José Smith—Mateo 1 : 38 – 55

 

Los siguientes comentarios en color verde han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 45–53.

Pero también se han insertado en color violeta los comentarios, que son pertinentes al análisis, del manual La Vida y Enseñanzas de Cristo y sus Apóstoles, Manual del Alumno, págs. 157–160.

 

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JOSÉ SMITH—MATEO 1:38–55

JESUCRISTO NOS ENSEÑA QUE DEBEMOS PREPARARNOS PARA SU SEGUNDA VENIDA

 

38 Ahora, aprended la parábola de la higuera: Cuando sus ramas todavía están tiernas y empieza a cubrirse de hojas, sabéis que el verano está cerca;

 

José Smith—Mateo 1:38. La parábola de la higuera

Los higos son un alimento importante en el Medio Oriente. La improductividad de las higueras es un desastre nacional, mientras que su productividad es señal de paz y favor divino. La higuera es uno de los primeros árboles en mostrar los brotes de sus frutos, los cuales salen antes que las hojas; por tanto, se espera que una higuera con hojas tenga también fruto. El tiempo en que aparecen las hojas es indicio de que el verano está cerca. La higuera se diferencia de los demás árboles frutales porque en algunas variedades su fruto es verde y pasa inadvertido escondido entre las hojas hasta casi la época de la cosecha.

 

39 así igualmente mis escogidos, cuando vean todas estas cosas, sabrán que él está cerca, sí, a las puertas.

40 Pero de aquel día y hora, nadie sabe; no, ni los ángeles de Dios en el cielo, sino mi Padre únicamente.

 

José Smith—Mateo 1:40. “Nadie sabe”

Concerniente a la venida del Salvador, el profeta José Smith dijo: “Jesucristo jamás reveló a ningún hombre el tiempo preciso en que Él iba a venir. Id y leed las Escrituras, y veréis que no hay nada que especifique la hora exacta en que ha de venir; y todos los que dicen lo contrario son maestros falsos” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 422; véase también D. y C. 49:7).

El élder Bruce R. McConkie escribió:

“El tiempo de la segunda venida de Cristo está tan señalada y es tan cierta como la hora de Su nacimiento, y no variará ni un segundo del decreto divino. Él vendrá en el momento fijado. El Milenio no comenzará prematuramente porque los hombres se hayan vuelto rectos ni se retrasará porque abunde la iniquidad…

“…[Jesucristo] sabe el momento establecido y también lo sabe Su Padre” (The Millennial Messiah, págs. 26–27).

Alguna que otra vez, circulan publicaciones entre los miembros de la Iglesia en las cuales se especifica o se especula cuándo será la Segunda Venida. El presidente Harold B. Lee advirtió a los miembros de la Iglesia acerca de esa clase de publicaciones. Después de enumerar pasajes de las Escrituras que enseñan acerca de las señales de la segunda venida de Cristo, el presidente Lee dijo: “Esos [pasajes de las Escrituras] son algunos escritos sobre los cuales deben preocuparse, en vez de hacerlo por comentarios que lo más probable es que provengan de aquellos cuya información no sea la de más confianza y cuyos motivos sean dudosos” (véase “Admoniciones del Sacerdocio de Dios”, Liahona, septiembre de 1973, pág. 33).

 

41 Pero como fue en los días de Noé, así también será en la venida del Hijo del Hombre;

42 porque con ellos será como fue en los días antes del diluvio; porque hasta el día en que Noé entró en el arca, estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento;

43 y no supieron hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos; así también será la venida del Hijo del Hombre.

 

José Smith—Mateo 1:41–43. “Como fue en los días de Noé”

En relación con los últimos días, el élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Al igual que en los días de Noé, la gente también se preocupará por las tribulaciones y los placeres del mundo (véase Mateo 24:37). Por lo tanto, irónicamente para la mayoría pasarán inadvertidas las señales que Dios nos dé relacionadas con la gloriosa segunda venida de Jesús” (Sermons Not Spoken, 1985, pág. 62). Dijo también: “No es ninguna casualidad que se hayan preservado para nosotros, en las Escrituras, algunos conocimientos valiosos acerca de la época en que vivió Noé. Según leemos, ésos fueron tiempos en que ‘estaba la tierra llena de violencia’ (Génesis 6:11) y la corrupción abundaba. Aparentemente había un sentido de autosuficiencia, una condición sobre la cual Jesús llamó la atención. (Mateo 24:36–41.) Jesús dijo que esa condición se repetiría en los últimos días. La gente de la época de Noé era insensible a los verdaderos peligros, y a nosotros nos puede pasar lo mismo en nuestra época. Noé y quienes se encontraban con él tuvieron que dejar el mundo o ¡perecer con él!” (Wherefore, Ye Must Press Forward, pág. 13).

 

¿Qué más nos dice el profeta José acerca del tiempo de la Segunda Venida y de la Señal del Hijo del Hombre?

“La venida del Hijo del Hombre no acontecerá, no puede acontecer, sino hasta que sean derramados los juicios que se han anunciado para esta época, y estos juicios ya han comenzado. S. Pablo dice: ‘Porque todos vosotros sois hijos de luz. . . no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón’. No tiene pensado el Señor Todopoderoso venir a la tierra y desmoronarla y reducirla a polvo sin revelarlo antes a sus siervos los profetas.

“Judá ha de volver, Jerusalén ha de ser reedificada, junto con el templo, y debe salir agua de debajo del templo y han de ser sanadas las aguas del Mar Muerto. Se precisará algún tiempo para reedificar las murallas de la ciudad, el templo, etc., y todo esto debe hacerse antes que el Hijo del Hombre aparezca. Habrá guerras y rumores de guerras, señales arriba en los cielos y abajo en la tierra, el sol se tornará en tinieblas y la luna en sangre, habrá terremotos en diversos lugares, los mares se saldrán de sus límites y entonces aparecerá en el cielo la gran señal del Hijo del Hombre. ¿Pero qué hará el mundo? Dirán que es un planeta o un cometa, etc. Pero el Hijo del Hombre vendrá como la señal de la venida del Hijo del Hombre, que será como la luz de la mañana que aparece en el oriente” (Smith, Enseñanzas, págs. 347–48).

 

44 Entonces se cumplirá todo lo que está escrito, que en los últimos días estarán dos en el campo; y uno será tomado, y el otro será dejado;

45 dos estarán moliendo en el molino; uno será tomado, y el otro será dejado.

 

José Smith—Mateo 1:44–45. “Uno será tomado, y el otro será dejado”

Acerca de las parábolas que se encuentran en José Smith—Mateo 1:44–45, el presidente Heber C. Kimball, que fue Consejero de la Primera Presidencia, dijo: “Los siervos de Dios son, en un sentido, ángeles enviados para recoger a la casa de Israel desde los cuatro cabos de la tierra; y los élderes de esta Iglesia han cumplido, parcialmente, por medio de sus obras, lo que dijo el Señor acerca de dos trabajando en el campo; uno ha recibido el Evangelio y ha sido tomado y el otro dejado; dos trabajando en un molino, uno ha sido tomado y el otro dejado; dos acostados en una cama, uno ha sido tomado y el otro dejado. No cabe duda, sin embargo, de que esas aseveraciones tendrán su cumplimiento final y completo durante el tiempo de la segunda venida del Salvador” (en Journal of Discourses, tomo X, pág.103).

 

¿Por qué uno será destruido y otro dejado cuando regrese el Señor?

“Aquellos que soportarán el día, que permanecerán en la tierra cuando ella sea transfigurada (véase D. y C. 63:20–21), son los honestos y rectos y que están viviendo por lo menos aquella ley que los llevará al reino terrestre en la resurrección. Todo el que está viviendo según normas telestiales no puede permanecer en la tierra y por lo tanto no puede soportar aquel día.

“De ahí que encontramos a Malaquías indicando entre los que no soportarán aquel día a los siguientes: los encantadores; los adúlteros; los que juran engañosamente; los que oprimen a sus obreros, a las viudas y a los huérfanos en sus salarios; aquellos que desvían de la verdad a los hombres; aquellos que no temen a Dios; los miembros de la verdadera Iglesia que no pagan diezmo honesto; los que obran maldad; y los orgullosos. Todos éstos, dice él, serán como rastrojo cuando llegue el día que arderá como un horno. (Mal 3; 4; D. y C. 64:23–25)” (McConkie, DNTC, 1:669).

 

46 Y lo que digo a uno, lo digo a todos los hombres; velad, pues, porque no sabéis la hora en que vuestro Señor viene.

47 Mas sabed esto, que si el buen hombre de la casa hubiera sabido en cuál vigilia llegaría el ladrón, habría velado, y no habría dejado minar su casa, antes habría estado prevenido.

 

José Smith—Mateo 1:46–47. Como ladrón en la noche

El élder Bruce R. McConkie agregó una mayor comprensión al significado de este pasaje al explicar: “Los que atesoran Su palabra no serán engañados concerniente a la hora de ese glorioso día ni con respecto a los acontecimientos que lo precederán (José Smith—Mateo 1:37). Los justos podrán leer las señales de los tiempos. Para los que estén en la oscuridad, Él vendrá de improviso, súbitamente, ‘como ladrón en la noche’, pero para los ‘hijos de luz’ que ‘no son de la noche, ni de las tinieblas’, tal como dijo Pablo, ese día no los tomará de sorpresa ‘como un ladrón’, sino que podrán reconocer las señales con la misma certeza que una mujer sabe de antemano la proximidad del nacimiento de su hijo. (1 Tesalonicenses 5:1-6)” (Mormon Doctrine, pág. 688).

 

48 Por tanto, estad preparados también vosotros, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

 

José Smith—Mateo 1:48. “Por tanto, estad preparados”

Acerca de la necesidad de estar preparados para la Segunda Venida, pero no sentir temor por ello, en un mensaje que la Primera Presidencia pronunció en la Navidad de 1927, declaró: “Cada año que pasa nos acerca más a la fecha en que el Señor vendrá con poder y gloria. Es verdad que la hora y el día en que ese gran acontecimiento tendrá lugar nadie lo sabe; pero todas las señales prometidas indican que no está muy lejano. Mientras tanto, el deber de los santos es estar atentos, trabajar, orar, mantenerse valientes a la verdad y abundar en buenas obras. A pesar de la inestabilidad y del descontento que impera en muchas partes de la tierra, el recelo y los celos entre las naciones, la ola en aumento de desórdenes y delitos, y la aparente propagación de elementos destructivos… quienes permanezcan en lugares santos podrán distinguir en medio de todo ello la mano del Todopoderoso en la consumación de Sus propósitos y en el sacar adelante Su voluntad. Lo que, si se ve con el ojo natural, es grave y espantoso, no causa aprensión ni temor a quienes tengan fe de que, pase lo que pase, el Señor Dios Todopoderoso reina” (en Clark, Messages of the First Presidency, tomo V, pág. 256).

 

49 ¿Quién es, pues, el siervo prudente y fiel, a quien su señor ha puesto por mayordomo sobre su casa, para darles alimento a su debido tiempo?

50 Bienaventurado es aquel siervo al cual, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así; y de cierto os digo, lo hará mayordomo de todos sus bienes.

51 Mas si aquel siervo inicuo dijere en su corazón: Mi señor demora su venida,

52 y empezare a golpear a sus consiervos, y a comer y beber con los borrachos,

53 el señor de ese siervo vendrá en el día en que éste no lo estará esperando, y a la hora que no sabe,

54 y lo echará fuera, y le señalará su parte con los hipócritas; allí será el llanto y el crujir de dientes.

 

José Smith—Mateo 1:49–54. Una parábola del Señor y de Sus siervos

En José Smith—Mateo 1:49 vemos que el Señor hace una pregunta perspicaz: “¿Quién es, pues, el siervo prudente y fiel…?” Es una pregunta parecida a las que se registran en Salmos 24:3: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?”, y en Malaquías 3:2: “Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores”. Ésas son preguntas que cada uno de nosotros debe hacerse.

A los siervos fieles y prudentes siempre se les puede encontrar haciendo lo que se les manda hacer, como el dar “alimento a su debido tiempo” a los hogares sobre los cuales se les ha dado “mayordomía”. A esos siervos se les dará la responsabilidad sobre todas las posesiones de su Señor. El siervo inicuo pensará que hará más adelante lo que se le ha mandado y, en lugar de dar alimento a su casa como debe, comenzará a maltratar a sus consiervos y a comer con los demás borrachos. Y el Señor vendrá en el día en que su siervo inicuo no lo esté esperando y no esté preparado. Y éste no será hecho gobernante, sino que será desarraigado y se le señalará su parte con los hipócritas.

 

“El siervo fiel y prudente”

“Aquí el Salvador habla de sus ministros, de sus siervos, los poseedores del santo sacerdocio. Ellos son los que Él ha hecho gobernantes en la casa de Dios para enseñar y perfeccionar a sus santos. De ellos es la responsabilidad de estar comprometidos en esa obra cuando el Maestro retorne. Si así están sirviendo cuando el Señor venga, Él les dará exaltación. Pero si los gobernantes en la casa del Señor piensan que la Segunda Venida está muy lejana, si olvidan lo que les ha sido encomendado, si contienden con sus compañeros de ministerio y comienzan a vivir según el mundo, entonces la venganza de su Señor desechado caerá en justicia sobre el los cuando El venga de nuevo” (McConkie, DNTC, 1:675).

 

55 Y así viene el fin de los inicuos, según la profecía de Moisés, que dice: Serán desarraigados de entre el pueblo; mas el fin de la tierra no es aún, sino pronto.

 

José Smith—Mateo 1:55. “El fin de la tierra”

El fin del mundo es el fin de la iniquidad. Sin embargo, el fin de la tierra ocurrirá cuando ésta se transforme en un reino celestial. El presidente Brigham Young dijo: “Cuando el Salvador haya terminado la obra, cuando los santos fieles hayan predicado el Evangelio al último de los espíritus que ya hayan vivido aquí y que [hayan sido] designados para venir a esta tierra; cuando los mil años de reposo vengan y se edifiquen miles y miles de templos y los siervos y las siervas del Señor hayan entrado en ellos para efectuar la obra por ellos mismos y por sus amigos fallecidos hasta la época de Adán; cuando hasta el último de los espíritus encarcelados que desee recibir el Evangelio lo haya recibido; cuando el Salvador venga y reciba a Su esposa ya lista, y todos los que puedan sean salvos en los varios reinos de Dios —el reino celestial, terrestre y telestial—, de acuerdo con sus varias capacidades y oportunidades; cuando el pecado y la iniquidad sean quitados de la tierra, y los espíritus que vagan en esta atmósfera sean llevados a un lugar preparado para ellos; y cuando la tierra sea santificada de las consecuencias de la Caída, bautizada, limpiada y purificada por fuego y regrese a su estado paradisíaco y sea como un mar de vidrio, un urim y tumim; cuando todo eso se haya hecho y el Salvador haya presentado la tierra a Su Padre, y ésta sea colocada entre los reinos celestiales, y el Hijo y todos Sus hermanos y hermanas fieles hayan recibido la aclamación de recibimiento: ‘[Entren] en el gozo de su Señor’, y el Salvador sea coronado, entonces, y no antes, los santos recibirán sus herencias eternas” (en Journal of Discourses, tomo XVII, pág. 117).

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