Libro de Abraham

 

ÍNDICE DE CAPÍTULOS

 

 

Introducción al Libro de Abraham

 

El libro de Abraham es una de las más grandes e importantes evidencias físicas del llamamiento inspirado y profético de José Smith. Se han burlado de él y ha sido ridiculizado por ministros, laicos y eruditos de fuera de la Iglesia; pero ninguno ha podido dar una respuesta satisfactoria a la pregunta de cómo pudo José Smith originar un texto en que no sólo los detalles coincidieran con hechos relativos a la vida de Abraham y su fondo, sino que además los principios doctrinales armonicen con aquellos hallados en otras escrituras existentes. Es la forma en que estos principios doctrinales arrojan luz sobre otros textos existentes lo que hace de este libro un tesoro. Las doctrinas son magníficas y el conocimiento que proveen es verdaderamente inspirador. Por esta razón, parecería, que los ataques no han sido tanto dirigidos al contenido del libro sino que a las habilidades del Profeta como traductor del idioma egipcio.

Había aquí un rollo de papiro que había estado enterrado en la realeza egipcia por siglos, tan sólo para salir a la luz precisamente en el tiempo cuando el Profeta de la última dispensación había finalizado su obra con los antiguos registros nefitas. La egiptología estaba en su infancia. Aquellos que eran considerados como los grandes eruditos de su tiempo en este campo, habían escasamente “traspasado el umbral”. Sin experiencia formal en lenguajes antiguos y sin capacitación con la excepción de su obra con los registros nefitas, José Smith inició una traducción de los antiguos papiros. Su fuente de conocimiento, como con el Libro de Mormón, era admitidamente el poder del Dios Todopoderoso unido con su propia brillantez, inspiración y determinación.

Los egiptólogos han dicho que si pudieran tener acceso al rollo del cual se supone que proviene el Libro de Abraham, traducido, ellos podrían verificar la confiabilidad de la obra de José Smith. Una porción de los papiros egipcios que el profeta aparentemente usó han sido hallados ahora, y se han obtenido excelentes fotografías para cualquiera que las desee. Ciertamente la hora de la traducción era inconvencional desde el punto de vista de los principios conocidos de la traducción. Pero se continúa acumulando evidencia en el sentido que no compromete la confiabilidad de la traducción en otros terrenos que no han sido considerados generalmente por los eruditos.

Las personas que trabajaban de cerca con el profeta le vieron trabajar con los papiros por largos periodos de tiempo y estaban satisfechos que el texto de la traducción de Abraham viniera por medio del estudio y la inspiración.

Aún cuando los eruditos de hoy han tenido acceso a las copias originales de las notas de José Smith hechas mientras trabajaba en la traducción, no han criticado su enfoque a los caracteres reales en sí. Sin embargo, han dicho mucho respecto a su traducción de esos caracteres. Esto es importante porque:

1. En ninguna ocasión el Profeta dividió o separó los componentes de un carácter en un lugar inapropiado, sino más bien, su manejo de los caracteres demuestra que estaba consciente de las leyes que gobiernan la combinación de elementos en un determinado carácter.

2. En aquella porción de sus notas que coincide con el texto contenido en el Libro de Abraham, puso los caracteres egipcios al lado de su traducción. El significado básico o raíz del carácter tiene relación a una palabra o palabras de la traducción, como si el carácter hubiese servido como un medio para recordar un texto más extenso.

Aún cuando el texto del Libro de Abraham no está en desacuerdo con otras fuentes conocidas de la vida de Abraham, arroja de hecho luz considerable sobre otros textos. Además, la escritura egipcia puede traducirse hoy en día con la misma facilidad con que se pueden traducir lenguajes modernos, y es este hecho el que hace que los eruditos se niegan a aceptar la traducción de José Smith.

Los eruditos de dentro de la Iglesia están teniendo éxito en demostrar que a pesar de que el idioma egipcio puede traducirse de acuerdo a reglas convencionales conocidas, los egipcios aparentemente tenían una técnica para combinar caracteres en tal manera que resultaban con un significado compuesto.

Hay eruditos en la Iglesia así como también fuera de la misma que han señalado que la interpretación del hombre moderno de las ideas religiosas de los egipcios está probablemente equivocada. Aducen que se ha considerado a la religión egipcia como un pantano de superstición, puede de hecho haber sido completa y lógicamente explicada por los autores, revelando un significado enteramente diferente de lo que el texto ha sugerido a nuestra mente moderna.

En el otoño de 1830, un converso de la Iglesia llamado Hiram Page causó bastante confusión entre ciertos miembros de la Iglesia al alegar haber recibido revelaciones por medio de una “piedra vidente”. Oliverio Cowdery estaba entre aquellos convencidos y se necesitó una revelación del Señor por medio de José Smith para traer a Oliverio de regreso a la línea (DyC 28). Una de las falsas revelaciones de Page tenía que ver con la fundación de la ciudad de Sión. En la revelación del Señor a Oliverio Cowdery, se manifestó que aún cuando la localidad de la ciudad de Sión no había sido aún revelada estaba en las fronteras con los lamanitas. Unos pocos días antes de la conferencia en 1830 en septiembre, se llamó a Oliverio Cowdery a encabezar una misión a los lamanitas. Durante esta conferencia se llamó también a Peter Whitmer a unirse a la misión. En octubre Parley P. Pratt y Ziba Peterson fueron añadidos al grupo. Parley P. Pratt estaba ansioso por pasar por una parte de Ohio donde su amigo y antiguo colega en la fe Campbelita se suponía que trabajaba. Este hombre, Sídney Rigdon, estaba viviendo en la parte noreste de Ohio, en Mentor.

El Sr. Rigdon escuchó a los misioneros y les permitió predicar a su congregación, pero luego advirtió a sus seguidores que usarán discreción al considerar los argumentos del mormonismo. Mientras tanto, los misioneros comenzaron a predicar en Kirtland, Ohio, cerca de cuatro millas de Mentor. Se obtuvo un buen resultado y Sídney Rigdon llegó a ser uno de los conversos y bautizados. Este hombre habría de jugar una parte importante en la Iglesia, llegando a ser uno de sus líderes y uno de los primeros escribas del profeta José Smith.

Hasta fines de 1830 la sede de la Iglesia había estado Nueva York, pero en diciembre se recibió una revelación en el sentido de que debido al clima hostil entre los ciudadanos de Nueva York, toda la Iglesia habría de cambiar se ha Ohio. Así por la mayor parte, fue que desde febrero de 1831 hasta la reunión con Chandler en 1835, el hogar del Profeta estuvo en Kirtland, Ohio. Allí es donde se inicia la historia del Libro de Abraham, al menos en lo que se refiere a su relación con la dispensación del evangelio en los últimos días.

El relato tradicional del surgimiento del rollo de Abraham se ha tomado de la historia dicha a José Smith por Michael Chandler, de quien se compró el rollo junto con otros artefactos. Parecen existir discrepancias históricas en el relato, pero éstos no comprometen la posición del Profeta. Fielmente repitió lo que se le había relatado. El Sr. Chandler le dijo a José Smith que su tío Antonio Lebolo había recibido permiso para excavar en Egipto en el año 1812, y que el 7 junio 1831 se abrió la tumba en la cual se hallaron varias momias y los rollos que les acompañaban. También le dijo al Profeta que Lebolo había muerto en 1832.

El eminente historiador y arqueólogo Warren R. Dawson cita fuentes escritas publicadas en Italia en 1824 que dicen que Lebolo murió en Trieste, Italia en 1823. Más aún, el relato del viaje de las momias desde Italia a Dublín, Irlanda (donde Lebolo presumía que su sobrino residía), y su subsecuente arribo a América no es tan correcto en lo que se refiere a fechas. Chandler dijo que las momias llegaron a Nueva York en el invierno o primavera de 1833. Una investigación reciente en los documentos de desembarque desde los años 1832 al 1835 hecho por el Dr. Sidney B. Sperry muestra que no se registró el ingreso de las momias a Nueva York en ningún barco durante esos años. Hay bastante posibilidad de que la historia se haya corrido unos diez años. Al menos, una investigación mayor bien se podría hacer en esta área.

Luego de sacar las momias de la aduana de Nueva York, el Sr. Chandler abrió los sarcófagos de las momias que hasta ahora no habían sido abiertos esperando hallar algún tipo de tesoro enterrado con las momias. Notando los bultos en las vendas de las momias, cortó estas para descubrir con desilusión los rollos de los papiros. Aparentemente estableció contacto con algunos eruditos de su época pero no le satisficieron los resultados que le entregaron como traducciones estimativas de los papiros. Desde su hogar en Filadelfia, Pensilvania, un tour por la parte este del país, exhibiendo las momias y los papiros.

Escuchó de José Smith en alguna ocasión; pero debido a los calumniosos relatos respecto al Profeta, no prestó atención a las habilidades del Profeta como traductor. Eventualmente, al pasar por Moirie, en Nueva York, Chandler encontró a Benjamín Bullock, tercero que también había escuchado de José Smith. Bullock se ofreció para llevar a Chandler las 250 millas hacia Kirtland para ver al Profeta. La reunión entre estos tres hombres ocurrió el 6 julio 1835. Existen al menos tres historias diferentes de cómo el Profeta vio por primera vez los papiros. Éstos varían desde el que haya visto solamente una transcripción de los caracteres de los rollos hasta el que haya examinado personalmente los rollos. En el diario del Profeta se registra la siguiente declaración precipitada: El 3 julio, Michael H. Chandler vino a Kirtland para exhibir algunas momias egipcias. Había cuatro figuras humanas, junto con dos o más rollos de papiros cubiertos con figuras jeroglíficas y planes. Como se le había dicho al señor Chandler que podía traducirlos, me trajo algunos caracteres y le di una interpretación y él, como un caballero, me dio el siguiente certificado:

Kirtland, 6 julio de 1835

 

“Esto es para hacer saber a todos los que así lo deseen, concerniente al conocimiento del Señor José Smith, hijo, en lo que se refiere a descifrar los antiguos caracteres egipcios jeroglíficos en mi posesión, que he mostrado en muchas ciudades eminentes a los más letrados y, de la información que puede obtener o reunir, encuentro que la del Señor José Smith, hijo, corresponde hasta en sus más mínimos detalles”.

Michael H. Chandler

Viajante y propietario de las momias egipcias

 

Debe notarse que José Smith dijo que Chandler le trajo algunos “caracteres” a él. Esto parece implicar una transcripción de los rollos, excepto que el certificado de Chandler parece referirse a los rollos enteros como “caracteres”.

Debe notarse también que el diario del Profeta en lo que anota el día 3 julio, muestra que estaba en conocimiento de que Chandler estaba en Kirtland, pero se suponía que su propósito era mostrar sus artefactos egipcios en vez de reunirse con el profeta mormón. Esto puede implicar que Chandler estaba haciendo averiguaciones sobre el profeta antes de ir a verle.

En lo que respecta a “los más letrados” mencionados en el certificado de Chandler, Oliverio Cowdery pensaba que era el profesor Charles Anthon de la Universidad de Columbia y el Dr. Mitchell de Filadelfia.

La siguiente anotación del diario del profeta José Smith es de importancia:

“Luego de esto (la visita de Chandler), algunos de los Santos en Kirtland compraron las momias y los papiros, de los cuales aparecerá más adelante una descripción, y con W. W. Phelps y Oliverio Cowdery como escribas, comencé la traducción de algunos de los caracteres o jeroglíficos, y para nuestra alegría descubrimos que uno de los rollos contenían los escritos de Abraham, otros los escritos de José en Egipto, etc., de lo cual aparecerá un relato más adelante, al proceder a examinarlos o desenvolverlos. En verdad podemos decir, el Señor está comenzando a revelar la abundancia de la paz y la verdad.

Respecto a lo que se puede asegurar acertadamente, José Smith nunca hizo una identificación exacta de las momias en las que se encontraron los rollos. Mencionó que venían del área de Tebas. Josiah Quincy, que visitó al profeta José en 1844, informa que el profeta identificó a una de las momias como la del Faraón Necao, rey de Egipto (Clark, Story, pág. 71). Relatos de segunda mano concernientes a José Smith dados por no miembros eran frecuentemente inexactos, que sería mejor, sin mayor verificación de la identificación del profeta de las momias, continuar insistiendo que ninguna identificación positiva ha sido hecha.

Puesto que estas momias vinieron de la región de Tebas, es muy interesante anotar que el facsímile No 2 que apareció en el rollo es similar a otros hallados principalmente en Abydos. Sir Flindere Petrie descubrió varios de estos hipocéfalos circulares en Abydos. Fueron hallados bajo la cabeza de la momia que acompañaban, indicando alguna posible conexión mágica, o aún más probable, una relación religiosa.

El Dr. Warren R. Dawson escribió al Dr. James R. Clark de la Universidad de Brigham Young diciéndole que era poco probable que Lebolo hubiera hecho excavaciones en Abydos, debido a los hallazgos poco prometedores encontrados allí.

Examinando la traducción de José Smith del papiro egipcio hoy en día, nos es imposible determinar exactamente el método o manera en que el Profeta tradujo. Si el Libro de Abraham hubiera sido una traducción en la cual el Señor le dijo a José Smith el significado exacto de cada carácter, no habría habido necesidad de revisar el texto. Sin embargo, José Smith mismo, mencionó en su diario que él revisó la obra. Una anotación el día 9 marzo de 1842 dice:

“Examinando la copia del Times and Seasons… en la mañana; en la tarde continué la traducción del Libro de Abraham, llamé al obispo Knight y al señor Davis con el registrador y continué traduciendo y revisando, y leyendo cartas en la tarde, estando la hermana Emma en la oficina”.

El mismo hecho de que tanto tiempo transcurriera entre 1835 cuando se adquirieron los rollos y 1844 cuando el profeta fue martirizado parece demostrar la participación personal y labor necesaria a hacer la traducción. La traducción del profeta de la historia de Abraham nunca fue completada.

Se hizo al Libro de Abraham canon o libro canónico de la Iglesia en 1881 como parte de la Perla de Gran Precio. Antes de ese tiempo la Iglesia había aceptado con regocijo y autoridad aquellas partes del papiro de Abraham que el profeta había tenido éxito en producir. Pero, ¿qué sucedió a los papiros luego de la muerte del profeta?

Parecería que Almon W. Babbit, fideicomisario de la Iglesia en Nauvoo, había dado las momias y al menos algunos de los papiros en manos de la hermana Smith para que ella pudiera, en cierta medida, mantenerse. ¿Qué pasó, sin embargo, con los materiales de los papiros?

De alguna manera, William Smith, único hermano sobreviviente del profeta José, tuvo éxito en obtener las momias. Tal vez esto ocurrió a la muerte de Lucy Smith. Al menos Élder Babbit escribió al presidente Brigham Young con fecha 31 enero de 1847:

 

Presidente Brigham Young

Estimado Hermano:

“… William Smith tiene las momias de la madre Smith y se niega a entregarlas…”

 

Aún cuando Élder Babbit nunca mencionó que William Smith tenía los papiros, es ciertamente razonable creer que el papiro que había estado en posesión de José Smith junto con las momias era lo que la Iglesia tenía interés, más bien que las momias en sí.

El Dr. James R. Clark, mientras investigaba el problema de la disposición de las momias luego de la muerte del profeta José, descubrió que dos de las momias habían sido vendidas finalmente por alguien al Museo de San Luis en Missouri. El Dr. Clark pudo obtener una copia del catálogo impreso por el Museo de San Luis, que describía las momias. Una comparación de los facsímiles de las páginas de los catálogos de los museos de San Luis y el de Woods, entregan dos importantes detalles. Primeramente, el Museo de San Luis menciona solamente dos momias, además de una muestra de los papiros que José Smith había usado, pero no el papiro completo. Segundo, el Museo Wood’s de Chicago compró las momias al Museo San Luis y aún copió palabra por palabra el material descriptivo del catálogo de San Luis. Ahora todos saben que el museo de Chicago fue destruido por un incendio. Se pensó durante años que los papiros que José Smith había usado para su trabajo con el Libro de Abraham, habían sido destruidos por el incendio. Hoy, más de 100 años más tarde, esos materiales egipcios han salido a la luz por un accidente de investigación.

En la primera parte 1842, el profeta José Smith asumió la editorial del Times & Seasons; publicación oficial de la Iglesia que había sucedido al Evening & Morning Star. Fue asistido por los élderes John Taylor y Wilford Woodruff en la preparación del tipo. Otro hermano, Reuben Hedlock fue el tallador que preparó los grabados en madera de los cuales se imprimieron los facsímiles o ilustraciones del Libro de Abraham. Alrededor del 1 marzo 1842, los primeros grabados se habían preparado y el Profeta pasó las horas antes del mediodía probando el tallado. El 2 marzo, el Profeta hizo la siguiente anotación en su diario:

“Leí las pruebas del Times & Seasons, como editor por primera vez en el No 9 y tercer volumen, que corresponde al comienzo del Libro de Abraham”.

La traducción del Libro de Abraham fue impresa en el Times & Seasons en forma de serial en tres entregas. La tragedia del martirio de José Smith impidió mayores publicaciones de las tres entregas.

En la primera traducción publicada del Libro de Abraham, las diferentes formas del nombre de Abraham aparecen igual que en la Biblia, esto es, Abram y Abraham. Esta distinción se perdió en publicaciones posteriores, pero era importante desde el punto de vista de la traducción puesto que las notas del profeta José Smith indicaban que cada uno de sus nombres difería en el idioma egipcio de los caracteres que los representaban. La adición de bendiciones dadas con el nuevo nombre era claramente aparente en el significado de las partes añadidas al carácter egipcio para el efecto de cambiar el nombre.

La tercera y última parte del Libro de Abraham a ser publicada por el Times & Seasons apareció el 16 mayo de 1842. Se habían prometido más materiales, pero aparentemente el profeta no tuvo mayor oportunidad de preparar material que le satisficiera para publicarse. En Inglaterra, en junio de 1842, los editores de la Estrella Milenaria SUD (Latter–day Saint’s Millenial Star), Parley P. Pratt y Thomas Ward, anunciaron sus planes de publicar los materiales que habían sido previamente publicados en el Times & Seasons, con la excepción de la alteración del nombre de Abram a Abraham. En agosto de 1842, publicaron un resto del libro cómo había sido publicado en América. Nueve años más tarde, Franklin D. Richards, presidente de la misión británica, incluyó los materiales abrahámicos en su primera edición de la Perla de Gran Precio de 1851. Empleando el Millenial Star como fuente.

Existe mucha controversia hoy en día respecto al papiro y la traducción del Libro de Abraham. Hasta que el Dr. A. S. Atiya, un profesor de la Universidad de Utah, encontró porciones de los papiros mientras se encontraba en la parte este de los Estados Unidos haciendo una investigación de escrituras cópticas, no se había dado otra oportunidad a los eruditos de comprobar la traducción de José Smith, por otra cosa que las reproducciones de los facsímiles hallados en la impresión del Libro de Abraham.

Ahora, con algunos de los papiros, una vez más, en las manos de la Iglesia, se han puesto ampliamente a disposición fotografías de los fragmentos de los papiros, para que los eruditos las compartan libremente.

El estilo de escritura de los papiros ha sido fechado con una edad probable no mayor de 700 años d. C. y muestra evidencia de venir de un período de la historia egipcia cuando los documentos funerarios habían llegado a la posesión de la gente común. Una vez considerados como secretos de Reyes, la literatura sagrada de los muertos había llegado a ser propiedad de cualquiera que pudiera pagar a un escriba para que le hiciera una copia. Un negocio lucrativo se desarrolló para los escribas; y estos hombres, diestros artesanos, descuidaron su arte y sin duda perdieron la comprensión del significado de las cosas que copiaban. Hoy en día, somos capaces de traducir el idioma egipcio con algún grado de facilidad, pero es también tan cierto que nuestro conocimiento del verdadero significado de aquello que traducimos permanece obscuro para nosotros.

De este hecho podemos estar seguros: José Smith produjo un considerable monto de escritura pertinente a Abraham que es en su mayoría, no tan sólo compatible con otras fuentes que se relacionan al patriarca, sino que además es verificable de esas fuentes también. En lo que concierne a escritura, aquella contenida en el Libro de Abraham, está en armonía con el testimonio de la escritura.

Es poco común que una persona empiece a buscar un testimonio de la veracidad de algo buscando entre los detalles sin importancia de la habilidad de un autor para traducir. La prueba de la doctrina está en los principios vivos enseñados y en el efecto que esos principios tienen sobre el carácter del individuo. Los apóstoles no podían probar a un mundo pagano que Jesucristo había nacido de una virgen o que había resucitado de la tumba y administrado entre sus discípulos, pero los valores intrínsecos en el mensaje del Señor trajeron cambios en las vidas de otros hombres. Esto dio testimonio de la realidad del Ser que entregó estas verdades. Aquel que desee saber si el Libro de Abraham es verdadero comenzará con una consideración del texto sacado por el profeta José Smith. Nadie con un testimonio del Libro de Mormón arrojaría éste porque las planchas originales no están disponibles para el estudio de los eruditos. Si no tuviéramos el papiro o papiros del Libro de Abraham, el valor de la traducción sería tan grande no obstante. ¿Por qué, entonces, insistir que la posesión de los papiros alteraría los hechos? Si fuera posible probar que José Smith no pudo traducir las ideas teológicas y haber obtenido las perspectivas históricas de la revelación, podría entonces justificarse la pérdida de la fe; pero asumir que la erudición sobrepasa la mente de Dios trabajando en conjunto con la mente del Profeta, es dar un paso que debe resultar finalmente en la destrucción de nuestra fe, en la Iglesia y, tal vez, en Cristo mismo.

 

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