citado en Ludlow, Latterday Prophets Speak,págs. 5—6.)

Por lo tanto, todos los hombres habían existido por un período indeterminado antes que el mundo fuera creado (véase D. y C. 49:16—17). El presidente Kimball explicó:

“La vida se repartiría en tres divisiones o estados: preterrenal, terrenal e inmortal. En la tercera etapa estaría comprendida la exaltación, a saber, vida eterna y divinidad, para quienes magnificaran en forma completa su vida terrenal. El comportamiento de uno de estos estados surtiría un efecto trascendental en el estado o estados sucesivos. En caso de que una persona guardara su primer estado, se le concedería el segundo estado… [es decir], la vida terrenal, como período adicional de prueba y experiencia. Si magnificara su segundo estado, su experiencia terrenal, lo esperaría la vida eterna. Para ese fin pasan los hombres por las numerosas experiencias de la vida terrenal, ‘para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare’. (Abraham 3:25)

“Los seres mortales que ahora vivimos sobre esta tierra nos hallamos en nuestro segundo estado.Nuestra presencia misma, con cuerpos terrenales, atestigua el hecho de que ‘guardamos’ nuestro primer estado. Nuestra materia espiritual era eterna y coexistía con Dios, pero nuestro Padre Celestial la organizó en cuerpos de espíritu. Nuestros cuerpos de espíritu pasaron por un intenso período de crecimiento, desarrollo y preparación, y habiendo pasado la prueba con éxito, finalmente se nos admitió a esta tierra y el estado terrenal.” (El Milagro del Perdón,págs. 4—5.)

Este “extenso período de crecimiento y desarrollo” debe haber tenido gran influencia en el estado actual del hombre. Por ejemplo, el presidente Brigham Young dijo que todos los hombres saben que Dios existe aunque algunos de ellos hayan olvidado que lo saben:

“Quiero deciros, a cada uno de vosotros, que conocéis muy bien a Dios, nuestro Padre Celestial, o sea, el gran Elohim. Vosotros lo conocéis muy bien, porque todos habéis vivido en su casa y habéis estado con El año tras año; estáis buscando conocerlo, cuando en realidad, la verdad es que simplemente habéis olvidado lo que sabíais. No hay nadie que no sea un hijo o una hija de este Ser Supremo.” (Discourses of Brigham Young,pág. 50.)

 

Moisés 2:1. ¿Quién creó la tierra?

Jesucristo creó el cielo y la tierra bajo la dirección del Padre (véase Moisés 1:31–33; 2:1). A otros se les concedió el privilegio de ayudarle en la Creación; entre ellos estaba Miguel, o sea, Adán. El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Cierto es que Adán ayudó a formar esta tierra, pues trabajó junto a nuestro Salvador Jesucristo. Yo poseo un fuerte punto de vista o convicción de que hubo otros que también cooperaron con ellos. Tal vez Noé y Enoc, ¿y por qué no José Smith y aquellos que fueron señalados para ser gobernantes antes de que la tierra fuese formada?” (Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 70–71).

 

¿Quién creó la tierra? (Génesis 1:1)

La Biblia dice que Dios creó los cielos y la tierra, pero nosotros tenemos información adicional que nos permite saber quién fue el Creador.

Muchos pasajes de las Escrituras indican que a Jehová, o sea, Jesucristo, antes de venir al mundo, fue a quien se le dio la responsabilidad de llevar a cabo la obra de la creación, no solamente la de esta tierra, sino la creación de muchas otras. Dios le dijo a Moisés: “Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito, los he creado” (Moisés 1:33).

Jehová, o sea, Jesucristo, contó con la ayuda de Miguel para crear la tierra. El élder Bruce R. McConkie explica quién era Miguel:

“El gran príncipe, Miguel, llamado Adán en su estado mortal, le sigue a Cristo en importancia en el plan eterno de salvación y progreso. En la preexistencia, con excepción de Jesucristo, Miguel era el más inteligente, el más poderoso, y el mejor entre los hijos espirituales de Dios que iban a venir a poblar la tierra. El trabajó bajo la guía de Jesucristo y conforme a sus instrucciones. El es el padre de la familia humana y tiene señorío sobre los espíritus de todos los hombres.’ (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 183.) El nombre Miguel aparentemente quiere decir ‘uno que se asemeja a Dios’.

“Miguel ejecutó la parte más importante después de la de Jesucristo, en la creación de la tierra.” (Mormon Doctrine, 2da. edición, pág. 491.)

Abraham dice que entre muchas de las nobles y grandes inteligencias se encontraba “uno que era semejante a Dios” y que le dijo a los demás: “descenderemos,… y tomaremos estos materiales, y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar” (Abraham 3:22, 24). Este pasaje indica que otros, además de Adán, pueden haber ayudado en la Creación.

El élder Joseph Fielding Smith enseñó:

“Cierto es que Adán ayudó a formar esta tierra, pues trabajó junto a nuestro Salvador Jesucristo. Yo poseo un fuerte punto de vista o convicción de que hubo otros que también cooperaron con ellos.

Tal vez Noé y Enoc; ¿y por qué no José Smith y aquellos que fueron señalados para ser gobernantes antes de que la tierra fuese formada?” (Doctrina de Salvación, Tomo 1, págs. 70—71; véase también Abraham 3:22—24)

 

Véase:

 

Moisés 2:1. La tierra no fue creada por accidente ni por casualidad

El élder John A. Widtsoe, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La tierra existe por la voluntad y el poder de Dios… La casualidad está descartada. Los Santos de los Últimos Días creen que la tierra y los cielos, y las diversas funciones que existen dentro del universo, son producto de una inteligencia en acción, de la mente de Dios” (Evidences and Reconciliations, arr. G. Homer Durham, 1960, pág. 150).

 

¿Qué quiere decir la palabra crear? (Génesis 1:1)

La palabra en hebreo que se traduce como “crear” significa dar forma, elaborar; lo que hacen los Dioses (Génesis 1:1). El profeta José Smith explicó:

“Si preguntamos a los sabios doctores por qué dicen que el mundo fue hecho de la nada, ellos nos contestan: ‘¿No dice la Biblia que Dios creó el mundo?’ Y concluyen, por la palabra crear, que debe de haber sido hecho de la nada. Pero la palabra crear vino del término hebreo baurau, que no significa crear de la nada, sino manifestar, dar forma, organizar, así como un hombre organiza los materiales y construye un barco.

“De manera que podemos deducir que Dios tenía a su disposición los materiales para organizar el mundo de todo aquel caos, es decir, materia caótica, que es elemento, y en el cual mora toda gloria. Los elementos han existido desde que nosotros tuvimos existencia. Los principios puros de los elementos son principios que jamás pueden ser destruidos; pueden ser organizados y reorganizados, mas no destruidos. No tuvieron principio, y no pueden tener fin.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 433—436.)

 

¿Por qué el Espíritu se “movía” sobre la tierra que estaba “desordenada y vacía”? (Génesis 1:2; Moisés 2:1)

“La tierra, después de haber sido formada y organizada, por supuesto, no ‘estaba desordenada y vacía’; interpretado del hebreo, y como se encuentra en el relato de Abraham, ‘estaba vacía y desolada’. En el momento en que comienza la descripción de la preparación de la tierra para hacerla habitable, ésta estaba envuelta en agua, y sobre ella el Espíritu de Dios se movía. (La palabra ‘movía’ fue traducida de una palabra del hebreo que describe lo que hacen las aves cuando incuban y protegen los huevos en el nido.)

“La fuerza creativa aquí llamada el ‘Espíritu de Dios’ podría ser la misma que a veces se llama ‘la luz de Cristo’ en Doctrina y Convenios, y es la que actúa sobre los elementos dándoles forma y preparándolos (véase D. y C. 88:7—13). Que el Hijo era el administrador de dicha fuerza, bajo la dirección del Padre, también es evidente en los siguientes pasajes de las Escrituras: Juan 1:1—4 y Hebreos 1:1—2. (Véase también el Libro de Mormón, Helamán 12:8—14 y Jacob 4:6—9)” (Rasmussen, Introduction to the Old Testament, 1:11.)

 

Moisés 2:3. Dios obra por el poder de la fe

El profeta José Smith enseñó:

“Cuando un hombre obra mediante la fe, hace uso de sus facultades mentales en vez de la fuerza física. Toda persona, cuando obra mediante la fe, lo hace por medio de las palabras en vez de los poderes físicos. Dios dijo: ‘Haya luz; y hubo luz’… Y el Salvador dice: ‘…si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará’ o ‘podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería’. Por lo tanto, la fe obra por las palabras; y por su intermedio las obras más grandiosas se han efectuado y se efectuarán…

“…La Creación total que está a la vista, tal como existe en el momento, es el resultado de la fe. Fue por medio de la fe que se formó, y es por el poder de la fe que continúa en su forma organizada, mediante la cual los planetas siguen sus órbitas y hacen brillar su gloria” (Lectures on Faith, págs. 72–73; véase también Mateo 17:20; Jacob 4:6, 9).

 

Moisés 2:3–4. “Y hubo luz”.

El élder John Taylor, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó que Dios “hizo que la luz brillara sobre [la tierra] antes de que el sol brillara en el firmamento [véase Moisés 2:3–4, 14–19]; porque Dios es luz y no hay tinieblas en Él. Él es la luz del sol y el poder por el cual fue hecho; es la luz de la luna y el poder por el cual fue hecha; es la luz de las estrellas y el poder por el cual fueron hechas” (en Journal of Discourses, 18:327; véase también Apocalipsis 21:23–25; D. y C. 88:7–13).

 

Moisés 2:5. ¿Cuán largo fue un día de la Creación?

El presidente Brigham Young, al hablar sobre los seis días de la Creación, dijo que seis días “es simplemente un término, pero da igual si llevó seis días, seis meses, seis años o seis mil años. La Creación ocupó ciertos lapsos de tiempo. No estamos autorizados a decir qué duración tuvieron esos días; ya sea que Moisés haya escrito esas palabras tal como las tenemos ahora o que los traductores de la Biblia hayan dado la interpretación correcta a ellas.

Sea como sea, Dios creó el mundo. Dios hizo traer la materia con la cual formó esta tierra sobre la cual deambulamos. ¿Desde cuándo existe esa materia? Desde siempre, en alguna forma o condición ha existido siempre” (Discourses of Brigham Young, sel. John A. Widtsoe, 1971, pág. 100; véase también Alma 40:8).

El élder Bruce R. McConkie enseñó que un día, en el relato de la Creación, “es un periodo específico; es una era, un eón, una parte de la eternidad; es la época entre dos acontecimientos identificables. Y cada día, sea cual fuere su duración, consta del tiempo necesario para sus propósitos…

“No existe nada revelado que especifique que cada uno de los ‘seis días’ de los que se habla en la Creación fueron de la misma duración” (véase “Cristo y la Creación”, Liahona, septiembre de 1983, pág. 27).

 

La edad de la tierra

Aunque sabemos que el capítulo primero de Génesis no describe el comienzo de todas las cosas, ni el comienzo de la humanidad, sino que describe solamente el principio de esta tierra, no se puede decir con seguridad cuándo ocurrió ese comienzo. En otras palabras, las Escrituras no dan suficiente información para calcular la edad de la tierra. Por lo general, los que aceptan las Escrituras como verdaderas se adhieren a una de las tres teorías básicas que tratan de determinar la edad del mundo. Todas estas teorías se basan en las diferentes interpretaciones de la palabra día,como se usa en el relato de la Creación.

La primera teoría dice que la palabra día quiere decir lo mismo que en la actualidad y, por lo tanto, comprende 24 horas. De acuerdo con esta teoría, la tierra fue creada en una semana, o sea, en 168 horas. Por lo tanto, la tierra tendría ahora aproximadamente seis mil años. (Muchos eruditos están de acuerdo con que transcurrieron aproximadamente cuatro mil años entre la creación de Adán y el nacimiento de Jesucristo; y desde el nacimiento de Jesucristo a la época actual han pasado casi dos mil años.) Muy pocas personas, tanto miembros de la Iglesia como de otras religiones, aceptan esta teoría, puesto que hay muchas pruebas de que se llevó a cabo en un período más largo.

La segunda teoría dice que Abraham recibió revelaciones por medio del Urim y Tumim de que una revolución de Kólob, el astro que se encuentra más cerca de Dios, es equivalente a mil años de los de la tierra (véase Abraham 3:2—4). En otras palabras, podemos decir que un día del Señor equivale a mil años en la tierra; otros pasajes de escritura también apoyan esta teoría (véase Salmos 90:4; 2 Pedro 3:8; Facsímil número 2 del Libro de Abraham, ilustraciones 1, 4). Si la palabra día en Génesis fue usada en este sentido, entonces la tierra tendría aproximadamente trece mil años (7 días de mil años cada uno para la Creación, más casi seis mil años desde la caída de Adán). Algunos dicen que D. y C. 77:12 apoya esta teoría.

A pesar de que la mayoría de los geólogos, astrónomos y otros científicos creen que aun este período más largo no es suficiente para explicar la evidencia física que se encuentra en la tierra en la actualidad, hay un pequeño porcentaje de reconocidos eruditos que no están de acuerdo. Estos últimos afirman que los científicos malinterpretan las épocas geológicas y que tremendas catástrofes en la historia de la tierra han acelerado el proceso que normalmente hubiera llevado miles de años. Sacan sus conclusiones de datos que evidencian la idea de que trece mil años no es una cantidad descabellada. Immanuel Velikousky, por ejemplo, escribió tres libros presentando pruebas de que, en tiempos no muy lejanos, han ocurrido terribles cataclismos, y refuta la idea de que los procesos naturales, en especial los geológicos, se han producido siempre con la misma velocidad, es decir, tomando la misma cantidad de tiempo. Estos tres libros se llaman: Worlds in Collision (Guerra de los mundos), Ages in Chaos (Epocas en caos), y Earth in Upheaval (Los cataclismos de la tierra). Dos científicos mormones, Melvin A. Cook y M. Garfield Cook, también apoyan esta teoría en su libro, Science and Mormonism (Ciencia y mormonismo).

La tercera teoría dice que la palabra día,en hebreo, puede referirse también a un período indeterminado, a una era. La palabra día,del hebreo, tal como aparece en el relato de la Creación, se ha traducido tanto como día,en el sentido literal, como también se ha traducido por un período más largo de tiempo. En Génesis 40:4 se tradujo como días. En Jueces 11:4, una forma de la palabra se tradujo como “andando el tiempo”. Abraham dice que los Dioses llamaron días a los períodos de la Creación (véase Abraham 4:5, 8, 13, 19, 23, 31).

Si Moisés usó la palabra día con ese último significado, entonces el conflicto aparente que existe entre las Escrituras y las evidencias que presentan los científicos que le dan millones de años a la tierra dejaría de existir. Cada una de las eras o días de la Creación podían haber durado millones o cientos de millones de años, y la forma común de medir la edad geológica de la tierra podría ser aceptada. Muchos textos de estudios universitarios explican esta última teoría.

Aunque es interesante estudiar estas teorías acerca de la edad de la tierra, la Iglesia no ha aceptado ninguna de ellas. Por razones que sólo El mismo conoce, el Señor todavía no ha encontrado apropiado revelar los detalles de la Creación. Por lo tanto, aunque a los mormones se nos manda aprender de muchas fuentes (véase D. y C. 88:77—79), no se justifica que nadie quiera establecer una teoría en particular como la teoría oficial de la Iglesia.

 

Moisés 2:6–8. El firmamento dividió las aguas

El élder Bruce R. McConkie enseñó: “ ‘…las aguas’ fueron separadas de entre las superficies de la tierra y de los cielos atmosféricos que la rodeaban. Un ‘firmamento’ o una ‘expansión’ llamado ‘Cielo’ se creó ‘de tal modo que separó las aguas que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión’. Es así, que al ver el desarrollo de los acontecimientos creativos, parece haberse previsto que nubes, lluvias y tormentas dieran vida a lo que aún en el futuro crecería y moraría sobre la tierra. (Véase Moisés 2:6–8; Abraham 4:6–8)” (véase “Cristo y la Creación”, Liahona, septiembre de 1983, pág. 28).

 

¿Cuáles eran las dos “aguas”? (Génesis 1:6—8)

Aguas “debajo de la expansión”, y aguas “sobre la expansión” son un fenómeno común en la tierra.

“El agua que estaba debajo de la expansión era el agua en estado liquido sobre la tierra; y el agua que estaba sobre la expansión se refería al vapor de agua que se acumula en las nubes, que forma parte de la atmósfera y se transforma en lluvia.” (Keil and Delitzsch, Commentary, 1:1:53—54.)

 

Moisés 2:11–12, 21, 24–25. “Según su especie”

El élder Boyd K. Packer enseñó: “No encontramos en la naturaleza ninguna lección más clara que el hecho de que todas las cosas vivientes hacen como el Señor mandó en la Creación. Se reproducen ‘según su especie’. (Véase Moisés 2:12, 24.) Siguen el modelo de sus progenitores… Un pájaro no crecerá para llegar a ser una bestia ni un pez. Un mamífero no engendrará reptiles ni los hombres ‘recogen… higos de los abrojos’ (Mateo 7:16)” (véase “El modelo de nuestro Progenitor”, Liahona, enero de 1985, pág. 53).

 

Los principios de la genética, o las leyes de Mendel acerca de la herencia, fueron establecidos durante la Creación; los tres relatos que cubren ese período hablan de ellos. La expresión “según su especie” se repite en los tres (Génesis 1; Moisés 2; Abraham 4). Abraham lo explica mejor en el capítulo 4, versículos 11 y 12 de su libro. Además, en el versículo 31 encontramos una afirmación de la inmutabilidad de las leyes que el Señor dio a esta tierra (véase también D. y C. 88:36—38, 42—43). El profeta José Smith enseñó:

“Dios ha expedido ciertos decretos que son fijos e inalterables, por ejemplo: Dios puso el sol, la luna y las estrellas en los cielos, y les fijó sus leyes, condiciones y límites que no pueden traspasar sino por mandamiento de El; todo se mueve en armonía perfecta en su esfera y orden, y nos son por luces, maravillas y señales. El mar también tiene sus límites que no puede pasar. Dios ha puesto muchas señales en la tierra así como en los cielos, por ejemplo: la encina del bosque, el fruto del árbol y la hierba del campo son señales de que allí se ha plantado una semilla, porque el Señor ha decretado que todo árbol, planta y hierba que lleve semilla debe reproducir su propia especie, y no pueden nacer de acuerdo con ninguna otra ley o plan.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 238.)

 

MOISÉS 2:26–31

LA CREACIÓN FÍSICA DEL

HOMBRE Y DE LA MUJER

 

¿Es lo que se relata en Génesis un registro de la creación espiritual? (Génesis 2:5)

“El relato de Génesis sobre la Creación no trata de una creación de los espíritus, sino que en sentido particular habla de la creación espiritual. Naturalmente, esto requiere cierta explicación. El relato de Génesis, capítulos 1 y 2, se refiere a la creación física de la tierra; el relato del establecimiento de toda vida sobre ella, desde el principio hasta la caída de Adán, reseña, en un sentido, la creación espiritual de todas las cosas, pero también fue una creación física. Cuando el Señor, dijo que crearía a Adán, no se refería a la creación de su espíritu, pues eso ya había ocurrido muchísimo antes que El (Adán) estuviera en el mundo de los espíritus y fuera conocido como Miguel. (Véase Moisés 2:26—28; Génesis 1:26—28)

“El cuerpo de Adán fue creado del polvo de la tierra, pero en aquel momento ésta era una tierra espiritual. Adán tuvo un cuerpo espiritual hasta que la mortalidad vino sobre él a través de la violación de la ley bajo la cual vivía, pero también tuvo un cuerpo físico de carne y hueso.

“Y bien, ¿qué es un cuerpo espiritual? Aquel que es vivificado por el espíritu y no por la sangre. Después de la Caída, la cual vino por la transgresión a la ley bajo la que Adán estaba viviendo, el fruto prohibido tuvo el poder de crear sangre y cambiar su naturaleza, y la mortalidad tomó el lugar de la inmortalidad, y todas las cosas, participando del cambio, se tornaron mortales. Ahora repito, el relato de Génesis, capítulos 1 y 2, es el relato de la creación física de la tierra y de todo lo que hay sobre ella, pero la Creación no estuvo sujeta a la ley mortal sino hasta después de la Caída. Por lo tanto, ésta fue una creación espiritual y así permaneció hasta la Caída, en la que vino a ser temporal, o mortal. (Véase D. y C. 77:6)” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 72—73.)

 

Moisés 2:26–27. Dios tiene un cuerpo de carne y huesos

La revelación moderna declara que el Padre Celestial “tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre” (D. y C. 130:22). La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acepta literalmente Génesis 1:26 y Moisés 2:26. Como hijos de nuestro Padre Celestial, nuestro cuerpo físico y nuestro cuerpo espiritual son a Su imagen.

 

Moisés 2:26–27. “Varón y hembra los creé”

La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han afirmado: “Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija espiritual de padres celestiales y, como tal, cada uno tiene una naturaleza y un destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida premortal, mortal y eterna” (“La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona, junio de 1996, pág. 10 y octubre de 1998, pág. 24).

 

Cuando Dios creó al hombre también creó a la mujer (Génesis 1:27—28)

“ ‘Y yo, Dios, dije a mi Unigénito, el cual fue conmigo desde el principio: Hagamos al hombre [pero no al hombre solo, sino al hombre completo, es decir, al marido y la mujer] a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y fue hecho.’ (Moisés 2:26) El Señor unió a Adán y Eva por medio del matrimonio eterno, el cual tiene validez más allá de la muerte. Todos deberían casarse de esta manera.

“Luego de haberlos creado a imagen de Dios, se les dio el mandamiento: ‘Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla’ (Génesis 1:28). Después de haber completado esta creación magnífica, los Dioses la contemplaron y dijeron que era muy buena. Tan buena que los científicos de hoy, aunque quisieran, no pueden mejorarla: el hombre creado para labrar la tierra, mantener a su familia, y guiarla; la mujer creada para apoyarlo, cooperar con él, tener hijos, criarlos y enseñarles. Fue una creación, muy buena.

“Y de esa manera lo organizó el Señor. No lo hizo como un experimento; El sabía muy bien lo que estaba haciendo.” (Spencer W. Kimball, “Speaking Today”, Ensign, marzo de 1976, pág. 71.)

 

“Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Génesis 1:26—27)

Hablando del hecho de que Dios creó al hombre a su imagen, el presidente Brigham Young dijo:

“El hombre fue hecho a imagen de su Creador, es exactamente como El: Tiene ojos, frente, cejas, nariz, mejillas, boca, mentón, orejas, tal como nuestro Padre Celestial.” (Citado en Ludlow, Latter-day Prophets Speak, pág. 278.)

A pesar de que el presidente Young nombró sólo al hombre, la palabra se refiere también, en este caso, a hombre y mujer. Algunos de los profetas de estos últimos días han hablado de la existencia de una Madre en el cielo. La Primera Presidencia (Joseph F. Smith, John R. Winder y Anthon H. Lund) declaró esta doctrina en 1908 con las siguientes palabras:

“Todos los hombres y las mujeres fueron creados a la semejanza del Padre y la Madre universales, y son literalmente hijos e hijas de Dioses.” (Citado en Clark, Messages of the First Presidency, 4:203.)

El élder Joseph Fielding Smith, luego de citar Génesis 1:26—27, dijo: “¿No es lógico pensar que los espíritus de las mujeres fueron creados a imagen de una ‘Madre Celestial’?” (Answers to Gospel Questions, 3:144.)

 

Moisés 2:28. ¿Qué significa henchid?

Un análisis del texto de Génesis 1:28 en hebreo nos ayuda a comprender mejor las instrucciones de Dios al hombre y a la mujer cuando les dijo: “…Fructificad y multiplicaos; llenad [henchid] la tierra” La palabra de la cual se tradujo “fructificad” en este versículo es en hebreo parah, que significa “aumentar, dar a luz o dar fruto”. La palabra de la cual se tradujo “multiplicaos” es rabah y significa “llegar a ser muchos”. La palabra en hebreo male se tradujo allí como “llenad o henchid”, que significa eso, “llenar o colmar”. El Señor dice al hombre y a la mujer que tengan hijos (multiplicaos, fructificad).

En 1942, la Primera Presidencia enseñó: “El Señor nos ha dicho que es el deber de todo marido y mujer obedecer el mandamiento dado a Adán de multiplicarse y henchir la tierra, para que las legiones de espíritus escogidos que esperan tabernáculos de carne puedan venir a la tierra y progresar por medio del gran plan de Dios y llegar a ser almas perfectas, porque sin estos tabernáculos de carne no pueden progresar y llegar al destino que Dios ha planeado para ellos. Por lo tanto, todos los maridos y las mujeres en Israel deben llegar a ser padres de niños que nazcan bajo el sagrado convenio eterno” (citado por el élder Boyd K. Packer, “Por esta vida y por la eternidad”, Liahona, enero de 1994, pág. 25).

 

¿Qué significa “llenad”? (Génesis 1:28)

Tanto en el versículo 22 como en el 28 aparece la palabra mole del hebreo, la cual se ha traducido al castellano como “henchid” en algunas versiones y como “llenad” en otras. Ambas son correctas.

 

“Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28)

Si tenemos en cuenta que el propósito más grande de Dios es “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39), de que sin un cuerpo físico el hombre no puede obtener la plenitud de gozo (véase D. y C. 93:33—35) y que venir a la tierra para probarnos es un requisito para lograr el progreso eterno (véase Abraham 3:25), se puede decir sin temor a equivocarse que traer hijos al mundo es una de las cosas de mayor importancia dentro del plan del Señor.

El presidente Spencer W. Kimball habló de la importancia de tener hijos:

“El primer mandamiento que se encuentra registrado en las Escrituras es ‘multiplicaos; llenad la tierra’; que a nadie le pase por la mente que se les mandó tener hijos sin estar casados. Esa idea no tiene fundamento..

“Le he dicho a muchos jóvenes en muchas ocasiones, que no deben posponer el matrimonio hasta que hayan terminado su educación. También les he dicho a miles de jóvenes que después de casados no deben esperar a tener hijos hasta después de haber salido de la universidad o de haber obtenido una buena posición económica. El propósito básico del matrimonio es tener hijos, y cuando se encuentra al cónyuge adecuado, no se debe esperar; deben casarse y dejar que vengan los hijos.

“Parece haber una creciente tendencia a creer que el propósito del matrimonio es legalizar las relaciones sexuales. Por el contrario, su propósito no es satisfacer los deseos sexuales, como el mundo quiere hacernos creer, sino que su propósito es tener hijos y formar una familia. Repito que cuando se ha encontrado el compañero ideal, no se debe esperar. Las jóvenes esposas se deben preocupar de tener y criar hijos. No conozco ningún pasaje de escritura que autorice a las esposas a posponer el tener hijos para salir a trabajar y pagarle de esa forma los estudios a su esposo. Hay miles de muchachos que se han pagado una carrera y a la vez han mantenido a su familia. Aunque hacerlo así es más difícil, es posible hacerlo.” (“Marriage Is Honorable”, en Speeches of the Year, 1973, págs. 262—63.)

 

Moisés 2:28. Al hombre se le dio dominio

El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió que tener “dominio” significa tener responsabilidad (véase The Way to Perfection, sexta edición, 1946, pág. 221). Tener dominio sobre todas las cosas vivientes es una responsabilidad sagrada que no debemos utilizar incorrectamente (véase D. y C. 49:19–21; 59:17–20; 104:13–18; 121:39–46).

El élder Sterling W. Sill, en ese entonces Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Uno de los mensajes más inspiradores de las sagradas Escrituras es la historia del sexto día de la Creación, cuando Dios hizo al hombre a Su imagen, al que dotó también de una serie de Sus propios atributos. Entonces, como el punto culminante de la Creación, Dios dio al hombre dominio sobre todo lo que había en la tierra, incluso sobre él mismo. El diccionario dice que ‘dominio’ significa control o el poder para gobernar. La parte más importante del dominio que se le dio al hombre fue el autodominio” (en “Conference Report”, octubre de 1963, págs. 77–78).

 

¿Cuál era la base de la potestad de Adán sobre la tierra?

“El sacerdocio fue primeramente dado a Adán; a él se dio la Primera Presidencia, y tuvo las llaves de generación en generación. Lo recibió en la Creación, antes de ser formado el mundo, como se ve en Génesis 1:26, 27, 28. Le fue dado el dominio sobre toda cosa viviente. Es Miguel el Arcángel, de quien se habla en las Escrituras.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 182.)