José Smith—Historia 1 : 1 – 10

 

Relato de José Smith—Historia

 

JOSÉ SMITH—HISTORIA

 

José Smith habla de sus ascendientes, de los miembros de su familia y de los lugares donde habían vivido anteriormente—En la parte occidental de Nueva York, predomina una agitación extraordinaria en cuanto a religión—Resuelve buscar sabiduría como lo aconseja Santiago—El Padre y el Hijo se aparecen a José Smith y éste es llamado a su ministerio profético (Versículos 1–20).

 

1 Debido a las muchas noticias que personas mal dispuestas e insidiosas han hecho circular acerca del origen y progreso de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, con las cuales sus autores han intentado combatir su reputación como Iglesia y su progreso en el mundo, se me ha persuadido a escribir esta historia para sacar del error a la opinión pública y presentar a los que buscan la verdad los hechos tal como han sucedido, tanto en lo concerniente a mí, así como a la Iglesia, y lo hago hasta donde el conocimiento de estos hechos me lo permite.

 

José Smith—Historia 1:1. ¿Cuáles fueron las “muchas noticias… [de] personas mal dispuestas e insidiosas”?

“Desde el principio, la Iglesia no había contado con la aceptación del público; los apóstatas y las historias y los artículos difamatorios que la prensa publicaba hacían aumentar su impopularidad. Las personas presentaban diversas razones para justificar su apostasía; por ejemplo, Norman Brown se alejó de la Iglesia porque el caballo se le murió en el viaje a Sión; Joseph Wakefield se apartó después de ver a José Smith jugando con unos niños al salir del cuarto donde traducía; Simonds Ryder dejó de creer que Dios inspiraba al Profeta cuando éste escribió mal su apellido al darle la asignación de predicar; otros se apartaron de la Iglesia porque tenían dificultades económicas.

“Ezra Booth, que había sido ministro metodista, ejerció en esa época mucha influencia después de haber apostatado [a principios de la década de 1830]…

“…Entre el 13 de octubre y el 8 de diciembre de 1831, publicó nueve cartas en el periódico Ohio Star de Ravenna [un pueblo al noreste del estado de Ohio], detallando las objeciones que tenía para con la Iglesia.

“Esas cartas… más tarde formaron la parte principal del primer libro que se escribió contra los mormones… publicado en 1834” (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, Religión 341–343, manual del alumno, págs. 126–127).

Muchos miembros de la Iglesia apostataron después de un periodo de graves problemas económicos en 1837. Eran muy comunes las murmuraciones contra el profeta José Smith, sobre todo cuando él se encontraba lejos por cuestiones de negocios o por estar sirviendo en una misión. Algunos hermanos que poseían cargos de confianza dentro de la Iglesia rechazaron su liderazgo y dijeron que él ya no era un profeta verdadero. “Como consecuencia de esa apostasía, hubo cincuenta miembros de la Iglesia con cargos importantes que fueron excomulgados por directiva de José Smith, pero los problemas continuaron. Varios de los apóstatas atacaron a los miembros fieles con demandas judiciales y amenazas de despojarlos de sus propiedades; los enemigos de los mormones agregaron su contribución boicoteándolos, aislándolos y negando empleo a los miembros que eran leales al Profeta y a la Iglesia” (La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 199.)

Después de establecerse con su familia en Far West, Misuri, José Smith “con la ayuda de Sydney Rigdon, se embarcó en el formidable proyecto de escribir una historia de la Iglesia desde el principio… La historia de José Smith con los primeros acontecimientos de la Restauración, tal como se halla ahora en la Perla de Gran Precio, es producto de esa labor, que comenzó en abril de 1838” (La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 211).

 

2 En este relato presentaré con verdad y justicia los varios sucesos que con esta Iglesia se relacionan, tal como han sucedido, o como en la actualidad existen, siendo ocho, con éste [1838], los años que han transcurrido desde la organización de dicha Iglesia.

3 Nací en el año de nuestro Señor mil ochocientos cinco, el día veintitrés de diciembre, en el pueblo de Sharon, Condado de Windsor, Estado de Vermont. Tendría yo unos diez años de edad, cuando mi padre, que también se llamaba José [Joseph] Smith, salió del Estado de Vermont y se trasladó a Palmyra, Condado de Ontario (hoy Wayne), Estado de Nueva York. Como a los cuatro años de la llegada de mi padre a Palmyra, se mudó con su familia a Manchester, en el mismo Condado de Ontario.

 

José Smith—Historia 1:3. ¿Cómo fue la vida de José Smith durante su niñez?

“José Smith creció en la granja de su familia y la influencia que recibió estaba limitada casi exclusivamente al núcleo familiar… Durante sus primeros años, comenzó a incorporar a su carácter y a manifestar las cualidades que le ayudarían a cumplir la misión para la que se le había preordenado.

“…Desarrolló fuertes vínculos familiares, aprendió a trabajar con ahínco, a tomar sus propias decisiones, a servir a sus semejantes y a apreciar la libertad” (La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 15–16).

Sus padres, Lucy Mack y Joseph Smith, padre, contrajeron matrimonio el 24 de enero de 1796 y se establecieron en una granja familiar en Tunbridge, Vermont. En el verano de 1805, Joseph y Lucy alquilaron una granja a Solomon Mack, padre de Lucy; además, Joseph enseñaba en la escuela durante el invierno. Fue allí donde nació su quinto hijo, José Smith, hijo, el 23 de diciembre de 1805. Lucy y Joseph enseñaron a sus hijos preceptos religiosos y ella, en especial, los alentaba en el estudio de la Biblia. Joseph desconfiaba de las iglesias tradicionales, pero mantenía siempre una fervorosa creencia en Dios.

“Cuando José Smith era niño, la familia se mudó de residencia varias veces con el fin de encontrar tierras fértiles u otras formas de ganarse la vida… en 1811, se mudaron al pequeño pueblo de West Lebanon, en New Hampshire…

“José Smith tenía entonces siete años. Por ese tiempo estuvo enfermo de tifus sólo durante dos semanas, pero aún así sufrió complicaciones que finalmente terminaron en cuatro operaciones; la peor complicación que contrajo fue una infección en la tibia y una consecuente inflamación en la pierna izquierda”. José soportó una operación en la pierna para quitarle la infección “sin que lo ataran y sin tomar bebidas alcohólicas que lo insensibilizaran” (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 23–24).

En 1816, Joseph fue a Palmyra, Nueva York, para investigar lo que le habían dicho sobre la venta de tierras a bajo costo. José, que en esa época tenía diez años, recuerda que a pesar de no haberse recuperado totalmente de la operación que le habían hecho en la pierna, el conductor del carromato que la familia contrató para ayudarles durante el viaje hizo que caminara a través de la nieve, 64 kilómetros por día, por el término de varios días, durante lo cual padeció un cansancio y un dolor casi insoportables.

“Joseph Smith, que para 1821 ya tenía una familia de once hijos, trabajaba arduamente para ganarse la vida. A los dos años de estar en Palmyra, había juntado bastante dinero para hacer la primera entrega de la compra de aproximadamente cuarenta hectáreas de tierra forestada en el municipio vecino de Farmington. Durante el primer año que estuvieron allí, él y sus hijos limpiaron unas doce hectáreas de terreno cubierto de espesos bosques, lo prepararon para el cultivo y sembraron trigo… El joven José comentó más adelante que dicho trabajo ‘exigía los esfuerzos de todos los que estuvieran en condiciones de prestar ayuda para el sustento de la familia’ [“History of Joseph Smith by Himself”, pág. 1]…

“En esa época, las posibilidades de José de recibir instrucción escolar eran muy limitadas. Él lo atribuía a ‘la situación de pobreza’ en que se había criado. ‘Nos vimos privados de los beneficios de la educación académica; baste decir que apenas se me enseñó a leer y a escribir, y que se me impartieron algunos conocimientos básicos de aritmética, y eso constituyó toda la instrucción didáctica que recibí’ [“History of Joseph Smith by Himself”, pág. 1]” (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 32).

 

4 Once personas integraban su familia, a saber, mi padre Joseph Smith; mi madre, Lucy Smith (cuyo apellido de soltera era Mack, hija de Solomon Mack); mis hermanos Alvin (fallecido el 19 de noviembre de 1823, a los veinticinco años de edad), Hyrum, yo, Samuel Harrison, William, Don Carlos, y mis hermanas Sophronia, Catherine y Lucy.

 

José Smith—Historia 1:4. La familia de José Smith.

El élder Carlos E. Asay, que fue miembro de la Presidencia de los Setenta, dijo que el profeta José Smith “era producto de una familia que amaba a Dios, una familia que tenía sed de justicia y ejercía una fe sencilla pero profunda en el Señor. Su hogar fue la escuela que tuvo, sus amorosos padres fueron sus maestros y la Biblia fue su libro de texto” (“Un pequeño paso para el hombre, un salto gigantesco para la humanidad”, Liahona, julio de 1990, pág. 76).

El presidente Brigham Young dijo que el Señor había velado por los antepasados de José Smith por generaciones: “En los concilios de la eternidad, mucho antes de que se establecieran las bases de la tierra, fue decretado que él, José Smith, sería el hombre que, en la última dispensación de este mundo, habría de llevar la palabra de Dios a la gente y de recibir la plenitud de las llaves y el poder del Sacerdocio del Hijo de Dios. El Señor había estado teniéndolo en cuenta, así como también a su padre, al padre de su padre y a sus antepasados hasta Abraham y desde Abraham hasta el diluvio, desde el diluvio hasta a esa familia y su linaje desde su origen hasta el nacimiento de ese hombre” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Brigham Young, pág. 104; véase también 2 Nefi 3:7–15).

 

5 Durante el segundo año de nuestra residencia en Manchester, surgió en la región donde vivíamos una agitación extraordinaria sobre el tema de la religión. Empezó entre los metodistas, pero pronto se generalizó entre todas las sectas de la comarca. En verdad, parecía repercutir en toda la región, y grandes multitudes se unían a los diferentes partidos religiosos, ocasionando no poca agitación y división entre la gente; pues unos gritaban: “¡He aquí!”; y otros: “¡He allí!” Unos contendían a favor de la fe metodista, otros a favor de la presbiteriana y otros a favor de la bautista.

6 Porque a pesar del gran amor expresado por los conversos de estas distintas creencias en el momento de su conversión, y del gran celo manifestado por los clérigos respectivos, que activamente suscitaban y fomentaban este cuadro singular de sentimientos religiosos —a fin de lograr convertir a todos, como se complacían en decir, pese a la secta que fuere— sin embargo, cuando los conversos empezaron a dividirse, unos con este partido y otros con aquél, se vio que los supuestos buenos sentimientos, tanto de los sacerdotes como de los conversos, eran más fingidos que verdaderos; porque siguió una escena de gran confusión y malos sentimientos —sacerdote contendiendo con sacerdote, y converso con converso— de modo que toda esa buena voluntad del uno para con el otro, si es que alguna vez la abrigaron, se había perdido completamente en una lucha de palabras y contienda de opiniones.

7 Por esa época tenía yo catorce años de edad. La familia de mi padre se convirtió a la fe presbiteriana; y cuatro de ellos ingresaron a esa iglesia, a saber, mi madre Lucy, mis hermanos Hyrum y Samuel Harrison, y mi hermana Sophronia.

8 Durante estos días de tanta agitación, invadieron mi mente una seria reflexión y gran inquietud; pero no obstante la intensidad de mis sentimientos, que a menudo eran punzantes, me conservé apartado de todos estos grupos, aunque concurría a sus respectivas reuniones cada vez que la ocasión me lo permitía. Con el transcurso del tiempo llegué a inclinarme un tanto a la secta metodista, y sentí cierto deseo de unirme a ella, pero eran tan grandes la confusión y la contención entre las diferentes denominaciones, que era imposible que una persona tan joven como yo, y sin ninguna experiencia en cuanto a los hombres y las cosas, llegase a una determinación precisa sobre quién tenía razón y quién no.

9 Tan grande e incesante eran el clamor y el alboroto, que a veces mi mente se agitaba en extremo. Los presbiterianos estaban decididamente en contra de los bautistas y de los metodistas, y se valían de toda la fuerza del razonamiento, así como de la sofistería, para demostrar los errores de aquéllos, o por lo menos, hacer creer a la gente que estaban en error. Por otra parte los bautistas y los metodistas, a su vez, se afanaban con el mismo celo para establecer sus propias doctrinas y refutar las demás.

10 En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, a menudo me decía a mí mismo: ¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo?

 

José Smith—Historia 1:5–10. ¿Qué estaba ocurriendo en Palmyra, estado de Nueva York, en los días que precedieron a la Primera Visión?

“Cada vez era mayor el número de personas que atravesaban las montañas Catskill y Adirondack para establecerse en la región de los Lagos Finger, en la parte occidental del estado de Nueva York; esa gente tendía a perder contacto con las religiones establecidas en la zona de donde provenía. Los líderes religiosos de las dominaciones principales, en particular los bautistas, metodistas y presbiterianos, estaban preocupados por ‘esa gente sin religión’ y, debido a ello, comenzaron a llevar a cabo programas de proselitismo entre esos hermanos a quienes consideraban en condición desventajosa.

“Los metodistas y los bautistas eran particularmente fervorosos en su afán por llevar la religión a los que no gozaban de sus beneficios. Los metodistas empleaban ‘jinetes de circuito’, quienes eran ministros viajantes que iban a caballo de pueblo en pueblo, recorriendo una región o circuito determinado y atendían a las necesidades religiosas de la gente. Los bautistas empleaban el método del ‘granjero predicador’, por el cual un hombre del lugar que durante la semana se ganaba la vida trabajando en una granja, ocupaba el púlpito para predicar el día de reposo.

“Esas labores se vieron reforzadas por el Segundo Gran Despertar religioso que en esa época predominaba en los Estados Unidos. Casi todas las religiones de esa zona del estado de Nueva York llevaban a cabo reuniones de renovación, que tenían por objeto evangelizar a la gente para despertar el entusiasmo religioso. Muchas veces se hacían campamentos con ese propósito, al borde o en medio de un bosque, y los asistentes recorrían grandes distancias por caminos polvorientos para plantar su tienda o colocar su carreta en círculo alrededor del campamento. Esas reuniones con frecuencia duraban varios días, y algunas de las sesiones llevaban todo el día e incluso parte de la noche. Los ministros se alternaban para predicar, pero no era infrecuente que hubiera varios predicando a la vez. Durante la primera parte del siglo que dio comienzo en 1800, el celo religioso era tan ferviente en esa región que a toda esa zona oeste de Nueva York se le dio el nombre de ‘Distrito de fuego’; y como toda el área de los Lagos Finger estaba metafóricamente en brasas debido al ardor evangélico, no es de extrañar que la familia de José Smith se viera también envuelta en el fervor” (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 32–33).

 

Véase:

  • Gordon B. Hinckley, La Verdad Restaurada, Cap. 1: Génesis

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