Abraham 2

 

Los análisis en color verde han sido extraidos del Libro Comentarios de La Perla de Gran Precio, del Sistema Educativo de la Iglesia.

Y aquellos insertados en color marrón del documento Introducción a La Perla de Gran Precio, Guía para Instructores de Institutos.

 

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Relato de Abraham 2

 

CAPÍTULO 2

 

Abraham sale de Ur para trasladarse a Canaán—Jehová se le aparece en Harán—Todas las bendiciones del evangelio se prometen a su descendencia y, por medio de su descendencia, a todos—Llega a Canaán y sigue hasta Egipto.

 

Conceptos claves a analizar:

1. Demostrar que la comprensión de Abraham en cuanto a la obra de su vida y su conocimiento de lo que el Señor deseaba de él, solamente vino después de vivir rectamente y buscar y rogar diligentemente.

2. Obtener un mayor conocimiento del privilegio que se tiene al ser partícipes de las bendiciones del evangelio.

3. Llegar a estar más conscientes de la compatibilidad que existe en vivir una vida común y al mismo tiempo ser ministros de la verdad entre nuestros semejantes.

 

1 Ahora, Dios el Señor hizo que se agravase el hambre en la tierra de Ur, tanto que murió mi hermano Harán; pero mi padre Taré siguió viviendo en la tierra de Ur de los caldeos.

 

“El Señor hizo que se agrabase el hambre en la tierra de Ur”. A causa de la maldad y la idolatría de los habitantes de la tierra de Caldea, el Señor hizo que viniera un hambre sobre toda la tierra, la que se intensificó hasta el punto que afectó aún a los que estaban al resguardo del hambre, la pestilencia y la enfermedad. Se acrecentó de tal modo sobre Ur, la morada del padre de Abraham, que Harán su hermano, murió; pero Tare, su padre, impávido ante toda clase de reveses y privaciones se resistió tenazmente a dejar su viejo hogar.

 

2 Y aconteció que yo, Abraham, tomé por esposa a Sarai; y Nacor, mi hermano, tomó por esposa a Milca, la cual era hija de Harán.

 

Abraham tomó por esposa a Sara. Harán, el hermano de Abraham que murió en la tierra de Ur a causa del hambre que estaba haciendo estragos en la mayor parte de Caldea, dejó dos hijas, cuyos nombres fueron Sara y Milca. Abraham se casó con la primera, y su hermano Nacor, con la segunda.

 

Véase:

 

3 Y el Señor me había dicho: Abraham, sal de tu país y de tu parentela y de la casa de tu padre, a una tierra que yo te mostraré.

4 Por consiguiente, salí de la tierra de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canaán; y llevé a Lot, el hijo de mi hermano, y a su esposa, y a Sarai, mi esposa; y mi padre también me siguió hasta la tierra que llamamos Harán.

5 Y menguó el hambre; y mi padre se quedó en Harán y allí moró, porque había muchos rebaños en Harán; y mi padre volvió de nuevo a su idolatría, por lo que permaneció en Harán.

 

Vers. 3-5. “Abraham, sal de tu país…”. Obediente al mandato del Señor de que él se fuera de la tierra de su nacimiento, y abandonara su parentela y también la casa de su padre, y fuera a una nueva tierra, Abraham dejó “la tierra de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canaán”.

El mandato del Señor le llegó por boca del mismo Jehová, y él acató inmediatamente su divina autoridad. Al serle repetida la demanda, Abraham se dio cuenta de que se le requería imperiosamente que cortara todos los lazos que le unían a su tierra natal, y a sus parientes y amigos. “Sal de tu país y de tu parentela y de la casa de tu padre, a una tierra que yo te mostraré”, fue el edicto inequívoco de la voz, y para Abraham esa voz debía ser obedecida con plena confianza.

La firme obediencia de Abraham al mandato del Señor, y su inflexible fidelidad a su Hacedor, son mencionadas frecuentemente en el Nuevo Testamento, comprueba de su fe en la protección providencial que le cubría permanentemente como un dosel (Hechos 7; Hebreos 11:8). El emprendió la jornada; dónde tendría que ir, él no lo supo, pero ciertamente él supo con quien iba.

Abraham llevó junto con él, cuando dejó su hogar ancestral, a su sobrino Lot, el hijo de su hermano Harán, y a la esposa de Lot, y a Sara su esposa. No fueron ellos solos, pues el Santo Espíritu fue delante de ellos para conducirles y guiarles. No pasó mucho, antes de que Tare, el padre de Abraham, que había quedado en Ur, siguiera en pos de su hijo casi desesperado. Siendo que la familia de Abraham fue una familia de pastores, ellos se establecieron en un valle donde abundaba el pasto. A ese lugar de refugio le pusieron por nombre Harán, por el hermano fallecido de Abraham.

Allí en Harán, vivieron durante varios años, al fin de los cuales el hambre que había azotado una gran parte de Caldea, disminuyó en intensidad. Esto se vio más particularmente en Harán y sus vecindades. En ese lugar Tare, el padre de Abraham, que era un experimentado pastor, prolongó su estadía, aún después de que Abraham y sus acompañantes partieron de allí. Como por los alrededores ha de haber habido otros pastores, no debe haberle sido difícil encontrar ocupación, y además el quedarse allí le permitió ocuparse en una tarea más descansada que la que le impondrían los rigores de una larga jornada, tomando en cuenta que era de edad avanzada. Al quedarse solo, Tare se vio de nuevo acusado por sus viejas creencias; imbuido con la idea de la idolatría, el retornó a sus prácticas anteriores (Génesis 11:32).

 

Los hombres encuentran respuesta a sus necesidades espirituales mientras buscan la respuesta para sus necesidades físicas si ellos “buscan primero el reino de Dios y su justicia” y si ruegan por la ayuda del Señor para encontrar respuesta a sus necesidades.

Cuando Haran, el hermano de Abraham murió a causa de las penalidades sufridas por el hambre, Abraham se casó con la hija de Haran de acuerdo a las costumbres y leyes de su pueblo. El fin de la carestía no estaba todavía a la vista. Siendo un pastor por vocación y semi–nómade por cultura, Abraham recordó los consejos del Señor que él debía alejarse de la casa de su padre y dirigirse hasta una tierra hacia donde el Señor lo guiaría.

La referencia “la casa de tu padre” no se refería simplemente a abandonar la tienda donde éste vivía. La palabra que aparece en hebreo es “bavith” y tiene una gran variedad de significados. En este caso indica una divergencia o separación de la jurisdicción de su asociación tribal. Encontramos un uso similar de la palabra bavith en Éxodo 1:21 donde el texto dice: “Y… por causa de que las parteras temían al Señor, fue que El les hizo casas”. En la traducción de la edición revisada de las escrituras se lee en este pasaje: “Y a causa de que las parteras temían a Dios, El les dio familias”.

Aún cuando Canaán parece haber sido el último objetivo de Abraham (Abraham 2:4), él parecía no tener prisa en llegar a esa tierra. Llevando a Lot con él, el viajó solamente hasta llegar a la tierra de Haran, ubicada entre Charchemish por el oeste y Nínive por el este.

El hambre ya había empezado disminuir en las cercanías de Haran, y Abraham instaló allí a su familia. Se hace mención de que Terah, el padre de Abraham, lo siguió poco después. No se puede decir que Abraham haya dejado la casa de su padre mientras Terah estuviera con él, porque bajo el sistema patriarcal de la Mesopotamia, el patriarca mayor o más viejo del clan era quien gobernaba. La duración de su estadía en Haran no se menciona en el texto, pero fue lo suficientemente larga para que sus parientes prosperaran en la vecindad. Las buenas fortunas de las gentes de Terah deben haber sido restituidas porque ellos se volvieron nuevamente a la idolatría. Tanto Abraham como Lot están descritos en Génesis como señores poderosos que tenían un numeroso séquito. Haran debe haber atraído a otros numerosos clanes semi–nómades según se mencionan “muchos rebaños” en el versículo 5.

 

6 Mas yo, Abraham, y Lot, el hijo de mi hermano, oramos al Señor, y el Señor se me apareció y me dijo: Levántate y toma a Lot contigo; porque me he propuesto sacarte de Harán y hacer de ti un ministro para llevar mi nombre en una tierra extraña que daré por posesión perpetua a los de tu descendencia después de ti, cuando escuchen mi voz.

 

“Yo Abraham, y Lot el hijo de mi hermano, oramos al Señor…”. Entendiendo que si se quedaba en Harán, con su padre Tare, no cumpliría cabalmente con el pedido del Señor, Abraham se unió a Lot, en una oración al Señor, procurando saber la voluntad del Señor en cuanto a lo que debía hacer.

La súplica de Abraham fue contestada inmediatamente. Mientras aún se hallaba pidiendo la guía del Señor, Él se le manifestó. Entonces el Señor le mandó que se levantara y se aprestara a partir. Y le dijo, “toma a Lot contigo”, porque fue su propósito sacarle de Harán (se supone la ubicación de Harán a mitad de camino entre Mesopotamia y la tierra de Canaán, a unas 300 millas de ambos lugares). Además el Señor le aclaró a Abraham lo que se proponía con respecto a esa “tierra extraña”, a la que Él quiso llevarles.

“Me he propuesto …hacer de ti un ministro que llevará mi nombre”, o sea, llevar el Sacerdocio a una tierra escogida que sería la herencia sempiterna de su simiente, para “cuando escuchen mi voz”. Escuchar la voz del Señor es obedecer sus mandamientos.

 

Abraham y Lot no eran solamente pastores de ovejas; sino también pastores de hombres (Abraham 2:15), de modo que estaban siendo activos en apariencia, en el ministerio (El Libro de Jasher 12:35–43 y 15:36 destaca el hecho que Abraham estaba siendo un ministro de la palabra del Señor dondequiera que estuviera viajando).

Si bien nuestro texto implica que fue a causa de la idolatría de Terah que Abraham y Lot rogaron al Señor para saber qué hacer, existía otra presión de naturaleza menos espiritual que también hizo necesaria tal decisión. Abraham 2:17 dice que Abraham había construido un altar en la tierra de Jershon (antes de abandonar Haran), donde podría adorar y hacer ofrendas a Dios y pedirle que desviara la carestía y el hambre lejos de la casa de Terah, para que no perecieran. Así, podemos ver que una vez más la vida de Abraham, aunque si bien afectada por fuerzas externas, estaba también llena de grandes realizaciones a través de los deseos de su alma interior de estar al servicio del Señor. Seguramente Terah había estado usando su influencia como patriarca para imponer la idolatría al clan, y esto debe haber sido una fuente de grandes angustias para Abraham.

Lot se unió a Abraham en la búsqueda del consejo del Señor y ellos recibieron su respuesta. Abraham tuvo que:

1.– Abandonar Haran,

2.– Llegar a ser un ministro predicador de la palabra de Jehová en una tierra extranjera,

3.– Recibir esta tierra extranjera como una posición eterna,

4.– Estar seguro que sus hijos poseerían esta tierra extranjera como una posesión eterna tanto como se mantuvieran fieles y atendieran los mandamientos del Señor.

Uno podría asombrarse de la importancia que se da a la donación del Señor al dar a su pueblo un trozo de tierra, especialmente tan increíble cómo Canaán, puede parecer a nuestros ojos occidentales. Antiguamente cada vez que dos personas hacían entre ellos un convenio, se intercambiaban regalos. El regalo de Abraham al Señor fue el servicio que él prometió cumplir en el ministerio y la predicación del evangelio. Aunque la tierra era una posesión de tipo físico y temporal, tenía una importancia espiritual. Inherente en el evangelio está la promesa que todos aquellos que obedecen y guardan los mandamientos del Señor, serán algún día herederos del Reino Celestial y tendrán reposo eterno con Dios en este reino. Cuando el Señor, finalmente concedió un rey a Israel, El dijo a Samuel que no era al Profeta a quien él había rechazado, sino al mismo Rey de los cielos. Los profetas interpretaron el reino terrestre como el prototipo del reino divino que viene cuyo gobernante será el Señor como Rey de reyes y Señor de señores. La capital de este reino no era otra que la Ciudad Santa –Jerusalén, desde donde se publicaría la ley, la palabra del Señor. Este pensamiento es adecuadamente resumido en los escritos de Hebreos:

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como heredad; y salió sin saber a dónde iba.

“Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque consideró que era fiel el que lo había prometido.

“Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

“En la fe murieron todos éstos sin haber recibido las cosas prometidas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y aceptándolas, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.

“Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria, pues si en verdad se hubiesen acordado de aquélla de donde salieron, habrían tenido tiempo de volver.

“Pero deseaban una mejor, a saber, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les había preparado una ciudad.” (Hebreos 11:8–16).

Además del pasaje dado arriba, deberá leerse Hebreos 3 y 4 para ver cómo la idea de entrar a Canaán simbolizaba la entrada en el reposo del Señor, o la salvación.

 

7 Porque yo soy el Señor tu Dios; yo habito en el cielo; la tierra es el estrado de mis pies; extiendo mi mano sobre el mar, y obedece mi voz; hago que el viento y el fuego me sean por carro; a las montañas digo: Idos de aquí; y he aquí, se las lleva el torbellino en un instante, repentinamente.

 

“Yo soy el Señor tu Dios”. En estas palabras el Señor proclamó su autoridad para hablar. No fue él como los dioses de Elkenah, o de Faraón, que no hablaban, ni pensaban, ni tenían sentimientos. No fue como Shagreel, el Dios del sol, o la luna, porque él, el Señor, había creado al sol y la luna, y las estrellas.

Los cielos, donde él morada y la tierra, el escape de sus pies (significa algo sólido), ambos fueron hechos por él. Imaginamos al Señor diciendo, “yo soy el Dios de tus padres, el único Dios verdadero y viviente”. Él le dijo a Abraham, “Extiendo mi mano sobre el mar y obedecen y voz; hago que el viento y el fuego sean mi carroza; a las montañas digo: idos de aquí; y, he aquí se las lleva el torbellino, en un instante, repentinamente”. Con estas palabras el Señor trató de impresionar a Abraham con una noción del poder que él poseyó, en comparación con los dioses paganos, carentes por completo de estas cualidades.

Para fortalecer la fe de Abraham en las promesas del Señor, y para prepararlo para la peligrosa jornada que estaba a punto de emprender, el Señor se le apareció y se le manifestó. Abraham había vivido desde su infancia en medio de la adoración pagana. Tuvo ante sí constantemente dioses de madera y de piedra. Sus parientes en Ur adoraban al dios sol, y sus vecinos recién conocidos en Harán, al dios luna. No hay duda de que todas estas pretensiones y costumbres tuvieron influencia en su vida y dieron forma a algunas de sus conclusiones. Fue por esa razón que el Señor le mandó, “vete de tu tierra y de tu parentela, de la casa de tu padre”.

 

8 Jehová es mi nombre, y conozco el fin desde el principio; por lo tanto, te cubriré con mi mano.

 

“Jehová es mi nombre”. Indudablemente que Abraham estuvo familiarizado con este nombre pues el Señor había preservado en sus manos algunos anales escritos por los antiguos patriarcas (Moisés 6:5; Abraham 1:28). O también, cuando Abraham estuvo a punto de ser ofrecido como sacrificio por el sacerdote de Faraón, un ángel del Señor le apareció y desató sus ligaduras. En esa ocasión Abraham oyó una voz diciendo: “Abraham, Abraham, he aquí mi nombre es Jehová”.

En los escritos antes mencionados dice: “Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre del Señor”. Ese nombre fue Jehová. Jehová significa Creador. En la forma hebrea de la palabra Jehová, es Yahveh, y se remonta mucho más atrás del tiempo de Abraham. Jehová es el nombre del Señor.

 

9 Y haré de ti una nación grande y te bendeciré sobremanera, y engrandeceré tu nombre entre todas las naciones, y serás una bendición para tu descendencia después de ti, para que en sus manos lleven este ministerio y sacerdocio a todas las naciones.

 

“Haré de ti una gran nación”. La intención del Señor al bendecir de esa manera a Abraham, puede comprenderse al tomar en cuenta la vasta multitud de buenos hombres y mujeres que habitan en cada parte del globo que por su linaje demuestran tener por antecesor común a Abraham. Grandes cantidades de sus descendientes esparcidos en toda la tierra, hijos de esta promesa, han heredado la divina misión de proclamar el evangelio sempiterno y al eterno Dios, y por derecho del linaje ministrar a todos los pueblos del mundo. En la obra de ese ministerio que le fue señalado por el amoroso Padre de todos los hombres, ellos llevarán el Sacerdocio de Dios a todos los hijos de Abraham (ver “la simiente de Abraham”, al final del capítulo 5).

 

10 Y las bendeciré mediante tu nombre; pues cuantos reciban este evangelio serán llamados por tu nombre; y serán considerados tu descendencia, y se levantarán y te bendecirán como padre de ellos;

11 y bendeciré a los que te bendijeren, y maldeciré a los que te maldijeren; y en ti (es decir, en tu sacerdocio) y en tu descendencia (es decir, tu sacerdocio), pues te prometo que en ti continuará este derecho, y en tu descendencia después de ti (es decir, la descendencia literal, o sea, la descendencia corporal) serán bendecidas todas las familias de la tierra, sí, con las bendiciones del evangelio, que son las bendiciones de salvación, sí, de vida eterna.

 

Vers. 10-11. “En tu descendencia… serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Esta es una predicción hecha por Dios mismo referida a la vida y ministerio de el Salvador de la humanidad, Jesucristo, nuestro Señor.

 

12 Y después que el Señor hubo cesado de hablarme, y retiró su faz de mí, dije en mi corazón: Tu siervo te buscó diligentemente; ahora te he hallado;

13 enviaste a tu ángel para librarme de los dioses de Elkénah, y bien haré si escucho tu voz; permite, pues, que tu siervo se levante y vaya en paz.

 

Vers. 12-13. “Tu siervo te buscó diligentemente; ahora te he hallado”. Aunque el Señor había dejado de hablarle palabras de consuelo y de ánimo, y a pesar de que su presencia no estuvo más delante de Abraham, éste no se sintió sólo. Aún continuaba con él el Espíritu de Dios. Sobreabundando de gozo por encontrarse al servicio del Señor. Abraham contestó a la manifestación celestial, con el corazón rebosante de felicidad, con palabras meditadas: “tu siervo te buscó diligentemente: ahora te he hallado”. Estas palabras reflejan los más íntimos de los pensamientos que le embargaban, mientras contemplaba el fin de la gloriosa escena.

Abraham recapituló el momento cuando un ángel de las mansiones gloriosas le apareció para librarle de ser sacrificado al dios de Elkenah. Para él, eso representó un maravilloso despliegue de poder de Dios. Ese Dios a quien conocieron sus padres, y ello le presagió un futuro de paz y felicidad. Esta y muchas otras manifestaciones que tuvo de como la providencia divina cuidó de él, impulsaron a Abraham a considerar que era su deber obedecer los mandamientos del Señor. Por lo tanto con una oración en el corazón y resuelto a dar o ido a la voz del Señor, suplicó humildemente en una oración dirigida al Todopoderoso Dios: “permite, pues, que tu siervo se levante y vaya en paz”.

14 Así que yo, Abraham, salí como el Señor me había dicho, y Lot fue conmigo; y yo, Abraham, tenía sesenta y dos años de edad cuando salí de Harán.

15 Y tomé a Sarai, a quien había recibido por esposa cuando moraba en Ur de los caldeos, y a Lot, el hijo de mi hermano, junto con todos nuestros bienes que habíamos reunido, y las almas que habíamos ganado en Harán, y tomamos el camino de la tierra de Canaán, habitando en tiendas mientras viajábamos;

 

Vers. 14-15. “Así que yo, Abraham, salí como el Señor me había dicho”. Obedeciendo lo que el señor le había mandado, Abraham, que para ese entonces tenía 62 años de edad (en Génesis 12:4 se le da a Abraham una edad de 75 años) salió de Harán llevando consigo a Lot. Tomó también consigo a su esposa Sara, y a todos los que desde que salieron de Ur se habían unido a ellos abandonando todas sus ideas en cuanto al dios sol y la diosa luna, y los dioses de madera y de piedra, a los cuales ellos podían tocar. También llevaron con ellos toda la “substancia” que habían acumulado desde que abandonaron su tierra nativa. Guiados por inspiración y protegidos por el poder del Señor, la pequeña compañía, guiada por Abraham, tomo “el camino de la tierra de Canaán, habitando en tiendas mientras viajábamos”.

 

La misión en la vida de Abraham tuvo un desarrollo gradual claramente reconocible cuando se mira en retrospectiva.

Uno de los interesantes aspectos del Libro de Abraham es el conocimiento con que este libro nos lleva a los viajes de Abraham desde el lugar de su nacimiento hasta la tierra de Canaán. La historia se presentó en el libro de Génesis (en versión condensada) desde el tiempo que Abraham dejó Haran. Los incidentes más tempranos de la vida de Abraham están borrados de las narraciones bíblicas, aunque sí están incluidos en las versiones apócrifas. Cuando uno lee Génesis, podría parecer que aunque el Señor dio un edicto a Abraham el cual él inmediatamente obedeció; por ejemplo, el tuvo que abandonar la casa de su padre. En efecto, en el Libro de Abraham, el viaje no fue hecho con prisa ni con aparente desesperación, a menos que se acepte el hecho que la carestía y el hambre representaron una complicación seria en la vida de un pastor semi–nómade.

El desarrollo gradual de una misión en la vida de Abraham es un ejemplo de las más grandes lecciones de las escrituras. La vida siguió su curso normal. Tiempos de bonanza fueron seguidos por carestías. La gente supersticiosa atribuía sus buenas fortunas a aquellos dioses de quienes ellos creían que presidían sobre las estaciones, las lluvias y las cosechas. Los sacrificios humanos eran un suceso diario y las hambres una espantosa amenaza. Los hombres actuaban en forma normal dentro del contexto de su cultura, aceptando o rechazando las normas de la sociedad, como aún hoy lo hacen. Ellos reaccionaban contra aquellas fuerzas dentro de su ambiente como los hombres siempre han reaccionado en contra de sus propios ambientes.

La historia de Abraham llega a ser significativa para nosotros porque él dice que una particular serie de eventos dentro de su vida, fue dirigida directamente por la mano del Dios Todopoderoso, influenciada y finalmente revelada acerca del propósito de su vida. Según se registra en nuestro texto, cada vez que Abraham cambió su residencia –como la posible excepción de la vez que fue liberado del altar– la mudanza fue provocada por el hambre y la carestía en la tierra tanto como por otras circunstancias atenuantes. Así, fue bajo la presión de las circunstancias de la vida que Abraham solicitó la ayuda del Señor y finalmente obtuvo la maravillosa respuesta registrada en Abraham 2:9–11. Abraham estaba siendo un predicador del evangelio antes de recibir esta revelación, pues en esta ocasión se descubrió ante sus ojos una nueva dimensión de su responsabilidad. Siempre, antes, su trabajo en la predicación había sido un aditamento o agregado a su normal vida de pastor. Ahora parecía que su vida de pastor llegaría a ser el agregado a su trabajo de ministro del Señor. Significativamente Abraham expresó sus sentimientos sobre la ocasión en que el Señor se apartó después de hablarle:

“Y después que el Señor hubo cesado de hablarme, y retiró su faz de mí, dije en mi corazón: Tu siervo te buscó diligentemente; ahora te he hallado;

“enviaste a tu ángel para librarme de los dioses de Elkénah, y bien haré si escucho tu voz; permite, pues, que tu siervo se levante y vaya en paz” (Abraham 2:12–13).

¿Cuántos misioneros han regresado al hogar desde el campo misional a enfrentar las realidades de la vida diaria en un ambiente secular y han sabido cómo llevar a cabo la admonición de buscar primero el reino de Dios? Algunos se sintieron frustrados con la demasiada real presión de encontrar su camino en un mundo materialista. Aquellos que encontraron la verdadera felicidad y el significado de sus vidas en servir al Señor, han hecho el mismo descubrimiento que Abraham hizo. No se alejen de las presiones ordinarias de la vida, sino busquen en vuestra vida de trabajo el medio de alcanzar el gran fin –la construcción del reino de Dios (donde quiera que estén) por precepto, ejemplo, y dedicación. Abraham, hasta donde lo revelan los textos, permaneció como un pastor durante todos los días de su vida; pero el Libro de Jasher registra lo que debe ser un verdadero resumen de esa vida.

“Y todos los habitantes de Canaán, y todos aquellos que habían conocido a Abraham, lloraron a Abraham un año completo, y hombres y mujeres se lamentaban por él.

“Y todos los niños pequeños, y todos los habitantes de la tierra lloraron por causa de Abraham, pues Abraham había sido bueno con ellos, y porque él había sido recto y justo con Dios y los hombres.

“Y no apareció ningún otro hombre que fuera temeroso de Dios como Abraham, pues él había sido temeroso de Dios desde los días de su juventud y había servido al Señor, y había seguido sus caminos durante toda su vida, desde su infancia hasta el día de su muerte.

“Y el Señor estuvo con él y le liberó de los designios de Nimrod y su gente, y cuando él hizo la guerra contra los cuatro reyes de Elam, los conquistó. Y trajo a todos los hijos de la tierra al servicio de Dios, y les enseñó los caminos del Señor.

“Y él plantó una arboleda y una viña allí dentro y siempre tenía preparada en su tienda comida y bebida para aquellos que pasaban a través de la tierra, para que pudieran satisfacerse en su casa.

“Y el Señor Dios preservó toda la tierra por causa de Abraham” (Libro de Jasher 26:32–37).

 

16 por tanto, la eternidad fue nuestra protección y nuestra roca y salvación, mientras viajábamos de Harán por el camino de Jersón para llegar a la tierra de Canaán.

17 Entonces yo, Abraham, edifiqué un altar en la tierra de Jersón e hice una ofrenda al Señor, e imploré que se apartara el hambre de los de la casa de mi padre, a fin de que no perecieran.

 

Vers. 16-17. “La eternidad fue nuestra protección…”. Poniendo su confianza en Dios, cuyo atento cuidado acompaña a todos los que aman el hacer su voluntad, la pequeña banda de colonos en busca de un nuevo hogar viejo “por el camino de Harán para llegar a la tierra de Canaán”. Ellos tuvieron la seguridad de que Dios les cubriría con su protección en contra de todo daño, y que tendrían paz. Su roca (Creador) fue el Señor, así como fue su salvación; los antiguos hebreos solían decir: “¿Quién es nuestra Roca, sino nuestro Rey; y quién es nuestro Rey sino el Señor; y quién es el Señor a menos que él sea Dios?”. La idea expresada en estas pocas palabras fue heredada por los judíos, y vino desde el tiempo de Abraham.

Yo Abraham edifique un altar en la tierra de Jersón. Fiel a la confianza que el Señor había depositado en él, Abraham, junto con todas las almas que había juntado, acordaron rendir homenaje al verdadero Dios, y edificaron un altar en la tierra de Jersón, y en el “hice una ofrenda al Señor”. La construcción de un altar con el propósito de ofrecer un sacrificio Dios, fue la manera reconocida de adorar que se empleó en los tiempos patriarcales, y posteriormente se estableció como patrón de acuerdo al cual se le recordaron a Israel las gloriosas promesas de la salvación.

Olvidando sus propias vicisitudes, pero no las penalidades que estaban pasando sus seres amados, que habían quedado en Caldea azotada por la inmensa hambre, Abraham consideró propicio interceder en favor de ellos y oro a Dios en esa solemne ocasión “para que no muriesen”.

 

18 Y de Jersón pasamos por el país hasta llegar al sitio de Siquem, que se encontraba en las llanuras de More; y ya habíamos llegado a las fronteras de la tierra de los cananeos; y allí en el valle de More ofrecí sacrificio e invoqué devotamente al Señor, porque ya habíamos llegado a la tierra de esta nación idólatra.

 

El itinerario de Abraham desde Harán hasta la tierra de Canaán. Como hemos visto, Harán estaba a media distancia entre Mesopotamia y la tierra de Canaán, unas 300 millas. La jornada de Abraham hacia el sud oeste y hacia el oeste ha sugerido que Abraham y su pequeña comitiva atravesaron Siria, deteniéndose probablemente en Damasco para recobrar fuerzas. Después de fortalecer sus espíritus y restaurar sus fuerzas dejaron Damasco y continuaron su viaje hacia el sud oeste a través de Basán a un lugar cercano al mar de Galilea y desde allí al lugar de Siquem en el centro de Canaán, que fue el antiguo nombre de Palestina. Ha sido señalado que para ese tiempo mucho de Siria y Canaán estuvo ocupado por los amorreos una raza idólatra.

El lugar de Siquem, situado en las llanuras de Moré (generalmente se considera que el lugar de Siquem fue un antiguo santuario consagrado a los dioses paganos, y las llanuras de Moré hacen pensar en la misma cosa. De todos modos, Siquem fue un valle dedicado al pastoreo que en el tiempo de Abraham no estuvo habitado. En ese lugar el arbusto denominado Terebinto, muy común en Palestina, sirve de abrigo contra los ardientes rayos del sol. “Se destaca por sus amplias ramas y el verde obscuro de su follaje”. Es muy probable que debido a su corredora sombra y frescor, Abraham haya escogido un bosquecillo de esos árboles como lugar propicio para acampar, el que a la vez les daba protección en contra de las bandas de ladrones que generalmente infestaban esas regiones.

Sintiéndose inseguro sin el protector cuidado del Todopoderoso Dios, Abraham ofreció un sacrificio donde estaban acampando, y rogó devotamente que les protegiera de sufrir vejámenes, siendo que ya se encontraban en tierra de “esta nación idólatra”.

 

19 Y el Señor se me apareció en respuesta a mis oraciones, y me dijo: Daré esta tierra a tu descendencia.

 

“Daré esta tierra a tu descendencia”. Contestando la súplica de Abraham, el Señor le aparece nuevamente asegurándole que no sufrirían ningún daño a manos de las bandas de tribeños que asolaban la región. También el Señor le confirmó a Abraham la promesa que le había hecho, “daré esta tierra a tu descendencia”.

El Señor no sólo hizo convenio con Abraham individualmente, sino que muchas generaciones de sus descendientes serían las beneficiarias del solemne compromiso que allí expresó el Señor. “Esa tierra su posteridad la ocuparía durante siglos como un pueblo peculiar; en ella sembrarían las semillas del conocimiento divino para beneficio de la humanidad; y considerada en su situación geográfica, fue escogida con sabiduría divina como la tierra más apta para servir de cuna a la revelación divina destinada a todo el mundo”.

 

Dios está solamente atado por sus promesas durante el tiempo que los hombres obedecen sus mandamientos; pero, cuando los hombres se desvían o alejan de los mandamientos, ellos son privados de Su ayuda hasta que se arrepientan.

Muchas veces se ha hecho la pregunta de por qué el Señor apartó a Abraham de entre todos los hombres para recibir grandes bendiciones y ser llamado el Padre de la Justicia. Por supuesto, el hecho de que él había sido pre–ordenado a tan gran llamamiento es una parte importante de la respuesta; pero Abraham mostró que su gran auto dignidad era como una vasija de honor en su vida. La gente a menudo busca los honores sin dar ningún servicio en cambio. Cuando el Señor decidió revelar a Abraham el espantoso destino decretado para las malvadas ciudades de Sodoma y Gomorra, El mostró su fe en Abraham, en su lealtad y en su confiabilidad.

“Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,

“habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?

“Porque yo lo conozco, que mandará a sus hijos y a su casa después de sí que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.” (Génesis 18:17–19).

Abraham rogó por un propósito en su vida, y el Señor le bendijo con una misión. Cuando alguien es apartado para obtener bendiciones, él está bajo una especial obligación. Una vez más debemos de recordar que el Señor está solamente atado y obligado cuando hacemos lo que El nos ha dicho. Los padres pueden recibir una promesa por su fidelidad, pero los hijos pueden desechar la promesa. Alguien da una mirada a los judíos y dice: “Mira lo que ellos hicieron al Salvador del mundo. ¿Cómo pueden ser un pueblo escogido?” El Señor dijo al antiguo Israel:

“Ahora pues, si dais oído a mi voz y guardáis mi convenio, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra.” (Éxodo 19:5).

Israel fue solamente un pueblo escogido hasta que ellos dejaron de mantenerse obedientes a los mandamientos del Señor. En el día que ellos llevaron al Señor a la muerte, Paulo dijo a los judíos:

“Pero no es que la palabra de Dios haya fallado, porque no todos los que son de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham son todos hijos, sino: En Isaac te será llamada descendencia.

“Es decir: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados en la descendencia.” (Romanos 9:6–8).

Es una gran verdad hoy día, que los Santos de los Últimos Días son hijos del convenio y herederos de las bendiciones del Señor solamente si ellos guardan los mandamientos del Señor y cumplen sus obligaciones como un reino de sacerdotes para criar el ministerio del evangelio a toda la humanidad que los hombres pueden bendecirse a sí mismos a través de aquello que nos dan.

 

20 Y yo, Abraham, me levanté del lugar donde le había edificado el altar al Señor, y me trasladé de allí a una montaña al oriente de Betel, y planté mi tienda allí, estando Betel al occidente y Hai al oriente; y allí levanté otro altar al Señor, e invoqué de nuevo el nombre del Señor.

 

“Y yo Abraham,… invoqué de nuevo el nombre del Señor”. Abraham, no comprendiendo plenamente en toda su extensión los propósitos de Dios al conducirle a una tierra extraña, que no conocía, ahora que él y su pequeña compañía habían llegado a la tierra de Canaán, buscó sin descanso un lugar apropiado para establecerse permanentemente, en donde pudiera haber realizados sus más altos ideales.

Los lugares fueron algunos atractivos, otros no. Debe recordarse que la vida de Abraham había sido pastoril, y puede presumirse que en sus andanzas le seguiría una creciente cantidad de ovejas. No conforme con las condiciones imperantes de Siquem, que se encontraba en las llanuras de Horeb, el mundo su campamento al oriente de Betel, hacia una cadena de montañas en las que su mayor elevación le aseguraban pasturas más abundantes y verdes. En ese lugar podrían pastar sus ovejas y los demás animales que llevaban con ellos.

En ese lugar, Abraham de nuevo edifico un altar al señor, e invocó su nombre en humilde oración.

 

21 Y yo, Abraham, viajé, continuando todavía hacia el sur; y seguía el hambre en la tierra; y yo, Abraham, decidí descender a Egipto para morar allí, porque se agravó el hambre.

 

“Y yo Abraham, viajé, continuando todavía hacia el sur”. No habiendo aún hallado un lugar satisfactorio, quizás porque el Santo Espíritu le urgía a que siguiera adelante a fin de poder cumplir los propósitos de Dios. En cuanto a él, Abraham dejó el campamento en las montañas “yendo todavía hacia el sur”. El hambre que había devastado la tierra de Caldea, estaba ahora haciendo estragos en Canaán, en donde ahora el extranjero Abraham estaba viviendo, y sus habitantes sufrían penosamente a causa de ella.

Más hacia el sur se encontraba Egipto. Abraham decidió viajar allí hasta que el hambre dejase de ser tan grave en el norte.

Egipto fue una tierra descubierta por una mujer, Egiptus, nombre que significa “prohibido”, todo el territorio era atravesado por un gran río. El valle del Nilo y particularmente su delta estuvieron entonces cubiertos por las aguas (Génesis 13:10; Abraham 1:24). Esa tierra ofrecería a Abraham lo que estaba buscando.

 

Véase:

 

22 Y sucedió que cuando estaba cerca, ya para entrar en Egipto, el Señor me dijo: He aquí, Sarai tu mujer es de hermoso aspecto;

23 por tanto, sucederá que cuando la vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y te matarán, mas a ella le preservarán la vida; por tanto, hazlo de esta manera:

24 Diga ella a los egipcios que es tu hermana, y vivirá tu alma.

25 Y aconteció que yo, Abraham, dije a Sarai, mi esposa, todo lo que el Señor me había dicho; por tanto, te ruego les digas que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.

 

Vers. 22-25. “Sara tu mujer es de hermoso aspecto”. El Señor, que no dejaba de velar por Abraham, antes de que éste entrara en Egipto le previno que su esposa, era “de hermoso aspecto”. “Por tanto, sucederá que cuando la vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y te matarán, mas a ella le preservarán la vida; por tanto, hazlo de esta manera: Diga ella a los egipcios que es tu hermana, y vivirá tu alma”. Sara era de hermosa apariencia, oriunda de tierras altas y montañosas, mientras que los egipcios descendientes de Egiptus, la esposa de Cam, hija de Noé, tuvieron la piel negra. Egiptus, quien descendió de Caín había transferido a sus descendientes la piel negra heredada como resultado de la maldición que persiguió a la simiente de Caín. “Y aconteció que, como entró Abraham en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. Viéronla también los príncipes de Faraón y se la alabaron; y fue llevada la mujer a casa de Faraón” (Génesis 12:14-15).

Fue por causa de la belleza de Sara que el Faraón tuvo noticias de Abraham. El rey era dueño de ovejas, vacas, asnos, y tuvo siervos y criadas y otras riquezas, en base a las cuales los egipcios hacían sus transacciones. El las ofreció a Abraham “por causa de ella”, con la idea de comprarla. “Mas Jehová hirió a Faraón con grandes plagas, por causa de Sara, la mujer de Abraham” (Génesis 12:17).

Para los estudiantes de la vida de Abraham, estos versículos no significan una tentativa, inspirada por Dios a Abraham para engañar a los egipcios, sino una protección providencial para librarles de la maldad de un pueblo idólatra; que también sirvió para que el único y verdadero Dios viviente les manifestará su poder, pues Abraham tenía que llevar a cabo entre los egipcios una gloriosa misión.

Moisés escribió lo que tenemos ahora en el capítulo ocho del libro que lleva su nombre en la Perla de Gran Precio, y lo que aparece en una forma fragmentada en el libro de Génesis en las escrituras hebreas, con la información que obtuvo de la abundante fuente de toda verdad, y de anales ya existentes. Muy posiblemente algunos de estos anales fueron escritos por Abraham mismo por su propia mano; y contendrían una información sobre sus viajes más detallada de la que aparece en los escritos de Abraham como tenemos en el libro de Abraham. Es evidente que los escritos de Abraham como los tenemos en el libro que lleva su nombre, son una exposición doctrinal que tiene como fin transmitir verdades celestiales y un abundante conocimiento acerca de la grande y gloriosa creación de Dios (se sugiere hacer un cuidadoso análisis de todo el capítulo 2 del libro del Génesis).

 

Aunque Abraham tuvo que huir de su hogar cuando era un joven para escapar del peligro de ser ofrecido como sacrificio humano a un dios pagano, él fue beneficiado con la experiencia. Esto lo capacitó para obtener el sacerdocio, para aprender grandes principios de justicia y rectitud de Melquisedec, y para ser más maduro en sus juicios.

Sea que él regresó a su hogar específicamente para obtener los registros sagrados de sus padres o asistir en un ministerio el cual puede haber hecho en el camino o a reunirse con su familia, el texto nunca lo indica en forma suficientemente clara. Abraham 1:30 sugiere que él se encontró con que una gran carestía y hambre había afectado a su hogar y parientes y esto cambió las cosas para él. Esta lección empieza cuando Abraham, habiéndose reunido con su familia fue también afectado en su propia vida por la carestía y el hambre.

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