Abraham 1

 

Los análisis en color verde han sido extraidos del Libro Comentarios de La Perla de Gran Precio, del Sistema Educativo de la Iglesia.

Y aquellos insertados en color marrón del documento Introducción a La Perla de Gran Precio, Guía para Instructores de Institutos.

 

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Relato de Abraham 1

 

CAPÍTULO 1

 

Abraham busca las bendiciones del orden patriarcal—Es perseguido, en Caldea, por sacerdotes falsos—Jehová lo salva—Se hace una reseña de los orígenes de Egipto y del gobierno de éste.

 

Conceptos claves a analizar:

1. Descubrir aquellas influencias en los comienzos de la vida de Abraham que le hicieron desear ser un seguidor de la justicia aún cuando el ambiente en su hogar militaba en su contra.

2. Responder al desafío de vivir vidas justas sin importar las tendencias que existan en el medio ambiente.

3. Comprender a Abraham como un personaje muy real cuya vida e historia, como está registrada en el Libro de Abraham, armoniza con la evidencia entregada ahora por la investigación de los eruditos.

4. Las peculiaridades en el estilo de escritura de los antiguos hace que sea difícil para los lectores modernos identificarse con los eventos narrados; pero cuando esos eventos son expresados de acuerdo a nuestra manera de hablar, podemos ver que el hombre ha encarado los mismos problemas en todos los tiempos.

 

La investigación arqueológica es una ayuda importante para comprender la cultura y expresiones de los antiguos.

A medida que se ha acumulado evidencia respecto a los imperios antiguos y las culturas del Oriente y particularmente del Cercano Oriente (extendiéndose sobre ese segmento que ha llegado a conocerse como el Fértil Creciente), los hombres han empezado a darse cuenta que los relatos del Génesis no son fantásticos. William F. Albright, uno de los más importantes eruditos de la Biblia y arqueólogo de nuestro tiempo, tiene lo siguiente que decir al respecto:

“… Hasta hace poco era la moda entre los historiadores bíblicos el considerar las leyendas patriarcales del Génesis como creaciones artificiales de los escribas israelitas de la Monarquía dividida o cuentos dichos por rapsodistas imaginativos alrededor de las fogatas de los campamentos israelitas durante los siglos que siguieron a la ocupación de su país. Nombres eminentes entre los eruditos pueden citarse, que consideran cada ítem del Génesis 11–50 (desde Abraham hasta Moisés) como la reflexión de una invención posterior, o al menos como una retro proyección de eventos y condiciones bajo la Monarquía al pasado remoto, acerca de lo cual nada se sabía realmente por los escritores de un tiempo posterior.

Los descubrimientos arqueológicos desde 1925 han cambiado todo esto. Fuera de unos pocos obcecados de entre los antiguos eruditos, no hay casi uno solo de entre los historiadores bíblicos que no se haya impresionado por la rápida acumulación de información que apoya la historicidad substancial de la tradición patriarcal” (W. F. Albright, “El período bíblico desde Abraham hasta Ezra”, págs. 1–2″.

Los Santos de los Últimos Días pueden señalar una fecha de más de cien años antes a la mencionada por Albright cuando José Smith, bajo la dirección de un ángel, hizo uno de los más importantes descubrimientos arqueológicos de este último milenio, desenterrando las planchas de oro de Mormón que yacían enterradas en una colina en el estado de Nueva York. Estas planchas, vistas y atestiguadas por otros once hombres fuera de José Smith antes de ser entregadas a la custodia del ángel Moroni, dieron muy buena razón para aceptar la validez de la existencia de Abraham. El Libro de Mormón, traducido de las planchas, da su testimonio divino al hecho de que el antiguo patriarca de los hebreos era en verdad un personaje histórico.

 

Véase:

 

1 En la tierra de los caldeos, en la morada de mi padre, yo, Abraham, vi que me era necesario buscar otro lugar donde morar;

2 y hallando que había mayor felicidad, paz y reposo para mí, busqué las bendiciones de los padres, y el derecho al cual yo debía ser ordenado, a fin de administrarlas; habiendo sido yo mismo seguidor de la rectitud, deseando también ser el poseedor de gran conocimiento, y ser un seguidor más fiel de la rectitud, y lograr un conocimiento mayor, y ser padre de muchas naciones, un príncipe de paz, y anhelando recibir instrucciones y guardar los mandamientos de Dios, llegué a ser un heredero legítimo, un Sumo Sacerdote, poseedor del derecho que pertenecía a los patriarcas.

 

Vers. 1-2. “En la tierra de los caldeos”. Abraham, llamado a menudo “el padre de los fieles”, mientras se encontraba en Egipto a donde había huido buscando asilo de la persecución de los malvados en la tierra de los caldeos, donde había estado viviendo, rememoró las escenas de su agitada juventud, y escribió acerca de ella, desapasionadamente, refiriéndose a la perniciosa influencia que gobernaba al pueblo en la región donde su padre y sus familiares moraban.

El se fue de su tierra a pesar de los lazos que le ataban a su familia y el terruño, debido que no vio nada que conviniera a los ideales que él acariciaba y su concreción. Él no pudo ver cómo iba a lograr realizar los deseos de su corazón en medio de sus amigos y vecinos idólatras. Ellos habían suplantado las ofrendas en homenaje al Dios verdadero y viviente, por las ofrendas de los ídolos y los sacrificios humanos, cosa que él detestaba.

Comprobando que no estaba consiguiendo la “felicidad, la paz, y el reposo”, que consigue quien dedica sus energías al servicio del Señor, Abraham analizó la situación en que se encontraba y vio que la mayor libertad en la vida era servir a Dios, y que adorarle era la verdadera felicidad del hombre.

Por lo tanto, lleno de un justo celo y rebosante de esperanza, concentró todas sus fuerzas y habilidades y partió en busca de las bendiciones que sus padres habían disfrutado desde tiempo inmemorial. Abraham anheló tener el derecho de administrar los ritos del Sacerdocio. Vio en ello la oportunidad de prestar el más grande servicio en justicia, porque le permitiría impartir conocimiento y entendimiento a quienes, como él, buscaban la justicia. La juventud de Abraham fue preservada en justicia, a pesar de la antagónica actitud de apostasía de todos quienes le rodeaban. Medida que pasó el tiempo, él creció en gracia y en el conocimiento de la gloria de Dios. Se hizo sabio respecto a lo que es justo y verdadero; la esperanza en alcanzar una vida justa templaba cada acto de su vida. Su celo por obrar con justicia (que en algunos no es más que la efervescencia pasajera de un día) fue inextinguible. Su deseo de comprender las cosas fue una arrolladora ansia por lograr sabiduría.

Por su observancia de los mandamientos de Dios, por su fidelidad en el cumplimiento de cada fase de su deber, por su paciencia en las situaciones difíciles, por la bondad de sus hechos, él llegó a ser un justo heredero, un Sumo Sacerdote poseedor del derecho que pertenecía a los padres.

Padre de muchas naciones. Abraham, en lenguaje profético oró, pidiendo lo que más adelante el Señor prometió darle. Uno de los más grandes deseos de su corazón fue que su progenie se extendiera por muchas tierras y que fuese un pueblo Santo para el Señor. El oró solemnemente rogando que pudiera prepararse para llevar a cabo los propósitos de Dios, que la justicia fuera establecida en toda la tierra, y que su simiente marcara el camino para lograrlo.

Con este propósito el oró al señor, y el señor le bendijo diciendo “haré de ti una nación grande… y haré grande tu nombre…” (Génesis 12:2) Y de nuevo, “Y te multiplicaré en gran manera, y de ti haré naciones, y reyes saldrán de ti” (Génesis 17:6). Y también, “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?” (Génesis 18:17-18).

Un príncipe de paz. Melquisedec que, en los días de Abraham, fue el gran Sumo Sacerdote de la Iglesia de Dios, y también rey de Salem en donde reinó bajo su padre quien fue rey de toda la tierra. Se dice que Salem fue el nombre de la antigua Jerusalén, y es una palabra hebrea que significa paz. Melquisedec, un príncipe por derecho de nacimiento y gobernó sobre un reino llamado paz. Su reino fue un monumento a la justicia y fue santificado por la paz, que reinó dentro de sus términos. Por ello Melquisedec fue conocido como príncipe de paz.

Hemos dicho que Abraham fue contemporáneo de Melquisedec y a él le pagó el diezmo de todas sus posesiones (Alma 13:15). En el Libro de Mormón aprendemos muchas cosas acerca de Abraham que no figuran en las escrituras hebreas. Por ejemplo:

“Pues bien, este Melquisedec era rey del país de Salem; y su pueblo había aumentado en maldades y abominaciones; sí, se habían extraviado todos; se habían entregado a iniquidades de toda especie; pero después de manifestar una fe poderosa y habiendo recibido la dignidad del sumo sacerdocio según el santo orden de Dios, Melquisedec predicó el arrepentimiento a su pueblo. Y he aquí, la gente se arrepintió, y Melquisedec estableció la paz en el país durante sus días; por lo tanto, fue llamado príncipe de paz, pues fue rey de Salem; y reinó bajo su padre” (Alma 13:17-18).

Abraham conoció personalmente a Melquisedec, pues recibió de él el sacerdocio (DyC 84:14) y a él pago los diezmos. Abraham vio en Melquisedec un sabio y justo príncipe de paz y deseó ser como él.

La paz soñada por Abraham y la que él buscó, fue la paz establecida en la tierra sobre la base de la verdad y apoyada y sostenida por la justicia. Son dignas de citar las palabras de Isaías citadas por el Salvador a los nefitas, cuando les estaba hablando de los últimos días: “Y tus hijos serán enseñados del Señor; y grande será la paz de tus hijos (Isaías 54:33; 3 Nefi 22:13).

 

La vida de Abraham debe ser estudiada en el contexto de su propia época. El texto provee indicios para la interpretación, pero la interpretación debe armonizar con lo que se sabe de la cultura antigua y su época.

Aún cuando no se puede asignar una fecha determinada a Abraham, los detalles, en lo que respecta a su vida y época, encaja casi perfectamente con las condiciones que se sabe existían al comienzo del segundo milenio antes de Cristo. El profesor John Bright, un conservador moderado en el campo de estudios del Antiguo Testamento y un prominente alumno de William F. Albright, dice:

“… es ahora evidente que el modo de vida de los patriarcas y la naturaleza de sus peregrinaciones como son descritas en el Génesis, encajan perfectamente en el medio ambiente cultural y político de los comienzos del segundo milenio.

“Se muestra a los patriarcas como semi–nómades viviendo en tiendas, vagando por la Palestina y sus tierras circundantes en busca de las estaciones que favorecieran los pastos necesarios para sus rebaños, y en ocasiones, haciendo viajes más largos a Mesopotamia y Egipto. No eran beduinos realmente pues nunca se internaron mucho en los desiertos. Por otra parte, no se establecían en pueblos (excepto por Lot), ni cultivaban, a menos que en forma limitada (esto es, Génesis 26:12); no poseían ninguna tierra excepto por modestos trozos de tierra para sepultar a sus muertos (capítulos 23; 33:19; 50:5). En otras palabras, no muestra a los patriarcas como nómades camelleros en ningún caso, sino que como nómades de burros, que limitaba a sus viajes a la tierra establecida y sus bordes. Las pocas referencias de camellos (esto es, capítulos 12:16; 24) parecen ser toques anacrónicos introducidos para hacer las historias más vividas a los que habrían de escucharlas posteriormente; nómades que usaran camellos no aparecen en la historia del Génesis.

“Así es como debe ser. Aún cuando el camello era conocido, por supuesto desde tiempos más antiguos, y casos aislados de su domesticación pueden haber ocurrido en cualquier periodo, la domesticación efectiva y en gran escala del animal parece que ocurrió entre los siglos XV y XII en el interior de Arabia…

“Nómades camelleros no aparecen en la Biblia hasta los días de Gedeón (Jueces, capítulos 6 al 8). Es por lo tanto, erróneo considerar a los patriarcas como nómades del desierto como los de tiempos posteriores y de hoy en día. Más bien, eran criadores de ganado semi–nómades tales como los que conocemos del Cuento de Sinuhe (siglo XII) o los textos Mari, donde no hay mención de camellos, y donde los tratados eran a menudo sellados matando un asno. Su aparición fue probablemente parecida a la de esos semi–nómades, ataviados con ropajes multicolores, caminando a pie con sus bienes y niños montados en los asnos, así les vemos retratados en la muralla de la tumba del siglo XIX en Beni–Hasan en Egipto.

Los peregrinajes de los patriarcas, también encajan bien con la situación de comienzos del segundo milenio. Hay por supuesto, algunos anacronismos: por ejemplo, la mención de Dan en Génesis 14:14 (Jueces 18:29) y de los Filistinos en Génesis 21:32–34; 26 (los Filistinos llegaron un poco después de la conquista israelita). Uno podría esperar que las historias que han sido pasadas por siglos, estarían adornadas con toques modernizantes en el curso de los tiempos. No obstante, el cuadro total sigue siendo auténtico. La facilidad con que los patriarcas se pasean desde Mesopotamia hasta Palestina y regresan está de acuerdo con la situación descrita por los textos Mari, que muestran que el intercambio, no obstruido por ninguna barrera real, era posible en todas las partes del Fértil Creciente. Los peregrinajes de los patriarcas encajan perfectamente con la situación de los textos de la Execración, cuando la tierra, sostenida débilmente o casi nada por Egipto, estaba en camino de recibir una nueva población. El cuadro de Beni–Hasan ilustra la facilidad con que los grupos podrían moverse desde el Asia hasta Egipto, y la historia de Sinuhe muestra la facilidad de las comunicaciones entre Egipto y Palestina–Siria (John Bright, de Una historia de Israel, págs. 72–73).

El significado de estas cosas, es que puesto que se conoce tanto en lo relativo a la cultura contemporánea de Abraham, debemos usar este conocimiento para ayudarnos a estudiar el texto de Abraham. Por ejemplo, este texto ha sido usado para discutir la dignidad y postulación al sacerdocio. Sería bueno, entonces, tratar de entender lo mejor que podamos lo que Abraham quiso decir al discutir el asunto del sacerdocio cuando se refirió al “orden de los padres” y el “gobierno… que era patriarcal”.

 

3 Me fue conferido de los padres; descendió de los padres, desde que comenzó el tiempo, sí, aun desde el principio, o sea, antes de la fundación de la tierra hasta el tiempo presente, a saber, el derecho del primogénito, o sea, del primer hombre, el cual es Adán, nuestro primer padre, y por conducto de los padres hasta mí.

 

El Sacerdocio “me fue conferido de los padres”. Para confirmar y verificar inequívocamente el linaje del Sacerdocio que le había sido conferido por Melquisedec, el Sumo Sacerdote residente en Salem, Abraham recitó en detalle la forma en que el Sacerdocio le fue conferido a sus padres, aún desde el tiempo de Adán, el primer hombre, o desde el principio:

“Este Abraham recibió el Sacerdocio de manos de Melquisedec, quien a su vez, lo recibió por el linaje de sus padres, aun hasta Noé, y de Noé hasta Enoc por el linaje de sus padres; y de Enoc a Abel, el que fue muerto por la conspiración de su hermano, quien por mandato de Dios recibió el Sacerdocio de manos de su padre Adán, el primer hombre”.

 

4 Busqué mi nombramiento en el sacerdocio conforme al nombramiento de Dios a los padres en lo que atañe a la descendencia.

5 Habiéndose apartado mis padres de su rectitud y de los santos mandamientos que el Señor su Dios les había dado, y habiéndose entregado a la adoración de los ídolos de los paganos, se negaron por completo a escuchar mi voz;

6 porque sus corazones estaban resueltos a hacer lo malo, y se habían entregado completamente al dios de Elkénah, y al dios de Líbnah, al dios de Mahmáckrah, al dios de Korash y al dios de Faraón, rey de Egipto;

7 de modo que, tornaron sus corazones al sacrificio de los paganos, ofreciendo sus hijos a sus ídolos mudos, y no escucharon mi voz, sino que trataron de quitarme la vida por mano del sacerdote de Elkénah. El sacerdote de Elkénah era también el sacerdote de Faraón.

 

Vers. 4-7. “Busqué mi nombramiento en el sacerdocio conforme al nombramiento de Dios a los padres en lo que atañe a la descendencia”. Todos los que le rodeaban fueron sacerdotes que servían a dioses de madera y piedra a los que ofrecían sacrificio, pero no hubo ninguno que sirviera al Dios de los padres de Abraham. No hay duda que Abraham podría haber hecho suya las “prácticas y creencias” y ganado así su aprobación, pero él no quiso tal cosa. El les enrostró su maldad. Proclamó al Dios de Gloria y les exhortó a que se volvieran a la justicia. Sin embargo, dice él que sus padres (en ese entonces vivos) se habían apartado de la justicia y habían adoptado la adoración pagana, dando homenaje a los ídolos. Ellos, agrega él, “se negaron por completo a escuchar mi voz”.

Hubo muchos dioses a los cuales los sacerdotes inmolaron seres humanos. Las víctimas de esta terrible práctica fueron hijos de los devotos a estos dioses a quienes su fanatismo les había borrado de sus corazones todo recuerdo del Dios de sus padres. Se convirtieron en siervos del mal.

Abraham escribe que, en una ocasión esos fanáticos se apoderaron de él y “trataron de quitarme la vida por mano del sacerdote de Elkenah”. El identifica al sacerdote de Elkenah como “el sacerdote de Faraón”.

Bajo estas condiciones no podría llevarse a cabo “mi nombramiento en el Sacerdocio conforme a lo que Dios me había señalado”. La sucesión del Sacerdocio, de padre a hijo, tal como Dios lo había decretado, se había quebrado, y lo que quedaba era una imitación del Sacerdocio y no el verdadero Santo Orden de Dios.

Abraham no iba a aceptar esa clase de Sacerdocio tan depravado cuyo representante había tratado de sacrificarlo, para mitigar la ira de los dioses. Por lo tanto, y obedeciendo los inspirados impulsos de su corazón buscó la ordenación al Sacerdocio según la manera que Dios había instituido y tal como pensaba seguir haciéndolo.

 

Abraham fue una personalidad histórica y se acomoda bien al ambiente descrito por las escrituras, en lo que respecta a lo que ahora sabemos de los descubrimientos arqueológicos. Es importante estudiar a Abraham en el contexto de su propia cultura y situación histórica. Es posible que Abraham haya sido un joven cuando su Padre conspiró con el sacerdote egipcio para ofrecerle como sacrificio.

Abraham halló una nueva residencia y aprendió grandes principios. También recibió el sacerdocio. El registro de Abraham fue escrito en retrospectiva e incluyó una descripción o explicación de la preocupación de faraón con el sacerdocio.

Del texto del libro de Abraham es imposible determinar exactamente qué edad tenía Abraham cuando su padre conspiró con el sacerdote de Elkenah para ofrecerle en un sacrificio humano. No parece razonable creer que era un hombre crecido, más al mismo tiempo debe haber sido lo suficientemente grande como para haber estado tratando de apartar a su padre de la idolatría (Abraham 1:5). Escrituras apócrifas tales como las que el Dr. Hugh Nibley ha empleado en sus series de artículos sobre “Una nueva mirada a la Perla de Gran Precio”, esto es, el Génesis Apócrifo, el Libro de los Jubileos, el Libro de Jasher, así como tratamientos de escrituras tales como las de H. Schutzinger: “Ursprung des Abraham” (“Origen de Abraham”), las Leyendas de Nimrod, y de Ginzberg: Leyendas de los Judíos, etc., coinciden con la idea de que Abraham era bastante joven cuando debió salir de su hogar para escapar de ser asesinado. Muy pertinente es la teoría de que Noé también entra en estos relatos como el que enseña a Abraham las cosas pertinentes a la justicia. El profeta José Smith registra en su diario un comentario (citando de los papiros de Abraham) que parecen verificar el hecho aparente de que Abraham tenía una estrecha relación con los patriarcas justos que aún se aferraban a la verdadera religión:

“Abraham le dice a Melquisedec, creo todo lo que tú me has enseñando concerniente al sacerdocio y a la venida del Hijo del Hombre; de modo que Melquisedec ordenó a Abraham y le envió. Abraham regocijó, diciendo, ahora tengo un sacerdocio”.

El Libro de Jasher da el siguiente testimonio similar:

“Y el Señor estaba con Abram en la caverna y él creció, y Abram estuvo en la caverna por diez años, y el rey y su príncipe, adivinos y sabios, pensándose que el rey había matado a Abram.

“Y Haran, el hijo de Terah, el hermano mayor de Abram, tomo una esposa en esos días.

“Haran tenía treinta y nueve años cuando la tomó; y la esposa de Haran concibió y tuvo un hijo, y él le llamó Lot.

“Y concibió nuevamente y tuvo una hija, y ella le llamó Milca; y concibió nuevamente y tuvo una hija y ella la llamó Sarai.

“Haran tenía cuarenta y dos años cuando engendró a Sarai, lo que ocurrió en el décimo año de vida de Abram; y en esos días Abram y su madre y su nodriza salieron de la caverna, puesto que el rey y sus súbditos habían olvidado el caso de Abram.

“Y cuando Abram salió de la caverna, fue donde Noé y su hijo Sem, y se quedó con ellos para recibir instrucción del Señor y sus vías, y nadie sabía dónde estaba Abram, y Abram sirvió a Noé y a su hijo Sem por un largo tiempo.

“Y Abram estuvo en la casa de Noé por treinta y nueve años, y Abram conocía al Señor de la edad de tres años, y el caminó en las vías del Señor hasta el día de su muerte, como Noé y su hijo Sem le habían enseñado; y todos los hijos de la tierra en esos días habían transgredido en gran manera contra el Señor, y se rebelaron en su contra y sirvieron otros dioses, y olvidaron al Señor que les había creado en la tierra; y los habitantes de la tierra, en ese tiempo, se hicieron cada uno su dios; dioses de madera y piedra que no podían ni hablar, escuchar ni librar, y los hijos de los hombres les servían y llegaron a ser sus dioses.

“Y el rey y todos sus siervos y Terah con toda su casa eran entonces los primeros de entre aquellos que servían a los dioses de madera y piedra (Jasher 8:36; 9:1–7).

Aún cuando hay discrepancias obvias en este relato del que se halla en el Libro de Abraham, es no obstante de importancia notar las similitudes y recordar que este trabajo es un libro apócrifo. Continuando con el relato de Jasher uno lee que Terah está realmente conspirando con el rey Nimrod para matar a Abraham por destruir los ídolos de su padre.

¿Quién fue Melquisedec? El nombre significa “Rey de Justicia”, y parece, por lo tanto, no ser un nombre dado, sino que un título alcanzado luego de probarse en el trono. El Libro de Mormón da un indicio respecto a la probable identidad de Melquisedec:

“Pues bien, este Melquisedec era rey de la tierra de Salem; y su pueblo había aumentado en la iniquidad y abominaciones; sí, se habían extraviado todos; se habían entregado a todo género de iniquidades;

“pero Melquisedec, habiendo ejercido una fe poderosa, y recibido el oficio del sumo sacerdocio según el santo orden de Dios, predicó el arrepentimiento a su pueblo. Y he aquí, se arrepintieron; y Melquisedec estableció la paz en la tierra durante sus días; por tanto, fue llamado el príncipe de paz, pues era rey de Salem; y reinó bajo su padre” (Alma 13:17–18).

Si Sem y Melquisedec fueran la misma persona, como algunos han conjeturado, este pasaje coincidiría con el relato de Jasher que muestra a Sem así también como a Noé enseñando a Abram.

 

8 En este tiempo era costumbre del sacerdote de Faraón, rey de Egipto, ofrecer hombres, mujeres y niños como sacrificio a estos dioses extraños, sobre el altar que se había construido en la tierra de Caldea.

9 Y sucedió que el sacerdote ofreció un sacrificio al dios de Faraón, y también al dios de Shagreel, a la manera de los egipcios. El dios de Shagreel era el sol.

10 Y hasta un niño ofreció el sacerdote de Faraón, como ofrenda de gratitud, sobre el altar que se hallaba junto a la colina llamada la colina de Potifar, a la cabecera de la planicie de Olishem.

11 Ahora bien, en cierta ocasión, este sacerdote había sacrificado a tres vírgenes, hijas de Onítah, uno de los de linaje real directamente de los lomos de Cam. Sacrificaron a estas vírgenes por motivo de su virtud; no quisieron postrarse para adorar dioses de madera ni de piedra; por consiguiente, les quitaron la vida sobre este altar, y se hizo según la manera de los egipcios.

 

Vers. 8-11. “En este tiempo era costumbre del sacerdote de Faraón, rey de Egipto, ofrecer hombres, mujeres y niños como sacrificio a estos dioses extraños, sobre el altar que se había construido en la tierra de Caldea”. Presumimos que en la época del año aquí aludida, se efectuaría en la tierra un festival religioso en el que el populacho sería excitado en su celo fanático, a impulsos del cual, su impío éxtasis no conocería límites. Hombres y mujeres se vieron obligados a ser víctimas de la sed de sangre que allí prevaleció. Se sacrificaron niños pequeños sobre el altar de esos dioses extraños. Satanás reino supremamente.

Caldea fue en ese entonces la morada de una tribu semítica que dominó en Babilonia. Egipto, la tierra del Faraón, ejerció gran influencia sobre su gobierno y su religión. Por ello no es de sorprenderse que en sus escritos Abraham diga que el Faraón oficiaba en esas atrocidades.

No solamente el sacerdote del Faraón hacía una ofrenda al Dios del Faraón en la manera antes señalada, sino que con carne y sangre humana según la misma forma que los egipcios, él hizo una ofrenda al “dios de Shagreel (que) era el sol”. Sobre un altar situado sobre un cerro llamado Potifar, que significa “devoto del sol”, al cual adoraron los egipcios, como ya lo hemos notado, el sacerdote de Faraón ofreció un niño como ofrenda de gratitud al gran luminar por sus infinitos dones.

Al leer la historia de Abraham resulta aparente que quienes se resistieron a los ilícitos propósitos de los adoradores de ídolos, y se rehusaron a inclinarse delante de los dioses de madera y de piedra, fueron violentamente apresados, y a pesar de su fidelidad al único Dios verdadero y viviente, fueron ofrecidos en sacrificio sobre el altar de un Dios en el que no creyeron.

Un tal Onitah, descendiente de Cam, hijo de Noé era padre de tres hijas vírgenes, según la denomina Abraham, debido a que no se postraron delante de ídolos mudos, y les quitaron la vida sobre este altar (que se encuentra cerca de la colina llamada Potifar, a la cabecera del llano de Olishem) y se hizo según la manera de los egipcios.

 

12 Y sucedió que los sacerdotes me tomaron por la fuerza, a fin de matarme a mí también, como lo hicieron con aquellas vírgenes sobre este altar; y para que tengáis una idea de este altar, os referiré a la representación que se encuentra al principio de este relato.

13 Estaba hecho en forma de cama, semejante a las que se usaban entre los caldeos, y se hallaba ante los dioses de Elkénah, Líbnah, Mahmáckrah, Korash y también un dios parecido al de Faraón, rey de Egipto.

14 Para que entendáis cómo eran estos dioses, os he hecho una representación de ellos en las figuras que se encuentran al principio, tipo de figuras que los caldeos llaman Rahleenos, que significa jeroglíficos.

 

Vers. 12-14. “…los sacerdotes me tomaron por la fuerza, a fin de poder matarme…”. Sobre el facsímil 1, hay un dibujo hecho por él mismo Abraham describiendo de un modo más bien obscuro, el suceso a que se refieren estos versículos. Como el sacerdote de acuerdo a la manera de los egipcios había matado a las tres vírgenes antes mencionadas sobre el mismo altar en el que ahora trataron de matar a Abraham, él hizo este dibujo a fin de que pudiéramos tener una descripción más gráfica de la escena que allí se desarrolló. Abraham deseó que nosotros sepamos, sin ninguna duda que Dios, el Hacedor y Creador de todos, escucha el clamor de sus siervos fieles y les libra en todas las ocasiones de las manos del adversario.

El altar que Abraham describen su dibujo fue hecho en forma de una cama, como las que se usaban entre los caldeos. El altar tiene como fondo ídolos de piedra o de madera que representan a los dioses de Elkenah, Líbanh, Mahmacrah, Korash, y un Dios “parecido al de Faraón, rey de Egipto”.

 

15 Y al levantar sus manos contra mí para sacrificarme y quitarme la vida, he aquí, elevé mi voz al Señor mi Dios, y el Señor escuchó y oyó, y me llenó con la visión del Todopoderoso, y el ángel de su presencia se puso a mi lado e inmediatamente soltó mis ligaduras;

16 y me habló su voz: Abraham, Abraham, he aquí, Jehová es mi nombre, y te he oído, y he descendido para librarte y llevarte de la casa de tu padre y de toda tu parentela a una tierra extraña de la cual nada sabes;

17 y esto por causa de que han apartado sus corazones de mí para adorar al dios de Elkénah, y al dios de Líbnah, y al dios de Mahmáckrah, y al dios de Korash, y al dios de Faraón, rey de Egipto; por tanto, he descendido para visitarlos y destruir a aquel que ha levantado su mano contra ti, Abraham, hijo mío, para quitarte la vida.

18 He aquí, con mi mano te conduciré, y te llevaré para poner sobre ti mi nombre, sí, el sacerdocio de tu padre, y mi poder descansará sobre ti.

19 Cual fue con Noé, tal será contigo; pero mediante tu ministerio se conocerá mi nombre en la tierra para siempre, porque yo soy tu Dios.

 

Vers. 15-19. “Y al levantar sus manos contra mí para sacrificarme y quitarme la vida…”. Abraham, al igual que otros que se habían negado a rendir homenaje a sus ídolos, fue apresado por los sacerdotes y preparado para ser sacrificado en homenaje a los dioses sobre el altar en que planeaban inmolarlo. Inmovilizado con las sogas con que le habían atado, la resistencia de Abraham no le valió de nada. Por lo tanto el clamó fuertemente al Señor, su propio Dios, para que le liberara. “Y el señor escuchó y oyó” su angustiado clamor. Abraham inmediatamente se sintió lleno del Espíritu de Dios, y en visión vio al Todopoderoso. Un ángel de la presencia de Dios se puso a su lado y desprendió las cuerdas que le ataban. El Señor Dios todopoderoso, quien le apareció a Abraham en esta hora de peligro, le habló palabras de consuelo y ánimo. “Abraham, Abraham”, le dijo: “he aquí, Jehová es mi nombre, y te he oído, y he descendido para librarte y llevarte de la casa de tu padre y de toda tu parentela a una tierra extraña de la cual nada sabes”.

En esa ocasión se va a saber la razón por la cual el Dios de Abraham le llamó a otra tierra. Fue a causa de que los parientes de Abraham le habían abandonado a él, el único Dios verdadero y viviente, para adorar a Dios es de piedra y madera que no tienen sentimiento ni poder ni compasión. El Señor estaba enojado con los caldeos porque después de las muchas bendiciones que había derramado sobre ellos y sus padres, ellos le habían abandonado y puesto sus corazones en dioses paganos. “He descendido para visitarlos”, declara el Señor, y podemos juzgar cuáles fueron los efectos de su visita al enterarnos del hambre y la pestilencia que luego visitaron la tierra.

El Dios de Abraham, el Dios de sus padres, extendió su protección sobre Abraham, destruyendo al sacerdote que había tratado de matarlo.

He aquí, te llevaré de mi mano. La larga jornada hacia la tierra de la cual Abraham nada sabe, no tuvo temores para él, ni dificultad que no pudo vencer. Abraham fue fuerte en su fe, pues sus ojos habían visto al Todopoderoso Dios, y con sus oídos había escuchado la voz del gran Jehová, diciéndole que en la fuerza de su poder (Abraham) sería liberado.

Así fue como la voz lo declaró. ¿No le había probado Dios que era más poderoso que todos los dioses paganos? “con mi mano te conduciré, y te llevaré para poner sobre ti mi nombre, sí, el sacerdocio de tu padre, y mi poder descansará sobre ti”. El Sacerdocio de los padres de Abraham fue el Sacerdocio según el orden del Unigénito Hijo del Padre, quien es Dios.

La promesa del Señor a Abraham, nos recuerda de un incidente registrado por Juan, el joven apóstol de Cristo. Parece que Jesús y sus Apóstoles habían estado viajando predicando el evangelio, por la región de Jerusalén. Al acercarse al fin de la jornada se sintieron cansados debido a los rigores de andar a pie; estuvieron casi exhaustos y trataron de conseguir el descanso que tanto necesitaban. Se tendieron a descansar sobre el suelo en un campo cercano, y Juan, el discípulo amado de Jesús reposó su cabeza sobre el pecho del Maestro y se durmió. La escena allí representada fue pacífica, tranquila y llena de esperanza.

Cual fue con Noé, será contigo. Noé fue ordenado de Dios según su propio orden, e inmediatamente le fue mandado que saliera y declarara el evangelio que también Enoc había predicado a los habitantes de la tierra. Noé, en vano llamó a los hombres al arrepentimiento; los pretextos y las excusas se combinaron para hacer que su exhortación resultará vana. Los hijos de los hombres habían endurecido sus corazones y se imaginaban ser inmunes a la censura, pues según ellos todo lo que había en sus días era puro y bueno. Ellos respondieron a la predicación de Noé “he aquí nosotros somos hijos de Dios; ¿no hemos tomado para nosotros a las hijas de los hombres? ¿Y no estamos comiendo y bebiendo, y casándonos y dándonos en casamiento?, ¿Y nuestras esposas nos han engendrado hijos, y los que son hombres poderosos, semejante a los hombres de la antigüedad, varones de gran renombre? Según ellos haciendo estas cosas estaban cumpliendo con los mandamientos de Dios, y no tuvieron que arrepentirse.

Ellos rehusaron a escuchar la palabra de Noé.

Abraham, igual que Noé, fue comisionado para que saliera y declarara la santa palabra de Dios. Pero, a diferencia de Noé, cuya misión terminó cuando unos pocos se salvaron junto con el de ser ahogados en las aguas que inundaron la tierra, el ministerio de Abraham nunca finalizaría. Por medio de él (es decir, del ministerio de Abraham), el nombre de Dios sería dado a conocer entre el género humano hasta tanto permaneciese la tierra, o como dice la sagrada escritura, “para siempre”.

Esta profecía fue dada por Dios mismo.

 

20 He aquí, la colina de Potifar se hallaba en la tierra de Ur de los caldeos. Y el Señor derribó el altar de Elkénah y de los dioses de la tierra, y los destruyó por completo, e hirió al sacerdote de modo que murió; y hubo gran luto en Caldea y también en la corte de Faraón; y Faraón significa rey por sangre real.

21 Este rey de Egipto era descendiente de los lomos de Cam y por nacimiento era de la sangre de los cananeos.

22 De esta descendencia nacieron todos los egipcios, y así se conservó la sangre de los cananeos en la tierra.

 

Vers. 20-22. “El Señor derrumbó el altar de Elkenah”. El cerro de Potifar que ya hemos mencionado, se encontraba en la tierra de Ur, en Caldea. Evidentemente Ur fue el hogar ancestral de Abraham que significa luz o fuego. Podemos comprender enseguida el por qué de ese significado al recordar a los habitantes de esa ciudad, la mayoría de los cuales fueron adoradores del fuego, rendían homenaje al sol pues esa ardiente esfera fue uno de sus dioses.

En esos versículos se registra que él (el Señor) derribó el altar de Elkenah sobre el cual planeaban sacrificar a Abraham y lo destruyó por completo, e hirió al sacerdote de modo que murió de una manera que no podemos entender, pero que fue real, el altar pagano de Elkenah fue completamente destruido. Puede haber sido por un violento temblor de tierra, o por causa del fuego o del viento. El sacerdote también fue herido y murió. Puede haber sido víctima de una enfermedad repentina como o por causa de la misma conmoción que destruyó el altar en que oficiaba.

La destrucción del altar causó gran consternación en la tierra de Caldea y en la corte del Faraón. En este versículo se da también el significado de Faraón. Significa rey por sangre real, o uno que ha nacido dentro de ese alto linaje. Algunos comentaristas de la Biblia y del lenguaje egipcio, dicen que el nombre Faraón es la palabra egipcia Pao, que denota gran casa. En su forma original se la aplicó al palacio del rey y a su real estirpe, pero más adelante se la usó para designar al mismo rey. Nos es difícil armonizar la deficiencia de la Perla de Gran Precio con la de los modernos eruditos.

Este rey de Egipto fue un descendiente de los lomos de Cam. Cam, el tercer hijo de Noé, tomo para sí una esposa que era descendiente de Caín. Ella aceptó el evangelio que le fue predicado por su suegro, pero no obstante ello, la maldición pronunciada por Dios sobre Caín se perpetuó en la descendencia de ella. Su nombre era Egiptus, y en sus escritos Abraham señala, hablando del nieto de ella, por el cual gobernó el país de Egipto -llamado así por Egiptus, quien lo descubrió- que el “participó de la sangre de los cananeos por nacimiento”.

La tierra de Canaán es la Palestina del Nuevo Testamento, y de ella salieron los miles y las decenas de miles que más tarde poblaron vastas áreas de la parte noreste del continente negro. De ese modo Egipto fue poblado por habitantes de Canaán y en esa forma “la sangre de los cananeos se preservó en la tierra”.

 

23 La tierra de Egipto fue descubierta primeramente por una mujer que era hija de Cam e hija de Egyptus, que en caldeo significa Egipto, y quiere decir aquello que está prohibido.

24 Cuando esta mujer la descubrió, la tierra se hallaba inundada, y más tarde estableció a sus hijos allí; y así nació de Cam la raza que conservó la maldición sobre la tierra.

 

Vers. 23-24. “La tierra de Egipto fue descubierta primeramente por una mujer”. La tierra de Egipto en la que los descendientes de Caín se establecieron, fue primeramente descubierta por una mujer llamada Egiptus. Ella fue hija de Cam, hijo de Noé, y de Egiptus, que en caldeos significa “prohibido”.

El Señor prohibió que sus hijos fieles se casaran con los descendientes de Caín, quien mató despiadadamente a su hermano Abel.

En los primeros tiempos cuando no había apellidos que pasarán de padre a hijo como ahora, era la costumbre dar a los hijos un apelativo descriptivo o calificativo que los distinguía en razón del significado del mismo; de allí el nombre Egiptus. A Cam, quien fue una de las personas justas que se salvaron del diluvio, en el arca, le fue prohibido mezclar su sangre con alguien que estuviera maldecido por causa de su linaje. Egiptus, la mujer que Cam tomó por esposa, era descendiente de Caín, y por lo tanto su descendencia fue privada del privilegio de participar en la sucesión del Sacerdocio de Dios. Sus descendientes, no importa quienes fueran, no poseerían ese santo orden. Ella fue bendecida en muchas maneras pero en lo del Sacerdocio le fue prohibido.

Cuando Egiptus, la hija de Cam, vio por primera vez la tierra de Egipto, ésta estaba cubierta por las aguas. Más bien debe haber sido la región del Gran Delta del Nilo. En ciertas épocas del año permanece inundada por la creciente del Nilo, y luego al retirarse las aguas aparece una inmensa área de tierra fértil. Allí ella estableció a sus hijos, cuyo abuelo fue Noé. No obstante que por una parte su linaje divino del patriarca, por la otra perpetuó la maldición de Caín. Esto explica el dilema en el que después se encontraron los sacerdotes egipcios en cuanto a poseer el santo Sacerdocio.

 

25 Ahora, Faraón, el hijo mayor de Egyptus, hija de Cam, estableció el primer gobierno de Egipto, y fue a semejanza del gobierno de Cam, el cual era patriarcal.

26 Faraón, siendo un hombre justo, estableció su reino y juzgó prudente y rectamente a su pueblo todos sus días, tratando sinceramente de imitar el orden que los padres establecieron en las primeras generaciones, en los días del primer reinado patriarcal, sí, en el reinado de Adán y también de Noé, su padre, quien lo bendijo con las bendiciones de la tierra y con las bendiciones de sabiduría, mas lo maldijo en cuanto al sacerdocio.

27 Siendo, pues, Faraón de ese linaje que le impedía poseer el derecho del sacerdocio, aun cuando los Faraones de buena gana lo habrían reclamado de Noé, por el linaje de Cam, resultó que mi padre fue descarriado por la idolatría de ellos;

 

Vers. 25-27. “El primer gobierno de Egipto…”. después de haberse establecido los hijos de Egiptus en la tierra recién descubierta, y de multiplicarse en gran manera, establecieron un gobierno. Fue según el orden patriarcal, y como cabeza o gobernador tuvo al hijo mayor de Egiptus. El fue llamado Pao, lo que según entendemos significa “rey por sangre real”.

Este primer Faraón fue un hombre justo, y por lo tanto estableció un reino justo, de acuerdo con los deseos de su corazón. El juzgó rectamente a su pueblo, y procuró sinceramente guiarlo del mismo modo que los patriarcas en los días antes del diluvio. El siguió el modelo que ellos habían establecido, ciñéndose a la regla de soberanía establecida por Adán, el primer hombre. El procuró también imitar el orden de sucesión en el que su abuelo, Noé, había servido tan valientemente, el cual Noé, nos dice Abraham, “le bendijo con las bendiciones de la tierra, y con las bendiciones de sabiduría, pero le maldijo en cuanto al Sacerdocio”.

Los faraones de buena gana hubieran reclamado el Sacerdocio de Noé. Aunque el primer faraón fue un hombre justo, no pudo tener el derecho de poseer el Sacerdocio por ser del linaje de Caín, a cuya progenie le fue negado ese privilegio. Pero sus sucesores olvidando la maldición que tenía sobre ellos a causa de Caín, reclamaron ese derecho de Noé, a través de Cam. Con esa clase de argumento, empleado para probar su supuesto derecho a auspiciar en el Sacerdocio, es que el padre de Abraham fue atraído a la idolatría de los egipcios.

 

El Antiguo Testamento deja mucho que desear en lo que respecta a proveer detalles históricos del fondo de la familia de Abraham o de la gente devota que vivió en su época.

La familia inmediata de Abraham se había apartado de la adoración del Dios viviente y habían llegado a ser idólatras. A pesar de este hecho, sin embargo, Abraham fue un seguidor de la justicia y aún trató de apartar a su padre de la idolatría.

Cuando uno lee Abraham 1:1–2 parece más bien obvio que Abraham abandonó el hogar de su padre a causa del peligro para su vida y que fue en este tiempo de las grandes cosas de la justicia que recibió el sacerdocio. El relato está obviamente incompleto; pero si este razonamiento es válido, puede ser que Abraham haya regresado a la casa de su padre cuando supo que su padre se había apartado de la idolatría a causa de un hambre (Abraham 1:29). Es posible que, como Nefi del Libro de Mormón, Abraham debiera regresar a su antiguo hogar a sacar importantes y sagrados registros (ver Abraham 1:31 con atención en la palabra “preservó”).

El primer capítulo del Libro de Abraham claramente demuestra que el asunto de la autoridad fue una parte importante de la lucha entre Abraham y el faraón así como también la idolatría, pues la adoración de ídolos representaba meramente el concepto equivocado del rey de que él tenía el derecho a imponer las normas de adoración.

Mientras que los relatos apócrifos presentan a Nimrod como el faraón que busca la vida de Abraham, el Libro de Abraham le llama meramente faraón de Egipto. ¿Quién fue este faraón? Los eruditos creen que el faraón reinante del tiempo de Abraham no era un nativo egipcio, sino más bien, un Hykso (pastor) rey de Canaán. Era ciertamente semita como lo fueron todas las dinastías egipcias después de la quinta o sexta dinastía. Siendo un hykso es muy probable que el faraón fuera un Amorita y de idéntico linaje de sangre como Abraham, excepto que a través de una rama diferente de la familia. Mientras que Abraham venía por el linaje de Sem, parece que el faraón venía por medio del linaje de Cam (ver Abraham 1:23–24, 27).

Uno no puede leer seriamente el Libro de Abraham sin preguntarse por qué Abraham viajó hasta la corte del mismo faraón que había dado permiso a su sacerdote para quitar la vida a Abraham (ver Abraham 1:15 y el facsímile No 1). Una vez más las escrituras proveen una posible respuesta. Parece que el faraón, o rey, hizo varios intentos de quitar la vida de Abraham a causa de la disputa que existía entre ellos sobre el tema de la religión. Cuando el rey no estaba tratando de quitarle la vida, estaba tratando de comprarlo con bondades y presentes. El Dr. Nibley piensa que esto representa el deseo del rey de lograr que Abraham le entregara sus poderes. El Libro de Jasher también muestra a Abraham ganando almas de entre los egipcios. Las notas de José Smith concernientes a los materiales de Abraham también hablan de que Abraham fue al Egipto para ser un ministro del evangelio, y tal cosa estaba implicada en el texto presente (ver Abraham 1:19 y el facsímile No 3).

Se ha mencionado aquí que es importante entender el contexto histórico cultural del cual proviene una escritura. Esto es especialmente verdadero en el caso de Abraham 1. El gobierno egipcio religioso autóctono estaba fundado sobre un sistema matrilineal, esto es, el faraón reinaba bajo su madre de quien se pensaba que era la divina Hathor encarnada. Se pensaba que el faraón era Horus encarnado y era así designado en uno de sus títulos. Por otra parte, nuestro texto dice que el faraón reinante en el tiempo de Abraham trató de imitar el orden de gobierno instituido en los días del primer gobierno de Adán y Noé, una forma patriarcal de gobierno (ver los versículos 25 y 26). Esto era claramente un abandono de las tradiciones egipcias. El versículo 21 también indica que el rey era en verdad un cananita, y el hecho de que el preserva la sangre de los cananitas en la tierra probablemente debe ser interpretado en el sentido que este faraón en particular estaba manteniendo la línea extranjera de los Hyksos en el trono real.

¿Quién fue Egiptus y cuál fue su relación con Cam? Esta pregunta ha recibido muchos tratamientos a través de los años, pero un pensamiento más debe ser considerado desde el punto de vista que las pistas culturales proveen.

El versículo 23 sugiere la posibilidad de que Egiptus fue esposa de Cam, mientras que el versículo 25 sugiere que ella era su hija. Para entender esta aparente confusión, algunos han sugerido que había dos mujeres con el mismo nombre, una la madre y la otra, la hija. De hecho el problema se resuelve por medio de conocer las leyes antiguas existentes en la época de Abraham.

Antes de considerar algunas de estas leyes, sin embargo, será aclarador considerar una otra aparente incongruencia conectada con Abraham. Se nos dice en Abraham 2:1–2 que Abraham se casó con su sobrina Sarai, quien era la hija de su hermano Haran que había muerto. Estos detalles son muy importantes. Deben destacarse tres cosas: Terah, el padre de Abraham vivía aún; Haran, el hermano de Abraham, había muerto; y Nehor y Abraham se habían casado con hijas de Haran. En Génesis 20:1–13 leemos de un incidente en Gerar cuando Abraham le dijo a Abimelec que Sara era su hermana. Cuando Abimelec, quien había tomado inocentemente Saríah para que formara parte de su harem, supo por medio de un sueño que Saríah era realmente la esposa de Abraham, llamó la atención de Abraham, la réplica que recibió fue: “Ella es en verdad mi hermana, la hija de mi padre, pero no la hija de mi madre, y llegó a ser mi esposa”.

Para un occidental moderno parecería que Abraham no era tan sólo un cobarde, sino que también un mentiroso, puesto que Sara había sido engendrada por Haran y su esposa y no por Terah, el padre de Abraham. Dos extractos de los códigos de leyes de esa parte de Mesopotamia de donde habían venido Abraham y su gente, arrojan la luz necesaria sobre estos incidentes para ayudarnos a ver que tan perfectamente ciertas eran las declaraciones de Abraham:

“(Si), mientras una mujer aún está viviendo en la casa de su padre, muriera su esposo y tuviera hijos (vivirá donde ella decida), en una casa de ella. (Si) ella no tiene hijo, su suegro la casará con el hijo de su (de él) elección… o si lo desea, la puede entregar en matrimonio a su suegro (el mismo).

“Si su esposo y su suegro estuvieran ambos muertos y no tuviera hijo, llega a ser viuda; puede ir donde lo desee”. (James B. Prichard, “Los Textos del Antiguo Cercano Oriente relativos al Antiguo Testamento”, pág. 182).

“Si el Señor derramara aceite sobre su cabeza o le trajera regalos de esponsales (y) el hijo a quien él asignare la esposa huyera o falleciera, el puede entregarla a quien deseare de sus hijos restantes desde el mayor al menor que sea por lo menos de diez años de edad. Si el padre muriera y el hijo a quien asignó la esposa muriese también, pero este tuviera un hijo de por lo menos diez años de edad, él se ha de casar con ella, pero si los nietos son menores de diez años, el padre de la niña, si lo desea, puede dar su hija (a uno de ellos); o si lo desea, puede recibir una restitución adecuada (de los presentes)…

“Cuando una mujer ha sido dada en matrimonio y el enemigo ha capturado su esposo, si no tiene suegro o hijo permanecerá fiel a su esposo por dos años. Durante esos dos años, si no tiene lo suficiente para vivir, se adelantará y lo declarará; así será una guarda del palacio… (Su suegro era responsable de hacerla su esposa, si aún viviera, como en el primer ejemplo citado arriba; mismo libro, pág. 184).

Bajo esta clase de código de leyes antiguo, Terah aparentemente había tomado a la hija de Haran como esposa. Ello hizo de Sara su hija, pero no la hija de la madre de Abraham. En esta sociedad patriarcal, la mujer no tenía el derecho de adopción. Los extractos citados arriba de los códigos de leyes de Mesopotamia también arrojan luz sobre el pasaje de Génesis 38. Aquí leemos que Judá tenía la responsabilidad de proveer un esposo para la viuda de su primer hijo, que había muerto, y que finalmente fue forzado por Tamar a casarla él mismo.

¿En qué sentido esclarece esto la relación de Cam y Egiptus? Debemos buscar algunos indicios en el texto. Se nos dice que Abraham estaba preocupado con el asunto desde el punto de vista de un orden patriarcal (Abraham 1:25–26). Se nos dice luego que el hijo mayor de Egiptus llegó a ser faraón y que este faraón deseaba establecer un orden patriarcal en Egipto. Esto parece importante pues si el gobierno estaba ya basado en un sistema patriarcal (las fundaciones gubernamentales de Egipto eran matrilineales), el deseo de efectuar el cambio habría sido innecesario. Más aún, si leemos que en Abraham 1:26 que este faraón fue bendecido por Noé en relación a las bendiciones de la tierra y con sabiduría, pero fue maldecido respecto al sacerdocio. El único incidente del cual tenemos registro en las escrituras que coincidiría con esta declaración es que Noé maldijera a cualquiera de su posteridad se halla en Génesis 9:18–27. Esta fue la ocasión cuando Cam descubrió a Noé desnudo y ebrio y llamó a sus hermanos para que le contemplaran. Cuando Noé despertó de su embriaguez y supo lo que Cam había hecho, dijo:

“… Maldito sea Canaán; siervo de siervos será entre sus hermanos.

“Y dijo, bendito sea el Señor Dios de Sem; y Canaán será su siervo.

“Dios engrandecerá Jafet, y morará en las tiendas de Sem, y Canaán será su siervo” (Génesis 9:25–27).

Obviamente algo falta de la historia como Moisés la narra, pero ciertos aspectos de este relato son importantes. En los versículos 18 y 22 Moisés llama especialmente la atención al hecho de que Cam era el padre de Canaán. De hecho, era padre de otros tres hijos también: Cus, Fut y Mizraim. ¿Por qué deseaba Moisés destacar la paternidad de Cam a Canaán e ignorar la de los otros tres hijos? Parece que Canaán había hecho algo que Moisés consideraba particularmente malo y que Noé antes de él había considerado suficientemente serio como para maldecirlo, ¿Qué había hecho? Al leer Éxodo y el Deuteronomio, se encuentra a Moisés refiriéndose a los habitantes de la “tierra prometida” como a los cananitas y advierte a los israelitas que no han de entregar sus hijos e hijas a los hijos e hijas de los cananitas como esposos o esposas (Éxodo 34:11–16; Deuteronomio 7:1–5). Los cananitas eran considerados idólatras por Moisés, y así había sido considerado por Abraham, generaciones antes:

“… habíamos llegado a las fronteras de la tierra de los cananeos; y allí en el valle de More ofrecí sacrificio e invoqué devotamente al Señor, porque ya habíamos llegado a la tierra de esta nación idólatra” (Abraham 2:18).

¿Por qué se llamarían cananitas todos los habitantes de la tierra cuando de hecho formaban parte de un fondo conglomerado? Aparentemente porque Canaán se había establecido una vez allí, y todos los que le siguieron tomaban parte de las prácticas idólatras de Canaán. Es posible concluir que (1) el nieto que Noé maldijo era hijo de Cam, y en verdad de Canaán, y que (2) fue maldecido porque se había casado con Egiptus, prohibido, pues ella era una adoradora de ídolos y así él también había llegado a serlo. Cuando Canaán murió, Cam pudo haber seguido la costumbre de adoptar la viuda, haciendo así a Egiptus la hija de Cam, pero no por nacimiento. A causa de que Noé había maldecido Canaán, los hijos de éste no podían recibir el sacerdocio, y nunca lo recibirían mientras permaneciesen en su idolatría. Era de esta maldición de la cual Abraham trató de apartar al faraón y su casa. Así, encontramos en el Libro de Jasher, en el Libro de Abraham y en las notas de José Smith que Abraham descendió a Egipto. El fue, no tan sólo a causa del hambre que había en la tierra de Canaán, sino que también a ser un ministro del evangelio en la corte de faraón. Los siguientes diagramas ilustrarán los tres principales conceptos que han sido considerados respecto a la relación de Egiptus con Cam.

Familia de Cam 1

Familia de Cam 2

De acuerdo a la ley, a la muerte de Canaán, Egiptus llegaría a ser una esposa plural de Cam, y al mismo tiempo, llegaba a ser su nuera. Si sus hijos aspirasen al sacerdocio, podrían trazar su linaje a través de Cam cuyos hijos habían llegado a ser a través de la adopción (como en el caso de Sara, la esposa de Abraham, que llegó a ser hija de Terah). Esto valdría ciertamente por la explicación de Abraham de que el faraón lo reclamaría de buena gana (el sacerdocio) de Noé, a través de Cam. Por lo tanto, el siguiente diagrama mostraría la imagen que Abraham trataba de dar:

Familia de Cam 3

28 pero de aquí en adelante procuraré delinear la cronología que se remonta desde mí hasta el principio de la creación, porque han llegado a mis manos los anales que tengo hasta el día de hoy.

29 Y después que el sacerdote de Elkénah fue herido y murió, se cumplieron las cosas que me fueron dichas con respecto a la tierra de Caldea, de que habría hambre en la tierra.

30 De modo que prevaleció el hambre por toda la tierra de Caldea, y mi padre se vio atormentado gravemente por causa del hambre, y se arrepintió del mal que había resuelto en contra de mí para quitarme la vida.

31 Pero el Señor mi Dios preservó en mis propias manos los anales de los padres, sí, los patriarcas, concernientes al derecho del sacerdocio; por tanto, he guardado hasta el día de hoy el conocimiento del principio de la creación, y también de los planetas y de las estrellas, tal como se dio a conocer a los patriarcas; y trataré de escribir algunas de estas cosas en este relato para el beneficio de mi posteridad que vendrá después de mí.

 

Vers. 28-31. “El Señor preservó en mis manos los anales de los padres, …concernientes al derecho del sacerdocio”. A pesar de haber apostatado sus padres de la creencia en el Dios de sus antepasados, y de haberse convertido a la adoración de los ídolos, cosa que afectó a toda la casa de su padre, Abraham se mantuvo firme e inconmovible, continuando fiel a las creencias y prácticas religiosas de los antiguos. A medida que aumentaba en edad, él creció en gracia y en el conocimiento de aquel que creó todas las cosas, y en el conocimiento de todo lo que es justo y verdadero.

A él le repugnar un los reclamos de los sacerdotes idólatras del faraón, de que ellos poseían el Santo Sacerdocio. Para mostrarle a sus descendientes que esos reclamos fueron falsos, y para probarles que la sucesión en el Sacerdocio había seguido a través del, en forma ininterrumpida desde el principio, o desde el tiempo de Adán, el primer hombre. Abraham se propuso hacerlo mostrando ciertos anales, los cuales, dice él, “han llegado a mis manos los anales que tengo hasta el día de hoy”.

Hambre en la tierra de Caldea. La promesa del Señor de visitar a los habitantes de Caldea, se cumplió al llegar a la región un hambre y una pestilencia que no abandonaron al país hasta no haberlo arruinado por completo. El hambre fue tan intensa, y tan depresivos sus efectos que el padre de Abraham se vio atormentado gravemente, y para escapar a los efectos del hambre y de la enfermedad, “se arrepintió del mal que había resuelto” hacerle a Abraham, de ofrecerlo como sacrificio sobre el altar en el cerro de Potifar, imaginamos que buscó la ayuda de su hijo, a quien recientemente había ofendido de tal manera.

Los anales contenían un relato de los padres. Aquí se describen más ampliamente los anales mencionados en el versículo 28. No sólo contenían un relato de los patriarcas “concerniente a los derecho del sacerdocio”, sino también la historia de la creación. Y tampoco terminaban con una explicación del comienzo de la tierra, sino que continuaban con una descripción “de los planetas y de las estrellas, tal como se dio a conocer a los patriarcas”.

Abraham nos informa de nuevo que estos anales “los he guardado hasta el día de hoy” y “trataré de escribir algunas de estas cosas en este relato para el beneficio de mi posteridad que vendrá después de mí”.

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