Comentarios Moisés 1

 

Los siguientes comentarios en color marrón han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 3–7.

 

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Introducción

Poco después de que la Iglesia fue organizada, el 6 de abril de 1830, el Señor mandó al profeta José Smith comenzar una traducción inspirada de la versión del rey Santiago de la Biblia. Hoy, a esa revisión inspirada, en la que el Profeta trabajó hasta el momento de su muerte, se le conoce como la Traducción de José Smith. El profeta José Smith restauró a la Biblia “muchas partes que son claras y sumamente preciosas, y también… muchos de los convenios del Señor” que se habían quitado (1 Nefi 13:26; véase también 1 Nefi 13:39–40). Entre junio de 1830 y febrero de 1831, el Profeta terminó desde Génesis 1:1 hasta Génesis 6:13, que ahora forma parte de la Perla de Gran Precio como Moisés 1–8.

El libro de Moisés se puede dividir en dos secciones principales: Moisés 1, que relata las experiencias de la vida de Moisés que no se encuentran en el libro de Génesis, y Moisés 2–8, que contiene los relatos inspirados y restaurados de acontecimientos que se describen en la Biblia, entre los que se encuentran la creación de la tierra; la caída de Adán y Eva; la historia de Caín y Abel; el ministerio, las enseñanzas y las visiones de Enoc; y la historia de Noé hasta el tiempo en el que el Señor decretó la destrucción de toda carne por medio del Diluvio. Al llegar aquí, debemos regresar a Génesis 6:14 para continuar el registro histórico.

El profeta José Smith escribió como introducción a Moisés 1: “El Señor, que conocía bien nuestra situación principiante y delicada, nos dio fortaleza y nos concedió ‘línea sobre línea de conocimiento: un poco aquí y un poco allá’, de lo cual lo que sigue es una valiosa porción” (History of the Church, tomo I, pág. 98; citado por el élder Neal A. Maxwell; “La vida premortal, una gloriosa verdad”, Liahona, enero de 1986, pág. 12).

 

MOISÉS 1:1–11

DIOS SE REVELA A MOISÉS

 

Moisés 1:1. “Moisés fue arrebatado a una montaña extremadamente alta”

La visión que se registra en Moisés 1 tuvo lugar después de que Jehová habló a Moisés desde la zarza que ardía pero antes de que éste sacara a los hijos de Israel de Egipto y cruzaran el Mar Rojo (véase Moisés 1:17, 25–26).

 

Moisés 1:2, 9–11. ¿Cómo pudo soportar Moisés la presencia de Dios?

Moisés pudo soportar la presencia de Dios porque “la gloria de Dios cubrió a Moisés” (Moisés 1:2); fue transfigurado (véase el vers. 11; también D. y C. 67:10–12).

El élder Bruce R. McConkie, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió:

“La transfiguración es un cambio especial que experimenta la apariencia y la naturaleza de una persona o cosa por medio del poder de Dios. Esa transformación divina eleva a la persona desde un estado más bajo a uno más alto y da como resultado una condición más exaltada, admirable y gloriosa…

“Por medio del poder del Espíritu Santo, muchos profetas han sido transfigurados para poder estar en la presencia de Dios y presenciar visiones de la eternidad” (Mormon Doctrine, segunda edición, 1966, pág. 803).

 

Moisés 1:3–8. ¿Quién habló a Moisés?

El personaje que le habló a Moisés fue el Jesucristo premortal, que es Jehová, el Dios del Antiguo Testamento.

Al ser uno con el Padre Celestial, Jesús en ocasiones habla como si Él fuera Dios el Padre (véase Moisés 1:6). Eso se conoce como investidura divina, por medio de la cual Cristo está investido con autoridad para hablar por el Padre y en Su nombre (véase también D. y C. 29:1, 42, 46).

El presidente Joseph Fielding Smith escribió: “Toda revelación desde la Caída ha venido por medio de Jesucristo, quien es el Jehová del Antiguo Testamento… Él es el Dios de Israel, el Santo de Israel, el que sacó a aquella nación de su cautiverio en Egipto y el que dio y cumplió la Ley de Moisés. El Padre nunca trató directa o personalmente con el hombre después de la Caída, y nunca se ha mostrado a no ser para presentar y dar testimonio del Hijo” (Doctrina de Salvación, comp. Bruce R. McConkie, 3 tomos, tomo I, pág. 25).

Para ejemplos adicionales del Padre dando testimonio de Su Hijo, véase Mateo 3:16–17; 17:5; Juan 12:28; 3 Nefi 11:6–7; José Smith—Historia 1:17.

 

Moisés 1:4–6. Moisés es un hijo de Dios

Todas las personas de la tierra son hijos espirituales de Dios, nuestro Padre Celestial. En un discurso que la Primera Presidencia escribió en 1909, titulado el “Origen del hombre”, dijo: “El hombre es hijo de Dios, formado a la imagen divina e investido de atributos divinos, y así como un hijo de madre y padre terrenales puede llegar a ser un hombre a su debido tiempo, así la progenie aún sin desarrollar y que viene de padres celestiales puede, mediante el aprendizaje a través de las épocas y de los siglos, evolucionar hasta llegar a ser un Dios” (véase Mi reino se extenderá, pág. 78; véase también Hechos 17:27–28; Hebreos 12:9; Marion G. Romney, Learning for the Eternities, George J. Romney, comp. 1977, págs. 31–32).

 

Moisés 1:6. “Aparte de mí no hay Dios”

La frase “aparte de mí no hay Dios” no debe interpretarse como que el género humano no tiene el potencial eterno de llegar a ser como Dios. En un discurso que la Primera Presidencia dio en 1912 acerca de Moisés 1:6, ofreció un contexto histórico con el fin de ayudarnos a comprender esa frase:

“Moisés se crió en un ambiente idólatra, ya que entre los egipcios había gran número de dioses. Al comenzar la obra que el Señor dijo a Moisés que tenía para él, era necesario que éste concentrara sus pensamientos y su fe en Dios el Padre Eterno como el único Ser al cual adorar…

“…El solo objeto de adoración, Dios el Padre Eterno, ocupa un lugar supremo y único, y es sólo en el nombre del Unigénito que, para ese propósito, nos acercamos a Él, como Cristo siempre enseñó” (“Only One God to Worship”, Improvement Era, abril de 1912, págs. 484–485).

El élder Boyd K. Packer, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “El Padre sí es el único Dios verdadero. Por cierto que nadie le superará, ni nadie ocupará Su lugar. Tampoco nada cambiará la relación que nosotros, Su progenie literal, tenemos con Él. Él es Elohim, el Padre. Él es Dios. Sólo hay Uno como Él. Reverenciamos y adoramos a nuestro Padre y nuestro Dios” (véase “El modelo de nuestro Progenitor”, Liahona, enero de 1985, pág. 56).

 

Moisés 1:6. “Para mí todas las cosas están presentes”

El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Dios no vive en la dimensión del tiempo como nosotros; no sólo nos obstaculiza (tanto física como intelectualmente) nuestro estado finito sino también el encontrarnos en la dimensión del tiempo. Por otra parte, dado que ‘todas las cosas están presentes’ para Dios, Él no solamente predice basándose únicamente en el pasado. En una forma que no está clara para nosotros, Él ve el futuro en lugar de preverlo, ya que todas las cosas a la vez están presentes delante de Él” (Things As They Really Are, 1978, pág. 29; véase también Alma 40:8; D. y C.130:4–7).

Acerca del conocimiento de Dios de todas las cosas, el profeta José Smith enseñó: “Sin el conocimiento de todas las cosas, Dios no podría salvar a ninguna de Sus criaturas; ya que en virtud de ese conocimiento de todas las cosas que Él tiene, desde el principio hasta el fin, puede brindar ese conocimiento a Sus hijos, lo cual permite a éstos ser partícipes de la vida eterna. Si no fuese por el concepto que tienen los hombres de que Dios es poseedor de un conocimiento pleno, ellos no podrían ejercer fe en Él” (Lectures on Faith, 1985, págs. 51–52; véase también D. y C. 88:41; 93:8–36).

El conocimiento previo de Dios sobre todas las cosas no obstaculiza ni limita nuestra libertad para escoger el bien o el mal. El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Muchas personas han llegado a creer que esta precognición de Dios es una predestinación por medio de la cual quedan señaladas las almas para gloria o condenación aun antes de su nacimiento en la carne, y sin consideración al mérito o indignidad del individuo. Esta doctrina herética trata de despo jar a Dios de Su misericordia, justicia y amor; presentaría a Dios como un ser caprichoso y egoísta, dirigiendo y creando todas las cosas únicamente para Su propia gloria, sin importarle los sufrimientos de Sus víctimas. ¡Qué terrible! ¡Cuán ilógico este concepto de Dios! Conduce a la absurda conclusión de que el simple conocimiento de sucesos futuros va a obrar como fuerza determinante para efectuar dichas cosas. El conocimiento que Dios tiene de la naturaleza espiritual y humana le permite saber con exactitud lo que sus hijos harán en determinadas condiciones; sin embargo, este conocimiento ninguna fuerza compulsiva ejerce en aquel hijo” (Los Artículos de Fe, pág. 212).

 

Moisés 1:8

En las escrituras hay evidencias de que esta capacidad de ver en el pasado y en el futuro, está al alcance de los seres espirituales. Por ejemplo, “vio Moisés el mundo y sus confines, y todos los hijos de los hombres que son y que fueron creados,” (Moisés 1:8; véase también Moisés 1:27–29) y dio testimonio de que vio con sus propios ojos, “no mis ojos naturales, sino mis ojos espirituales; porque mis ojos naturales no podrían haber visto. . .” (Ibid 1:11) La visión mostrada a Enoc, quien vio “todas las cosas aun hasta el fin del mundo,” (Ibid 7:67 y todo el capítulo 7) ciertamente debe haber sido recibida de la misma manera.

Parece ser que el hermano de Jared disfrutó del privilegio de contemplar tanto el pasado como el futuro con los ojos del espíritu mientras conversaba con el Señor en el monte Shelem. La escritura nos dice que “fue quitado el velo de ante los ojos del hermano de Jared. . .” (Éter 3:4) y que “no se le pudo impedir que viera dentro del velo,” (Ibid 3:19) así que el Señor “mostró al hermano de Jared todos los habitantes de la tierra que había habido, y también todos los que había de haber; y no los ocultó de su vista, aun hasta los cabos de la tierra.” (Ibid 3:25)

Indudablemente los seres espirituales poseen el poder especial de ver otras épocas. Aunque no es frecuente que los seres mortales tengan la oportunidad de ver con los ojos espirituales, todos podrán disfrutar de este privilegio cuando dejen atrás las limitaciones de sus cuerpos mortales y pasen al reino espiritual.

Se cree que los que moran en el mundo espiritual gozan de otros poderes y sentidos que no están al alcance de los seres mortales. En una ocasión Orson Pratt dijo:

“Cuando hablo de la condición futura del hombre y la situación de nuestros espíritus entre la muerte y la resurrección, anhelo con vehemencia la experiencia y el conocimiento que ganaremos en ese estado. Allí aprenderemos muchas otras cosas. No es lógico suponer que nuestros cinco sentidos nos vinculan con todas las cosas de los cielos, la tierra, la eternidad y el espacio, ni que somos conocedores de todos los elementos de la naturaleza gracias a los sentidos que Dios nos ha dado en esta vida. Supongamos que nos dé un sexto, séptimo, octavo, noveno, o un decimoquinto sentido. Todos ellos nos comunicarían nuevas ideas, así como el gusto, el olfato o la vista nos transmiten conceptos diferentes a los que nos suministra el oído.” (JD 2:247)

Continuó su discurso describiendo algunos de los sentidos y poderes característicos de los seres espirituales y comentó sobre tres de ellos en particular.

En primer lugar describió la alta capacidad de recordar que tienen los seres espirituales:

“Ayer leímos o aprendimos algo mediante la observación pero hoy o mañana lo olvidaremos. . . Parte del conocimiento que recibimos aquí, llega a borrarse por completo y, debido a la debilidad del sistema animal, no podemos hacerlo regresar a nuestra mente. No existe asociación de ideas que pueda hacerlo volver. Se ha ido. Ha desaparecido. Ha sido erradicado de los códigos de la memoria. Esto no se debe a la falta de habilidad del espíritu porque el espíritu tiene la plena capacidad de recordar. . . No es por causa del espíritu que el hombre olvida lo que aprendió el día anterior, sino por causa del tabernáculo en que mora el espíritu, porque hay imperfección en la constitución de carne y huesos, y en las cosas pertenecientes al tabernáculo. Eso es lo que borra de nuestra memoria cosas que hubieran sido útiles. No podemos retenerlas en la mente. Se han ido al olvido. No sucede lo mismo con el espíritu cuando es liberado de este tabernáculo. . . Esperad hasta que estos cuerpos mortales yazcan en la tumba, cuando regresemos al hogar del Dios que nos dió la vida. Ese será el momento en que tendremos el más vivido conocimiento de todos los hechos de nuestras vidas durante nuestro estado probatorio.” (Ibid, pág. 239)

El élder Pratt habló de un segundo poder del que va a disfrutar el hombre en el mundo espiritual. Enseñó que además de tener un aumento en la capacidad de la memoria, los seres espirituales disfrutarán de una mejor visión y podrán ver con todas las partes de sus cuerpos:

“Por medio de nuestros cuerpos llegamos a conocer la luz y el color. En otras palabras, el Señor ha construido el ojo mortal y lo ha ubicado de tal manera que es capaz de funcionar bajo la influencia de uno de los elementos de la naturaleza llamado luz. Esto nos da una gran variedad de conocimiento. . . Suponed que el espíritu entero estuviera descubierto y expuesto a todos los rayos de luz, ¿podría suponerse que la luz no afectaría al espíritu si éste estuviera sin protección, descubierto, sin ropa? ¿Suponéis que no sería susceptible a los elementos de la luz? El espíritu tiene la capacidad innata de experimentar las sensaciones de la luz. Si no fuera así, no podríamos ver. Podríais hacer un ojo tan fino como fuera posible, pero si el espíritu por sí mismo no fuera capaz de reaccionar ante los rayos de la luz, el ojo no sería de ningún beneficio. Luego desvestid el espíritu y en lugar de exponer a la acción de los rayos de luz una pequeña porción, aproximadamente del tamaño de una arveja, exponedlo en su totalidad. Pienso que podríamos ver en diferentes direcciones a la vez, podríamos mirar todo en derredor en un mismo instante. . . Entonces se abriría un vasto campo a la vista del espíritu, veríamos no sólo en una, sino en todas las direcciones. . . Cuando ya no tengamos este cuerpo, podremos ver no sólo en una dirección, sino en todas las direcciones. Esto resultará en la obtención de nuevas ideas, concerniente a la inmensidad de las creaciones de Dios, de los mundos que pueden estar más allá del alcance de los instrumentos más poderosos que hayan estado al servicio del hombre. Esto nos dará información y conocimientos que nunca podríamos obtener morando en este tabernáculo mortal. (Ibid, págs. 242–244)

(Duane S. Crowther, La Vida Sempiterna I, págs. 15–17)

 

Moisés 1:10. “El hombre no es nada”

Moisés había vivido cuarenta años como príncipe de la familia real de Egipto y fue venerado como un renombrado líder militar. Sin embargo, después de haber visto por sí mismo el poder y la gloria de Dios, con humildad admitió que en comparación: “el hombre no es nada”. El élder Neal A. Maxwell escribió que la declaración de Moisés “ciertamente no se dijo para menospreciar al hombre, ‘el milagro más grande de Dios’, sino para colocarlo en la vasta perspectiva de las creaciones de Dios y hacernos entender que aun así somos la obra exclusiva de Dios y Su gloria más grande” (Notwithstanding My Weakness, 1981, pág. 75). Las Escrituras de los últimos días afirman la veracidad del hecho de que con Dios y por medio de Dios, el hombre puede cumplir su potencial divino para llegar a ser incluso como Él (véase D. y C. 76:55–59, 92–95; 88:107; 121:29; 132:20).

 

MOISÉS 1:12–23

SATANÁS MANDA

A MOISÉS QUE LO ADORE

 

Moisés 1:19. ¿Por qué afirmaría Satanás ser “el Unigénito”?

La arrogante afirmación de Satanás pone en evidencia su motivo principal: engañar a la humanidad para que lo adoren a fin de que, al igual que él, sean desdichados para siempre (véase 2 Nefi 2:17–18; Moisés 4:1–4). Además, pone en evidencia los fines principales de Satanás: el obtener el poder y la gloria del Padre Celestial y el suplantar y usurpar la función de Jesucristo. No hay dudas de que Satanás busca desplazar al mismo Padre.

 

Moisés 1:20. “Moisés empezó a temer grandemente”

Cuando Moisés comenzó a temer en presencia de Satanás, vio la amargura del infierno. El estar constantemente en rebelión contra Dios es realmente un infierno y la forma en que Satanás desea que vivamos. Sin embargo, si somos fieles no tenemos por qué temer, ya que sabemos que la sabiduría de Dios es mayor que la astucia del diablo (véase D. y C. 10:43). Sabemos además que Satanás será finalmente atado (véase D. y C. 45:55; 88:110), temblará de miedo (véase D. y C. 35:24) y será expulsado de esta tierra y de entre sus habitantes (véase D. y C. 76:33, 36). Aun ahora podemos atar a Satanás al vivir rectamente, para que de esa forma no tenga poder sobre nosotros (véase 1 Nefi 22:26).

 

Moisés 1:12–22. Las tentaciones de Satanás

El élder Spencer W. Kimball, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dio la siguiente sugerencia sobre cómo oponer resistencia a las tentaciones de Satanás:

“En el ejemplo del Salvador se recalca la importancia de no dar cabida a la tentación ni en el más mínimo grado. ¿Acaso no reconoció el peligro cuando se hallaba en el monte con su hermano caído, Lucifer, ante la fuerte tentación del consumado tentador? [véase Mateo 4:1–11]. Pudo haber abierto la puerta y jugado con el peligro, diciendo: ‘Muy bien, Satanás, escucharé tu proposición. No es necesario que yo me someta; no tengo que rendirme; no hay necesidad de que yo acepte; pero escucharé’.

“Cristo no transigió de esta manera. Terminante y prontamente dio fin a la discusión, y mandó: ‘Vete, Satanás’, dándole a entender probablemente: ‘No quiero verte más; retírate de mi presencia; no quiero escucharte; no quiero tener nada que ver contigo’. Leemos que tras esto ‘el diablo entonces le dejó’.

“Éste es nuestro modelo apropiado, si es que queremos evitar el pecado más bien que tener frente a nosotros la tarea, mucho más difícil, de curarlo. Al leer la historia del Redentor y Sus tentaciones, estoy seguro de que utilizó Sus energías para fortalecerse contra la tentación, más bien que para lidiar con ella a fin de vencerla” (véase El Milagro del Perdón, págs. 218–219).

 

MOISÉS 1:24–42

MOISÉS APRENDE MÁS ACERCA

DE LA OBRA DE DIOS

 

Moisés 1:24. El Espíritu Santo estuvo en la tierra en la época del Antiguo Testamento

Desde la época de Adán, el Espíritu Santo ha estado en la tierra inspirando y testificando a los hijos de Dios. El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “El hecho real es que todos los profetas tuvieron el Espíritu Santo, y fueron guiados y dirigidos por Él. Sin este poder no hubiesen sido profetas. Pedro dijo que la profecía misma no ‘fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo’ [2 Pedro 1:21]. El libro de Moisés, que es el relato original y perfecto de una parte del Génesis, menciona al Espíritu Santo; y también lo hacen los profetas nefitas, incluso los que vivieron en la época anterior a Cristo” (véase Doctrina de Salvación, tomo I, pág. 44).

 

Moisés 1:35–38. “Hay muchos mundos”

El presidente Brigham Young dijo: “¿Cuántas tierras hay? Esta mañana observé que se pueden tomar las partículas de materia que componen esta tierra y, si se pudiesen contar, sólo serían el principio del número de las creaciones de Dios; y continuamente se están creando y cambiando y pasando por las mismas experiencias por las que estamos pasando nosotros ahora” (en Journal of Discourses, tomo XIV, pág. 71).

 

Moisés 1:35–39. Jesucristo redimió todas las creaciones de Dios

El élder Marion G. Romney, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Jesucristo, en el sentido de ser su Creador y Redentor, es el Señor de todo el universo. Excepto por Su ministerio mortal llevado a cabo en esta tierra, Su servicio y relación con otros mundos y sus habitantes son los mismos que con los de esta tierra y sus habitantes…

“…En pocas palabras, Jesucristo, mediante quien Dios creó el universo, fue escogido para poner en acción el gran plan de Elohim, de ‘llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre’ —el Evangelio de Jesucristo— el único camino por el que el hombre puede obtener la vida eterna” (véase “Jesucristo, Señor del Universo”, Liahona, abril de 1969, págs. 10, 12).

 

Moisés 1:39. La inmortalidad y la vida eterna

El élder Bruce R. McConkie escribió: “La inmortalidad es vivir eternamente en un estado resucitado con un cuerpo y un espíritu inseparablemente unidos” (Mormon Doctrine, pág. 376). Todos los hijos de Dios que obtengan cuerpos mortales resucitarán algún día y recibirán cuerpos físicos inmortales (véase 1 Corintios 15:22).

El presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Vida eterna es tener la clase de vida que Dios tiene. Todos aquellos que se convierten en siervos tendrán inmortalidad, pero los que se convierten en hijos e hijas de Dios tendrán el don adicional de la vida eterna, que es el máximo don de Dios” (Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 8). El presidente Spencer W. Kimball enseñó que “la vida eterna… es lograr la exaltación en el cielo más alto” (“Cristo, nuestra eterna esperanza”, Liahona, febrero de 1979, pág. 109).

 

Moisés 1:39. La generosidad de Dios

Después de citar Moisés 1:39, el presidente Marion G. Romney, que fue consejero de la Primera Presidencia, dijo: “Por lo tanto, vemos la completa generosidad de nuestro Padre Celestial. Su gloria y el propósito total de Su obra es dar vida eterna y felicidad a Sus hijos. Por consiguiente, ¿no debería ser el propósito de nuestra vida el servirnos con rectitud los unos a los otros? Si no es así, ¿cómo entonces esperar ser como Él?” (véase “Vivir los principios del Plan de Bienestar”, Liahona, febrero de 1982, pág. 167).

 

Moisés 1:29–39. Mundos sin fin han sido creados por Dios

Hay muchos reinos en los cuales los hombres morarán después de la resurrección. El Salvador se refirió a ellos cuando le dijo a Pedro: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera os lo hubiera dicho.” (Juan 14:2) El apóstol Pablo explicó que estos reinos varían en gloria, cuando dijo que “Otra es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas; porque una estrella es diferente de otra en gloria.” (1 Cor. 15:41) Entonces modestamente, (ya que se refería a él mismo), escribió: “Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.” (2 Cor. 12:2)

Una gran revelación dada a Moisés muestra que hay muchos mundos, y que gran número de estos se encuentran más allá del poder del hombre de contarlos o comprenderlos porque han “dejado de ser” y sirven ahora de lugares para el descanso final de sus habitantes. En esa revelación Dios establece el propósito de Su gran programa creador:

. . .Concerniente a los muchos reinos de entre estos numerosos mundos que serán otorgados a los hombres como galardón eterno, el Presidente Brigham Young comentó:

“Los reinos que Dios ha preparado son innumerables. . . No se nos ha revelado cuántos reinos hay, pero son innumerables. Los discípulos de Jesús fueron a morar con él. ¿A dónde irá el resto? A reinos preparados para ellos, donde vivirán y perdurarán.

En otra ocasión, concerniente a los varios niveles o grados de gloria, también dijo:

“El reino celestial es el más alto de todos. También se habla del reino telestial y del reino terrestre. Cuántos más reinos de gloria hay, no me corresponde a mí decirlo. Sé que son innumerables. Esto es motivo de gran gozo para mí.”

El apóstol Orson Pratt explicó que las muchas mansiones del Padre son mundos de mayor y menor magnitud:

“Esta tierra, esta creación, llegará a una gloria. Las glorias que existen ahora son innumerables para el hombre. Dios por toda la eternidad ha estado organizando, redimiendo y perfeccionando creaciones en la inmensidad del espacio. Todas esas creaciones, cuando son santificadas por la ley celestial y hechas nuevas y eternas, serán la morada de sus antiguos habitantes que fueron fieles, los cuales también ganarán inmortalidad de acuerdo con y por medio de la ley celestial. Esas son las moradas a las que se refirió el Salvador cuando dijo: “En la casa de mi padre muchas moradas hay.” En otras palabras, se podría decir: en los dominios de nuestro Padre hay muchas moradas. No son como las moradas edificadas por los hombres, pero mundos de mayor y menor magnitud. Los de primer grado son cuerpos celestiales exaltados de los cuales la luz celestial radiará por la inmensidad del espacio.”

(Duane S. Crowther, La Vida Sempiterna I, págs. 292–294)

 

Moisés 1:40–41. A Moisés se le encomendó escribir acerca de esta tierra

Además de su llamamiento de libertar a los hijos de Israel del cautiverio egipcio, a Moisés se le encomendó que escribiera acerca de los acontecimientos que habían tenido lugar desde la creación de la tierra hasta los últimos días de su propia misión. Los primeros cinco libros de la Biblia contienen los escritos de Moisés; sin embargo, algunas de las verdades que Moisés registró en esos cinco libros fueron quitadas de la Biblia por hombres inicuos que alteraron su texto bíblico (véase 1 Nefi 13:24–28; Moisés 1:23). El profeta José Smith, por medio de revelación, restauró muchas verdades que se habían perdido (véase 2 Nefi 3:6–15; Moisés 1:41).