Comentarios Abraham 2

 

Los siguientes comentarios en color marrón han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 9–12.

Pero también se han insertado en color violeta los comentarios, que son pertinentes al análisis, del manual El Antiguo Testamento Parte 1, Manual del Alumno, págs. 45–52.

 

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ABRAHAM 2:1–13

EL CONVENIO ABRAHÁMICO

O DE ABRAHAM

 

Abraham 2:1. El hambre se agravó en la tierra

Lo más probable es que el hambre en la tierra haya sido causada por una sequía, un periodo prolongado de tiempo seco durante el cual las cosechas se arruinan y los animales mueren por falta de alimentos. Fíjate en cómo el Señor utilizó el hambre para que ejerciera influencia en Abraham y su familia: un hambre en Ur hizo que Taré, el padre de Abraham, dejara la idolatría y se uniera a sus hijos en la tierra de Harán (véase Abraham 1:30); el hambre en Ur también hizo que Abraham sintiera la necesidad imperante de partir de Ur (véase Abraham 2:1–2); el hambre fue quizás el motivo por el cual Abraham se fue de la tierra de Harán y probablemente lo que causó la muerte de Taré (véase Abraham 2:17; véase también Génesis 11:32); el hambre persuadió a Abraham y a su familia a dejar la tierra de Canaán y a seguir viaje a Egipto (véase Abraham 2:21). (Véase también Helamán 11:3–20)

 

Abraham 2:6. ¿Cuál fue la “tierra extraña” que se le prometió a Abraham?

Tanto la Biblia como el libro de Abraham indican que la tierra extraña es la tierra de Canaán (véase Génesis 17:8; Abraham 2:15). No es la misma tierra que, según se registra en Moisés 7:6–8, poseyó el pueblo de Canaán. La Canaán de Abraham adquirió su nombre de Canaán, el cuarto hijo de Cam (véase Génesis 9:22; 10:6). Canaán y los de su casa habitaron originalmente en la región que se encuentra en las tierras bajas hacia la costa del Mediterráneo, en Palestina. En ocasiones se habla de Canaán como de todo el territorio al oeste del Río Jordán, desde Dan al norte hasta Beerseba en el sur. Ése es el mismo territorio que Josué dividió entre las doce tribus de Israel (véase Josué 14–21). Con el fin de aprender más acerca de la tierra y el pueblo de Canaán, véase Génesis 15:18–21; 24:1–4; 28:1–2, 8–9; y Josué 24:11.

Muchos de los descendientes de Abraham han vivido en la tierra de Canaán, aunque de tanto en tanto, algunos de ellos han sido expulsados de esa tierra prometida (véase Abraham 2:6). El presidente Joseph Fielding Smith explicó: “Los descendientes de Abraham, las tribus de Israel, vinieron a ser el pueblo elegido del Señor de acuerdo con la promesa. El Señor los honró, los alimentó, los cuidó con gran celo, hasta que llegaron a ser una gran nación en la tierra que el Señor había dado a sus padres. A pesar de este tierno cuidado y de las instrucciones y advertencias que este pueblo recibía de tiempo en tiempo a través de sus profetas, no pudo comprender la bondad del Señor y se apartó de Él. Por causa de su rebelión fue expulsado de su tierra y esparcido entre las naciones” (Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 158–159).

 

Abraham 2:6. Una posesión perpetua

El élder Bruce R. McConkie enseñó que “la herencia de Abraham en Canaán, para él y para su simiente, es una herencia eterna, una herencia que perdurará en el tiempo y en la eternidad. Esa promesa es la esperanza de Israel, la esperanza de que los mansos heredarán la tierra, primero durante la era milenaria y finalmente en ese estado inmortal, cuando la tierra se convierta en una esfera celestial” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo II, pág. 71).

 

Abraham 2:6, 9–11. El convenio abrahámico

La promesa de Dios

Referencia de las Escrituras

La tierra Abraham 2:6
La posteridad Abraham 2:9
El sacerdocio Abraham 1:18
La salvación y la exaltación Abraham 2:10

El élder Bruce R. McConkie explicó:

“En lo que concierne a las bendiciones eternas, Abraham posee la misma posición que Noé en relación con todos aquellos que han vivido desde su época. Aun quienes no sean su simiente literal recibirán sus bendiciones eternas por intermedio de él y del convenio que Dios hizo con él. Reiteradamente el Señor hizo promesas a Abraham de que él llegaría a ser una nación grande y también de que en él ‘serán benditas… todas las familias de la tierra’ (Génesis 12:2–3). A él se le prometió la tierra de Canaán como una herencia eterna para él y para su simiente. ‘Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada’ (Génesis 13:16). Eso se refiere al aumento eterno, ya que es imposible que la descendencia de un hombre exceda en número al polvo de la tierra. ‘Mira ahora los cielos’ le dijo el Señor, ‘y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia’. Y Abraham ‘creyó a Jehová, y le fue contado por justicia’. (Génesis 15:5–6) Todas esas cosas son parte del convenio abrahámico.

“Y nuevamente el Señor le dijo a Abraham: ‘He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes… Y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi pacto entre mi y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos’ (Génesis 17:4–8). Abraham hizo entonces convenios tanto por él mismo como por su descendencia de que tanto él como ellos servirían al Señor Jehová, que a Su vez les prometió aumento eterno.

“Y así se expone el convenio abrahámico en su forma mejor y más pura, en lo que a la antigua palabra respecta: [y cita Abraham 2:9–11].

“¿Qué es entonces el convenio abrahámico? Es que tanto Abraham como su descendencia (incluso los adoptados a su familia) tendrán todas las bendiciones del Evangelio, del sacerdocio y de la vida eterna. La puerta para la vida eterna es el matrimonio celestial; ese santo orden del matrimonio permite a la unidad familiar continuar en la eternidad, para que de ese modo las personas que la integran tengan posteridad tan numerosa como las arenas de la playa o las estrellas del cielo. El convenio abrahámico permite a los hombres crear unidades familiares eternas a semejanza de la familia de Dios, nuestro Padre Celestial. Una parte menor del convenio es que la descendencia de Abraham tiene el destino milenario de heredar como posesión eterna la misma tierra de Canaán, por donde los pies de los justos han andado en tiempos pasados” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 503–504; véase también “El convenio abrahámico”, págs. 96–101 de este manual).

 

¿En qué forma puede la simiente de Abraham poseer la tierra “para siempre”? (Génesis 13:14—17)

Todos los que “reciban este evangelio serán llamados por tu nombre [Abraham]; y serán considerados como tu descendencia…” (Abraham 2:10). Además, “los mansos… recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5) cuando la tierra alcance su “estado santificado e inmortal” (D. y C. 130:9), como el reino celestial. De este modo, la simiente de Abraham (los fieles) tendrán la tierra por toda la eternidad.

 

Abraham 2:10. Los descendientes de Abraham

El élder John A. Widtsoe declaró: “Todos los que aceptan el Evangelio se convierten en miembros adoptivos de la familia de Abraham” (Evidences and Reconciliations, pág. 399). El profeta José Smith enseñó: “Al descender el Espíritu Santo sobre uno que es de la descendencia literal de Abraham, viene con calma y serenidad, y toda su alma y cuerpo sienten tan solamente el espíritu puro de la inteligencia; mientras que el efecto del Espíritu Santo en un gentil es purgar la sangre vieja y convertirlo efectivamente en descendiente de Abraham. El hombre en quien no hay (físicamente) la sangre de Abraham, debe sufrir una creación nueva por medio del Espíritu Santo” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 177).

 

Abraham 2:11. “En ti continuará este derecho, y en tu descendencia”

Abraham deseó las bendiciones de los padres: el derecho de administrar en el Sacerdocio de Melquisedec. Él fue un heredero legítimo y, en virtud de su rectitud, llegó a ser sumo sacerdote en el Sacerdocio de Melquisedec (véase Abraham 1:2). El Señor le prometió que su posteridad sería heredera legítima del sacerdocio. “El ser heredero del convenio abrahámico en sí no hace que la persona sea “escogida”; lo que sí quiere decir es que esa persona ha sido escogida para llevar el Evangelio, de una manera responsable, a todos los pueblos de la tierra. La posteridad de Abraham ha realizado la obra misional en todas las naciones desde la época de Abraham. (Mateo 3:9; Abraham 2:9–11)” (Bible Dictionary, “Abraham, covenant of”, pág. 602).

El presidente Ezra Taft Benson dijo: “La responsabilidad de la simiente de Abraham, que somos nosotros, es ser misioneros para llevar ‘este ministerio y sacerdocio a todas las naciones’ (Abraham 2:9)” (“El Libro de Mormón y Doctrina y Convenios”, Liahona, julio de 1987, pág. 85).

Las mismas llaves del sacerdocio que se le otorgaron a Abraham se han restaurado sobre la tierra en los últimos días. El 3 de abril de 1836, un profeta llamado Elías se apareció a José Smith y a Oliver Cowdery en el recién dedicado Templo de Kirtland y les entregó el “evangelio de Abraham, diciendo que en nosotros y en nuestra descendencia serían bendecidas todas las generaciones después de nosotros’ (D. y C. 110:12). Con esas llaves del sacerdocio nuevamente sobre la tierra, las personas pueden recibir todas las bendiciones dadas a Abraham (véase D. y C. 132:29–33).

 

¿Quién era Melquisedec? (Génesis 14:18)

“A Melquisedec le corresponde el honor de que su nombre sea usado para identificar al Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios, haciendo así posible que los hombres eviten ‘la tan frecuente repetición’ del nombre de Dios. (D. y C. 107:2—4) De entre todos los antiguos sumos sacerdotes ‘ninguno fue mayor que él’ (Alma 13:19). Su posición en la jerarquía sacerdotal del reino de Dios sobre la tierra fue semejante a la de Abraham (Heb. 7:4—10), su contemporáneo, a quien bendijo (Génesis 14:18—20; Hebreos 7:1; y a quien él confirió el sacerdocio (D. y C. 84:14).

“Ciertamente, tan glorificada y elevada era la posición de Melquisedec a los ojos del Señor y de su pueblo que vino a ser el prototipo del mismo Hijo de Dios…

“Alma nos dice que ‘…Melquisedec era rey de la tierra de Salem; y su pueblo había aumentado en la iniquidad y abominaciones; sí, se habían extraviado todos; se habían entregado a todo género de iniquidades; pero Melquisedec, habiendo ejercido una fe poderosa, y recibido la dignidad del sumo sacerdocio según el santo orden de Dios, predicó el arrepentimiento a su pueblo. Y he aquí, se arrepintieron; y Melquisedec estableció la paz en la tierra durante sus días; por lo tanto, fue llamado el príncipe de paz, pues era rey de Salem; y reinó bajo su padre’ (Alma 13:17—18).

“Pablo, quien obviamente sabía acerca de Melquisedec mucho más de lo que escribió en sus epístolas, dio como ejemplo de gran fe a una persona cuyo nombre no menciona, quien, junto con los profetas, ‘conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos…’ (Heb. 11:33—34). En la traducción del Antiguo Testamento hecha por José Smith, el Profeta, aprendemos que Pablo se refiere a Melquisedec.” (McConkie, Mormon Doctrine, pág. 474—75.)

En las antiguas tradiciones judías a menudo se considera a Melquisedec como Sem, el hijo de Noé. Melquisedec es un título que significa “rey de justicia”, aunque también se usa como nombre propio. Un escritor moderno examinó el tema tratando de descubrir si Sem y Melquisedec podían ser la misma persona, y llegó a la conclusión de que aunque no se puede afirmar con seguridad, la posibilidad existe. Dijo así:

“Examinemos primeramente lo que sabemos con respecto a Sem. Aunque la Biblia menciona a Sem como el hijo mayor de Noé (Génesis 5:32), la revelación moderna menciona a Jafet como el mayor (Moisés 8:12). Ambos relatos, sin embargo, concuerdan en mencionar a Sem como el progenitor de Israel y, de hecho, en que el sacerdocio descendió por medio de Sem sobre todos los grandes patriarcas después de Noé (1 Crónicas 1:24—27). En este orden patriarcal del sacerdocio, Sem aparece junto a Noé. Tuvo las llaves del sacerdocio y fue el gran sumo sacerdote de su tiempo.

“También había un hombre conocido como Melquisedec, que vivió en la misma época de Sem y que también era conocido como el gran sumo sacerdote. Las Escrituras nos dan detalles del nacimiento de Sem y de su linaje, pero guardan silencio en cuanto a su ministerio y a su vida posterior. Con Melquisedec, sin embargo, el caso es todo lo contrario. Nada se dice de su nacimiento o linaje, aunque el Libro de Mormón afirma que tenía padre (Alma 13:17—18). Concerniente a su ministerio y su vida conocemos varios hechos importantes y por demás interesantes. (Gén. 14:18—20; Heb. 7:1—4; Alma 13:17—18)

“Todo esto hace surgir preguntas que requieren respuestas. ¿Había dos sumos sacerdotes presidiendo al mismo tiempo? ¿Por qué los registros guardan silencio en cuanto al ministerio de Sem? ¿Por qué nada se sabe del linaje de Melquisedec?

“Por motivo de la falta de conocimiento general con relación a este dilema, muchos miembros de la Iglesia y muchos estudiosos de la Biblia se han preguntado si estos dos hombres eran la misma persona. La verdad es que no conocemos la respuesta. Pero un examen de las Escrituras resulta fascinante porque parece indicar que estos hombres pueden haber sido la misma persona. Por ejemplo, aquí tenemos algunos hechos en los que coinciden:

“1. La herencia dada a Sem incluía la tierra de Salem. Melquisedec aparece en las Escrituras como rey de Salem, gobernando en esa zona.

“2. Sem, de acuerdo con la revelación moderna, reinó en justicia y el sacerdocio descendió por medio de él. Melquisedec aparece en escena con un título que significa ‘rey de justicia’.

“3. Sem era el gran sumo sacerdote de su época. Abraham honró al sumo sacerdote Melquisedec buscando una bendición de sus manos y pagándole los diezmos.

“4. Abraham sigue a Sem en el orden patriarcal del sacerdocio y ciertamente habría recibido de él esta autoridad; pero en D. y C. 84:5—27 dice que Abraham recibió el sacerdocio de manos de Melquisedec.

“5. La tradición judía identifica Sem como Melquisedec.

“6. En la notable visión que el presidente Joseph F. Smith tuvo, se menciona a Sem entre los grandes patriarcas, pero no se hace mención de Melquisedec.

“7. Times and Seasons (vol. 6, pág. 746), que era un periódico, habla de ‘Sem, que era Melquisedec…’

“Por otra parte, hay razón para pensar que eran personas distintas. Muchos creen que el pasaje que se encuentra en D. y C. 84:14 es evidencia de que es posible que hayan existido algunas generaciones entre Melquisedec y Noé. El pasaje dice: ‘Y Abraham recibió el sacerdocio de manos de Melquisedec, que a su vez lo recibió por el linaje de sus padres, hasta Noé’.

“Si fuera el caso que Sem y Melquisedec eran la misma persona, este pasaje no sería piedra de tropiezo porque se podría interpretar que la autoridad del sacerdocio comenzó con Adán y descendió a través de los padres, hasta Noé y luego a Sem.” (Alma E. Gygi, “Is it Possible that Sem and Meichizedec Are the Same Person?”, Ensign, noviembre de 1973, págs. 15—16.)

En la traducción del capítulo 14 de Génesis hecha por José Smith, se han añadido varios versículos concernientes a Melquisedec y ellos han aumentado mucho nuestro conocimiento relacionado con este gran sumo sacerdote.

 

Abraham 2:13. “Bien haré si escucho tu voz”

El profeta José Smith enseñó: “El Señor guió a Abraham en todos sus asuntos familiares; con él conversaron ángeles y aun el Señor mismo; le fue dicho a dónde debía de ir y cuándo debía de parar; y prosperó grandemente en todo lo que emprendió, porque él y su familia obedecieron los consejos del Señor” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 306).

 

Anda delante de mí y sé perfecto (Génesis 17:1)

El mandamiento dado a Abraham fue, que debía andar rectamente delante del Señor y ser perfecto. Este mandamiento ha sido dado a los santos en todas las épocas (véase Deuteronomio 18:13; Mateo 5:48; 3 Nefi 12:48; 27:27; D. y C. 67:13).

“La salvación no viene de una sola vez; se nos manda ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Nos llevará eternidades lograr este fin, pues habrá mayor progreso más allá de la tumba y será ahí donde los fieles vencerán todas las cosas, y recobrarán todas las cosas, aun la plenitud de la gloria del Padre.

“Creo que el Señor quiso decir exactamente lo que dijo: que debemos ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Eso no vendrá de una sola vez, sino línea por línea, precepto por precepto, ejemplo por ejemplo, y aun así no mientras vivamos en este estado mortal, porque tendremos que ir aún más allá de la tumba antes de alcanzar esa perfección y llegar a ser como Dios.

“Pero es aquí donde echamos los cimientos. Aquí es donde se nos enseñan estas sencillas verdades del evangelio de Jesucristo; en este estado de probación, para ser preparados para esa perfección. Hoy debemos ser mejores de lo que fuimos ayer, y mañana mejores de lo que somos hoy. ¿Por qué? Porque estamos en este camino. Si estamos guardando los mandamientos del Señor, estamos en ese camino hacia la perfección, y eso sólo puede venir mediante la obediencia y un ferviente deseo de nuestro corazón de vencer al mundo.” (Smith, Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 17.)

 

ABRAHAM 2:14–25

ABRAHAM CONTINÚA SU VIAJE

 

Abraham 2:14. Una cronología de los últimos años de la vida de Abraham

 

Edad

Acontecimiento

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Abraham parte de Ur para la tierra de Harán (véase Abraham 2:3–4).

62

Abraham y su familia parten de la tierra de Harán hacia la tierra de Canaán (véase Abraham 2:14; adviértase que en Génesis 12:4 nos dice que él tenía 75 años cuando salió de Harán).

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Abraham y su familia viven en Egipto (véase Génesis 12:11–20).

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Abraham se establece en Hebrón (en la tierra de Canaán) y el Señor se le aparece nuevamente (véase Génesis 13).

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Abraham rescata a Lot y se reúne con Melquisedec (véase Génesis 14).

86

Nace Ismael, el hijo de Abraham con Agar (véase Génesis 16:16).

99

El Señor se le aparece nuevamente a Abraham y le confirma Su convenio con él (véase Génesis 17:1).

100

Nace Isaac, el hijo de Abraham con Sara (véase Génesis 21:5).

?

Abraham obedece el mandamiento de ofrecer a su hijo Isaac como sacrificio al Señor, el convenio de Abraham se confirma nuevamente (véase Génesis 22).

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Fallece Sara, la esposa de Abraham (véase Génesis 23).

175

Abraham muere y es enterrado con Sara en Hebrón (véase Génesis 25:7–10).

 

El llamamiento de Abraham de dejar Ur de los caldeos e ir a las tierras de Canaán y Egipto cambió el curso de su vida, de las vidas de sus descendientes y finalmente de otras naciones y civilizaciones.

 

Abraham 2:19. El Señor se le aparece nuevamente a Abraham

Las Escrituras revelan numerosas oportunidades en que el Señor habló o se le apareció a Abraham. Hasta el momento, el libro de Abraham nos ha hablado acerca de:

  • Una visión de Dios, un ángel y la voz del Señor mientras Abraham se encontraba sobre el altar (véase Abraham 1:15–19).
  • La aparición del Señor mientras Abraham se encontraba orando en la tierra de Harán (véase 2:6–11).
  • Otra aparición del Señor en respuesta a la oración de Abraham al entrar en la tierra de Canaán (véase el vers. 19).
  • Más tarde, el Señor habló o se le apareció a Abraham:
  • Antes de que Abraham fuera a Egipto (véase Abraham 2:22).
  • Después que regresó de Egipto y se estableció en la tierra de Canaán (véase Génesis 13:14–18).
  • Cuando oró por descendencia (véase Génesis 15).
  • Cuando tenía noventa y nueve años (véase Génesis 17).
  • Cuando intercedió por los habitantes de Sodoma (véase Génesis 18:17–33).
  • Cerca del tiempo en que Isaac nació (véase Génesis 21:12–14).
  • Cuando se le mandó que ofreciera a Isaac como holocausto (véase Génesis 22:1–2).
  • Durante el holocausto de Isaac en el monte (véase Génesis 22:6–19).

“Abraham recibió todas las cosas, todo cuanto recibió, por revelación y mandamiento, por mi palabra, dice el Señor, y él ha entrado en su exaltación y se sienta sobre su trono” (D. y C. 132:29).

 

Abraham 2:22–25. Abraham y Sarai en Egipto

El Facsímile 3 muestra que Abraham no sólo sobrevivió su experiencia en Egipto, sino que también recibió la invitación de Faraón de sentarse en el trono y de enseñar principios de astronomía. El Señor bendijo a Abraham y a Sarai espiritual, social y económicamente durante la permanencia de ellos en Egipto (véase también Génesis 12:16–20).

 

Abraham 2:24–25. La obediencia de Sarai

A Sarai se le indicó que dijera a los egipcios que ella era hermana de Abraham. Fue una prueba de su fe y al mismo tiempo, sin duda alguna, una difícil experiencia para Abraham. Todo lo que el Señor manda a una persona es recto y debemos obedecer (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 313). Abraham y Sarai comprendieron ese principio y pasaron la prueba divina que el Señor había puesto delante de ellos. El élder Mark E. Petersen escribió: “Con el fin de protegerse, Abraham dijo a Faraón que Sara era su hermana, lo cual era cierto. Si él hubiese revelado que ella era su esposa, es probable que lo hubiesen matado. Sin embargo, al pensar Faraón que Sara era hermana de Abraham, estuvo dispuesto a comprarla por un buen precio” (Abraham, Friend of God, pág. 69; véase también Génesis 20:12; con el fin de obtener información adicional sobre el tema, véase S. Kent Brown, “Biblical Egypt: Land of Refuge, Land of Bondage”, Ensign, septiembre de 1980, págs. 45, 47).

El nombre Sarai proviene de la raíz de una palabra que quiere decir “princesa” en hebreo y “reina” en el idioma acadio. No cabe la menor duda de que Sarai fue una mujer sumamente espiritual. El élder Bruce R. McConkie explicó: “El Señor nunca manda a apóstoles ni a profetas ni a hombres justos a ministrar a Su pueblo sin antes poner a su lado a mujeres tan espirituales como ellos. Bajo Cristo, Adán, el gran sumo sacerdote, gobierna sobre los hombres de todas las edades, pero él no puede hacerlo solo; Eva, su esposa, gobierna a su lado, poseyendo cualidades parecidas y logros propios. Abraham fue probado como muy pocos hombres lo han sido cuando el Señor le mandó ofrecer a Isaac sobre el altar (Génesis 22:1–19); y Sara tuvo que afrontar problemas similares cuando el Señor le mandó que ocultara de los egipcios que era la esposa de Abraham… De la misma forma, en todas las dispensaciones y en todas las épocas en las que ha habido hombres santos, ha habido también mujeres santas. Nadie está solo delante del Señor. La exaltación de uno depende de la del otro” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo III, pág. 302).

 

¿Por qué dijo Abraham que Sara era su hermana? (Génesis 12:10—20)

La idea de que Abraham, el gran hombre justo, dijera deliberadamente una mentira a fin de proteger su propia vida ha turbado a muchos estudiosos del Antiguo Testamento. Está bastante claro que su vida debió haber estado en peligro por causa de la belleza de Sara. Parece extraño, pero si bien los faraones egipcios tenían gran aversión a cometer adulterio, no tenían reparos en asesinar a un hombre a fin de liberar a la cónyuge con el propósito de casarse con ella.

“Matar al esposo con el fin de quedarse con la esposa parece haber sido una costumbre común entre los reyes de aquella época. Un papiro nos cuenta de un faraón que, actuando por consejo de uno de sus príncipes, mandó hombres armados a buscar a una hermosa mujer y a deshacerse del esposo de ella. Otro faraón recibió la promesa de parte de uno de sus sacerdotes, de que aun después de la muerte él mataría a los principales palestinos e incluiría en su harén a las esposas de ellos.” (Kasher, Encyclopedia of Biblical Interpretation, 2:128.)

Otra antigua costumbre permitía que la mujer fuera adoptada como hermana del hombre después del casamiento a fin de darle más derechos sociales y legales (véase Encyclopedia Judaica, s. y. “Sarah”, 14:866). Además, es posible que después de la muerte de Harán, Taré legalmente adoptara a los hijos de Harán como propios, en esa forma haciendo de Sara una hermana de Abraham.

Abraham no mintió, pero aunque técnicamente dijo la verdad al llamarla hermana, engañó a los egipcios. ¿Cómo se puede justificar ese acto? La respuesta es sencilla: Su conducta estaba justificada porque Dios le dijo que así lo hiciera (véase Abraham 2:22—25). José Smith, el Profeta, enseñó lo siguiente:

“…Aquello que en tal o cual circunstancia es malo, puede ser, y frecuentemente es, bueno en otra.

“Dios dijo: ‘No matarás’. En otra ocasión ordenó: ‘Del todo destruirás’. Este es el principio de acuerdo con el cual funciona el gobierno de los cielos: por revelaciones que se adapten a las circunstancias en que se hallaren los hijos del reino. Todo cuanto Dios requiere es justo, no importa lo que sea, aunque no podamos ver la razón por ello sino hasta mucho después que se hayan verificado los hechos…” (Enseñanzas, pág. 312.)

Puesto que Dios es perfecto y no hace nada que no sea correcto (véase Deuteronomio 32:4; 1 Samuel 15:29; Alma 7:20; D. y C. 3:2), la conducta de Abraham no fue incorrecta.

Algunos estudiosos han hecho notar que Abraham podía declarar válidamente que Sara era su hermana, pues el vocablo hebreo hermano (y hermana) era usado corrientemente al referirse a otros parientes consanguíneos. Por motivo de que Abraham y Harán, padre de Sara, eran hermanos, Sara era sobrina de Abraham y bien podía ser llamada su hermana.