José Smith—Historia 1 : 11 – 20

 

11 Agobiado bajo el peso de las graves dificultades que provocaban las contiendas de estos grupos religiosos, un día estaba leyendo la Epístola de Santiago, primer capítulo y quinto versículo, que dice: Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

12 Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío. Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguien necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo; porque no sabía qué hacer, y a menos que obtuviera mayor conocimiento del que hasta entonces tenía, jamás llegaría a saber; porque los maestros religiosos de las diferentes sectas entendían los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto, que destruían toda esperanza de resolver el problema recurriendo a la Biblia.

13 Finalmente llegué a la conclusión de que tendría que permanecer en tinieblas y confusión, o de lo contrario, hacer lo que Santiago aconsejaba, esto es, recurrir a Dios. Al fin tomé la determinación de “pedir a Dios”, habiendo decidido que si él daba sabiduría a quienes carecían de ella, y la impartía abundantemente y sin reprochar, yo podría intentarlo.

 

José Smith—Historia 1:11–13. ¿Por qué José fue a una arboleda cerca de su casa?

En medio de la guerra de palabras y sentimientos que rodeaba al joven José, su alma lo llevó a refugiarse en las Escrituras. Una y otra vez reflexionó sobre el mensaje que se encuentra en Santiago 1:5 y decidió, por primera vez en su vida, orar en voz alta acerca del asunto que le preocupaba. Luego de meses de lucha mental y espiritual, finalmente supo qué debía hacer. En algún momento de comienzos de la primavera de 1820, fue hasta un lugar que conocía en una arboleda que había cerca de la casa para intentarlo. José le dijo a uno de los editores del periódico New York Spectator: “Me dirigí inmediatamente hasta un bosque donde mi padre había hecho un claro, fui hasta un tocón de árbol donde había dejado clavada el hacha al terminar de trabajar y me arrodillé y oré” (en Allen, Improvement Era, abril de 1970, pág. 13).

Como resultado de los meses de angustia que pasó, José logró obviamente una gran madurez espiritual e hizo que se despertaran en su mente por lo menos tres preguntas importantes: 1) Estaba preocupado por su salvación y buscaba el perdón de sus pecados; 2) estaba preocupado por el bienestar de la humanidad en general, ya que dijo:

‘Sentí pesar por mis pecados y por los pecados del mundo’; 3) deseaba saber qué iglesia tenía la verdad, si había alguna que la tuviera, y a cuál debía unirse” (Allen, Improvement Era, abril de 1970, pág. 9).

 

14 Por consiguiente, de acuerdo con esta resolución mía de recurrir a Dios, me retiré al bosque para hacer la prueba. Fue por la mañana de un día hermoso y despejado, a principios de la primavera de 1820. Era la primera vez en mi vida que hacía tal intento, porque en medio de toda mi ansiedad, hasta ahora no había procurado orar vocalmente.

15 Después de apartarme al lugar que previamente había designado, mirando a mi derredor y encontrándome solo, me arrodillé y empecé a elevar a Dios el deseo de mi corazón. Apenas lo hube hecho, cuando súbitamente se apoderó de mí una fuerza que me dominó por completo, y surtió tan asombrosa influencia en mí, que se me trabó la lengua, de modo que no pude hablar. Una densa obscuridad se formó alrededor de mí, y por un momento me pareció que estaba destinado a una destrucción repentina.

16 Más esforzándome con todo mi aliento por pedirle a Dios que me librara del poder de este enemigo que se había apoderado de mí, y en el momento en que estaba para hundirme en la desesperación y entregarme a la destrucción —no a una ruina imaginaria, sino al poder de un ser efectivo del mundo invisible que ejercía una fuerza tan asombrosa como yo nunca había sentido en ningún otro ser— precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.

 

José Smith—Historia 1:15–16. Los poderes de las tinieblas

Al hablar sobre la experiencia que tuvo José Smith con Satanás, el élder Spencer W. Kimball, en ese entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Los poderes de las tinieblas precedieron a la luz. Cuando [José Smith] se arrodilló solo en el silencioso bosque, su fervorosa oración hizo que se desatara una batalla terrible que amenazó con destruirlo. Durante siglos, Lucifer con absoluto dominio había restringido la mente de los hombres y no quería correr el riesgo de perder su potestad satánica. Eso amenazaba su poderío ilimitado” (en “Conference Report”, abril de 1964, pág. 98).

 

17 No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Este es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!

 

José Smith—Historia 1:16–17. Una columna de luz

El élder Orson Pratt escribió que la columna de luz que vio el joven José descendió gradualmente, aumentando en luminosidad hasta que, “para el momento en que llegó a la copa de los árboles, todo el bosque se había iluminado, por varios metros a la redonda, de la manera más gloriosa y brillante. Él pensó ver que las hojas y las ramas de los árboles se consumirían tan pronto como la luz hiciera contacto con ellas… Pero ésta continuó descendiendo lentamente, hasta que descansó sobre la tierra y él quedó en medio de ella.

“…Cuando hizo contacto con él, le produjo una sensación extraña en todo el organismo e inmediatamente su mente fue alejada de todos los objetos naturales que lo rodeaban y fue envuelto en una visión celestial” (en Allen, Improvement Era, abril de 1970, pág. 10).

 

José Smith—Historia 1:17. El Padre presenta al Hijo

El Padre presentó al Hijo, quien entonces habló a José Smith. El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Considerando en forma general la evidencia de las Escrituras, se llega a la conclusión de que Dios el Padre Eterno se ha manifestado en muy pocas ocasiones a los profetas o reveladores terrenales, y en esos casos ha sido principalmente para testificar sobre la autoridad divina de Su Hijo Jesucristo” (véase Jesús el Cristo, págs. 39–40; véase también Mateo 3:17; 17:5; 3 Nefi 11:7).

José Smith y la Primera Visión

18 Había sido mi objeto recurrir al Señor para saber cuál de todas las sectas era la verdadera, a fin de saber a cuál unirme. Por tanto, luego que me hube recobrado lo suficiente para poder hablar, pregunté a los Personajes que estaban en la luz arriba de mí, cuál de todas las sectas era la verdadera (porque hasta ese momento nunca se me había ocurrido pensar que todas estuvieran en error), y a cuál debía unirme.

19 Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido; que “con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí; enseñan como doctrinas los mandamientos de los hombres, teniendo apariencia de piedad, más negando la eficacia de ella”.

 

José Smith—Historia 1:18–19. “No debía unirme a ninguna”

Al hablar sobre la declaración del Señor acerca de otras iglesias, registrada en José Smith—Historia 1:19, el élder Boyd K. Packer, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Ahora esto no quiere decir que las iglesias, todas ellas, estén completamente desprovistas de la verdad. Tienen algo de verdad, algunas de ellas la poseen en gran escala. Tienen una apariencia de piedad. En numerosos casos no hay falta de devoción en el clero ni en sus fieles; muchos de ellos practican notablemente bien las virtudes del cristianismo. No obstante, no poseen la plenitud” (véase “La única Iglesia verdadera y viviente”, Liahona, mayo de 1972, pág. 39).

 

20 De nuevo me mandó que no me uniera a ninguna de ellas; y muchas otras cosas me dijo que no puedo escribir en esta ocasión. Cuando otra vez volví en mí, me encontré de espaldas mirando hacia el cielo. Al retirarse la luz, me quedé sin fuerzas, pero poco después, habiéndome recobrado hasta cierto punto, volví a casa. Al apoyarme sobre la mesilla de la chimenea, mi madre me preguntó si algo me pasaba. Yo le contesté: “Pierda cuidado, todo está bien; me siento bastante bien”. Entonces le dije: “He sabido a satisfacción mía que el presbiterianismo no es verdadero”. Parece que desde los años más tiernos de mi vida el adversario sabía que yo estaba destinado a perturbar y molestar su reino; de lo contrario, ¿por qué habían de combinarse en mí contra los poderes de las tinieblas? ¿Cuál era el motivo de la oposición y persecución que se desató contra mí casi desde mi infancia?

 

José Smith—Historia 1:20. “Muchas otras cosas”

El presidente Ezra Taft Benson dijo que “en ningún momento José reveló todo lo que había aprendido en la Primera Visión” (The Teachings of Ezra Taft Benson, 1988, pág. 112). Sin embargo, aprendemos del profeta José Smith que durante la Primera Visión el Salvador le dijo que “la plenitud del Evangelio se me daría a conocer en un día futuro” (History of the Church, tomo IV, pág. 536). Además, se le dijeron “muchas otras cosas” que él no pudo escribir y, en el relato de 1835, expresó que había visto muchos ángeles en su visión.

 

“La Primera Visión y la Restauración — José Smith”

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