José Smith—Mateo 1 : 1 – 21

 

Los siguientes comentarios en color verde han sido extraidos del manual La Perla de Gran Precio, Manual para el Alumno, págs. 45–53.

Pero también se han insertado en color violeta los comentarios, que son pertinentes al análisis, del manual La Vida y Enseñanzas de Cristo y sus Apóstoles, Manual del Alumno, págs. 157–160.

 

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Relato de José Smith—Mateo

 

Parte de la traducción de la Biblia cual se reveló a José Smith el Profeta en 1831: Mateo 23:39 y el capítulo 24.

 

Jesús predice la destrucción inminente de Jerusalén—También habla de la segunda venida del Hijo del Hombre y de la destrucción de los inicuos.

 

JOSÉ SMITH—MATEO 1:1–21

JESUCRISTO PROFETIZÓ ACERCA DE LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN

 

Jesús dijo: “…yo soy aquel de quien los profetas escribieron…” (Mateo 4:18). Con esas palabras, Él proclamó a Sus discípulos que era el Mesías, el Ungido, de quien todos los profetas habían profetizado (véase Helamán 8:16–23). Esas profecías acerca del Mesías predijeron no sólo Su sufrimiento por los pecados del mundo, sino también Su gloriosa segunda venida al fin del mundo.

 

Después de denunciar a los escribas y fariseos por su hipocresía, Jesucristo dejó el templo. Cuando El y los discípulos contemplaron los edificios del templo, enfrentó a los discípulos con una declaración profética que debe haber resultado sorprendente. Del templo dijo: “De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mateo 24:2). Ni una sola piedra iba a quedar sobre otra: ni una piedra de la entrada, ni del santuario, ni del lugar santísimo de la casa santa; ni una piedra del patio y del claustro del templo. Todo sería echado abajo. El templo de Herodes iba a ser destruido. (Véase A Dictionary of the Bible de William Smith, ed. rev., título: “Temple”)

Posteriormente, cuando Jesucristo estaba sentado en el Monte de los Olivos, sus discípulos se acercaron a Él y le hicieron dos importantes preguntas. Con la primera:

“Dinos, ¿cuándo serán estas cosas?” los discípulos le pidieron que les dijese cuándo ocurrirá la destrucción del templo de Herodes y la matanza y dispersión de los judíos. Con la segunda pregunta, “¿qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” pidieron una explicación definitiva acerca de los importantes acontecimientos que precederán a la segunda venida del Señor. (Véase Mateo 24:3).

Como parte de esta lección, leerán el discurso del Monte de los Olivos que contiene la respuesta de Jesucristo a las dos preguntas. También estudiarán dos parábolas, ambas usadas para recalcar la necesidad de diligencia y vigilancia constantes si quiere uno estar preparado para la segunda venida del Señor, cuando Él se vengará de los malvados y se sentará como juez en el inevitable juicio final.

La venida del Salvador en poder y gloria para juzgar al mundo está muy próxima. Los profetas antiguos y modernos han hablado de este evento glorioso y terrible, y han da do a la humanidad señales como evidencia de que El vendrá. La aparición de cada una de estas señales de los tiempos es indicación de que el día se está acercando. Es cierto que nadie conoce el momento preciso en que regresará el Señor. Sin embargo, vendrá pronto; y aprendiendo a reconocer las señales de los tiempos, los hombres estarán listos para recibirlo. Estarán preparados con suficiente aceite en sus lámparas. Estarán listos para el día de juicio.

Al estudiar estas lecciones, pongan especial atención en las señales de la venida que se han ido cumpliendo y en las que tendrán que cumplirse antes que el Salvador regrese a la tierra como Juez y Rey. Traten de evaluar su propia preparación para esta segunda venida y den los pasos necesarios para estar preparados, de manera que siempre estén listos para rendir cuentas de su vida, ante Dios.

 

1 Porque os digo que desde ahora no me veréis, ni sabréis que yo soy aquel de quien los profetas escribieron, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor, en las nubes del cielo, y todos los santos ángeles con él. Entonces sus discípulos entendieron que él volvería a la tierra después que fuese glorificado y coronado a la diestra de Dios.

 

José Smith—Mateo 1:1. “Y todos los santos ángeles con él”

Muchos ángeles aparecerán con Jesús al momento de Su segunda venida. Las Escrituras describen a esos ángeles, diciendo que tendrán poder para preparar la tierra para la venida de Cristo y que serán ellos quienes harán sonar las trompetas en los momentos estratégicos (véase Apocalipsis 7:1; 8:2; 14–16; véase también D. y C. 77:8, 12). Además, los santos justos que ya hayan fallecido lo acompañarán a la hora de Su segunda venida (véase D. y C. 45:44–45; 76:50, 63; 88:96–98).

 

José Smith—Mateo 1:1. “Él volvería a la tierra”

La segunda venida de Cristo es un acontecimiento del que se habla con frecuencia y con gran fervor y esperanza a lo largo de las Escrituras. Por ejemplo, en la época del Antiguo Testamento, el Señor le mostró a Adán “todo cuanto habría de sobrevenir a su posteridad hasta la última generación” (D. y C. 107:56), incluso la segunda venida de Cristo. Adán dio a conocer todas esas cosas a sus hijos (véase Moisés 5:12). Por medio de una visión, se le mostró a Enoc no sólo la venida de Cristo en el meridiano de los tiempos, sino también “el día de la venida del Hijo del Hombre, en los últimos días, para morar en rectitud sobre la tierra por el espacio de mil años” (Moisés 7:65). Otros profetas del Antiguo Testamento profetizaron acerca de esos maravillosos últimos días (véase Job 19:25; Salmos 102:16; Isaías 40:1–11; Daniel 7:13; Miqueas 1:3; Zacarías 13:6; Malaquías 3:2). En el Libro Mormón, los profetas jareditas testificaron de la gloriosa venida de Cristo (véase Éter 3:16–25; 9:22; 13:1–12), al igual que lo hicieron los profetas nefitas y lamanitas (véase Helamán 8:16–23). Además, los profetas del Nuevo Testamento y los profetas modernos han hecho muchas declaraciones inspiradas sobre el tema (véase Hechos 3:20–24; 1 Tesalonicenses 4:13–18; 2 Pedro 3:10; Apocalipsis 19; 20; 21; 22; D. y C. 29; 45; 133). De todas las profecías de las Escrituras relacionadas con los últimos días, la segunda venida de Jesucristo es, sin lugar a dudas, la que se espera con más ansiedad.

 

2 Y salió Jesús y se alejó del templo; y vinieron a él sus discípulos para oírle, y dijeron: Maestro, decláranos concerniente a los edificios del templo, pues has dicho: Serán derribados y quedarán desolados.

3 Y Jesús les dijo: ¿Veis todas estas cosas y no las comprendéis? En verdad os digo, no quedará aquí, en este templo, piedra sobre piedra que no sea derribada.

 

José Smith—Mateo 1:2–3. La destrucción del templo

Véase también Marcos 13:1–2 y Lucas 21:5–6. Debido a la naturaleza de la construcción del templo, es posible que la profecía de su destrucción a los judíos les hubiese parecido casi imposible. El élder Bruce R. McConkie, en ese entonces miembro de los Setenta, escribió: “Algunas de las piedras medían por sí solas alrededor de 20,6 metros de largo por 2,3 metros de alto y 2,7 metros de espesor; las columnas que sostenían los atrios, que eran bloques de piedra maciza, medían unos 11,4 metros de altura. Se dice que cuando los romanos destruyeron y arrasaron Jerusalén, no bastaron seis días de vapuleo contra las paredes para derribar esas extraordinarias piedras. Sin embargo, finalmente el templo fue derribado completamente y… las piedras arrancadas y esparcidas por otros lados” (Doctrinal New Testament Commentary, 3 tomos, 1966–1973, tomo I, pág. 637).

 

¿En qué forma se cumplió la profecía relativa a la destrucción del Templo y de Jerusalén?

“Vosotros conocéis la secuencia, de cómo los judíos llevaron adelante su terrible plan y crucificaron al Hijo de Dios, y cómo desde entonces continuaron luchando contra el evangelio. Recordaréis, también, el precio que pagaron, cómo en el año 70 d.C., la ciudad cayó en manos de los romanos en la culminación de un sitio en el cual, nos dice el historiador Josefo, hubo un millón cien mil muertos y ” ‘. . .decenas de miles fueron llevados cautivos para más tarde ser vendidos como esclavos, o muertos por bestias salvajes, o en combates de gladiadores para diversión de los espectadores romanos’.

“Toda esta destrucción y la dispersión de los judíos se habría evitado si la gente hubiera aceptado el evangelio de Jesucristo y cambiado su corazón mediante ese evangelio” (Marion G. Romney, CR, octubre de 1948, págs. 76–77).

 

4 Y Jesús se apartó de ellos, y subió al monte de los Olivos. Y estando sentado en el monte de los Olivos, los discípulos vinieron a él en privado, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas que has dicho concerniente a la destrucción del templo y de los judíos; y cuál es la señal de tu venida y del fin del mundo, o sea, la destrucción de los inicuos, que es el fin del mundo?

 

José Smith—Mateo 1:4. El monte de los Olivos

Conocido por algunos como el Olivar, el monte de los Olivos es un acantilado de piedra caliza de poco más de 1,6 kilómetros de largo, que se encuentra al este de la ciudad de Jerusalén. Se levanta a unos 65 metros sobre la ciudad, con el Valle del Cedrón entre él y la ciudad. Hacia el lado oeste está el Jardín de Getsemaní y, hacia el oriente, las aldeas de Betfagé y Betania. Este cerro fue el escenario de muchos acontecimientos de la época bíblica (véase 2 Samuel 15:30; Mateo 21:1–9; 26:30–56; Lucas 21:37; Juan 8:1; Hechos 1:12) y será el sitio de acontecimientos prominentes relacionados con los últimos días y con la segunda venida del Mesías (véase Zacarías 14:4–5; D. y C. 45:48; 133:20).

 

¿Cuál es el significado del Monte de los Olivos?

Fue en el Monte de los Olivos donde el Señor a menudo discurría con los apóstoles y discípulos; y aquí sobre las colinas de ese Monte se encontraba Getsemaní. Desde este Monte el Señor ascendió al cielo. (Véase de Talmage, Jesús el Cristo, págs. 568, 599, 641–42, 731).

A este monte regresará el Señor y se dará a conocer allí a los judíos. (Lean en D. y C. 45:48–53)

 

José Smith—Mateo 1:4. “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas?”

La revisión inspirada de Mateo 24:3, hecha por el profeta José Smith, deja en claro que los discípulos deseaban saber acerca de dos acontecimientos: El primero era “la destrucción del templo y de los judíos”, lo cual ocurrió alrededor del año 70 d. de J. C., cuando los romanos dominaron una revuelta de los judíos, asesinaron a la gente, destrozaron la ciudad de Jerusalén y esparcieron a los judíos por varias naciones.

El segundo acontecimiento por el cual preguntaron los discípulos fue sobre el “fin del mundo, o sea, la destrucción de los inicuos”; que ocurrirá al momento de la segunda venida de Cristo en los últimos días. El élder Bruce R. McConkie, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, aclara el significado del “fin del mundo” y dice que “no se trata del fin de la tierra sino del mundo, o sea, de las condiciones sociales imperantes entre la gente mundana. ‘El fin del mundo es el fin de la iniquidad o de lo mundano, tal y como lo conocemos, y eso se logrará por medio de “la destrucción de los inicuos”. (José Smith 1:4 [José Smith—Mateo 1:4].) Cuando nuestro mundo llegue a su fin y la era milenaria comience, habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. (Isaías 65:17–25; D. y C. 101:23–24.) La lujuria, los deseos carnales y la sensualidad de cualquier tipo dejarán de existir, porque será el fin del mundo’. (Mormon Doctrine, págs. 767–768.)” (Doctrinal New Testament Commentary, tomo I, pág. 640).

La respuesta del Salvador a la pregunta de Sus discípulos sobre esos dos acontecimientos proporciona una reseña que nos sirve para comprender Mateo 24. En José Smith—Mateo 1:5–21 (compárese con Mateo 24:4–22) se registra Su respuesta acerca de la destrucción del templo y de los judíos, mientras que en José Smith—Mateo 1:21–55 (compárese con Mateo 24:23–51) se encuentran Sus declaraciones acerca de la señal de Su venida y del fin del mundo.

 

¿Qué es el fin del mundo del que se habla aquí?

“Aquí los hombres no pueden hallar razón posible para decir que se trata de una figura o que no da a entender lo que dice, porque en estas palabras Él está explicando lo que previamente había hablado en parábolas; y según esta aclaración, el fin del mundo es la destrucción de los malvados, y la siega y el fin del mundo aluden directamente no a la tierra, como muchos han supuesto, si no a la familia humana en los últimos días y a las cosas que precederán la venida del Hijo del Hombre y a la restauración de todas las cosas que se habló por boca de todos los santos profetas desde el principio del mundo; y los ángeles tomarán parte en esta importante obra, pues ellos son los segadores. De manera que así como se juntará la cizaña y se quemará con fuego, así será al fin del mundo; es decir, al salir los siervos de Dios para amonestar a las naciones, tanto a los sacerdotes como al pueblo, y en vista de que endurecen sus corazones y rechazan la luz de la verdad habiendo sido entregados primeramente a los bofetones de Satanás, habiéndose ligado la ley y el testimonio, como sucedió con los judíos –se quedan a obscuras y son entregados para el día de la quema; y así, atados con sus credos, aseguradas sus cuerdas por sus sacerdotes, están listos para el cumplimiento de las palabras del Salvador: ‘Enviará el Hijo del Hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes’. Entendemos que la obra de juntar el trigo en alfolíes o graneros se efectuará mientras se está atando y preparando la cizaña para el día en que será quemada; y que después de ese día, ‘los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oír, oiga’ ” (Smith, Enseñanzas, pág. 110).

 

5 Y Jesús respondió y les dijo: Mirad que nadie os engañe;

6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy Cristo; y engañarán a muchos;

 

José Smith—Mateo 1:6, 9. Muchos profetas falsos intentaron engañar

El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, comentó acerca de las evidencias históricas del cumplimiento de esa profecía: “Hubo entre los falsos profetas, y hombres que afirmaban ser ministros debidamente acreditados de Cristo, individuos como Simón el mago, que llevó a muchos tras de sí (Hechos 8:9, 13, 18–24; véase también The Great Apostasy, tomo VII, págs. 1, 2), Menandro, Dositeo, Teudas y los falsos apóstoles a que se refiere Pablo (2 Corintios 11:13), y otros, tales como Himeneo y Fileto (2 Timoteo 2:17, 18). El ‘Commentary’de Dummelow aplica a esta circunstancia la crónica de Josefo concerniente a ‘un cuerpo de hombres perversos que, fingiendo obrar bajo inspiración divina, engañaron y embaucaron a la gente, convenciendo a las multitudes de que actuaran como locos, y haciendo que fuesen al desierto con el pretexto de que allí Dios les enseñaría las señales del triunfo’ ” (véase Jesús el Cristo, pág. 618).

 

7 entonces os entregarán para ser afligidos, y os matarán; y todas las naciones os aborrecerán por causa de mi nombre;

 

José Smith—Mateo 1:7. Los discípulos fueron afligidos y asesinados

La mayoría de los primeros apóstoles se diseminaron por el mundo para enseñar el Evangelio, pero finalmente fueron martirizados. Por ejemplo, la historia sugiere que Pedro sufrió la muerte en Roma (tal como Pablo) y Santiago fue asesinado por la espada en Jerusalén. Pero los apóstoles no fueron los únicos mártires; muchos de los primeros cristianos sufrieron grandes persecuciones y hallaron la muerte debido a su fe. En el Nuevo Testamento se encuentran algunos relatos de la persecución y el martirio de los primeros santos (por ejemplo, véase Hechos 4:1–3, 17–18, 29; 5:17–19, 40; 7:54–60; 8:1–3; 11:19; 12:1–5; 13:50; 14:1–7, 19–20; 16:19–24; 17:1–9; 2 Corintios 11:23–29).

 

8 y entonces se ofenderán muchos, y se traicionarán unos a otros, y se aborrecerán unos a otros;

 

José Smith—Mateo 1:8. ¿Qué quiere decir “ofenderán”?

La palabra griega para el término “ofender” (scandalizo) significa “hacer tropezar”. De la misma raíz proviene la palabra skandalon, que se traduce como “escollo o impedimento”. En José Smith—Mateo 1:8, vemos que el Salvador dice que muchos se alejarían o se apartarían de la fe.

 

9 y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos;

10 y debido a que abundará la maldad, el amor de muchos se enfriará;

 

José Smith—Mateo 1:10. ¿Qué significa que el amor “se enfriará”?

La violencia y la corrupción son señales de que las personas han dejado de sentir amor y preocupación por ellas mismas y por los demás. La ordinariez y la crueldad infectan una sociedad, y se propagan como una enfermedad. Una sociedad cruel existe cuando las personas “no tienen afecto y aborrecen su propia sangre” (Moisés 7:33). A medida que aumenta el maltrato de los humanos hacia otros seres humanos, el corazón de los hombres se enfría y el espíritu de Satanás toma control de sus acciones.

 

11 mas el que permanezca firme y no sea vencido, éste será salvo.

12 Por tanto, cuando veáis la abominación desoladora de la cual habló Daniel el profeta, concerniente a la destrucción de Jerusalén, quedaos en el lugar santo; el que lee, entienda.

 

José Smith—Mateo 1:12. “La abominación desoladora”

El élder Bruce R. McConkie explicó:

“Daniel habló proféticamente de un día en el que habría una ‘abominación desoladora’ (Daniel 11:31; 12:11), y la frase se vuelve a repetir en tiempos del Nuevo Testamento para decir ‘la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel’. (Mateo 24:15) …Al confiar solamente en el sencillo significado de las palabras, podemos llegar a la conclusión de que esta frase (abominación desoladora) podría tener relación con algún acto o estado de corrupción e inmundicia, de contaminación y suciedad, lo cual traería destrucción, ruina, devastación y desolación.

“Tal es el caso. Esas condiciones de desolación, nacidas de la abominación y la iniquidad, tendrían lugar dos veces en cumplimiento de las palabras de Daniel. La primera fue cuando las legiones romanas, bajo el mando de Tito, sitiaron Jerusalén en el año 70 d. de J. C., destruyendo y dispersando al pueblo, no dejando piedra sobre piedra en el profanado templo, y sembrando tal terror y devastación como muy pocas veces se ha visto en la tierra” (Mormon Doctrine, pág. 12).

La segunda vez que tendrá lugar la abominación desoladora, que profetizó el Salvador en José Smith—Mateo 1:32, será en la destrucción que ocurrirá en los últimos días.

 

¿Qué es la abominación de desolación mencionada por Daniel el profeta y el Salvador?

Esta tragedia ocurriría en dos ocasiones: “Y ahora el hacha comenzó a golpear la raíz del árbol putrefacto. Jerusalén iba a pagar el precio. Daniel había anunciado esa hora de desolación, fruto de la abominación y maldad, la cual barrería a la ciudad. (Daniel 9:27; 11:31; 12:11). Moisés había dicho que el sitio sería tan severo que las mujeres comerían a sus propios hijos (Deut. 28). Jesucristo indicó que la destrucción vendría en los días de los discípulos.

“Y vino, en venganza, sin restricción. El hambre excedió la resistencia humana; la sangre corrió en las calles; la destrucción desoló al templo. 1.100.000 judíos fueron muertos; Jerusalén fue arada como un campo; y un resto de lo que una vez fue una nación poderosa, fue esparcido hasta los cabos de la tierra. La nación judía murió cercada por las lanzas romanas, en manos de los señores del imperio gentil.

“Pero. . . ¿y los santos que vivían en Jerusalén en aquel día tenebroso? Ellos dieron oído a la advertencia de Cristo y huyeron con prisa. Guiados por revelación, como siempre lo son los verdaderos santos, huyeron a Perea y estuvieron a salvo” (McConkie, DNTC, 1:644–45).

2. En el tiempo de la Segunda Venida

“Toda la desolación y destrucción que se dieron en la primera destrucción de Jerusalén no es sino el preludio para el sitio que se aproxima. Tito y sus legiones mataron a 1.100.000 judíos, destruyeron el templo y araron la ciudad. En la próxima ejecución de esta ‘abominación de desolación’, el mundo entero estará en guerra, Jerusalén será el centro del conflicto, toda arma moderna será usada y en medio del asedio vendrá el Hijo del Hombre, poniendo su pie sobre el monte de los Olivos y luchando la batalla de sus santos. (Zac. 12:1–9)

“Hablando de estas batallas finales que acompañarán su regreso, el Señor dice: ‘. . . reuniré a todas las naciones para combatir contra Jerusalén y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y violadas las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, más el resto del pueblo no será cortado de la ciudad’. Sin embargo, el fin del conflicto será diferente a lo que fue antiguamente. ‘Después saldrá Jehová’ dice el registro profético, ‘y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos . . . y Jehová será rey sobre la tierra’ (Zac. 14)” (McConkie, DNTC, 1:659–60).

 

13 Entonces huyan a los montes los que estén en Judea;

14 el que se encuentre sobre el techado huya, y no vuelva para sacar cosa alguna de su casa;

15 tampoco regrese por su ropa el que esté en el campo;

16 y ¡ay de las que estén embarazadas y de las que críen en aquellos días!

17 Por tanto, rogad al Señor que no sea vuestra huida en invierno, ni en día de reposo;

 

José Smith—Mateo 1:13–17. A los santos se les dijo que huyeran para salvarse

Acerca de los que escucharon la amonestación de huir, el élder James E. Talmage escribió: “Los miembros de la Iglesia obedecieron en forma tan general la amonestación de que todos los de Jerusalén y Judea huyeran a las montañas cuando los ejércitos comenzaran a rodear la ciudad, que según los primeros cronistas de la Iglesia, no pereció un solo cristiano en el terrible sitio (véase Historia Eclesiástica de Eusebio, libro iii, capítulo 5) …todos los judíos que creyeron en la amonestación que Cristo dio a los apóstoles —y que éstos a su vez llevaron al pueblo— huyeron al otro lado del Jordán y se reunieron principalmente en Pela” (Jesús el Cristo, págs. 618–619).

 

18 porque en aquellos días vendrá gran tribulación sobre los judíos y sobre los habitantes de Jerusalén, cual Dios jamás ha enviado sobre Israel, desde el comienzo de su reino hasta el día de hoy; no, ni jamás será enviada de nuevo sobre Israel.

 

José Smith—Mateo 1:18. La tribulación sobre los judíos

Después de la resurrección del Salvador, la iniquidad de los judíos persistió y aumentó en Jerusalén, preparando así el ambiente para la destrucción que Jesús profetizó. El élder Ezra Taft Benson, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, al hablar de un libro de historia que escribió Will Durant, dijo: “El sitio de Jerusalén bajo el mando de Tito (duró) 134 días, durante los cuales 1.110.000 judíos perecieron y 97.000 fueron llevados cautivos… los romanos destruyeron 987 aldeas en Palestina, mataron a 580.000 hombres y, según se ha dicho, perecieron muchas más personas por inanición, enfermedades y fuego” (en “Conference Report”, abril de 1950, pág. 74).

“Miles [de judíos] fueron llevados como esclavos a Egipto para trabajar en las canteras y las minas de por vida. Muchachos y mujeres fueron vendidos a los traficantes de esclavos y miles más murieron de inanición en los campos de prisioneros. Un remanente de este pueblo conquistado fue esparcido hasta los confines de la tierra” (H. Donl Peterson, “The Fall of Jerusalem”, Ensign, mayo de 1972, pág. 42).

 

19 Todas las cosas que les han acontecido no son sino el principio de los dolores que vendrán sobre ellos.

 

José Smith—Mateo 1:19. “No son sino el principio de los dolores”

El sufrimiento de los judíos que siguió a la muerte y a la resurrección de Cristo lo profetizaron claramente Nefi y Jacob en el Libro de Mormón (véase 1 Nefi 19:14; 2 Nefi 6:9–11; 10:3–6; 25:9–16). Los acontecimientos históricos, tales como las Cruzadas, la Inquisición y el Holocausto son otros hechos que han ocurrido desde el año 70 d. de J. C. en los cuales se ha perseguido y destruido a los judíos.

 

20 Y a menos que fuesen acortados esos días, no se salvaría ninguna de su carne; pero por el bien de los escogidos, según el convenio, se acortarán aquellos días.

21 He aquí, estas cosas os he dicho concernientes a los judíos; y además, después de la tribulación de aquellos días que vendrá sobre Jerusalén, si alguien os dijere: He aquí el Cristo, o allí, no le creáis;

 

José Smith—Mateo 1:21. “Estas cosas os he dicho”

Al decir Jesús “…y además, después de la tribulación de aquellos días que vendrá sobre Jerusalén”, Él dio una clara indicación de que había terminado de profetizar concerniente a “la destrucción del templo y de los judíos” y que su próxima profecía sería acerca “del fin del mundo, o sea, la destrucción de los inicuos” (José Smith—Mateo 1:4).

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