José Smith—Historia 1 : 21 – 30

 

Algunos predicadores y otros profesores de religión rechazan el relato de la Primera Visión—Se desata la persecución contra José Smith—Él testifica de la realidad de la visión. (Versículos 21–26.)

 

21 A los pocos días de haber visto esta visión, me encontré por casualidad en compañía de uno de los ministros metodistas, uno muy activo en la ya mencionada agitación religiosa; y hablando con él de asuntos religiosos, aproveché la oportunidad para relatarle la visión que yo había visto. Su conducta me sorprendió grandemente; no sólo trató mi narración livianamente, sino con mucho desprecio, diciendo que todo aquello era del diablo; que no había tales cosas como visiones ni revelaciones en estos días; que todo eso había cesado con los apóstoles, y que no volvería a haber más.

22 Sin embargo, no tardé en descubrir que mi relato había despertado mucho prejuicio en contra de mí entre los profesores de religión, y fue la causa de una fuerte persecución, cada vez mayor; y aunque no era yo sino un muchacho desconocido, apenas entre los catorce y quince años de edad, y tal mi posición en la vida que no era un joven de importancia alguna en el mundo, sin embargo, los hombres de elevada posición se fijaban en mí lo suficiente para agitar el sentimiento público en mi contra y provocar con ello una encarnizada persecución; y esto fue general entre todas las sectas: todas se unieron para perseguirme.

23 En aquel tiempo me fue motivo de seria reflexión, y frecuentemente lo ha sido desde entonces, cuán extraño que un muchacho desconocido de poco más de catorce años, y además, uno que estaba bajo la necesidad de ganarse un escaso sostén con su trabajo diario, fuese considerado persona de importancia suficiente para llamar la atención de los grandes personajes de las sectas más populares del día; y a tal grado, que suscitaba en ellos un espíritu de la más rencorosa persecución y vilipendio. Pero, extraño o no, así aconteció; y a menudo fue motivo de mucha tristeza para mí.

24 Sin embargo, no por esto dejaba de ser un hecho el que yo hubiera visto una visión. He pensado desde entonces que me sentía igual que Pablo, cuando presentó su defensa ante el rey Agripa y refirió la visión, en la cual vio una luz y oyó una voz. Mas con todo, fueron pocos los que le creyeron; unos dijeron que estaba mintiendo; otros, que estaba loco; y se burlaron de él y lo vituperaron. Pero nada de esto destruyó la realidad de su visión. Había visto una visión, y él lo sabía, y toda la persecución debajo del cielo no iba a cambiar ese hecho; y aunque lo persiguieran hasta la muerte, aún así sabía, y sabría hasta su último aliento, que había visto una luz así como oído una voz que le habló; y el mundo entero no pudo hacerlo pensar ni creer lo contrario.

 

José Smith—Historia 1:21–24. Una encarnizada persecución

José relató la historia de la visión a su familia. Su hermano William afirmó: “Todos tuvimos la más absoluta confianza en lo que nos había dicho. Siempre decía la verdad. Papá y mamá le creían, ¿por qué no habríamos de creerle también nosotros [sus hermanos]?” (La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 37).

Teniendo en cuenta los inocentes sentimientos de un jovencito de catorce años, no es de extrañarse que deseara relatar la experiencia que había tenido, fuera de la familia, a sus amigos y conocidos, y es de imaginarse la profunda decepción que sufrió cuando, tal como lo registraron los élderes Orson Pratt y Orson Hyde, “no pudo encontrar a nadie que creyera en su visión celestial” (en Allen, Improvement Era, abril de 1970, pág. 11). William Smith comentó más adelante: “Hasta que José habló de la visión que había tenido, no teníamos idea de que podíamos ser mala gente. Se nos había considerado personas respetables hasta entonces, pero inmediatamente, y de una forma asombrosa, empezaron a circular historias y rumores falsos” (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 38).

El élder Bruce R. McConkie, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió:

“¿Por qué tantos religiosos se unieron en contra de un joven desconocido, sin renombre ni posición dentro de la comunidad? ¿Se hubiese conmovido, temblado y puesto a la defensiva todo el mundo sectario si cualquier otro joven de catorce años de un pueblo fronterizo hubiese afirmado que había sido visitado por ángeles y visto al Señor? El problema fue que la afirmación que José Smith hizo era verdadera y que Lucifer sabía que lo era.

“…¿No es acaso la persecución en sí una prueba de la veracidad de la Primera Visión? O, si no fuese cierta, ¿dedicarían los eruditos del mundo y los intelectuales religiosos de la actualidad sus talentos y sus medios para difamar a José Smith y la obra que lleva su huella? ¿Qué le importaría a nadie cuáles son nuestras creencias si no fuese que en su falta de fe sienten temor de que nuestra doctrina sea verdadera y nuestras prácticas tengan la aprobación divina?” (A New Witness for the Articles of Faith, págs. 8–10).

 

25 Así era conmigo. Yo efectivamente había visto una luz, y en medio de la luz vi a dos Personajes, los cuales en realidad me hablaron; y aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión, no obstante, era cierto; y mientras me perseguían, y me vilipendiaban, y decían falsamente toda clase de mal en contra de mí por afirmarlo, yo pensaba en mi corazón: ¿Por qué me persiguen por decir la verdad? En realidad he visto una visión, y ¿quién soy yo para oponerme a Dios?, o ¿por qué piensa el mundo hacerme negar lo que realmente he visto? Porque había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación.

26 Mi mente ya estaba satisfecha en lo que concernía al mundo sectario: que mi deber era no unirme a ninguno de ellos, sino permanecer como estaba hasta que se me dieran más instrucciones. Había descubierto que el testimonio de Santiago era cierto: que si el hombre carece de sabiduría, puede pedirla a Dios y obtenerla sin reproche.

 

José Smith—Historia 1:25–26. “Había visto una visión”

Cuando el profeta Samuel, del Antiguo Testamento, era joven, “no había visión con frecuencia” (1 Samuel 3:1), pero al crecer, “Jehová estaba con él… Y todo Israel… conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová” (vers.19–20). Sin embargo, aun cuando todo el antiguo Israel aceptó a Samuel como profeta, para muchas personas de la época de José Smith y de la actualidad es difícil aceptar el hecho de que Dios hablara nuevamente a un profeta sobre la tierra (véase Amós 3:7).

El élder Hugh B. Brown, en ese entonces Ayudante del Quórum de los Doce Apóstoles, para ilustrar ese concepto, relató una conversación que había tenido con un juez prominente, antes de estallar la Segunda Guerra Mundial:

“Comencé preguntándole:

‘¿Puedo continuar con mi exposición dando por sentado que usted es cristiano?’

“ ‘Lo soy’.

“ ‘Supongo entonces que cree en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento’.

“ ‘¡Sí, creo!’

“ ‘¿Y cree usted en la oración?’

“ ‘¡Sí, creo!’

“ ‘¿Afirma usted que mi creencia en que Dios ha hablado al hombre en esta época es increíble y absurda?’

“ ‘Para mí, lo es’.

“ ‘¿Cree usted que alguna vez Dios ha hablado con alguien?’ “ ‘¡Por supuesto! Toda la Biblia nos da evidencias de eso’…

“ ‘Entonces… ¿podríamos decir seriamente que en los tiempos bíblicos era común y corriente que Dios hablara con el hombre?’

“ ‘Sí, admito eso, pero dejó de hacerlo poco después del primer siglo de la era cristiana’.

“ ‘¿Y por qué cree usted que dejó de hacerlo?’ “ ‘No lo sé’…

“ ‘Permítame mencionar algunas razones que Dios quizás haya tenido para no hablar. Tal vez sea porque no puede hacerlo; habrá perdido el poder’.

“Él dijo: ‘Claro que no; el pensar así sería una blasfemia’.

“ ‘Bueno, si no cree que sea por eso, será quizás porque ya no nos ama y, por lo tanto, ya no tiene interés en los asuntos del hombre’.

“ ‘No’, dijo, ‘eso no es posible; Dios nos ama a todos por igual y no hace acepción de personas’.

“ ‘Bueno, entonces, si Él puede hablar y nos ama, lo único que nos queda por pensar es que no nos habla porque ya no lo necesitamos. Hemos avanzado tan rápidamente en la educación y en la ciencia que Dios ya no nos hace falta’.

“Y entonces dijo con voz temblorosa, como si pensara en la inminente guerra: ‘Señor Brown, en la historia del mundo no ha habido jamás otra época en la que se necesitara tanto de Dios como ahora. Tal vez usted sepa decirme por qué Él no nos habla’.

“Mi respuesta fue: ‘Él habla y ha hablado; ¡pero el hombre necesita tener fe para oírlo!’ ” (The Profile of a Prophet, Brigham Young University Speeches of the Year, 4 de octubre de 1955, págs. 3–5; citado en Los Presidentes de la Iglesia, págs. 21–22).

 

Moroni se aparece a José SmithEl nombre de José se tomará para bien y para mal entre todas las nacionesMoroni le habla del Libro de Mormón, de los juicios venideros del Señor y cita muchos pasajes de las EscriturasSe le revela el lugar donde estaban escondidas las planchas de oroMoroni continúa instruyendo al Profeta (Versículos 27–54).

 

27 Seguí con mis ocupaciones comunes de la vida hasta el veintiuno de septiembre de mil ochocientos veintitrés, sufriendo continuamente severa persecución de toda clase de individuos, tanto religiosos como irreligiosos, por motivo de que yo seguía afirmando que había visto una visión.

28 Durante el tiempo que transcurrió entre la ocasión en que vi la visión y el año mil ochocientos veintitrés —habiéndoseme prohibido unirme a las sectas religiosas del día, cualquiera que fuese, teniendo pocos años, y perseguido por aquellos que debieron haber sido mis amigos y haberme tratado con bondad; y que si me creían engañado, debieron haber procurado de una manera apropiada y cariñosa rescatarme— me vi sujeto a toda especie de tentaciones; y, juntándome con toda clase de personas, frecuentemente cometía muchas imprudencias y manifestaba las debilidades de la juventud y las flaquezas de la naturaleza humana, lo cual, me da pena decirlo, me condujo a diversas tentaciones, ofensivas a la vista de Dios. Esta confesión no es motivo para que se me juzgue culpable de cometer pecados graves o malos, porque jamás hubo en mi naturaleza la disposición para hacer tal cosa. Pero sí fui culpable de levedad, y en ocasiones me asociaba con compañeros joviales, etc., cosa que no correspondía con la conducta que había de guardar uno que había sido llamado por Dios como yo. Mas esto no le parecerá muy extraño a cualquiera que se acuerde de mi juventud y conozca mi jovial temperamento natural.

 

José Smith—Historia 1:27–28. El diario vivir de José Smith

Acerca de la vida de José Smith, entre la época de la Primera Visión y la visita del ángel Moroni, el élder Gordon B. Hinckley, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Su manera de vivir no era muy distinta de la de cualquier otro joven granjero de su época, con la excepción de que a menudo era objeto de burla y lo tachaban de soñador. No obstante, siguió trabajando en la granja de su padre y para otros vecinos de la zona, y siguió relacionándose con compañeros de su propia edad. Quienes lo conocieron lo describían como un joven fuerte y activo, de disposición alegre, aficionado a la lucha y a otros deportes” (véase La Verdad Restaurada, pág. 7).

 

José Smith—Historia 1:28. Las debilidades de la juventud

Al igual que el resto de la gente, José enfrentó los desafíos de la vida terrenal. Por motivo de sus debilidades, ponía en entredicho su dignidad personal ante el Señor. Otros profetas expresaron preocupaciones similares con respecto a su dignidad y sus debilidades (por ejemplo, véase 2 Nefi 4:17–19; Moisés 6:31). El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “De la misma forma que Dios no puede considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia (D. y C. 1:31), al asemejarnos más a El, tampoco podemos hacerlo nosotros. Las mejores personas tienen un sentido más intensificado de lo poco de malo que todavía haya en ellas” (Notwithstanding My Weakness, págs. 16–17).

 

29 Como consecuencia de estas cosas, solía sentirme censurado a causa de mis debilidades e imperfecciones. De modo que, por la noche del ya mencionado día veintiuno de septiembre, después de haberme retirado a la cama, me puse a orar, pidiéndole a Dios Todopoderoso perdón de todos mis pecados e imprudencias; y también una manifestación para saber de mi condición y posición ante él; porque tenía la más absoluta confianza de obtener una manifestación divina, como previamente la había tenido.

30 Encontrándome así, en el acto de suplicar a Dios, vi que se aparecía una luz en mi cuarto, y que siguió aumentando hasta que la habitación quedó más iluminada que al mediodía; cuando repentinamente se apareció un personaje al lado de mi cama, de pie en el aire, porque sus pies no tocaban el suelo.

 

José Smith—Historia 1:30. ¿Dónde tuvo lugar la visita de Moroni?

En 1822, José empezó a ayudar a su hermano Alvin a construir una nueva casa para la familia y, para septiembre de 1823, tenía ya dos pisos, pero faltaba colocarle el techo; por tanto, la familia continuó viviendo en una pequeña cabaña de troncos a poca distancia de la nueva casa. Fue en la cabaña de troncos y no en la casa que construyeron después donde apareció Moroni. Con toda seguridad, José dormía en el mismo cuarto que algunos de sus hermanos, ya que la cabaña era muy pequeña para albergar a una familia de nueve personas.

La Iglesia ha excavado los cimientos de la cabaña de troncos y ha edificado una réplica de ella en el lugar en que originalmente estaba. La Iglesia conserva además la casa que construyeron allí cerca con el fin de que las personas que en la actualidad vayan a ver la granja familiar de los Smith se hagan una idea de lo ocurrido y comprendan con más claridad la importancia de los acontecimientos que tuvieron lugar allí.

 

Véase:

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