“Conociendo al Autor del Génesis”

 

W. Cleon Skousen, “Los Primeros 2.000 Años”,

Capítulo 1: “Conociendo al Autor del Génesis”

 

¿Quién fue Moisés?

Ciertos académicos han criticado a Moisés por atreverse a registrar como hechos históricos aquellas cosas que ciertamente sucedieron más de 2000 años antes de su nacimiento.

¿Son justificadas tales críticas?

Es imposible apreciar la fiabilidad de la historia más antigua del mundo –Génesis– a menos que examinemos la remarcable vida de este famoso hombre que la escribió.

Moisés nació en Egipto alrededor del año 1.570 a.C. Sus padres eran esclavos –esclavos blancos– que trabajaban bajo los amenazantes latigazos de los capataces Egipcios. De hecho, sus padres pertenecían a la nación Israelita quienes, en calidad de prisióneros en sus centros de trabajo, habían acumulado riquezas para los señores del Nilo durante más de trecientos años.

“Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor.” (Éxodo 1:13–14)

Trecientos años antes los Israelitas habían sido pocos en número pero ahora se habían multiplicado en varios cientos de miles1 y amenazaban la seguridad Egipcia al sobrepasar la población total de los hombres nativos del Nilo.2

Para prevenir esto el Faraón Egipcio expidió un mandato real de ejecución contra todos los niños varones que en el futuro tuvieran las madres Israelitas. Los infantes serían sacrificados al nacer ahogándolos en el Nilo3 infestado por cocodrilos.

Tal era la ley cuando nació Moisés.

 

Un infante marcado para morir

Es quizá difícil comprender el terror de una madre que espera el nacimiento de su hijo sabiendo que si es niño será asesinado delante de ella por los agentes del gobierno.

Tal era la situación de temor en la mente de la madre de Moisés al grado que la orilló a fraguar un plan para mantener a su hijo fuera del conocimiento de las parteras o del monarca idólatra. Requería un ingenio sagaz para una mujer esclava mantener a su hijo en secreto y esconderlo sin llamar la atención.

Sin embargo, la escritura dice que ella estuvo muy complacida cuando él nació, y encontró que Dios la había bendecido con un “hermoso” hijo.4 Pero hermoso, o no, en este momento él era un fugitivo capital sobre quien pesaba una muerte garantizada.

La madre de Moisés fue capaz de mantenerlo oculto durante tres meses.5 En aquellos campos tan conglomerados de esclavos ella sabía que el llanto de la criatura eventualmente llamaría la atención de los vigilantes nocturnos o los informantes pagados. Con desesperación ella lo escondió en una pequeña canasta a prueba de agua fabricada de juncos y calafateada con asfalto y brea. Esta fue puesta entre el carrizal a la orilla del rio con la esperanza de salvarle la vida.

 

Moisés se convierte en príncipe de Egipto

Lo que paso después de esto es una historia bien conocida. El descubrimiento del pequeño Moisés por la princesa Egipcia que vino al rio a bañarse le salvó la vida. Lo salvó porque la mujer Egipcia sintió atracción por la hermosura del niño y lo quiso para ella. De esta manera él fue adoptado en la familia real Egipcia. Pero el pensamiento rápido de María, su hermana, resultó en la contratación de la verdadera madre de Moisés como su “nodriza”.

“a la cual (la verdadera madre de Moisés) dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer (la mamá de Moisés) tomó al niño y lo crió. Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo adoptó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.” (Éxodo 2:9–10)

Quien podría contar la angustia de la madre de Moisés cuando dio de vuelta a su hijo a los brazos ansiosos de la mujer Egipcia. Ella había salvado a su hijo, pero ¿para qué?

Fue la princesa egipcia quien dio su nombre al niño. “y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.6

Durante los próximos cuarenta años7 Moisés recibió su educación y entrenamiento en calidad de príncipe adoptado de Egipto. La biografía escritural de Moisés nada dice respecto de estos años, pero sabemos que debieron haber estado llenos de eventos emociónantes, para este brillante joven Israelita que estuvo rodeado de la sofistería y la traición de la corte real, la cual era famosa por su astucia e intriga.

Moisés supo que él no era un verdadero Egipcio. Él era de un patrón racial diferente – con un código completamente diferente de valores humanos. Sin duda su verdadera madre vio que él había heredado la dignidad y destino de Israel.

Más allá de eso, el océano social entre Moisés y su propio pueblo no evitó que él observara con ojos bien abiertos el cruel trato que ellos recibían. A través de los años, sin duda, un espíritu de indignación y rebelión se fue gestando dentro de él mientras observaba la violenta pasión que los capataces de piel oscura depositaban sobre la espada de sus fieles servidores. Este resentimiento se desbordó un día cuando Moisés observó a un Israelita retorcerse de dolor bajo el látigo de un Egipcio.

Moisés intervino y todo resultó en una violenta lucha. Cuando la pelea terminó el Egipcio estaba muerto.

Moisés presurosamente enterró el cuerpo del Egipcio en la arena. Él sabía que si este incidente llegaba a oídos de Faraón habría pronta venganza. Pero esta situación no se mantendría en secreto por mucho tiempo. Moisés se enteró que el Faraón dio órdenes precisas de que él debía ser capturado y muerto.

Con temor por su vida, Moisés huyo de la tierra de Egipto.

 

Moisés encuentra amigos Hebreos en Madián

Con la desesperada prisa de un fugitivo que huye, Moisés realizó su viaje a través del valle del Nilo, pasó el Mar Rojo, y finalmente se detuvo en la tierra de los Madíanitas. El encontró esta parte de la tierra habitada por un pueblo que también era descendiente de Abraham. Debido a su ropa, Moisés fue primeramente confundido con un Egipcio8 pero después de defender a las siete hijas de Jetro de una banda de beligerantes pastores, estas jóvenes muy agradecidas lo invitaron al hogar de su padre.

Jetro resultó el Sumo Sacerdote del pueblo.9

Moisés pronto se ganó la confianza de Jetro y se convirtió en el administrador de sus rebaños.

Posteriormente se casó con Séfora, una de las hijas de Jetro,10 y en el debido tiempo fue ordenado al Sacerdocio de Melquisedec por Jetro. Jetro había recibido este sacerdocio por descendencia directa de sus padres hasta los días de Abraham.11

Así Moisés inició una nueva vida. Fue la pacífica y tranquilizadora vida de una sociedad pastoril. Moisés la disfruto por cuarenta años.

 

Moisés recibe su llamamiento a los ochenta años

Conforme Moisés se acercaba a la edad de ochenta,12 algunos eventos que empezaron a ocurrir lo transformaron de ser el administrador de los rebaños de Jetro a uno de los profetas más grandes de todos los tiempos. Moisés había llevado los rebaños de Jetro a las cercanías del Monte Horeb – aproximadamente a medio camino de Madián y Egipto. Conforme Moisés caminaba en la frescura de la tarde, contempló una zarza que parecía arder pero sin consumirse. Él se acercó con curiosidad, pero repentinamente escuchó una voz proveniente del fuego que decía: “¡Moisés…! No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es… Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.”13

En la divina comunión que siguió, Moisés aprendió que él había sido elegido por Dios para ¡rescatar a los hijos de Israel de su esclavitud en Egipto! Esto fue un tremendo shock para Moisés, y mientras el sopesaba el significado de esas palabras que sacudían sus oídos, comenzó a ofrecer una serie de excusas. El temía volver a Egipto de donde había huido como fugitivo. Fue necesario para el Señor mostrar su maravilloso poder en diversos incidentes maravillosos antes que Moisés comprendiera completamente el hecho de que con el poder de Dios sosteniéndolo, el no fallaría. Con esta seguridad finalmente el aceptó el llamamiento.

Pero Moisés no estaba aún listo para bajar a Egipto. Hasta este punto todo lo que el sabia acerca de Dios y sus tratos con la humanidad eran las escasas migajas de conocimiento que él había podido obtener de su pueblo esclavizado en Egipto y los principios básicos que le había enseñado su suegro, Jetro. Antes que él pudiera convertirse en el nuevo maestro y profeta señalado para los Israelitas, él debía ser enseñado primero. Moisés tuvo el privilegio de recibir su educación religiosa directamente del Señor en persona.

Para estudíar los siguientes eventos en la vida de Moisés nos remitiremos a unas escrituras valiosas que llegaron a nosotros hace aproximadamente un siglo. Estas escrituras son conocidas como “El Libro de Moisés.” La porción que ahora estudíaremos fue dada al profeta José Smith por revelación directa en el año 1830. Aquí se revela por primera vez la manera cómo Moisés fue preparado para su gran llamamiento y cómo Moisés llegó a escribir el Génesis.

 

La forma como Moisés fue preparado para el liderazgo

Para recibir su educación espiritual Moisés fue arrebatado “a una montaña extremadamente alta… el nombre de la cual no se sabrá entre los hijos de los hombres.”14 Entonces el registro continúa:

“Y vio a Dios cara a cara, y habló con él, y la gloria de Dios cubrió a Moisés; por lo tanto, Moisés pudo soportar su presencia. Y Dios habló a Moisés diciendo: … He aquí, tú eres mi hijo; mira, pues, y te mostraré las obras de mis manos; pero no todas, porque mi obras son sin fin, y también mis palabras, porque jamás cesan.” (Moisés 1:2–5)

¡Aquí hubo una visión celestial de las más extraordinarias! En su condición “transfigurada” a Moisés le fue permitido ver a Dios. Habló con el Creador de la Tierra “cara a cara” y percibió la literal veracidad de la declaración de que Dios creó al hombre a su propia imagen.

Aparentemente fue el propósito de Dios adoctrinar la mente de Moisés con una rápida pero impresiónante visión de Su poder y gobierno en el Universo; para eliminar tan rápido como fuera posible cualquier debilidad que Moisés haya podido absorber durante su vida temprana en Egipto. Dios advirtió a Moisés que lo que estaba a punto de mirar era solo una porción de Su gloria y dominio, pero al menos esto daría a Moisés cierta comprensión del infinito poder de la divina Personalidad del que ahora estaba parado delante de él.

“Y ahora bien, he aquí, te revelo sólo esto, Moisés,… Y aconteció que Moisés miró, y vio el mundo sobre el cual fue creado; y vio Moisés el mundo y sus confines, y todos los hijos de los hombres que son y que fueron creados.” (Moisés 1:7–8)

Esto parece haber sido una historia panorámica de la raza humana. Si fue así, debió haber tomado un considerable período de tiempo presentarla a Moisés y cuando hubo terminado “grandemente se maravilló y asombró”15 Pero incluso antes de que él pudiera recobrar su compostura la visión repentinamente se desvaneció.

 

Moisés pierde una gran oportunidad

“Y la presencia de Dios se apartó de Moisés, de modo que su gloria ya no lo cubría; y Moisés quedó a solas; y al quedar a solas, cayó a tierra. Y sucedió que por el espacio de muchas horas Moisés no pudo recobrar su fuerza natural según el hombre, y se dijo a sí mismo: Por esta causa, ahora sé que el hombre no es nada, cosa que yo nunca me había imaginado.” (Moisés 1:9–10)

Estas palabras de Moisés manifiestan el efecto de humildad que la visión provocó en él.

Conforme sus fuerzas fueron regresando Moisés reflexiónó respecto al maravilloso privilegio que se le había concedido. Con toda seguridad esta fue la primera vez desde los días de José – cerca de cuatrocientos años– que un Israelita había tenido una visión celestial. Entonces repentinamente se le ocurrió a Moisés que se acababa de perder una magnífica oportunidad.

Toda su vida él había cavilado respecto a los misterios del universo. A través de los años miles de preguntas habían retumbado en su mente. ¿Por qué no había aprovechado esta oportunidad para ventilar estos problemás mientras estuvo parado en la presencia de Dios? Sin embargo, el mero hecho de que se le había permitido tener una entrevista, le dio valor para esperar otra. Dijo el, “No cesaré de clamar a Dios; tengo otras cosas que preguntarle”.16

Pero antes de que Moisés pudiera recibir otra revelación del Señor él iba a estar sujeto a una prueba muy severa. El estaría expuesto a una exhibición satánica de poder administrada por el príncipe de las tinieblas en persona. Aparentemente Dios deseaba imprimir sobre su nuevo siervo comisiónado que hay dos grandes fuerzas en el universo – una constructiva, la otra destructiva. Él quería que Moisés fuera capaz de distinguir entre ellas. A Lucifer le fue, por tanto, permitido aparecer delante de Moisés y soltar su influencia completa sobre él. Primero, el tentó a Moisés tal como después lo haría con el Salvador, y cuando esto falló, Satanás atacó nuevamente con violenta rabia y trató de intimidarlo con una terrorífica demostración de modo que Moisés “empezó a temer grandemente; y al comenzar a temer, vio la amargura del infierno. No obstante, clamando a Dios, recibió fuerza, y mandó, diciendo: Retírate de mí, Satanás, porque sólo a este único Dios adoraré, el cual es el Dios de gloria.”17

La vital lección que el Señor había querido darle a Moisés, éste la había aprendido. Cuando Satanás vio que había fallado desviar a Moisés él le gritó con una salvaje denuncia. El registro declara que con la amargura de su frustrante ambición el “gritó en voz alta, con lloro, y llanto, y crujir de dientes.”18 Finalmente, se fue.

Moisés ahora estaba preparado para recibir una de las más grandes revelaciónes jamás dada al hombre.

 

Notas

1 Números 2

2 Éxodo 1:9

3 Ibid. 1:22

4 Ibid. 2:2

5 Ibid. 2:2

6 Ibid. 2:10

7 Hechos 7:22–23

8 Éxodo 2:19

9 Ibid. 2:1–6

10 Ibid. 2:21

11 D.yC. 84:6–16

12 Hechos 7:30

13 Éxodo 3:5–6

14 Moisés 1:1, 42

15 Moisés 1:8

16 Moisés 1:18

17 Ibid. 1:18–22

18 Ibid. 1:22