Abraham 3

 

Los análisis en color verde han sido extraidos del Libro Comentarios de La Perla de Gran Precio, del Sistema Educativo de la Iglesia.

Y aquellos insertados en color marrón del documento Introducción a La Perla de Gran Precio, Guía para Instructores de Institutos.

 

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Relato de Abraham 3

 

CAPÍTULO 3

 

Abraham aprende acerca del sol, la luna y las estrellas por medio del Urim y Tumim—El Señor le revela la naturaleza eterna de los espíritus—Se entera de la vida preterrenal, así como de la preordenación, de la Creación, de la selección de un Redentor y del segundo estado del hombre.

 

Conceptos claves a analizar:

1. Darse cuenta de la importancia que el Señor atribuye a la apropiada preparación de parte de aquellos que lo representarán en el ministerio.

2. Comprender las leyes de juicio y restitución.

3. Sentir un gran deseo de equilibrar la educación, tanto espiritual como secularmente y a comprender que es según nosotros obtenemos conocimientos relacionados con el universo en el cual vivimos, que podemos saber que existe una inteligencia que preside sobre todas las cosas.

4. Aceptar la responsabilidad personal por lo que se es o por lo que se desea llegar a ser, y darse cuenta que en un juicio final nos veremos a nosotros mismos como llegando estar como nosotros mismos hemos deseado ser.

 

Una vez más el hambre se había convertido en un factor principal que obligó a Abraham a tomar una decisión en lo relativo a su lugar de residencia, y una vez más Abraham encontró que podía combinar las necesidades de obtener una subsistencia con su servicio en el ministerio. Las gentes de Egipto eran agricultores y adoradores de la naturaleza. Poseían muchos dioses. Particularmente importante el hecho de que el faraón adoraba la constelación del cocodrilo, cuya imagen mortal nadaba en las aguas del Nilo. El cielo era la grandiosa Hathor, cuya forma animal era la de una vaca y a través de cuyo estómago navegaban los veleros del sol y de la luna en implacable contienda. Esta gente idólatra tenía una gran antipatía por los pastores que ocasionalmente cruzaban las fronteras en búsqueda de pastos y forraje durante las épocas de sequía. Éstas gentes semi–nómades eran considerados “impuros” a causa de su forma de vivir tanto como por sus creencias religiosas.

En realidad, la familia real estaba probablemente emparentada con Abraham a través de antiguas líneas tribales. Recordemos que Abraham se casó con una egipcia de nombre Agar. Las escrituras apócrifas relatan que el faraón se la dio a Abraham como un presente. Esta Agar llegó a ser la madre de Ismael. Generaciones más tarde, José, el gran nieto de Abraham, se casó con la hija de un sacerdote de On, quien era de la real familia Hyksos–Cananita. Fue a través del matrimonio de José con Aseneth, hija de Potiphera, que nacieron Efraín y Manasés. Recordemos que fue solamente porque José estaba en condiciones de demostrar tan enormes poderes tales como la revelación, la interpretación y la sabiduría que las prohibiciones y tabús contra él fueron levantadas. Aún entonces, cuando él quiso traer a su familia a Egipto, ésta debió quedarse en Goshen a causa de que los egipcios los consideraron impuros (ver Génesis 46:31–34).

 

1 Y yo , Abraham, tenía el Urim y Tumim, que el Señor mi Dios me había dado en Ur de los caldeos;

 

“Y yo, Abraham tenía el Urim y Tumim”. De acuerdo al hebreo (Éxodo 28:30) el significado literal de las palabras Urim y Tumim es “luz y perfección” o “el resplandeciente y el perfecto”. En verdad podemos entender que denota una “luz que brilla en las tinieblas” y un “perfecto entendimiento”. De acuerdo con la versión septuagésima (versión del Antiguo Testamento mandado escribir por Ptolomeo II, cerca del año 250 a. C.), significa “manifestación y verdad” mientras que San Gerónimo lo interpreta como “doctrina y juicio”. Fueron dos piedras o cristales adjuntos al pectoral que usaban los Sumos Sacerdotes cuando buscaban respuesta de Dios.

Leemos solamente de dos clases de piedra. Una dada por el Señor a Abraham, y la otra obtenida de la misma fuente por el hermano de Jared, Mahonri Moriancumer, antes de descender del monte donde se había desarrollado la escena de una maravillosa visión, cuando fue allí a suplicar la ayuda del Señor. Las piedras le fueron entregadas a Moriancumer con la admonición de que las sellara junto con los sagrados anales que llevaba para que quedaran ocultos a los ojos del mundo hasta que en el debido tiempo del Señor salieran a la luz. Se establece que su propósito es “manifestar”, o sea, aclarar “las cosas que escribiréis” (Éter 3 y 4).

Cuando Moriancumer hubo recibido el Urim y Tumim el Señor le abrió su visión posiblemente por medio de estas piedras, le fue mostrada la raza humana, pasada y futura, como una visión panorámica.

Enoc tuvo una visión similar de “muchas generaciones”. Mientras se encontraba sobre el monte Simeón (Moisés 7:2-6, 22-29). Abraham, quien recibió el Urim y Tumim mientras estuvo en Ur, tuvo maravillosas visiones y revelaciones en cuanto a la creación del universo y las inteligencias que fueron organizadas “antes de que el mundo fuese”. De ese modo el fue preparado para una misión en Egipto (Abraham 3:15). Moisés quien también pudo haber tenido en su posesión el Urim y Tumim que tuvo Abraham, tuvo visiones similares (Moisés 1:27-29).

 

2 y vi las estrellas, y que eran muy grandes, y que una de ellas se hallaba más próxima al trono de Dios; y había muchas de las grandes que estaban cerca;

3 y el Señor me dijo: Éstas son las que rigen; y el nombre de la mayor es Kólob, porque está cerca de mí, pues yo soy el Señor tu Dios; a ésta la he puesto para regir a todas las que pertenecen al mismo orden que ésa sobre la cual estás.

 

Vers. 2-3. Mediante la instrumentalidad del Urim y Tumim, Abraham tuvo grandes bendiciones y en ella se vio el glorioso firmamento de los cielos, como si hubiese sido transportado allí en persona. Vio las estrellas, y la más grande de ellas. Distinguió que una de ellas era más grande que todas las demás y que estaba cerca del trono de Dios; percibió muchas otras que estaban cerca de la más grande.

La visión fue tan tremenda y sobrecogedora que el Señor intercedió para explicarle su significado, y los propósitos que tuvo al organizar de ese modo los cuerpos celestiales. Le dijo: “Esas son las que rigen”, cada una colocada en la esfera apropiada desde donde puede controlar los movimientos de una de menor tamaño. “Y el nombre de la grande es Kólob, por causa de que está cerca de mí, porque yo soy el Señor, tu Dios. Por mí es gobernado todo el universo”, y “a esta la he puesto para que rija a todas aquellas que son del mismo orden que esta sobre la cual estás”.

 

4 Y el Señor me dijo por el Urim y Tumim que Kólob era conforme a la manera del Señor, según sus tiempos y estaciones en sus revoluciones; que una revolución era un día para el Señor, según su manera de contar, que es mil años de acuerdo con el tiempo que le es señalado a ésa donde estás. Ésta es la computación del tiempo del Señor, según el cómputo de Kólob.

5 Y el Señor me dijo: El planeta que es el luminar menor, más pequeño que aquel que ha de señorear el día, sí, la luz de la noche, está más arriba, o sea, es mayor que aquel donde te encuentras, en cuanto a computación, pues se mueve en orden más despacio; esto va en orden, porque se halla sobre la tierra en la cual estás; por consiguiente, no es tanta la computación de su tiempo, en lo que respecta a su número de días, de meses y de años.

6 Y el Señor me dijo: Abraham, estos dos hechos existen, he aquí, tus ojos lo ven; te es concedido conocer los tiempos de computar y el tiempo fijo, sí, el tiempo fijo de la tierra sobre la cual estás, así como el tiempo fijo del luminar mayor que se ha puesto para señorear el día y el tiempo fijo del luminar menor que se ha puesto para señorear la noche.

7 Ahora, el tiempo fijo del luminar menor es más largo, en cuanto a su computación, que la computación del tiempo de la tierra sobre la cual estás.

8 Y donde existan estos dos hechos, habrá otro sobre ellos, es decir, habrá otro planeta cuya computación de tiempo será más larga todavía;

9 y así habrá la computación del tiempo de un planeta sobre otro, hasta acercarte a Kólob, el cual es según la computación del tiempo del Señor. Este Kólob está colocado cerca del trono de Dios para gobernar a todos aquellos planetas que pertenecen al mismo orden que aquel sobre el cual estás.

10 Y te es dado a conocer el tiempo fijo de todas las estrellas que han sido puestas para dar luz, hasta acercarte al trono de Dios.

11 Así fue que yo, Abraham, hablé con el Señor cara a cara, como un hombre habla con otro; y me habló de las obras que sus manos habían hecho;

 

Vers. 4-11. Kólob fue conforme a la manera del Señor. El Urim y Tumim fue el instrumento por medio del cual Abraham discernió las maravillosas verdades que él registró. La voz del Señor acompañó a las escenas que se presentaron ante su vista describiéndosela a Abraham casi en detalle.

Las grandes verdades astronómicas reveladas por Dios a Abraham, son de tan vastos alcances, tan instructivas que la mente humana, sin ayuda divina no puede captar sus alcances; ningún hombre sin inspiración podrá jamás alcanzar las alturas o las profundidades del conocimiento por ellas impartido.

De la visión de Abraham aprendemos que los grandes planetas mencionados en los versículos precedentes controlan a todos los otros en sus revoluciones o, en otras palabras, son los puntos centrales alrededor de los cuales giran los otros. Así como la luna gira alrededor de la tierra y la tierra con los otros planetas primarios y secundarios pertenecientes a este sistema solar giran alrededor del sol, del mismo modo el sol tiene un centro alrededor del cual él junto con todas sus tierras y lunas da vuelta mientras que a la vez este gran punto central tiene también un planeta gobernante, un sol o planeta alrededor del cual él, junto con todos sus correspondientes sistemas de soles y mundos da vueltas y así siguiendo de ese modo hasta llegar a Kólob, el más cercano al trono de Dios. El cual Kólob es el gran centro que gobierna todos los soles y sistemas de soles “que pertenecen al mismo orden que nuestra tierra”.

Acerca de la más grande de estas órbitas celestiales el libro de Abraham nos enseña que:

  • Kólob es la más grande de todas las estrellas que vio Abraham.
  • Es así por ser el más cercano a la mirada de Dios.
  • Está cerca del trono de Dios.
  • Es según la manera del Señor de acuerdo a sus tiempos y estaciones y a sus revoluciones.
  • Un día en Kólob es igual a mil años de acuerdo al cómputo de esta tierra.

 

Con la ayuda divina Abraham estuvo en condiciones de obtener una comprensión mucho mayor del orden de los planetas que la que podría haber obtenido por solamente los medios mortales.

Considerando que los relatos apócrifos muestran a Abraham homo un hombre bien conocido desde Haran a Egipto, nuestro texto presenta un cuadro de controversia y lucha entre dos poderes que se presentaban a sí mismos como poseedores de la autoridad de Dios. Los egipcios tenían un gran conocimiento de astronomía y lo usaban como una evidencia de que su religión en la verdadera. Dios dio a Abraham un conocimiento superior de astronomía colocándolo así en la posición de tomar la delantera a los egipcios. Es la inteligencia de Dios la que ordena y gobierna el universo, y aquellos que habitan en una esfera en la cual obedecen las mismas leyes que en la que Dios habita, están cercanos a Dios.

Uno de los fascinantes aspectos del Libro de Abraham es el hecho que Abraham se había estado oponiendo al culto del faraón hasta el punto que los sacerdotes del faraón conspiraron para hacer como una ofrenda la vida de Abraham en un altar. Cuando el sacerdote fue vencido en una manera aparentemente milagrosa, Abraham no sólo parece haber ganado en honor y poder, sino realmente fue dentro de Egipto y recibió un gran y poco usual honor –le fue permitido sentarse sobre el trono del faraón y exponer desde allí las cosas de Dios. No parece haber asombrado mucho a Abraham el hecho de haber recibido tan grandes consideraciones. Él obviamente era un hombre muy acaudalado y rico sobre quien la mano del Señor había descansado generosamente.

 

12 y él me dijo: Hijo mío, hijo mío (y tenía extendida su mano), he aquí, te mostraré todas éstas. Y puso su mano sobre mis ojos, y vi aquellas cosas que sus manos habían creado, las cuales eran muchas; y se multiplicaron ante mis ojos, y no pude ver su fin.

13 Y me dijo: Esto es Shinehah, que es el sol. Y me dijo: Kókob, que significa estrella. Y me dijo: Olea, que es la luna. Y me dijo: Kókaubeam, que quiere decir estrellas, o sea, todos los grandes luminares que había en el firmamento del cielo.

14 Y era de noche cuando el Señor me habló estas palabras: Te multiplicaré a ti, y a tu posteridad después de ti, igual que a éstas; y si puedes contar el número de las arenas, así será el número de tus descendientes.

 

Vers. 12-14. “Te multiplicaré y a tu simiente después de ti igual que éstas”. Abraham vio al Señor extendiendo su brazo y su mano como abarcando todas sus creaciones.

“Hijo mío, hijo mío”, le dijo a Abraham, “he aquí, yo te mostraré todas éstas”, las creaciones se multiplicaron delante de los ojos asombrados de Abraham. Él no pudo alcanzar haber el fin de las estrellas y sus correspondientes planetas.

No cabe duda de que Abraham se sintió profundamente impresionado por las cosas que el Señor le mostró, y que contempló maravillado a la inmensidad de la obra de Dios. Sin embargo, el quedó hondamente perplejo ante las interrogantes que se le plantearon, pero el Señor, viendo la perturbación de Abraham se apresuró a identificar muchas de las estrellas y planetas que se movían en sus cursos celestiales y explicarle al respecto, de modo que Abraham pudiera comprender. Primero dirigió la atención de Abraham hacia el sol que es Shinejah, le dijo él; y Kólob, que es una estrella; Olea, la luna; y Kokaubeam, que significa estrellas, o “todos los grandes luminarias que se hallan en el firmamento”.

El siervo de Dios estuvo tan absorto en las cosas que vio y fue tanta su exaltación al ver su majestad que hasta ese momento Abraham no se dio cuenta que era de noche. En medio de la cortina de obscuridad que la noche tendió a su alrededor, el Dios las innumerables creaciones de Dios como objetos que brillaban en un cielo obscuro. Abraham le fue imposible contar las ya que fueron tan innumerables como las arenas en la orilla del mar, Abraham contempló pasmado la escena que se presentaba ante él, los soles y las lunas multiplicándose ante su visión de tal forma que no las pudo ver todas. Fue entonces que el señor le prometió Abraham, “te multiplicaré a ti y a tu simiente, igual que éstas”. El sentimiento expresado en estos versículos tuvo eco en las palabras del salmista: “los cielos declaran la obra de Dios y la expansión anuncia la obra de sus manos (Salmos 19:1; 8).

 

Tuvo lugar otro evento que contribuyó a aumentar el prestigio de Abraham –el Señor mostró a Abraham a través del Urim y Tumim una visión de las inteligencias organizadas. Tal visión permitió a Abraham saber que él era un vaso elegido a causa de su estado premortal en el cual todos los hombres fueron probados en su nivel de inteligencias acerca de lo que disfrutarían en la mortalidad. Esto también dio a él una tremenda comprensión acerca de los niveles de ley e inteligencia. Dios fue visto descendiendo entre las inteligencias y eligiendo sus siervos según su valía. Abraham vio un Salvador señalado para llevar a cabo la obra de la organización de un mundo y supervisando el gran plan, y Abraham vio a Satán rechazando.

Dios habita en un planeta y todos los órdenes de planetas están bajo él y cercanos a él guardando el mismo orden de las leyes. El profeta José Smith fue criticado por la “fabricación o invención” del nombre Kólob, pero cualquiera que haya estudiado hebreo y que pueda librarse de los prejuicios lo suficiente para considerar la evidencia sabrá que el Profeta dijo la palabra “Kólob” y que su significado de la “cercano a él”. Verdaderamente los estudiantes del hebreo se han enterado que la palabra como ahora la conocemos es, “karob”. La letra hebrea “lamed”, que tiene un sonido parecido a la “l” en inglés, en algunos escritos apareció en forma muy semejante a la letra “resh”, la cual corresponde a nuestra “r” en el idioma inglés. Puede que el profeta inadvertidamente reemplazó la “lamed” por la “resh”, es algo que nosotros no podemos determinar. Sin embargo, puesto que existen otras palabras en hebreo en el texto de Abraham 3, parece razonable concluir que el profeta estaba impresionado con la idea que algunos caracteres en el texto egipcio significaba, “las cuales estaban cercanas de”.

Como decíamos anteriormente en el texto de Abraham 3 existen otras palabras en hebreo tales como “kokob” y “kokaubeam”, las cuales significan “estrella” y “estrellas”.

Quizá el profeta sintió que aún cuando la idea estaba escrita en un hierático estilo egipcio, los caracteres representaban un concepto hebreo. En todo caso, el transcribió el carácter dentro del significado hebreo de la palabra “cercano a” exceptuando que sustituyó la “lamed” por la “resh”.

No es necesario presumir que el profeta comete un error al usar la “L” y su sonido en lugar del sonido “R”, o en otras palabras, la lamed en vez de la letra resh. El puede haber estado en perfecto conocimiento de lo que estaba haciendo. Tanto el hebreo como el egipcio están considerados en el tipo de idiomas que nosotros denominamos “orientales”. Recordemos que actualmente algunos de los idiomas orientales substituyeron la “R” por el sonido de la “L”. La resh puede alguna vez haber sido una lamed y puede haber llegado a existir así a causa de la dificultad de algunos grupos de orientales para pronunciar el sonido “L”. Para dar un ejemplo de las dificultades dialécticas entre los pueblos, la narración en Jueces 12:1–6 nos cuenta algo muy interesante. Los Efrainitas deben haber tenido en su lenguaje escrito algún carácter o símbolo que estaba relacionado con el sonido “sh” de los Gileaditas, pero ellos lo pronunciaban en forma diferente. El hebreo de los Masoretes proporcionaba para tales diferencias una distinta forma de puntuación, por ejemplo sheen y sean.

 

15 Y el Señor me dijo: Abraham, te enseño estas cosas antes que entres en Egipto, para que declares todas estas palabras.

 

“Y el Señor me dijo: Abraham…”. El Señor, por uno de sus sabios propósitos, mostró a Abraham esas grandes cosas. Ese propósito es tratado ampliamente más adelante al tratar sobre la simiente de Abraham. Para abreviar ahora digamos que fue para enseñar a los egipcios, a cuyo país viejo Abraham, como se declara en sus escritos, para transmitir conocimiento astronómico a los egipcios, pensamos que está plenamente demostrado por lo siguiente: Josefo (Libro 1, capítulo 8) dice que Abraham les instruyó (a los egipcios) en aritmética, y les comunicó la ciencia de la astronomía, porque antes de que Abraham fuera a Egipto ellos ignoraban esta clase de conocimiento, porque la ciencia vino de los caldeos a Egipto y de allí a los griegos”.

 

16 Si existen dos cosas, y una está sobre la otra, habrá cosas mayores sobre ellas; por consiguiente, Kólob es la mayor de todas las Kókaubeam que has visto, porque está más cerca de mí.

 

“Habrá cosas mayores sobre ellas”. En la economía de los cielos, todas y cada una de las cosas creadas en un lugar desde el cual sirve a toda la creación, lugar que Dios le ha asignado. El orden regula a todas las cosas. Los soles, las lunas y las estrellas que se mueven en sus cursos celestiales se rigen por una ley que no pueden transgredir.

Por ejemplo, si existen dos planetas o estrellas, y una de ellas se rige por la otra de acuerdo a lo designado por el Creador, “habrá cosas más grandes sobre ella”, hasta acercarse a Kólob, el cual es según el cálculo del tiempo del Señor; el cual Kólob está colocado cerca del trono de Dios, para gobernar todos aquellos planetas que son del mismo orden que aquel sobre el cual estás”. “Por consiguiente, Kólob es la mayor de todas las Kokaumeam que has visto, porque está cerca de mi”.

 

17 Ahora bien, si hay dos cosas, una sobre la otra, y si la luna está sobre la tierra, entonces puede ser que sobre ella exista un planeta o una estrella; y no hay nada que el Señor tu Dios disponga en su corazón hacer que él no haga.

18 De ahí que él hizo la estrella mayor. Así también, si hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro, sin embargo estos dos espíritus, a pesar de ser uno más inteligente que el otro, no tienen principio; existieron antes, no tendrán fin, existirán después, porque son gnolaum o eternos.

19 Y el Señor me dijo: Estos dos hechos existen: Hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro; habrá otro más inteligente que ellos; yo soy el Señor tu Dios, soy más inteligente que todos ellos.

 

Vers. 17-19. “Yo soy el Señor tu Dios, soy más inteligente que todos ellos”. Para que Abraham pudiera comprender más plenamente la verdad que le impartió el Señor y que Abraham registró en el versículo citado anteriormente, el Señor le explicó que la luna, aunque está sobre la tierra, “no era el fin de sus creaciones”, sino que puede ser que haya un planeta o una estrella sobre ella, y así siguiendo de ese modo hasta llegar al trono eterno.

Para llevar a cabo los propósitos que tuvo en la creación, Dios puede poner en acción fuerzas que desconocemos. El controla al sol, la luna y las estrellas. Todos los propósitos de Dios están consagrados a sus hijos. Si en su corazón él dice “quiero”, “El lo realiza”. Sabemos que nos rodea una grande y gloriosa creación. Las estrellas que moran en los cielos desde la tierra hasta el polo nos muestran los pasos que tenemos que seguir para llegar a la eterna morada de Dios en lo alto.

La ley que gobierna a los soles y las lunas y estrellas, todo el universo, las obras de las manos de Dios, se las compara a la ley que gobierna los espíritus de los hombres. Hay un principio que es evidente en ambos: siempre hay alguien superior, o más inteligente que el otro. Si existen dos espíritus, y “uno es más inteligente que el otro”, aunque ambos sean co-existentes, es decir, no tienen principio ni fin y por lo tanto son eternos, el que es más inteligente que el otro tendrá a su vez otro más inteligente que el. Y así hasta llegar al eterno trono de Dios: “yo soy el Señor tu Dios, soy más inteligente que todos ellos”.

 

Una razón para la instrucción de Abraham acerca de las cosas celestiales fue el hacer de él una autoridad en esa materia antes que él se dirigiera a la corte del faraón, de tal modo que pudiera ganar el respeto de la corte y enseñar la importancia de adorar al creador por todo aquello que había creado.

El Señor razonó con Abraham así siempre usando términos de a par. Aparentemente quiso impresionar en Abraham la idea que dondequiera que existieran dos hechos, debía haber otro hecho posible. Donde existen dos inteligencias, debe existir otra. Donde dos mundos existen, deben existir otros. Los hombres se están haciendo la pregunta “¿existen otros mundos habitados cercanos al nuestro?”. A esta pregunta la Perla de Gran Precio responde con una definitiva afirmación.

Los científicos han construido radiotelescopios con una capacidad tan notable de penetración en el espacio que pueden explorar a una profundidad que hace tambalear la imaginación humana; mientras más el espacio se aleja en la distancia e inmensidad más rápida y extensamente son estos telescopios capaces de medir cualquier grado de curvatura que pueda indicar un punto final en el espacio. Ellos han descubierto innumerables galaxias semejantes a nuestra Vía Láctea. Hacemos presente nuestra reafirmación a Doctrina y Convenios:

“… porque no hay espacio en el cual no el reino; ni hay reino en el cual no hay espacio, sea un reino mayor o menor.

“Y a cada reino se ha dado una ley; y cada ley tiene también ciertos límites y condiciones”. (D. y C. 88:37–38).

El astronauta John Glenn hizo algunos comentarios muy pertinentes a esta revelación dada a Abraham, en un artículo escrito para la revista “Parade” y condensado en el Reader’s Digest de julio de 1962, pág. 37–39. En el artículo el declaró su creencia en Dios y explicó que la abundancia de evidencias del orden y método del universo lo habían terminado de convencer de tal hecho. Desde las infinitas galaxias a millones de años luz a través de las más pequeñas estructuras atómicas, existe una armonía y un orden. El afirmó que tal creación no podría haber resultado de una casualidad o accidente, sino que debe obedecer a un plan bien definido. El razonó que aún el más poderoso aeroplano debe ser dirigido, y comparó la importancia de la brújula en la vida de un astronauta para ser una guía como la influencia de los principios cristianos en la vida de todos los hombres (ver también “La fe de un Científico” de Henry Eyring, pág. 86–88).

Sin el uso del Urim y el Tumim, los científicos han podido aprender algo acerca de la aparentemente sin fin e ilimitado espacio que contiene al parecer también un ilimitado número de cuerpos celestiales reaccionando de una legítima e inteligente manera, en su relación de uno hacia el otro. Por medio del Urim y el Tumim, Abraham, en un periodo absolutamente anticientífico de la historia de la tierra, les fue dado entender los mundos existentes uno sobre el otro como inteligencias:

“… Y puso su mano sobre mis ojos, y vi aquellas cosas que sus manos habían creado, las cuales eran muchas; y se multiplicaron ante mis ojos, y no pude ver su fin. Y puso su mano sobre mis ojos, y vi aquellas cosas que sus manos habían creado, las cuales eran muchas; y se multiplicaron ante mis ojos, y no pude ver su fin” (Abraham 3:12).

¿Por qué razón el Señor mostró todas aquellas cosas a Abraham cuando todo lo que él parece requerir de sus hijos en esta vida es que ellos tengan fe y guarden sus mandamientos? Abraham ya creía en Dios, así que no fue por este motivo que todas estas cosas le fueron reveladas. Debe haber sido, entonces, que Abraham iba a ser un ministro de la palabra del Señor dentro de la corte de los egipcios. Los egipcios adoraban el sol, la luna y las estrellas. El dios principal para el faraón era la constelación del dragón o del cocodrilo en los cielos. Al dar a Abraham tan vastos conocimientos, el Señor lo proveyó con las mejores herramientas de conversación y convencimiento con las cuales podía ir a la corte de faraón y explicar por qué el Creador, por cuanto había creado, debía ser adorado.

Uno se pregunta si no debía la astronomía haber sido una de las razones de las pretensiones de los egipcios al divino poder del sacerdocio. En las notas que el profeta José Smith estuvo haciendo mientras trabajaba con los antiguos papiros en los cuales estaban contenidos los escritos de Abraham, existe una anotación relativa el Urim y el Tumim y al planeta Kólob. Dice que este planeta fue descubierto primero por medio del Urim y el Tumim por Matusalén. Es muy posible que la idea del conocimiento de los cuerpos celestiales estuviera relacionada con los poderes del sacerdocio y ésta fuera la parte que el faraón reclamaba del sacerdocio de Dios a través de Noé y desde Adán. Ciertamente la historia completa de los primeros problemas de Abraham con un faraón y un sacerdote que estaban tan relacionado con estrellas y cuerpos celestiales puede sugerir semejante cosa. También, algo tiene que haber convencido al padre de Abraham acerca de que el reclamo o pretensión de faraón era correcta.

Si tal conocimiento de los cuerpos celestiales constituyó en verdad una prueba evidente de alguna autoridad, nosotros podemos empezar a comprender lo que el Señor intentó cuando dijo a Abraham:

“…Abraham, te enseño estas cosas antes que entres en Egipto, para que declares todas estas palabras” (Abraham 3:15).

Qué sino un poder evidentemente superior podría haber provocado una situación en la cual el faraón permitiera a Abraham sentarse sobre su trono y usar la corona real.

 

20 El Señor tu Dios envió a su ángel para librarte de las manos del sacerdote de Elkénah.

21 Yo habito en medio de todos ellos; por tanto, he descendido ahora para darte a conocer las obras que mis manos han hecho, por lo que mi sabiduría los sobrepuja a todos ellos, pues reino arriba en los cielos y abajo en la tierra, con toda sabiduría y prudencia, sobre todas las inteligencias que tus ojos han visto desde el principio; yo descendí en el principio en medio de todas las inteligencias que has visto.

 

Vers. 20-21. “Yo habito en medio de todos ellos…”. el Señor, el Dios de Abraham o más quién mora en las alturas, rodeado por muchos concursos de ángeles, le recordó a Abraham que él le había enviado un ángel de su presencia para “librarte de las manos del sacerdote de Elkenah”, cuando los adoradores de ídolos estuvieron a punto de ofrecerle como sacrificio al dios sol o a alguna imagen inanimada de madera o piedra. Mediante esa milagrosa liberación Dios le mostró a Abraham su poder y dominio. La forma en que él preside con sabiduría y verdad sobre todos los ángeles en el cielo y sobre los hombres en la tierra, no es sino una muestra de la majestad y dominio de Dios. Todas las obras de sus manos, la soberanía de su poder, el glorioso esplendor de su presencia, juntos testifican del Señor y exaltan su santo nombre. Abraham vio la magnificencia de las cortes de gloria.

Todo esto y más vio y escuchó Abraham. El Señor al enumerar los hechos mencionados en los versículos 20 y 21 estuvo preparando la mente de Abraham para que recibiera otras verdades que él estaba a punto de impartirle.

 

22 Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo; y entre todas éstas había muchas de las nobles y grandes;

23 y vio Dios que estas almas eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo: A éstos haré mis gobernantes; pues estaba entre aquellos que eran espíritus, y vio que eran buenos; y me dijo: Abraham, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer.

 

Vers. 22-23. “Entre todas estas había muchas de las nobles y grandes”. Abraham vio las innumerables huestes de los cielos. Dios gobernó en medio de ellas. Su cantidad era tan grande que Abraham se maravilló al ver la multitud que rodeaba el trono de Gracia. Todos sirviéndole ansiosamente. Entre quienes le ofrecían su homenaje había muchas de las nobles y grandes. Abraham comprendió que hubo algunos que sobresalieron en su devoción al deber y en su lealtad, aunque todos fueron iguales en lo que respecta a su nacimiento como hijos espirituales de Dios, quien es el Padre de todos. Abraham entendió que las inteligencias que había visto fueron organizadas (les nacieron a Dios) “antes que existiera el mundo”, y que ellas no tuvieron principio ni tendrán fin, eran eternas.

“A estos haré mis gobernantes”. Dios el Padre de todos ellos, vio que algunos de sus hijos espirituales fueron más dirigentes en servirle que otros. El percibió que ellos fueron buenos. Así que, estando en medio de ellos, el declaró: “A estos haré mis gobernantes”. “Abraham” le dijo el Señor llamándole por su nombre, “tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer”.

 

Muchos de los grandes líderes espirituales de la mortalidad fueron preordenados para sus llamamientos mortales. Dios es la mayor inteligencia con quien tiene que ver el hombre. Puesto que estamos en este mundo a causa de su voluntad y para cumplir un propósito, El señala con antelación a aquellos que serán sus representantes entre los hombres en todas las épocas.

El libre albedrío fue siempre dado a las inteligencias para determinar su propio progreso. El plan de Dios fue dado a los hombres para desarrollar su potencial, y los hombres ejercitan su albedrío para determinar el monto de su progreso en la eternidad.

Existe un denominador común entre Dios y el hombre, la inteligencia. Esa inteligencia que es eterna y que hace que la inteligencia del hombre sea coeterna con Dios (no enteramente igual) (ver D. y C. 93:29). A Abraham el Señor declaró:

“…Así también, si hay dos espíritus, y uno es más inteligente que el otro, sin embargo estos dos espíritus, a pesar de ser uno más inteligente que el otro, no tienen principio; existieron antes, no tendrán fin, existirán después, porque son gnolaum o eternos” (Abraham 3:18).

Tres grandes verdades relacionadas con la inteligencia fueron reveladas Abraham. Ellas tienen importancia para todos los hombres:

Dios es la inteligencia más grande y es mayor que la inteligencia combinada de todas aquellas mostradas a Abraham y que existían antes de que el mundo fuese. En ninguna parte del universo existe una más calificada para guiarnos hacia una eterna y abundante vida. Con respecto a esto el profeta José Smith tenía lo siguiente que decir:

“El primer principio del hombre es coexistente con Dios. Dios mismo, encontrándose que estaba en medio de espíritus y gloria, a causa que él era más inteligente, consideró apropiado instituir leyes por medio de las cuales el resto podría tener el privilegio de progresar como él mismo. La relación que nosotros tenemos con Dios nos coloca en una situación de progreso en el conocimiento. Él tuvo el poder de instituir leyes para instruir a aquellas inteligencias más débiles, para que pudieran llegar a ser exaltadas con El mismo, de modo que pudieran tener una gloria sobre otra, y todo el conocimiento, poder, gloria e inteligencia lo cual es requisito para llegar a salvarse en el mundo de los espíritus”.

De acuerdo a su grado de avance en la inteligencia, los hombres son escogidos para asistir en la función de adelantar el trabajo de traer las inteligencias eternas a una realización completa de todo su potencial. La única limitación es la falta de deseo y esfuerzo por la parte de las inteligencias individuales mismas. Los grandes líderes en este estado de la inteligencia como hombres no son líderes por accidente o solamente bajo circunstancias dadas en la mortalidad. Ellos han sido preordenados a sus llamamientos a causa de su gran fe y valía en su estado espiritual.

A Abraham se le dijo que él había sido escogido antes de su nacimiento porque él era uno de los “nobles y grandes” entre las inteligencia que existían y fueron organizadas desde antes que el mundo fuese. Esta no es una verdad solamente para Abraham, sino se puede presumir que es una verdad para todos aquellos que han tenido y tendrán importantes llamamientos que han afectado el estado espiritual de los hombres aquí sobre la tierra. El profeta José Smith dijo:

“Cada hombre que tiene llamamiento para administrar a los habitantes de este mundo, fueron ordenados para este preciso propósito en el Gran Concilio de los cielos antes de que el mundo fuese”.

¿Cómo son escogidos los hombres? – ¿Qué determina la elección de un individuo para servir en la gran misión de bendecir a los hijos de Dios? El Señor ha revelado en diferentes formas la gran verdad de que los hombres son los que realmente ellos mismos desean llegar a ser. Todos están en la eterna escuela que es la aprobación eterna y un hombre en cualquier estado en la eternidad es la suma total de todo lo que ha deseado y se ha esforzado por llegar a ser en ese punto. Ha sido revelado que:

“… Y a cada reino se ha dado la ley; y cada ley tiene también ciertos límites y condiciones.

“Todos los seres que no se sujetan a esas condiciones, no son justificados” (D. y C. 88:38–39).

“Hay una ley irrevocablemente decretada en el cielo antes de la fundación de este mundo, sobre la cual todas las bendiciones se basan:

“Y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa” (D. y C. 130:20–21).

Las inteligencias son eternas. No existe tal cosa como escapar de uno mismo. Para dar una mirada a esto más positivamente, tampoco existe cosa tal como perderse a sí mismo. Nadie necesita temer que una vida de diligencia se perderá porque los premios de la diligencia no se podrán llevar más allá de la sepultura. Toda la belleza, carácter, y desarrollo de la inteligencia se levantará con la persona en la resurrección. Si una persona parece haber obtenido más ventaja que otra, esto será por causa de la obediencia a la ley; y hasta que el menos obediente aprenda obedecer, ellos no podrán heredar las bendiciones que el obediente obtiene.

 

Véase:

 

24 Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios, y dijo a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar;

25 y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;

26 y a los que guarden su primer estado les será añadido; y aquellos que no guarden su primer estado no tendrán gloria en el mismo reino con los que guarden su primer estado; y a quienes guarden su segundo estado, les será aumentada gloria sobre su cabeza para siempre jamás.

 

Vers. 24-26. “Y estaba entre ellos uno que era semejante a Dios”. Hubo uno entre los grandes que era el más grande de todos. El era un arquitecto y un constructor. En consulta con su Padre él había formulado un completo diseño de “una tierra sobre la cual éstos (los hijos de Dios) puedan morar”. Les señaló a sus asociados que en los dominios de Dios había gran cantidad de “espacio” sin usar y abundantes materiales con los cuales podrían llevar a cabo sus planes. Su propósito fue reunir en una vasta área las fuerzas y las energías que abundaban en la esfera donde Dios reinaba de modo supremo, y crear con ellas un hogar para sus numerosos hermanos y hermanas que habitaban en el mundo de los espíritus. El, como hemos dicho, “sería el arquitecto y el constructor”, vengan, dijo a los nobles y grandes: “descenderemos… y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar”.

“Y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare” “y los que guarden su primer estado” -es decir los que fueren leales y fieles a los propósitos de Dios mientras estuvieran en el mundo de los espíritus- se les agregarían mayores bendiciones que las que les correspondían como herederos del Altísimo. Pero, dijo El que era el más grande de todos en tono de profético repudio: aquellos que no guarden su primer estado, y se muestren renuentes a guardar los mandamientos de Dios y se rebelan contra su palabra, no recibirán los dones que benignamente les son concedidos a los fieles, y por lo tanto no serán recompensados con la gloria con la cual serán coronados los justos en el reino de Dios. En cuanto a aquellos que entren en su segundo estado, la vida terrenal, y busquen primeramente el reino de Dios, tendrán un aumento de gozo, poco a poco, paulatinamente, tendrán una sempiterna gloria “aumentada sobre su cabeza”.

 

Véase:

 

27 Y el Señor dijo: ¿A quién enviaré? Y respondió uno semejante al Hijo del Hombre: Heme aquí; envíame. Y otro contestó, y dijo: Heme aquí; envíame a mí. Y el Señor dijo: Enviaré al primero.

28 Y el segundo se llenó de ira, y no guardó su primer estado; y muchos lo siguieron ese día.

 

Vers. 27-28. “¿A quién enviaré?” La tierra completada de acuerdo con los planes y especificaciones de su arquitecto y constructor, fue conceptuada por él como un lugar adecuado para ser morada del hombre. Con el fin de que se cumpliese plenamente el propósito de la tierra de ser la habitación para los espíritus a quienes Dios había creado y los cuales serían investidos con cuerpos de carne y huesos, se efectuó un gran concilio en los cielos. Fue un concilio de los dioses; o de los nobles y grandes. Presidiendo las deliberaciones estuvo el mayor de todos, el Supremo Gobernador del Universo.

Allí, en ese Concilio, se dio a saber cuál sería el futuro del hombre, y se deliberó ampliamente sobre eso y sobre su bienestar. El Padre, en su sabiduría, presentó un plan para el desarrollo del hombre, como un ser mortal así como en su condición exaltada, y él fue el árbitro final, de cuyas decisiones no hubo apelación. Ese plan fue el plan de vida y salvación.

Una vez completados todos los otros detalles, y todos los hijos de Dios los aceptaron con gritos de gozo, las más importantes de las cuestiones planteadas en el Concilio fue presentada por el Jefe Supremo del mismo: “¿A quién enviaré?”. Hubo acuerdo en que el primer hombre transgredería la santa ley de Dios, y que al hacerlo traería la miseria y el pecado a la esfera celestial donde habitaba. Que debería enviarse a la tierra un Redentor para rescatarlo de las consecuencias que le acarrearía el pecado. Debía ser alguien calificado como para pagar el rescate. ¿Quién sería?

El arquitecto y constructor de la tierra respondió rápidamente a la pregunta de su Padre: “Heme aquí, envíame”. Otro también expresó su voluntad de servir a ese propósito: “Heme aquí, envíame a mí”. “Enviaré al primero” fue la definitoria declaración del oficial presidente del concilio.

El que ofreció en segundo término sus servicios no guardó su primer estado (Moisés 4:3-4).

 

Véase:

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Una respuesta a Abraham 3

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