Comentarios Abraham 1

 

Los siguientes comentarios en color marrón han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 30–34.

Pero también se han insertado en color violeta los comentarios, que son pertinentes al análisis, del manual El Antiguo Testamento Parte 1, Manual del Alumno, págs. 45–52.

 

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ABRAHAM 1:1–4

ABRAHAM BUSCA LAS BENDICIONES

DE LOS PADRES

 

Abraham 1-Mapa 1

 

Introducción

Tú eres de “la simiente de Abraham” (D. y C. 84:34; véase también D. y C. 132:30). ¿Qué significa esta declaración? Probablemente encuentre expresiones similares en su bendición patriarcal. ¿Cuáles son las bendiciones de Abraham a las que tiene derecho? y ¿qué tienen que ver con usted bendiciones dadas hace tanto tiempo? ¿Son las bendiciones dadas a Abraham básicamente distintas a las bendiciones dadas a Adán, Enoc o Noé?

En este capítulo estudiaremos el convenio establecido entre Jehová y Abraham, y daremos especial atención a los elementos del mismo y a las bendiciones y responsabilidades que encierra. Al estudiarlo, busque la forma en que este convenio se aplica a su propia vida. Por motivo de que es miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, el convenio ya es parte de su vida, pues lo aceptó al aceptar el bautismo, y su salvación eterna depende de la forma en que cumpla las promesas que hizo en esa ocasión. Por esta razón sería prudente que comprendiera cabalmente la naturaleza de este convenio.

 

Abraham 1:1. Los caldeos y los egipcios

A Ur, el lugar de nacimiento de Abraham, por lo general se lo identifica con la moderna ciudad de Mugheir, en el Iraq de hoy. Está a unos 240 kilómetros del Golfo Pérsico y a unos 1.400 kilómetros de Egipto. Aun cuando los pueblos de Caldea y de Egipto estaban geográficamente separados, parecería que en los días de Abraham poseían las mismas creencias y prácticas religiosas.

El élder Mark E. Petersen, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó que Abraham “mencionó que el sacerdote Elkénah era también el sacerdote de Faraón. El altar [véase el Facsímile 1, figura 4] obviamente se edificó especialmente para sacrificios humanos.

“¿De qué modo llegó hasta Mesopotamia ese adoctrinamiento egipcio? ¿Qué estaba haciendo el sacerdote de Faraón en Ur?

“En esa época, la influencia egipcia se dejaba sentir por toda la Media Luna de las tierras fértiles [una región geográfica que se extiende haciendo una curva que va desde el norte de Egipto hasta Mesopotamia y después hacia el este y hacia el sur contra el Golfo Pérsico]. Gran parte de los conocimientos avanzados de la gente del Nilo se extendió fuera de sus fronteras, incluso algunas de las costumbres religiosas” (Abraham, Friend of God, 1979, págs. 42–43).

 

Abraham 1:1. Los primeros años de Abraham

Abraham pudo haber conocido al profeta Noé. La cronología bíblica indica claramente que Noé vivía durante los primeros años de la vida de Abraham. En Abraham 1:19, el Señor menciona Su relación de convenio con Noé con el fin de enseñar a Abraham acerca de la relación de convenio que el Señor tendría con él.

 

Abraham 1:2. ¿Por qué buscó Abraham las bendiciones de los padres?

El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “El verdadero discípulo tiene un innato deseo inquisitivo de saber, personalmente, todo lo que Dios está dispuesto a enseñarnos. Nefi podía haber aceptado sin reservas la visión de Lehi, su padre; pero él deseaba ‘conocer las cosas que [su] padre había visto’ (1 Nefi 11:1) Abraham buscó, aun cuando su padre se había vuelto en contra de la fe, una ‘mayor felicidad, [y] paz’ y su ‘nombramiento en el sacerdocio’ (Abraham 1:2, 4). Abraham se describió a sí mismo como alguien que deseaba ‘ser el poseedor de gran conocimiento, y ser un seguidor más fiel de la rectitud’ (Abraham 1:2), en pos de la palabra de Cristo. La inspiración que recibimos de fuentes divinas nos insta a deleitarnos ya que sabemos que, al hacerlo, podemos aumentar nuestro conocimiento, eficacia y gozo” (Wherefore, Ye Must Press Forward, 1977, pág. 119).

 

Abraham 1:2. ¿Cuál es el “derecho que pertenecía a los patriarcas”?

El profeta José Smith enseñó que Adán recibió el sacerdocio “en la Creación, antes de ser formado el mundo” y que él poseyó las llaves de la Primera Presidencia (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 182).

El presidente Ezra Taft Benson dijo:

“El orden del sacerdocio del que se habla en las Escrituras se menciona a veces como el orden patriarcal debido a que se ha transmitido de padres a hijos…

“Abraham, que fue un siervo justo de Dios, habiendo deseado, como él mismo lo dijo, ‘ser un seguidor más fiel de la rectitud’, buscó esas mismas bendiciones. Hablando del orden del sacerdocio, dijo: ‘Me fue conferido de los padres; descendió de los padres, desde que comenzó el tiempo, sí, aun desde el principio… a saber, el derecho del primogénito, o sea, del primer hombre, el cual es Adán, nuestro primer padre, y por conducto de los padres hasta mí’ (Abraham 1:2–3)” (véase Lo que espero enseñéis a vuestros hijos acerca del templo, Liahona, abril/mayo de 1986, pág. 5).

Abraham explica que él tenía “los anales de los padres, sí, los patriarcas, concernientes al derecho del sacerdocio” (Abraham 1:31). Esos anales confirmaron el derecho de Abraham de poseer el sacerdocio. Esto se puede corroborar en Génesis 5 (desde Adán hasta Sem; véase también Moisés 6:8–25; 8:1–13) y Génesis 11:10–26 (desde Sem hasta Abram [Abraham]; véase también D. y C. 84:14–16; 107:40–52).

El presidente Joseph Fielding Smith, al hablar de la organización patriarcal desde Adán hasta Moisés, escribió: “El orden de este sacerdocio que se estableció en el principio era patriarcal. La autoridad descendía de padre a hijo, y aquellos que la poseían eran sumos sacerdotes. Este orden de descendencia de Adán a Noé se da en Doctrina y Convenios. Noé, que sigue a Adán en cuanto a autoridad, preservó este sacerdocio durante el diluvio, y continuó de generación en generación. Abraham, el décimo desde Noé, recibió bendiciones especiales del Señor, y el sacerdocio continuó por conducto de él y su linaje, con la promesa de que todos aquellos que recibieran el Evangelio serían contados como linaje de Abraham y participarían de sus bendiciones” (Doctrina de Salvación, tomo III, págs. 15 1–152).

 

Abraham 1:3. ¿Quién le confirió el sacerdocio a Abraham?

En D. y C. 84:14–16, se nos indica que “Abraham recibió el sacerdocio de manos de Melquisedec, que a su vez lo recibió por medio del linaje de sus padres, hasta Noé” y desde Noé de vuelta a Enoc y finalmente hasta Adán. El registro de Abraham muestra que sus padres se habían “apartado… de su rectitud” (Abraham 1:5) y por lo tanto no podían conferirle el santo sacerdocio. Aún así, Abraham llegó a ser un “heredero legítimo” del sacerdocio por medio de su rectitud y al buscar “las bendiciones de los padres” que poseían el sacerdocio (vers. 2). El profeta José Smith se refirió también a la relación de Abraham con el justo patriarca Melquisedec, cuando escribió: “Abraham le dice a Melquisedec: Creo todo lo que tú me has enseñando concerniente al sacerdocio y la venida del Hijo del Hombre; por consiguiente, Melquisedec confirió el sacerdocio a Abraham y lo despidió. Abraham se regocijó y dijo: Ahora tengo un sacerdocio” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 395).

 

Génesis 12:1—4

En D. y C. 84:14 aprendemos que Abraham recibió el Sacerdocio de Melquisedec de manos del mismo Melquisedec, pero no se conoce la fecha en la cual lo recibió; bien pudo haber sido mientras todavía se encontraba en Ur (véase Abraham 1:2; 3:1) o en fecha posterior.

Tal como aparece relatado en Génesis 12:1, mientras Abraham vivía en Harán recibió el mandamiento de salir de su tierra y apartarse de la familia de su padre para dirigirse al sudoeste, hacia una nueva tierra, por lo que salió de Harán y fue a Canaán. Anteriormente, tal como leemos en Abraham 1:15—16, el Señor había llamado a Abraham, que vivía en Ur, región que está cerca de la desembocadura del Eufrates, y lo llevó con dirección al noroeste, hasta Harán. De esta manera el Señor guió a Abraham para que emigrara dos veces en estos primeros años. El Señor continuó dirigiéndolo de un lugar a otro. Los primeros indicios del convenio que sería renovado mediante Abraham aparecen en los versículos 2—3, 7.

 

ABRAHAM 1:5–19 Y EL FACSÍMILE 1

JEHOVÁ SALVA A ABRAHAM

 

Abraham 1:4–6. La valentía de Abraham

El presidente Joseph Fielding Smith declaró: “De una forma u otra todos sabemos la valentía que se requiere para oponerse a una costumbre en la que todos están de acuerdo o a una creencia general. Ninguno de nosotros quiere quedar en ridículo. Son pocos los que se atreven a oponerse a la opinión general aun cuando saben que está equivocada, por lo que es difícil de entender la extraordinaria valentía que demostró Abraham y su indiscutible obediencia a Jehová en medio del ambiente que lo rodeaba. Su valentía moral, su fe absoluta en Dios, su intrepidez en alzar la voz en oposición a la iniquidad que imperaba es algo que no tiene parangón” (The Way to Perfection, pág. 86).

 

Abraham 1:6–7. ¿Por qué los padres buscaban sacrificar a Abraham?

En Abraham 1 se revela que Taré, el padre de Abraham, se había entregado a la adoración de los dioses falsos y estaba dispuesto a ofrecer a su propio hijo como sacrificio (véase Abraham 1:5–6, 17; Josué 24:2). El élder John A. Widtsoe, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “La familia de Abraham se había alejado de la rectitud y se había vuelto idólatra. Por consiguiente, Abraham, que era seguidor de la verdad de Dios, les predicó la rectitud, pero todo fue en vano. A causa de su insistencia en adorar al único y verdadero Dios viviente, le persiguieron e intentaron quitarle la vida. El odio de los idólatras fue tan grande que sólo la intervención del Señor evitó que se le ofreciera como sacrificio a los ídolos del pueblo” (Evidences and Reconciliations, pág. 398).

 

Abraham 1:8–11. Los sacrificios humanos egipcios

El presidente Joseph Fielding Smith, al comentar sobre los sacrificios humanos que se llevaban a cabo durante la época de Abraham, escribió: “Abraham pertenecía a la [décima] generación después de Noé. Cientos de años habían pasado desde el Diluvio y la gente se había multiplicado y extendido por sobre la faz de la tierra. Las civilizaciones de Egipto, Caldea, Asiria y las pequeñas naciones de Canaán se habían establecido. En medio de ese esparcimiento, la verdadera adoración del Padre casi se había perdido. El sacrificio que se había instituido en los días de Adán y que Noé practicó y enseñó, en similitud del gran sacrificio del Hijo del Hombre, se había pervertido. En lugar de ofrecer animales limpios, tales como el cordero y el becerro, las naciones apóstatas se habían vuelto tan infieles que ofrecían sacrificios humanos a sus dioses ídolos” (The Way to Perfection, pág. 85).

 

Abraham 1:11. Las tres vírgenes

Junto a tres jóvenes excepcionalmente fieles —Sadrac, Mesac y Abed-nego (véase Daniel 3:12–30)— el élder Neal A. Maxwell se refirió a esas tres jóvenes virtuosas como “modelos maravillosos del afrontar la incertidumbre y del confiar en Dios… A la altura de esos tres jóvenes están tres mujeres jóvenes cuyos nombres desconocemos. Ellas se mencionan en el libro de Abraham; jóvenes extraordinarias sobre quienes me gustaría muchísimo saber más. Fueron sacrificadas sobre el altar porque ‘no quisieron postrarse para adorar dioses de madera ni de piedra [ídolos]’ (Abraham 1:11). Algún día, los fieles se encontrarán con ellas” (“Not My Will, But Thine”, 1988, págs. 119–120).

 

Abraham 1:12–20. El sacrificio de todas las cosas si fuese necesario

El profeta José Smith enseñó:

“Para que una persona sacrifique todo, su carácter y reputación, su honor y el elogio de los demás, su buen nombre, su casa, sus tierras, sus hermanos, su cónyuge y sus hijos, y aun su vida misma —considerando todo lo demás como escoria al lado de la excelsa oportunidad de llegar a conocer al Señor Jesucristo—, se requiere algo más que la simple creencia o suposición de que está cumpliendo con la voluntad de Dios; tiene que tener un verdadero conocimiento, sabiendo que cuando este sufrimiento llegue a su fin, entrará en su eterno descanso y será partícipe de la gloria de Dios…

“…Una religión que no requiera el sacrificio de todas las cosas materiales nunca tendrá poder para inspirar la fe necesaria para la salvación; porque, desde el principio de la existencia, la fe que se necesita para obtener gozo en esta vida y salvación en la eternidad, no se ha podido adquirir jamás sin el sacrificio de las cosas terrenales. Sólo por medio de éste, el hombre podrá gozar de la vida eterna, y es mediante el sacrificio de todas las cosas terrenales, que el hombre sabe en realidad que hace aquello que complace a Dios. Cuando un hombre ha sacrificado todo lo que posee en aras de la verdad, sin siquiera preservar su vida, y cree ante Dios que ha sido llamado para hacer ese sacrificio porque ha buscado hacer Su voluntad, sabe entonces con más seguridad, que Dios ha aceptado y aceptará su sacrificio y su ofrenda, y que no ha buscado ni buscará Su faz en vano. Bajo esas circunstancias, entonces, puede obtener la fe necesaria para alcanzar la vida eterna.

“…Es en vano que las personas se imaginen que son herederas, o que pueden ser herederas, con quienes han ofrecido todo en sacrificio y por ese medio han obtenido fe en Dios y el favor de Él para obtener la vida eterna, a menos que ellas, de la misma manera, le ofrezcan el mismo sacrificio y, mediante esa ofrenda, obtengan el conocimiento de que han sido aceptadas por Él…

“…Desde los días del justo Abel hasta el presente, el conocimiento que los hombres tienen de que han sido aceptados a la vista de Dios se ha obtenido por medio de las ofrendas de sacrificio…

“…Entonces, quienes hagan el sacrificio tendrán el testimonio de que su trayectoria es placentera a la vista de Dios; y quienes tengan ese testimonio tendrán fe para echar mano de la vida eterna y podrán, por medio de la fe, perseverar hasta el fin y recibir la corona que está guardada para los que esperan con amor la venida de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, quienes no hagan el sacrificio no podrán disfrutar de esa fe, porque el hombre depende de ese sacrificio para adquirirla; por consiguiente, no pueden echar mano de la vida eterna porque las revelaciones de Dios no les garantizan la autoridad para hacerlo y sin esa garantía, la fe no podría existir” (Lectures on Faith, págs. 68–70).

 

Abraham 1:20. Hubo luto en la corte de Faraón

 

 

Caldea se encontraba a gran distancia de Egipto, pero aún así hubo gran luto en Egipto cuando el Señor derribó el altar e hirió al sacerdote. Acerca de ese acontecimiento, el élder Mark E. Petersen escribió:

“Del pasaje de las Escrituras, donde dice que el Señor destruyó los altares de los dioses de la tierra, suponemos que ese hecho debe de haber causado una gran repercusión, puesto que ocasionó gran luto en Caldea y también en la corte de Faraón. Faraón y su corte estaban en Egipto, por lo que sólo un acontecimiento sumamente fuera de lo común pudo haber tenido una reacción tan amplia y de tan gran alcance.

“Es obvio que el breve relato de Abraham no cuenta todo lo sucedido” (Abraham, Friend of God, págs. 48–49).

 

ABRAHAM 1:20–31

FARAÓN, REY DE EGIPTO

 

Abraham 1:20–27. Un faraón en Egipto

El élder Bruce R. McConkie, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Después de la inmersión de la tierra en las aguas de Noé, llegó un día de nuevo comienzo. Como en la época de Adán, los fieles vivieron bajo un sistema teocrático y, como en los días anteriores al Diluvio, quienes escogieron vivir de acuerdo con la manera del mundo formaron sus propios gobiernos y sus propias formas de adoración. Los descendientes de Sem, Cam y Jafet comenzaron a poblar la tierra y continuó así durante más de cuatrocientos años, hasta que Abraham, que había recibido el poder teocrático de Melquisedec, fue a Egipto. Allí encontró a un descendiente de Cam reinando como faraón, y a pesar de que su gobierno estaba constituido siguiendo el modelo de los antiguos gobiernos patriarcales de la antigüedad, estaba desprovisto del sacerdocio y de la revelación, y fue así que la adoración —señalada, prescrita y ordenada por el faraón— se había convertido en idolatría’ (véase Abraham 1:20–27)” (A New Witness for the Articles of Faith, pág. 660).

 

 

Abraham 1:25. “El primer gobierno de Egipto… fue a semejanza del gobierno de Cam, el cual era patriarcal”

El élder Joseph Fielding Smith, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió:

“Egipto no fue la única nación en esos primeros tiempos que intentó imitar el orden patriarcal de gobierno. En los anales de Abraham vemos que ése fue el orden de gobierno durante el reinado de Adán y desde entonces hasta la época de Noé.

“Naturalmente esa forma de gobierno sería perpetuada en su gran mayoría por todas las tribus a medida que se esparcían por la faz de la tierra. Al multiplicarse los hombres, se organizaron primero en grupos familiares, después en tribus y finalmente en naciones o países. Los poderes más grandes ocuparían naturalmente los lugares mejores. Las tribus más fuertes se apoderarían de las débiles y las forzarían a unirse al gobierno nacional o serían sometidas y tratadas como esclavos, o estarían bajo tributo. A medida que el orden patriarcal pasaba de padre a hijo, así también se perpetuaba la autoridad política con los mismos derechos de autoridad. Sabemos que en los tiempos antiguos, tanto en Egipto como en Asiria, Caldea, Babilonia, Persia y en todas las pequeñas naciones de Mesopotamia y Palestina, el sucesor del monarca era de su posteridad por derecho hereditario” (The Progress of Man, tercera edición, 1944, págs. 100–101).

 

Abraham 1:24–27. El faraón y el sacerdocio

En tiempos pasados, el poder y la autoridad para actuar en el nombre del Señor se confería sólo sobre algunos varones dignos y no les era dado a los demás. Por ejemplo, en los días del liderazgo de Moisés sobre los hijos de Israel, sólo la tribu de Leví tenía el privilegio de poseer el sacerdocio (véase Números 8:5–26). Nuestra época es el “día prometido por tan largo tiempo… en el que todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio”. El 8 de junio de 1978, la Primera Presidencia anunció:

“Enterados de las promesas declaradas por los profetas y presidentes de la Iglesia que nos han precedido, de que en alguna ocasión, en el plan eterno de Dios, todos nuestros hermanos que sean dignos podrán recibir el sacerdocio, y al ver la fidelidad de aquellos a quienes se les ha retenido el sacerdocio, hemos suplicado larga y fervientemente a favor de éstos, nuestros fieles hermanos, y hemos pasado muchas horas en el cuarto superior del Templo suplicando al Señor orientación divina.

“Él ha escuchado nuestras oraciones y ha confirmado por revelación que ha llegado el día prometido por tan largo tiempo en el que todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio, con el poder de ejercer su autoridad divina, y disfrutar con sus seres queridos de toda bendición que de él procede, incluso las bendiciones del templo. Por consiguiente, se puede conferir el sacerdocio a todos los varones que sean miembros dignos de la Iglesia sin tomar en consideración ni su raza ni su color. Se instruye a los directores del sacerdocio que se guíen por el sistema de entrevistar concienzudamente a todo candidato a quien se le vaya a conferir, ya sea el Sacerdocio Aarónico o el de Melquisedec, para asegurarse de que esté cumpliendo con las normas establecidas para determinar si es digno.

“Declaramos solemnemente que el Señor ahora ha dado a conocer su voluntad para la bendición de todos sus hijos, por toda la tierra, que presten atención a la voz de sus siervos autorizados y se preparen para recibir toda bendición del evangelio” (Declaración Oficial—2).

 

Abraham 1:27. ¿Qué significa “de buena gana… habrían reclamado” el derecho del sacerdocio?

De buena gana significa el aceptar con gusto o voluntad una alternativa cuando la opción que más se desea no se puede obtener (véase el Diccionario de la Real Academia Española). “…los Faraones de buena gana lo habrían reclamado [el sacerdocio] de Noé, por el linaje de Cam” (Abraham 1:27).