La Escritura Egipcia

 

La Escritura Egipcia

y el

Mensaje de los Facsímiles

 

Las primeras críticas del libro de Abraham estaban basadas en el uso de los facsímiles impresos en las ediciones de La Perla de Gran Precio.

Los facsímiles del Libro de Abraham han sido estudiados por egiptólogos, y sus propias opiniones o traducciones han contrastado con aquellas hechas por José Smith. En ningún caso ha existido un acuerdo. Este hecho ha impactado y molestado a un número de Santos de los Últimos Días para quienes el texto en sí mismo no es suficiente testigo de un origen inspirado. Los eruditos de fuera de la Iglesia han reconocido repetidas veces no haber estudiado el texto de Abraham como dando a José Smith la base de su propio mérito intrínseco. En efecto, ellos no se atreven a atacar el texto ya que saben muy bien que mucho de él puede ser reafirmado por otros documentos existentes relacionados con Abraham.

Recientemente, los eruditos estuvieron obligados a restringir sus críticas de las traducciones interpretadas de los facsímiles aparecidos en las ediciones de la Perla de Gran Precio. Ahora, sin embargo, aparece que la Iglesia no está solamente en posición de algunos de los papiros que el profeta José Smith realmente usó en la traducción del texto de Abraham, sino fotografías de algunas notas hechas por José Smith durante su trabajo con el papiro, no están disponibles para la inspección crítica. El profeta ha sido catalogado como un fraude y un charlatán por los críticos más extremados. Los elementos más conservadores simplemente le han reconocido como un genio que usó el término “traducir” vagamente como lo hizo en la revisión de la Biblia. Un profeta nefita una vez escribió:

“Por tanto, un hombre, siendo malo, no puede hacer lo que es bueno; ni presentará una ofrenda buena.

“Porque he aquí, una fuente amarga no puede dar agua buena; ni tampoco puede una fuente buena dar agua amarga; de modo que si un hombre es siervo del diablo, no puede seguir a Cristo; y si sigue a Cristo, no puede ser siervo del diablo.

“Por consiguiente, todo lo que es bueno viene de Dios, y lo que es malo viene del diablo; porque el diablo es enemigo de Dios, y lucha contra él continuamente, e invita e induce a pecar y a hacer lo que es malo sin cesar.

“Mas he aquí, lo que es de Dios invita e induce a hacer lo bueno continuamente; de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios.

“Tened cuidado, pues, amados hermanos míos, de que no juzguéis que lo que es malo sea de Dios, ni que lo que es bueno y de Dios sea del diablo” (Moroni 7:10–14).

 

Los eruditos y letrados no Santos de los Últimos Días y algunos pocos dentro de la Iglesia han usado los fragmentos de los papiros descubiertos recientemente para sustentar sus críticas a la traducción del libro de Abraham, alegando que esta no es lo que implica ser.

La primera publicación del libro de Abraham fue presentada con el acompañamiento de una explicación que este texto “implicaba” ser una “traducción” de los registros del antiguo Abraham. Las publicaciones posteriores de estos materiales han aparecido sin incluir tal presentación en el texto. Esto puede tener un considerable significado de la manera que se hizo la primera presentación. La palabra “implica” lleva el sentido de “pretender que significa”, mientras que la palabra “traducir” puede significar la interpretación o expresión de una idea de las palabras originales o de alguna diferente manera. Por cierto, una traducción implicada podría ser un intento de interpretar un texto de tal modo que quizás amplíe y embellezca, y el nuevo texto quede de esta manera con un significado mucho más claro y comprensible.

Moisés puede muy bien haber visto en el poema épico de Gilgamish la versión mesopotámica de Noé y el incidente del diluvio. ¿Quién puede decir que Moisés no haya hecho una “traducción” o interpretación del poema de Gilgamish en la parte de la narración de Noé y el diluvio?

¿Tienen todos los cristianos las mismas ideas o comprensión acerca de Dios que los Santos de los Últimos Días? Ya que obviamente no es así, aunque generalmente ellos usan los mismos términos, ¿qué pueden las futuras generaciones concluir en relación con los Santos de los Últimos Días y sus creencias si ellos basan sus investigaciones de nuestras creencias en documentos originalmente protestantes o católicos? ¿Se puede decir que existe una similitud en el caso de Abraham?: Esto es, ¿podría un antiguo documento escrito en egipcio ser interpretado de una manera por los eruditos y en un sentido completamente diferente por un Profeta inspirado?

 

Algunos eruditos en la Iglesia están sugiriendo enfoques enteramente nuevos para la comprensión de la “escritura” original de Abraham.

Los facsímiles indudablemente se asemejan a documentos y artículos funerarios egipcios existentes, pero se ha llegado a la evidencia que muy poco de la comprensión hecha del original de las escrituras antiguas, han sido hechas por los tan llamados eruditos.

Uno puede investigar dentro de las palabras del texto “traducido” del libro de Abraham para encontrar pistas acerca de la metodología usada por José Smith en la traducción. Por ejemplo, no habría por qué esperar encontrar palabras hebreas traducidas del egipcio en el texto de Abraham; y sin embargo allí están. Está muy claro para cualquier erudito hoy día que ninguno de los caracteres egipcios de los papiros que ahora pertenecen a la Iglesia son en apariencia hebraicos.

Cuando se compara el texto completo del Libro de Abraham según este aparece en la Perla de Gran Precio con las notas hechas por José Smith de los caracteres del papiro, nuevamente es obvio que no tenemos allí una traducción ordinaria, ordinaria en el sentido de una convencional traducción literal. El Profeta parece no haberse guiado por palabras individuales, sino por ideas completas. Las fuentes usadas para la elaboración de estas ideas pueden muy bien haber sido textos ya existentes relacionados con Abraham –fuentes del Libro de Mormón, Gálatas, Hebreos, Génesis, y un número de fuentes apócrifas existentes en inglés por lo menos 50 años antes que José Smith empezará su trabajo en Abraham. El siguiente texto y los caracteres que lo acompañan tomados de las “notas” ilustrarán la naturaleza y convencional de la traducción de José Smith:

“y su voz vino hasta mí Abram, Abram, he aquí que mi nombre es Jehová, y yo lo escuchaba, y de sentido (tal como dice), para liberaros y llevaros (tal como dice) desde tu casa, y con toda tu parentela (tal como dice); hacia una tierra extraña, la cual tú no conoces, y esto por causa de que vuestros corazones (tal como dice) se han tornado lejos de mí, para adorar al Dios de Elk–kee–nah, y ………………. de ibnah (tal como dice) y de Mah mach rah y el dios de faraón rey de Egipto; sin embargo yo he descendido a visitarlos y a destruirlos quienes ………………. y contra de Abram mi hijo ………………. su vida; he aquí, los enviaré con mi mano y los traeré y los pondré en mi nombre aún en el sacerdocio de mi padre, y mi poder estará sobre ellos; como estuvo con Noé y será a través de ellos que se conocerá el ministerio en mi nombre en la tierra por siempre; por …….. yo soy ……..”

Es inconcebible que José Smith pudiera haber pensado que podía alterar un texto para el mundo aún cuando fuera con una traducción convencional del egipcio. El había estado estudiando idiomas y estaba en perfecta posesión del conocimiento de los idiomas como era usado por el común de los eruditos. No existe evidencia alguna que José Smith nunca intentara guardar sus notas y su trabajo fuera del alcance del mundo. La posición contraria parece encajar mejor en su manera de operar. Si el Profeta hubiera querido perpetrar un fraude, ciertamente no habría hecho notas detalladas que podrían ser revisadas por las generaciones futuras. El debe haber estado convencido en su interior que los significados por el traducidos eran sostenibles en sumo grado. Solamente la idea de interpretar ciertas frases con ideas inherentes a los significados básicos de los caracteres egipcios, parecen ajustarse mejor al cuadro.

Los textos funerarios o de las pirámides que más tarde llegaron a ser el Libro de los Muertos eran extremadamente sagrados porqué contenían los conocimientos esenciales para obtener la vida eterna para el faraón. Pueden haber existido algunas dudas de que el real significado de estos textos estuviera perdido hasta generaciones más tarde cuando los texto llegaron a ser propiedad de cualquiera que podía pagar el precio padre que un escriba le hiciera una copia. El texto del Libro de Abraham presentó una visión de un faraón que no tiene derecho del sacerdocio del cual puede venir la salvación. El habría estado dispuesto a reclamarlo, y Abraham es visto razonando con él sobre el principio de la vida eterna. Las fuentes apócrifas muestran al faraón admitiendo la superioridad de Abraham, pero imposibilitado de publicarlo y decir sus conocimientos, puesto que él es un rey. ¿Aceptó el faraón lo que Abraham le enseñó, y fue este conocimiento transmitido a la familia real como una posición sagrada que debía estar oculto a los ojos profanos?

No fue de todos los caracteres aparecidos en el papiro en posesión de José Smith que él tomó los relatos de Abraham. Realmente, el uso relativamente pocos caracteres; así que puede ser que solamente una parte específica de los rituales sucedidos se relacionaran con Abraham. Quizás estos pocos caracteres o símbolos sirvieron como suficiente trampolín al profeta José Smith para que su mente dedujeron de todas las fuentes disponibles aquello que sería conocido de Abraham de tal modo que se pudiera hacer una interpretación o traducción de los materiales relacionados con el tema. Este escritor sintió que el largo texto relacionado con Enoc en el libro de Moisés de la Perla de Gran Precio tiene un tipo similar de interpretación que cuando ningún texto original estaba disponible para el estudio del Profeta.

Sería tonto para los Santos de los Últimos Días declarar que los eruditos están equivocados en su traducción de los fragmentos del papiro que está en posición de la Iglesia. Champollion rompió el misterio del lenguaje egipcio y publicó su gramática egipcia en 1830. Los eruditos han usado esa obra maestra y han desarrollado sobre ella más conocimientos hasta el punto que la escritura del antiguo egipcio es fácilmente traducida hoy en día. Esto no implica, sin embargo, que los eruditos siempre entiendan lo que han traducido. Eruditos independientes han traducido los papiros de la Iglesia y han concordado en sus traducciones, demostrando así la precisión de las traducciones convencionales.

Un número de eruditos han señalado las similitudes entre los facsímiles del libro de Abraham con aquello de los textos funerarios tan típicos en las escrituras funerarias egipcias. Aquí nuevamente no existe la necesidad de negar las similitudes. Es sabido que alguna vez los textos funerarios estuvieron disponibles para cualquier egipcio que pudiera pagar los servicios de un escriba y podría ser copiados una y otra vez. Es muy significativo que solamente en un definido texto de Abraham sería preciso decir que las pictografías fueron hechas para representar las cosas específicas relacionadas con el texto. Incidentalmente los eruditos están llegando a darse cuenta que han hecho una falsa interpretación de éstos místicos dibujos.

El Dr. Hugh Nibley ha sugerido que el profeta José Smith puede no haber tenido acceso a las fuentes apócrifas relacionadas con Abraham, pero tenemos evidencia cierta de que él al menos tuvo acceso al Libro de Jasher más o menos en 1840. Es posible que la Iglesia haya estado en posición de una traducción del Libro de Jasher antes de esa fecha, sin embargo, la importancia de esto es que existen algunas muy interesantes concordancias entre el Libro de Moisés y el Libro de Jasher. Por ejemplo, en Génesis se hace mención del nacimiento de un hijo a Lamec. El fue llamado Noé porque la gente tenía la esperanza que este hijo los liberara de los trabajos y fatigas producidas por una maldición pronunciada sobre la tierra por el Señor. Que maldición es, el lector no es informado en las narraciones bíblicas. Sin embargo, en la narración de Jasher leemos:

“Pero en los últimos días de Methuselah, los hijos de los hombres se apartaron del Señor, y corrompieron la tierra, robaban y se saqueaban unos a otros, y se rebelaron contra Dios y transgredieron, y corrompieron sus vías, y no escuchaban la voz de Methuselah, sino que se rebelaban contra de él.

“Y el Señor estuvo grandemente enojado contra ellos, y el Señor continuó destruyendo las semillas en aquellos días, de tal modo que nada se podía sembrar ni cosechar en la tierra.

“Y cuando ellos sembraban algunas semillas para poder obtener algún alimento para su sustento, he aquí, se producían espinas y abrojos de lo que ellos habían sembrado… Y Lamech tenía ciento ochenta años cuando desposó a Ashumea, la hija de Elisaha el hijo de Enoch su tío, y ella concibió.

“Y por aquel tiempo los hijos de los hombres sembraban la tierra, y un poco de alimento se producía, no obstante los hijos de los hombres no abandonaron sus diabólicas vías, y ellos pescaban y se rebelaban contra el Señor.

“Y la esposa de Lamech concibió y le dio un hijo en su tiempo, en la revolución de un año.

“Y Methuselah le puso por nombre Noé, diciendo, la tierra estaba en sus días en reposo y libre de toda corrupción, y Lamech, su padre, lo llamó Menachem, diciendo: Este nos consolará en nuestros trabajos y miserables fatigas sobre la tierra, la cual Dios ha maldecido” (El Libro de Jasher, J. H. Parry & Compañía, Salt Lake City, 1887 IV, pág. 4–14).

En el libro de Moisés también leemos acerca de esta hambre, la que no es mencionada en el libro del Génesis:

“Y sucedió que Matusalén profetizó que de sus lomos nacerían todos los reinos de la tierra (mediante Noé), y se complacido.

“Hicimos sobre la tierra un hambre muy grave, y el Señor maldijo la tierra con penosa maldición y muchos de sus habitantes murieron.

“Y Lamec vivió ciento ochenta y dos años y engendró un hijo.

“Y le puso por nombre Noé, diciendo: Este Hijo nos consolará en cuanto a nuestro afán y el trabajo de nuestras manos, por causa de la tierra que el Señor ha maldecido” (Moisés 8:3–4, 8–9).

Existen otros cerrados paralelos entre el Libro de Jasher y el Libro de Moisés, en lo relativo a Enoc, todo lo cual hace que uno piense que al hacer su “revisión” de las escrituras, el profeta José Smith puede no haber obtenido ventaja de los materiales apócrifos.

Consideremos ahora algunos de los paralelismos en el caso de Abraham:

La primera cosa que llama nuestra atención tanto en el Libro de Abraham como en el Libro de Jasher, es la relación entre el padre de Abraham y el rey idólatra. El texto de Jasher dice:

“… y los habitantes de la tierra hicieron ante ellos, por ese tiempo, cada hombre su dios; dioses de madera y piedra los cuales no podían hablar, ni escuchar, ni comunicarse, y los hijos de los hombres les servían y llegaban hacer sus dioses.

“Y el rey y todos sus sirvientes, y Terah con todos sus familiares estaban entonces entre los primeros que servían dioses de madera y piedra” (Libro de Jasher 9:6–7).

Mientras que el énfasis que el Libro de Jasher da a la frase “los hijos de los hombres” como desobedientes no tiene paralelo con el Libro de Abraham, este rasgo se encuentra definitivamente en el Libro de Moisés.

El libro de Abraham presenta a Abram como un hombre recto y justo en la familia de su padre. No se nos ha dicho por qué era así, cuando el hecho paradójico es que Terah y su gente eran idólatras. ¿Por qué había de ser Abram diferente? El Libro de Jasher nos proporciona una respuesta. Parece que el malvado rey estaba deseoso de hacer matar al infante Abram porque temía el día en que este fuera una amenaza para su poder.

Mientras que el Libro de Abraham no nos dice nada de la temprana estadía con Melquisedec, ciertamente sugiere el Abraham 1:2 en donde Abraham dice que encontrando otra residencia donde él estaría en condiciones de encontrar una gran felicidad, aprender grandes principios, y obtener el privilegio perteneciente a los padres, es decir, el sacerdocio. El Libro de Abraham supone un regreso a la familia de Terah, en donde el Libro de Jasher específicamente menciona que al regreso. Tanto la narración de Jasher como la de Abraham toman a Abraham llamando al arrepentimiento a Terah y animándolo a volver “a los padres” y alejarse de la falta de honradez y rectitud. Ambas narraciones nombran al rey inicuo y a Terah conspirando para arrebatar la vida de Abram, seguido esto luego por la maravillosa liberación. Aunque el Libro de Abraham pone a Abram colocado en un altar para que sea tomada su vida, el Libro de Jasher lo muestra colocado en un horno sagrado. Ambos sacrificios eran ritualísticos y el plan del rey inicuo fue frustrado por la intervención divina. En ambos textos el corazón de Haran no se encontraba limpio ni probó delante del Señor, y su vida no es preservada. Así, el matrimonio de Abraham y Nehor con las hijas de Haran, Sara y Milca era necesario. En ambas narraciones la divina intervención del Señor a favor de Abram trae como consecuencia que éste esté en condiciones de caminar con tranquilidad en la tierra por un tiempo. Paralelos en ambas narraciones y completamente distintas de las narraciones de la Biblia es el hecho que todas estas acciones estén relacionadas a la tierra de los Caldeos. La narración bíblica de la vida de Abram comienza con él en Haran.

En ambas narraciones es el hecho de que el rey sea incapaz de tomar la vida de Abram, el que abre el corazón de Terah a la comprensión de sus erradas vías. La narración de Jasher muestra a Abraham convenciendo a su padre de que el malvado rey está solamente usándolo para sus propios propósitos y que finalmente Terah será destruido por el rey.

En ambas narraciones, el viaje a Canaán es postergado por una detención en Haran para poder pastorear allí. La narración de Abraham dice:

“… y mi padre se quedó en Haran y habitó allí porque había muchos rebaños en Haran…” (Abraham 2:5).

En la narración de Jasher se lee:

“… y cuando ellos llegaron tan lejos que alcanzaron Haran permanecieron allí, por ser una excelente tierra para el pastoreo, y alcanzaba para todos aquellos que le acompañaban…” (Libro de Jasher 13:1).

Ambas escrituras muestran Abram predicando el evangelio y ganando almas en Haran, y finalmente tomando las almas que había ganado y llevándolas fuera de la tierra de Haran.

La paradoja de que el faraón es tanto caldeo como egipcio, está muy bien explicada en el Libro de Jasher, por un tal Rikayón, nativo de Shinar, que por subterfugios llegó a ser el primer faraón en Egipto. Esto es importante porque la narración de Abraham podría estar en error si interpreta de modo tal que el faraón se suponía que había sido el primer gobernante en Egipto. Realmente, Egipto había tenido reyes gobernando sobre un Egipto unido tan temprano como el año 3000 a. C., y Abraham llegó mucho más tarde que esa fecha. Los modernos eruditos han escrito mucho acerca de la influencia Caldea en Egipto y han declarado que muy poco de lo que se niega es verdad. Rikayón, el primero en ser llamado faraón, llegó a ser una prolongación de la temprana disputa entre Nimrod y Abraham:

“Y el rey y su súbdito amado Rikayón, por su sabiduría, y él consultó a todos los habitantes de Egipto para nombrarlo como su prefecto bajo el poder del rey.

“Y todos los habitantes de Egipto y todos los hombres más sabios lo aprobaron, y fue hecha una ley en Egipto.

“Y ellos nombraron a Rikayón Faraón prefecto bajo Osiris, rey de Egipto, y Rikayón Faraón gobernó sobre Egipto, diariamente administraba justicia a toda la ciudad, pero Osiris, el rey debía juzgar al pueblo de la tierra un día en un año, cuando hacía su aparición.

“Y Rikayón Faraón astutamente usurpó el gobierno de Egipto, y cobró un impuesto de todos los habitantes de Egipto.

“Y todos los habitantes de Egipto amaban grandemente a Rikayón Faraón, e hicieron un decreto para llamar a cada rey que gobernara sobre ellos y su descendencia, Faraón.

“Desde entonces todos los reyes que reinaron en Egipto desde aquel tiempo fueron llamados Faraón, hasta estos días” (Libro de Jasher 14:28–33).

Cuando Abram encontró necesario viajar desde Canaán hasta Egipto debido a la pobreza causada por el hambre, el encontró al Caldeo Rikayón en el trono. Fue necesario decir que era el hermano de Sara para así preservar su vida; pero a causa de que el rey aceptara a Abram como el hermano de Sara, lo elevó mucho y lo hizo grande. El rey confirió sobre Abram plata y oro, piedras preciosas en abundancia, junto con ganado, sirvientes hombres y sirvientes mujeres; y además, “el rey ordenó a Abram que fuera conducido, y él lo sentó en la corte de la casa del rey, y lo exaltó grandemente esa noche” (Libro de Jasher 15:22). Allí obtenemos un paralelo con el Libro de Abraham donde leemos que Abraham fue sentado sobre el trono del faraón, por la cortesía del rey (ver Libro de Abraham, Facsímile No 3, explicación No 1).

Éstos paralelos han sido señalados en el orden de poder demostrar que José Smith podría haber tenido acceso a fuentes escritas para ayudarse en hacer la “traducción” del Libro de Abraham, particularmente la interpretación de la vida de Abraham. El papiro podía haber sugerido ciertas ideas básicas las cuales eran entonces elaboradas por el Profeta como un don de Dios. Ciertamente el libro de Abraham añade suficiente información independiente de fuentes tales como el Libro de Jasher, y clarifica secciones en paralelo con la fuente de Jasher de tal modo que demuestra que mientras que el Profeta puede haber hecho uso de cualquiera de las fuentes disponibles para él, el texto final es el resultado de una verdaderamente inspirada mente. Al mismo tiempo, los paralelos y los hechos que el Profeta podía haber tenido acceso al Libro de Jasher hace inseguro el insistir que él no hizo uso de tal fuente mientras estaba trabajando con el papiro.

Para aquellos que les gustaría creer que el profeta José Smith realmente no uso el papiro en absoluto sino pretendió poder saber traducirlo, algunos de nuestros jóvenes eruditos de la Iglesia cuyo testimonio está comprometido en un fascinante trabajo el cual parece estar produciendo frutos indicaría que el profeta en verdad si usó el papiro honradamente. Messu, Richley Crapo y John Tvdtness están comprometidos en un estudio de los caracteres del papiro que el Profeta declaró haber usado, según sus notas.

Ellos han encontrado que dentro de la traducción del texto de Abraham acompañando cada símbolo, existe en verdad una relación fundamental. La raíz o base de cada carácter dado se encuentra dentro del texto, mientras que el texto, naturalmente, está bastante más amplificado, más allá que una simple relación de raíz.

También, estos eruditos han notado que el Profeta manejó correctamente los mismos caracteres o símbolos egipcios. Nunca, en ningún momento el dividió una palabra en un modo que no fuera de acuerdo a las reglas de la escritura y de la gramática egipcia. El hecho de que el dividiera estos caracteres en las partes correctas en un tiempo en que la escritura egipcia había sido descifrada sólo por Champollion, puede ser un buen argumento para señalar que el Profeta entendía perfectamente lo que estaba siendo.

Una de las interesantes facetas del Libro de Jasher y de otras fuentes apócrifas relacionadas al Libro de Abraham es la asociación de Rikayón Faraón con la inhumación de los muertos. En algún momento de la historia egipcia, el concepto de un ritual especial asociado con la inhumación de los reyes, fue formulado. Este ritual era para garantizar al rey aquellas bendiciones en la eternidad que fueron prometidas a Abraham por convenio. No hay más allá razón de creer que un faraón descendiente de Cam pudiera haber pretendido reclamar el sacerdocio a través de Noé y siendo influenciado por Abraham, de quien en todas las escrituras se atestigua que había sido uno de los más grandes y más rectos hombres sobre la tierra en sus días. Aquel gran hecho puede haber llegado a ser una parte de la literatura funeraria de Egipto. La importancia de la idea original ha llegado a la mente del Profeta José Smith mientras permaneciendo en la oscuridad para los eruditos que hicieron una verdadera mezcolanza con las tradicionales interpretaciones dadas al tan llamado Libro de los Muertos.

El prestigio de José Smith como un profeta de Dios creció como resultado del trabajo que ahora está siendo ejecutado por devotos eruditos Santos de los Últimos Días. Este trabajo pudo nunca haber tenido lugar si el redescubrimiento del papiro nunca hubiera sido hecho. La cosa que todos debemos aprender de esto es que la puerta nunca debe estar cerrada a ningún evento de tal modo que no se pueda aprender más cuando el Señor cree necesario dar más.