Comentarios Abraham 3

 

ABRAHAM 3:1–17

EL SEÑOR MUESTRA A ABRAHAM

LAS ESTRELLAS

 

Abraham 3:1. ¿Qué es el Urim y Tumim?

Las palabras urim y tumim provienen de palabras hebreas que quieren decir “luces” y “perfecciones”. Urim y Tumim se le llama a un instrumento que el Señor preparó para ayudar al hombre a obtener revelación y a traducir idiomas. La primera vez que el uso del Urim y Tumim se menciona en las Escrituras es en relación con el hermano de Jared (véase Éter 3:21–28).

Al profeta José Smith se le entregó el Urim y Tumim que anteriormente había estado en posesión del hermano de Jared (véase D. y C. 17:1). El Profeta los describió como “dos piedras en aros de plata, las cuales, aseguradas a un pectoral, formaban lo que se llamaba el Urim y Tumim” (José Smith—Historia 1:35).

Las Escrituras revelan que había más de un Urim y Tumim. Mientras que los profetas del Libro de Mormón utilizaban un juego de piedras (véase Omni 1:20–21; Mosíah 8:13–19; 21:26–28; 28:11–20), los profetas del Antiguo Testamento utilizaban otro (véase Éxodo 28:30; Números 27:21; Deuteronomio 33:8; 1 Samuel 28:6; Esdras 2:63).

 

Abraham 3:2–16. El nombre de la mayor es Kólob

El presidente Joseph Fielding Smith escribió: “El Señor le dio a conocer lo siguiente: Kólob es la primera creación y la más próxima a lo celestial, o sea, a la morada de Dios. Es la primera en gobierno, la última en cuanto a la medida de tiempo. Esa medida corresponde al tiempo celestial. Un día en Kólob equivale a mil años, según la manera de medir de esta tierra, a la cual los egipcios dan el nombre de Jahoh-eh. Olíblish, a quien los egipcios llamaron así y que se halla contigua a Kólob, constituye la siguiente gran creación regente cerca de lo celestial, o sea, el lugar donde Dios mora. Esta extraordinaria estrella es también una estrella regente e igual a Kólob en su revolución y su computación de tiempo. A Abraham se le revelaron también otras grandes estrellas regentes” (Man: His Origin and Destiny, 1954, pág. 461).

 

Abraham 3:2–10, 16–17. Otras estrellas regentes

Abraham aprendió que, al igual que Kólob, había otras grandes estrellas que eran “muy grandes” y que esas grandes estrellas eran estrellas regentes (véase Abraham 3:2–3). El Señor instruyó a Abraham acerca del “tiempo fijo de todas las estrellas” (vers. 10; véanse también los vers. 4–9). Abraham también aprendió que había otras estrellas regentes ubicadas más cerca de Kólob y que su rotación era más lenta o “más larga” que muchas de las otras estrellas (pero no más lenta que Kólob).

 

Abraham 3:3–4. “Al mismo orden que ésa sobre la cual estás”

Las enseñanzas del Señor acerca de las estrellas y de los planetas hizo que Abraham entendiera más acerca de esta tierra y de su relación con Kólob. Por ejemplo, Él le enseñó a Abraham que un día en Kólob equivale a mil años de acuerdo con el tiempo aquí en nuestra tierra (véase Abraham 3:4).

 

Abraham 3:5–7. La computación del tiempo puede variar

“Abraham aprendió que los cuerpos celestes tienen diferentes periodos de revolución y que se mueven de acuerdo con el cómputo del tiempo que les haya sido señalado (Abraham 3:4). Cada planeta y cada estrella ‘funciona’ de acuerdo con un tiempo base, el cual lo determina su distancia del cuerpo central regente…

“Con el fin de hacer más claro este concepto, tomemos en cuenta a un explorador de la luna que enfrenta una larga permanencia sobre la superficie lunar. Después de un tiempo, encuentra que es más conveniente determinar su tiempo basándose en el movimiento del sol a través del cielo de la luna (su nuevo medio ambiente). Al seguir el método que recuerda en virtud de sus experiencias sobre la tierra (su antiguo medio ambiente), define el día lunar dándole comienzo cuando el sol se levanta en cierto lugar del horizonte y dándole fin cuando éste se pone en el horizonte opuesto…

“Tiempo después de que este intrépido viajero a la luna ha establecido los días, los meses y los años, compara su sistema lunar con el calendario terrenal, y se da cuenta de que un día completo en la luna (una rotación total) corresponde a 29 días terrenales aproximadamente… Ese observador lunar llega a la conclusión de que los días lunares pasan mucho más despacio que los días que él recuerda sobre la tierra” (Fred Holmstrom, “Astronomy and the Book of Abraham”, Sidney B. Sperry Symposium, 1982: The Pearl of Great Price, 1982, págs. 110–111).

 

Abraham 3:13. El Señor conoce todas Sus creaciones

El Señor señaló por nombre varios de los planetas y estrellas de Sus creaciones. Al hablar de Sus numerosas y maravillosas obras, el Señor dijo:

“…Porque he aquí, hay muchos mundos que por la palabra de mi poder han dej ado de ser. Y hay muchos que hoy existen, y son incontables para el hombre; pero para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco…

“…Los cielos son muchos, y son innumerables para el hombre; pero para mí están contados, porque son míos” (Moisés 1:35, 37).

 

Abraham 3:14. “Te multiplicaré a ti, y a tu posteridad después de ti”

El Señor cumplió la promesa que le había hecho a Abraham concerniente a su posteridad, ya que muchos millones de personas han nacido en esta tierra que se pueden considerar sus hijos. La promesa de una gran posteridad se aplica a todos los fieles. El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Los hijos de Abraham, si guardan el convenio tal como lo reciben en la Casa del Señor, continuarán, igual que su padre Abraham, por toda la eternidad teniendo progenie y la posteridad de ellos no tendrá fin. De esa forma, las bendiciones de Abraham, Isaac y Jacob se extienden a ellos y ellos pasan a ser partícipes plenos, ya que habrá una continuación de las ‘simientes por siempre jamás’ entre los que reciben la exaltación en el reino de Dios” (The Way to Perfection, pág. 96).

 

Abraham 3:16–17. Las estrellas difieren en grandeza

Abraham aprendió que siempre que hay dos estrellas, una será mayor que la otra y habrá otras estrellas mayores que esas dos, hasta llegar a Kólob, que es la mayor de todas. Aprendió además que no es el tamaño lo que hace a una estrella o planeta mayor que el otro, sino su proximidad a Kólob. Lo mismo sucede con los hijos de Dios: la grandeza y la gloria de ellos depende de su proximidad al Creador, Jesucristo, que se halla más próximo “al trono de Dios”, el “mayor”, “la primera creación” que se ha “puesto para regir a todas las que pertenecen al mismo orden”. Por lo tanto, la gran estrella, Kólob, es un símbolo de Jesucristo.

 

Abraham 3:17. La perfección del Señor Dios

Dios lleva a término todo lo que Él dispone en Su corazón. ¡Cuán diferente es eso de la naturaleza humana! El Señor explicó:

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos…

“Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8–9).

 

ABRAHAM 3:18–28

EL SEÑOR ENSEÑA A ABRAHAM ACERCA

DE LA EXISTENCIA PRETERRENAL

 

Abraham 3:18–23. Los hijos espirituales del Padre Celestial

Abraham aprendió que existen varios grados de inteligencia entre los hijos espirituales del Padre Celestial. (Abraham llamó “espíritus”, en Abraham 3:18–19, “inteligencias”, en el versículo 22, y “almas”, en el versículo 23, a los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial.) Aprendió que Dios moró en medio de todos los espíritus o inteligencias y que Él es “más inteligente que todos ellos” (versículo 19).

 

Abraham 3:18–23. La existencia preterrenal

El profeta José Smith declaró: “Dios, hallándose en medio de espíritus y gloria, porque era más inteligente, consideró propio instituir leyes por medio de las cuales los demás podrían tener el privilegio de avanzar como Él lo había hecho. La relación que entre Dios y nosotros existe nos coloca en situación tal, que podemos ampliar nuestro conocimiento. Él tiene el poder de instituir leyes para instruir a las inteligencias más débiles, a fin de que puedan ser exaltadas como Él, y recibir una gloria tras otra, así como todo conocimiento, poder, gloria e inteligencia que se requiere para salvarlos en el mundo de los espíritus” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 439).

 

Abraham 3:18–19. ¿Qué significa ser “más inteligente”?

Al hablar sobre las diferencias existentes entre los espíritus, el presidente Joseph Fielding Smith dijo: “Sabemos que todos eran inocentes al principio; pero el derecho del libre albedrío que les fue dado los capacitó para que unos aventajasen a otros, y así, a través de eones de existencia inmortal, llegasen a ser más inteligentes, más fieles, pues ellos eran libres para actuar por sí mismos, para pensar por sí mismos, para recibir la verdad o rebelarse contra ella” (Doctrina de Salvación I, pág. 56).

 

Abraham 3:18–19. Nuestro espíritu es eterno

El profeta José Smith enseñó: “Estoy hablando de la inmortalidad del espíritu del hombre. ¿Sería lógico decir que la inteligencia de los espíritus es inmortal, y sin embargo, que tuvo un principio? La inteligencia de los espíritus no tuvo principio, ni tendrá fin. Esto es un buen razonamiento” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 438).

Al referirse a la naturaleza eterna de nuestro espíritu, el presidente Brigham Young declaró:

“El género humano está organizado de elementos concebidos para que perduren toda la eternidad; nunca tuvo un comienzo ni tendrá un fin. Jamás, en ningún tiempo, esa materia de la cual ustedes y yo estamos hechos, ha dej ado de existir y jamás llegará el momento en que dejará de hacerlo; ella nunca será aniquilada.

“Se ha unido, organizado y capacitado para recibir conocimiento e inteligencia, para ser entronizada en gloria, para convertirse en ángeles, dioses: seres que tendrán control sobre los elementos y que, por medio de su palabra, tendrán poder para mandar la creación y la redención de mundos, o para extinguir soles por medio de su aliento y para desorganizar mundos, lanzándolos nuevamente a su estado caótico. Para eso es que ustedes y yo hemos sido creados” (Discourses of Brigham Young, pág. 48; véase también D. y C. 93:29–33).

Acerca del origen de nuestros espíritus en la vida preterrenal, el presidente Marion G. Romney, que fue Consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “En su origen, el hombre es hijo de Dios. Los espíritus de los hombres ‘son engendrados hijos e hijas para Dios’ (D. y C. 76:24). A través de ese proceso de nacimiento, las inteligencias ya existentes fueron organizadas en seres espirituales individuales” (“El valor de las almas”, Liahona, febrero de 1979, pág. 19).

El élder Neal A. Maxwell escribió: “Para ser sinceros, no comprendemos ahora todo lo que implican las palabras: los ‘espíritus… no tienen principio; existieron antes… porque son… eternos’ (Abraham 3:18). Pero no hay duda de que comprendemos lo suficiente para apreciar la obra de un Dios amoroso y redentor, que se esfuerza por ayudarnos a llegar a ser como Él; algo que debe ser causa de nuestra más profunda gratitud y gozo, en lugar de motivo de desesperación y duda, y algo que debe hacer que estemos dispuestos a someternos voluntariamente a cualquier cosa que Él considere conveniente para adelantar ese propósito” (“Not My Will, But Thine”, pág. 40).

 

Abraham 3:19–21. El Señor es “más inteligente que todos ellos”

El élder Neal A. Maxwell escribió: “No olvidemos el gran conocimiento que se nos ha dado acerca del mundo preterrenal. La supremacía de Jesucristo (entre todos nuestros hermanos y hermanas espirituales) quedó claramente expuesta. De Él se dijo que era ‘más inteligente que todos ellos’. (Abraham 3:19) …Además, lo que el Señor sabe es, por suerte, infinitamente más —no apenas un poco más— de la combinación del conocimiento que poseen todos los mortales” (All These Things Shall Give Thee Experience, 1979, pág. 22).

 

Abraham 3:22–23. Las nobles y grandes

Entre los espíritus, o sea, las inteligencias que Abraham vio había “muchas… nobles y grandes” (Abraham 3:22). Dios dijo que esos espíritus nobles y grandes eran buenos y que haría de ellos Sus gobernantes. Abraham fue uno de esos nobles y grandes. El presidente Joseph F. Smith también vio en una visión a muchos de los espíritus nobles y grandes “que fueron escogidos en el principio para ser gobernantes en la Iglesia de Dios” (D. y C. 138:55). De ellos, el presidente Smith declaró: “Aun antes de nacer, ellos, con muchos otros, recibieron sus primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y fueron preparados para venir en el debido tiempo del Señor a obrar en su viña en bien de la salvación de las almas de los hombres” (vers. 56).

 

Abraham 3:23. “A éstos haré mis gobernantes”

Tronos, Reinos, Principalidades, Poderes y Dominios:

El plan de Dios, desde el principio, ha sido que sus hijos reinarán con El. Este principio le fue enseñado a Abraham cuando vio que Dios estaba en medio de los espíritus pre-mortales y dijo de “los nobles y grandes,” “A éstos haré mis gobernantes.” Aquellos que ya han ganado la exaltación han sido recompensados con sus dominios y ahora se sientan sobre tronos exaltados. Por ejemplo, hablando de Abraham, Isaac y Jacob, el Señor reveló que “han entrado en su exaltación, de acuerdo con las promesas, y se sientan sobre tronos, y no son ángeles sino dioses.” (D. y C. 132:37; Apoc. 20:4) El Salvador les ha prometido a los fieles que “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” (Apoc. 3:21) Una revelación moderna promete que “todos los tronos y dominios, principados y potestades, serán revelados y manifestados a todos los que valientemente hayan padecido por el evangelio de Jesucristo. . . cuando todo hombre ha de entrar en su eterna presencia y en su reposo inmortal.” (D. y C. 121:29, 32) Parecería que los seres exaltados tendrán jurisdicción sobre reinos menores de gloria (D. y C. 76:87), sin embargo, su responsabilidad mayor ultimadamente será gobernar los mundos que hayan creado y sobre los cuales habrán colocado a su progenie.

(Duane S. Crowther, La Vida Sempiterna I, pág. 327)

 

Abraham 3:23–24. “Fuiste escogido antes de nacer”

El Señor le dijo a Abraham que había sido escogido en la existencia preterrenal para ser un gobernante sobre la tierra. El élder Bruce R. McConkie explicó: “Tal como sucedió con Abraham, así pasó con José Smith. Los dos fueron preordenados [escogidos y apartados antes de su nacimiento terrenal] para presidir una gran dispensación del Evangelio” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 4).

El profeta José Smith dijo: “Todo hombre que recibe el llamamiento de ejercer su ministerio a favor de los habitantes del mundo, fue ordenado precisamente para ese propósito en el gran concilio celestial antes que este mundo fuese. Supongo que me fue conferido este oficio en aquel gran concilio” (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 453–454).

 

Abraham 3:24–28. “Estaba entre ellos uno que era semejante a Dios”

Abraham aprendió otras cosas acerca de Jesucristo. Por ejemplo, Jesucristo fue Quien creó la tierra sobre la cual morarían los hijos espirituales del Padre Celestial (véase Abraham 3:24). Además Él fue escogido y enviado a la tierra para ser el Salvador (véanse los vers. 27–28; véase también Moisés 4:1–4).

 

Abraham 3:24. “Haremos una tierra”

El élder Bruce R. McConkie enseñó: “Cristo, obrando bajo la dirección del Padre, fue y es el Creador de todas las cosas. (D. y C. 38:1–4; 76:22–24; Juan 1:1–3; Colosenses 1:16–17; Hebreos 1:1–3; Moisés 1; 2; 3) Por los escritos de Abraham no cabe la menor duda de que en la creación de la tierra lo ayudaron a Él muchos de los ‘nobles y grandes’ hijos espirituales del Padre… Miguel, o sea, Adán, fue uno de ellos. Enoc, Noé, Abraham, Moisés, Pedro, Santiago, Juan, José Smith y muchos otros ‘nobles y grandes’ tuvieron parte en esa gran empresa creativa” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo III, pág. 194).

 

Abraham 3:25. “Los probaremos”

El presidente Ezra Taft Benson de manera sucinta replanteó el mensaje que se encuentra en Abraham 3:25 cuando dijo: “La gran prueba de la vida es la obediencia a Dios” (“El Señor en primer lugar”, Liahona, julio de 1988, pág. 4). No estamos aquí para “probar” a Dios sino para ser probados nosotros mismos. Somos nosotros los que estamos a prueba, no Dios.

El élder Rex C. Reeve, padre, que fue miembro de los Setenta, dijo: “Sí, esta vida es un tiempo de probación y no de recompensa; ésta vendrá más tarde. Estamos aquí para ser probados y estamos pasando la prueba ahora” (“El amor de Dios”, Liahona, enero de 1983, pág. 44).

 

Abraham 3:26. ¿Qué significa “guardar” un estado?

El “primer estado” se refiere al periodo antes de haber nacido sobre esta tierra, al cual se le conoce también como la vida preterrenal. Con el fin de “guardar” este primer estado, un hijo espiritual de Dios en la vida preterrenal tuvo que utilizar su albedrío para escoger seguir el plan de salvación que ofreció el Padre Celestial. Una tercera parte de los hijos espirituales del Padre Celestial siguieron a Lucifer (el diablo) y se rebelaron en contra de Dios y del plan de salvación; por consiguiente, no guardaron su primer estado. Por lo tanto, fueron echados del cielo sin ninguna oportunidad de progresar.

El “segundo estado” se refiere a la existencia mortal del género humano sobre la tierra. Ese estado es un periodo de probación en el cual las personas se preparan “para presentarse ante Dios” (Alma 12:24). Todos los que acepten y obedezcan los principios y las ordenanzas de salvación del Evangelio de Jesucristo recibirán la vida eterna, el don más grande de Dios, y “les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás” (Abraham 3:26). A quienes no hayan tenido la oportunidad de aceptar y vivir el Evangelio en la vida terrenal, se les dará la oportunidad después de su muerte, en el mundo espiritual.

El élder Neal A. Maxwell ofrece conceptos adicionales sobre el primer y segundo estados:

“La vida preterrenal es una doctrina que plantea interrogantes inquietantes, ya que todos tenemos decisiones que tomar, interminables y difíciles tareas que realizar, infortunios que sobrellevar, tiempo y talentos y dones que emplear bien. El haber sido escogidos ‘allí y entonces’ no significa en modo alguno que podamos ser indiferentes ‘aquí y ahora’…

“En realidad, la obediencia en el primer estado tal vez nos haya asegurado tan sólo un riguroso segundo estado, ¡con más deberes y sin exenciones! Instrucción y padecimiento adicionales parecen ser la medida de los más aptos discípulos. (Véase Mosíah 3:19; 1 Pedro 4:19) Por consiguiente, nuestra existencia es un tiempo de continua enseñanza e instrucción por parte de Dios…

“Acceder a entrar en este segundo estado fue, por tanto, como acceder de antemano a un anestésico del olvido. Los médicos no quitan el anestésico a un paciente en medio de lo previamente autorizado para preguntarle, de nuevo, si se debe continuar. Consentimos en venir aquí a pasar por ciertas experiencias bajo ciertas condiciones” (véase “La vida premortal, una gloriosa verdad”, Liahona, enero de 1986, págs. 12–13).

 

Véase: